Comprendo. Pero no quiero que te guardes las emociones, ¿ok? Sea lo que sea que estés pensando, me lo tienes que decir, para poder ayudarte —asentí en su pecho y el río ante las cosquillas que le hizo mi cabello.

Poco a poco me fui quedando dormida, y lo que soñé o imaginé, me inundó durante toda la noche.

Me vi cargando a un hermoso bebé, con el cabello de Harry, pero con unos castaños ojos míos, mirándome como si su vida dependiese de cómo le cuidase yo.

Y la alegría que experimenté, no la había sentido jamás.


Capítulo II Fixing Bugs

Cinco años que… parecen una eternidad


Luna POV

—Aquí no… no ahora —murmuraba con dificultad.

—Sé que quieres, tu cuerpo habla por sí mismo.

—Sí… pero no estamos solos, Ágata puede aparecerse en cualquier momento.

—Ella está con tu papá afuera, jugando. Vamos Luna, hace cuánto tiempo que no estamos así… —sus palabras me estaban convenciendo por lo ciertas que eran. Hacía tanto tiempo que no pasábamos a tercera base que me estaba hasta olvidando de cómo se sentía ser mujer en pleno orgasmo. Enredé mis dedos en su cabello y lo acerqué más a mi cuerpo. Una electricidad me hizo aprisionar sus caderas con mis piernas, y rápidamente gruñó en mi oído, indicándome cuánto le gustaba mi determinación—. Luna… Luna…

—Vamos a mi cuarto, no sería tan irresponsable de hacerlo aquí, en medio del comedor —decidí, arrastrándolo a mi habitación.

Fuimos dando algunos saltitos, acompañados de besos robados y un par de nalgadas. Apenas alcancé a abrir la puerta, cuando escuché a lo lejos los llamados de mi hija.

¡Mami! ¿Dónde estás?

—Aquí amor, dime qué te sucede —le contesté, arreglándome la ropa. Apareció en la esquina del pasillo y me agaché para tomarle en brazos.

—¿Estabas ocupada?

—No cariño, dime qué necesitas —a mis espaldas, Rolf ahogó un suspiro desesperado y entró a mi habitación, golpeando la puerta, suavemente.

—Quería preguntarte si podía ir al parque con el abuelito.

—Claro que sí, pero antes de salir tienes que ponerte bloqueador, recuerda que tu carita es más propensa a quemarse con el sol.

—¿Qué era propensa?

—Que hay que tener mayor cuidado con ella, porque como es la carita de una princesa, el sol se puede sentir celoso, y querrá darte mucho calor, y tus cachetes quedarán rojos como una manzana —Ágata entró a nuestra habitación a buscar el bloqueador solar, mientras le buscaba un gorro que le viniese con su tenida.

—Hola preciosa.

—Hola, tío Rolf —mi hija saludó a Rolf con un beso en la mejilla, y él le acomodó sus dos coletas, formándole los risos.

—Tu mamá me contó lo bien que la pasas en el pre-kínder.

—¡Sí! Me gusta mucho, ya quiero entrar al kínder y conocer a muchos niños y niñas.

—Después querrás saltarte las clases.

—¡Rolf! —le reté, pero ambos se rieron de mí—. No le digas esas cosas a Ágata. Si después odia el colegio, será tu culpa.

—No lo odiaré, quiero tener muchos amigos, y uno conoce amigos en el colegio —respondía feliz. Le esparcí el bloqueador en sus cachetitos y bracitos. Le coloqué el sombrero rosado de exploradora y salí a dejarla a la entrada de la casa, donde le estaba esperando mi padre.

—¿Te unirás al paseo junto a Rolf?

—Yo creo que sí, pero en un rato más —papá rodó los ojos y tomó de la mano a su nieta, quien ya estaba predispuesta a pasar el atardecer en el parque.

Me devolví a mi habitación, y fue sorpresa encontrarme a Rolf con la mitad de la ropa.

—Vamos a aprovechar este momento, sea como sea —a decir verdad, las ganas se me habían espantado. Estaba consciente de mi edad, aún era súper joven, pero ser madre soltera gastaba demasiado tiempo. No podía negarlo; desde que comenzamos nuestra relación, Rolf se comportaba como un padre con Ágata, pero no era lo mismo, tampoco le había dado la libertad que cometen algunas personas, de suplir el cariño del padre, con tu actual pareja. Neville no se había olvidado de nuestra hija, mas al estar en Antofagasta, le veía tarde mar y nunca. Nos ayudaba con algunos gastos monetarios, pero su figura varonil había sido suplantada por mi padre, a quién Ágata amaba con vehemencia.

