Capítulo I Fixing Bugs


Todo calza, Ginny


Querida Herms:

Primero, ¿cómo estás? ¡Ya sé! Me contestarás con un ¡pero si casi siempre hablamos por Facebook!, pero esta es una pregunta típica de carta. No podía iniciar este escrito de otra forma, así que partí imitando a los demás.

Sabrás bien el motivo de esta carta; Astoria.

Desde que Daphne y yo nos mudamos a Bulgaria por mi equipo de fútbol, Astoria quedó sola junto a sus padres. Tú no la conoces mucho, puesto que escasamente la viste a lo largo de estos años cuando nos visitabas junto a Ron, pero ella siempre quedó enganchada de la ciudad donde todos ustedes viven. Su sueño era hacer sus estudios universitarios allá, pero sus padres no la dejaron, alegando que era muy joven. Daphne y yo nos encargábamos de ella hasta hacía un par de años atrás. Cuando me ofrecieron la oportunidad de jugar en el equipo de los Chudley Cannon en Bulgaria no me lo pensé dos veces, y partí junto a mi novia en la nueva aventura. Invitamos a Astoria, pero no nos quiso acompañar. Ella es una chica sumamente tranquila, tiene ciertas obsesiones con la iglesia católica, así que imagínate lo serena que es. Le encanta participar de obras benéficas, siempre ayuda en los acilos de ancianos, visita a los niños del hospital… todo lo que tenga que ver con ayudar al prójimo. Yo creo que por su inocencia, sus padres nunca le dejaron partir, hasta ahora.

Sé que Astoria es una jovencita hecha y derecha. Este año cumplirá la edad de Ginny y Luna, 22 años. Nunca ha estado en la universidad, porque apenas salió del colegio comenzó a trabajar en la especialidad suya, técnico en enfermería. Trabajó mucho, juntó dinero y ahora que puede valerse por sí misma, es que ha decidido ingresar a la universidad a estudiar enfermería. Por todo lo que te he contado a lo largo de los años y por lo que expresamente te he dicho ahora en esta carta, es que necesito que nos ayudes, tanto a Daphne como a mí, puesto que nos encontramos a miles de kilómetros de distancia. Por favor, cuida a Astoria. Ayúdale a encontrar una buena pensión, sé que no eres mucho de ir a iglesias y esas cosas, pero trata de orientarla en encontrar alguna. Ella se siente protegida estando sumergida en una capilla.

También sé que estarás muy ocupada. Es tu penúltimo año en la universidad, pero conozco tu corazón generoso. Astoria es una excelente persona, sabrá apoyarte y créeme, será inmune a tu grandioso genio. Podrás contar con alguien más en tus momentos de angustia o delirios (no te estoy diciendo loca, amiga, al contrario).

Mi caligrafía ya debe de estar siendo ilegible, así que dejaré esta carta hasta aquí. Sea como sea, no perdemos nunca el contacto gracias a los correos electrónicos y los comentarios de Facebook. Gracias por tu apoyo incondicional, la temporada pasada fue muy estresante, pero con tu cariño a la distancia, se hizo más llevadera.

Saludos a ti, Ron y todos los chicos.

Viktor 'Vicky' Krum


Ginny POV

El solo hecho de pensar en las pistas que tuve en el verano y que no quise asimilar, me provocaron otro retorcijón en el estómago. Corrí al baño y escupí toda la saliva que tenía en la boca. Vi el agua flotando en la taza del baño —y por muy limpia que estuviese, porque era una fanática del orden y la limpieza, sobre todo en el baño— no pude hacer otra cosa más que vomitar todo lo que tenía mezclado.

—Estás estresada por la universidad, Ginny —me dije, tocándome la frente—, ¡A quién intentas engañar! ¡Si llevas con suerte dos semanas de clases! —me reté.

Suspiré con fuerza para tratar de serenarme. Vi mi rostro en el espejo del baño, estaba pálida, y un leve sudor frío comenzaba a bajar por mi nuca. Salí del baño y caminé hasta la cocina. Del hervidor saqué un poco de agua tibia para poder enjuagarme la boca y eliminar todo rastro amargo de ella. Estaba inquieta, me paseaba por todas las habitaciones del departamento, como animal enjaulado. Terminé en la habitación de Harry y mía, me senté al borde de la cama y escondí mi cabeza entre mis piernas.

Ginny… ¿es idea mía o estás más caderuda?

Para nada mujer, estoy igual —contesté, mirándome al espejo de cuerpo que teníamos en la sala donde nos preparábamos antes de salir.

Te lo digo porque cuando nos probamos estos pantalones, la cinta que te amarra el centro quedaba muchísimo más larga. Ahora te queda como a nosotras —agregó Romilda. No me había percatado de aquel detalle, así que me miré otra vez en el espejo.

