Capítulo 4

Hinata despertó de un largo y relajado sueño. Al abrir los ojos vio a Sasuke a escasos centímetros de ella. La miraba burlonamente con sus oscuros ojos.

- Hasta ahora, ninguna mujer se había dormido esperándome. Podrías resultar muy dañina para mi ego.

La chica se sentó con una sonrisa extraña en su rostro y miró su reloj.

- ¿Ya es tan tarde? - preguntó -. ¿Por qué no me has despertado?

Sasuke le dedicó una sonrisa genuinamente divertida que transformó sus poderosos rasgos en el chico que ella algún día había conocido. Alargó una mano y la deslizó por el cabello de Hinata antes de que ella pudiera apartar la cabeza.

- No te preocupes por la hora - dijo con suavidad -. Ayer superaste con creces a Doris Day. Te libraste de mí con total maestría. Salí de esta habitación sintiéndome una mezcla de adolescente en su primera vez y un completo miserable - deslizó la mano a la mejilla de Hinata, mirando con intensidad sus ojos malvas -. Y luego te metiste en la cama y te quedaste profundamente dormida. Cuando duermes con el pelo suelto sobre la almohada no pareces tener más de dieciséis años. Y también parece que nunca te hubiera tocado un hombre... - su profunda voz se volvió más ronca al decir aquello -...como si fueras una princesa de aquellas novelas de Madame de La Fayette que leías cuando eras niña. El día que por imbécil casi te mato pensé eso, en Mademoiselle de Chartres al verte tumbada en el suelo con tu vestido de verano. Entonces abriste los ojos y recordé que cuando éramos niños, en tus ojos veía el paraíso. - ¡Dios santo! Nunca había sentido eso por nadie, por nadie, solo con mi hermana, mi prima, mi mejor amiga.

La grave y espesa voz de Sasuke tenía una hipnótica cualidad que hizo que Hinata se estremeciera. Sentía la calidez de su mano en su mejilla y bajó la vista para ocultar su rubor pues su corazón bombeaba furioso.

- Tuve mujeres pero hasta entonces tampoco había tenido que luchar nunca por una... y tampoco nunca había querido pero contigo era diferente, eras un enigma y un reto, ¿seguías siendo la misma niña tímida que conocí?, trataste de de huir de mi lo se pero yo nunca creí en tus heladas miradas- continuó Sasuke. Yo sabía que esa no era la verdadera Hinata. Sólo era una representación...

- ¡No¡ - protestó Hinata -. Viste algo que no era real, una mujer que creaste con tu mente, que sólo existía en tu imaginación.

- Existió aquí, en mi cama. Nacimos juntos a la vida cuando nos conocimos y somos parecidos. Tu eres apasionada, valiente e irresistible. Eres la misma niña que conocí y quiero volver a recuperarla.

Hinata trató de apartar la cabeza, pero Sasuke se lo impidió.

- Eres muy testaruda, otro rasgo Uchiha - dijo, sujetándola por la muñeca.

- ¡Y tú eres un egoísta que sólo sabe pensar en si mismo! No pienso darte lo que quieres. Representaré el papel de tu prometida, pero la representación termina en la puerta del dormitorio - replicó Hinata furiosa sin saber el motivo.

- Ni lo sueñes - dijo, Sasuke sucintamente.

- ¿,Quieres tu ración de carne? - preguntó ella vehementemente -. ¡De acuerdo, tómala! - liberándose de la mano de Sasuke en su muñeca, volvió a tumbarse en la cama y añadió: - ¿Y bien? ¿A qué estás esperando?

Se puso tensa al ver que la oscura cabeza de Sasuke descendía hacia ella, con los ojos brillantes de desafío. Si su idea de la diversión era hacer el amor con un cuerpo inanimado, que lo hiciera.

Sasuke tomó su boca en una explosión de silencioso calor, bloqueando con su cabeza la luz, apoyando con firmeza las manos sobre los hombros de Hinata. El calor recorrió el cuerpo de ésta como una descarga eléctrica. Aferró a Sasuke por los brazos frenéticamente, tratando de apartarlo, pero él no la soltó.

Una rica y creciente oscuridad empezó a formarse tras los párpados cerrados de Hinata. Al darse cuenta de lo que era, luchó con todas sus fuerzas para alejar las sensaciones que Sasuke estaba despertando en ella.

Ella trataba de resistirlo, pero su traicionero cuerpo fue en busca de aquellas sensaciones. Sus pezones se endurecieron, sus muslos temblaron y todo su cuerpo se estremeció de anticipación. La excitación fue creciendo en espiral mientras Sasuke penetraba con su lengua en el húmedo interior de su boca. Hinata entrelazó los dedos en su pelo y le devolvió el beso, apasionada y salvajemente, retorciéndose debajo de él.

Unas fuertes manos deslizaron el camisón hacia bajo por sus brazos, aprisionándola, y Hinata no pudo soportarlo, luchando por liberar sus manos de las mangas. Pero en cuanto lo logró, Sasuke la sujetó por las muñecas, sujetándolas contra la cama por encima de su cabeza.

La punta de su lengua se deslizó sobre uno de los rosados pezones y un gemido de placer escapó involuntariamente de la garganta de Hinata. Los labios de Sasuke rodearon lentamente el pezón y ella echó atrás la cabeza, apretando los dientes.