—Rolf…

—Por favor Luna, no me dejes así otra vez —Rolf hizo un puchero que causó gracia inmediata. Besé su nariz, él volvió a perderse entre mi cintura y espalda, y animó todo deseo que se había reprimido. Me acostó bajo su cuerpo, y con una delicadeza característica de su personalidad, comenzó a hacerme suya. Su sudor fue el mío, y era incómodo sentir la ropa que no nos habíamos terminado de sacar pegada al cuerpo, aunque ese tipo de molestia agregaba algo de morbo y seducción.

—No te contengas… no hay… nadie… —me decía entre jadeos. Cierto, estaba acostumbrada al silencio. Dejé escapar unos suspiros a medida que lo sentía más dentro de mí, y juntos llegamos al éxtasis. No dejó de besarme en todo momento, y por instantes me sentía protegida.

—Gracias —pronuncié, cuando pude restaurar la respiración.

—¿Gracias por qué?

—Por estos momentos, por animarme, por no dejarme.

—Ni te dejaría jamás. Eres demasiado bella, y tu locura me enloquece cada día —sonreí y le besé el pecho.

—Ahora iré al parque. ¿Me quieres acompañar o tienes que ir a trabajar?

—Me encantaría ir, pero tengo turno nocturno en la bodega. Planeo dormir un poco antes de ir al trabajo.

—Lo entiendo. ¿Deseas comer algo antes de marcharte? —Rolf negó con la cabeza y besó mi frente, acomodándome el cabello que se había desordenado un poco.

—No te preocupes. Como algo en el camino, así aprovechas de pasar más tiempo con tu hija —le robé otro beso por lo tierno y nos volvimos a vestir. Salimos juntos de la casa y le despedí cuando se subió a uno de los transportes colectivos. Giré en dirección contraria y llegué rápidamente al parque. Este se encontraba muy cercano a nuestra casa.

Era pequeño, con algunos arbolitos decorando cada esquina y una estación de juegos de madera al frente. Ágata se encontraba formando un castillo de arena, en el otro sector. No fue necesario llamarle, ella misma se volteó y vio mi presencia en el parque. Sonrió y siguió trabajando en su empresa.

—¿Rolf tenía que trabajar? —asentí y me senté al lado de mi papá—. Es un buen muchacho.

—Lo sé —hablé, sin dejar de ver a mi pequeña.

Cuando Neville y yo terminamos, creí que no encontraría a una persona que deseara compartir mi vida. Afortunadamente me había equivocado y la vida me regalaba una segunda oportunidad con Rolf.

Enero y febrero del 2007 se habían transformado en las vacaciones más tristes y cortas de mi vida, pero a su vez, las más cargadas de nuevas experiencias, dolores de cabeza, llantos por parte de mi recién nacida y míos.

De hecho, no podía llamarle vacaciones, porque cada día había dejado de tener forma. En las noches ya no dormía, nunca almorzaba con los demás, no fui ningún día a la playa, o a la casa de mis amigos. Me recluí en la mía, y en la de la abuelita de Nev.

Ágata había seguido el ejemplo de todos los bebés: dormía como una pluma todo el día, se despertaba sagradamente a la hora del cambio de pañal y su leche, pero en la noche comenzaba el suplicio. Bastaba que yo me acomodase a dormir un poco y ella despertaba, exigiendo alguna atención, algún paseo nocturno en brazos. Ahí culpaba a Neville que la había mal acostumbrado durante lo que quedaba de diciembre y enero. Mi padre también había cooperado, y mis brazos cansados les odiaban de todo corazón, porque ambos hombres tenían el sueño pesado y jamás despertaban con el bullicio de la bebé.

De seguro que todo esto habría sido más fácil con el apoyo de una madre. Todos los días pensaba en mi mamá, que de seguro moría nuevamente en el cielo por verme llamarle una y otra vez en auxilio. La mamá de Nev nunca estaba en la ciudad, así que tampoco tenía apoyo de ella, por su vejez y consejos muy chapados a la antigua, la abuelita de en ese entonces, mi novio, tampoco me solucionaba la vida. Ella quería que a Ágata le pusiera pañales de género. Cosa que no… muchas gracias.

