Segunda parte …
Espero que les guste , ^_^.
AVISO: La historia se mueve en dos escenarios distintos, alternándose John, Sherlock, John, Sherlock… menos en la última parte.
CAPITULO 2: A Little Cry (un pequeño llanto)
John cerró la puerta con más fuerza de la que creía haber usado, dando un portazo que lo hizo estremecer. Bajó las escaleras hasta la planta baja pisando fuerte, asegurándose de que Sherlock lo oyera irse.
Estaba enfadado, pero también herido. Conocía a Sherlock,y su carácter arrogante y suficiente pero no esperaba tener estas discusiones con él. Le conocía mejor de lo que Sherlock quería admitir y había aprendido a diferenciar cuando mentía y cuando no, cuando estaba serio y cuando se sentía feliz, había memorizado cada uno de sus gestos para poder saber lo que de verdad sentía el detective. Porque tal vez no fuera tan inteligente como él y no pudiera saber los detalles más íntimos de la gente con un vistazo, pero le llevaba mucha ventaja con respecto a los sentimientos y sabía lo difícil que era ocultarlos. Incluso para Sherlock. Por eso aquel día al volver de aquella cita fallida supo que el detective lo quería (siendo recíproco el sentimiento), y por eso ahora sabía que no mentía cuando decía que para él el amor era inútil.
Las lágrimas huyeron de sus ojos mojando sus mejillas. Estaba llorando. Llorando por Sherlock. Llorando por sus palabras. Llorando por el miedo a perderlo. Llorando por la simple idea de que nunca lo tuvo y aquél día se equivocó, que tal vez no lo quisiera. Nunca se lo había dicho. Nunca.
Llegó a la puerta y la abrió, pero no pudo salir fuera. Simplemente no podía. Fuera el mundo seguía su curso. Sin saber nada de ellos, sin preocuparse. Sonriendo. No tenía fuerzas para ver a otros reír. La puerta se cerró por una corriente de aire, dando un fuerte golpe. Y John quedó delante de ella. Con la cara mojada y la mente confusa.
En el 221B Sherlock se había quedado paralizado ante la última visión de John ante él. Tan triste… tan vulnerable… Aunque en el fondo sabía que John era el fuerte de los dos, y él, él el débil, incapaz de permitirse sentir más de lo necesario por miedo al dolor. El portazo lo hizo estremecer y se quedó mirando la puerta como si esta fuera a darle el secreto de cómo había acabado así. Aunque en realidad no era ningún secreto y él lo sabía perfectamente.
Escuchaba los pasos de John al bajar las escaleras más fuertes de lo que normalmente sonarían. Estaba muy enfadado y pisaba fuerte. Cada pasó enviaba un pinchazo al estomago de Sherlock, o tal vez en eso que la gente llamaba corazón aunque no tuviera nada que ver con el músculo que bombea sangre. La puerta de la callé se abrió y se cerró poco después con un pequeño gran estruendo. Por un momento la pareció que John no saldría, pero solo había sido un deseo suyo, porque estaba claro que se había marchado. El sonido de la puerta se lo decía todo. John estaba enfadado. Y ahora que no lo tenía delante, Sherlock ya no lo estaba. Ahora estaba asustado por lo que había ocurrido porque no sabía cómo asimilarlo.
Casi por instinto corrió a la ventana buscando con la mirada a su compañero, su amigo, su novio. Si aun quería serlo, cualquiera de los tres (y a ser posible todos).
Ya no estaba. Se había ido y él no había alcanzado ni si quiera a verlo marchar.
Su mirada se perdió entre toda esa gente que caminaba feliz. Sin saber nada de él o John. Permaneciendo impasibles en sus aburridas y monótonas vidas.
John apoyó su frente contra la puerta, luego su brazo derecho… y finalmente se deslizó poco a poco hacia el suelo girando su cuerpo y apoyando completamente su espalda contra la puerta. Sin apenas hacer ruido. Sin apenas respirar.
Y entonces su cerebro empezó a funcionar. A pensar en todo. Todo lo que había compartido hasta el momento. Las lágrimas cesaron y una pequeña sonrisa apareció. Pero ese gesto de su boca no era de felicidad, no de la actual. Era melancólica. Una cicatriz de la alegría pasada. Nadie le creería si dijera que el tiempo que ha compartido con Sherlock es el más feliz de su vida. Porque nadie lo conoce como él lo hace. Porque nadie disfruta de las aventuras como ellos lo hacen. Porque nadie se ha tomado la molestia de intentarlo como él lo ha hecho.
Sherlock.
Nació con un cerebro y algo de arrogancia, que sin duda con los años ha perfeccionado. Tan fantástico, todo lo contrario que él que es tan normal, tan ordinario. Pero por alguna razón están juntos y de algún modo disfruta de la compañía del doctor de guerra. ¿Por qué? No lo sabe. ¿Los polos apuestos se atraen? Ni siquiera está seguro de que sean polos opuestos. Cómo clasificarías a Sherlock cuando ni el mismo ha sabido que es. Porque no importa lo que diga. No es un sociópata y tiene sentimientos. No importa lo que digan. No es una máquina ni un psicópata.