Yo te veo más delgada —se agregó a la conversación Demelza, quien terminaba de maquillarse para la presentación.

Chicas, es mi cuerpo y me siento igual que siempre, aunque… es genial verse más curvilínea y con menos guata —acepté sus halagos, terminamos de arreglarnos y salimos a bailar en el teem de verano.

Desde que había egresado de Hogwarts, en los ratos libres de la universidad, me había dedicado a trabajar como promotora de algunos productos en un supermercado. Ahí conocí a Romilda y Demelza, chicas más grandes que yo, especializadas en esas labores, quienes me ofrecieron acompañarlas en la idea de alegrar las playas de la ciudad en el verano. No fue fácil convencer a todos los hombres que me rodeaban, partiendo por Harry, que no quería que ningún otro chico me viese en bikini o ropas provocativas. Mi padre se opuso, y mis hermanos presentes también hicieron lo suyo. Pero gracias a la ayuda de Hermione y los comentarios 'open mind' de Luna, pude estrenarme en ese ámbito, ¡y me encantó! Siempre había bailado por gusto en el colegio, pero que te pagasen por bailar, y además que tu ego se elevase un poco más, no era para nada malo. Harry no podía quejarse. El dinero que invertía en el verano lo guardaba para las cosas que compraríamos para nuestra casa, y así fue, como pudimos llenar de cosas bonitas y hogareñas el departamento que compartíamos hacía un tiempo.

—No puedo quedarme con las dudas, tengo que saber de una vez por todas si estoy o no embarazada —hablé al aire, dirigiéndome al notebook para hacer una pequeña investigación.

Apenas escribí la palabra 'síntomas', el buscador me completó la frase con 'del embarazo'. Quise vomitar otra vez, pero me calmé y moví mis manos con rapidez para despejar mi cara. Abrí las tres primeras opciones de búsqueda en diferentes ventanas y comencé a leerlas rápidamente. Las tres decían las mismas cosas, así que me quedé con la primera opción.

"Uno de los primeros síntomas suele ser la falta de menstruación"

—Esto no lo tomaré en cuenta. Mi período es muy irregular. Hay meses en que no llega, otros que sí. Dura una semana, cuatro días o casi catorce… así que… no, no lo tomaré en cuenta sencillamente —mi auto convencimiento tampoco me convencía, así que volví a ir a mi habitación, hurgueteé dentro de mi velador la agenda en donde marcaba las veces que me llegaba el período. El último había sido la primera semana de enero—. ¡ENERO GINNY, ENERO! ¡ESTAMOS CASI EN ABRIL! —grité. Me mordí el puño y volví a sentarme al frente del notebook.

"Pezones hinchados y sensibles"

Por acto reflejo me subí la polera que estaba usando y desabroché el sujetador. Apenas vi mis senos, recordé una noche no muy pasada junto a Harry…

¡No tan fuerte, Harry!

Pero… si lo estoy haciendo como siempre…

¡Pero hoy me duelen! No los muerdas tan… gustosamente.

Sonrojada por el momento que había recordado mi cerebro, me palpé uno de mis pezones. No dolía, pero se sentía extraño.

—Tu cabeza está empezando a sentir síntomas, Ginny. Sigue leyendo.

"Dolor en el bajo vientre e hinchazón"

—Claro, ahora dirás que te dolía la panza porque hiciste limpieza masiva en el baño y dormitorio, y estuviste todo el día agachada, sacando sarro y calcetines sucios de Harry debajo de la cama. Y la hinchazón de la semana pasada se la culparás a los porotos con rienda que cocinó tu madre cuando fueron de visita —me servía hablar conmigo misma. Así me aguantaba las ganas de llorar, porque sabía que estaba tratando de evadir lo que estaba más claro que el día.

"Nauseas y/o mareos matutinos"

—Como diría Salfate… todo calza, pollo —azoté mi cabeza con el teclado y comencé a quejarme.

No seguiría leyendo los otros síntomas. Hablaban de cansancio, sueño, baja presión y muchas otras cosas más que seguiría encontrándole otro significado, pero seguiría engañándome.

Borré el historial de las páginas vistas y salí del departamento con dirección a comprar un maldito test de embarazo. Iba a ocupar el ascensor, pero apenas estuve dentro, sentí un pánico horrible y preferí usar las escaleras.

—¡Ginny! —cuando estaba a punto de bajar al segundo piso, me encontré con Hermione, quien estaba saliendo del departamento de mi hermano.

—¡Herms! —le respondí, moviendo mis cejas sugestivamente. La única manera en que mis padres me habían dejado mudarme con Harry, fue porque este vivía dos pisos más arriba que mi hermano, en el mismo edificio.