- ¡No! - gimió.

- Sí - dijo Sasuke con voz densa, explorando la orgullosa protuberancia de dulce carne con su boca y lengua hasta que Hinata perdió todo el control y sólo deseó que continuara, que de una vez le quitara el camisón, que la desnudara, que besara su cuerpo, desde sus pies hasta su frente, ¡que le hiciera el amor!

Entonces, él le soltó las manos y le quitó el camisón de un solo movimiento con facilidad, mas aun porque Hinata lo ayudo. Unos dedos largos y firmes acariciaron sus tiernos senos, jugando con la sensibilidad que Sasuke había despertado en ellos, y un largo y creciente gemido de frustración escapó de la garganta de Hinata.

- Por favor... rápido… - jadeó, ajena a todo lo que no fueran las inmediatas exigencias de su palpitante cuerpo.

- ¿Me estás rogando? - susurró Sasuke en tono aterciopelado junto a su oído.

- Sasuke... - dijo Hinata, temblando bajo sus manos.

- Dime - la carnosa boca de Sasuke encontró un punto increíblemente sensible bajo la pequeña oreja de Hinata, provocándole un ardiente deseo que se manifestó casi con violencia entre sus muslos.

- ¡No pares! - Hinata apenas reconoció apasionada aquella voz como suya.

Y, de pronto, Sasuke la soltó. Apoyándose contra el respaldo de la cama, la observó con ojos calculadores. Totalmente desorientada Hinata le devolvió la mirada sin comprender nada, excepto la dolorosa y quemante excitación de su cuerpo.

- No te atrevas a volver a decirme que no me deseas - murmuró Sasuke con suavidad, contemplándola con frío desapego -. Puedo hacer que me desees. Eres una mujer muy sensual, eres en el fondo tan Uchiha como yo. Fuiste creada para la pasión...

Hinata comprendió demasiado tarde, y, con gesto mortificado, cubrió con la sábana su desnudez.

- No... - dijo, aturdida por la crueldad de Sasuke.

- Sí. Hace cinco años podía hacerte arder sólo con mirarte...

- ¡Eso es mentira!

- Te ruborizabas, tus ojos parecían echar fuego y te retorcías en el asiento como una felina. Me deseabas... pero no querías admitirlo - dijo Sasuke con fiereza.

Perpleja, Hinata enterró el rostro en la almohada. - Al principio, pensé que todo era cierto. Parecías tan inocente, tan inmaculada. Supe que eras virgen...

- ¡Basta ya!

- Pero entonces llegó ese día en esta misma cama... Si no hubiera sido por el ruido que oímos en la habitación contigua, habríamos hecho el amor toda la tarde sin que hubieras opuesto la más mínima resistencia. ¡desde que naciste eras mía!

- ¡No es cierto! - exclamó Hinata atormentada por el recuerdo.

- Ninguna mujer, con o sin experiencia, responde así a un hombre y se casa a la siguiente semana con otro, insistiendo en que lo ama locamente. Al menos, ninguna mujer decente...

- ¡Cállate ya, Sasuke! - gritó Hinata, dejando escapar a la vez un gemido.

Inicialmente quiso hablar con Naruto para decirle que no podían casarse. Esperaba que, confesándolo todo, Naruto se ofendiera y comprendiera que no podían seguir adelante. En lugar de ello le preguntó si amaba a Sasuke. Y, con total convicción, ella le dijo que no. Las emociones que Sasuke despertaba en ella nada tenían que ver con el amor. Lo único que veía era lujuria y egoísmo y eso la asustaba, pues había crecido viendo a su madre y al padre de Sasuke demostrando aquellas habilidades y lo último que quería era parecerse a ella. Lo que Sasuke le hizo sentir la dejó petrificada. Y la oferta de amor incondicional de Naruto pareció un santuario seguro. En aquellos momentos, se sintió desesperada y humildemente agradecida a su lealtad, sus ruegos y afirmaciones de que la necesitaba...

Unos firmes dedos se cerraron repentinamente en torno a su muñeca, haciéndola alzar la cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar, Sasuke quitó la alianza y la arrojó al suelo.

- No necesitas eso estando en mi cama. Además, Naruto nunca significó demasiado para ti ¿verdad, Hyuga?

- ¿Por qué tienes que ser tan cruel?

- ¡Porque no puedo olvidarte Hinata, con tu virginal vestido blanco caminando por el pasillo de la iglesia para casarte con el príncipe de Clèves! - replicó Sasuke con rabia.

- ¿,Y por qué te molestó eso? ¡Nunca tuviste intención de casarte conmigo!

- Y tu que sabes Hyuga, ¿acaso querías casarte conmigo? - preguntó Sasuke mordazmente.

- ¡Te odiaba! ¿Cómo iba a querer ser tu mujer? - ¡Y, desde luego, no tenía intención de convertirme en tu muñequita de compañía!

Sasuke le dijo que la «cuidaría». Que podría tener todo lo que deseara. Pero que, desafortunadamente, no le interesaba el matrimonio ni los compromisos serios, porque nunca duraban para siempre. Pero le prometió que lo pasaría muy bien mientras durara. Nunca la amó, ni se preocupó por ella... ni siquiera la respetó. Ella sólo era una estúpida chica confundida por su primo, aquel que algún día había sido su mejor amigo.

