Capítulo 5

Es una oportunidad para mí - continuó Hiashi Hyuga con satisfacción -. Un reto era precisamente lo que necesitaba ahora, y siempre me ha gustado Escocia.

Hinata sonrió a su padre. Sasuke le había ofrecido la dirección de una empresa en Glasgow. Y su padre, un hombre aparentemente derrotado unos días atrás, se había sentido tan animado por la fe del joven Uchiha en su habilidad que había cambiado por completo de estado de ánimo. Se le veía mucho más animado que antes.

- Sasuke no podría haber sido más comprensivo - murmuró Hiashi, no por primera vez -. Pero yo no podía permitir que me perdonara la deuda con la empresa.

Hinata lo miró sin ocultar su sorpresa. - ¿Sasuke te sugirió eso?

- Sí, pero yo no quise aceptar. Aún tengo valiosas propiedades y pienso venderlas. Quiero empezar de cero. Hace años que debí hacerlo. Nunca debí quedarme en esta casa con todos los recuerdos de tu madre - dijo Hiashi, haciendo una mueca de pesar -. Pero espero verme libre de la deuda con Sasuke en un año ¡y puede que incluso un poco antes si me exijo lo suficiente!

Hinata seguía aturdida, tratando de asimilar el hecho de que Sasuke hubiera tratado de perdonar la deuda de su padre.

- Incluso cuando por fin logré convencer a tu primo de que no traté de quitarme la vida, a pesar de haber tocado fondo - continuó Hiashi -, él insistió en mostrarse extraordinariamente generoso conmigo. Y sólo se me ocurre una explicación para su actitud.

Su padre permaneció un momento en silencio antes de continuar y Hinata se puso tensa.

- Tiene que seguir enamorado de ti - concluyó su padre.

Hinata rió forzadamente.

- Me ha ofrecido un trabajo, padre. ¡Eso es todo!.

Hiashi movió la cabeza con gesto de duda.

- No creo que esté pensando en llevarte al Mediterráneo a visitar a su padre sólo por tus habilidades como asistente, ese chico te ha querido siempre Hinata, no hay gran ciencia en eso.

Hinata no supo qué decir, pero su padre no parecía esperar una respuesta. Era un hombre lo suficientemente astuto como para captar que había algo raro en todo aquello. ¿Sasuke enamorado de ella? Ni siquiera lograba encontrar divertida aquella idea.

No tenía noticias de él desde la última noche, hacía tres días. Sasuke ya se había ido a la mañana siguiente cuando ella se levantó. Su chófer tenía órdenes de llevarla a casa. Kisame, el abogado de Sasuke, la había llamado el día anterior para decirle cuándo pasarían a recogerla para llevarla al aeropuerto al día siguiente. También le dijo que Sasuke se reuniría con ellos sólo para la última parte del viaje, de Roma a la isla en si.

Ahora, mientras su padre se iba, animado ante la perspectiva de los retos que lo aguardaban, Hinata se quedó a solas con su confusión. Asombrosamente, Sasuke se había tomado muchas molestias para tratar de ayudar a su padre sin herir su orgullo. Se había mostrado mucho más generoso de lo que ella podía haber esperado. Era evidente que había subestimado a Sasuke. Pero él tampoco se molestó en mostrarle unos rasgos de carácter muy honorables cinco años atrás. Con ella, fue despiadado, arrogante y opresivo. Sintiéndose amenazada, Hinata se aferró con todas sus fuerzas a la ilusión de su amor por Naruto.

Había amado a ese chico durante años y se sintió demasiado inhibida por el promiscuo ejemplo de su madre como para cuestionar la falta de interés sexual de Naruto por ella antes de su matrimonio. Se sintió agradecida por su contención, pues la interpretó como respeto. Por primera vez, reconocía abiertamente que Naruto había traicionado cruelmente su confianza.

