Konnichiwa! :D Finalmente logré hacer la continuación
Muchas gracias a Miharu_chan, Sui-chan, y Yui-3000 por sus reviews; me alegraron un montón y gracias a ello aquí esta el segundo capítulo, gracias por darle una oportunidad a la historia; y pues si..., Yui-3000 tienes razón, manejar a Hibari es todo un reto, pues a ver cómo me salio en este capi, (hice lo mejor que pude, pero creo que quedo OoC u_u)
Les mando saludos y besos desde mi país natal [ Disfruten este capítulo ;D]
Disclaimer: KHR! no me pertenece, ni sus personajes, pues son de Amano Akira-sensei
Ah! se me olvidaba, la historia de este capítulo se ubica antes del anterior.
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En el cielo como en el infierno, el tiempo es un lapso irrelevante; contrario al del ser humano.
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A lo lejos se ve luz, todo es cubierto por un aura de paz y luminosidad, unas puertas con fornituras de color dorado en forma de enredaderas en las esquinas de las puertas color blanco son abiertas por unos pequeños querubines de gran luz; dejando ver un pasillo largo y ancho de color blanco con detalles en oro y plata, rodeado por un lago que se genera por una cascada en cada extremo, al fondo hay tres tronos, pero sólo uno es el que sobresale de entre todos; no hay nadie, todo es demasiado esplendoroso. Repentinamente se observa a un sin fin de ángeles con dos, cuatro y seis alas; todas son de base color nácar, pero unas tienen un brillo que las matiza en lila, morado, azul, verde, rojo, amarillo, naranja, plata y dorado según su rango y habilidad; de la nada los tres asientos vacios son ocupados por entes de luz, la más fuerte y omnipotente es la del trono más grande y alto.
Un ángel de 4 alas color nacarado, con matices morados camina a paso firme por el largo corredor, sin prisa, y seguro; todos dirigen su mirada hacia aquel ser. Él por su parte ignora las miradas y al llegar a unos metros de los tronos, se inclina levemente, y con seriedad comenta.
― Espero sea importante ― observo frente así a la máxima autoridad divina, y sin inmutarse continuó ― estaba teniendo una siesta, y no me gusta que me interrumpan.
El ente divino suspiró, y observando a los dos seres a sus costados le dijo a ese ser frente a él.
― Arcángel Kyoya, eres degradado de rango a ángel custodio y durante las próximas décadas tu trabajo será aprender humildad y apreciar a la raza humana, así que estarás en contacto con los hombres. Serás el guía y custodio de una joven que se ha quedado sin su protector, pues este renunció a su rango para volverse humano. El nombre de la persona es Miura Haru.
El silencio reino, y fue irrumpido por un leve bostezo por parte del arcángel quién veía con indiferencia a su creador.
― Si no es importante, me retiro ― el ex-arcángel se viró y caminó hacia la salida lentamente, pero un fuerte dolor en su espalda le hizo caer sobre su rodilla a la mitad del pasillo; con desafió en la mirada observo a su creador y lo miro interrogante, a lo que este comprendiendo a una de sus creaciones respondió a la pregunta nunca hecha.
― Ahora que has descendido de rango, no puedes tener cuatro alas, te corresponden dos; tus poderes disminuirán, y ya que se ha asignado un ser humano a tu cuidado; la orden es irrevocable. Tú nombre será Hibari Kyoya para con el humano que te dirijas, aunque lo más probable es que no lo necesites, pues no creo que te vea, a menos que sea alguien de corazón puro o te materialices.
Saldrás con destino a la tierra lo más pronto posible; enviaré a tu superior para que te avise cuando, y abra el portal que conecta los mundos. En cuanto al dolor calcinante de tu espalda, únicamente durará unas horas.
El ―ahora― ángel se levanto con su fuerza de voluntad, pues sentía que su espalda era destrozada, y que una parte de su ser le era arrancada con gran brutalidad, pero no lo demostró. Continuó caminando hasta salir de aquella gran habitación; una vez fuera uno de los tantos ángeles de la guarda de no tenían a quién proteger preguntó.
― Señor, ¿por qué le has mandado a él, y no a alguien de nosotros?, sabes que no nació para estar con los hombres, él no siente nada; sólo deseos de enfrentarse a los ángeles que te protegen, de estar con los animales, y encerrarse en su bosque cubierto por la soledad. No sabe del amor, ni de cuidar al prójimo.
― Precisamente por eso; él necesita aprehender esas cosas ― dijo el creador con voz suave y cálida, diferente al tono frio y autoritario que había entonado cuando habló con el otro ángel.
― Mmm, entiendo ― dijo para después desaparecer.