Estábamos todos muy sensibles con la muerte de Parvati, por lo que el ambiente no era el mejor. Un bebé llega al mundo para alegrar las vidas de todas las personas que le rodean, y aunque la llegada de mi hija, en esencia causó eso, no todos se sentían tan bien, y era totalmente comprensible. Aún así, viví casi dos semanas en casa de Ginny, donde Molly me enseñó lo básico para no morir en el intento de aprender a ser madre. Ella, con siete hijos en su prontuario, sabía cambiar pañales hasta con los ojos vendados y de cabeza —y conste, que no era exageración— me dio tips viejos y nuevos, me enseñó a cómo debía de colocar a mi hija a la hora en que le amamantaba, para que no me doliese tanto —oh Dios mío, por esos dolores es que no tendría nunca más hijos—, cómo debía de cambiarle la ropita, para que no estuviese tanto tiempo expuesta al frío, la forma en que debía acostarla para que no se ahogara, qué prendas debía lavar a mano… estaba segura que mi madre y Parvati, estaban junto a Molly, enseñándome todo lo que mi padre habría querido traspasarme, pero que por ignorancia masculina no sabía.

Eso era un punto.

El otro punto que me hacía trizas el corazón, era la noticia de Nev. Se iría a estudiar al norte del país. Estaríamos a doce horas de distancia, no lo vería todos los días, no dormiría con él, y lo peor; se perdería el crecimiento de nuestra hija.

El día que cumplimos el primer año de novios, partió a Antofagasta. Se fue una semana antes a la ciudad, para poder ubicarse en aquel puerto nortino. Hablábamos cada una hora, durante muchos minutos. Sentía que mi vida había perdido algo de sentido. Estúpidamente, me sentía sola.

"La distancia no será impedimento para nuestro amor. Porque te amo, y tenemos algo en común, que nos va a unir por siempre. Te amo" aquellas palabras salidas de su propia boca, nunca las pude olvidar, y todas las noches me perseguían, acompañadas del llanto de Ágata.

Esas palabras me hacían no perder la esperanza, pero los meses fueron pasando; a veces se sentían lentos y agónicos, otros demasiado rápidos. Mi padre tomó la decisión que no entrase al liceo en marzo. Aquello también desalentaba a mi corazón. Dejé el cargo de CEAL y se lo cedí a Ginny, me perdí todo el primer semestre de clases junto a mis compañeros, estudiaba a deshoras, realizaba algunos talleres y se los enviaba a los profesores vía correo electrónico, me sentía realmente fuera de foco.

Después cuando ingresé al colegio, extrañaba demasiado a mi hija. Me había acostumbrado a todas sus mañas, Ágata estaba aprendiendo a gatear, comenzaba a balbucear, su primer diente… y me culpaba tontamente, diciéndome que era mala madre por no estar en todos esos procesos.

Y Neville… cada vez hablaba menos con él.

Ya no me llamaba todos los días y yo tampoco, porque las ganas se iban esfumando. Todavía le amaba, pero tenía esa extraña sensación que el sentimiento ya no era correspondido. Ron y Harry obviaban el tema, por mucho que Ginny y Hermione les preguntasen si sabían algo. No le fue del todo bien en el primer semestre de la universidad, por lo que apenas tuvo vacaciones de invierno, solo estuvo una semana aquí, y de los siete días, cuatro se los pasó durmiendo porque había salido de junta con sus amigos. Ágata no le reconocía, y lloraba cuando este le tomaba en brazos o yo me ausentaba por mucho tiempo. En septiembre volvió a viajar y conversamos las cosas. Me decía que la universidad le tenía mal, y que le entristecía que yo desconfiara de él.

En ningún momento he puesto la palabra desconfianza —le informaba. Neville evitaba mirarme. Aquello era una doble respuesta—, pero dado a tu lenguaje corporal… debo de asumir que ya no nos quieres.

¡Las amo a las dos por igual!

¡Deberías de amar más a tu hija y menos a mí! así vería aunque fuese, un mínimo de preocupación —exploté—. Estoy cansada de esperar migajas de amor por ti. Sé que estás ocupado estudiando, y que no estás tonteando en Antofagasta, que tuviste que aprender a ubicarte en otra ciudad, a vivir solo, a no comer algunos días, a no dormir, a tener nuevos amigos… pero piensa un instante también en mí. Dejé de juntarme con mis amigos, dejé de ser una estudiante para ser la mamá y papá de nuestra hija. He tenido que vivir todas las experiencias de ambos sola, no sabes las veces que he deseado escuchar tu voz, alentándome, aunque fuese por un instante, pero cada vez te siento más lejano, menos preocupado —aquella tarde me largué a llorar, y no fui capaz de despedirme de él cuando se encaminaba otra vez a la otra ciudad.

