Alfred F. Jones es una joven promesa del deporte estadounidense en los juegos olímpicos junto a su hermano gemelo, Matthew. Ambos desde los 10 años que practican salto en trampolín sincronizado, ganando múltiples campeonatos de su categoría en poco tiempo. Un juez vio en ellos dos un talento innato que debía ser pulido con dedicación, esfuerzo y un duro entrenamiento. Tras varios años preparándose y participando en todos los campeonatos posibles, lograron clasificar para el evento deportivo más importante que existía. Al enterarse de tal triunfo no aguantaron y las lágrimas les brotaron de sus ojos, era lágrimas de felicidad y orgullo.
Alfred estaba muy nervioso el día de la inauguración, para variar su hermano había desparecido en los camarines ¡Se había escapado! Eso había empeorado sus nervios, pero lo que no supo fue que su hermano siempre estuvo junto a él desde que llegaron al estadio.
Ya era la hora, el orgullo de su nación fue encomendado en sus manos, la bandera. La escuadra ya estaba lista, solo faltaba que fuese su turno para aparecer. Los nervios de Alfred desaparecieron cuando iba encabezando a su grupo, sentía el apoyo de su gente y de su familia, sonreía y alzaba su bandera hacia todos lados, allí fue cuando vio los ojos verdes más hermosos que ha visto en su vida entre el público, le guiño el ojo para hacerle notar que lo había divisado con su ojo detector que sólo los héroes como él poseían. Le pareció divertido y lindo como ese chico de público se sonrojo de sobremanera e intentaba disimular mirando hacia otro lado. Inmediatamente sintió la necesidad de poseerlo entre sus brazos, protegerlo y marlo por siempre. Necesitaba encontrarlo como sea y como héroe que era no podía dejar que ese ladrón se escapara, pues le había robado el corazón en un pestañeo.
Lo único que quería era que encendieran la antorcha de una vez y que terminara el show con Paul Mccartney luego. Apenas terminó el evento, corrió con todo para llegar a la salida del estadio Olímpico, ese chico debía pasar por ahí, no cabía duda. Espero dos horas y no apareció, decepcionado fue a los baños para el público. Afortunadamente estaba completamente vacío, bebió un poco de agua y se peinó un poco su cabellera rubia con la mano. Escuchó una voz ronca pedirle ayuda, esto lo dejó literalmente pegado en el techo por el miedo que le dio. Cogió valor para ir a investigar y a paso lento recorrió el lugar. Oyó la voz o otra vez, está vez mucho más cerca.
-¡Hey, tú, ayúdame!-venía muy de cerca aquella voz
-Seas quien seas…. ¡No me hagas daño, señor fantasma! ¡Debo competir aún!-el estadounidense temblaba de miedo
-Mejor, mira hacia abajo ¿Quieres?-el americano obedeció. Sus ojos se abrieron de par en par al ver que ese chico estaba ahí frente a él, cabellera rubia, cejas extremadamente gruesas y esos ojos verde esmeralda que lo habían enamorado a primera vista. Sin duda era él. ¡Lo había encontrado! No podía sentirse más feliz-¿C-Cómo llegaste ahí?-preguntó Alfred
-Entre al baño y la puerta no se abrió, forcejeando rompí el pestillo. No quise llamar a mi amigo para que me ayudara… lo mejor era salir por debajo… pero me quede atascado… -dijo rascándose la cabeza con la mano
-¡No importa ahora tú nuevo héroe te salvara! Hahahahahahaha-este jaló con fuerza al chico rubio, luego de mucho esfuerzo consiguió sacarlo de su atasque.
-Gracias…. ¿Cómo te llamas? ¿¡Tú eres el bastardo que me guiño el ojo?! -respondió este apuntándolo con el dedo
-¡Alfred F. Jones, tú héroe de ahora en adelante!-dijo triunfante y orgulloso
-… Te agradezco que me hayas ayudado, pero debo volver a mi casa ahora–este se dirigía a la puerta, pero el gringo le sostuvo la mano con fuerza, impidiendo que este siguiera avanzando-Hey, git, te agradezco que me hayas salvado y todo eso, pero debo regresar, Francis me está esperando en el estacionamiento
-No te vayas… aún… Quiero conocerte más-insistió Alfred mirándole con cara de cachorrito
-No, estoy cansado, quiero ir a mi casa y dormir ¿Qué acaso eres sordo?