Debería haberle dicho la verdad. No tenía derecho a utilizarla simplemente para acallar las sospechas de su familia sobre su condición, condenando su relación al desastre y la infelicidad. ¿Por qué había culpado a Sasuke de la miseria de su matrimonio?, se preguntó. Lo cierto era que su matrimonio habría sido un desastre aunque ella nunca se hubiera reencontrado con su primo... pero al conocerlo, y al confesárselo todo a Naruto, le dio a éste una excusa tras la que esconderse. El le dejó creer que su desliz con Sasuke era la causa de que se mantuviera alejado de ella en la cama. Pasó mucho tiempo antes de que admitiera finalmente la verdad.

Y en el intervalo de torturada culpabilidad, Hinata odió a Sasuke y siguió odiándolo con irracional fervor. El Uchiha se convirtió en el foco de su amargo desengaño con la vida. Pero el sentido común le decía que nunca habría podido sentirse tan atraída por un hombre al que realmente odiara. No, lo que verdaderamente odió fue la incontrolable química que experimentaba estando cerca de él, la poderosa sensación de deseo, atracción, ¿amor? que no sabía cómo manejar y que tanto le avergonzaba sentir.

¿Y en qué situación le dejaba todo aquello ahora? Apenas había dormido las últimas noches. No podía apartar a Sasuke de su mente, y eso la aterrorizaba.

Hinata subió al lujoso avión en Roma, observando todo lo que la rodeaba con un ligero fruncimiento de cejas.

- Nada como el estilo para viajar.

Kisame rió.

- Al señor Uchiha le gusta que sus invitados viajen cómodamente.

- ¿Quién es el señor Uchiha? - preguntó Hinata al abogado de la familia Uchiha, hizo la pregunta pues Kisame se había referido anteriormente a Sasuke por su nombre.

Kisame la miró con incredulidad. - ¿Bromea?

- ¿Por qué iba a bromear? - Hinata ocupó su asiento, preguntándose cuándo aparecería Sasuke. Cada vez se sentía más nerviosa ante la perspectiva de verlo.

Kisame frunció el ceño y se inclinó hacia delante.

- Me refiero a Fugaku Uchiha señorita Hyuga, el padre de Sasuke- dijo seriamente -. Pero por supuesto que lo sabía... sólo me estaba tomando la pierna...

- El pelo - corrigió Hinata, helada por la sorpresa.

El hombre rió.

- ¿Quién no ha oído hablar de Fugaku Uchiha?

- Desde luego, ¿quién no ha oído hablar de él? - murmuró la chica con la boca seca. Fugaku Uchiha era uno de los hombres más ricos del mundo, y en los últimos años había vivido como un recluso, estimulando la imaginación de los medios de comunicación, que lo comparaban con Howard Hughes o el mismo Onassis.

Kisame la observó atentamente.

- No lo sabía, ¿verdad? - comprendió, sin ocultar su asombro -. Este avión es propiedad del señor Uchiha, de hecho todo esta a nombre de Fugaku, Sasuke solo dispone de su propio dinero herencia de su madre y hermano.

Hinata maldijo interiormente a Sasuke por haberse negado a informarla sobre los hechos más básicos. Su papel de supuesta prometida suya habría quedado en entredicho si hubiera revelado su ignorancia en la compañía equivocada. Fugake Uchiha se estaba muriendo y los medios de comunicación aún no habían hincado el diente en tan suculenta noticia. Evidentemente, Sasuke, sin tener nada a su nombre apuntaba mucho más alto de lo que había imaginado, pensó Hinata, asqueada. Aquella era la clase de herencia por la que muchos habrían estado dispuestos a matar… por no hablar de mentir y engañar.

La chica estaba aturdida. La furia de Sasuke cuando averiguó que no lo había informado sobre la depresión de su padre, la sorprendente delicadeza que mostró hacia éste a partir de ese momento... ambas cosas habían mostrado una nueva cara de la volátil naturaleza Uchiha de Sasuke. Pero todas aquellas recientes suposiciones se desvanecían ante su nuevo descubrimiento.