Diciembre llegó, y todavía estaba latente la ausencia de Parvati. Recién se cumplía un año de su partida, y con eso, todos los amigos decidimos juntarnos. Era obvio que Neville tendría que estar aquí, Draco había cambiado muchísimo en el primer año y se había alejado de todos nosotros. Era primordial que los amigos, ahora, libres del primer año de universidad, tratasen de animar y hacerle entender a Draco que el camino que estaba escogiendo no era el indicado. Y sobre todo, nuestra hijita cumplía su primer año de vida.

Junto a mis amigas le hicimos un tecito familiar a Ágata. Recibió muchos regalitos y nos deleitó a todos con sus primeros pasos. Neville llegó tarde, cuando Ginny y Hermione se iban con sus novios.

Creo que tenemos una conversación pendiente, Nev —le dijo Ginny, enojadísima.

Planeaba llegar en la mañana, pero perdí el pasaje de avión. Lo único que me quedaba era venirme en bus. En estas fechas todos los vuelos y viajes están colapsados —le respondía a mi amiga rápidamente—. ¡Feliz cumpleaños, hermosa! —Ágata se dejaba abrazar y llenar de besos, eso era lo único que me aliviaba un poco.

Me llamas —concluyó Ginny, despidiéndose junto a Hermione. El ambiente se volvió frío y desolador. Tenía un mal presentimiento.

Nuestra hija fue perdiendo sus fuerzas y quedó acurrucada en el sillón, agotada por todo el cariño en el día de su cumpleaños. Desde la mañana que estaba despierta, cuando todos nos encontrábamos en la iglesia, para el aniversario de muerte de nuestra amiga.

Yo la llevaré, no te preocupes —anunció Neville. La tomó con cuidado, y la llevó rumbo a lo que solía ser antes mi habitación.

Es abajo —corregí—, ahora dormimos en el primer piso —el asintió y cambió el rumbo. Yo me quedé en el living, comenzando a ordenar los restos de comida y agrupar las cosas sucias.

Ágata esta hermosa. La has cuidado muy bien. Eres una madre espectacular —comenzó a hablarme, desde el umbral que daba hacia la cocina.

He tenido buenas mentoras, y buenas personas que no me han dejado caer —contesté algo molesta. Estaba enojada porque no había sido capaz de llegar ni al cumpleaños de su hija, ni al aniversario de nuestra amiga.

Perdóname Luna, he vuelto a fallar como padre.

Y como amigo.

Como pareja también.

¿Cómo pareja? ¿Te has puesto a pensar en la última vez que nos dijimos 'te quiero'? ¿Te has puesto a pensar la última vez que nos besamos? ¿La última vez que tuvimos sexo? Hace tiempo que te dejé de sentir como una pareja, Neville —no habló, permaneció ocultándose entre el silencio, y sentía que todo el dolor y agonía no podía permanecer por más tiempo dentro de mí—. "La distancia no será impedimento para nuestro amor. Porque te amo, y tenemos algo en común, que nos va a unir por siempre. Te amo"… ¿te acuerdas de esas palabras? Ellas han estado martirizando a mi corazón desde que te fuiste. Creí que podría soportar una relación a distancia. Creí que podría esperarte paciente, que solo tus llamadas y 'te amo' a la distancia podrían suplirte. Pero no. Sé que hay algo más y no me lo quieres decir. Merezco saber la verdad, ¿cierto? —y llegué hasta aquel punto. No creía que Neville tuviese en mente a otra persona, pero algo dentro de mí había comenzado a formar esa hipótesis. Lamentablemente, Neville seguía manteniendo silencio, y muchas otras dudas se agolparon de lleno en mi corazón—. ¿Serás capaz de contestarme algo durante esta noche?

Sí… Luna… hay alguien más.

Sinceramente no me esperaba esa respuesta. Aquella contestación.

Deseaba que esta noche arreglásemos las cosas, que fuésemos capaces de vivir una navidad juntos, con nuestra hija, quería volver a ser la chica alocada, de la cual él se había enamorado. Quería reencontrarme con el muchacho tierno y vergonzoso, con quien había dejado de ser una niña para convertirme en una mujer. Pensaba que esta noche nos perdonaríamos besándonos, que las promesas antiguas se retomarían… pero no. Ese 'hay alguien más' definitivamente cambiaba las cosas.

