El ruido del cerrojo al ceder resonó en la salita en penumbras. Tenuemente iluminados por el resplandor de los fosforescentes del pasillo, Scorpius y Rose se fundieron en un beso antes de cerrar la puerta tras sus cuerpos. Después del incidente anterior, la muchacha había procurado apagar su teléfono celular antes de verse con su novio esa noche. Había conseguido volver a vivir sola, técnicamente, puesto que al menos un miembro de su familia (que no eran pocos) llegaba a visitarla todos los días, a cualquier hora.

Ninguno de los dos se molestó en encender las luces; permitían que el instinto los guiara mientras las prendas de ropa se deslizaban fuera de sus pieles. Avanzaron hasta el final del pasillo, donde se suponía estaba la habitación del rubio, chocando con todo a su paso, pero sin prestarle atención alguna al ruido que provocaban los objetos al caer al suelo. Tan compenetrados como estaban, no era de extrañar que para Rose sólo existiera Scorpius, y que para Scorpius sólo existiera Rose. No eran conscientes de nada más que la respiración, los suspiros, el tacto, los gemidos del otro. Finalmente se toparon con lo que parecía ser una puerta, y retrocedieron hasta dar con la cama, en la que aterrizó la muchacha pelirroja, sin soltar a su novio.

―¿Scorpius? ―Una voz amortiguada surgió de debajo de las sábanas oscuras del chico. Rose estaba acostada sobre una persona, la dueña de aquella voz que, para desgracia de ambos, era bastante familiar. Actuando por impulso, Scorpius levantó a su novia sujetándola por el brazo, y ella huyó a esconderse bajo la cama, con el corazón retumbándole en los oídos. A través del espacio libre por donde se había deslizado hasta el suelo, se coló un haz de luz, y supo que su novio había encendido las lámparas. Contuvo la respiración y aguzó el oído.

―¿Qué haces aquí, Albus? ―inquirió Scorpius, realizando un esfuerzo satisfactorio para controlar su tono de voz. El aludido había aparecido de debajo del edredón, con el rostro enrojecido y los ojos hinchados, apestando a alcohol.

―Nicole… Pelea ―farfulló el primo de su novia, pestañeando rápidamente para adaptar su vista al resplandor de las luces. Molesto con Nicole, Albus había huido al bar más cercano a ahogar la rabia en la primera botella que ordenó. Luego de un par de horas, completamente ebrio y desolado, la primera persona en la que pensó pedirle refugio fue a su mejor amigo, Scorpius, que seguramente no se molestaría si irrumpía en su apartamento sin permiso ni avisos.

―¿Peleaste con Nicole? ―Rose comenzó a atacar sus uñas con los dientes mientras Albus asentía y, de la nada, comenzaba a llorar. Las cantidades de licor ingeridas le impedían actuar racionalmente. El chico se hincó de rodillas contra el colchón y se arrastró hasta Scorpius, lloriqueando palabras inconexas, y se abrazó al pecho desnudo de su amigo sin parar de sollozar.

―Ella… ―Un golpe en el hombro― Me… ―Otro golpe en las costillas― Dijo que… ―Albus se sonó la nariz con las sábanas y Scorpius dibujó una mueca en su rostro, no tanto de asco o lástima, sino de dolor por los porrazos que su amigo le estaba propinando en el cuerpo. Se percató a tiempo de lo que estaba a punto de suceder, y por lo tanto se apartó de un brinco un segundo antes de que Albus devolviera todo lo que había comido en el día. Debajo de la cama, Rose observó el espectáculo asqueroso y maloliente, y tuvo que cubrirse el rostro con las manos para controlar las náuseas.

―Lo siento ―farfulló Albus cuando acabó de vomitar, y volvió a utilizar las sábanas como pañuelo. Scorpius negó con la cabeza, su expresión contraída en una mueca de asco, pero con unas ganas insensatas de echarse a reír, aunque prefirió sacudir su varita y limpiar el desastre en el suelo. Ayudó a Albus a salir de la cama, y éste, tambaleante, frunció el ceño y le echó una mirada. La falta de ropa en el rubio le resultó sospechosa hasta a su mente embotada.

―¿Estabas… estabas… con una chica? ―preguntó el muchacho ebrio, y se irguió en los brazos de su amigo―. ¿ESTAB… AS ENGAÑANDO… ROSE?

―¡No, no! Por Merlín, ¿por quién me tomas? ―se apresuró a interrumpirlo Scorpius. Albus suspiró aliviado y arrastró los pies fuera de la habitación, con dirección al baño, y Malfoy pudo jurar que oyó un sollozo antes de que el chico desapareciera por el marco de la puerta. Rose asomó la cabeza debajo de la cama, para indicarle a su novio que estaba bien, y que era mejor que dejaran todo para otra ocasión, pero tuvo que esconderse rápidamente de nuevo cuando vio la figura de Albus tambaleándose por volver a la habitación.

―¡EN… ONCES, ESTABAS A PUN… DE… SEXO… ROSE! ―Y le habría asestado un puñetazo a Scorpius en toda la mandíbula de no ser porque tropezó con la alfombra y se estrelló de boca contra el suelo. Rose gimió por lo bajo y se dispuso a salir de su escondite, cuando Albus reaccionó de nuevo y sujetó uno de los tobillos de Scorpius, balbuceando varios "pervertido" y "prima", antes de clavarle los dientes en la carne, provocando que el muchacho se desplomara a su lado, soltando un grito de dolor.

―¡ALBUS, NO! ―gritó Rose antes de empujar a su primo lejos de su novio. Albus la observó un momento, intentando ubicar en su memoria a esa pelirroja en ropa interior, cuando adivinó sus facciones entre la melena de cabello fuera de control.

―Rosie… ―murmuró el muchacho y la aludida suspiró. Completamente ruborizada de vergüenza, se alejó de Scorpius para buscar su varita y curar su tobillo, pero al hacerlo, Albus se incorporó de nuevo, derrumbando en el camino todas las sábanas sobre la cama, y se lanzó sobre Scorpius gritando, entre otras cosas, violador y depravado. Antes de llegar a su destino, detectó un haz de luz y luego, oscuridad.


Albus Potter despertó a la mañana, bueno, al mediodía siguiente, con el ceño fruncido de dolor por la punzada en sus sienes, y de confusión por no reconocer el lugar donde se encontraba. Pestañeó rápidamente e intentó recordar cómo había acabado en una cama desconocida, cuando su mejor amigo entró por la puerta y le sonrió.

―Hasta que despiertas, feo durmiente ―se burló Scorpius y tomó asiento al lado de Albus. Éste no contestó, se limitó a observarlo con una expresión rara en el rostro, y por un momento el rubio temió que el muchacho recordara los eventos pasados en la noche anterior―. ¿Qué pasa?

―Es… Nada, soñé que… ―Albus clavó las pupilas verdes por un momento en las grises de su amigo y soltó una risotada―. Nada, Rose no sería capaz de hacer eso.

Y volvió a acurrucarse en las sábanas, dándole la espalda al rubio, que sonrió y rodó los ojos. La familia de su novia estaba un poquito desactualizados. Irónicamente, Rose no había sido capaz de hacer "eso" por su misma familia. La sonrisa se borró de su rostro y salió de la habitación, cojeando y con el ceño fruncido.

―¿Por qué caminas así, Scorpius? ―preguntó Albus de repente, antes de que el aludido desapareciera por la puerta―. Sabes, en mi sueño yo…

―Me tropecé ―se apresuró a interrumpirlo el muchacho, y le arrojó una almohada―. Duérmete de una vez.