¿Habría exigido Fugaku Uchiha que su hijo se casara antes de nombrarlo su heredero? A Hinata no se le ocurría otro motivo por el que Sasuke quisiera montar aquella farsa. ¿Pero qué probabilidades había de que lograra engañar a un hombre como Fugaku?, pensó, histérica. ¿En qué lío se había metido?

La azafata estaba hablando. Ella alzó la cabeza cuando Sasuke entró y se sentó frente a ella. Su impacto fue increíblemente físico. Estaba muy atractivo con un exquisito traje color oscuro que resaltaba el blanco tono de su piel. Sin duda, ninguna mujer habría dejado de volver la cabeza al verlo pasar en dirección a aquella zona del avión. Estar tan cerca de su primo era como ser golpeado por un rayo.

- Me has echado de menos - murmuró él, estirando sus largos y esbeltos muslos en una actitud de indolente relajo mientras el avión comenzaba a despegar. Apoyó la cabeza en el respaldo y observó a Hinata con un brillo felino en los ojos -. Puedo sentir el calor desde aquí.

Hinata se ruborizó. Su suave boca se tensó. Se sintió atrapada en su propia debilidad, tan fácil de leer como la de una adolescente enamorada. Sasuke deslizó sus ojos con sensual intensidad sobre ella, deteniendo la mirada con descaro sobre los tensos pezones de Hinata, que eran claramente visibles contra la tela de su blusa.

- ¡Es por el aire acondicionado! - espetó ella, rabiosa y ruborizada, alzando la barbilla.

El hombre aún reía cuando el avión ya estaba en el aire. Volvió la cabeza y le dijo algo a Kisame, que estaba sentado tras él. El abogado dejó su asiento a la vez que aparecía la azafata con una bandeja con bebidas. Su atención estaba tan centrada en Sasuke, que estuvo a punto de tropezar con el pie de Hinata.

Pero fue como si no existiera, porque él estaba totalmente concentrado en ella. Se soltó el cinturón, se levantó y se sentó junto a ella. Quitándole la bebida de las manos, la alzó del asiento con suma facilidad y la sentó en su regazo.

- ¿Qué diablos... ? - empezó a decir Hinata, pero Sasuke la interrumpió, apoyando las manos en sus mejillas e introduciendo la lengua en su boca en una ardiente y erótica invasión que despertó al instante todos los sentidos de la Hyuga. Con un ronco gemido, Sasuke repitió el asalto en una descarada imitación de una posesión mucho más íntima, provocando un incendio en cada una de sus terminaciones nerviosas.

- Hay una cama muy cómoda en la cabina - dijo, sin apartar las manos del rostro de Hinata, mirándola con ardientes ojos dorados.

Simultáneamente, los orificios nasales de Hinata se dilataron. "Obsession". Sasuke desprendía un claro aroma a aquel perfume. El estómago de la chica se encogió dolorosamente. Había estado en íntimo contacto con otra mujer. Hinata apartó la cabeza y se puso en pie.

- Imagino que estás bastante familiarizado con esa parte de los aviones.

Sasuke alzó una ceja.

- ¿Quieres la verdad o una mentira piadosa? Por supuesto que ha habido mujeres en mi vida, pero nunca más de una a la vez.

Furiosa, Hinata volvió la cabeza. Sólo era capaz de oler el perfume, y estaba haciendo que se le revolviera el estómago, recordándole lo estúpidamente que era capaz de llegar a comportarse en presencia de aquel hombre. La hacía volverse lasciva e imprudente. Una cosa era reconocer su atracción por él y otra muy distinta aceptar que aquella atracción podía humillarla. Aún sentía su cuerpo cargado de deseo... Pero estaba segura de que Sasuke no sufría de los mismos rigores del celibato. Había estado con otra mujer ¿y por qué no?

A fin de cuentas, era el hijo de uno de los mujeriegos más famosos del siglo. Cuatro esposas e innumerables amantes. Y cinco años atrás, Sasuke había actuado como digno hijo de su padre ofreciéndole exclusivamente sexo y buena vida, y asegurándole que el matrimonio no entraba en la ecuación. Tal vez ya era hora de que se recordara con quién estaba tratando.

