Capítulo Dos.
El primer tiempo del partido había sido intenso. Los japoneses no dejaban de correr de un lado a otro de la cancha entre atajadas, defensas y contraataques. Afortunadamente, la estrategia de juego funcionaba e iban arriba en el marcador con dos tantos a favor y ninguno en contra.
El árbitro anunció el final de la primera mitad, y los jugadores abandonaron inmediatamente el campo.
Genzo y Taro instintivamente se juntaron con el propósito de continuar la conversación, pero Tsubasa no se los pondría tan fácil. Se acercó a ellos con una sonrisa, e inició la charla.
-Ustedes dos están raros hoy- les dijo una vez se sentaron al borde de la cancha, cada uno con una botella de agua en la mano.
-¿Nosotros?- Preguntó Taro con fingida inocencia.
-Nah, cómo crees- contestó Genzo- El raro parece ser otro.
Taro le dio un codazo a Genzo, quien soltó un quejido para nada disimulado.
Tsubasa les miró pero no dijo nada. Pasó uno de sus dedos por el pendiente que llevaba en la oreja derecha, y apartó la mirada.
Para el par de jugadores no pasó desapercibido el gesto, así que hicieron como si tomaran agua con demasiadas ansias, atragantándose por ello.
El entrenador les habló de la segunda mitad y los chicos salieron con propósitos en sus mentes. Lanzar pases, desviar ataques, marcar y/o bloquear contrarios, anotar goles, averiguar supuestas homosexualidades… "¡Maldición! Debo dejar de pensar en ello. Concéntrate en el partido, Wakabayashi" se decía para sí.
Después del juego (que ganaron, por cierto), los chicos volvieron a los vestidores. La incertidumbre de Genzo y Taro aumentaba con el tiempo. ¿Y por qué era tan importante para ellos el saber si Tsubasa era homosexual o no? Simple. Porque era su amigo. Desde la infancia habían dejado atrás parte de sus temores, costumbres y sentimientos, guiados por el raro y casi que inalcanzable deseo del chico de ser campeones mundiales. Hasta ahí, todo normal. El problema venía en el proceso de ese cambio. Se habían antojado de ese sueño, haciendo lo posible por alcanzarlo, dejando de lado algunas otras cuestiones. Y mientras más lo pensaban, más razones surgían. ¿Acaso Genzo no había tenido por ídolo y única compañía a su entrenador y amigo Tatsuo Mikami? ¿Y Taro no se lo había recorriendo el mundo en compañía de su padre? Dos situaciones con dos interpretaciones: pasar el tiempo con hombres te volvía más hombre, por aquello de la forma de ser, las actividades e intereses en común. Casi que en eso se podría sentir la testosterona en el aire. Pero pasar el tiempo con hombres también representaría un riesgo, así fuera mínimo, de acostumbrarse a más hombres y dejar de lado a las chicas. Homosexualidad, en pocas palabras. Quizá sí, quizá no. Y esa era la raíz del asunto.
Genzo por su parte decidió investigar más a fondo qué tan influyente podía ser Tsubasa en su vida. Entonces recordó las largas conversaciones que habían tenido por teléfono mientras Tsubasa vivía en Brasil y él en Alemania; cómo en ellas se reían como dos comadres, de las ocurrencias, vestimentas y looks del resto de sus amigos.
Amarró las agujetas de su zapato derecho. Miró a Tsubasa por un instante. El pendiente brillaba con la luz de las lámparas del camerino, y él sonreía mientras conversaba con Misugi. Entonces se decidió. Amarró las agujetas de su zapato izquierdo, y llegó a la banca en la que Taro acomodaba sus objetos personales dentro de la maleta deportiva.
-Taro, sé que también lo has estado pensando y hay que hacer algo urgente- le dijo en baja voz.
-¿Qué he estado pensando qué?- contestó Taro sin inmutarse. Cerró la corredera de la maleta y la colocó en el piso para sentarse en la banca.
-¡No te hagas, Misaki! Sabes que hablo de la rareza de Tsubasa.
-Esos son cuentos de Ryo, Genzo. ¿Te vas a dejar atormentar por ello?
-No me atormento, sólo me aseguro. Y tú deberías, más que yo, porque eres amigo de él desde hace mucho.
-¿Acaso tú no?
-¡Pero tú lo fuiste primero!- Genzo se dio cuenta que había alzado mucho la voz, al punto de atraer la atención de varios de los chicos. Carraspeó un poco y se acomodó la gorra- Como sea. Hoy sabré la verdad- Se puso de pie, dispuesto a buscar su maleta, pero la pregunta de Taro le hizo devolverse.
-¿Hoy? ¿No se supone que quedaste con Gabriela?
Genzo se dio una palmada en la frente.
-¡Cierto! Y hoy era la oportunidad perfecta para…
-Ya déjate de paranoias, Genzo.- Taro el interrumpió- Tsubasa es normal. ¿Quién ha dicho que el rosa y los pendientes son sólo para niñas?
