Disclaimer: Este fanfic está basado en la serie kuroshitsuji, la cual es propiedad de Yana Toboso.
Aclaraciones: Disculpen si los personajes están un poco fuera de carácter y les suena algo cursi la situación, si los hechos históricos no son reales o los nombres de demonios mencionados en este fanfic no son necesariamente coincidentes con los que aparecen en demonología, ya que es un universo alternativo. También debo aclarar que esta primera parte del fanfic, se desarrolla en el infierno y han pasado cien años desde que terminó la segunda temporada del animé, por lo que las tendencias dependerán de la época preferida por los personajes, por ejemplo: A Ciel y a Sebastián les gusta la época victoriana, así que sus gustos irán más por lo clásico, el de otro demonio podría ser la edad media o la década de los 80 ¿me di a entender?, asimismo a medida que el fanfic avance, iré sugiriendo canciones e instrumentales. Lo que opinan los personajes está seguido del guión, lo que piensan está entre comillas.
Otra cosa no menos importante: esto es yaoi, ahora sí, ¡que disfruten! ^^
Capítulo 2: "Tiempo de vals en el palacio de los placeres"
En las bajas categorías del inframundo no era común tener un pacto marital, por lo general odiaban la idea de emparejarse; cuando necesitaban reproducirse, lo hacían apareándose salvajemente con el mejor postor, para después incubar masivamente en sus colmenas, Incluso estaban los que repudiaban la copula y se sacaban partes del cuerpo creando una extensión de ellos mismos. Distinto era el caso de la elite, que basaba su reproducción en la perfección del linaje: para ello debían encontrar a un incubo que tuviera cualidades demoniacas acordes a su poder e inteligencia y formar un pacto, al procrear lo harían intercambiando no solo sus fluidos, sino también sus esencias y emociones, de ello nacerían sus hijos, pequeños prodigios a los que instruirían fervorosamente… aquellos que liderarían estratégicamente en el mañana.
-o-
(Por favor acompañar esta escena con esta música: watch?v=OMe_yxJXq3c&feature=related )
La pareja nupcial salió del receptáculo con las manos entrelazadas y detrás de ellos venían los comensales, arrojando pétalos de rosas negras como era la costumbre de los demonios nobles.
Subieron al imponente carruaje que les estaba esperando; era de color ébano, con las manillas, los arcos de las ventanas y las ruedas doradas; además, para realzar más su majestuosidad, contaba con dos caballos brunos alados. El joven se sentó en el suave asiento de terciopelo rojo que daba a la ventana, Sebastián a su lado no hacía más que contemplar como la mirada orgullosa del ex conde, se extendía aún más allá de las tétricas nubes nocturnas.
Ciel, que había pasado tantos años junto a Sebastián, nunca había sentido curiosidad por saber quién era realmente o si tenía familiares en el inframundo; estuvo demasiado ocupado, aprendiendo a controlar sus poderes y cazando almas humanas durante las guerras acontecidas en aquél siglo.
En el momento en que esos demonios habían aparecido separándolos caprichosamente, comprendió cuan pequeño era su mundo, porque a pesar de ser ya un demonio, se sentía como un bebé aprendiendo a caminar; frágil e inseguro en un terreno que desconocía.
Raconto de las tinieblas.
Después de atravesar el portal, Ciel y las tinieblas habían aparecido en una lujosa habitación, lo llevaron frente a un enorme espejo y comenzaron a desnudarlo, el muchacho avergonzado intentó resistirse, pero eran increíblemente más fuertes que él.
A regañadientes, ingresó a otra lujosa recámara llena de baldosas con incrustaciones de diamantes; al centro, en el suelo había una especie de tina circular, donde procedieron a bañarlo curiosamente con la misma delicadeza minuciosa que Sebastián.
