Anteriormente:
-Lo siento John, por no habértelo dicho antes, por hacerte llorar. No llores más.
Rompió la distancia, ya muy corta entre ambos, y lo besó. Un beso dulce, primero casto, luego más pasional, pero sin invadir la boca ajena, solo disfrutando de la textura de los labios del doctor y de su sabor. Cuando eso no fue suficiente para ninguno de los dos, se atrevió a buscar la lengua de John, besándose hasta quedar sin aliento. Y al separarse para coger aire dejaron sus frentes unidas para no dejar de mirarse a los ojos.
Fue entonces cuando John pudo ver que los ojos de Sherlock también estaban teñidos de rojo, también había llorado.
-Maldito idiota…-Dijo con burla y sin poder esconder su sonrisa de felicidad.
Capítulo 3: A little laughter Una pequeña sonrisa
A estos primeros besos les siguieron más, cada vez más audaces y más exigentes. Sherlock no sabía que era exactamente aquello que comenzaba a crecer en su interior con tanta fuerza pero algo le decía que no debía dejar escapar a John de sus brazos.
Las mejillas de John se habían teñido de un rosado que poco a poco se extendía más y más. Y entonces ahí estaba. Esa mirada. Esa sonrisa. Dulces, penetrantes, tan… John. Desde el primer día que Sherlock las descubrió tras un caso supo que esa sería su expresión favorita y que no dejaría que John la perdiera.
Ahora que lo pensaba había estado enamorado de su compañero más tiempo del que él mismo creía. Una sonrisa más tímida nació de su boca. Un movimiento corto, dulce e ilógico (¿Por qué la simple sonrisa de John lo hacía sonreír a él también?). Su sonrisa no era tan amplia y dulce como la de John, no iba con él, aun así le gustaría mostrarle al doctor lo mucho que lo apreciaba.
-Tienes una sonrisa preciosa, Sherlock.
Sherlock abrió los ojos con sorpresa y como acto reflejo amplio un poco más su sonrisa.
-¿Eso crees?
-No lo creo, lo sé. ¿No me crees?
-Es difícil creer que yo pueda…
-Idiota
Otro beso los unió, está vez más profundamente hasta que sintieron la necesidad de respirar (ya sabéis, ese acto tan necesario para vivir).
John se abrazó casi posesivamente a Sherlock, como temiendo que cambiara de idea y se marchara o encontrara algo mejor que hacer. Sherlock solo pudo devolverle el abrazo tan bien como supo. No es que nunca antes se hubieran abrazado, pero algo en el abrazo siempre le hacía sentir extraño. Tal vez la cercanía a la otra persona. O sentir el corazón ajeno latiendo tan cerca del suyo. No sabía qué era, pero le gustaba y le asustaba.
-John…- Casi susurró- John, te quiero.
-Lo sé. Yo también.
John alzó la mirada para contemplar directamente los ojos de Sherlock. Realmente tenía unos ojos preciosos, tan claros. Sus pupilas se dilataron con la presencia de ese par de ojos que lo observaban (para gustarle tanto observar a la gente se ponía realmente nervioso cuando la mirada se dirigía a él) y John no pudo evitar besarlo.
A partir de ese momento todo se volvió más confuso y mucho (mucho) más caliente. Sus respiraciones se aceleraron y comenzaron los primeros jadeos. Ninguno de los dos iba a dejar que el otro ganara en esa ''guerra''. Los besos empezaron a ser insuficientes y las caricias aparecieron para recorrer y explorar el cuerpo ajeno. Todo era poco y nada suficiente.
John consiguió zafarse un momento de Sherlock para mirarlo. Estaba tan condenadamente sexy cuando se excitaba. Porque sí, estaba muy excitado. Ambos lo estaban. John intento tomar el control de la situación y arrastró a Sherlock contra la pared, justo donde lo quería. Así no podría huir. Sólo esa idea consiguió que en su mente aparecieran todas esas fantasías que había tenido durante un tiempo y ahora podrían ser realidad. Pero cometió un error. Un solo segundo, lo que tardó en abrir el cofre de la lujuria y morder su labio inferior de forma inconsciente fue suficiente para que Sherlock le diera la vuelta a la tortilla. Para cuando John quiso darse cuenta ya era él el que se encontraba atrapado entre su compañero y la pared. Y no puede decir que eso le molestase en absoluto.
Normalmente Sherlock dejaba que John tomara el control en estas situaciones, pero esta vez quería enseñarle que no solo se le daban bien las deducciones.
El primer paso, eliminar todos los elementos sobrantes. Así que mientras besaba a John, en la boca, la mejilla, la nariz (con una pequeña sonrisa de ambos), el cuello… fue apartando toda la ropa de ambos. Todo sobraba.
Sus torsos ya estaban al aire cuando John se dio cuenta de que Sherlock estaba dispuesto a arrancar todo lo que llevaba encima. La idea de hacerlo allí mismo, en el recibidor no le molestaba, no en sí, pero no estaba seguro de las condiciones higiénicas del suelo, además seguro que estaba frío como un muerto. ¡Oh! ¿Qué hacia pensado fiambres* (*muertos) en un momento como este? No. Piensa en Sherlock.
-Sherlock…-Un gemido lo interrumpió. Sherlock ya empezaba a bajar hacia el botón de sus pantalones asegurándose de ir marcando el camino con besos. -Sherlock… el suelo estará sucio… -Otro gemido- y frío.
-En realidad… - Su voz se había vuelto más grave, su mirada más pícara, y su boca teñida de rojo por los besos se torcida en una sonrisa que no presagiaba nada bueno, o más bien demasiado bueno - había pensado en algo más vertical.
