Arthur Kirkland era un renombrado reportero de literatura y fotógrafo en sus tiempos libres, muy famoso en su tierra natal, Inglaterra. No había libro nuevo que no pasara por su pluma y su sabia crítica, la que muchas veces podía ser demasiado acida y cruel, pero los escritores se lo tomaban bien, pues les servía para ir mejorando.

Ahora se encontraba disfrutando de unas merecidas vacaciones tras un agotador semestre donde casi no tuvo descanso, sin embargo, no le gustaba para nada el alboroto que había por las calles de Londres producto del evento deportivo del año que estaba a pocos días de comenzar, puesto que no le dejaba relajarse con todo el ruido causado por los turistas. Se sentía totalmente indignado cuando vio en las noticias a su rival y mejor amigo de la secundaria, Antonio Fernández Carriedo, en la televisión causando desorden en la vía pública con otros turistas de nacionalidad española.

-¿Qué se cree ese imbécil?-mascullaba mientras mascaba uno de sus scones-No puede andar metiéndose en las cabinas telefónicas para ver cuanta gente cabe… es un imbécil-coge el control remoto y cambia el canal varias veces sin encontrar algo de su agrado- Mierda… todo son deportes- al final decide apagar la televisión-Mejor voy a leer- va hacia una estantería de su departamento , mira por varios minutos los lomos de libros que tenía hasta que finalmente se decide por un clásico, "El cuervo". Toma el libro en sus manos, camina hacia su cómodo sofá y se recuesta a leer dicha obra de Edgar Allan Poe. Al poco rato su teléfono suena, este se molesta un poco, pero finalmente contesta- ¿Qué quieres maldita rana? Estaba leyendo….

La voz que estaba al otro lado del móvil ríe- Arthur, dime algo que no sepa… si no estás gruñendo es porque estás leyendo

-Shut up! … Dime para qué demonios has llamado, maldita rana peluda

-Tan ácido como siempre, mon cher… llamaba para decirte que tengo entradas para la gran inauguración los Juegos Olímpicos…

-¿Y a mi qué, Francis? No me interesan los deportes…

-Pero salir un rato no te hace nada, amigo mío, te hace falta amour , claro está que yo te lo puedo dar…

-Aceptaré si cortas la estúpida llamada y me dejas leer tranquilo…

-Tan tú como siempre, eres un amargado, Arthur… Te veo el viernes, pasaré por ti…

-Ok Ok como digas-se notaba desesperado, por más veces que se haya leído aquel libro no dejaba de llamarle la atención el suspenso que este escrito contenía. El ojiverde da fin a la llamada.

Los días pasaron volando para dar paso a ese viernes tan esperado por la mayoría de los británicos , a excepción de uno, y la gente del mundo. Francis pasó a buscar al inglés temprano, de seguro el transito sería horrible para llegar al recinto donde se realizaría la inauguración de los juegos. Arthur se notaba bastante cabreado cosa que preocupaba mucho al francés, hace tiempo que no veía a su amigo del alma divertirse, de hecho ahora era un ser completamente amargado y vida social, necesitaba ayudarlo y sacarlo al mundo otra vez.

Bradley Wiggins dio inicio a la apertura con el toque de la enorme campana, el galo noto como su mejor amigo admiraba emocionado el espectáculo, sonrió al verlo así. Ahora era el turno de la presentación de los países en orden alfabético, Arthur observaba concentrado a cada escuadra de deportistas, pero un deportista muy animado y sonriente que cargaba con orgullo su bandera de los Estados Unidos captó por completo su atención. Este chico estadounidense saludaba a todos con alegría, se giró un poco descubriendo a lo lejos a un chico que le observaba concentrado, esos ojos verdes eran los más hermosos que había visto en su vida. Le guiño el ojo al espectador, provocando en inminente sonrojo del inglés.

-Mierda… me vio… tiene vista de halcón- pensó el reportero muy sonrojado

El chico de cabellos rubio trigo que llevaba la bandera de su nación solo tenía en mente poder conocer a ese chico que diviso en las galerías…