Sasuke se levantó dando la conversación por terminada al dirigirse al baño. Hinata oyó como corría el agua de la ducha, sintiendo como poco a poco remitía el deseo de su insatisfecho cuerpo. Ahora sabía con certeza que seguía siendo tan vulnerable como había temido. Y, tuvo que reconocer con amargura que Sasuke había demostrado su punto de vista. Lo deseaba, probablemente tanto como un adicto necesitaba la droga, sabiendo que era peligrosa y destructiva, pero sintiéndose capaz de hacer cualquier cosa por obtenerla. Y, si era posible, lo odiaba aún más por haberla obligado a asumir aquella verdad. Los tres meses siguientes iban a ser un infierno. Un ejercicio de constante humillación.

Media hora después, tras llamar al doctor Senju y averiguar que su padre había pasado una buena noche, Hinata se reunió con Sasuke para desayunar. Mientras caminaba hacia él por la habitación, vestida con unos pantalones holgados y una larga blusa verde, fue furiosamente consciente de la crítica mirada que le dirigió.

- Hoy vamos de comprar a la Avenue Montaigne a comprarte un nuevo vestuario, zapatos, joyas, en fin- dijo Sasuke en tono imperativo -. El jueves volaremos a la Isla del Giglio.

- ¿Al Mediterraneo? - repitió Hinata, perdiendo parte de la frialdad que trataba de mostrar -. ¿Vive en aquella isla tu padre?

Sasuke ignoró su pregunta.

- Eso te da tres días para que resuelvas los asuntos que tengas pendientes aquí.

- ¿Y mi trabajo? - dijo Hinata de repente.

- ¿Trabajas? - preguntó Sasuke, alzando una ceja incrédulo.

- Soy asistente, trabajo para el ministerio de cultura. Ahora estoy de vacaciones porque mi jefe también lo está. Pero no creo que esté dispuesto a concederme tres meses...

- Dile que has encontrado un empleo más interesante.

- No te importa nada que pierda mi trabajo aún cuando sabes cuanto amo el arte, ¿verdad? - dijo Hinata, dolida.

Sasuke la miró con gesto impasible.

- Cuando esto termine, podrás elegir un nuevo puesto en cualquiera de mis empresas.

La completa falta de emoción con que dijo aquello dejó helada a Hinata.

- No, gracias - replicó secamente. Nunca estaré tan desesperada.

El teléfono sonó y Sasuke se levantó rápidamente.

A pesar de sí misma, Hinata lo siguió con la vista. Llevaba un pantalón negro de corte francés y una camisa blanca corte italiano que le quedaba como un guante, haciendo resaltar sus anchos y musculosos hombros.

«¿Pero que estoy haciendo?», se preguntó Hinata, cerrando brevemente los ojos y despreciándose a sí misma. «¿Qué estoy haciendo?» Era como si Sasuke hubiera conjurado el lado oscuro de su carácter y éste estuviera tomando el control de su personalidad. Su mente se llenó de inquietantes recuerdos de lo sucedido hacía menos de una hora, haciendo que la piel le ardiera. Se sirvió café con mano temblorosa, mortificada por su falta de disciplina mental. Ya era hora de que empezara a controlarse, ¿pero cómo iba a lograrlo en aquellas circunstancias?...

Dos empleados cargados de paquetes acompañaron a Hinata hasta la suite. Tras dejarlos sobre la cama, se ofrecieron a ayudarla a abrirlos. Hinata agradeció la atención pero les dijo que prefería hacerlo sola. En cuanto salieron, cerró con llave la puerta de la habitación.

Ir de compras con Sasuke Uchiha había resultado una actividad auténticamente embarazosa. Había hecho que la trajeran y la llevaran de un lado a otro por Los Campos Elíseos, entraron a numerosas tiendas de ropa, zapatos, joyería, haciéndole probarse los vestidos que le gustaban a él y obligándola a desfilar con ellos como si fuera una modelo, Valentino, Dior, Chanel, Versace, Prada, Manolos, Christian Louboutin, hasta lencería de la Perla, esa parte había sido terriblemente embarazosa para ella, Sasuke personalmente con malvado placer había entrado con ella a la boutique para ver todo tipo le lencería, pantaletas francesas, culotts, tangas, sujetadores, camisones para dormir, baby dolls, bikinis, ella sintió que Sasuke la imaginaba vistiendo todas y cada una de esas prendas para él… El anillo de compromiso tenía un diamante de tal tamaño que le pesaba en la mano. También le compró pendientes a juego y un delicado reloj de oro que debió costarle una fortuna.

- ¿Qué te parecería una cadena para el tobillo? - preguntó Hinata, pretendiendo mostrarse sarcástica.

Pero, al parecer, a Sasuke la idea le pareció estimulante. Sus ojos brillaron mientras la miraba y su expresiva boca se curvó sensualmente.

- Creo que eso lo compraré por mi cuenta - murmuró con voz aterciopelada. Era peligroso mostrarse sarcástica con Sasuke.

Esta noche cenaremos fuera Hinata - dijo cuando la limusina los dejó en el Ritz.