—¿Estás enferma? —preguntó, evadiendo mi tono picaresco. Hizo que cayera en cuenta de mi abrumada realidad y me puse nerviosa—, estás pálida, podrías estar sufriendo una baja de presión.

—Estoy un poco nerviosa… me quedé dormida y no fui a un examen.

—¡Ginny! ya estás en cuarto año de la carrera, deberías de tener más consideración con tus exámenes.

—Lo sé... no me he sentido muy bien —aquello era cierto.

—¿Por qué no bajabas por el ascensor?

—Quería verte.

—No sabías que estaría aquí.

—Claro que lo sé. Harry me contó que Ron le dijo que vivías ahora con él. ¿Por qué no me lo dijiste?

—Eso ocurrió hace muy pocos días, ni siquiera es oficial…

—Ya empezaste con tus webadas, ¡felicitaciones, vecina! —nos abrazamos y bajamos juntas por las escaleras—. ¿Qué llevas ahí?

—Es una carta de Viktor. Llegó el otro día a mi casa, y como sigo trayendo cosas al departamento de Ron, recién hoy la pude leer.

—¿Es muy personal e importante para que te lo haya escrito con sus jeroglíficos? ¡Lo siento! Ron siempre se ríe de su letra.

—Me pide que ayude a Astoria.

—Ella es la hermana de Daphne, la novia de Viktor, ¿cierto?

—Sí. Ellas vinieron a la fiesta que hicimos en el colegio, cuando estábamos recaudando el dinero para comprar las cosas que se habían robado.

—Ah… sí, la ubico de cara. ¿Y qué le sucede a ella que necesita ayuda?

—Se viene a estudiar.

—¿Pero no está grandecita para hacerlo sola?

—Sí. Pero creo que Astoria es todo un caso. Viktor me pidió por favor que le ayudase a buscar un buen lugar, y ayudarle en todo lo que pudiese. Ahora voy al terminal de buses a encontrarme con ella. Debe de estar llegando dentro de media hora más. ¿Quieres ir conmigo?

—Me encantaría —trataría de olvidarme por un instante de mi posible 'estado', me relajaría y no pensaría en el asunto.

—¿Quieres manejar? Sé que te encanta.

—No, por esta vez te cederé los honores —pero por seguridad, no haría ciertas cosas… por muy estúpidas que lo parecieran.

Y aunque tratase de olvidarme de mi situación, toda la ciudad me lo hacía recordar. Farmacias por doquier, muchas mujeres cargando bebés, llevando un coche, anuncios de pañales. Definitivamente me volvería loca.

—¿En el terminal de buses hay una farmacia?

—Sí. ¿Sigues sintiéndote mal? —hablaba Hermione sin dejar de observar la carretera.

—Un poco. Pasaré a comprarme algo.

—¿Qué síntomas tienes?

—Cansancio y mareos.

—No vaya a ser que la enfermedad venga con pañales. Te pasarías de idiota si quedas embarazada ahora —el tono que ocupó Hermione para decir aquello me dolió. Sabía perfectamente que me pasaría de imbécil si estaba efectivamente embarazada. Sacaba los cálculos en mi cabeza; podría haber quedado embarazada durante enero, podría estar teniendo a un supuesto hijo en octubre. Eso significaría que desde agosto ya no iría a la universidad, me atrasaría porque no podría hacer ese semestre, ocupándolo con pre y post natal. Ni mencionar el trabajo en el verano, adiós bikinis y falditas cortas, hola poleras largas que tapen la piel que me va a sobrar. Oh no, no puedo estar embarazada. El próximo año no tendría las asignaturas necesarias para hacer mi práctica profesional, no me licenciaría con mis compañeros…—. Ginny, era una broma, no te lo tomes a mal. Sé que no quedarías embaraza, con el espectáculo que le diste a Luna cuando ella se enteró de Ágata, me quedé convencida que hasta yo podría estar antes que tú.

—Gracias por la confianza —dije, sintiéndome peor.

Hermione estacionó el vehículo y se adelantó a esperar a la recién llegada en los andenes. Aproveché la instancia de pasar a comprar un par de test de embarazos.

—Señorita, no es necesario que compre más de uno. Generalmente, estos test aciertan. Y si tiene duda, o quiere confirmar el resultado, le recomiendo que se haga un examen de sangre. Así aprovecha de realizarse un chequeo médico, que nunca está de más.

—Entonces… me llevaré este… —asentí con vergüenza a la vendedora. Ella visualizó mi miedo, porque su rostro de comprensión me creaba un nudo en la garganta. Estaba convertida en un completo manojo de nervios.

—Espero que el resultado sea de su agrado.

