Corriendo sobre calles transitadas.
Sentía que mi respiración no daba para más pero aun así seguía corriendo. Chocando contra las personas. Hubo veces en la que casi me atropellaban. Pero eso no hacía que me detuviera.
Hasta que tuve que tropezar con una banqueta y para mi mala suerte doblarme el tobillo. Intente pararme y cuando lo logre, me recargue en la pared que estaba cerca, y me iba apoyando en ella mientras cojeaba, terminando en esconderme en un callejón oscuro. Grave error. Ya que sentí que estaba siendo observada, ladee mi cabeza hacia más allá del callejón y pude apreciar unos ojos destellantes. Ojos rojos. Y una sonrisa que mostraba unos dientes impecables, que mostraban claramente burla.
Esto parecía el juego del gato y al ratón.
Él mi depredador y yo su débil y torpe presa.
No sé en qué momento, me tenía entre la fría pared del callejón y él. Quería gritar, necesitaba hacerlo, pero nada salía de mi boca. Lo seguí mirando y el seguía teniendo esa perfecta sonrisa. Acerco su rostro hacia el mío y yo solo atine a cerrar los ojos, ya no sabía si era por miedo o por que ya sabía que vendría. Me fui por la segunda opción.
Sentí la presión de sus labios contra los míos.
Odiaba esa sensación pero igualmente anhelaba volver a sentir sus labios fríos y su lengua experta. Presiono su cuerpo contra el mío y siguió besándome con ese salvajismo que lo caracterizaba. Yo solo le correspondí a su beso, no podía hacer nada, y no quería hacer nada.
Finalmente dejo de besarme y yo abrí los ojos frustrada que haya terminado el beso. Me miró fijamente por unos segundos y luego puso sus heladas manos dentro de mi blusa, exactamente hasta en mi cintura, y para pronto volverlo un abrazo. Yo lentamente subí los brazos a sus hombros, hasta llegar a su cuello y poder abrazarlo. Me sonrió, pero ya no con burla… Sí no que, era esa sonrisa con la que cautivaba. Su sonrisa torcida, mi favorita. Luego bajo su rostro hacia mi cuello dejando pequeños besos sobre el.
—Sabes que no puedes escapar, pequeña. —susurró él contra la piel de mi cuello, y luego sentí que clavaba sus pequeñas y afiladas cuchillas en el.
Luego de eso, todo se volvió oscuro… otra vez.