- ¿Qué quieres de mí?

- Juntos somos dinamita y lo sabes. ¿Por qué negarte el placer que puedo darte? - dijo en tono burlón.

- ¿Esperas que vaya a esa cabina contigo?

- Me gusta ver cómo te atormentas - contestó Sasuke sin apartar la mirada de ella -. Eres una criatura fascinantemente compleja. Apasionada y reprimida. Salvaje e inhibida. Y reservada, intensamente reservada...

Hinata comprimió los labios.

- No sé qué quieres decir.

Sasuke tomó su vaso y la observó como si fuera un espécimen raro bajo el microscopio.

- ¿Qué te hizo como eres? ¿Qué pasa dentro de esa preciosa cabecita? La mayoría de las mujeres ya me habían contado su vida en nuestra segunda cita. Pero tú no me cuentas nada, ni nunca lo hiciste cuando regrese. Ni sobre tu familia, ni sobre tu matrimonio...

- Yo no soy una de tus mujeres - respondió Hinata, pero fue una respuesta temblorosa. Sasuke Uchiha estaba hurgando en la intimidad que con tanto cuidado protegía.

- Si no fuera por tu padre, ni siquiera sabría cómo murió tu marido - continuó Sasuke -. Resulta muy extraño que no menciones jamás ese gran amor que duró parte de tu vida.

Ella lo miró con sus grandes ojos cargados de dolor.

- No quiero hablar sobre ello...

- ¿Y no es eso extraño? Sólo hace un año que tu marido murió, y tengo entendido que lo cuidaste varios meses antes - dijo Sasuke con implacable insistencia -. Leucemia... tiene que ser una experiencia terrible...

Hinata quiso apartarse de él. Quiso que se callara. Quiso cubrirse los oídos. Quería huir, pero no había ningún sitio en el que esconderse. Sasuke había elegido muy bien el lugar para interrogarla.

- No es asunto tuyo - dijo, cruzándose de brazos.

- Pero yo lo he hecho asunto mío - replicó él con suavidad -. Para cuando llegue el momento de separamos, todas mis preguntas habrán sido contestadas. Lo sabré todo sobre ti.

Era una amenaza. Desafiando su propia inseguridad, Hinata alzó la barbilla.

- ¿Y tú piensas ser igualmente comunicativo?

- Lo dudo. Tiendo a mantenerme en silencio respecto a mis intimidades.

- ¿Incluso hasta el extremo de decirme que tu padre es el dueño de todo?

- Así que por fin has caído - la expresiva boca de Sasuke se curvó en una sarcástica sonrisa.

- Me lo ha dicho Kisame, ¡y me gustaría saber por qué no lo hiciste tú!

- No es algo que haya tenido que ir anunciando por ahí en los últimos años. Además, carece de importancia.

De pronto, Hinata comprendió, sintiendo una punzada de dolor al hacerlo.

- No confiabas en mí, ¿verdad? - condenó con voz temblorosa -. ¡Sabías que yo no lo sabía y no confiaste en mí lo suficiente como para contármelo!

Sasuke se encogió de hombros, impertérrito.

- Se me pasó por la mente que podrías vender la información por cientos de miles de euros en el lugar adecuado. Seria delicioso saber que el gran Fugaku Uchiha no ha dejado un heredero, que su hijo tuvo que labrarse desde los 18 años su propia fortuna. Y sólo con haberte puesto en contacto con la prensa amarillista habrías conseguido suficiente dinero como para saldar la deuda que tu padre tiene conmigo.

Hinata lo miró con gesto incrédulo.

- ¿Y piensas que yo habría hecho eso?

- Digamos que no vi motivo para correr riesgos innecesarios.

Ella movió la cabeza, anonadada.

- ¿Qué clase de mujer crees que soy?