—Tiene que ser así —contesté, no muy convencida. Guardé la cajita al fondo de mi cartera y busqué la melena —ya no tan rabiosa— de Hermione. Afortunadamente gozaba de buena vista, y la pude distinguir entremedio de las maletas y personas esperando la llegada de los buses.

—¿Qué te compraste al final?

—Unas pastillas que ayudan a controlar el estrés. La farmacéutica me recomendó que visitase a un médico y me hiciese un chequeo —seguimos conversando tranquilamente, hasta que vi a un sujeto comer papas fritas, de una manera tan asquerosa que no pude contener las ganas de vomitar.

—¿Soy yo, o estás más pálida?

—Creo que iré a mojarme la carita, ya vuelvo Herms —y salí de forma rápida, pero elegante hacia el baño. Teniendo uno de mis pies dentro, corrí y me encerré en el primer cubículo. Vomitaba con fuerza, y sentía un leve tirón en mi vientre—. Dicen que los primeros meses son horribles… por favor, que no calcen estas circunstancias, que no calcen…

Me quedé adentro por unos minutos esperando no sé qué cosa, porque estar encerrada no me ayudaría en lo absoluto. Pensé en hacerme el test de embarazo ahí mismo para salir de las dudas, pero si el resultado aparecía como positivo, no sabría como ocultarlo. Me apretaba los codos con fuerza, y cuando fui consciente del dolor y daño que me estaba provocando preferí salir. Me mojé la cara, y salí otra vez.

Para mi suerte, Hermione ya estaba junto a Astoria.

Efectivamente, había algo raro en la chica. Las dos teníamos la misma edad pero con su vestimenta aparentaba ser muchísimo mayor. No se vestía mal, pero no era la… onda, por así decirlo.

—¡Hasta que por fin sales del baño, Ginny!

—Lo siento. Creo que no debí de haber salido de mi casa —me excusé—. ¡Hola, bienvenida a la ciudad! No sé si te acuerdas de mí —agregué, luego de que nos abrazásemos.

—Claro que sí, eres Ginny, la hermana de Ron —su tono de voz era muy dulce, y se notaba a leguas que era extremadamente culta, o nerd, pero definitivamente, muy distinta a mí.

—¿Has averiguado algún lugar donde vivir?

—Sí Hermione, aunque no me ubico demasiado en la ciudad.

—Ya tienes la mitad del trabajo resuelto. Dame la dirección y te ayudo a llevar todas las cosas que has traído ahora.

—Herms… ¿me podrías dejar cerca del departamento? Realmente no me siento muy bien.

—Vamos. Así Astoria conoce el lugar donde estamos viviendo todos —la recién llegada asintió feliz. Agarré mi cartera como si llevase mi vida dentro, y ayudé a cargar un bolso mediano. Metimos las cosas al automóvil y con algo de rapidez —para no toparnos con el tráfico del mediodía— llegamos al edificio donde vivíamos.

—Yo vivo en el quinto piso junto a mi novio, Harry. Mi hermano vive en el tercero, y hace poquito que Hermione vive junto a él.

—¿Todos ustedes ya están casados? —preguntó desde el asiento trasero.

—Hace un año que nos pusimos las argollas de compromiso con Harry, pensamos casarnos cuando los dos egresemos de nuestras respectivas carreras. Llevamos mucho tiempo viviendo juntos, y muchísimos años más como novios… es como si ya estuviésemos casados.

—¿Y tú Hermione?

—¿Yo? pues… yo no me pienso casar, soy una mujer libre —dijo, sonriendo.

—¿Pero vives con tu novio?

—¿Y qué hay de malo? Ambos nos queremos, cuidamos y protegemos, no necesitamos de un papel firmado que abale nuestro amor. Astoria, ¿no dejaste a ningún novio allá? —la nombrada se sonrojó y movió su cabeza frenéticamente, de un lado hacia otro.

—N-o... yo… nunca he… tenido un novio…

—¿¡NO! —exclamé, olvidándome de todo mi malestar—. ¿Y por qué no? Eres una chica muy linda, que no se saca provecho, eso sí.

—Tengo… un amor… platónico… y… soy muy fiel a él…

—No es Justin Bieber, ¿cierto? —Astoria rió y se relajó un poco.

—No… no es él, pero es así de inalcanzable —sus ojos se iluminaron y preferí no seguir burlándome. Era una buena chica y no tenía que reírme de sus mojigaterías, al contrario, tendría que ayudarle a sacarse provecho.

—Espero que te adaptes a la ciudad, un gusto volver a vernos. Adiós Herms, y gracias por traerme.

—De nada, nos vemos —salí del auto y caminé hasta mi departamento.

Estaba con tanta prisa que ocupé el ascensor. Cerré los ojos y respiré con fuerza mientras este subía hasta mi piso. Abrí la puerta, saqué la caja con el test de la cartera y mientras lo iba abriendo, me encaminaba al baño.