Una hora y media después, Hinata se miró ruborizada en el espejo. El ceñido vestido azul zafiro que llevaba puesto delataba cada una de sus respiraciones, por no hablar de sus curvas. Era un vestido hecho para hacerse notar y Hinata nunca había sentido aquella necesidad.

«Pero estás interpretando un papel», se recordó. Y, tal vez, si lograba demostrarle a Sasuke que podía interpretarlo bien, éste se sentiría menos impulsado a llevársela a la cama.

Pero se desanimó de inmediato al recordar lo insistente que fue su persecución cinco años atrás…

Al día siguiente del accidente se empeñó en llevarla personalmente de la clínica a casa. Ya había avisado a sus padres sin que ella lo supiera. Su padre recibió a Sasuke como si éste la hubiera salvado de las garras de la muerte, y la habitual expresión de aburrimiento de su madre se evaporó en cuanto vio a su sobrino.

Sasuke se quedó a comer. Hiashi y él hablaron de negocios, y cuando Anabi hizo una rápida referencia a la boda de su hija, Sasuke sonrió.

- Mi prima es muy joven para casarse - dijo.

- Demasiado... - asintió Anabi, sin molestarse en ocultar la poca estima en que tenía a Naruto Namikaze.

Más tarde, ella fue a la habitación de su hija.

- Vaya, vaya, vaya - dijo burlonamente -. Así que has encontrado a mi sobrino el heredero de mi hermano.

- ¡Yo no he encontrado a nadie! – replicó Hinata con desagrado.

- A veces pienso que me entregaron el bebé equivocado en el hospital - dijo Anabi Uchiha, haciendo una mueca -. ¿Pero qué te pasa?

- Lo único que me pasa es que no me gusta, ¡es mi primo, tu sobrino!

- ¿Y eso que Hinata?, Lo he invitado a unirse al resto de nuestros invitados el próximo fin de semana.

- ¡Mamá!

- Sasuke está forrado, cariño. Puede que decida invertir el dinero de Fugaku en la empresa si jugamos bien nuestras cartas. Así que sé amable con él, al menos por tu padre. Para mí es evidente que lo único que le interesa realmente a Sasuke eres tú, siempre ha sido igual desde que eran niños.

Llegaron flores para Hinata a diario durante la siguiente semana, y cada ramo iba acompañado de una tarjeta en la que simplemente aparecía la inicial S. Después, Sasuke llamó para invitarla a cenar. Hinata se negó y el chico rió. La siguiente tarde, Hinata se encontró sonriéndole glacialmente desde un lado de la mesa, con sus padres sentados a cada lado de ésta mientras Sasuke les devolvía su hospitalidad en un fino restaurant parisino.

Sasuke había regresado a su vida con espectacular velocidad, halagó a Hiashi reconociendo sus meritos y todo el abolengo de la familia Hyuga. Anabi riñó seriamente a Hinata cuando ésta intentó convencer a su padre de que los Uchiha era un eran peligrosos.

- ¡Si la empresa va a la quiebra, será por tu culpa! - exclamó, furiosa -. Recuerda niña que yo soy una Uchiha y que tu también lo eres, no lo olvides, en Sasuke y su padre esta la salvación de tu padre y su glorioso apellido. Hinata se llevó una desagradable sorpresa al saber que la empresa familiar pasaba por serias dificultades. Y la idea de que los Uchiha tuvieran el poder de hacer y deshacer en la empresa Hyuga la horrorizó, nunca había sentido aprecio por la familia de su madre, a excepción de Sasuke no había ningún Uchiha que le agradara, pero ahora se sentía en peligro estando cerca de su primo.

- Es un joven muy culto y preparado - dijo Hiashi cuando Hinata trató de advertirlo sobre el -. Y ya he notado que no esta hecho de la misma madera que Fugaku, desde pequeño siempre supe que Sasuke tenia corazón, se ha convertido en un joven fuerte, pero te quiere hija.

Sasuke se volvió un visitante asiduo en la casa de Hinata de nuevo como hacia años lo hacia. ¿Fue ella alguna vez lo suficientemente inocente como para creer que su único interés era preservar su amistad? Sí, lo fue.

- Yo puedo ayudar a tu familia... - dijo Sasuke con voz sedosa una noche que se presentó cuando Hinata estaba sola en casa. Quítate ese anillo de compromiso y podrás comprobar lo generoso que soy.

- No estoy en venta, Sasuke y mi compromiso con Naruto no es algo con lo que piense negociar - explicó ella, tratando de contener su rabia.

Sasuke le pasó una mano por la cintura y la atrajo hacia sí.

- ¿En serio? - preguntó mirándola enfurecido -. Ya sabes cuánto te deseo...

- ¡Porque no puedes tenerme! – replicó Hinata, luchando por liberarse de la inquietante proximidad del esbelto y fuerte cuerpo de su primo -. Ese es el único motivo por el que dices que me deseas, ¿verdad? ¡Tu ego no puede soportar que no me muestre interesada!, tu retorcida mente no resiste la idea de tener a tu prima en tu cama verdad, ¡como has cambiado!

- No soy el único que desea a una prima o un primo- dijo Sasuke, casi divertido -. ¿De verdad crees que no sé que estabas enamorada de mi hace años?

- ¡Hoy quiero a Naruto!