- Una mujer dura con una aparente envoltura de fragilidad, una Uchiha - contestó Sasuke en tono secamente burlón.

- ¡Nunca habría hecho algo tan repugnante! - dijo Hinata vehementemente -. ¡Tengo mis principios!

Los ojos ónix de Sasuke brillaron cuando preguntó:

- ¿Y dónde los guardaste hace cinco años, Hyuga? - Hinata notó cómo se le contraía el estómago.

- Cometí una equivocación... una tremenda e inexcusable equivocación...

Sasuke sonrió irónicamente y terminó su bebida de un trago.

- ¿Quién fue la equivocación, yo o él?

Aunque Hinata estaba temblando, logró controlarse. - ¿Tú qué crees? - replicó.

- Que, en cualquier caso, nunca te perdonaré.

Desconcertada por la respuesta de Sasuke, Hinata se puso pálida al toparse con su fría mirada.

- Ahora mismo te estás diciendo que ni quieres ni necesitas mi perdón - murmuró Sasuke con asombrosa precisión -. Pero pronto averiguarás que sí. Ya me echas de menos cuando no estoy contigo, ¿verdad, Hyuga? ¿Qué tal has dormido las últimas noches? ¿Esperabas que te llamara y te preguntabas por qué no lo hacía? ¿Y cómo te has sentido al verme hoy? ¿emocionada, excitada? Ya estás a punto de enamorarte de mí. Reconozco todos los síntomas y en este punto es en el que suelo empezar a retirarme en una relación... pero no contigo.

Hinata estaba completamente paralizada de fascinación e hipnotizada por la oscura y rica voz de Sasuke. Tuvo que hacer un auténtico esfuerzo para hablar.

- Estás loco - murmuró -. Nunca podría amarte.

- No me conformaré con menos - dijo él con suavidad.

Hinata rió forzadamente.

- ¡Perteneces a la época de las cavernas! ¿De verdad crees que tengo tan poco control sobre mis propias emociones?

El le dedicó una mirada tan insolente, que Hinata deseó abofetearle.

- No pretendo ser grosero, pero lo cierto es que tienes muy poco control sobre tu propio cuerpo...

Furiosa, Hinata lanzó el contenido de su vaso contra el rostro de Sasuke.

- Y mucho menos sobre tu genio - Sasuke sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y se secó tranquilamente el rostro -. De hecho, tienes unas reacciones bastante infantiles cuando pierdes la cabeza. Como una chiquilla golpeando ciegamente en una pataleta - murmuró reflexivamente -. Parece que no te has permitido el lujo de dejar aflorar tu rabia a menudo... de manera que no puedes controlarla, ¿no?

- ¿Se ha trasladado el juego ahora al terreno del psicoanálisis, Uchiha? - preguntó Hinata con profundo sarcasmo.

- En primer lugar, esto no es un juego, y en segundo lugar, estoy más interesado en el tratamiento de choque que en el psicoanálisis. No tengo la paciencia suficiente. Cuando quiero algo, lo quiero para ayer - replicó Sasuke con firme suavidad -. Y ahora creo que deberías ir a dormir un rato. Te despertaré antes de que aterricemos en la Isla del Giglio.

- No quiero dormir - protestó Hinata, sintiendo que cada fibra de su cuerpo se revelaba ante la idea de una retirada -. ¿Es ahí donde vive tu padre?

- No. Como te dije anteriormente él vive en Giglio Campese . Hinata volvió a sentarse con decisión. Si hablaba, no se vería obligada a pensar en el lujurioso afán de venganza de Sasuke.

- ¿Hace cuánto tiempo que vive ahí?

- Como te dije de nuevo, desde hace cinco años. Compró Paradiso cuando su salud empezó a resentirse - contestó Sasuke con una falta total de emoción.

- Estás lleno de compasión.

