NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Muchísimas gracias por todos sus comentarios, sus alertas y sus hits! Yo no tenía expectativas tan altas, nuevamente me sorprenden y halagan :) Pues bien, este es el capítulo nuevo que anhelo disfruten tanto como el anterior o hasta más. Es completamente kataang y tranquilo, el drama empezará más adelante.

Comentarios:

tamarasaez: Hola, que bueno que aún me leas y el proyecto de agrade. Kya será maestra agua :)

Nieve Taisho: yo no creo que la convivencia entre maestros y no maestros sea imposible, después de todo, en las Cuatro Naciones conviven personas normales con maestros ¿Cuál sería aquí la diferencia? Solamente que habría maestros de todo tipo en vez de solo maestros tierra o agua. Pero bueno, espero poder dar respuesta a todas las preguntas que tengo y tienen en este fic :)

sakura: claro que no te olvidaría, tus comentarios siempre fueron tan alentadores que me cambiaban el ánimo hasta las nubes. Gracias por leer este nuevo proyecto, atentamente, otra amiga que te quiere :)

Izumi Sumiko Sensei: jajaja ya se, la imagen de Tenzin me dio risa. Y pues si, lo pensé mucho pero al fin se me ocurrió una idea como secuela y espero les siga gustando.

Katarita: ¡Pero por supuesto que me interesa! Si eres tan amable de mandarme el link para leerlo seré de lo más feliz :D ¡Muchísimas gracias!


Capitulo 2.

Noticias.

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—¿Se llama Kya, verdad?—preguntó la inocente voz de Tenzin, aguda y curiosa. Su madre sonreía con orgullo mientras el niño se inclinaba para ver a la bebé que sostenía en sus brazos.

—Sí mi amor—contestó amablemente—Kya ¿No es lindo el nombre?

—¡Mucho!

Katara estaba sentada en la cama, recargada en un montón de almohadas. El parto le resultó mucho más difícil y le cansó demasiado. Pero la bebita en sus brazos valía la pena. Kya estaba dormida, envuelta en muchas mantas azules para protegerla de los fríos glaciares. Y Tenzin se la pasaba siempre al lado de su hermanita, como un niño curioso.

Tenzin se parecía a su padre, en muchos sentidos. Y los sentimientos nobles dominaban al niño casi todo el tiempo. Era natural, pues, que lo invadiera un amor intenso hacia la bebita que sostenía mamá en brazos.

—¿Vamos a cuidarla siempre?—preguntó el niño.

—Si amor—repuso Katara, sonriendo—Y la vamos a querer, le enseñaremos muchas cosas…

—¡Yo ayudo!

La feliz madre rió.

—Claro que ayudarás amor.

—¿Y vamos a vivir aquí o volveremos al Templo, mami?

Kya comenzó a removerse un poco, por lo que Katara reacomodó la cabecita de su hija entre sus brazos para que la bebé siguiera durmiendo. No llevaba más de seis horas de nacida y sus ojitos permanecían cerrados; descansando del duro parto.

Porque había sido un parto muy complicado. Katara ya había pasado por eso, pero por alguna extraña razón, el parto de Kya se retrasó mucho más a lo debido. Esta vez la rodeaban curanderas capacitadas que además le tenían afecto. Las mujeres desesperadas intentaban de inducirle el parto, mientras la maestra agua se retorcía, procurando no gritar, por los espantosos dolores.

Katara estaba cada vez más débil hasta que al fin, la bebé pudo nacer. Extenuada, la morena se tumbó en la cama tras acariciar la cabecita de su llorosa hija. La bebita también estaba cansada. Todo buen médico o curandero sabía que, al momento de dar a luz, el sufrimiento de madre e hijo es casi idéntico.

En todo el proceso, Aang tuvo serios ataques nerviosos. Al principio, cuando iniciaron los dolores, permaneció al lado de su esposa animándola, apoyándola. Cuando las cosas se complicaron las propias curanderas le pidieron salir de la habitación. Era una alarmante señal de que algo estaba mal.

A empujones lo sacaron, porque no quería dejar sola a Katara. En el pasillo muchas veces se asomó, sin que las mujeres se dieran cuenta, para ver qué estaba pasando. Katara estaba sufriendo demasiado y gritaba de puro dolor.

Pero, al fin, el bebé había nacido. Y era hermosa, de piel morena un poco más pálida que la de su madre. Los mechones apenas visibles de su cabello revelaban un color negro igual al de Aang. No había abierto aún sus ojos, y esa emoción llenaba a sus padres de más felicidad. Era perfectamente sana y no podían pedir más cosa a los espíritus.

—¿Se puede?—Aang se asomó por la puerta, haciéndose el gracioso. Katara inmediatamente asintió—Ya ves, muchos nos han felicitado.

—¿De verdad?

Aang se sentó al lado de su esposa en la cama, cagando a Tenzin en su regazo. Se inclinó para ver nuevamente a su primera hija y besó su desnuda cabeza casi calva. Jamás dejaría de maravillarse por la intensidad del amor que los hijos podían despertar.

—Todos en el Polo Sur nos han felicitado y deseado bendiciones. Piden tu rápida recuperación y la más grande salud para la niña.

—Kya—repuso Katara.

Aang parpadeó.

—¿Perdón?