Desde… ¿cuándo? —dije apenas. Tenía ganas de golpearle, me sentía basureada. Pero si le golpeaba rompería en llantos, y no quería sentirme tan débil al frente de él.

Luna… quise decírtelo desde que comenzó todo esto… pero no hallaba la forma…

Ahora es tu oportunidad de decírmelo todo. Desde cuándo es que tienes a otra persona. Sé hombre y dímelo —pedí, con voz ronca.

Nunca planeé engañarte, siempre estabas en mi mente y…

¡Dímelo de una jodida vez! ¡Dímelo! —no aguanté más y se lo grité en su cara. No podía jugar a intentar ser una mujer fuerte. Mi corazón se hacía añicos y me faltaba la respiración. A lo lejos, Ágata comenzó a llorar. Aún era un bebé, y me había olvidado que estaba durmiendo.

Caminé hasta la habitación y la acurruqué entre mis brazos, como si fuese mi escudo para todo problema. Increíblemente en su mirada soñolienta, en sus apretujos, encontré el consuelo, y me mecía junto a ella.

Hannah tiene nuestra misma edad —habló, sin entrar al cuarto—. Es compañera de universidad. Vive cerca de la pensión donde estoy viviendo y me ayudó a ubicarme en la ciudad. Se transformó en una buena amiga y compañera. Ella fue mi paño de lágrimas, porque se me hacía imposible el estar lejos de ti y nuestra hija. Pero la distancia se fue haciendo más horrenda, y cada día me sentía más solo. En agosto se celebró la semana de la carrera y en una de las fiestas… bueno, ambos estábamos bebidos, solo tengo algunos recuerdos de esa noche… nos besamos, no sucedió nada más que eso. Me alejé de ella y Hannah hizo lo mismo. Habíamos roto el tratado de amistad y creí que lograría tener la misma complicidad con ella, pero aquel desliz cambió las cosas. Mi cuerpo le comenzó a necesitar y… volvimos a caer en lo mismo. Intenté comentártelo en septiembre pero las cosas entre nosotros también estaban mal.

Ahora… ¿tienes una relación con ella? —pregunté luego de un silencio. Ágata volvía a dormir. No quise que sus oídos escuchasen nuestros murmullos, por mucho que no supiese aún el sentido de las palabras. Le arropé con la sábana y una frazada y salí del cuarto, con Neville detrás.

No es oficial. No sería tan cara dura de estar con ella, sin habértelo dicho antes.

Pero ya has estado con ella intercambiando saliva. No sé que significará para ti el no ser cara dura.

El silencio golpeaba cada parte de mi cuerpo. Era peor que no escuchar más lamentos del que había sido, el único hombre en mi vida. Me daba cuenta de lo inmadura que había sido. Llevaba tan solo unos meses con él, y me había entregado por completo. Había quedado embarazada. Até mi vida a una persona que nunca la llegué a conocer como pareja realmente. Nunca viajamos, nunca compartimos unas vacaciones como novios. No pasamos por grandes problemas. Nos fuimos de inmediato al sexo, al embarazo, a la crianza de un ser que no tenía por qué haber tenido un par de padres tan adolescentes. No llevábamos cumplido el año de novios, ya teníamos que separarnos y ya nos unía Ágata. ¿Por qué uno comprende las cosas luego de mucho tiempo? ¿Por qué tuve que esperar esta instancia, para darme cuenta de todo?

Nunca les faltará nada. Ni a ti ni a Ágata…

A mí no me debes nada. Olvídate de mí. Ahora estoy tan dañada que podría patearte, negarte que veas a mi hija, pero sería una mierda de mujer —comenté rápidamente—. Ándate de mi casa. Te ubicaré por mail, y te avisaré el sitio y la hora donde nos encontraremos para que veas a la bebé. No quiero que vuelvas a entrar a esta casa.

Sé que tenemos que conversar mejor las cosas…

No quiero. Ya sé lo que tenía que saber. Es suficiente. Vete por favor, antes que me arrepienta de no golpearte —deseaba que me abrazara, que me pidiese disculpas, que corriese hasta mí y me pidiera alguna reconciliación. Estaba dispuesta a todo eso, a olvidarme de su o sus deslices, porque le quería, aún le amaba.

Pero era Neville.

Agachó su cabeza, arrastró sus pies hasta la maleta que reposaba en la entrada de la casa y se marchó.