Mientras lo llevaban de nuevo a la habitación, quiso preguntar en donde estaba, pero ellas no contestaron, en vez de eso, lo voltearon boca abajo sobre la satinada cama y con sus mágicas manos comenzaron a darle un masaje con aceites y bálsamos; se sentía increíblemente sedado, tanto que no tenía ganas de pensar en preocupaciones, sin más cerró los ojos escuchando a lo lejos como las tinieblas susurraban…
-El nuevo señor es hermoso ¿no?-murmuró una de ellas admirando el cuerpo lechoso de Ciel a través de su velo.
-sí, él es digno de nuestro amo, tiene la piel clara y tersa, su alma oscura aún es tristemente dulce, que extraño-rumoreó otra.
-tal vez por eso lo eligió como su esposo-agregó una tercera tiniebla.
-pensé que no podían hablar-dijo Ciel con voz aburrida, las cinco doncellas se miraron entre sí y luego miraron al muchacho.
-claro que podemos-dijo la primera.
-pues, al menos deberían presentarse-instó el joven.
-no hace falta presentarnos, solo somos tinieblas… además, ya sabemos lo suficiente sobre usted-dijo el cuarto espectro sonriendo mientras le susurraba al oído.
-¿qué es lo que saben de mi?-demandó saber el joven con gesto de superioridad.
-nosotras sabemos su historia, hemos visto desde las sombras su sufrimiento, el dolor de su orgullo herido, las noches de llanto silencioso que nunca quiso mostrar a nadie, la soledad, la desesperación al sentir la frialdad de nuestro príncipe cuando usted fue convertido en demonio, sus sentimientos por él, lo sabemos todo-susurraron las cuatro al mismo tiempo.
-¡cállense!-gritó lleno de cólera.
-tranquilícese por favor, es necesario que hablemos de esto para prepararlo-habló la primera dándole suaves caricias en la espalda.
-¿prepararme? ¿Para la boda?-preguntó Ciel confundido e irritado.
-sí, futuro amo, aún tiene una herida que provoca un conflicto en su interior-dijo la segunda doncella, embriagándose con las emociones tristes que estaba emitiendo Ciel.
-….
-usted dijo: "acepto ser tu esposo, pero ha dudado" nosotras lo hemos visto…- espetó la tercera.
-por favor no tema, siéntase orgulloso de unirse a nuestro señor-terminó por decir la cuarta en tono amable, pero Ciel ya no podía soportar más sus murmuraciones.
-¡ustedes creen que esto es fácil, pero realmente es complicado! ¿Acaso creen que es divertido ser odiado por más de cien años? Cuantas veces intenté arrancarle una sonrisa, cuantas veces yo…-quiso rebatir Ciel, sin embargo, fue detenido por una voz seria y seca.
-El príncipe solo trató de hacer lo posible para no sucumbir a ese sentimiento tan insignificante, pero usted continuó arrastrándolo al abismo-amonestó la más callada de los espectros, que hasta entonces solo había estado escuchando un ir y venir de cuchicheos. Tenía la sensación de que el muchacho podría matarle solo con la mirada, pero aún así prosiguió-como era de esperarse, el amo ha hecho uso de su inteligencia para sobrellevar esta situación embarazosa formando un pacto marital para disimular que lo ama.
-¡shhhhhhhhhht!-le lanzaron las tinieblas a coro, como si hubiera dicho algo indebido y temieran ser escuchadas por otros demonios.
-En dos días más será la boda y estará invitada toda la corte, a esas alturas ya no habrá nada que ocultar, para ese momento todos sabrán que el príncipe desposará a un vulgar convertido-la voz de la quinta que sonaba llena de desprecio, añadió- Ciel Phantomhive, usted le ha causado muchos problemas a mi amo, jamás se lo perdonaré- su voz lúgubre cargada de mala leche, había calado profundo en la cabeza del joven demonio, que pese a todo continuaba con la frente en alto, mirándola con sus ojos cobaltos que se volvieron carmín de pura ira.
Nadie supo por cuánto tiempo la tensión se había apoderado de la sala, pero lo descubrieron cuando sonaron unas campanadas a lo lejos…
-Futuro amo Ciel, llegó la hora de que se pruebe su traje de bodas- comentó tímidamente una de las que había estado hablando como lora.