Seguí las instrucciones de cómo usarlo y me fijé en la hora que marcaba mi reloj de mano. Estos serían sin lugar a dudas, los cinco minutos más largos de mi vida.

"El resultado se puede ver claramente antes de los cinco minutos, pero por seguridad, espere el tiempo indicado. Si la línea vertical no presenta cambios, el resultado es negativo. Si aparece una línea horizontal, trazando la anterior, su resultado será positivo".

Pasaron los cinco minutos, y no deseaba ver el resultado. Mi corazón estaba prácticamente en mis amígdalas. Lo tomé entre mis manos y lentamente, fui moviendo mis dedos para dejar al descubierto el resultado.

Había una enorme cruz rosada, indicando que todos mis síntomas eran normales en mi estado. Estaba completamente embarazada.

Todas las lágrimas que había evitado llorar salieron de corrido por mis ojos. Comencé a sollozar, y acabé tirada en mi cama, llorando como un niño malcriado. No podía comprender cómo había quedado embarazada, si siempre me cuidaba inyectándome una vez al mes, y Harry, la mayoría de las veces usaba condón. Seguí llorando con más fuerza, creyendo que así podría despertar de la pesadilla, pero no. Los segundos y minutos corrían con fuerza, y yo no hacía más que seguir llorando.

Busqué mi celular y llamé a la única persona que me podría hacer creer que esto no era malo.

—¿Luna?

Ginny, justo pensaba en llamarte.

—¿En serio?

Sí, ayer soñé contigo. Lo lindo del sueño es que te veía junto a Ágata, pero cuando ella era una bebé. Por cierto, muchas gracias por facilitarme el informe de Psicología del desarrollo. Me sirvió bastante para realizar el mío. Esta es una de las ventajas de estar un par de semestres atrasada…

—Luna, estoy embarazada.

¿Estás qué?

—Embarazada, Luna, estoy jodidamente embarazada —y volví a sollozar. Asumir que estás embarazada no era muy agradable.

¿Dónde estás?

—En el departamento.

Le cambio ropa a Ágata y me dirijo hacia allá. Ginny… no cometas ninguna locura.

De aquí a que Luna llegase con su hija, tendría tiempo suficiente para tomar una ducha.

Estando desnuda, no pude evitar el recorrer con mis manos mi estómago. Trataba de ver algún bulto, pero era inexistente. Me inclinaba hacia atrás, para poder observarme con más guata, y la imagen no me gustaba. Con el correr de los meses mis pies se hincharían, no podría caminar, ni siquiera subir las escaleras de la universidad. La ropa no me quedaría buena, y debería de usar prendas más holgadas. Posiblemente gritaría mucho más a Harry, golpearía a Ron, lloraría con mi papá, le pediría a mi novio que me trajese comida picante a las cuatro de la mañana, odiaría el perfume de Percy y tendría deseos de comer tierra y arena, como Luna.

Terminé de ducharme. No quería secarme el cabello, así que solo lo enrollé y cubrí con una toalla. Tampoco tenía deseos de vestirme. Me cubrí con la bata de invierno. El teléfono del departamento sonó, y asumí que Luna ya estaba aquí. En efecto, el portero confirmaba la visita de mi amiga y autoricé a que subiese. La esperé con la puerta abierta. Lo primero que vi, fue a Ágata correr hacia mí. La pequeña era realmente hermosa; había heredado los ojos de Nev y su cabello ondulado, pero el mismo color que el de su madre. Sus rizos saltaban con gracia, haciendo juego con el vestido celesta con patitos con el que Luna le había vestido.

—¡Madrina!

—Hola preciosa, ¿cómo estás?

—¡Muy bien! —se acercaba a mí para darme un sonoro beso en la mejilla—, madrina… ¿el tío Harry tiene galletas? —susurraba.

—¡Ágata! ¿Qué te dije mientras subíamos? No le comerás las galletas a Harry.

—Ya sabes donde las guarda —le dije a mi ahijada, sin preocuparme por los ojos saltones que puso Luna—. Creo que dejó un regalito para ti, así que ve a buscarlas —la niña corrió en dirección hacia la habitación de huéspedes que teníamos. Ahí, Harry siempre le dejaba un tarro de galletas —las favoritas de ambos— con algún engañito.

—¡Esta niña! —se quejaba Luna, acercándose a mí—. No tienes que volver a decírmelo, lo puedo ver en tu rostro, y tus ojos te delatan profundamente. De seguro que hasta tu madre se dio cuenta.

—He llorado todo el día, Luna. No puedo creer lo que me está pasando.

—Tienes que ir a un médico lo más pronto posible, para saber cuánto tiempo tienes de gestación y si todo viene como corresponde. Por cierto, muchas felicidades amiga —Luna olvidó la seriedad y me apretó en un abrazo cargado de buenas vibras. Típico de ella.

