Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Este capítulo podría contener escenas fuertes.
Capítulo III
Berwald no estaba seguro de haber leído bien el mensaje o el destinatario. Aprovechó que Tino se estaba tardando más de la cuenta para volver a hacerlo y efectivamente, era cierto. Tal vez, Magnus solamente le estaba jugando una mala pasada y estaba divirtiéndose mandando semejantes textos al finlandés. Claro, no podía haber otra posible explicación para aquello.
La verdad era que no quería admitir lo que pudo haber pasado esa noche anterior. Se rehusaba a creer que aquel muchacho, de quien estaba enamorado desde hacía muchísimo tiempo y con quien se había imaginado pasar el resto de su vida, había sido capaz de caer tan bajo. ¡No podía ser! Tino nunca le haría eso, nunca estaría con otra persona que no fuera él.
Sin embargo, la puerta del baño comenzó a abrirse, así que antes que el muchacho tuviera la oportunidad de leer lo que le había mandado el danés, lo borró. Quizás estaba mal meterse en los asuntos de Tino, pero no confiaba en las intenciones de Magnus. Así que tomó la determinación de que lo enfrentaría el lunes a la hora que había establecido aquel. No iba a permitir que arruinara su relación por una broma de tan mal gusto.
—¿Mi teléfono ha sonado? —preguntó el muchacho mientras que se secaba las manos.
—No —contestó el sueco, sin ninguna culpa. Tenía mucha razón para hacer lo que estaba haciendo, protegía a su relación lo mejor que podía. Eso era lo que suponía que debía hacer, ¿no?
—¡Ah, qué raro! Pensé que escuché tono de mensaje… —comentó éste, algo desconcertado. Tal vez simplemente se lo había imaginado, así que decidió no darle demasiada importancia. Tenía hambre, un asunto mucho más urgente —¡Vamos a ordenar, entonces!
Berwald quiso que el resto del fin de semana transcurriera de la forma más normal posible. Pero aunque intentaba aferrarse a la idea de que era la culpa del danés y que Tino no tenía nada que ver, tenía algunas dudas. Siempre se habían contado lo que hacían, incluso los detalles más minúsculos. Esta vez, el finlandés no le había dicho una palabra sobre lo que había ocurrido la noche del viernes y debía ser sincero, tenía curiosidad.
No era el momento, mas ya no podía contenerse. Al menos, iba a preguntárselo. Si continuaba siendo el mismo de Tino de siempre, estaba completamente seguro que aquello no iba a ser ningún problema. Si solamente había pasado la noche allí, no debía haber nada sospechoso entre ambos.
Era el mediodía del domingo, Tino estaba recostado en el sofá. Estaba descansando de las tareas de la universidad. Berwald se sentó en el otro sofá y le miró fijamente. Luego de un rato, el muchacho se percató de ello y dado que la mirada del sueco podía llegar a ser intimidante, se acomodó. Parecía que tenía algo que decirle, algo bastante importante.
—Tino, ¿qué pasó el viernes? —Ya no soportaba la duda que eso le resultaba. Quería asegurarse de que todo estuviera bien, como se suponía. Claro que tenía algo de miedo de que le dijera algo que no quería escuchar, pero… Pero la verdad debía estar siempre en frente.
Dicha pregunta tomó de sorpresa al finlandés. Sabía que eventualmente eso iba a pasar, pero a pesar de ello, no había planificado qué iba a responderle en ese caso. Se estiró el cuello de la camisa y se secó el sudor. Había llegado la hora de enfrentar la verdad… Había sido un accidente o algo así. Tal vez, Berwald se lo creería. Sí, era una respuesta bastante convincente.
Sin embargo, no podía echarle toda la culpa al danés. Le había mencionado que podían detenerse cuando él quisiera y no se había molestado en rechazarlo, si no más bien, había preferido continuar con el juego en el que se habían metido los dos. Ahora que se hallaba tan cerca al sueco, comenzaba a sentir algo de remordimientos. Estaba más que seguro que iba a hacer sufrir a aquel hombre. Suspiró, debía ser responsable de sus actos, aunque lo lastimara.
—¿Por qué piensas que pasó algo? —El finlandés sonrió nerviosamente. Debía pretender que nada había pasado.