- Naruto te trata como si fueras intocable, peor que a una hermana...

- Eso no es cierto...

- Muchas veces lo he pensado Hinata, ¿Qué pasaría si fueras mi hermana? Y he llegado a saber que no me importaría, que sentiría lo mismo por ti, que estaría enamorado de... – estas enfermo Sasuke, si fuéramos hermanos.. y antes de que Hinata pudiera impedirlo, Sasuke presionó sus labios contra los de ella, haciéndola sentirse como si la hubiera golpeado un rayo.

Hinata volvió al presente, y se encontró con los dedos tocándose temblorosamente los labios. Ahora veía con mas claridad que entonces. Al igual que, irónicamente, Sasuke vio con más claridad entonces. Él intuyó la falta de atracción entre Naruto y ella. Pero Sasuke malinterpretó cínicamente aquel comportamiento. Creyó que ella estaba utilizando a Naruto, como un arma contra él, utilizando su cercana boda para presionarlo y obligarlo a ofrecerle más. A cambio, Sasuke utilizó la empresa Hyuga para equilibrar la ecuación.

La chica descolgó el teléfono y llamó al doctor Senju para preguntar por su padre. Sintió un gran alivio al saber que éste insistía en que no había tenido intención de hacerse daño y que, a pesar de todo, se sentía muy aliviado al saber que no iban a presentarse cargos contra él.

Hinata se reunió con Sasuke en el recibidor. Suponiendo que éste querría que llevara el pelo suelto, a tono con los llamativos vestidos que le había comprado, había renunciado a su habitual moño. Él la miro de arriba abajo unos interminables momentos. Finalmente, asintió complacido diciendo –te ves hermosa- y así con una Hinata sonrojada salieron del hotel.

Sasuke la llevó a un restaurante de moda. Cuando entraron, varias cabezas se volvieron discretamente hacia ellos y se oyó un ligero murmullo. Mientras estudiaba el menú, Hinata se sorprendió vagamente al comprobar que tenía hambre.

- ¿No crees que ya es hora de que me cuentes más sobre mi tu padre? – preguntó, siempre había tenido la duda sobre como era Fugaku con Sasuke, cuando eran niños sabia que era un hombre estricto y hasta violento pero ahora al pensar que podría ser peor que su propia madre la sangre de la joven se helo.

- ¿Por dónde quieres que empiece? - el seco tono de voz de Sasuke no fue nada alentador.

- No podré hacer una buena interpretación sin tener la información necesaria sobre él. Dijiste que estaba enfermo...

- Tiene un problema de corazón. En la actualidad esta muy débil.

- ¿Los médicos no pueden hacer nada por él?

- La última operación falló, y no está lo suficientemente fuerte como para soportar otra - dijo Sasuke fríamente

Hinata tragó saliva.

- ¿Sigue viva su esposa?

Inesperadamente, Sasuke rió, pero el sonido de su risa fue heladamente sarcástico.

- Muy viva. Ella es bastante más joven que mi padre - su atractiva boca se endureció, añadiendo una inquietante seriedad a sus oscuros rasgos -. Es su cuarta esposa.

- ¿Su cuarta esposa? - repitió Hinata débilmente, sin poder evitarlo -. ¿tuvo algún hijo aparte de Itachi después de ti Sasuke?

- Afortunadamente no, como sabes tiene una hija mayor que yo nacida de una aventura, pero casi nunca la veo, yo estoy solo.

El tono de voz de Sasuke resulto vacio y Hinata recordando las tardes que él paso junto a ella le dijo - Lo siento Sasuke.

- No lo sientas Hinata, la soledad es buena consejera.

La chica permaneció en silencio. Sasuke estaba describiendo un árbol familiar tan fragmentado como lo recordaba, aún mas triste que el de ella.

- Mi hermana mayor, vive con mi padre. Nunca se ha casado., ellos se encuentran en una gran casa en Giglio Campese, en la Isla del Giglio como ya te dije.

- Sasuke, cuando regresaste hace años nunca tuve tiempo de preguntarte nada, llegaste a mi vida como un torbellino, pero siempre quise saber a donde te fuiste después de que te llevaron de Londres, ¿fuiste a esa isla?

- No, Tras la muerte de mi madre mi padre no sabia que hacer conmigo, cuando termine mis estudios primarios me enviaron a estudiar en Italia dado que él pensó que no debía pasar mucho tiempo con los Hyuga y que mejor que un hermoso y lejano lugar.

- ¿Por qué tan lejos?

- Porque mi madrastra de ese momento no me gustaba más de lo que yo le gustaba a ella – dijo Sasuke secamente.

-Tu historia es muy triste Sasuke.

-Te dije que no necesito tu compasión.

-Aún si lo siento en verdad

-Finalmente fuiste lo mas cercano a una hermana que he tenido en mi vida.

-¿Una hermana Sasuke?- dijo ella juguetona, -lo que quieres hacer conmigo no es precisamente fraternal

-¿has leído los Borgia?, cuando dos niños están solos, unidos, no importa la sangre o el parentesco, aún como mi prima o mi hermana seguiría sintiendo lo mismo por ti.

-¿Y que sientes por mi Sasuke?