—Luna, ¿no entiendes como me siento? No planeaba quedar embarazada, no quiero estarlo.

—Ginny, tú misma me diste cual gran cátedra cuando yo quedé embarazada en el colegio. Y sabes muy bien lo que se tiene que hacer en estos momentos: apechugar.

—Pero me estaba cuidando Luna, porque no quería, no quiero tener un hijo ahora. Mi carrera se irá a la mierda, mi trabajo aún más.

—¡Ginny! un hijo, sea en el tiempo que llegue, es una bendición, no puedes decir este tipo de cosas, ¿o acaso piensas abortar? ¿Harry ya lo sabe?

—Soy muy cobarde para abortar, además, Harry no me lo perdonaría jamás. De seguro que él estará feliz con la noticia.

—¡Y tú también tienes que estarlo, mujer! Tienes un pedacito de ti, dentro, creciendo. Un mini Harry o una mini Ginny, está durmiendo ahora ahí —dijo, apuntando mi estómago.

—Pero no quiero —volví a repetir. Este año tenía tantos proyectos… era una alumna popular en la universidad, mi estado sería el chisme de la temporada, me apuntarían con el dedo cuando me viesen llegar, los profesores se decepcionarían de mí, las fiesta de comienzo de año, las del aniversario de la facultad de psicología, adiós a la vida social.

—Ginny… creo que tienes que ver bien tus prioridades. Creo que ahí está tu problema.

—Mis prioridades ahora era pasarlo bien, disfrutar de la universidad, de mi novio, seguir teniendo mis alas.

—Mucha libertad desemboca en esto, amiga —Luna movió su cabeza, apuntando a Ágata, que se encontraba hipnotizada por el canal de dibujos animados—. Puede que ahora estés realmente confundida, estarás rechazando a tu bebé durante un tiempo, puede que desees tener una niña, y sabrás que es niño o al revés… pero cuando sientas cómo vive dentro de ti, cuando veas a tu bebé con tus propios ojos, Harry pasará a segundo plano, y la persona que más amarás, será tu hijo. Tú me dijiste lo mismo hace cinco años atrás; me estaba cortando mis alas, mi juventud, y sí, mi juventud se fue a la mierda. Nunca pude salir a fiestas de forma tranquila, mis calificaciones bajaron en el liceo porque no podía ir a todas las clases, entré después a la universidad, dejando de lado nuestro sueño de seguir juntas. En efecto, me corté las alas, pero no para quedarme quieta, sino para enseñarle a caminar a alguien que me necesitaría muchísimo más. Entré a estudiar no para seguirte en la misma profesión, sino porque encontré los motivos para seguir estudiando y darle lo mejor a mi hija.

Sabía que estaba comportándome como una chica malcriada, y es que todas las cosas que me gustan, tendría que dejar de hacerlas. Todavía no podía asimilar todo lo que se me vendría. No podía estar feliz. No me sentía capaz de ser mamá.

—Ginny… no estás sola. Sé que Harry no te dejará, si es que ese es uno de tus temores —pude ver el rostro de Luna ensombrecerse al decir lo último. Sentí un escalofrío en mi corazón y pude solo entonces, comprender un poco mejor mi situación—, este hijo tarde o temprano iba a llegar. Harry y tú llevan muchísimos años compartiendo el amor entre ustedes. Tenía que haber un tercero que los uniese más, ¿no crees? —asentí un poco más calmada.

Sin embargo, todavía no podía ver claridad en mis futuros días.

.

.

—¡Ginny! ¡Ya estoy en casa! —la voz de Harry viniendo de la entrada del departamento me puso muy nerviosa. Luego de la visita de Luna, decidí preparar una cena un poco más elaborada para esperar a Harry y contarle la noticia. Creo que su apoyo me ayudaría a ver mejor las cosas—, huele muy rico, ¿qué preparas? —agregó, luego de besarme la frente.

—Lasaña a la parmesana. Sé que te gusta mucho.

—Es uno de mis platos favoritos —contestaba feliz, abrazándome con dulzura—. ¿Alcanzo a bañarme antes de cenar?

—Claro. Báñate tranquilo, que yo tendré todo listo —antes de que se fuera le robé un beso, y de forma inmediata hallé más consuelo.

Aproveché de colocar el servicio en la mesa, a utilizar los platos que solíamos ocupar cuando venían nuestros padres a visitarnos, y fui al cuarto de visitas, donde había guardado el test de embarazo en un sobre de correo.

Harry salió vistiendo ropa holgada y cómoda, cargando toda la ropa ya usada para colocarla en la lavadora. Los dos habíamos aprendido muy bien a colaborarnos mutuamente con las labores de la casa, los estudios y el tiempo para nosotros.