Habían pasado varias horas, no sabía cuantas; pues el dolor en su espalda aún no desaparecía, él se encontraba sentado en el pasto, recargado en un tronco alto y grande, con grandes frutos que brindaba cobijo y sombra ante toda la luminosidad que rodeaba el lugar; a su alrededor había arbustos, el pasto siempre verde se hallaba cubierto por flores de todo tipo y color, había animales de diversas especies; y un ave de color amarillo se poso en el pasto, cerca de dónde se encontraba el ángel en su agonía. ¿Dolor?, era la primera vez que experimentaba eso, pensó. Como ángel no tenía ninguna emoción, sólo la de disfrutar de sus momentos en soledad y tranquilidad, además de estar con los pequeños animales; sonrió casi invisiblemente; para luego sacar un aura negativa que no había experimenta, aún así el ave no se movió de su lugar, miró con preocupación al ángel y repitió su nombre "Hibari, Hibari"
El ser alado observo a la pequeña ave, y con una leve mueca de dolor en su rostro y unas gotas de sudor escurriendo por su faz le dirigió una mirada que sólo el animal pudo entender, y se acurrucó tranquilamente para quedarse dormido.
La noche nunca llegó, pues en el cielo todo es luz; la oscuridad es paja el mundo medio y bajo; así que sin darse cuenta el ser de ojos azules, y cabellos negros anestesiado por su dolor, quedó dormido en el pasto de aquel lugar, sus rasgos se suavizaron conforme el malestar en su espalda disminuía.
A lo lejos alcanzó a escuchar una voz llamándolo con insistencia, se sintió irritado, apenas había conciliado el sueño y osaban interrumpir su siesta.
― …ya, …oya, ¡Kyoya! ― gritó una voz masculina, haciendo que el aludido se levantará con un aura asesina, pocas veces vista, pues siempre se alejaba de los demás ángeles. En sus manos tenía unos objetos metálicos, asemejando a dos espadas cortas, las cuales eran cubiertas por una luz morada. El ser de cabellos dorados que le había despertado paso saliva, si eso era posible para un arcángel; miro a su aprendiz y con una sonrisa le dijo.
― Es hora de que vayas a la tierra, ¿no estás emocionado? Es la primera vez que Kami-sama te ordena algo, siempre te había dejado, pero finalmente pone atención en ti ―el pelinegro oculto sus espadas cortas, y miro perene al otro ser frente a él.
― No…
― Eh…, bueno ― el ser de cuatro alas volteo a todos lados y de un grito llamó a otro ángel ― ¡Romario!
― Si, Dino-sama ― se acerco el ángel de bajo rango.
― Abre el portal ― ordeno amablemente. El moreno los miro con fastidio, y comenzó a alejarse de aquel lugar juntó con el ave que acaba de despertar, dejando a un arcángel gritando su nombre, pero sin seguirlo.
― El ángel continuaba caminando por la pradera celestial, hasta que se detuvo frente a un edificio estilo romano, con varios pilares plateados, y escalones que dirigían a una sala prohibida, un aura negativa provenía de aquel lugar, pues era un sitio tabú para todo ángel, con excepción de los serafines, quienes tenían la más alta confianza de su creador y eran los de más alto rango.
Comenzó a adentrase en ese lugar, hasta llegar a una puerta de color negro luminoso, la cual estaba flotando sobre el agua, rodeada de cadenas en material plata y oro, aunando varios sellos que protegían la puerta de ser abierta.
Él ángel de alas nácar se acerco a la puerta, flotando muy bajo, casi tocando el agua, su vestimenta la cual consistía en una hermosa túnica color plata con encajes en oro se empapaba en la parte baja, pues no volaba, ya que su espalda aún le dolía. Se acerco lentamente a la puerta, y recitando varios hechizos celestiales logró remover los sellos; posteriormente con sus espadas cubiertas en una luz esplendorosa de color morado rompió las cadenas, logrando que la puerta comenzara a abrirse, pero se sorprendió al ver lo que había del otro lado. Abrió sus ojos, y una fuerza invisible, pero gigantesca lo jaló hacia dentro, cerrándose detrás de él aquel portón prohibido.
En otro lado del cielo, se encontraba un ser celestial de cabellos dorados, preocupado por su discípulo, ya se había tardado; él sabia que Kyoya no deseaba ir a la tierra, pero eran ordenes supremas, así que fue a buscarlo, después de una larga caminata, llegó al edificio tabú para los ángeles. Entró con cuidado mientras se decía mentalmente, 'No, Kyoya no… ¿o si?'. Pero todas sus dudas fueron respondidas al observar las cadenas en el piso de aquel cuarto oscuro; abrió los ojos en horror, y vio los sellos quemados. 'Kyoya, eres un idiota; Kami me va a matar si se entera'. Pero era demasiado tarde, pues justo en ese instante, llegó un Serafín que veía a Dino inquisidoramente, este soltó uno de los sellos que había recogido instantes antes, y con una risa nerviosa dijo ― Yo no fui…
El cielo era un completo caos, las creaciones del ser supremo se encontraban intranquilas; y los dos que presenciaron la escena estaban en el largo pasillo frente a los tres tronos; el ente de máxima autoridad hizo acto de presencia.
