NADA DE ESTO ME PERTENECE, ES DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Hola de nuevo!
Si, este es el nuevo capítulo ¿Ven que no me estoy tardando tanto? bueno... aún xD
Comentarios:
Katarita: ¡Hola! hacia tiempo sin saber de ti... Me alegro de que estés bien y de que la historia te siga gustando. Gracias por la inspiración, llegó bastante bien. Por cierto, si, vi ese final y la verdad quedé con ganas de más. Yo quería saber más sobre el Gaang, no tanto de Korra. :( Por cierto ¿Podrías decirme dónde ves los cómics?
Izumi Sumiko Sensei: Jajajaja, me alegro que te guste tanto. Y si, Lu Ten es un encanto de niño, lo beso en la frente todas las noches en mi mente xD
Fankataang100: ¡Muchas gracias! me alegro que te sigan gustando mis historias después del tiempo.
Nieve Taisho: Lin es genial, es muy parecida a Toph. Lo que es Lin, Meelo, Ikki, Jinora y Bumi fueron mis personajes favoritos por mucho. Tenzin, Pema, Boilin, Asami y Mako me agradaron, así como Korra. Pero los niños y Lin ganaron por sobre todos los demás. Me alegro de que al final Lin recuperara todos sus poderes.
Kabegami Amaterasu: ¡Lo se! Iroh me fascinó solamente porque era el nieto de Zuko. Y la forma de Aang adulta es muy atractiva, rozando lo sexy. Solamente faltaron Zuko y Katara en aparecer más grandes. Me alegro que te guste este proyecto y espero conforme lo desarrolle lo sigas encontrando interesante.
¡Disfruten!
Capitulo 4.
Charla política.
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El pueblo de Xin seguía completamente ocupado y antes de hacer cualquier cosa, el general esperaba la llegaba del Avatar. Era completamente consciente de que las decisiones tomadas en momentos críticos causarían consecuencias grandes. El General Fo se encontraba en la Base Militar de la Nación de Fuego, a dos horas de Xin.
Aang llegó por la mañana y pocas horas después, Zuko.
Los dos amigos se saludaron encantados de verse pero preocupados por las circunstancias. Tomaron asiento en una mesa con el General Fo y comenzaron a debatir el asunto de la forma más rápida posible.
—No hemos hecho nada aún—declaró el General—Los Maestros Fuego han tenido la ciudad sitiada por dos días. No dejan a nadie entrar o salir.
—¿Y qué exigen a cambio?
—La expulsión de los maestros fuego.
Aang guardó silencio. Zuko se apresuró a hablar.
—¿Qué?
—Ellos piden que las personas en las colonias se vayan—continuó Fo—Y la destrucción de la Base.
El Señor de Fuego meditó un poco el asunto.
—Yo acordé con el Rey Tierra el desocupo de las bases militares construidas por mi padre y abuelo—decía—Serán heredadas al ejército del Reino Tierra tan pronto las hemos terminado de acondicionar.
—Aparentemente, esa medida no ha dejado satisfechos a estos rebeldes.
—¡No complaceré a rebeldes!—exclamó con enfado—Yo solo llego a acuerdos.
—Zuko cálmate—le recomendó Aang, hablando al fin—Hay que considerar que ellos probablemente no tienen un curso básico de sanación y siguen sus impulsos de odio.
—En efecto, mi Avatar—el General Fo sacó unos papeles firmados—El líder se ha hecho identificar como Gayu y no tenemos en ningún centro de sanación su firma.
—Debemos tomar las cosas en calma—recomendó el Avatar.—Lo primero es liberar al pueblo.
—Independiente de qué vayamos a hacer en este momento—Dijo Zuko—Debemos ponernos a pensar en una solución perpetua. Una para el futuro.
No les era ajeno, a ninguno de los dos, que asentamientos rebeldes de esa índole no habían terminado de desaparecer ¿Cómo podrían calmar a esa gente, tras años?
—Yo estoy completamente de acuerdo contigo—dijo Aang—Pero en decisiones de éste tipo creo que necesitaremos ayuda.
—¿Piensas llamar a todos, verdad?
—¿Y por qué no? Necesitaremos todas las mentes posibles—Aang se puso de pie con dignidad.—Por favor general, pida que lleven papeles y tinta a mis aposentos. Yo redactaré las cartas más tarde.
—¿A dónde vas?—preguntó el Señor de Fuego.