Genzo le lanzó una mirada de reproche.
-Anda tú también y regresa a entrenar mañana con un tutú. A ver si es que eso no es sólo para chicas.
-Está bien, el rosa es para chicas, por lo general. Pero el pendiente… Cristiano Ronaldo lleva uno y ha quedado nominado varias veces como el Hombre más Sexy.
Genzo le miró con la boca abierta. Ahora resulta que Misaki sabía del escalafón con que las mujeres catalogaban cuán sexys eran los hombres. Debía hacer algo urgente. Después de la impresión, fingió actuar normal.
-Como si Cristiano fuera el más macho de la manada- respondió- Además, ¿cómo sabes eso?
-Lo leí en la revista People- la expresión de Taro cambió luego de pronunciadas sus palabras. Ahora estaba asustado- ¡Oh, por Dios! ¡Soy gay!
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Debido a la urgencia del asunto, Genzo aplazó su cita con Gabriela. Sabía que su chica no se lo perdonaría tan fácil, que tendría que mover Cielo y Tierra para encontrar la manera más convincente de disculparse, pero el mayor motivo por el que hacía semejante escándalo era por ella. Qué decepcionante sería si ella se enterara del lío que había armado. Así que se excusó diciéndole que tenía una reunión de carácter urgente en casa de Tsubasa, que los había convocado a Taro y a él como pilares de la Selección (cosa que no era cierta, porque en ese equipo no se sabía a ciencia cierta quién era el mejor, excluyendo a Ishizaki que no entraba en la competencia, por pésimo)
Aparcó su auto a un lado del de Tsubasa, en la puerta de la casa Ozora. Dedujo que Taro ya había llegado al distinguir en la ventana una silueta femenina ofreciendo una bandeja con bebidas a un par de chicos, cerca al sofá. Se acercó al timbre y respiró profundo. Lo presionó. A continuación, la puerta se abrió dejando ver a la madre de Tsubasa, quien le recibía con una sonrisa.
-¡Genzo! ¡Hace cuánto no te veía!- Natsuko se hizo a un lado para dejarle pasar.
Genzo le devolvió la sonrisa, y le saludó formalmente. Pasó al recibidor, y luego al salón donde Taro y Tsubasa le observaban, invitándolo a sentarse. La casa estaba igual que siempre. Pocas veces había ido, pero la recordaba exactamente así, cálida y cómoda. Recordaba también, que la habitación de Tsubasa era la segunda puerta hacia la izquierda, luego de subir las escaleras. Dirigió su mirada hacia allí, pero luego se concentró en sus amigos. Parecían haber estado hablando hacía un rato, pero le restó importancia. La voz de Tsubasa sonó en el lugar.
-En verdad es una sorpresa que hayan venido. Por eso estaban tan misteriosos esta tarde. Han quedado en venir aquí.
Taro miró a Genzo. No sabían qué ni quién respondería.
-Eh, sí.- Taro se adelantó- Es que hace mucho no veníamos, y como tú estabas en Brasil, Genzo en Alemania, y yo en Francia, debíamos reunirnos aprovechando los partidos con la Selección. Pero ya en plan diferente, no en los entrenamientos.
-Sí, y qué mejor lugar que tu casa, Tsubasa- completó Genzo.
-Si hablamos del lugar, no hay duda que hubiera sido perfecta la mansión- replicó Tsubasa. Los demás se miraron.
-Tal vez, pero vine con Gabriela y…- la mirada de Taro se hizo dura- Y ya sabes cómo son las chicas- terminó Genzo, fingiendo restarle importancia al asunto.
La madre de Tsubasa "salvó la patria" entrando con la bandeja de bebidas que ya antes Genzo había distinguido, y le entregó a él una taza de té. Genzo la recibió y enseguida empezó a beber, seguro tomándolo como pretexto para no continuar con el tema de antes. Después de unos segundos, dejó la taza en la mesita de centro, y se puso de pie.
-Necesito ir al baño- expuso sin reparos. Taro le miró sorprendido.
-Ya sabes dónde queda- le respondió Tsubasa, tomando la urgencia de las palabras de su amigo como una verdadera necesidad.
Genzo subió despacio la escalera. Las voces de Tsubasa y Taro sonaban amortiguadas por las paredes que se interponían en el camino desde el salón hasta la segunda planta. Se aseguró que no hubiera nadie más. Natsuko estaba en la cocina, tarareando cancioncillas mientras preparaba algo de cenar, y Tsubasa estaba entretenido con Taro. Todo perfecto. Se pasó una puerta, y abrió la segunda. Tal como lo recordaba, allí estaba la habitación de Tsubasa.
Entró sigilosamente y cerró la puerta tras él. Hasta el momento no había nada que justificara la inesperada homosexualidad de Tsubasa. O eso creía.