Ciel no respondió, lo que había dicho la quinta tiniebla era verdad, iba a ser repudiado por no ser de sangre pura, sentía como si ella lo estuviera culpando de la imbecilidad en la que Sebastián había caído por amarle.
Para cuando volvió de su reflexión, estaba vestido con un traje negro como la noche, lleno de volantes, piedras preciosas y detalles.
(Siguiente música de fondo: watch?v=XrMTeUbl3Ak)
Al día siguiente, se percató de que las doncellas se estaban distanciando de él, casi no le hablaban a menos que fuera estrictamente necesario. Deambuló toda la tarde por aquella enorme mansión tratando de aguantar el peso de la soledad; se concentró en ensayar sus líneas para el ritual y mientras las recitaba, sintió la imperiosa necesidad de salir a buscar a Sebastián a donde fuera que estuviera, con el fin de abrazarlo fuertemente y expresarle cuanto lo extrañaba, decirle fervientemente que tenía razón, que lo amaba desde antes de ser un demonio. Un rato más tarde recibió un ramo de rosas blancas y una caja, ambos presentes enviados por Sebastián a través de un mensajero, dejó el ramo de rosas con cuidado sobre su mesa de noche y abrió la caja, en su interior habían dos cosas: un trozo de pastel de chocolate y una nota, cuando la leyó una sonrisa se dibujó en su rostro mientras un sonrojo teñía sus mejillas.
"Mi amado:
Supuse que ya estaría extrañando mis postres, así que he horneado el pastel de chocolate que tanto le gusta, espero que sea de su agrado, así como también espero verle mañana, no sabe cuánto lo extraño… siempre suyo, Sebastián"
-ese idiota, tan cursi y romántico.
Fin del Raconto de las tinieblas.
-o-
Ya casi estaban a punto de llegar a su destino. Sebastián suspiró, moría por sentarlo en sus piernas y colmarlo de caricias indecorosas. Bueno, ahora era su esposo podía hacerlo ¿no?
Sin previo aviso tomó al muchacho demonio de la cintura y de un jalón lo sentó en su regazo, Ciel contuvo un chillido de estupor; se contemplaron, uno con los ojos como platos, el otro con una sonrisa en su rostro…
-disculpe mi atrevimiento esposo mío.
-¿se supone que debo perdonarte?-el chico entrecerró los ojos con falso enojo.
-se supone ¿debo redimir mis faltas con un beso? ¿Quizás?-tanteó Sebastián tratando de convencerle, Ciel continuó mirándolo con sus ojos de zafiro que de pronto se volvieron vidriosos, estaba totalmente perdido de amor por ese endemoniado ser, ahora lo confirmaba.
-¿Ciel, estás bien?-el moreno no tuvo más tiempo para preocuparse por su extraño comportamiento, lo último que escuchó salir de la boca del joven fue: "no más palabras" y entonces un delicioso sabor llenó sus sentidos; Ciel lo estaba besando con fuego, sus labios inexpertos y torpes intentaban degustar con ímpetu los suyos, que estaban abiertos de asombro.
Con rapidez, Sebastián rodeó su pequeña cintura, correspondiendo a sus demandantes besos como si no hubiera mañana. Ciel complacido, pasó sus brazos por encima de los hombros de su esposo, estrechando aún más sus cuerpos. La boca de Sebastián inició un camino de besos desde su mandíbula al lóbulo de la oreja, la cual lamió ávidamente, provocándole un estremecimiento tal, que no pudo contener un gemido de placer. Él sonrió extasiado al escucharle, ¡oh sí!, quería seguir sacándole suspiros y volverlo loco con sus caricias, pero entonces, para su decepción al mirar de reojo por la ventanilla, vio que los caballos ya habían llegado a suelo firme, como pudo bajó el ritmo de sus mimos para advertir a su marido que estaban en el palacio.
-Ciel, querido… hemos llegado- susurró el demonio con voz sexy.
-¿Tan… harf… rápido?-dijo con la respiración acelerada intentando recuperar el aliento, ese demonio lo ponía a mil.