—Estás raro… —opinó el sueco, quien aprovechó la ocasión para sentarse al lado del muchacho. La verdad es que le había herido profundamente el mensaje de Magnus, pero estaba luchando para no hacer un comentario al respecto. Prefería que Tino se lo dijera y cuanto más pronto lo hiciera, sería mejor.
—¡Claro que no! ¡Han sido los exámenes de esta semana! —se excusó —. La universidad se ha vuelta y ya sabes… Es difícil no estar tan cansado.
—Pero no me lo habías dicho hasta ahora…
—¡Es porque siempre llegas tarde! ¡Nunca tenemos tiempo para eso, porque tú estás muy ocupado! —soltó el finlandés algo molesto. Fue después de observar la reacción del sueco, cuando se percató de lo que había dicho. Simplemente se le había escapado —No quise decir eso… —Intentó arreglar, pero ya las palabras habían surtido efecto en Berwald.
El sueco se quedó callado. Aunque parecía que estaba observando el suelo, estaba con la mirada perdida. ¿Todo había sido su culpa? ¿Tino había ido junto a Magnus porque no le daba la atención suficiente? Sí, ahora que se ponía a pensar bien, ya hacía un tiempo que ni siquiera habían jugado debajo de las sábanas. Desde los últimos dos meses, solamente compartían la misma cama y difícilmente intercambiaban alguna palabra, si no fuera acerca de las finanzas.
—¿Desde hace cuánto tiempo qué piensas eso? —Demasiadas malas noticias en tan poco tiempo. Era difícil permanecer frío, cuando la otra persona ha estado molesta sin decirle una sola palabra algo al respecto. Tal vez, si se lo hubiera mencionado antes, nada de esto hubiera ocurrido. Si se lo hubiera comentado, incluso no hubiera necesitado correr a la cama del danés para llamarle su atención.
—Yo… Hace meses que no te veo casi en casa. Al principio, creí que sería porque tenías un enorme proyecto, entonces pensé que pronto acabaría. Pero nunca fue así. Incluso me pasó por la cabeza que tú tal vez tendrías a alguien en la oficina y que preferías estar con él…
—¡Nunca! —subió el tono de voz mientras que agarraba con fuerza sus pantalones y con la cabeza gacha.
—¿Entonces, por qué no venías más temprano? ¿Cuál era la necesidad de que estés todo el día allí? ¿Acaso ya te hartaste de mí? —Sabía que no estaba en condiciones de reclamar nada al sueco, pero hacía rato que deseaba hacerle esas preguntas a Berwald.
—Pues, tú te cansaste de mí —El hombre se levantó y salió tras dar un portazo.
Esa misma noche, Tino se quedó completamente solo. No había ninguna señal del otro y estaba comenzando a preocuparse. Era evidente que ya se había enterado de lo que había pasado en el apartamento del danés, debía ser un tonto para no notarlo. Había querido explicarle dicha situación, pero el hombre no estaba en ningún lado. Inclusive llamó a su oficina, sin tener éxito. ¿A dónde se había metido?
Repentinamente, escuchó que la puerta de la entrada se abrió, así que salió corriendo. Allí estaba él, pero éste pasó de largo, sin decirle ninguna palabra. Se lo había ganado, sin duda. Pero también había estado con los nervios hechos trizas, al menos podría darle una explicación sobre a donde había ido. Dado la ley de hielo que aplicó Berwald, decidió entonces seguirle.
El hombre comenzó a guardar su ropa en una maleta, sin siquiera dirigirle una mirada al finlandés. Lo había pensado con mucho detenimiento. Quizás era hora de distanciarse. No quería continuar amargando la existencia al finlandés, así que lo único que le quedaba por hacer, era irse. Aunque la casa la habían comprado entre los dos, prefería dejársela al muchacho.
—Berwald, ¿qué sucede? —preguntó atónito el finlandés. Quería detenerlo, pero estaba con tal shock que sólo podía limitarse a observar la situación en cuestión.
—Me iré… —contestó mientras que doblaba sus camisas.
—¿Eh? ¿A dónde? ¿Estás bromeando, verdad? —preguntó tan rápido como podía.
Sin embargo, el escandinavo optó por no responder nada. Después de revisar y de asegurarse de que tenía muda por lo menos para una semana, regresó hacia la entrada de la casa. Tino todavía estaba tratando de entender qué estaba sucediendo. Corrió hasta donde se hallaba el sueco. No supo qué hacer, solamente se quedó parado allí. Pero estaba seguro de que sería un egoísta si le pidiera que se quedara.