-Sherlock… -Susurró su nombre al silencio.- No es tu culpa.-Necesitaba decírselo a alguien, aunque ese alguien fuera nadie.- Cuando no entiendes los sentimientos, los míos o incluso los tuyos. Cuando te grito por tus experimentos o te regaño por tus malos hábitos. No es tu culpa. Siempre has sido así, nunca has intentado ocultármelo, y yo lo supe desde que nos conocimos .¿Sabes?- Su mirada estaba perdida en la línea que dibuja el límite entre dos baldosas.- Estoy loco por ti. Por tus locuras y experimentos. Tus excentricidades y tu violín. Y eso es una buena noticia, así que no te preocupes, solo quería que lo supieras. –Pero él no estaba escuchando esas palabras. Porque debió subir las escaleras y decírselas. Pero no lo hizo. Y se quedó junto a la puerta con la mirada perdida en la línea que separa dos baldosas.
Tras unos segundos mirando fuera, Sherlock se dio media vuelta y se sentó en el sillón del doctor con la esperanza de que tal vez oliera un poco él y esto le aclarara un poco la mente. O le hiciera salir de ese estado.
¿Y si se había pasado? Tal vez John se hubiera cansado de aguantar su comportamiento, que debía admitir que era algo infantil en ciertas ocasiones. Tal vez ya no volvería a prepararle té. Tal vez no volverían a despertar juntos (aunque técnicamente no despertaban juntos puesto que él no dormía demasiado, aunque le encantaba ver al rubio dormir tan plácidamente a su lado). Tal vez…
Su visión se volvió borrosa y su cara se humedeció. Las lágrimas corrían libres por su cara. Esas mismas lágrimas que nunca había querido usar. Porque él era fuerte. Pero que ya no importaba que salieran. ¡Que se fueran todas! ¡No las quería! Lo que quería era a John con él. En ese sillón que ahora estaba ocupando.
Cerró los ojos y respiró profundamente intentando calmarse un poco. No podía perder a John. No a John. ¿Le había dicho alguna vez que lo quería? No, nunca. Ni siquiera sabía por qué no lo había hecho. Seguramente por orgullo.
El amor es inútil. El cariño no es ninguna ventaja.
Aun así ya era demasiado tarde. Se había enamorado y lo sabía. En su interior se libraba una batalla entre su yo solitario, frío y lógico y su yo sentimental, humano y pasional. Y en medio estaba él en conjunto, con heridas por la batalla. Porque aunque de cara al mundo siguiera siendo el mismo Sherlock de siempre, había cambiado y ahora estaba sangrando.
-mmm…- Sus labios se movieron formando una sonrisa casi minúscula. Si estaba sangrando, la lógica dice que necesitaba un médico.-John…
Se levantó decidido, cogió su abrigo y salió hacia las escaleras dispuesto a encontrar a John aunque estuviese en el rincón más solitario y escondido de todo Londres.
Nada más comenzar a bajar las escaleras escuchó como alguien hablaba. No alguien, era John. Estaba apoyado contra la puerta; no se había marchado lejos, como todo el mundo hacía. La cara de Sherlock se iluminó. Tenía que hablar con él y decirle tantas cosas. Pero John estaba hablando. ¿Le había visto? No, estaba mirando al suelo y murmuraba.
-Sherlock… No es tu culpa. Cuando no entiendes los sentimientos, los míos o incluso los tuyos. Cuando te grito por tus experimentos o te regaño por tus malos hábitos. No es tu culpa. –John… Maldita sea, tenía suerte de que John aun estuviese con él. ¿Cómo que no era su culpa? Él había dicho aquellas palabras, aun sabiendo que John no se sentiría cómodo. Nunca le había dicho que le quería o le había dado las gracias por preocuparse tanto por su sueño o su alimentación- Siempre has sido así, nunca has intentado ocultármelo, y yo lo supe desde que nos conocimos .¿Sabes? Estoy loco por ti. Por tus locuras y experimentos. Tus excentricidades y tu violín. Y eso es una buena noticia, así que no te preocupes, solo quería que lo supieses.- No le hablaba a él, porque era evidente que no sabía que estaba allí, pero esas palabras iban dirigidas a Sherlock, sin ninguna duda.
Cuando John dejó de hablar Sherlock sintió unas ganas tremendas de ir y abrazarlo, aunque eso no pareciera típico de él, aunque bien pensado, ¿Qué importaba lo típico?.
-¿John?
El aludido levantó la mirada con sorpresa y se puso rojo por la vergüenza.
-Sherlock… yo… ehm… ¿Lo has…-Dudó por un momento. Su voz temblaba y casi tartamudeaba un poco.- ¿Lo has oído todo?
-Si.- Frío y directo. Siempre sonaba así, incluso cuando no era su propósito.-John… yo…
-No te preocupes Sherlock. No importa.
John volvía a mirar al suelo. Se levantó e hizo un intento de mirar al detective y sonreír, pero lejos de lograrlo solo consiguió una mueca extraña y una mirada empañada.
