Todos los personajes mencionados en la historia son de Stephanie Meyer.
Prohibido
Capítulo 2
— Ella va a...— empezó a decir Tanya, él se inclinó a besarla ligeramente en los labios y la frente-, Isabella se va a encargar de mí.
— Pero, Tanya, yo no he aceptado todavía...— replicó Isabella.
— Creo— interrumpió Edward Cullen, mirando a Isabella con mirada penetrante-, que le deberíamos dar a la señorita Swan una explicación más sincera de la que tú le estabas dando cuando he llegado.
— Te refieres a lavarme, vestirme, peinarme, servirme la comida...— preguntó Tanya.
— Todo eso y más— dijo Edward terminante-. ¿Qué le parece esa lista de obligaciones, señorita Swan?
— Señor Cullen— le sostuvo la mirada decidida-, si la paga mensual iguala a la cantidad de energía que voy a necesitar para efectuar este trabajo... y si me compensa por el desgaste nervioso, acepto el empleo.
— Oh, Isabella, sabía que aceptarías— expresó Tanya aliviada.
— Espera un momento, Tanya— le advirtió su prometido con sarcasmo-. La señorita Swan todavía no se ha comprometido. Cuando conozca los detalles de su trabajo, puede dar la media vuelta con elegancia y retirarse. Isabella fue súbitamente consciente de su propio aspecto, llevaba una chaqueta roja. Unos aretes de oro de pendientes y el pelo recogido en un moño firme en la nuca.
Se alegró de haberse arreglado para la entrevista con la madre de Tanya.
— Yo creo— dijo Tanya lentamente, sin percatarse de la tensión entre sus dos compañeros-, Isabella nunca ha sido como estás insinuando... bueno, como piensas que es.
— Codiciosa, mercenaria— expresó Edward con una mirada que desgarró el corazón de Isabella-, avariciosa.
Tanya suspiró e Isabella sintió que algo se desencadenaba en su interior. Dio la vuelta para mirar a su amiga.
— Lo siento, Tanya— indicó con decepción-, lamento desilusionarte. Espero que te mejores pronto— se dirigió a la puerta.
Estaba a punto de llegar cuando alguien la cogió por el hombro, obligándola a detenerse.
— Me está haciendo daño— miró desafiante a Edward Cullen-. Por favor, suélteme— dijo Isabella iracunda, mientras intentaba liberarse-. ¡No pienso quedarme aquí para que me insulte!
Miró a Edward con los ojos llenos de lágrimas. Éste la observaba con el ceño fruncido. ¿Cómo podría soportar Isabella ser una empleada de Edward Cullen, cuando todo en él alteraba su temperamento, por lo general razonable, provocaba reacciones violentas... y sentimientos que ella nunca había conocido?
— ¿Lágrimas, señorita Swan? ¿Seguro que no?— le dirigió una sonrisa burlona.
Molesta consigo misma por haber dejado que se notara la extraña sensación de indefensión que la presencia de Edward despertaba en ella. Isabella intentó controlarse.
— Son lágrimas, señor Cullen— intentó apartar la mano de Edward, que no la soltó-, de frustración.
— ¿Frustración, señorita Swan?
— Enfado, señor Cullen— masculló Isabella-. Por su arrogancia, por...
— ¡Bella!— gritó Tanya. Si sigues así te va a echar de aquí... y yo quiero que te quedes.
— Lo siento— se disculpó Edward, Isabella suspiró aliviada y declaró:
— Me quedaré, Tanya. Te cuidaré mientras no esté tu madre.
Bueno este es un nuevo fic, espero que les haya gustado este capítulo.
Hagan sus comentarios de cómo ven a esta historia. Se acepta de todo (menos recordatorios a la familia)
Gracias por leer :)