—Nunca lo hubiera hecho, Tino —explicó el sueco, de espaldas al finlandés.
—¿A qué te refieres? —Con tantas emociones, no estaba muy seguro de saber de que estaba hablando.
—Nunca hubiera estado con otro que no fueras tú… —Después, se dirigió hasta su vehículo y con mucho pesar, se retiró. No quería ver a Tino triste, pero también estaba demasiado dolido como para fingir que no había ocurrido nada. Necesitaba tiempo para recuperarse del golpe bajo que le habían propinado y esperaba que el muchacho fuera capaz de comprenderlo.
Sin embargo, no se había olvidado de ese asunto pendiente del día de mañana. Ése punto era bastante crítico y a pesar de lo molesto que estaba, él era mucho más responsable de lo que había ocurrido.
Mientras tanto, cierto danés estaba algo aburrido. Había estado esperando el mensaje del finlandés desde el día anterior. Estaba comenzando a preocuparse, ¿qué había pasado? ¿No le había gustado a Tino? No, sabía que había visto una sonrisa en su cara, así que de eso no podría tratarse. Tampoco podía ser que su móvil continuara sin batería. Solamente había una razón que se le ocurría.
Suspiró, tampoco le importaba demasiado. Es más, prefería que las cosas hubieran pasado de esa manera. Esperaba que ese idiota se diera cuenta de sus errores y de lo que había causado su falta de preocupación por el muchacho. No estaba arrepentido en lo más mínimo.
Su teléfono comenzó a vibrar y dejó lo que estaba haciendo, para atenderlo. El mensaje era bastante corto y conciso: Me dejó. Lo leyó y lo leyó hasta comprender lo que decía. No esperaba que fuera tan rápido, es más, creyó que iba a tardar un tiempo antes de que el sueco se enterara de lo que había pasado. No tenía mucho tiempo para analizar, debía estar junto al muchacho.
Llamó enseguida a Tino, prefería hablarlo antes de que mandar mensajes tan fríos.
—¿Hola? —preguntó débilmente el finlandés. Tenía la voz quebrada, normal para una situación como ésa.
—¡Tino! ¿Quieres que me vaya a verte? —Aunque le dijera que no, lo iba a hacer. No podía dejar al muchacho por su cuenta, en ese estado. Se sentía responsable por ello y debía asumir las consecuencias de lo ocurrido. No iba a permitir que Tino se sintiera culpable por lo sucedido.
—No quiero estar solo…
—¡Me voy! —Determinado, cortó la comunicación.
Condujo lo más rápido que pudo, aunque sin descuidarse. Muerto no le servía a nadie… Bueno, tal vez para el sueco. Pero eso no era lo que le importaba. Tenía que estar al lado del finlandés. Lo que sucediera o no después, ya no interesaba.
Golpeó varias veces las puertas, para luego percatarse de que no estaba llaveada. Antes de ingresar, se fijó en que el automóvil de Berwald no se hallaba en el garaje. La casa estaba en completa oscuridad, con la excepción de una sola habitación donde la luz estaba prendida. Vio al muchacho quien estaba observando por la ventana. Parecía que ni siquiera se había dado cuenta de la llegada de Magnus.
—¿Tino? ¡Ya estoy aquí! —exclamó el danés y no tardó en sentarse a su lado. Secó las lágrimas del muchacho y después, le rodeó con su brazo.
—Magnus… —Se sostuvo por el hombre, mientras que trataba de pensar en qué decir. Sin embargo, estaba tan sorprendido por la ida del sueco, que se quedó callado.
—No pienses más en él. Ya te lo he dicho: Te olvidarás de él cuando estés conmigo —le susurró calmadamente, con una ligera sonrisa.
Bien sabía que era el segundo plato y no el principal. Normalmente, esto lo molestaría. Sin embargo, si quería conquistar al finlandés de una vez por todas, no podía acelerar el proceso. Debía soportar las quejas y los sollozos, después de todo, no era fácil olvidar una relación de casi cinco años en dos noches. No, con las palabras adecuadas y las atenciones que el muchacho se merecía, se lo iba a ganar.
—Y yo no pienso abandonarte —le recordó el danés.
Era reconfortante escuchar esas palabras después de todo el desastre que se había sobrevenido. Era tal y como recordaba, a pesar de tener algo de miedo, se sentía cómodo con él. Con esa sonrisa tan sincera, podía borrarle todos sus dolores y pesares. Los dedos del danés recorrían la espalda de Tino, la acariciaba con tranquilidad y calma.