-No, te escucho muy bien, pero por favor… -se dio cuenta que insistir no le iba a funcionar- ¿Al menos me dirás cómo te llamas?
-Arthur, Arthur Kirkland
-Bien, ya que no quieres quedarte un rato más hablando con el chico que te salvo la vida, te acompañaré al menos en el trayecto hacia el auto
Arthur lo miró desconfianza, pero el muchacho ojiazul parecía determinado en seguirle-Ok, pero no metas mucha bulla
El otro rubio saltó de la alegría-Entonces, vamos
Fue un trayecto bastante corto, pero el americano no se cayó en todo el rato, hablaba sobre su carrera como deportista y cómo logró clasificar. El inglés sólo se limitó a escuchar cada palabra del chico, aunque este tampoco le daba chance para comentar algo.
-Supongo que este es el adiós, Alfred-subiéndose al vehículo rojo del francés, quien observaba con su ojo clínico la situación, mientras anotaba algo en un pequeño papelito- Hasta Luego
-¡Espero volver a verte a ver, Iggy!
-¿¡De dónde carajo sacaste ese nombre!?-cierra la puerta con violencia y se sienta cruzado de brazos. El galo baja la ventanilla, hace un ademán con su mano para que se aproximara el americano, este hace caso. Francis le entrega la notita en la mano y le guiña el ojo. El americano le sonríe y le susurra un" gracias".
El auto parte, Alfred observa como este se le pierde de vista, lee la nota dejada por el compañero de Arthur:
"Arthur Kirkland- Upper Brook Street
Celular: +44-7183456729
Llámalo de vez en cuando, mon cher
Arthur bebía una taza de té junto el francés, quien no paraba de mirarlo socarronamente desde que se subió al vehículo-¿Y no me vas a contar lo que pasó?
-¡Ya te dije que me quede atascado en el baño y ese idiota me ayudó a salir!
- sí, ya me dijiste eso… ¿Pero nada más? ¿No hicieron nada divertido en el baño?
-`Por la mierda, Francis, yo no soy un depravado como tú
-Pero te viniste en el auto sonriendo como idiota enamorado ¡Y no me quieres contar porque!
El inglés le lanzo un jarrón, no tenía porque responderle sus preguntas estúpidas, Francis esquivó el proyectil, ya se había convertido en una nueva habilidad adquirida luego de años de amistad con ese malhumorado-VETE AL INFIERNO, RANA PELUDA-se pone de pie, deja la la taza sobre una mesa de centro y se va a su habitación. Se alistó para dormir, apaga las luces y cierra la ventana.
-Vaya día que tuve…-masculló mientras se metía en la cama. Su celular vibró de repente- ¿Quién demonios me manda un mensaje de texto a esta hora?-toma el celular y lee el mensaje de texto que le acababa de llegar
"Buenas noches, Iggy,
Sueña con tu héroe,
Porque yo soñaré contigo hoy"
El número no estaba registrado en la lista de contacto, sin embargo, no tuvo que pensar mucho para adivinar quién era –Eres un idiota…-tecleó algo , rápidamente se volteó , aun con el móvil en sus manos, miró por una última vez el mensaje y se durmió abrazando el celular.
Alfred ya estaba acostado en su cómoda cama, mirando el techo con una sonrisa que no expresaba lo feliz que se sentía ¡Su Iggy le había respondido! No era algo muy cariñoso, pero no por eso era menos significativo para él.
"Eres un idiota ¿Lo sabías?...
Duérmete mejor
Buenas noches"
Leyó una y otra vez el pequeño texto hasta que se quedó profundamente dormido como un oso.