-Ébano y Trueno siempre han sido muy veloces, pero no comas ansias querido, podremos continuarlo en nuestra noche de bodas-musitó en su oído.
Ciel sentía que su rostro, antes rojo de vergüenza, ahora estaba pálido como una hoja de papel, sin duda aún tenía que enfrentar esa "otra circunstancia", pero ¿cómo? Y lo más importante ¿Qué o quién podrá brindarle dicha información?
Como siempre, Sebastián se encargó de arreglar su cabello desordenado y su ropa desaliñada, luego bajó del carruaje y le ofreció el brazo, el cual tomó para entrar juntos a los grandes salones del palacio de los placeres.
(A contar de aquí, por favor hacer clic en este enlace y seguir leyendo: watch?v=ZNqMnfCxxC4&feature=related)
Las puertas se abrieron de par en par, dejando escuchar una pomposa música de vals desenfrenada. Ciel tenía la boca abierta, ni en su vida humana había visitado un palacio tan monumental y ostentoso, el de Londres no le llegaba ni a los talones; El suelo era de lapislázuli, los arcos del más fino granito, la luz de los candelabros que colgaban del techo parpadeaban delicadamente para dar el ambiente perfecto, los pilares estaban decorados de rozas azules y negras en forma de enredaderas. La música era tocada por una gran orquesta en uno de los tantos proscenios, mientras que bailarines, sopla fuegos, trapecistas y equilibristas daban el ambiente festivo.
El lugar estaba conglomerado de la más alta elite demoniaca, sus rostros eran atractivos al igual que sus cuerpos, sus ojos eran de los colores más extraños que se pudiera imaginar, su piel sin rastro de arrugas o impurezas, sus cabellos finos, sus trajes despampanantes que se movían al compás del vals infernal, todo en ellos era perfecto.
Nada más poner un pie dentro del palacio, la orquesta se detuvo e instantáneamente, sonaron un par de trompetas provenientes de los altos balcones; los presentes se inclinaron abriendo paso a los novios. Ciel en tanto se sentía completamente fuera de lugar; si bien fue conde alguna vez, nunca había tenido el lujo de que alguien se inclinara ante su presencia a parte de sus sirvientes, era tan extraño que no sabía cómo debía comportarse, por lo que se limitó a imitar a su esposo que sonreía gallardamente con aire poderoso… al verlo así, no pudo evitar pensar que era increíble que haya sido su mayordomo… eso explicaba sus modos respetuosos, su gusto por la comida de calidad (almas), su inteligencia estratégica y su maldita caballerosidad, sintió tanta curiosidad por saber qué tipo de príncipe era, la razón por la cual había ido a buscar almas a la tierra en primer lugar ¿Quién era Sebastián?
-Demos la bienvenida al príncipe Darkon, príncipe de la falsa ilusión y a su esposo Ciel, demonio del orgullo- todos los presentes aplaudieron.
Ciel bastante incómodo con la situación le dedicó a su marido una mirada que expresaba un claro: "sácame de aquí inmediatamente", pero éste sólo le devolvió una de sus sonrisas socarronas y luego anunció…
-A todos los presentes miembros de la corte real, muchas gracias por haber asistido a nuestra boda, estamos gratamente complacidos de que hayan aceptado nuestra relación, en agradecimiento hemos preparado un gran baile y un banquete de almas que les encantará, bailen y disfruten a sus anchas-mandó el príncipe demonio, levantando una copa de sangre, el resto imitando le contestó al unísono.
-¡en vuestro honor su majestad!
Los demonios bebieron de sus copas y al instante se sintieron drogados por el sabor de las almas contenidas en el rojo líquido, sus ojos diabólicos brillaban al rojo vivo mientras sus colmillos se asomaban. Pasado un breve momento, la orquesta demoniaca volvió a sonar, alentando a los invitados que no dudaron en salir a bailar con sus parejas.
-esto es sangre humana ¿Sebastián?-preguntó Ciel contemplando el interior de su copa.
-sí, ¿le gusta?
