Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
Capítulo II
El sueco se quedó atónito ante lo que había escuchado. ¿Qué rayos hacía Tino en el apartamento de Magnus? ¿En qué momento había sucedido semejante cosa? Le había tomado por completa sorpresa lo que le había mencionado el danés. Había tantas cosas que quería saber… En fin, no podía detenerse a pensar en eso.
—¿Por qué? —Fue lo único que se le ocurrió preguntar, aunque estaba algo molesto y confundido. Le parecía demasiado extraño que el finlandés no le hubiera avisado acerca de ello.
—¿Cómo qué por qué? ¿Eres idiota o te haces? ¡Estaba lloviendo, así que pasé a buscarlo! —replicó el danés como si fuera bastante obvio.
—Pero… —Berwald no estaba complacido en lo absoluto por la respuesta. Es más, le causaba todavía más dudas al respecto —¿Por qué no me llamó?
—¿Necesitaba hacerlo? Si el tiempo estaba horrible, ¿no es lo más lógico?
No le gustaba como iba la conversación en cuestión o simplemente no quería admitir que aquel hombre podía tener un poco de razón. De todas maneras, no quería que Tino pasara un rato más en ese lugar. Si había alguien capaz de animarle después de un horrible día de trabajo, era el finés.
—Iré a buscarlo —resolvió.
—¿Por qué no lo llevo mañana? Además, está dormido. ¿Quieres ser tú quien le despierte? —explicó, con cierta satisfacción en su rostro. Realmente estaba disfrutando de la charla que estaba manteniendo con Berwald.
El sueco no sabía qué hacer. Prefería ir por el finlandés, pero si estaba agotado no quería despertarlo. No le gustaba en lo absoluto la idea en que el muchacho pasara el resto de la noche en la casa del danés. Sin embargo, era aparente que no tenía otra salida, debía aguantar hasta la mañana para verlo. Cerró su puño, en señal de lo inconforme que estaba con la llamada. Pero si Tino estaba sano y salvo, era lo único que importaba.
—¿Está bien?
—Creo que mejor no puede… ¡Vete ya a dormir! —El danés le colgó en ese mismo instante, ya que tenía cosas más importantes en las cuales enfocar su atención.
Iba a ser una noche bastante extraña. La primera vez que pasaba sin la compañía de Tino. Se sentó al borde de la cama y luego miró hacia el lugar que el muchacho solía ocupar. Esperaba que no estuviera molesto con él, simplemente no se había percatado del mal estado del tiempo. Aunque comprendía perfectamente que sintiera eso, él debió ser quien le buscara de la facultad. Pero había estado tan concentrado en los diseños que no se había detenido a pensar en él.
Mientras tanto, en el apartamento de Magnus, el finlandés estaba recostado sobre su cama. Dormía plácidamente mientras que Magnus estaba sentado al lado suyo. Respiró profundamente y luego acarició el cabello del muchacho. Parecía estar contento, pese a todo lo que había pasado, lo cual también satisfacía al danés. Aunque fuera por unos breves momentos, esperaba haberle hecho olvidar la relación que mantenía con el sueco.
No le había respondido a lo que le había pedido. Tampoco podía exigirle que lo hiciera tan rápido. Una noche no podía compararse a toda una vida al lado de otra persona. Sin embargo, estaba completamente seguro de que Tino no era feliz desde hacía un buen tiempo. ¿Cómo era posible que Berwald no se diera cuenta de lo que se estaba perdiendo por culpa de poner tantas prioridades en su vida? Quizás ésta sería la manera en que aprendería.
El danés salió hacia la ventana. La lluvia al fin había hecho un alto. Solamente había nubarrones y estaba mucho más fresco. Sí, era un maldito aprovechado. No obstante, ¿hace cuánto que había estado esperando por una oportunidad como ésta? Sería un completo tonto si no se hubiera arriesgado esa noche. Y se hubiera arrepentido de ni siquiera haberlo intentado.
