Capítulo Tres.

La cama de Tsubasa estaba tendida, y algunos de sus antiguos libros de la escuela estaban organizados en la estantería. Miró hacia la pared. Ya no estaban los pocos afiches de chicas guapas que un día, entre Ryo y él, pegaron sobre las figuras sudadas y agotadas de los futbolistas que Tsubasa admiraba. Algunos de esos jugadores seguían allí, fieles a su posición, pero ahora se les habían sumado muchos nuevos (y buenos) jugadores. Destacaban recortes de periódicos en los que se anunciaba el fracaso de la carrera futbolística de Roberto Hongo, su ascenso como entrenador de la Selección Brasilera, y algunas fotografías del antiguo Nankatsu cuando Roberto aún era su entrenador. Este chico sí que era su más grande fan. "Oh, oh. Primer indicio. Aunque puede no serlo. Todos tenemos alguien a quien admiramos"

Siguió su recorrido por la habitación. Abrió el armario que se encontraba al fondo. Allí había poca ropa colgada. Tsubasa se habría llevado casi todo su armario en las maletas. "¡Eso es! Ahí debe haber más información"

Se agachó, y buscó debajo de la cama de Tsubasa. Sacó la maleta tratando de hacer el menor ruido posible, y la subió a la cama. Abrió el cierre y empezó a buscar, sin regar las prendas. Todo normal, hasta que sus dedos tropezaron con un ejemplar de la revista Elle. Genzo observó la revista, y pasó las hojas rápidamente. "Segundo indicio. ¿Una revista femenina? ¡Una porno sería más aceptable!"

Dejó la revista a un lado, y le lanzó una última mirada. De pronto se sorprendió a sí mismo leyendo un artículo en el que daban los trucos de las profesionales para que sus fotos fueran perfectas. "Y luego, si tienes ojos muy azules y la piel muy blanca, le das un toque de rojo y quedas de portada." Pasó un par de páginas, y se concentró en un artículo titulado Lo que el color de tu ropa dice de ti. "El amarillo dice que a la persona le gusta lucir su belleza. Tendré que usar más amarillo… ¡Pero qué demon...!- sacudió su cabeza, y arrojó la revista a la maleta- ¿En qué estoy pensando?"

Siguió removiendo la maleta, y encontró el bolsillo en el que Tsubasa guardaba sus objetos más personales. En él encontró cremas para tipo de piel seca, shampoo con olor a "flores al amanecer", cremas reductoras, masajes para el cabello con olor a frutas, entre otras cosas. Le pareció un poco más normal que lo anterior, por aquello que él en su baño personal también usaba todo tipo de tratamientos corporales y capilares para el cuidado de su imagen.

Notó que se estaba demorando mucho. Así que salió de la habitación, pasó hacia el baño y lo cerró con llave, desde adentro. Luego volvió a la habitación de Tsubasa, cerró la maleta y la guardó bajo la cama. Ya encontraría otra forma de entrar allí.

Unos minutos después llegó al salón. Tsubasa y Taro continuaban hablando, ahora más animados, y le han mirado extrañados.

-Lo siento. El baño de arriba estaba cerrado desde adentro, así que me tocó ir al tuyo, Tsubasa, y me entretuve viendo algunas fotografías- La excusa parecía de novela.

Tsubasa asintió, y luego les hizo una proposición que hizo que Genzo se olvidara de cómo volver a entrar a la habitación.

-¿Qué tal si les muestro algunas fotos de Brasil? Las tengo en mi recámara. ¿Recuerdan cuando nos reuníamos casi todo el equipo en mi habitación, y nos subíamos todos a la cama?- Los tres ya habían empezado a subir las escaleras. Tsubasa encabezaba la caravana, y Taro le hacía señas a Genzo, preguntando qué había descubierto. Genzo le había dicho, también por señas, que luego le contaría.

Llegaron a la habitación, y se acomodaron en la cama. Tsubasa les entregó un álbum de fotografías que momentos antes estaba en el nochero. Se sentaron uno al lado del otro, y empezaron a pasar página tras página.

-Y este es Pepe, mi compañero de habitación en Brasil. Al principio fue difícil, por aquello que él decía que yo era un niño ricachón, pero luego nos hicimos muy buenos amigos. Allí estábamos en el Cristo de Corcovado, en Río.- Tsubasa les señalaba al muchacho moreno que estaba a su lado al momento de la fotografía. Observaron las otras tres fotos que estaban en las páginas abiertas, y notaron que el chico aparecía en todas.- Hablando de Pepe- continuó Tsubasa mientras los otros pasaban las páginas- Me ha hecho un regalo antes de venir.- Fue hasta el armario y sacó una bolsa. En ella había un bonito suéter verde. Tsubasa lo extendió y se lo mostró a sus amigos.- Creo que me lo ha comprado a mi talla, pero siento que me hace ver gordo.- Se quitó su camiseta y se colocó el suéter.- ¿Ustedes qué dicen? ¿Me veo gordo?

Taro y Genzo estaban boquiabiertos. ¿Verse gordo? Eso era de chicas, sin duda. Tsubasa les miró, y se sonrojó de inmediato. Desvió la mirada, y se quitó el suéter, volviendo a colocarse la camiseta de antes.

-En fin, que ya le preguntaré a mi madre. Quizá tenga mejor opinión de ello. –Envolvió el suéter y lo guardó en el armario. Pareció dudar un instante, y salió de la habitación- Regreso ahora, buscaré algo de comer.- Los otros asintieron.

Genzo se puso de pie, y entró al baño de Tsubasa.

-¿Otra vez?- le preguntó Taro.

-¡Que no hice nada ahorita! Y ahora menos. Voy a investigar. Mira a ver qué encuentras.- Genzo cerró la puerta, y abrió el botiquín que estaba a un lado del espejo. Adentro habían más cremas, máquinas de rasurar, y un secador de cabello.- ¿Qué es esto?- preguntó para sí, pero Taro lo escuchó. Se abrió la puerta, y Misaki entró con cara de interrogante- ¿Un secador de pelo es algo necesario en la vida de un hombre?- Taro se encogió de hombros por respuesta.

-No lo sé. ¿Es indispensable en la tuya?- Misaki se sonrió al ver la cara de Genzo.- Ya, ya, sólo bromeaba.

-Yo no sé qué sea todo esto, Misaki, pero Tsubasa en verdad está muy raro.

-¿Porqué lo dices? ¿Qué encontraste?

-Muchas cosas para cuidarse, como…

-¿Condones? ¡No! ¿Encontraste anticonceptivos? Porque ahí sí que nos jodimos.

Genzo rió.

-¡Ni siquiera me dejas terminar! Digo, cosas como tratamientos para la piel y esas cosas de mujeres. Aparte, una revista Elle, muchas fotos de Roberto…

-El pendiente, los cordones rosa y esa cantidad de fotos con el tal Pepe.

-Y aparte esa pregunta de "¿Me veo gordo?"

-¡Oh, Dios! ¡Con quién hemos andado! ¡Y lo peor es que hasta podríamos ser gays también y no darnos cuenta!

La charla entre los dos se vio interrumpida por los sonoros pasos en la escalera. Ambos regresaron a sus puestos, fingiendo volver a ver el álbum.

-Chicos, ¡traje sándwiches! Aunque a decir verdad, hace mucho no los comía, ustedes saben, las calorías y eso.

Genzo tosió para reprimir la risa. Taro le dio un codazo, y agarró un sándwich.

Luego de la merienda, ambos decidieron irse a sus casas, convencidos y sin duda, de que su amigo era tremendamente homosexual.