― Bien, sé lo que pasa. No se alarmen, todo esta bajo control
Todos los presentes lo vieron desconcertados, ¿cómo lo que había pasado estaba bajo control?
― No me creen, pero ya he hablado con los seres del bajo mundo, y según las reglas establecidas desde hace milenios la situación es así; para cualquier rango. ― con un movimiento de su mano, un querubín de cabellos violetas comenzó a hablar.
Si un ángel libre abre la puerta del infierno, se convierte en demonio si logra sobrevivir a Cerberos
Si un ángel libre sale del cielo sin permiso, se convierte en espíritu.
Si un ángel libre sale del cielo, rebelándose contra su creador se convierte en demonio.
Y así se enumeraba una a una las reglas, hasta que un pequeño querubín, saltó sobre el otro que estaba hablando, y le pateo la cabeza, diciendo.
― Skull, sólo queremos saber lo referente al caso de Hibari; apresúrate y di que pasa con un ángel custodio que abre las puertas prohibidas.
― Reborn-senpai, no me golpees, esta bien, ya voy ― aclarándose la garganta dijo fuertemente.
Saltándome las primeras 10 reglas básicas, y las primeras 135 reglas celestiales, en el artículo 136, apartado 2, sección 1 dice:
Si un ángel que es custodio y tiene asignado a un humano a su cargo, se rebela contra los cielos, desobedeciendo el mandato divino y abre la puerta prohibida; quedará en transición entre el cielo y el infierno; sin ser ángel ni demonio, hasta que decida por sí mismo que camino tomar. Para eso tiene que romper su lazo con el humano que protege, sin embargo:
136.2.1 - No puede asesinar al humano, eso lo condenaría a estar atrapado entre los mundos eternamente.
136.2.2 - Cada humano tiene un lazo diferente con su custodio, después de que este es asignado; así que debe de descubrirlo por sí mismo
136.2.3 - En caso de que el humano muera sin ser provocado por el custodio rebelde; este será llevado a juicio para decidir su futuro. El puede escoger la forma del juicio.
136.2.4 - Si el custodio llegase a romper alguna regla por ayudar a su protegido(a) gana poder celestial; si lo daña, adquiere poderes demoniacos.
136.2.5 - La reencarnación del alma queda prohibida, a menos que se convierta en humano.
136.2.6 - Para convertirse en humano….
― Es suficiente; no necesitamos tantos detalles, dijo el serafín con mirada glacial al querubín.
Dino suspiro, y dirigiéndose a su creador preguntó.
― ¿Qué haremos? Kyoya no sabe nada de estas reglas ―dijo preocupado, y cansado.
― Ya me hice cargo de todo; envíe a un ángel a que se haga cargo de decirle todo a Hibari, y de paso a que cuide a la humana Miura Haru de cualquier peligro ― ante estas palabras, el rubio se sorprendió y dijo sin pensar.
― Pero Kami-sama, si ella acaba de perder a un custodio; luego le asignas a Kyoya, y ahora le mandas a otro; ¿no es atentar contra las leyes y el balance?
― No…, el primero dejó de ser su custodio por voluntad propia; el segundo es y no es al mismo tiempo su guardián, y el tercero sólo la esta cuidando temporalmente, o al menos eso es lo que planeo.
― Ajá…
El ente supremo les dio la orden a todos de regresar a sus labores y todos se retiraron, dejando a un Dino confundido '¿a quién envió Kami?' se preguntaba.
Mientras eso acontecía en los cielos; en la tierra, las estrellas se encontraban en lo más alto del celeste que la cubría, del cual estaba cayendo a gran velocidad un objeto cubierto por una luz añil, al parecer era un ser de alas nacaradas con matices violetas.
En ese mismo instante, en un cuarto de color naranja con una mesa de escritorio cerca de una cama individual, se encontraba una joven de cabellos largos y cafés, soñando.
Bueno, con eso se termina la parte de la asignación; gracias por leer el capitulo :D probablemente les aburrió en algunas partes o a lo mejor no; pero es necesario para la historia esas reglas; tal vez no todas, pero si algunas.
En cuanto a los ángeles; investigue un poco por internet; y según una página los ángeles tienen diferentes rangos; y estos se muestran en sus alas. Aunque en eso se parece a lo que dicen en "Angel Sanctuary", la historia -creo yo- dista de esas Ovas (pues nunca leí el manga).
Acepto críticas, sugerencias, comentarios, tomatazos, etc; así que... les agradecería si dejaran un review por favor ;D
Sin más que decir, y esperando que este capítulo no haya estado fatal; Tsuki-chan se despide
Ja ne! :D