Entonces ahí, rodeada de todo el ambiente, rompí a llorar. Saqué todo el llanto que estaba aguardando dentro de mí. Deseaba gritar, pero no podía. Ágata dormía adentro.

El teléfono de la casa comenzó a sonar, y corrí a descolgarlo. Se escuchaba como un hombre decía 'Aló, aló'.

Diga… —contesté con casi nula fuerza.

Sé que es muy tarde para llamar, te habría escrito un mensaje de texto, pero tampoco tenía saldo en mi celular. Solo podía ocupar el teléfono de red fija. Lamento el no poder asistir junto a Anthony al té que le preparaste a tu hija… ¿Luna?

¿Hum?

Qué… te ocurre.

No me siento bien —le comenté a Draco.

¿Qué sucedió? ¿Estás llorando? —asentí, pero Draco no podía ver aquel gesto—. Iré a tu casa ahora.

No es necesario.

Claro que lo es, te escuchas horrible. Le pediré a mi mamá que vea a Anthony por un instante.

Colgué el teléfono. Aún era temprano, pero todo lo veía con menos luminosidad. Los días definitivamente no iban a brillar de la misma forma. El reloj de pared marcaba lentamente las nueve de la noche, creía que se había detenido.

A lo largo del año, Draco y yo nos habíamos convertido en amigos más cercanos. Los dos estábamos unidos a una fecha en concreto. El día más feliz para mí, se había tornado el más triste para él. La vida le había llevado a su novia, a la madre de su hijo, y a mí, me regalaba la oportunidad de encontrar mi tesoro.

La ausencia de Parvati en su vida, y la ausencia de Neville en la mía definitivamente nos unieron. Obviamente la pérdida de él no era comparada con la mía, pero tenía la misma esencia. Ambos nos sentíamos solos, y nuestros únicos cables a tierra eran nuestros hijos. Él seguía inmerso en una depresión horrible. Descartó las ganas de estudiar en la universidad y se dedicó a trabajar y a hundirse en el alcohol. Muchas veces compartíamos el té, me apenaba ver que su vida se estaba perdiendo entre tanta gente.

Golpeó suavemente la puerta. Conocía el código de los padres: no toques el timbre o grites 'Alo' muy fuerte, podrías despertar a tu hijo.

Tenía las piernas adormecidas, me había quedado agachada al frente del teléfono todo este tiempo. Me puse de pie con calambres y lánguidamente le ofrecí que pasara a la sala principal.

Permanecimos un instante en silencio, y Draco me ofreció de pronto sus brazos. Entonces caí en cuenta que por segunda vez consecutiva, él me estaba consolando en un día que para mí, solo tenía que ser felicidad plena.

Perdóname, Draco, perdóname, lo he hecho otra vez, te estoy causando más malestares de los que deberías de tener.

Para eso estamos los amigos, ¿cierto? Ahora tranquila Luna, puedes llorar todo lo que quieras —decía con tranquilidad.

Lloré hasta que mis ojos se cansaron, hasta que dejé de suspirar y sollozar. Ya había sacado toda la pena contenida. Solo quedaba rabia y lástima.

¿Mejor? —asentí y me acomodé de mejor forma en el sofá—. Creo que estoy deshidratada —comenté con algo de alegría falsa.

Sí que tenías agua dentro de ti, mujer —agregó, siguiéndome la corriente. Guardó silencio respetuosamente y luego consultó, midiendo tus palabras—. ¿Quieres hablar?

Vino Neville… y me confesó que tenía otra mujer, en el norte —yo misma me impresioné ante la tranquilidad de mis palabras.

Él… ¿te dijo eso? Tú lo suponías, no creo que sea así, Luna.

Él me lo dijo. El tema en cuestión salió solo y… lo confirmó. Comprendí nuestro alejamiento, su deseo de no permanecer aquí… ahora lo único que nos une es nuestra hija. Que la siento más mía —Draco volvió a ofrecer sus brazos, pero solo me acomodé en su hombro. Él me medio abrazó y hacía circulitos en mi espalda, dándome confort.

Sé que es muy pronto para decir esto pero… saldrás adelante. Puede que esto haya sido lo mejor. Tú estabas sufriendo aquí, y de seguro que Neville también. Quizás debieron de solucionar las cosas cuando recién estaban ocurriendo, y no esperar fechas como estas.

Draco

¿Hum?