Hinata no pudo escuchar la respuesta de Sasuke, en ese momento una alta y esbelta peli roja de ojos oscuros se acercó a su mesa. Ignorando a Hinata, se dirigió a Sasuke en Alemán. Al parecer, la respuesta de éste no fue del agrado de la mujer. Sus mejillas se ruborizaron y abrió los ojos desmedidamente. Lanzó a Hinata una mirada cargada de desprecio, pero también eran evidentes en ella el dolor y los celos. Tras encogerse de hombros, volvió a su mesa.

- ¿Y quién era ésa mujer Sasuke? - preguntó Hinata sin poder evitar la punzada de celos.

- Nadie que deba preocuparte - dijo Sasuke despectivamente.

Hinata pudo sentir los ojos de la pelirroja clavados en su perfil. Incómoda con la sensación, se concentró en su comida.

Mientras regresaban sintió claustrofobia en la limusina.

- ¿Sasuke, quién era esa mujer? - se oyó preguntar de nuevo, Hinata creía que irían al hotel, pero en cambio se dirigieron hacia el apartamento de Sasuke. Por algún motivo que no lograba explicarse no conseguía pensar en otra cosa que en aquella mujer y al entrar en el apartamento Hinata no pudo contenerse más.

- ¿Celosa Hinata? - preguntó Sasuke, dedicándole una burlona sonrisa.

Ella lo miro con gesto incrédulo.

- ¿Celosa yo? ¿Estás loco Sasuke?

Antes de que pudiera apartarse, Sasuke la rodeó por los hombros con sus brazos y la miró al rostro con sus ojos ónix.

- Eres tú la que está loca - murmuró roncamente -. Nunca he sentido por alguien lo que siento por ti.

Hinata se quedó momentáneamente sin respiración. - ¿Lucharías por mí como yo lo haría por ti? - preguntó Sasuke en el mismo tono de intimidad -. Debí secuestrarte hace cinco años...

- ¡Bas... basta, Sasuke! - dijo Hinata, percibiendo la amenaza latente en su actitud.

Sorprendiéndola, Sasuke deslizó las manos hasta su cintura y la alzó en brazos. En el mismo instante, cubrió los labios de ella con los suyos casi como si fuera a devorarla. Hinata sintió la incontenible respuesta de su cuerpo y luchó contra ella con todas sus fuerzas.

Sasuke avanzo con ella en sus brazos a través de su apartamento, entró con ella en el dormitorio y la dejó en la cama, sobre la que caía la luz de la luna.

- No quiero esto, Sasuke - protestó Hinata tensamente -. No es suficiente para mí.

El se quitó la chaqueta y la corbata y fue a sentarse junto a ella.

- ¿Qué sería suficiente? - preguntó con aspereza, y antes de que Hinata pudiera apartarse, la sujetó por las manos, aprisionándola.

- ¿Qué tenía él que yo no tengo? ¿Qué podía darte que yo no te doy?

Aturdida por la evidente rabia que había provocado, Hinata lo miró a los ojos.

- No me refería a eso. No podrías comprender...

- ¡Entonces trata de hacerme comprender! - replicó Sasuke. - ¿Era mejor hombre que yo en la cama?

Desgarrada por un dolor que nunca había compartido con otro ser humano, Hinata giró la cabeza a un lado, tratando de evitar la incisiva y brillante mirada de Sasuke.

- Sasuke, yo…

- Quiero saber - insistió él, tomándola por la barbilla y haciéndola volver el rostro. ¡Así que cuéntame de una vez qué tenía Naruto de especial!

- No quiero hablar de él - dijo Hinata con lágrimas en os ojos.

- Pero yo quiero que hables. Te ofrecí todo lo que tenía y me rechazaste - replicó él con rabia -. Y sin embargo me deseabas...

- ¡No!

- Sí – murmuró Sasuke con una voz que casi fue un gruñido.

- ¡Desear no es suficiente! - gritó repentinamente Hinata.

- Pero no solo había deseo, había algo mas y lo sabes- indicó Sasuke con devastadora precisión.

Y la realidad de aquella afirmación, fue como un cuchillo clavado en las entrañas de Hinata.

- No llores... - Sasuke deslizó una mano por la húmeda mejilla de Hinata y ella giró involuntariamente la cabeza hacia su cálido consuelo.

La conciencia de que no podía contener sus impulsos físicos estando tan cerca de él sólo sirvió para acrecentar su tormento. Era digna hija de su madre, le dijo una vocecita en su interior, haciéndola sentir una intensa vergüenza. Sasuke le había pasado una mano bajo la espalda para alzarla y los dedos le rozaron involuntariamente su mullidos gluteos. De inmediato percibió el calor de su carne bajo el vestido de seda.

Sasuke tembló, y por algún motivo, Hinata deseó volver a provocarle el mismo efecto. él murmuró algo contra su pelo y ella dejó la mano donde estaba, escuchando cómo se aceleraba su respiración y el clamoroso latido de su corazón contra la palma de su mano.

El ambiente era explosivo. Hinata extendió y contrajo los dedos sobre el pecho de Sasuke y de pronto, éste gimió, provocándole una repentina descarga de excitación.

- ¡Maldición! - murmuró Sasuke espesamente, volviendo a apoyarla sobre la cama -. ¡Contigo tengo menos control que un adolescente!