Sherlock bajó las escaleras de dos en dos y se acercó todo lo que pudo a John sin tocarlo, tenía miedo de que si lo tacaba se rompería. Tenía que pedirle perdón. ¿Cómo se le había ocurrido hacerle eso a John?
-John, escúchame. Escucha todo lo que tengo que decirte, por favor.
Cogió aire y lo expulsó casi con brusquedad. Miró otra vez los ojos enrojecidos (había llorado, seguramente nada más salir del piso, y todo por su culpa) y cansados de su mejor amigo (porque ante todo, John siempre sería su mejor amigo) y tomó fuerzas para comenzar a hablar.
-John, sé lo que he dicho y sé que no te ha gustado. Pero realmente creo que el amor es inútil. Si no pudiéramos enamorarnos seguiríamos viviendo. Seguiríamos reproduciéndonos sin crear ningún tipo de vínculo afectivo y no ocurriría nada. La especie no se extinguiría. –John agachó la mirada. Sherlock siempre tenía que pensar de ese modo tan lógico que casi te hacía pensar que tenía razón aun cuando sabía que no era así.- John, mírame. Déjame acabar lo que quiero decirte.
-¿Aun tienes que decirme más? Sherlock… si no quieres estar conmigo… o piensas que soy una carga… ¿Por qué aceptaste esta relación? ¿Por qué sales conmigo?
-Porque te quiero.- No dudó. Sonó tan directo como siempre, pero esta vez mucho más cálido, parece ser que esas palabras no pueden decirse nunca con un tono frío. Al menos para él sería imposible decírselas a John como le dice que hay que comprar leche o que el muerto murió de sobre dosis (evidentemente) y ese no era un caso a su nivel, o como cuando le decía a un desconocido que su hermano se tiraba a su mujer y ahora los tres tenían una enfermedad de transmisión sexual. No. Esas palabras no podía decirlas así, por eso le costaba tanto pronunciarlas. Eran demasiado sentimentales, más de lo que él creía poder decir y nunca se perdonaría decirlas por compromiso o como un robot, él no es un robot.
-¿Qué?- Y John nunca espero que Sherlock le dijera te quiero por primera vez en el rellano de su casa después de una pelea precisamente porque éste no era capaz de tener sentimientos como la gente normal. Aunque sabía que Sherlock no era gente normal, pero sí tenía sentimientos.
-Oh, vamos John-Rodó los ojos.- Me has oído perfectamente. Te quiero. Sé que el amor es inútil. Pero estoy enamorado de ti y no puedo hacer nada para remediarlo. Ni quiero. Tal vez no tenga ninguna utilidad práctica, salvo aprovecharme de los sentimientos de los demás para sacar información necesaria para los casos, pero existe. Y no soy inmune, no como creía. Déjame acabar-John lo miraba con la expresión incrédula y parecía que hacía el amago de decir algo, aunque nada salía de su boca.- Y aunque podríamos vivir sin amor, lo cierto es que soy feliz. Desde que te conozco soy más feliz. Porque antes solo tenía los casos, pero ahora tengo mucho más. Tengo tu compañía, e incluso la de alguna gente más que he ido aprendiendo a… bueno, algo así como disfrutar, tampoco es que me entusiasme la idea de que la señora Hudson me relate lo que le ha ocurrido a medio vecindario y no quiero conocer los detalles sobre la relación de Lestrad con mi hermano… pero es cierto que me gusta que estén ahí. Que estén vivos. Aunque sí quiero conocer todos los detalles sobre ti. Todo, aunque eso implique perder otros datos más útiles para la investigación, aunque preferiría no perderlos, la verdad.
-Sherlock… eso es muy…
-Lo siento John, por no habértelo dicho antes, por hacerte llorar. No llores más.
Rompió la distancia, ya muy corta entre ambos, y lo besó. Un beso dulce, primero casto, luego más pasional, pero sin invadir la boca ajena, solo disfrutando de la textura de los labios del doctor y de su sabor. Cuando eso no fue suficiente para ninguno de los dos, se atrevió a buscar la lengua de John, besándose hasta quedar sin aliento. Y al separarse para coger aire dejaron sus frentes unidas para no dejar de mirarse a los ojos.
Fue entonces cuando John pudo ver que los ojos de Sherlock también estaban teñidos de rojo, también había llorado.
-Maldito idiota…-Dijo con burla y sin poder esconder su sonrisa de felicidad.
Continuará…
Y hasta aquí el capítulo de esta semana…
Para el siguiente… sexo de reconciliación y más palabras moñas… y tal vez, solo tal vez (depende de si encaja en lo que escriba o no), veremos una reconciliación con el pobre Lestrad al que Sherlock dejó confundido y dolido (recordemos que también es su amigo) en el primer capítulo…
¿Qué les ha parecido? ¿Ñoño? ¿Surrealista? ¿Tal vez mal relatado?
Acepto comentarios y críticas constructivas.
Hasta dentro de una semana… (o semana y media… hay que estudiar… xP)