Solamente había un pequeño problema que no había considerado: ¿Qué iba a pasar el día de mañana? ¿Tino se lo contaría a Berwald? ¿O pretendería que nada había sucedido? Ah, de cierta manera deseaba que el tiempo transcurriera más deprisa. Estaba ansioso y algo preocupado a la vez. Sabía que el finlandés no correría a sus brazos, pero al menos… Bueno, ya le había demostrado qué podía esperar de él.
Además, quería aprovechar la oportunidad que estaba a su lado. Esperaba que no fuera la última vez que sucediera pues lo había disfrutado demasiado. No podía dejar de sonreír un segundo y ciertamente, agradecía al tiempo que le había favorecido. Decidió que era momento de descansar. Dejó lo que estaba tomando sobre la mesa de luz y se durmió, muy próximo al finlandés.
A la mañana siguiente, alguien comenzó a golpear la puerta varias veces sin parar. Era imposible continuar durmiendo, así que el finlandés se despertó inmediatamente. Tino apenas abrió los ojos. No sabía ni siquiera en donde estaba. Se levantó con mucha prisa y revisó la habitación. Definitivamente era el dormitorio principal. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Se había quedado dormido? ¿Qué horas eran? Tomó el despertador y el mismo indicaba que eran cerca de las diez de la mañana.
—¡¿Qué? —Tino estaba bastante desconcertado y no recordaba demasiado lo que había sucedido la noche anterior.
Inmediatamente, apareció Magnus con una enorme bandeja de desayuno.
—No puedo quedarme a comer contigo, alguien parece estar muy apresurado —explicó, algo fastidiado por el ruido que se estaba produciendo.
—¡Magnus! —Sin embargo, al finlandés no le importó. Tenía varias cuestiones que debía responderle, como por ejemplo el hecho de que no tenía ropa.
—Luego, luego —Éste se escabulló para atender a su impaciente visita. Ya sabía de quién se trataba sin tener la necesidad de hablar con el mismo.
Mientras que aquel lidiaba con el sueco, Tino estaba se apresuró a vestirse. Aún no estaba muy seguro de lo que había sucedido. ¿Había sido un sueño, una pesadilla? Sí, recordaba exactamente cuando Magnus le había besado. También cuando le había comentado los problemas que estaba atravesando con el sueco. ¡Berwald! Ni siquiera se había acordado de él hasta ese preciso instante. Ni siquiera le había llamado, seguramente estaba en problemas.
Estaba consciente de lo que había hecho. No era una maldita coincidencia despertar allí nada más. Un montón de ideas pasaron por la cabeza del muchacho.
—¿En dónde está? —preguntó el sueco en el mismo instante en que puso un pie sobre el apartamento del danés.
—¡Oye! ¡Buenos días! —le reclamó el dueño de casa. Era evidente que el sueco solamente tenía en la mente una sola cosa y nada más. Sin embargo, no podía permitir que le viera en esas condiciones al finlandés. Prefería que se enterara una vez que el muchacho lo decidiera —¿No vas a saludarme? —le detuvo antes de que pudiera dar otro paso.
—Sí, hola. Ahora, ¿dónde está Tino? —No tenía la menor intención de conversar con el danés. Quería asegurarse de que el finlandés estuviera bien.
En el dormitorio, el mencionado estaba tratando de vestirse a la velocidad de la luz. Aunque en realidad no estaba muy seguro de cómo iba a poder mirarle a la cara. Sí, lo había hecho. Al menos, no fue con cualquiera… Lo cual no sabía si empeoraba o mejoraba un poquito la situación en cuestión. Aún no podía creer que había cedido ante el avance del danés. No que fuera desagradable o que besara mal, sino por el sueco.
—¡Tino! —exclamó Magnus desde la entrada. Ya no podía retener por mucho tiempo más a Berwald, pues las excusas se le estaban acabando.
—¡Lo siento! —El finlandés apareció repentinamente y agarró todos sus libros que se habían caído en la emoción del momento. Magnus había echado sin querer mientras que jugaban en el sofá. Su rostro se enrojeció en extremo y pasó rápidamente al lado de Berwald —¡Adiós, gracias por todo!