El Uchiha estaba temblando en el círculo de sus brazos. ¿Cuándo lo había rodeado con ellos? No parecía importante. Lentamente, locamente, Hinata experimentó una extraordinaria sensación de poder. Un momento después, aquella sensación desapareció ante el ardiente asalto de la hambrienta boca de Sasuke. El cuerpo de Hinata empezó a palpitar de vida, y todo pensamiento racional la abandonó durante un tiempo incontable.

El aroma de Sasuke era tan dolorosamente familiar que era un afrodisíaco. Su camisa estaba entreabierta y Hinata encontró la suave y morena piel de su hombro con su lengua. él se estremeció contra ella, pecho contra senos, muslo contra muslo, en una incontrolable explosión de excitación. De pronto, se alzó sobre ella y le arrancó violentamente el vestido. Hinata oyó cómo se desgarraba. No le importó nada, lo quería para ella y para nadie más.

Con un ronco gemido de placer, Sasuke se inclinó sobre sus senos desnudos, acariciándolos, tocándola por todo el cuerpo. Hinata cerró los ojos, arqueó su esbelta garganta y se perdió en un mundo de sensaciones más poderosas y primitivas que nada que hubiera experimentado nunca.

Deslizó las manos por su espalda, deseando tocarlo en todas partes a la vez, ardiendo por explorar su cuerpo con tanta intimidad como él estaba explorando el suyo.

Clavó sus uñas contra su camisa y Sasuke gimió contra su boca, mordiéndola eróticamente en los labios como castigo. Con manos impacientes, Hinata tiró de la camisa de Sasuke para acariciar la carne que tanto anhelaba. Cuando él encontró con su mano el húmedo y anhelante ardor que palpitaba entre sus piernas, Hinata dejó escapar un grito. La primitiva necesidad que la tenía controlada le hacía sentirse más cercana a la agonía que al éxtasis.

- Eres mía... - murmuró Sasuke -. Siempre has sido mía.

Hinata abrió los ojos y se topó con la oscura mirada de Sasuke, impenetrable a la luz de la luna. Notó que la boca se le secaba a la vez que recuperaba la cordura y sus músculos se tensaban en repentino rechazo. Entonces, él inició una lenta caricia entre sus piernas, volviendo a provocarle un loco deseo.

De pronto, se oyó un molesto sonido al fondo. Hinata trató de ignorarlo, pero, al cabo de un momento, Sasuke empezó a ponerse tenso. Alzó la cabeza bruscamente y maldijo entre dientes. Un segundo después, se levantó y fue a contestar al teléfono.

Hinata tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba hablando rápidamente en italiano. De pronto, apartó a un lado el teléfono, pálido, y salió de la habitación.

Ella aún estaba aturdida por la pasión, pero al ver que Sasuke salía, se irguió en la cama. ¿Habría recibido malas noticias sobre su padre? Confundida, asumió su completa desnudez y salió de la cama para ponerse una bata. Quería estar con Sasuke, ofrecerle consuelo. En el instante en que reconoció aquella necesidad en su interior, cayó sentada en el borde de la cama y se cubrió el rostro con manos temblorosas.

¿Qué le estaba pasando? ¿Qué sucedía dentro de su cabeza? Durante años, se había dicho que odiaba a aquel hombre; sin embargo, hacía un segundo había sentido el impulso de acudir a su lado para rodearlo con sus brazos como cuando eran niños, "como Cesare y Lucrezia". Temerosa, trató de racionalizar sus sentimientos.

Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo, se dijo débilmente. Aquella situación la había sometido a mucha tensión. Además, estaba avergonzada ante la evidencia de que no podía resistir el deseo por Sasuke. No era extraño que sintiera una gran confusión de emociones. Estaba descubriendo cosas que la mayoría de las mujeres ya sabían cuando salían de la adolescencia. El deseo no era el amor, pero, tal vez, entre ellos ambos sentimientos se confundían. ¿Qué le estaba pasando?

No sabía cuánto tiempo llevaba allí sentada cuando alzó la mirada y vio a Sasuke en el umbral de la puerta. Estaba quieto y silencioso como una estatua.

Hinata tragó con esfuerzo, asustada por su actitud. - ¿Qué sucede?

Sasuke soltó el aliento en un audible siseo.

- ¿Por qué no me has dicho que tu padre estaba en una casa de reposo? - preguntó.

- ¿Cómo te has enterado? - preguntó Hinata, irguiéndose, desconcertada.

- Mi abogado, ha tratado de ponerse en contacto con él esta tarde. Ha llamado para avisarme y acabo de hablar con el doctor Senju por teléfono.

Hinata se puso intensamente pálida.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? - rugió Sasuke en tono acusador -. ¿Por qué no me habías dicho que se encontraba en un estado psíquicamente inestable?

Hinata se sintió aturdida por la furia del hombre frente a ella. - No pensé...

- ¿Qué pensaste? ¿Que me daría lo mismo? - el enfado de Sasuke era tan intenso que apenas pudo vocalizar su pregunta -. ¿Es eso lo que piensas de mí? ¿Crees de verdad que me resultaría indiferente haber conducido a un hombre, al padre de mi prima al suicidio?

Hinata tembló. Expresado de aquella manera, sonaba espantoso.