¿Por qué eres tan fuerte para los demás, menos para ti? —Draco no dijo nada, quizás estaba pensando en qué mentira decir. Él se transformaba en un hombro seguro para llorar, pero nadie le podía consolar. No se dejaba—. La ceremonia de hoy… estuvo muy linda, ¿sabes? Anthony estaba muy concentrado, muy atento a todo lo que ocurría. La presencia de Parvati estaba entre nosotros.

No necesito encerrarme en un templo para sentir a Parvati. Mucho menos, escuchar a un sirviente de Dios, hablando de lo maravilloso que es la vida después de la muerte, cuando él está aquí, viviendo a costa de la miseria de los demás. Todo eso es una mierda.

No todo es una mierda, Draco…

Para mí sí. Ese hijo de puta que está arriba, observando todo lo que hacemos, se llevó a la mujer que amaba. Y todos ustedes se comportan como idiotas al creer que con unas palabras sacadas de un libro de mierda, Parvati encontrará la paz —Draco había dejado de creer en muchas cosas, su alma, independiente del respeto que le tuviese a la religión o algo por el estilo, se estaba pudriendo.

Algún día entonces iremos a quemar iglesias, ¿te parece? —dije, para calmar el ambiente.

Con sacerdotes dentro, para que sus cuerpos suenen como 'Peta zeta' —acordó, sonriendo. Esta vez reímos ante lo dicho, y nos volvimos a abrazar.

Para las festividades de navidad, Neville tuvo que venir a mi casa por razones obvias. Lo que no esperaba, era verlo con un ojo morado y el labio partido, y su brazo izquierdo siendo cargado por un cabestrillo. No le pregunté qué le había sucedido, y él tampoco fue capaz de mirarme a la cara o decírmelo. Lugo supe por comentarios de Ginny, que Draco le había ido a hacer una visita.

Con menos rabia, más calmada y asumiendo lo que me vendría de ahora en adelante, deseé salud para mi hija, y fuerza, muchísima fuerza para mí. El sueño que teníamos con Ginny de ingresar juntas a estudiar psicología no se cumplió, en parte. Ella ingresó, al igual que la mayoría de mis compañeros a la universidad. Ágata aún estaba muy pequeña para dejarla al cuidado de mi padre, que se hacía viejo y sus articulaciones no le acompañaban en las carreras frenéticas de la pequeño saltamontes —como le apodaba a su nieta—, así que decidí tener el año 'sabático' y dedicarme completamente a mi hija.

Fue una buena decisión, puesto que en el segundo invierno de mi bebé, nos percatamos de una extraña anomalía que se estaba mostrando en ella, algo que no le ocurría obviamente, a todas las personas.

Ágata era una chiquita muy inquieta, corría demasiado, saltaba, se revolcaba en el piso… pero de pronto se detenía y se agitaba anormalmente. Un día presentó una especie de ataque de asma, y pensamos que sería asmática. Acudimos a su pediatra y este nos derivó a realizarle ciertos escáneres. ¿Qué descubrieron? La vena y arteria que iban conectadas a su corazón, estaban entrelazadas. Aquello no le permitiría jamás nunca correr como una niña normal, o hacer ejercicios constantes. Siempre tendría que ejercerlos de manera pausada, con otro ritmo, porque podría desatar consecuencias peligrosas en su salud. Cada ocho meses debía de realizarse chequeos médicos permanentes en la capital, y controlar sus pequeños pálpitos con una máquina llena de conexiones en todo su cuerpo. La segunda navidad la pasamos en la casa de la abuelita de Neville.

Con Neville éramos muy buenos conocidos, no podía emplear la palabra amigo. Sus padres sin falta enviaban el dinero para el tratamiento de Ágata, puesto que él se dedicaba solamente a estudiar y suplir sus gastos en la universidad.

El 2009 llegó a mi vida, y con él el nuevo desafío, por fin entraría a la universidad. Ingresé a estudiar psicología, de la misma forma que planeamos con Ginny. Ella se convirtió en mi madrina universitaria, y me guardó todos los documentos y trabajos que me podían servir. Y sí que sirvió.

Me costó muchísimo volver a adaptarme a las clases. Estaba acostumbrada a un ritmo distinto de vida, a los labores de la casa, a estar siempre pendiente de mi hija, y ahora debía de preocuparme por mí, los estudios y salir adelante. Afortunadamente no reprobé ningún ramo el primer año, y pasé al segundo sin problema alguno. Me llamaba la atención que con el paso de los meses, compañeros se retiraran de la carrera, otros se iban quedando atrás, algunos venían de otras carreras, argumentando la primera mala elección, y que psicología debía de haber sido la primera desde un comienzo.