- Mi padre no es un hombre que inspire compasión - dijo él secamente -. Y se sentiría furioso si se la dieran. Ha vivido la vida exactamente como ha querido. Nunca ha seguido los consejos médicos. Fuma, bebe, le gustan las comidas fuertes y su apetito sexual fue legendario en una época. Nunca ha visto la necesidad de mostrarse moderado y, que yo sepa, nunca ha considerado las necesidades de otro ser humano por encima de las suyas...

Hinata tragó con esfuerzo.

- Estás describiendo a un monstruo, Sasuke- dijo Hinata pensando en su propia madre, la hermana de Fugaku.

Hinata rió espontáneamente.

- Puede que para ti lo sea, pues la contención en todos los aspectos es tu icono sagrado, ¿verdad? Todo claro y ordenado, nada impredecible...

Confundida, Hinata apartó la mirada de él. - Estabas hablando de tu padre.

- Es volátil y muy orgulloso, y lamenta con amargura su creciente falta de salud. Luchará por su vida hasta el último instante y, probablemente, morirá maldiciendo a todos los que le sobrevivan.

- ¿Eso te incluye a ti?

- Francamente no me importa - los fuertes rasgos de Hinata se ensombrecieron antes de que se encogiera de hombros -. Pero es muy difícil saber por dónde puede salir Fugaku. Le encanta sorprender a la gente. Es un gatito un momento, y al siguiente un depredador..

- Entonces se parece mucho a ti - murmuró Hinata.

- Al menos en mi caso, lo que ves es lo que obtienes. ¿Pero qué veía ella?, se preguntó Hinata, apartando una vez más la mirada. Sasuke había sido tan amable con su padre y tan cruel con ella... Había esperado hasta el vuelo, para decirle lo que le tenía preparado. Pero no podía obligarla a enamorarse de él. Apretó los dientes, rabiosa. ¿Cómo podía haber pensado que ella habría sido capaz de vender al mejor postor la revelación de su situación y la herencia de su padre? Eso le había dolido, por supuesto. Recordó la convicción con que le oyó decir que el conocimiento era un arma peligrosa en manos de una mujer. Evidentemente, Sasuke debía haberse sentido seriamente traicionado en alguna ocasión por alguna mujer, y ese recuerdo le hacía estar siempre en guardia, haciéndole mantener un punto de vista cínico y suspicaz respecto a todas las mujeres...

¿Pero por qué se estaba dejando envolver de aquella manera?, se preguntó Hinata. ¿Qué le importaba a ella todo aquello? Todo lo que había entre Sasuke y ella era sexo. Una pasión incontrolable por su parte y lujuria por la de él. O, más bien, afán de venganza. El sexo era simplemente el medio del que pensaba valerse para atraparla, ya nada quedaba de aquella relación cuando eran niños, ahora solo había deseo y nada más.

- Apestas a perfume, Sasuke. Creo que deberías darte una ducha - la sugerencia surgió inesperadamente de labios de Hinata, y fue difícil saber cuál de los dos se quedó más sorprendido.

- ¿Scusi? - dijo Sasuke en italiano, mirándola con frialdad.

Hinata arrugó la nariz con desagrado. - Es pegajoso...

- ¿De qué estás hablando?

- La dama ha dejado su huella, primo - dijo Hinata con exagerada dulzura -. Su perfume. Hueles a varios metros de distancia.

Sasuke la miró fijamente, con gesto burlón. Una lenta sonrisa curvó sus labios.

- Serías una magnífica detective... Te veo protegiéndote de la lluvia bajo un portal, buscando la prueba de un adulterio. Desafortunadamente para ti, Hinata, no soy un hombre casado...

- ¡No tengo el más mínimo interés en saber lo que estabas haciendo ayer por la noche!

- No pudo ser anoche - dijo Sasuke, arrastrando la voz cínicamente-. Esta mañana me he duchado.

Hinata volvió a levantarse, enfurecida por el tono burlón de Sasuke.

- ¿De verdad crees que me importa cuándo o con quién hayas estado?