-sabe a vino, aunque diferente… como a miedo… terror…
-ya está todo un experto en identificar las emociones de las almas, seguro que disfrutará degustando del banquete esposo mío-ofreció el demonio sonriendo, Ciel le devolvió el gesto complacido, -Sebastián, ¿tuviste algo que ver con eso no?-preguntó el muchacho sonriendo cínicamente mientras veía como los sirvientes llevaban las copas y las charolas llenas de exquisitos manjares, lo conocía a la perfección.
-yo nada, solamente moví un poco las piezas aquí, causé unos cuantos males entendidos por allá y hubieron tantas víctimas simultáneamente, que tuve que pedirle ayuda a uno de mis aliados para que no se perdiera ni una sola alma.
-ja, me lo esperaba-rió el ojiazul.
El príncipe lo tomó de la cintura, encaminándolo hacia la parte oeste del salón, donde se encontraban: lores, presidentes, marqueses, duques y otros príncipes del mal. Todos estaban sentados cómodamente en finos sillones de cuero, al verlos inclinaron la cabeza a modo de saludo, Sebastián y Ciel correspondieron de la misma manera.
-Príncipe darkon, denos el honor de conocer a su esposo-llamó un joven de sonrisa misteriosa.
-teniendo en cuenta su gran astucia duque, estoy seguro que ya sabe de sobra-contestó Sebastián con ojos de hielo y una sonrisa torcida.
-tiene razón, pero supongo que él sí querrá saber quiénes somos nosotros, veo su rostro lleno de dudas-dijo con fingida inocencia el duque, en respuesta el príncipe dio un respingo.
-Cariño, permíteme presentarte a la alta sociedad del bajo mundo, ellos son: Debrial, Asmos, Belialle, Magietté y hexeón, magistrales infernales.
-es un placer-dijo mecánicamente el muchacho, no se animaba a más, pues sentía como si estuviera siendo damnificado por esos ojos escudriñadores.
-¡pero vaya! que tímido es su magnificencia, no pasará nada, no te vamos a comer pequeño-le dijo alegremente Magiatté, una bella mujer de cabellos dorados y ojos de rubí, sus senos se asomaban provocativamente por encima de su traje de encajes y perlas negras. Ciel estaba tentado de contestarle, pero algo le decía que no iba a ser buena idea, por lo que calló sabiamente mordiéndose todas las ganas que tenía de partirle el cuello y hacer rodar su cabeza por el salón. Asmos sonrió divertidamente al sentir como el aura del joven príncipe se estaba volviendo amarga y oscura.
-vamos pasen a sentarse, tenemos un espacio especialmente reservado para ambos-dijo haciendo un ademán con su mano, la pareja aceptó la invitación.
-ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos vimos, su alteza-dijo el duque Debrial.
-estuve algo ocupado a decir verdad-contestó Sebastián.
-tratando de tomar su cena y fallando en el intento, supongo-se burló el demonio, mientras ciel ya sentía que el par se iba a matar a golpes en cualquier momento.
-y supongo que usted quiso tomar mi lugar mientras estaba en la tierra.
-por supuesto, pero nuestro emperador llamó a Malphas para que se hiciera cargo, era lógico ya que fue vuestro maestro.
-y hablando del diablo…-señaló Hexeón, al ver entrar en el palacio a Malphas seguido de sus subordinados, acompañado de nada más y nada menos que del emperador.
Las trompetas sonaron anunciando su llegada, fueron presentados como: Lucifer emperador de los demonios y Malphas maestro regente de la discordia. Tras inclinar la cabeza, los demonios dejaron abierto el paso para que el más poderoso de ellos felicitara a la pareja de novios.
-enhorabuena por su matrimonio príncipe darkon, me alegra que haya encontrado a un súcubo digno de su compañía.
-el honor es mío gran emperador ya que ha sido usted el que lo ha aprobado y el que ha presidido personalmente nuestra unión-le contestó Sebastián haciendo un ademán de reverencia, la mirada de lucifer se clavó en la atónita de ciel que acababa de darse cuenta, de que el hombre misterioso que los había casado era el mismísimo emperador, de no haber tenido orgullo su quijada abría caído al suelo.