- Sólo pensé que no lo consideradas.. relevante. - Relevante - repitió Sasuke con visible dificultad. - Mi padre insiste en que no trató de hacerse daño - protestó Hinata débilmente. Sasuke la estaba mirando como si nunca la hubiera visto hasta entonces. Y era evidente que no le gustaba lo que veía.

- Anoche no trataste de decirme en ningún momento que tu padre se hallaba en esa situación... ¡no mencionaste en ningún momento que existiera ese peligro! - exclamó Sasuke, incrédulo.

- No creí que te importara.

Sasuke se puso pálido y apretó los puños con fuerza.

- ¿Cómo te atreves a decir que creíste que no me importaría? ¡Y pensar que estaba a punto de hacerte el amor! ¿Qué he hecho para que me tengas en tan bajo concepto?

Hinata agachó la cabeza, repentinamente confundida y avergonzada. Era evidente que su primo estaba totalmente horrorizado por lo que había averiguado.

- Yo... yo...

- Si hubiera sabido cuál era el estado de tu padre, habría hecho todo lo posible para aliviar su tensión. Todo - recalcó mirando a Hinata con fría intensidad -. ¿De verdad creías que mi deseo por ti era más importante para mí que la vida de un hombre que sufrió de la sangre Uchiha? ¿O incluso el más mínimo riesgo de que se quitara la vida?

- No... - dijo Hinata, temblorosa.

Él la miró con despreció.

- ¿O sólo estabas buscando una buena excusa para volver a mí sin sacrificar tu precioso orgullo?

Hinata no respondió. ¿Cuándo había transformado en su mente a Sasuke en la viva imagen de la corrupción? ¿Cuándo y con qué argumentos lo había desposeído de toda emoción humana decente? ¿Por qué se había engañado a sí misma de esa forma? Porque ahora se daba cuenta de que se había engañado. ¿Le había sido más fácil culpar a Sasuke por todo antes que aceptar su propia culpabilidad? Y peor aún, ¿lo había hecho simplemente para evitar enfrentarse a lo que Sasuke la hacía sentir?, ¿acaso no había visto detrás de esa cortina de acero al niño que fue su mejor amigo, al chico del que estaba enamorada?

- Tú mismo dijiste que no había sentimientos en los negocios - trató de defenderse, desesperada -. Dijiste que no tenías interés en mi padre excepto como medio para alcanzar un fin, y que ese tema te aburría.

La agresividad de Sasuke disminuyó palpablemente cuando Hinata le recordó aquellas duras palabras.

- No sabía nada de la depresión de tu padre. Sabia que tu madre había muerto, nunca me informaron, yo se que él la amaba a pesar de todo - murmuró.

Hinata no podía pensar con calma. Se sentía enferma. Comprendió con claridad que la noche pasada debería haberle contado de inmediato a Sasuke lo que le sucedía a su padre. Sin embargo, ni siquiera pensó en decírselo. Estaba tan centrada en verlo como un sádico que permaneció en silencio.

- Debería habértelo dicho - se oyó susurrar.

Sasuke no la estaba escuchando.

- Mañana me reuniré con tu padre y procuraré tranquilizarlo. No quiero llevar esa carga en mi conciencia - dijo, mirando a Hinata con gesto condenatorio -. También le diré que te he ofrecido trabajar como mi asistente.

- Eso era lo que yo...

- Créeme - dijo Sasuke, interrumpiéndola -, si ayer hubiera sabido lo que se ahora, ¡ni siquiera se me habría ocurrido tocarte! Sólo pensar en ti tumbada en mi cama, apiadándote de ti misma y pensando que te estabas sacrificando por la vida de tu padre... - apretó los dientes y movió las manos en un gesto de rechazo - ¡Me asquea la idea, pero también hace que me den ganas de abofetearte!

- ¡Ni se te ocurra! - exclamó Hinata.

Sasuke alargó una mano y la atrajo hacia sí sin previa advertencia. Sus ojos parecían despedir fuego mientras la miraba.

- No eres ninguna mártir, Hyuga... ¡eres una cobarde! - dijo con desprecio -. ¡Me deseas tanto como yo te deseo a ti, pero no tienes el valor de admitirlo!

- ¡Suéltame! - exigió Hinata.

Él la soltó tan bruscamente que Hinata cayó en la cama. Girando sobre sus talones, Sasuke salió de la habitación. Ella se levantó y cerró de un portazo tras él, apoyándose luego contra la puerta. Sus ojos se llenaron de lágrimas a la vez que un confuso torbellino de dolor y otras emociones recorrían su cuerpo. No lograba comprender por qué le dolía tanto que Sasuke la mirara con aquel desprecio.


Notas:

Como ven en este capitulo hay mucho que decir

Sasuke no es tan malo como se piensa y siente algo profundo por Hinata, asi mismo si se preocupa por su padre

Igualmente Las referencias a las novelas de Madame de la Fayette son giños al gusto literario de ella, les recomiendo mucho "La princesa de Cleves" que menciona Sasuke a Hinata asi como Los Borgia

Por ultimo como vemos la historia familiar de Sasuke es muy tirste y ve en Hinata su salvación como su prima, como su hermana, como su amiga y su amante, algo un poco extraño pero que se ira aclarando

Un saludo a todos los lectores