Lo siguiente para Kyle fueron gritos, golpes, insultos...Poco después se vio a si mismo en la puerta de una casa inmensa, maniatado y rodeado de nazis que lo miraban con desprecio. Dijeron algo sobre llamar al Kommandat Cartman ¿otra vez tendría que verlo? Sonrió con ironía. Debía reconocer que aquel era su tipo de chico, pero el asco que sentía hacía él era demasiado fuerte. ¿Para que lo quería allí? Si no iba a matarlo... Lo que le sucediese podía ser mucho peor. Suspiró y observó a los hombres marcharse ante la figura de autoridad que se había presentado. Cartman. El pelirrojo lo miró durante unos segundos y, finalmente, soltó una carcajada histérica.
Buenas noches, Kommandant Cartman -Dijo burlonamente.
Cuando abandonó al pelirrojo en aquella sala que había sido testigo de muertes, sangre y locura, cuando terminó de atemorizar a los soldados de cargo bajo para que lo obedecieran sin rechistar, el Comandante Eric Cartman se dio una ducha de lo más larga. Pretendía 'limpiarse' por haber tocado al judío, que no quedara ningún resto de su podredumbre en él, era lo que hacía siempre que tenía un encuentro con un judío. Pero una vez más, ese judío marcaba la diferencia. No solo se había asentado en la punta de sus dedos, donde sintió la calidez de su mejilla al golpearla. Ahora también estaba en su mente. Él y ese cabello encendido, esa expresión, y esos malditos ojos.
El nombre de Kyle Broflovski permaneció en su mente a pesar de las varias duchas de agua helada que se dio. Kyle Broflovski...
El tiempo pasó y por fin le avisaron de que él había llegado. Salió a su encuentro, y con un gesto el resto se retiró. Al rededor de Cartman se sentían profundamente inútiles, sabían a la perfección que él no necesitaba de ningún soldado de bajo cargo para controlar a un judío levemente rebelde, pero de algún modo lo encontraban irónico y los rumores habían surgido, a fin de cuentas tenían la misma edad y... No le había matado. Esa era la principal razón. Pero el castaño lo ignoraba y en cualquier caso, le valía mierdas.
Le observó de arriba a abajo de forma crítica.- ¿De qué carajo te ríes? Si se te ha ido la pinza, te pego un tiro aquí mismo -Amenazó, aunque realmente sería una pena perder a sujeto tan 'único' el primer día.
Para Kyle, aquella casa resultaba demasiado humana, demasiado normal como para pertenecer a un asesino como lo era Cartman, aunque, visto por otro lado, posiblemente aquel chico pensase que lo que hacía estaba bien, que era lo lógico y lo normal, aunque para Kyle aquello no suponía una excusa, continuaría odiándolo pasase lo que pasase. – Créeme, ojala se me hubiese ido la pinza -Respondió recobrando la compostura.
- Entra –Ordenó el castaño, agarrándolo con fuerza del brazo y arrastrándolo literalmente al interior de su hogar, cerrándo la puerta tras de sí. El pelirrojo no se permitió quejarse por el tirón del brazo, aunque la idea de que le ordenase entrar cuando él mismo iba a meterlo en el interior de la casa le pareció ridícula.
- Bienvenido al inferno, Kyle Broflovski -Y así, el juego comenzó.
- Primera y única regla para evitar ser torturado: obedece -Le informó. El otro no abrió la boca mientras el chico hablaba. Bien, aquella única norma era increíblemente complicada de cumplir. Sabía que era la única posibilidad que tenía de sobrevivir (aunque realmente dudaba que sirviese de algo) pero el desprecio que sentía hacia aquel joven comandante se lo ponía muy difícil.
Luego, Cartman lo miró con una mueca.- Hueles a muerto y tienes sangre seca, sube al segundo piso, primera puerta a la derecha, y dúchate. -Le hablaba con seriedad, imponiendo, como si hablara con uno de esos soldados que necesitaban aprender a respetar su autoridad.
Ducharse. No parecía muy difícil, pero conocía la existencia de las cámaras de gas. Dudó unos segundos. No podía ser, si estaba en aquella casa era por algo. -¿Realmente es una ducha? Dudo mucho que me hayas traído a tu propia casa para gasearme, sería demasiado estúpido, un gasto de transporte y de recursos, pero lo cierto es que pongo en duda a inteligencia de alguno de los tuyos... -
Por su parte, el comandante nazi se sintió ofendido ante la falta de confianza del judío, pero no le hizo gracia que fuera tan extremista. No respondió y dejó su duda en el aire, si no quería ducharse, pues peor para él. Seguiría oliendo a mierda y además le desobedecería, lo cual le haría ganas un castigo. Aunque la idea no estaba mal, una cámara de gas casera podía ser divertido, y con esto el castaño seguía pensando que era de lo más normal pensar en una vía para matar judíos en su propia casa.
Kyle se mordió la lengua. Obedecer, obedecer era la única posible vía de escape de su familia. Se encaminó hacia las escaleras con la intención de ir a hacer lo que le había pedido cuando su voz lo detuvo.
Eric estaba apoyado en la puerta que hace unos momentos había privado al judío de la libertad, y había sacado distrídamente su revolver para limpiarlo con la manga de su uniforme.-Oh, sí. Kyle Broflovski, ¿quieres saber porque no te he matado aun? -Puede que no contestara ahora. Puede que no le contestara nunca, pero disfrutaría viendo como se comía el coco.