Lucifer se sentó junto a ciel y Sebastián, tomó las manos ensangrentadas de ambos y con voz suave habló…
-ciel, cuida bien de él ya que es mi pequeño tesoro.
-lo haré-dijo el muchacho recuperando el temple, mirándolo profundamente con sus ojos cobalto que no mostraban ni un ápice de temor, a lucifer le agradó esto y sintiéndose complacido hizo un chasquido con sus dedos, inmediatamente la orquesta volvió a sonar y los invitados comenzaron a bailar al ritmo de un vals demoniaco.
En un extremo del salón donde se encontraban los grandes comedores, numerosos sirvientes preparaban la mesa para la cena, entre ellos los Phantomhive.
-Si tan solo pudiéramos ver a bochan y a Sebastián san bailar-se quejó finny haciendo una mueca de tristeza, mientras miraba resignado en dirección a la fiesta.
-todos tenemos ganas de verlos, pero hay que seguir trabajando, aún queda mucho por hacer, miren cuantos cubiertos quedan aún por poner-dijo bard llevando en sus manos los set de cuchillería.
-jojojo…-tanaka seguía como de costumbre tomando su té verde en un rincón y snake acomodaba las sillas junto a otros sirvientes, que lo miraban curiosos por las serpientes que salían de su chaqueta.
-finny no hay nada mejor que servir a bochan y a Sebastián san, esforcémonos para que ellos estén orgullosos de nosotros-animó con alegría la doncella de gafas, pasando con una charola de plata que al instante se elevó en el aire, ya que tropezó torpemente con una de las sillas y habría tirado la comida si no hubiera sido porque un muchacho pelirrojo apareció salvando la situación.
-ustedes, no es necesario que estén aquí, los sirvientes de la oscuridad se encargarán de todo, vayan a divertirse-dijo el muchacho con la charola en sus manos, los cinco sirvientes atónitos no le despegaban los ojos de encima ¿Quién era ese chico?
-¡yayyyyyyyyyyy! ¡Vamos a ver al amo! ¡Muchas gracias!-chillaron a dúo may leen y finny chocando las palmas con felicidad, mientras que tanaka, bard y snake se inclinaban en señal de agradecimiento.
-que tropa de inútiles, no sirven como sirvientes… pero si como guardianes, deberán ser entrenados-dijo Dibrid uno de los subordinados del príncipe darkon.
-claro, yo me encargo-le contestó artixas sonriendo endemoniadamente.
En tanto…
-¿me concede un baile my lord?-ciel se sorprendió al escuchar a Sebastián llamarle así, pero dio justo en el clavo, se sentía más cómodo de todos modos.
-estaría encantado, pero solo si usted lleva mis pasos, nunca he sido un buen bailarín-soltó ciel con falsa modestia mirando a su esposo con complicidad.
-no se preocupe my lord, solo déjese llevar y disfrute-invitó el moreno ofreciéndole la mano, ciel la tomó y se dirigieron a los grandes salones donde una nueva tonada comenzó a sonar, los invitados salieron de la pista para observarlos y rumorear mientras ellos en el centro danzaban ajenos a todo.
Siguiente instrumental… "demon waltz" watch?v=6NSvJYoNOvI
El príncipe llevó a ciel con pasos de plumas, suavemente al ritmo cadencioso y lúgubre de la música, sus ojos carmín detrás de esas largas y oscuras pestañas solo podían observar la hermosura de su amado; el sonrojo en sus mejillas, sus labios perlados de brillo, esos ojos azules… tan llenos de nostalgia, su amor era un demonio de cien años, había tomado ya muchas almas, presenciado horribles muertes y ocasionado innumerables crueldades, mas detrás de esa máscara demoniaca, podía ver todavía al niño indefenso, ingenuo y herido que se aferró a él como si fuera el último hilo del cual pendía su existencia.
Ante los ojos demoniacos que los observaban, ellos parecían tener la forma de un cuervo negro y una mariposa azul, ambos volando en una danza llena de romance.