Así conocí a Rolf.

Era un estudiante de servicio social. Iba en su tercer año de carrera cuando optó por cambiarse a la otra carrera de humanidades. Convalidó unos ramos, debía otros, hacía unos de quinto año, otros de primero, pero mágicamente quedó en mi nivel. Se sentó en el banco que estaba detrás de mí y hablamos cuando me recogió un lápiz que se me había caído. Me gustó mucho su sonrisa, sin conocerle mucho le encontraba alguien sincero. Le ayudé con los ramos que yo ya había rendido, y éste me ofrecía ayuda con los que había comenzado, por cosas de horario. Rápidamente nos hicimos inseparables, buenos compañeros, amigos... hasta que iniciamos una relación, en las festividades patrias de ese año.

Luna… yo sé que tú tienes las cosas bien claras, quieres estar con tu hija, y eso lo comprendo. Pero a mí… a mí me gustaría que tu vida también la compartieses conmigo. Sé que no seré la persona más importante para ti, pero quiero y deseo convertirme en ese alguien que te acompañe en tus desvelos, ese alguien que te ayude, que te regalonee, porque aun eres una niña. Creo que me enamoré de ti en tres segundos. Bastó que entrase por primera vez en la sala y vi de inmediato tu figura. Iluminabas todo el salón, opacabas con tu luz a toda otra persona. Moría por hablarte, por saber cómo te llamabas, por escuchar el timbre de tu voz, tu historia. Y las cosas se fueron dando así, descubrí que eras mucho más hermosa, que tu pasado te entristecía la sonrisa, y que estaba en mí el poder de tratar hacer de ti, la mujer más feliz.

Hacía muchísimo tiempo que no lloraba de felicidad. Y las palabras de Rolf hicieron que mi corazón se diera una segunda oportunidad.

A pesar de ser mayor, comencé una relación muy tranquila. Papá se ofrecía a veces para cuidar a Ágata, así podíamos aprovechar de ver alguna película o cenábamos en algún restaurant. Al año de relación tuvimos nuestra primera relación sexual y pude volver a sentirme mujer. Me sentía otra vez una mujer completa. Buena madre, una buena pareja para él. No tenía en mis planes el casarme —como Ginny, por ejemplo— pero sí me imaginaba pasar el resto de mis días con Rolf. Y si no era él, me bastaba con mi hija. Desde aquel entonces que pensaba solo en el presente, vivirlo a más no poder, amar hasta el punto de enloquecer, reír hasta llorar, pero jamás deprimirse, porque cuando caímos, costaba demasiado volver a empezar.

Neville había reconstruido su vida con Hannah. Vivían juntos pero aún no tenían familia. Ambos eran felices y desde el año pasado, ella le acompañaba en sus vacaciones a esta ciudad. En aquella navidad, Ágata y yo conocimos a Hannah. Yo la conocía por fotografías. Facebook se había convertido en una red social bastante conveniente a la hora de husmear en la vida de los demás. No era una mala chica. Era como tener a la versión de Nev hecha mujer. Asumí por qué hubo esa atracción en ambos. Ellos eran tal para cual. Nev también conoció a Rolf. Ellos no son amigos, Hannah y yo tampoco, pero nos soportamos más. Gracias al tiempo, podía ver las cosas con otro color, desde otra perspectiva, y solo recién, asumía que las situaciones estaban desembocando en buenos puertos.

—¿En qué piensas, Luna? Te has quedado mirando el sol todo este rato —dijo mi padre. Era verdad. Había sido atrapada por el crepúsculo. No me perdí ningún momento del escondite del sol. Le abracé y él me devolvió el gesto.

—Pensaba en estos últimos cinco años… se han sentido como una eternidad —susurré, ofreciéndole los brazos a mi pequeña bailarina, que venía con paso rápido pero controlado, hacia mí.


Nota de la autora:

Los detalles de mi ausencia se encuentran en mi perfil. Por motivos nuevamente de tiempo soy algo escueta en este instante (mañana… ñe, dentro de cuatro horas tengo reemplazo en un colegio xd). Perdonadme, y gracias por estar aquí; en Twitter, en Facebook, en MSN, pero sobre todo, en sus pensamientos… ustedes están en mis oraciones siempre : )

¿Les gustó? ¿Opiniones?

Nos leemos aquí y en mi otro fic, Facebook *-*