Se había metido en un lío de aquellos y solamente por aceptar a que le llevara en su vehículo. Ahora por culpa del danés, estaba confundido. No podía dejar al sueco así de fácil, no se termina con alguien después de tanto tiempo. Pero por otro lado, solamente había bastado una noche a solas con el danés para tirar todo eso por el suelo. Era un completo idiota, irresponsable.
Corrió hasta el vehículo de Berwald y ahí se detuvo. Esperaba que el hombre se quedara un rato más allí adentro, mientras que decidía si debía confesarle lo que había ocurrido. Quizás si lo olvidaba, podría continuar con su vida como si nada hubiera pasado. Sí, era una buena idea. Excepto por el hecho de que realmente había disfrutado la compañía del danés y que tal vez querría volver a repetirlo, aunque sea una vez más.
Sacudió su cabeza apenas dicha idea apareció en su mente. ¿Acaso estaba loco? Se suponía que estaba enamorado de Berwald, solamente debía estar con él y con nadie más. Pero… Luego pensaría qué haría.
—¿Estás bien? —preguntó el escandinavo, quien se apresuró en acercarse al finlandés.
—¡Claro, claro! ¿Por qué no lo estaría? —Le besó rápidamente y le dio la espalda. La verdad es que no podía sostenerle la mirada y más que sentirse bien al ver a su chico, estaba demasiado incómodo al respecto.
—Solamente quería asegurarme —replicó éste mientras que le abrazaba al finlandés.
Tino quería desprenderse, desaparecer en ese preciso instante. Si tuviera una ligera idea de lo que había pasado, jamás se hubiera atrevido a tratarle de esa manera. Estaba seguro de que le rompería el corazón y tal vez no le volvería a dirigir la palabra. Suspiró, debía mantener la compostura. No podía dejar que el otro se diera cuenta de su incomodidad o comenzaría a sospechar. Al menos, hasta que descifrara lo que debía hacer, no podía pegarse ese lujo.
—Te extrañé —le susurró el hombre. Pero contrario a lo que esperaba como respuesta, Tino reaccionó de una forma completamente inesperada.
—Sí, sí. Yo también. ¿Por qué no nos vamos a casa? —afirmó el finlandés, quien lucía apresurado para regresar. No quería quedarse un minuto allí.
—Está bien —Berwald se apartó del muchacho y abrió la portezuela. Tino se metió enseguida dentro del vehículo, como si estuviese impaciente por algo.
Durante el trayecto hacia la casa de ambos, el finlandés permaneció callado y mirando a través de la ventana. El sueco puso la mano derecha sobre la rodilla del otro, pero éste no hizo nada al respecto. Ni siquiera le tomó la mano o le acarició. Parecía completamente indiferente a sus acciones.
No sabía qué hacer. Le desesperaba un poco el muchacho estuviera tan distante con él. Nunca había sido así o al menos, no se había dado cuenta hasta ese momento. Había sido su culpa, no encontraba otra razón para el comportamiento de Tino. Ignoraba qué había sido el problema que le estaba molestando, pero claramente era algo bastante grave. Siempre se había mostrado contento, inclusive a la noche cuando estaba muy cansado, se quedaba esperándolo.
Era como si lo hubiera perdido de la noche a la mañana. Era quizás la primera vez que sentía que el finlandés se estaba alejando de él. No podía permitir que eso ocurriera.
—Tino, ¿estás molesto conmigo? —indagó el hombre mientras que esperaban que el semáforo cambiara de color a verde.
—¿Eh? —El finés se volteó inmediatamente. Durante todo el viaje hasta ese preciso instante, le había dado la espalda al escandinavo. Recién ahora que le hablaba, se había percatado de ello.
—¿Te enojaste por lo de ayer?
—No, no. ¿Por qué piensas eso? Nunca podría enojarme contigo, de veras —Tino fingió una sonrisa.
—Lo siento… —El sueco, sin importar que el resto de los vehículos estaban tocando las bocinas, abrazó al muchacho. Le repitió un par de veces en el oído las mismas palabras.
A pesar de las buenas intenciones del escandinavo, lo único que consiguió fue empeorar más la situación. En lugar de que el muchacho le dijera por qué se estaba portando de esa manera, lo que obtuvo a cambio fue un completo silencio. Sintió las lágrimas que caían sobre su hombro. Tino se alejó nuevamente de sus brazos y simplemente le regaló una sonrisa. La verdad era que no podía pronunciar una sola palabra.
