Como ya os dije, este fic está escrito hace muchos años, por lo que hay cosas que concuerdan con los libros y otras muchas que no.


Capitulo 1

Harry estaba sentado en uno de los bancos del andén 9 ¾ esperando a que Hermione y Ron llegaran del coche con sus cosas.

Era principios de Enero y el trió de oro había pasado la Navidad en Grimmauld place con Sirius, Remus y toda la familia Weasley allí. Y posteriormente año nuevo en casa de Hermione.

Harry se sentía feliz. Eran sus primeras navidades sin sobresaltos y sin entrenamientos. Se había pasado tres semanas enteras entre bromas, regalos, paseos y clases a Ron sobre cómo va una casa entera al estilo muggle.

¿Qué porque su navidad había sido tan perfecta? Sencillo, después de tantísimos años, por fin ese verano había derrotado a Voldemort. Había sido una batalla larga y dura, pero al fin lo había conseguido, fue más astuto y en un ágil movimiento hizo chocar una maldición asesina que iba a él y que rebotara contra el Lord, dándole la victoria final.

Todo eso supuso un gran alivio. No más entrenamientos, no más clases de Oclumancia con Snape y no más profecías nunca más. Solo disfrutar de una vida normal con su nueva familia; Sirius y Remus, que para sorpresa de todos habían resultado ser pareja.

Harry observó que el andén estaba repleto, parecía ser que no habían sido los únicos en querer pasar las navidades con sus seres queridos, y no le extrañaba, después de una guerra nadie quería pasar las fiestas fuera de casa.

Unas manos agitándose a lo lejos llamaron su atención, eran Hermione y Ron que ya estaban llegando e iban hablando animadamente.

Aún no entendía cómo era posible que no estuvieran saliendo juntos. Se les notaba a leguas que estaban locos el uno por el otro.

Pero su amiga en esos momentos estaba saliendo con Víctor Krum, aunque era una relación a distancia y no creía que fuesen a durar mucho tiempo.

―`Claro que si Harry, como sabes TANTO de relaciones´

Era frustrante, estaba en sexto curso y lo más parecido a una novia que había tenido era Cho Chang.

― ¡Harry! ―le llamó Hermione, sacándolo de sus pensamientos.

Agarró su baúl y corrió hacia ellos para subir al tren. Iba tan apresurado que no vio a la chica que iba frente a él y acabaron chocando.

― ¡Ay! Lo siento… ―empezó a disculparse, pero se calló al ver quién era.

Pansy Parkinson. En el suelo.

― ¡Eres un bruto Potter! ―chilló la chica.

Blaise Zabini y Theodore Nott llegaron corriendo y ayudaron a Parkinson a ponerse en pie.

―Tranquila Pansy ―le dijo Nott con voz tranquila―, no hay porque enfadarse.

Desde el final de la guerra los Slytherin habían procurado no empezar peleas, ni seguirlas. Es más se esforzaban por ignorarlos.

― ¿Qué pasa? ¿Es que si no está Malfoy para deciros que hacer no os atrevéis a meteros con los Gryffindor?

Esfuerzos que quedan en vano gracias a su querido amigo Ron.

― ¡Ron! ―gritó Hermione enfadada jalándolo del brazo―. No le hagan caso.

Hermione los empujó dentro del tren de mala manera, regañando a Ron por su comportamiento.

¡Ah sí!

Esa era otra de las novedades de ese año. Malfoy había desaparecido durante la guerra y nadie sabía de su paradero o que le había pasado. Sus padres estaban histéricos.

Al entrar al tren buscaron un vagón libre por todas partes, pero estaban todos ocupados. Parecía que todo Hogwarts estaba ahí metido. Solo quedaban sitios libres en la zona de los Slytherin, pero era mejor no tentar a la suerte. Después de buscar largo rato por fin encontraron un vagón ocupado por solo una persona. Un chico.

Hermione, tomando iniciativa, tocó a la puerta y se asomó con una sonrisa.

―Hola, ¿te importa que no sentemos aquí? Es que el resto de vagones está lleno.