Aunque no lo pareciera, Cartman no dejaba de observarle, de prestar atención a cada palabra y expresión. Quería descubrirle, había llegado a la conclusión de que borraría su nombre de su cabeza y esa sensación extraña que le impedía matarlo cuando algo le demostrara que se encontraba frente a un judío de mierda más. Hasta ahora, se había dedicado a verificar que el chico era inteligente, a pesar de orgulloso. De lo contrario, habría comenzado negando sus órdenes, tirándose directamente a la pena de muerte.
Durante unos segundos se quedó pensativo.- Interés, por supuesto - Hizo una pausa para negar con la cabeza.- Ahora bien, lo que te interesa no lo tengo tan claro, podría ser cualquier cosa - Quería saberlo. Vaya si quería saberlo, pero su orgullo estaba por encima de su curiosidad. – Ahora, si me disculpas, voy a hacer eso que quieres que haga - Lo pronunció con sorna y desagrado, dedicándole una mueca de desprecio antes de subir al baño.
Una vez allí, abrió el agua, tapándose la boca y la nariz con la manga de la camiseta, solo para asegurarse. Simple agua. El pelirrojo cerró la puerta del baño y se duchó lo más rápido posible, limpiándose la sangre seca del cuerpo y eliminando la suciedad.
En soledad, el nazi sonrió. Interés, era una buena forma de describirlo. El tono de prepotencia que había usado, ese que intentaba colocarse por encima de su palabra por mucho que gritara, le rompió las bolas. ¿Descubrirle?... No. Dominarle. Si eliminaba ese brillo de seguridad en sí que tenía el pelirrojo, podría matarlo, porque ese interés desaparecería. Pensó en todo esto sentado en el enorme sofá del enorme salón de la enorme casa que poseía, con las piernas cruzadas y a la espera del judío.
El pelirrojo no se sentía cómodo en aquel baño. Tenía la sensación de que en cualquier momento podría pasarle algo, aunque lo cierto es que en cualquier lugar de aquella maldita casa podría pasarle algo. No se molestó en utilizar agua caliente, no estaba seguro de si era por el riesgo que corría al gastar el agua caliente o por la prisa que tenía por acabar lo antes posible. El agua helada le resbaló por el cuerpo mientras se daba toda la prisa que podia por enjabonarse bien y quitarse bien la suciedad del cuerpo en general, del cuerpo y del cabello.
Salió de la ducha completamente empapado y, al darse cuenta de que no tenía nada limpio que ponerse, utilizó la misma ropa. Salió del baño con la ropa semi-mojada pegada al cuerpo. – Ya está –
Claro que Eric Theodore Cartman no esperaba lo que se presentó en su salón. Tenía el cabello húmedo, pero limpio. Ese brillo rojizo se había intensificado, fue lo primero en lo que reparó antes de recorrer su cuerpo con la mirada. Analizar cada rincón, devorarlo con la mente en menos de un segundo. Lo maldijo en su fuero interno, pero no se sintió culpable por todos los deseos obscenos que le embargaron, a fin de cuentas esa idea era solo una forma más de dominarle, ¿no? No había nada más.
Se levantó en silencio, y caminó hacia él sin expresión, y nadie podría adivinar si pretendía ser violento o si se reflejaría en su rostro esa sonrisa tan acostumbrada. Volvió a agarrarlo del brazo como antes, y de un tirón lo lanzó al sofá. Se le encimó, y por fin la sonrisa apareció, y solo podía significar una cosa: diversión, a cambio del sufrimiento ajeno.- Judío... ¿quién carajo te dio permiso para ponerte esa mierda otra vez? -Cuestionó. 'Judío' y 'Kyle Broflovski', su nombre completo, era lo único que le había llamado hasta ahora, y era su forma de demostrar que, simplemente, le consideraba inferior.
Al llegar al lugar donde se encontraba el joven nazi, Kyle evitó mirarlo, pues no le hacía ninguna gracia presentarse ante nadie con esas pintas, aun menos delante de alguien como él.- No tenía otra cosa que ponerme- Dijo como única explicación.-
El golpe contra el sofá lo cogió desprevenido, no se esperaba algo así, jamás habría esperado eso. Un sonrojo cubrió sus mejillas al notarlo tan cerca. Tenía ganas de empujarlo, de quitárselo de encima y escupirle en la cara de nuevo para salir de aquella horrible casa. Pero sabía que aquello era algo imposible, aquel chico tendría el doble de fuerza de la que tenía él.
- Tendremos que quitartelo –Sentenció Eric, riendo levemente. Era el mismísimo diablo.
Colo una mano bajo la parte superior de su ropa y comenzó a subirla, descubriendo su pecho.- Si te resistes mataré a tu familia -Amenazó. No, Cartman no era consciente de si su familia estaba viva o no, pero amenazar con matar a un ser querido como un familiar era algo completamente típico.
Un escalofrío le recorrió la espalda al escucharlo ¿Cómo que quitarselo? En un impulo instintivo, se llevó las manos a la ropa, agarrandola con fuerza pero en el ultimo momento…Su familia. No podía dejar que tocaran a su madre y a su hermano. Jamás. Soltó su camiseta y cerró los ojos con fuerza. El tacto de la lengua ajena sobre su pecho le hizo estremecerse y aumentó el sonrojo de sus mejillas. Unas lagrimillas se acumularon en sus ojos y un suspiro salió de sss labios.
-N-no hagas eso -Y aun así, Cartman se aproximó para lamer su pecho y acariciar sus costados, con perversión, superioridad, mofándose interiormente de él.