El resto del viaje no hubo intercambio de palabras. Parecían dos extraños que no tenían que decirse uno al otro. Tino agarró sus materiales y enseguida ingresó a su casa. Se había mordido los labios sin dirigirle una mirada al sueco. Éste, apenas salió del auto, perdió de vista al finlandés. Algo raro le estaba pasando y necesitaba saberlo en cuanto antes. No soportaba ver al muchacho así, más si podía hacer algo al respecto.
Dado que el finés no iba a darle la respuesta, entonces tenía que ir a la otra fuente de información. Allí, a las afueras, marcó el número de Magnus y esperó a que le respondiera. Sin embargo, solamente le remitía al buzón de voz. Luego averiguaría lo que había pasado, sin duda no se iba a quedar sin saberlo.
Mientras tanto, Magnus estaba observando el paisaje de la ciudad. Bueno, en realidad estaba con la mirada perdida y apoyándose por el barandal. No quería que Tino se fuera. Solamente había permitido que se fuera, pues todavía no le había dado una respuesta a lo que e había pedido. ¿Se acordaría siquiera? Tenía la esperanza de que así fuera. De todas maneras, seguiría insistiendo. El disimulo no era precisamente lo suyo, pero estaba seguro de que Tino iba a pedirle una repetición. No había forma que solamente lo hicieran una vez y luego, el olvido.
Ésa misma noche, el finlandés estaba acomodando algunos de sus papeles. Se habían mojado por culpa de la lluvia de la noche anterior, así que había tenido que volver a hacer cada uno de los diseños de nuevo. No era fácil, por supuesto. Sin embargo, el hecho de haber estado ocupado con la tarea de repetir los dibujos en cuestión, había podido olvidarse de todo el asunto de Magnus y Berwald. Estaba mucho más relajado de que la mañana y podría dormir plácidamente, sin ninguna preocupación.
Cuando se estaba preparando para cambiarse y luego cenar, el sueco se apareció. Éste había decidido darle tiempo y espacio al finlandés. Quizás había sido demasiado pesado o le había presionado accidentalmente, por lo que había preferido no ir junto a él. Aunque ganas de pasar su tiempo libre con Tino, no le habían faltado.
—¿Quieres hacer algo esta noche? —indagó Berwald, quien estaba parado y observando al muchacho peleándose con sus pantalones.
—No, lo siento. Después del desastre de anoche, me encantaría pasar aquí nada más —Luego, asomó por la ventana de la habitación —. Además, hace algo de frío. Prefiero la comodidad de la casa —sonrió sinceramente. No tenía ninguna intención de poner un pie afuera de allí.
—¿Quieres ordenar comida?
—Sí, ¿por qué no? Hazlo mientras entro al baño —respondió el finlandés y entró a dicha parte de la casa.
Apenas cerró la puerta, el móvil del finlandés comenzó a sonar. El sueco no le quiso dar importancia, pero dada la escasez de información acerca de lo que le pasaba a Tino, decidió aproximarse. Era un mensaje de texto y el remitente no era otro más que Magnus. Aquello ciertamente intrigó al escandinavo. ¿Cuál sería el motivo para que se estuvieran comunicando esos dos? Si bien habían estado en el mismo círculo de amigos por años, le resultaba extraño que el danés se comunicara directamente con su chico.
Sabía que no debía revisarlo, que estaba mal. Sin embargo, la tentación era demasiada. Necesitaba conocer la razón por la cual Tino le había estado evitando todo el día y porqué lucía tan distante. Agarró el móvil rápidamente y se dispuso a leer el mensaje de Magnus: Espero que consideres lo que te dije. ¿Para qué vas a permanecer con alguien que no te hace feliz? El lunes me iré a la facultad y quiero que me des una respuesta.
—¿Qué rayos…? —se preguntó el sueco, completamente desconcertado.
Me alegra saber que el pairing tenga aceptación :3
Lo iba a subir anoche, pero me fue imposible.
¡Gracias por leer!