—A liberar Xin.
o-o
El padre estaba muerto de la angustia. Él y otros compañeros mineros volvían de una cansada jornada cuando hallaron su pueblo bordeado por muros de roca sólida y Maestros Tierra alrededor. No les dejaron acercarse y dijeron que esto era un sitio.
No mucho después llegaron dos soldados de la Nación de Fuego diciéndoles que fueran a la Base, donde podrían dormir y descansar hasta que la ciudad fuera recuperada. Él, como otros padres de familia, no se movieron. Pensaba en su esposa y en su pequeña hija ¿Qué estaría pasando adentro? ¿Estarían bien?
Había un hueco en el muro, como una entrada, completamente custodiada por maestros. Él y un grupo de cinco mineros estaban cerca, lo prudente, esperando un milagro.
Cuando vieron a Aang llegar, completamente solo, sintieron esperanza. El Avatar caminó hacia la muralla sin que los Maestros Tierra le hicieran algo. Él les pidió que dejaran a la ciudad en paz y en cambio, mandaron un emisario con él para llevar una charla pacífica. Atenderían sus peticiones para llegar a un acuerdo.
Muchos de los maestros tierra tenían el respeto suficiente al Avatar y accedieron. Los muros cayeron y el padre, con otros mineros, corrieron para llegar con su familia. La gente lloraba de alegría. Gayu, el líder de esos rebeldes, caminó al lado de Aang rumbo a la base militar.
Fue la hija que corrió entre la multitud, tras encontrarse con su padre, y quien abrazó con mucha fuerza al Avatar. Aang se detuvo, inclinándose para cargar a la niña y besarle la frente.
—¿Qué ocurre, pequeña? ¿No encuentras a tus padres?
Negó.
—Gracias, por hacer que viera a mi papá.
Aang la abrazó y la dejó en el suelo.
—No hay de qué.
La niña tenía tanta alegría en sus ojos, que le dieron más fuerza al Avatar. Era por ellos que hacía todo eso: por los niños. Por la gente inocente.
Gayu, un hombre poco alto, robusto y de cabello castaño, reclamó:
—¿Nos podemos ir ya?
—Vámonos.
o-o
Gayu, básicamente, pedía que todos los originarios de la Nación de Fuego regresaran a su patria y le devolvieran las colonias a Maestros Tierra que habitaron las aldeas antes de la guerra. Aunque era una petición justa, Aang se vio obligado a negarse. Esa gente llevaba viviendo generaciones en las aldeas ¿Acaso no había maestros agua y maestros fuego en Omashu? ¿Maestros tierra estudiando en la Nación de Fuego?
Además, Zuko ya había firmado un decreto sobre aquella cuestión. Las bases militares que su padre construyó en el Reino Tierra serían limpiadas y abandonadas, para que fueran usadas por el Reino como éste predispusiera. A cambio de eso, el Rey Tierra estaba firmando las leyes correspondientes que les daría a los ciudadanos de la Nación de Fuego, llegados por y durante la guerra, los permisos de hacer sus vidas de manera normal.
Pero Gayu no estaba del todo de acuerdo. Sus hombres rebeldes tampoco. No obstante, eran fieles al Rey Tierra y si su majestad había firmado un acuerdo, lo mínimo que debían hacer era respetarlo. Gayu le debía la vida al Avatar, porque durante la guerra, una de las aldeas que Aang salvó con sus amigos era donde Gayu vivía.
Gayu se fue diciendo que no sería él quien matara a personas inocentes, pero que tampoco estaba para nada de acuerdo con esa ley. Aang que empezaba a entender su punto de vista manifestó cierta empatía con algunas de sus ideas, y prometió proponer proyectos nuevos que le dieran gusto a ambos lados de la moneda.
Inmediatamente Zuko lo calificó de loco.
—¿Pretendes darle gusto a una bola de rebeldes que solamente se la pasan causando problemas?—dijo el Señor de Fuego—¡A este paso la paz jamás volverá al mundo!
—No quiero darles el gusto—replicó el Avatar—Quiero hacer la justicia.
Inmediatamente le vino a la mente el consejo del Avatar Kyoshi:
—Solo la justicia traerá la paz—declaró.
—Muy bien, señor justicia ¿Y cómo ves éste asunto? Porque francamente no te entiendo para nada.
—Es fácil Zuko. Las colonias solamente recuerdan a los Maestros Tierra las invasiones y las repelías. Como a Jet ¿Recuerdas? Hubo muchas más personas que perdieron a su familia y vieron las aldeas donde nacieron completamente ocupadas por maestros fuego. Esto, claro, les traerá malos recuerdos, traumas y demás.