- Con una de mis abogadas en París - dijo Sasuke indolentemente -. Un metro setenta y cinco, pelirroja... mi obsesivo pecado. Estaba tan salvaje y caliente como yo. Nos vimos durante la hora del desayuno.

Hinata se quedó paralizada, sin poder creer que Sasuke le estuviera confesando aquello.

- Y a la hora de comer. Ella es insaciable - continuó el Uchiha en tono elocuente -. Subimos a mi apartamento y lo hicimos en el suelo, en la cama, en el baño, en la mesa de la cocina... y luego llamó a una amiga y entonces fue cuando de verdad empezó la diversión. Ha sido una suerte que llegara a tiempo de tomar el avión.

Hinata se apartó. Se sentía como si la estuvieran descuartizando. Temió vomitar ante Sasuke.

- ¿No quieres oír todo lo que hicimos los tres? - Sasuke alzó una ceja, aparentemente sorprendido y luego suspiró -. Me alegro, porque mi imaginación y mis fantasías se estaban agotando. ¡Toma Hyuga!

Una pequeña caja envuelta en papel de regalo cayó a los pies de Hinata, pero ésta apenas la vio antes dé verse obligada a volverse y entrar corriendo al baño para vomitar de la forma más humillante lo que había comido hacía un rato. Oyó que Sasuke soltaba una maldición y deseó haber tenido tiempo de cerrar la puerta. Lo último que esperaba de él era ayuda. Pero su primo se hizo cargo de ella, presionando un paño húmedo contra su frente y ofreciéndole un vaso de agua para que se aclarara la boca. Luego tomó en brazos su tembloroso cuerpo y la tumbó en una cama.

- ¡Era una broma! - dijo, sentándose junto a ella.

Hinata cerró los ojos, demasiado aturdida como para comprender, y, bruscamente, giró sobre sí misma, curvándose en posición fetal y manteniéndose tan alejada de él como pudo.

- ¡No ha sucedido nada! ¿Crees que soy un pervertido o algo por el estilo? - dijo Sasuke, frustrado -. ¡Lo he inventado todo! Te he dado lo que parecías esperar. Sí tengo una especie de amazona pelirroja en mi plantilla, pero es como una especie de tanque, está felizmente casada y tiene cuatro hijos. Nunca se me ocurrirá volver a comprarte un perfume.

Hinata arrugó la nariz para contener las lágrimas. Habría preferido que la quemaran viva antes que llorar ante Sasuke.

- Si estuvieras colgado de un barranco por las manos, te pisaría los dedos - dijo temblorosamente.

Oyó el sonido de papel desgarrado. Una botella de Obsession cayó a su lado.

- El nombre llamó mi atención - dijo Sasuke -, y la tonta que estaba tras el mostrador me roció con el perfume sin previo aviso. Eso fue ayer y aún no he conseguido librarme de él.

Se produjo un largo silencio entre ellos. Hinata se mordió la mano que tenía contra la boca, pero no pudo controlar los temblores que aún la recorrían.

- Lo siento - Sasuke parecía frustrado y furioso, consigo mismo -. No quería disgustarse. Lo cierto es que hace mucho tiempo que no me acuesto con ninguna mujer. ¿Es eso lo que querías oír?

Angustiada, Hinata pensó que lo que de verdad quería oír era que Sasuke no se había acostado con otra mujer en cinco años. Ya no tenía secretos para él. Ninguna simulación de orgullo ni ningún secreto sobreviviría tras lo que le había hecho pasar. No soportaba pensar en él con otra mujer…

En su subconsciente, durante todos aquellos años desde el momento que se fue a los 13 años Sasuke había sido suyo. Y hasta ahora no había sabido que aquella loca creencia existía en su interior. Pero no tenía ningún derecho a sentirse posesiva respecto a Sasuke, ninguna excusa para sentirse desgarrada por los celos.

- ¿Qué estás pensando? - preguntó Sasuke. - ¡Bastardo! - exclamó ella, impotente. - ¿Te fue infiel Namikaze?