—¿Te sucede algo? —preguntó, una vez que nuestras miradas se encontraron cuando nos disponíamos a comer.

—Que yo sepa… no —alegué, cortando un trozo de lasaña.

—Estás algo rara, misteriosa. ¿Planeas algo después de esta cena? —Harry sonrió y también se llenó la boca con comida. Me sonrojé ante su propuesta oculta y solo sonreí.

—Te llegó esta carta, creo que es de la universidad —le entregué el sobre y él lo vio con algo de pesadez.

—De seguro que el profesor me envía el pendrive con las notas que quiere que tabule en Excel. Ginny, no aceptes nunca el ser ayudante de un profesor en la universidad. Ellos asocian la palabra ayudante con esclavo —se quejaba, dejando el sobre al lado.

—Pero ábrelo, puede que sea algo más importante —pedí con nerviosismo. Él me hizo caso y abrió el sobre. Mi tenedor se cayó contra el plato, generando un ruido agudo e incómodo.

—Qué es… —su oración quedó a medias, y su boca se abrió como nunca. No dejaba de ver el test de embarazo, y su silencio me comenzó a abrumar—. ¿Esto es… lo que yo creo y veo que es? —asentí con miedo. Harry se puso de pie de un salto y corrió a abrazarme—. ¿Seremos padres? ¿Voy a ser papá?

—Sí… según esa cosa, estoy embarazada —agregué con un poco más de tranquilidad— ¡Harry! —grité emocionada. Él me tomaba entre sus brazos y me elevaba como una pluma al cielo.

—Es, es, es, maravilloso, voy a ser papá, seremos padres, Ginny —expresaba con los ojos brillosos.

—¿No te preocupa la universidad? ¿El qué dirán nuestros padres? ¿Cómo cuidaremos a nuestro hijo o hija, estando en los últimos años de carrera? ¿Qué mi padre y hermanos quieran quemarte y después, cortarte en trocitos?

—Ginny, esas cosas ahora no importan, hay que saber cómo está nuestro bebé, y créeme que no le faltará nada de nada, porque nos sobra el amor —Harry siguió abrazándome y besándome con suma delicadeza y cariño. Su amor era tan genuino que toda la angustia que llevaba cargando durante el día, se iba disipando un poco más.

Comprendí que cuando admitíamos lo que sentíamos y lo que deseábamos decir, una paz y tranquilidad inmensa aparecía entre nosotros y para nosotros, porque existía la magia de estar con la persona indicada en tu vida.

Volvimos un poco a la tranquilidad, y mientras degustábamos de la comida, Harry imaginaba cómo sería nuestro futuro juntos, ahora, con este nuevo integrante. Sí, habría que cambiar muchas cosas, y por supuesto, nuestra vida no volvería a ser la de antes… y los planes salidos de la boca de Harry sonaban tan dulces en mi cabeza, que creía estar soñando. La idea de ser madre aún no me entusiasmaba, mas un tironcito leve que provenía desde mi interior, me hacía pensar en la vida que estaba creciendo dentro de mí.

—Tomaré todas las ayudantías de este año, mis calificaciones son las mejores en mi grado. El dinero que me haré con ellas, será para contratar una nana que pueda cuidarnos a nuestro hijo mientras culminamos los estudios. El próximo año ya estaré trabajando en la universidad, me han ofrecido ser profesor de Física I, II y III y…

—Harry, no quiero que te desgastes mucho ahora. Los dos tenemos que cumplir los mismos roles. Yo también quiero seguir estudiando, y deseo no atrasarme en mis asignaturas.

—Lo comprendo, amor, pero sabes bien que tienes que cuidarte, eres responsable de nuestro hijo.

—Eso lo tengo más que claro, tan claro como que deseo sacar mi profesión, y trabajar con ella.

—Por supuesto que lo harás, Ginny, pero tenemos que pensar ahora por tres —recordé un poco las palabras de Luna, que cuando naciese mi hijo, Harry pasaría a segundo plano. Al parecer, yo ya estaba fuera del plano de mi novio, porque lo único que sabía hacer ahora, era hablar del niño o niña que estábamos esperando—. Mañana mismo iremos a la clínica para que te hagan un chequeo médico, y podremos saber cuánto tiempo llevas en cinta.

—Mañana no puedo, tengo un examen en la universidad, ¡y no, Harry! No faltaré a este. De seguro que llevo más de un mes embarazada y hemos tenido una vida súper normal.