—Lo peor de todo es que… No sé si me arrepiento de todo esto —confesó el finlandés mientras que entrecerraba sus ojos —. Esto es tan agradable…
El resto de la noche no ocurrió nada muy significativo. Magnus se quedó acostado al lado del muchacho, hasta que éste finalmente se quedó dormido. Podía imaginarse viviendo allí fácilmente y sin ninguna preocupación, sin tener la necesidad de tener que esconderse o sentirse culpable por lo que estaban haciendo. Sí, le había apuñalado por la espalda a su mejor amigo, pero el resultado que había obtenido de ello, era tal vez más grande. Había esperado tanto tiempo por una oportunidad como ésta, que ni siquiera había considerado los sentimientos del sueco.
A la mañana siguiente, debió levantarse enseguida para ir a su trabajo. Dejó una nota sobre la mesa de luz del finlandés, le dio un beso y se retiró. Claro que había tenido que poner mucha fuerza de voluntad para salir siquiera de la cama y ducharse. Lo ideal hubiera sido quedarse todavía allí, comer el desayuno con Tino y luego, dejarse llevar por los impulsos físicos… Sí, eso sí hubiera sido un buen día.
Tampoco podía quejarse. Además, esa tarde Tino le debía dar la respuesta definitiva. Estaba dispuesto a lo que fuera, con tal de escuchar ese "sí" salir de su boca. Ahora que Berwald aparentemente estaba fuera del panorama, debía ser el único para el finlandés. Aunque debía recordarse a sí mismo que debía tener paciencia, que eso sucedería con el tiempo. Se daría por satisfecho con tal de que el escandinavo ya no rondara al muchacho.
Te prometo muchas noches así, si te das cuenta de que soy el mejor para ti. Te esperaré esta noche a las afueras de la facultad. Tino dejó escapar un suspiro, no estaba en condiciones para tomar esa decisión. Al menos, todavía no. Esperaba que Magnus fuera tan comprensivo como lo había sido hasta el momento. Pues tampoco quería perderlo. Simplemente, necesitaba un tiempo para reorganizar sus sentimientos.
¿Desde cuándo la vida se había vuelto tan complicada? Ingresó a la ducha y estuvo allí por media hora. En tan sólo un fin de semana, toda la vida que había conocido hasta ese momento, había dado un vuelco de 180 grados. Absolutamente, todo había cambiado. ¿Aún estaba enamorado de Berwald? ¿Qué le pasaba cuándo estaba al lado de Magnus? ¿Por qué esos dos tenían tanto poder sobre él? Eran alguna de las preguntas que se hacía.
Se golpeó la cabeza un par de veces. El remolino de emociones le estaba mareando demasiado. Ya ni siquiera estaba seguro de qué iba a hacer o dejar de hacer. Parecía que lo único que hacía era meter la pata y lastimar a alguien de paso.
Mientras tanto, Berwald estaba sentado sobre la cama de un hotel. Estaba tan anonadado por los recientes acontecimientos que ni siquiera se había ido a trabajar. No le importaba tampoco. Perder a ese chico que siempre había estado a su lado era demasiado para él. Tenía demasiadas emociones encontradas, entre molesto, furioso y triste. Agarró la sábana con fuerza, como producto de la rabia.
—¿Qué hago ahora? —se preguntó a sí mismo.
¿Debía renunciar tan fácilmente a Tino? ¿Debía luchar por él? No podía obligarle a que se quedara con él. Pero si aún pensaba en él, aunque fuera lo más mínimo, tampoco podía arriesgarse.
La tarde transitó bastante rápidamente para los tres. Tino no dejaba de pensar en qué iba a responderle a Magnus, éste no podía con la ansiedad de que ya fueran las seis de la tarde y Berwald estaba preparado para confrontar al danés. Si no había podido cuidar al finés como se suponía, al menos iba a defender su dignidad. No iba a permitir que ningún pretensioso le quitara lo que más valoraba solamente por un capricho.
Alrededor de las seis de la tarde, el muchacho salió de clases. Al ver que no había nadie, decidió cruzar la calle y comprar algo para comer. Con tanto drama de por medio, no había tenido la oportunidad de saciar su hambre. Sin tener ningún apuro, entró a la tienda en cuestión.
