Reto: Cuatro Elementos / 10 parejas
Claim: Tenjouin Asuka
Pareja: Takuma Saiou
Tema: 02. Aire


Hazlo. La voz sigue retumbando en su cabeza mientras se abre camino entre pasillos y habitaciones, colmadas de la vida hogareña y el amor de familia. Todo está a oscuras (como siempre, aún si es de día o de noche) y su sombra blanca y perfecta, como un ángel de la muerte, parece luminiscente mientras avanza, sembrando destrucción a su paso, así sea sólo romper efectos personales o volcar rústicas sillas de madera. Hazlo. Saiou obedece las órdenes de su maestro con gusto, con el sentimiento de ser últil después de tantos años aflorando en su pecho, ya casi marchito de tanto esperar a que suceda algo, algo en ella, en la chica.

Todo ha llegado a sus últimas consecuencias esa noche, tras haberse despertado de un sueño extraño, plagado por el poder de los vientos, mismo que destruía casas y le tironeaba de la ropa, como si también quisiese llevárselo, una premonición del futuro. Y la voz le ha hablado cuando ha abierto los ojos, le ha dado instrucciones precisas y claras (hazlo, llévate al chico), órdenes que no duda ni un momento en llevar a cabo, aún a mitad de la noche, aún sin ningún plan de antemano, de ésos que crea tras tirar las cartas al menos tres ocasiones.

Se sorprende, sin embargo, cuando llega a su objetivo y lo ve todo destruído, todo destrozado como si el torbellino que vio en su sueño se hubiese tratado de llevar la casa también. Y ahí está ella, también una sombra blanca en la oscuridad reinante, ilesa, las manos y el cabello manchados de sangre, la mirada fría y congelada como la de los muertos a sus pies, un hombre y una mujer, presumiblemente sus padres (pero, ¿dónde está el chico? ¿dónde?) aquellos que le dieron la vida sólo para entregársela a la luz más adelante.

—¿Por qué...? —parece un fantasma e incluso mientras se mueve con la ligereza del viento, conserva la gracia de uno, de quien se sabe absuelto de todo lazo terrenal (¿dónde está el chico?), luego se detiene a mirarlo con ojos vacíos.

Sus mentes han estado conectadas sin que él se diera cuenta, con un hilo tejido finamente por el destino y la magia, por el poder sin límites de la luz. Y ella ha visto el mismo sueño de destrucción, ella ha cumplido con mayor eficacia las órdenes del maestro, ella misma ha trazado el sendero que la llevará en ascenso.

—Es tiempo —afirma la luz, forzando su camino por la boca de Saiou y haciendo que éste extienda una mano hacia ella, rodeada por cadáveres—. Vamos.

Asuka no se mueve, sus pupilas lejanas y vacías, opacas como el fondo de un oscuro pozo parecen temblar mientras levanta la mano donde tiene el disco de duelo (mátalo), la voz omnisciente y luminosa vibrando en sus oídos (él lo hizo).

La mujer levanta el disco de duelo, callada, como una sombra blanca, pero cuando despierta no hay nadie ahí (ni memorias, ni voces) y el mundo como lo conoce ha terminado.