—¡Pues que acudan a un centro de sanación!—Gritó—¡Eso ya no nos concierne!
—Te equivocas, ellos tienen su parte de la razón.
—¿Y pretendes que les de la espalda a mi gente para que aldeanos regresen a los hogares de sus abuelos?—Zuko sonaba muy indignado—Aang, yo no…
—¡No estás entendiendo nada Zuko!—lo interrumpió—Yo no hablo para nada de eso. Y no quiero mandar a tu gente a un éxodo.
—¿Entonces?
Zuko se sentó cruzándose de brazos.
—Es lo que estoy pensando.
"¡Genial!" pensó el Señor de Fuego "Estos rollos de la moralidad…"
—¿Y cuánto vas a pensar?
—Todo lo posible… y ocuparé ayuda.
—Estás hablando completamente en serio ¿verdad?
—Sí.
Maldición.
Zuko conocía demasiado bien a Aang para ver que la determinación en los ojos del Avatar no era cosa buena. Si se le metía una idea en la cabeza no saldría ni a golpes. Antes de que Aang lo dijera, Zuko se puso en pie y le dijo que mandaría las cartas a Mai, Iroh, Ursa y Ty Lee.
Aang entonces debería hacerlas a Sokka, Suki, Toph y Katara. Las primeras tres fueron sencillas, un saludo rápido, una petición humilde, una firma suplicante y ¡Listo! Dobladas y mandadas. La última fue la que pensó más que todos. El viaje y la situación había tomado dos días en total. Eso quería decir que Katara ya había tenido casi cuatro días de descanso. Le faltaban tres más para completar las recomendaciones médicas.
Pensó en su esposa y en sus hijos. Al final, escribió:
Katara.
El problema principal ya fue solucionado. Quiero que sepas que las cosas no se han salido para nada de control, pero temo que si no tomamos medidas preventivas indudablemente lo harán.
No es un problema tan grande, amor, no debes preocuparte por nada que no sea reponerte como los médicos te han dicho. Cariño, sé que te había dicho que iría por ti apenas pudiera. Pero he convocado un consejo aquí, a donde pronto y de uno en uno irán llegando nuestros amigos. Temo que no podré ir por ti hasta dentro de cuatro días, que terminen tus días de reposo.
Sé que sería inútil pedirte que te relajes y mantengas completamente aparte del problema. Pero, por favor amor, si no tú al menos ayúdame a que los niños no se vean tan involucrados. Dales a Tenzin y Kya un enorme beso de mi parte, abrazos, cariños y diles que en cuatro días los veré. Piensa en mi tanto como yo pienso en ti.
Te amo
Aang.
o-o
Katara apenas terminó de leer cuando se puso a escribirle la contestación. Ella sonrió pensando en lo atento y dado a la preocupación que era su esposo.
Aang:
Muchas gracias por pensar en mí y en los niños de esa forma. Pierde cuidado, tan pronto lleguemos a la Base me aseguraré de que Tenzin y Kya no estén involucrados directamente en el asunto.
Te amo.
Katara.
Daba toda la información que necesitaba dar. Si Aang pensaba que con esa misiva iba a persuadirla de ir con él, estaba por demás equivocado. Aang debería entender y más pronto que tarde, que mantener la paz era también misión de ella y jamás se alejaría de él solo por peligro.
¡Fin!
Adelanto:
"¿Una broma?" se repitió el Avatar mentalmente, recargándose en la pared y pensando mejor. Cierto, Sokka y Toph tendían mucho a librar el estrés por medio de bromas y sarcasmo. Habían sido así desde que los conoció, años atrás. Solo que Aang, fiel Maestro Aire, pensaba que más allá de formas para hacer reír, las bromas revelaban sentimientos y ¿Por qué? consejos, sabiduría.
Cuando escuchó esas palabras en boca de sus amigos, primero sonrió, como todos los demás. Ahora que lo analizaba más fríamente, quizá... muy vagamente podían tener algo de razón. Al menos, en un sentido particular.
También quiero decirles. Ya que Korra parece llegó a su final y no me terminó de gustar mucho, estoy escribiendo una secuela (si, más fics) se llama "El Viaje de Korra" y en él pretendo retomar el curso del Gaang y más drama, quiero fusionar todavía más a Korra con Aang. Si lo leen espero que comenten, para que me digan si voy en buen camino o tengo que ponerme a pensar más :)
¡Muchas gracias por leer!
chao!