Mientras tanto, Berwald y Magnus salían de sus respectivos vehículos. El destino cruel había decidido que ambos llegaran prácticamente al mismo tiempo. Caminaron directamente hacia la entrada y allí, ambos se percataron de la presencia del otro.
—¡¿Qué rayos haces tú aquí? —reclamó el danés, quien no se esperaba al escandinavo.
—A cuidar lo que me pertenece —respondió con seguridad.
—¡Ja! ¿De verdad crees que esto funciona así? —se mofó —. ¿Por qué no admites que ya lo perdiste?
—No lo haré…
—¡Como quieras! Es simplemente patético que…
Sin embargo, no tuvo la oportunidad de terminar la oración. El escandinavo, que normalmente se mostraba calmado, había perdido la paciencia. Tomó a Magnus por el cuello y lo empujó hasta llegar a la pared. No podía perdonarle lo que había causado. No podía tolerar que estuviera tan campante después de destruir una relación de tanto tiempo. Iba a sacarle esa sonrisa tan estúpida y molesta.
—¿Es lo mejor que tienes? —se burló el danés, a pesar de la situación en la cual se encontraba. Magnus aprovechó y pateó lo más fuerte que pudo al abdomen del sueco, quien se apartó del dolor.
Sin embargo, no había terminado. No le interesaba que fuera más alto que él, nadie le agarraba de esa manera. El danés quiso darle un puñetazo mientras que el otro continuaba con la cabeza gacha y escupiendo sangre por el suelo.
—Esto es por no saber apreciar a la persona que tienes a lado, imbécil —espetó éste, pero el sueco se movió lo suficientemente rápido como para que Magnus golpeara la columna de mármol. Digamos que por un buen rato no llegó a sentir sus tendones.
—No hables de lo que no sabes —le reprendió Berwald.
En eso, Tino estaba saliendo de la tienda. Apenas dio un paso sobre la acera, cuando se percató de lo que estaban haciendo. Como si ya las cosas no habían estado mal, ahora se habían trenzado en una pelea. Estaba cansado, esto no podía seguir de ésa manera. Tiró la bolsa sobre el suelo y corrió por la avenida…
Después, todo se movió en cámara lenta. El sonido de un auto frenando a último momento, la gente gritando, una ambulancia… Nadie estaba seguro de lo que había pasado.
Tanto Magnus como Berwald se detuvieron en el instante. Todos estaban rodeando la escena del accidente y recién en ese momento se habían dado cuenta de que Tino todavía no había aparecido. Habían estado tan concentrados en el otro, que no lo habían notado hasta ese instante. ¿Dónde estaba? Todos hablaban del accidente y en medio de esa conmoción, no podían ver al muchacho. No era demasiado alto así que en medio de esa multitud era difícil encontrar a alguien como Tino.
—Dicen que estaba mirando la pelea de en frente —comentó una persona.
—¿Por qué no esperó para cruzar? —preguntó alguien más.
El danés se hizo lugar a través de la gente. Tal vez se trataba de alguien sin importancia, tal vez Tino estaba entre las primeras personas que habían llegado a la escena. Lo único que después Magnus pudo recordar era la sangre esparcida por la calle y lo mucho que deseó estar en una pesadilla…
—¡¿Qué es esto? ¡¿Por qué nadie hace algo? —reclamó con toda la fuerza de sus pulmones.
El sueco escuchó los gritos de Magnus. Empujó a todos los espectadores y…
—No… —Fue lo único que pudo soltar. Al contrario de su ex mejor amigo, no pudo reaccionar. No podía pronunciar una sola palabra al respecto.
Si no me hubiera ido el día de ayer. Si me hubiera quedado a su lado y soportado sin ninguna queja lo que había ocurrido. Si no hubiera leído ese mensaje. Si no le hubiera reclamado nada y me hubiese quedado en silencio. Si hubiera aprovechado mejor el tiempo. Si le hubiera dicho y repetido más "te amo". Si hubiera dejado de lado mi estúpido trabajo. Si esa noche de lluvia hubiera ido a buscarle, nada de esto hubiera ocurrido…
Me lo tuvieron que arrebatar, para darme cuenta de lo valioso que era para mí.
Al fin pude cumplir con mi palabra: Mini-fic finalizado. Es la primera vez que escribo tragedia así que no sean muy malos conmigo.
¡Gracias por leer!