Lucifer sonrió resignado, bajando la mirada como si estuviera recordando el momento en que conoció al cuervo por primera vez… que momentos tan divertidos le ofreció ese maravilloso ser.
-cuando se acabara esta maldita fiesta mi señor, estoy cansado de estar en esta forma humana ¿por qué tenemos que disfrazarnos frente a ese humanoide?-rezongó el duque Debrial con gesto despectivo.
-Debrial, Debrial… has de mejorar tu estética, estas siendo muy molesto con tus comentarios-le dijo lucifer sonriendo con sorna.
-lo siento mi señor-se disculpó sintiendo el aura de su emperador encajándose cruelmente en la suya, haciéndolo sentir extremadamente angustiado.
-hemos de mantener forma humana para hacer sentir cómodo al joven príncipe, todo tiene que ser tal y como darkon lo planeó.
-si mi señor.
(Siguiente vals watch?v=CY298YD2kZw&feature=related)
El vals había terminado de sonar, los comensales aplaudieron a sus príncipes y tras comenzar la nueva pieza todo el mundo se puso a bailar, el enorme salón se llenó de demonios que danzaban al son de los violines, Sebastián consideró que era demasiado pronto como para dejar descansar a su bochan, por lo que aprovechando el impulso, envolvió su brazo en torno a la parte baja de su espalda y con un movimiento inesperado que casi le quitó el aliento al joven, cerró el espacio que había entre ellos, estrechando sus cuerpos.
El oscuro corazón de ciel, o lo que quedaba de él, latió alocadamente. En una milésima de segundo, el hombre al que ahora debía llamar esposo había causado un caos en todo su ser; la lujuria y el deseo bullían en su interior casi sin control alguno, las palabras que ese demonio susurraba en su oído lo estaban volviendo loco y los giros de vals que se hacían cada vez más vertiginosos le estaban haciendo perder el sentido.
-te deseo… mi señor-susurró haciéndolo estremecer.
-Sebastián… para-ordenó el joven al sentir la boca de Sebastián en su cuello, pero éste le ignoró y degustó esa lozana piel afiebrada, deleitándose con su sabor. Ciel no pudo más, lo que sentía era incontrolable, todo su cuerpo estaba excitado, hasta la última punta de su cabello.
-ha…-gimió, el príncipe alagado sonrió diabólicamente y acercó sus labios a los suyos solamente rosándolos, el menor se sentía morir de impaciencia, no le importaba lo que los demás a su alrededor pensaran de él, el necesitaba de los besos de su amado.
Una joven había invitado a bailar a finían, bard animándose había sacado a may leen también y entre tanto habían estado viendo como sus amos bailaban mágicamente en aquél salón.
-Sebastián san y bochan hacen linda pareja-soltó finny de pronto, la muchacha de cabellos blancos lo miró sin entender, el muchacho rubio señaló a los príncipes.
-haa, así que ellos son tus amos, pues si, se ven muy bien-dijo la albina y luego agregó-parece que algo le pasa a tu compañera de labores.
-¿he?-finny miró en dirección hacia donde bard bailaba con may leen y vio que estaba como una remolacha, con un hilillo de sangre que le bajaba por la nariz, consecuentemente miró hacia donde estaba puesta su mirada y se sonrojó violentamente al contemplar como Sebastián besaba insaciablemente la boca de su amo…
Para su alivio, o para el desagrado de otros, la música se detuvo abruptamente anunciando la hora de la cena…
Ciel al fin se vio libre de los besos de su esposo, estaba temblando cuando regresó a la realidad, el maldito lo estaba seduciendo y él no había hecho nada aún para atraerlo.
-su atención por favor, es un honor invitarles a pasar a los comedores, un banquete de exquisitas almas está esperando por ustedes-dijo el ex mayordomo sonriendo como si nada, de reojo miró a su niño y casi cayó en la tentación de reírse a carcajadas, iba a ser divertido ver cómo se las arreglaba el joven para sentarse a la mesa con un problema entre las piernas.
Continuará…