—Por lo mismo, Ginny, tuvimos un verano muy alocado —le observé con furia—, tranquila, tranquila, he oído que las mujeres embarazadas se ponen más enojonas y sensibles —en vez de arreglar la situación la empeoraba. Enojada, tomé mi plato vacío y lo llené con otro trozo de lasaña. Harry iba agregar otra cosa más, pero solo tuve que mirarlo y prefirió estar callado. De vez en cuando le veía de reojo y tenía una enorme sonrisa, como un niño pequeño. No pude evitarlo y comencé a reírme. Él me imitó, y acabamos en una carcajada conjunta.

Harry se ofreció a lavar la loza, por lo que me fui a la habitación a cambiarme de ropa. Entré al baño a lavarme los dientes y cepillarme el cabello. Era temprano, pero no tenía ganas de estar ociando en el computador o ver televisión. Así que opté por lo más sano y me acosté. Mi novio se acostó a mi lado a la hora después, luego que revisase su correo electrónico y se diese cuenta de todo el trabajo extra que le había pedido su profesor de ayudantía.

—Mañana pediré hora para la próxima semana, buscaré el día en que tú y yo no tengamos tantas cosas en la universidad, para que podamos ir juntos —le comuniqué, cuando fui consciente que ya estaba cómodo en la cama.

—Me parece bien.

—Puede que el test de embarazo haya fallado.

—Si falló… pues… esperemos el examen mejor —optó por decir. Asentí y me acurruqué a su lado. Coloqué mi cabeza en su pecho, podía escuchar los latidos de su corazón—. Hoy me encontré con Ron en la facultad. Almorzamos juntos.

—Hace tiempo que no lo podían hacer, y eso que sus carreras comparten facultad. ¿Te contó que está viviendo con Hermione hace una semana y algo?

—Sí, eso lo sabía desde el otro día. Que no vea a tu hermano no significa que perdamos el contacto —en eso tenía razón, a pesar de que mi hermano se encontrase estudiando arquitectura, y Harry ingeniería, nunca dejaban que sus obligaciones incumbiesen con su amistad, su eterna amistad—, pero hoy me dijo algo que me sorprendió mucho.

—¿Qué dijo?

—Quiere pedirle matrimonio a Hermione.

—¿A Hermione? O sea, no me extraña que se lo pida a ella, si es su novia y van para los cinco años de relación… pero a Hermione no le gusta mucho el rollo ese de casarse, hoy mismo hablamos el tema con ella y Astoria.

—¿Astoria?

—Una amiga de Hermione, que se vino a vivir aquí y Viktor le pidió que le ayudase a ubicarse.

—Ah… creo que la conozco —agregó, acomodándose mejor en la cama—, ¿qué crees que le contestará Hermione a Ron, si este le pide matrimonio?

—Conociendo a Hermione… no sé, le puede contestar cualquier cosa, asumo que mi hermano SABE que debe de conversar aquello con Herms, antes de hacer el ridículo.

—¡Hey! Que pedir matrimonio no es ridículo, y a nosotros nos cuesta demasiado.

—Tú más que nadie sabe a qué es lo que me refiero. Esos dos cuando no son capaces de hablar sus problemas, son capaces de lanzarse fuego por la boca.

—Pero no pensemos en ellos ahora, suficiente tenemos con nosotros.

—Hum… tienes razón, suficiente.

—Pensé que ya estabas más animada.

—No se me pasará este malestar de un momento a otro, Harry.

—Comprendo. Pero no quiero que te guardes las emociones, ¿ok? Sea lo que sea que estés pensando, me lo tienes que decir, para poder ayudarte —asentí en su pecho y el río ante las cosquillas que le hizo mi cabello.

Poco a poco me fui quedando dormida, y lo que soñé o imaginé, me inundó durante toda la noche.

Me vi cargando a un hermoso bebé, con el cabello de Harry, pero con unos castaños ojos míos, mirándome como si su vida dependiese de cómo le cuidase yo.

Y la alegría que experimenté, no la había sentido jamás.

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Nota de la autora:

Felicitaciones a todas las personas que acertaron en descubrir quién era el personaje que estaba escribiendo en el diario de vida. BR se caracterizó por ser bien OoC para algunas cosas, y FB no será la excepción con algunos nuevos personajes xd

Gracias a las personas que me desearon éxito y buenas vibras en mi trabajo ^^ mis vacaciones se fueron y el lunes comienzo con mi cuarto y último año en la universidad de forma oficial (seré una dulce profesora con 21 años de edad xd, así que no me podrán decir vieja pesá, porque de vieja, no tengo na' xd) denme muchos ánimos en este año, que se me viene a full con muchas actividades xD

Por otra parte, les comento que dentro de poco comenzaré a subir covers y esas cosas por la vida a mi canal de Youtube (Nekiiit0)

¡Nos estamos leyendo!

PD: NUNCA sean ayudantes de profesores en la universidad. Por su salud mental (porque no pagan mucho xd) no acepten xd.