Uno y uno sumaban dos. Dos y dos sumaban cuatro. Sasuke ya estaba sacando conclusiones. Hinata no se sintió con fuerzas para despistarlo.

- No - dijo con cautela.

Pero ella había crecido a la sombra de una constante infidelidad. Su madre nunca se mostró avergonzada de su promiscuidad. La libertad sexual era una droga destructiva a la que estaba enganchada, y cuanto mayor se hacía Hinata, más había aireado Anabi sus creencias y sus amantes. Obligada a vivir en medio de la tormentosa y destructivo relación de sus padres, también se vio forzada a vivir en silencio al margen, sin tomar partido. Tal vez fue entonces cuando empezó a reprimir sus emociones.

- Querías saber por qué nunca hablo sobre mi familia - dijo en tono abatido -. Ahora voy a hacerlo. Una vez echaron a mi madre del Ritz, si del hotel donde me llevaste porque la dirección sospechó que acudía allí a ligar.

- ¿A ligar? - repitió Sasuke como si aquella palabra le fuera desconocida.

- Solía abordar algún hombre en el bar y subir a su habitación. No por dinero que tenia de sobre como Uchiha, sino por diversión. A veces los llevaba a casa... la primera vez, yo tenía diez años - confió Hinata temblorosamente -. No sabía que mi madre estaba en casa. Yo estaba haciendo mis deberes cuando la oí reír. Subí a su habitación y vi que se estaba desnudando ante un hombre... jamás te lo dije.

Sasuke soltó el aliento en un siseo. - ¿Qué hiciste?

- Salí corriendo a llorar de dolor, no dije nada. - una amarga risa escapó de la garganta de Hinata -. Nunca lo dije. Se suponía que la princesita de papá no podía saber cosas como ésa. Pero todo el resto de la población sabía que mi madre era la una infiel lasciva. Los chicos del colegio solían reírse de ella y me pedían que hiciera toda clase de cosas... interesantes con ellos; después de todo, era la hija de una aficionada con muchas dotes. ¿Tienes puesta la grabadora, Sasuke? Odiaría que te perdieras algo de esto sobre una arrogante Uchiha como tu...

- Basta - dijo él ásperamente, rodeando a Hinata fuertemente con los brazos a pesar de su resistencia.

- Nunca acepté ninguna cita porque sabía lo que se esperaría de mí. Y nunca tuve una mejor amiga. La afición de mi madre era demasiado conocida, y nadie quería dejar a sus hijas venir a mi casa; ¿cómo iba a ser yo una buena chica teniendo unos antecedentes familiares de esa clase? Papá adoraba a mi madre... ¿puedes creerlo? - murmuró Hinata, asqueada -. Simulaba que no pasaba nada y eso significaba que yo también debía simular.. excepto con Naruto. ¿Estoy mencionando su nombre lo suficiente para ti, Sasuke?

- No quiero volver a oírlo - dijo él con aspereza, deslizando una mano por la rígida espalda de Hinata -. ¿Por qué no se divorció tu padre de ella, por miedo a mi padre ?

- Porque la quería.

- Eso no es amor, es masoquismo...

- Mi madre no quiso divorciarse de papá hasta que tú compraste la empresa - susurró Hinata, Dijo que por fin la empresa Hyuga era de los Uchiha. Se marchó una semana después, dejando a mi padre dolido. Creo que papá pensó que sólo era un arrebato y que regresaría pronto. Pero nunca volvió... jamás quiso volver a saber nada de nosotros...

- ¿Y eso te dolió?

- Sí - por primera vez, Hinata admitió ante sí misma que le dolió. - Aunque su madre nunca le había mostrado afecto, la marcha de Anabi y su posterior silencio recalcaron con demasiada evidencia su desinterés. Y eso le había dolido, pero Hinata había enterrado ese dolor.

- Duérmete - dijo Sasuke con gran suavidad.

Agotada, sintiendo que su mente flotaba libremente tras sus pesados párpados, Hinata dejó que su cuerpo se relajara y se quedó dormida.