—Se llamará Kya—continuó Katara sin dejar de sonreír—No tendrás ninguna objeción ¿Verdad?

—Haber…

Aang fingió meditar el asunto más serio del mundo.

Sentó a su hijo al lado, para tomar con extremo cuidado a Kya en sus brazos. La bebé inmediatamente se despertó por el cambio, curvando su pequeña boca para emitir el agudo llanto más tierno que Aang recordase. Sus puñitos cerrados, encogiéndose entre las mantas buscando el calor de mamá.

La sostuvo contra su pecho arrullándola, pronto se calmó. Reconoció el confortable calor y presencia de la única persona que le era conocida, además de su madre. Ese que escuchaba todo el tiempo, cuando iba creciendo. A su padre.

Ya menos cansada y con curiosidad de ver, de conocer, Kya abrió al fin sus ojos. No había oscuridad y los cerró rápidamente, cegada, haciendo un puchero. Fue parpadeando hasta que sus dos padres pudieron apreciar el color de sus pupilas.

Eran dos hermosos mares.

—Tiene el nombre de Kya tatuado en el alma, cariño—consintió Aang—No puedo imaginármela de otra manera.

Tenzin se inclinó y su padre se movió un poco para que lo alcanzara a ver. Kya fijó su mirada en su hermano por un momento, encontrando su voz parecida. La bebita era demasiado lista para su edad y eso, al ir creciendo, causaría serios problemas a sus padres. Pero ahora, plena inocente, se limitaba a estar callada, aprendiendo, observando.

Se volvió a mover. Katara acomodó unas mantas en la cama y Aang la acostó ahí, cuidando que entre tantas cobijas su nariz quedara expuesta, y pudiera respirar bien. Completamente cómoda, la bebé se movía, explorando su cuerpo con el sentimiento hasta que se cansó de nuevo y se quedó profundamente dormida rodeada de su familia.

En ese preciso momento entró Hakoda.

—¿Dónde está mi nieta?—fue lo primero que preguntó, acercándose a pasos agigantados. Aang se paró para que su suegro ocupara su lugar al lado de Kya.

—Linda y hermosa.—dijo Aang, aún maravillado.

Hakoda miró a la bebé y acarició sus mejillas rosadas. Era tan perfecta.

—Se llamará Kya—le dijo Katara.

Inmediatamente miró hacia su hija con sorpresa y orgullo. Le besó la frente.

—Has hecho un gran trabajo, hija mía. Muchas felicidades a los dos.

Se abrió la puerta de repente.

—Avatar Aang—habló uno de los soldados—Le ha llegado esta misiva urgente.

—¿Justo ahora?—replicó ¡No era posible! ¿En el nacimiento de su hija? Se muy mala gana cogió el pergamino—No me traiga más cartas ¿Entendido?

—Si señor.

Y salió.

Aang dejó el pergamino en el buró y se dedicó de lleno a su familia. Siguieron bromas, consejos y una amena charla con Hakoda, en donde intervenían de vez en cuando juegos rápidos con Tenzin y atención absoluta al más mínimo movimiento de Kya.

Finalmente, el cansancio de Katara la venció. Hakoda sacó a Tenzin para dormirlo en su alcoba dejando a la joven pareja sola. Kya fue acostada en su cuna, donde podía verla a la perfección. Katara pronto se quedó completamente dormida, roncando. Anochecía cuando Aang recordó el pergamino y lo abrió, leyéndolo rápidamente.

Estimado Avatar.

Es mi deber informarle por este medio que un grupo de campesinos del Reino Tierra han rodeado las colonias de la Nación de Fuego con fines nada pacíficos.

Como usted ha de adivinar se trata de ésas revueltas que hemos tenido la desgracia de retener durante los últimos meses. Temo que ahora están armados y la seguridad íntegra de las personas puede estar siendo duramente amenazada.

Mis hombres han hecho un perímetro y aunque ningún ataque ha comenzado, no descarto que puedo ocurrir. Estamos en la colonia número tres. Las número seis y doce parece están en situaciones similares.

He escrito una carta con la misma información a mi Señor de Fuego Zuko. Como a él, solicito su más pronta presencia para establecer de una vez definitiva la forma de actuar.

Gracias por su tiempo.

Atentamente.

General Kio-La.

Nación de Fuego.

Aang se reclinó en la pared, pasmado.


Bien, no es un capítulo para nada largo, pero ya se habrán dado cuenta de más o menos qué está pasando. Tuve que crear un problema más grande, o al menos estoy tratando de crear un problema grande que pueda ocasionar la fundación de Ciudad República.

Adelanto.

Por el tono de seriedad, la maestra agua inmediatamente supo que algo andaba mal. Una alarma sonaba en su mente cuando dejó el cuenco con sopa en la bandeja.

—¿Qué pasa? ¿Es sobre nuestros hijos?

—No, claro que no.—se apresuró a calmarla—Ellos están más que bien.

—Entonces… ¿Mi padre, mi hermano? ¿Alguien?

—Nadie cercano.

—¿Qué pasa, Aang?

—Katara, me debo marchar.

Ella inmediatamente se tensó.

Eso es todo por ahora, espero que les haya gustado. Como siempre, su opinión es muy importante y un comentario suyo me animaría demasiado :)

gracias por leerme.

chao!