El chico en cuestión tenía la cara tapada por una gorra y la capucha de una chaqueta negra que tenia puesta por encima.

No respondió, pero hizo un gesto con la mano para que entraran. Se sentaron en el asiento contiguo, Harry junto a la ventana, Hermione en medio y Ron junto a la puerta.

Una vez acomodadas todas las cosas Harry se paró a mirar al chico que estaba frente a él.

A parte de la chaqueta y la gorra que prácticamente le cubrían media cara, llevaba puesto unos vaqueros holgados, como los que se usaban por Londres muggle.

El chico en cuestión estaba recostado a lo largo del asiento, apoyando su espalda en la pared de la ventana. Harry trató de ver, disimuladamente, cómo era la cara del chico, pero solo veía vagamente parte de la nariz, que era fina y alargada y los labios.

Sin saber muy bien por qué, llegaron imágenes a su mente de Malfoy y la guerra. Se regañó a sí mismo por volver a rememorar partes de la guerra, cuando se había prometido no volver a pensar en ella.

Antes de la batalla final, sorprendentemente muchas familias de mortífagos dieron la espalda al Lord y se unieron a él y a la Orden del Fénix, entre ellas, la familia Malfoy.

Bueno, no toda la familia.

Una tarde Snape llegó al número 12 de Grimmauld Place junto a un malherido Lucius Malfoy y a su lado Narcisa Malfoy aguantándose las lágrimas, tratando de mantener la postura.

Según le explicó el señor Weasley mas adelante, Snape había logrado convencer a Narcissa y Lucius para que no siguieran adelante con la guerra y huyeran. Voldemort se enteró de eso antes que pudiera irse y decidió poner cartas en el asunto.

Milagrosamente, Snape llegó a tiempo para salvarlos, pero le costó su tapadera en los mortífagos.

Los días siguientes Snape se la pasó yendo y viniendo, cuidando de Lucius y tranquilizando a Narcisa. Pero en todos esos días no vio ni un solo pelo de Draco.

Hasta esa tarde.

Estaban en el salón. Remus y Hermione estaban sentados en el sofá hablando, mientras que Harry y Ron jugaban al ajedrez con Sirius que ayudaba a Harry, tratando de evitar una humillante derrota que implicara al pelirrojo ganando en tres movimientos o menos.

De pronto, escucharon estallido de la chimenea producido por la red flu. Quien salió de la chimenea los dejó sorprendidos, era Severus Snape agarrando del pescuezo a Draco Malfoy, que estaba despeinado y tenía cara de estar adolorido.

Mocoso irresponsable. ―farfullaba, o más bien gruñía Snape.

Pasó de largo, ignorando a los presentes en la sala y los gritos de Sirius pidiendo explicaciones, y se fue, a lo que Harry intuyó, seria la habitación de Lucius y Narcisa.

Segundos después hizo su aparición Albus Dumbledore con una sonrisa serena.

Buenas tardes. Por sus caras veo que Severus y el joven Malfoy ya llegaron.

Profesor, ¿qué pasa?

Hermione estaba notablemente preocupada, tanto ella como los demás conocían a Draco, y si Snape había tenido que traerlo por la fuerza lo más probable es que, en ese momento, tuvieran a un mortífago consumado en Grimmauld Place.

No se preocupe señorita Granger, se lo diremos a su debido tiempo. ―fue su lacónica respuesta.

Y sin más se fue por el mismo rumbo que había tomado Snape.

Pasaron, lo que a Harry le parecieron horas, sin saber nada ni de los Malfoy, ni de Snape, ni del Director. Ron y Sirius no paraban de hacer comentarios sobre lo que seguramente le estarían haciendo a "mini-Malfoy".

Tenían la teoría de que Draco había decidido seguir siendo mortífago.

Pronto se empezó a escuchar la voz de Draco, que bajaba las escaleras e iba en dirección a la sala en la que ellos estaban.

Por última vez, no, no y ¡No! ―vociferó Draco entrando al salón, sin prestar el más mínimo caso a los presentes en la habitación.

Seguido de él llegaron Dumbledore y Snape.

Piénsalo hijo. ―pidió de forma tranquila el director.

Draco tomó un puñado de polvos flu y giró la cara para mirar a su padrino y al director.

Mirad, ya lo pensé, lo medité y tomé una decisión. No voy a participar en esta guerra.

Draco respiró profundamente tratando de calmarse. Tenía que salir de ahí lo más pacíficamente que pudiera.

Draco, ¿no ves que tu ayuda nos vendría muy bien? Además tu madre te necesita. ─dijo Snape tratando de convencer al chico o por lo menos de no perder los nervios.

Harry, Ron, Hermione, Sirius y Remus veían la escena atónitos. Estaban presenciando facetas de Snape y Malfoy que no esperaron llegar a ver nunca.

En primer lugar, no me necesitáis Severus. Tenéis a un montón de magos para ayudaros a luchar contra los mortífagos… o los pocos que le quedan al Lord, ah y tenéis a San- Potter para que haga lo que tiene que hacer―señaló despectivamente a Potter―, y por último, mi madre está bien, está con mi padre, que por cierto, lo he visto mejor de lo que me dijiste. ―dijo con terquedad el rubio.

¡Maldita sea Draco! ¡Estamos en medio de una guerra! ¡No puedes ir paseándote por media Inglaterra esperando que no te pase nada!

Ron tragó saliva, a Snape se le estaba empezando a hinchar esa vena en el cuello, que también se le hinchaba cuando Longbottom hacia estallar una de sus pociones.

Lo siento padrino, pero tengo otras cosas de las que encargarme. Y personalmente, que gane el lord o no… me da igual.

Dicho esto levantó su mano dentro de la chimenea y dejó caer los polvos flu con fuerza, llevándoselo muy lejos de ahí.

Esa fue la última vez que vio a Malfoy, bueno que lo vio él y el resto, porque desde entonces nadie más había vuelto a saber de él.

¿Estaría muerto?

Esa discusión ocurrió a finales de mayo, unas pocas semanas antes de la gran batalla. Sus padres lo habían buscado por todos lados, hasta por debajo de las piedras. Que decir que la pobre Señora Malfoy estaba desolada, había escuchado a Andrómeda decir que su hermana ya ni se molestaba en aparentar buenas maneras o mantener el tipo.

Pero a Harry se le hacía raro todo ese tema, si Malfoy estaba muerto ¿por qué no habían encontrado el cadáver? ¿Y si estaba escondido? Aunque a esas alturas no había razón para estarlo.

Volvió a mirar al chico que estaba frente a él, y si lo pensaba bien… era raro ver a alguien nuevo a esas alturas del curso.

Se fijó en Hermione, que parecía pensar lo mismo que él.

―Hola ―saludó la chica para llamarle la atención―. ¿Eres nuevo verdad? No recuerdo haberte visto por el colegio.

El chico, que hasta el momento había estado ignorando a los Gryffindor, giró la cabeza hacia Hermione y le dedicó una larga sonrisa. Pero aun estando de cara no se le veía bien.

Como la vez anterior no respondió y solo se dedicó a hacer un gesto con la mano indicando un "más o menos"

―Yo soy Hermione y ellos son Ron y Harry ―siguió hablando la chica, señalando a sus amigos correspondientemente― ¿Y tú? Es raro que lleguen alumnos nuevos a estas alturas.

Hermione, levantó la mano para estrechársela al chico, era obvio que le estaba empezando a mosquear no recibir ninguna respuesta de él.

El chico en cuestión se incorporó y se sentó bien para estrecharle la mano a Granger.

Abrió la boca, a punto de responder, pero la puerta del vagó se abrió interrumpiéndoles.

―Con que aquí estas. ―dijo entrando al vagón, Blaise Zabini.


Hasta aquí el capitulo, la proxima semana más. Espero que os haya gustado.

Cualquier error que hayais visto o falta de ortografía decidmelo :)