Y desabrochando el botón y prácticamente arrancándole los pantalones lo elevó hasta dejar ambos miembros juntos y a un pobre John algo descolocado. Ya solo con los calzoncillos encima John intentó agarrarse a Sherlock ''abrazándolo'' con sus piernas y quedando bien sujeto a éste que a su vez se quitaba sus propios pantalones y quedar en la misma situación de desnudez que el doctor.
Lo cierto es que aquello era excitante e incomodo a partes casi iguales, pero ambos estaban ya muy calientes y sólo pensaban en aumentar el roce entre sus cuerpos.
En un intento casi patético de Sherlock por comenzar un movimiento placentero entre su pene ya casi totalmente erguido y el de John sin acabar con los besos que ambos se deban perdió el equilibrio dejando a John separado de la pared y tras un pequeño traspié con sus ahora enrollados y maltrechos pantalones ambos fueron directos al suelo, uniéndose así a la ropa y al frío.
Por suerte el golpe no les dolió demasiado a ninguno de los dos ni hubo ninguna tragedia que lamentar, pero dejo unas caras de susto y desconcierto en ambos que no tenía precio. De golpe John empezó a reír a carcajadas.
-Ya sabía yo que esto no resultaría… JAJAJAJA.
Sherlock no tardó mucho en unirse. Aquello realmente era de risa.
-Esos malditos videos porno. Realmente no ayudan. Todo parece tan sencillo.
John lo miró incrédulo. ¿Videos porno?
-¿Videos…? –Sherlock lo miró asustado, tal vez aquello no era lo adecuado en una pareja. Pero John no tardó ni dos segundos en volver a reír más fuerte aun. – Dios, Sherlock. No puedes intentar imitar un video porno. No son situaciones reales. Míranos.
Cuando las carcajadas de ambos cesaron se miraron.
-¿Cama?
-Sí.
Y casi sincronizados salieron corriendo escalera arriba olvidando toda la ropa y sobre todo a esos pantalones traidores.
Sherlock llegó antes saltando en plancha sobre la cama. John lo miró divertido, parecía un crío. E inmediatamente después saltó sobre él.
-Gané.
-Jajaja, tienes las piernas más largas. Eso es trampa, Sherlock.
-Oh, venga ya John. Ha sido totalmente justo. Has perdido y ahora quiero mi premio.
John alzó una ceja y lo miró con deseo mientras dejaba asomar su lengua que se paseaba por su labio inferior. Empezó a acariciar el cuerpo de Sherlock y a susurrarle cada movimiento que hacía y lo que iba a hacer a continuación. Sherlock no podía resistirse y mordiendo suavemente la oreja del doctor empezó a bajar sus manos hasta los calzoncillos de John. ¿Por qué estarían aun ahí? Fuera.
Colocó a John totalmente tumbado y él se levanto. Quería verlo, allí tumbado, desnudo, excitado. Su piel morena, su pelo rubio, esa cicatriz, esos ojos tiernos, su cuerpo cálido con músculos ligeramente marcados seguramente por todo el ejercicio que hacía cada vez que salían a un caso y por sus entrenamientos matutinos para mantener el ritmo, su pene erguido, sus cortas piernas,…
-John.- Suspiró casi sin darse cuenta.
Pero sobre todo quería que John lo mirara a él. Quería que viera como se quitaba poco a poco los calzoncillos, primero viéndolos bajar con un poco de vergüenza por su evidente calentón, después alegre al mirarlo a él tumbado allí mirándolo con deseo. Sherlock era físicamente muy distinto. Con largas piernas, su piel blanca como la nieve, su cabello oscuro y casi siempre revuelto, su mirada fría y analítica (exceptuando cuando la dirigía a John), su delgadez casi extrema. Todo era diferente. Pero a John le gustaba que fuera diferente, aunque no le gustaba nada la delgadez, sin duda era peligrosa para su salud.
Cuando Sherlock estuvo completamente desnudo se colocó sobre John y lo besó, primero lento y suave, para después aumentar el ritmo y la intensidad. Pero Sherlock no tenía suficiente, tenía que besar a John en todos los sitios. Descendió por su cuello, siguiendo por su pecho, su estomago (en el que hizo una parada para jugar con el ombligo) hasta acabar en su pene. Besó la punta, con cuidado y de algún modo entre tanta lujuria con cariño. Luego atacó a la cara interna de los muslos de John mientras con una de sus manos masturbaba cuidadosamente el pene, ya muy listo para la acción. John no conseguía decir nada. Sólo gemía y miraba a Sherlock que parecía muy entretenido haciendo lo que quería con el pequeño militar.
-Sherlock… -Consiguió articular entre gemido y gemido.- Si vas a hacerlo más te vale no… no tardar mucho. ¡Joder!
El detective sonrió. Que impaciente se volvía John en el sexo. Aunque él también estaba impaciente, tenía que admitirlo. El sexo había pasado a ser una de sus actividades favoritas.
Cogió el lubricante y con la mano que no estaba ocupada con el miembro ajeno comenzó a acariciar el culo de John. Poco a poco introdujo el primer dedo en el orificio y pronto le siguieron otros dos. Intentaba encontrar la próstata. John siempre la encontraba muy rápido y él no quería defraudarlo.
-He estado investigando sobre el sexo.
-¿En los videos porno? Sherlock, no creo que esos hechos sean válidos para tu investigación. –Gemido- ¡Oh, Dios! ¿Era eso lo que buscabas no?
-Sí.
Sherlock estaba contento y de nuevo parecía un niño que por fin sabía cómo encender su juguete. De algún modo se las apañaba para parecer hasta adorable. Maldito loco detective consultor que se comporta como un niño pero siempre lo sabía todo con un puñetero vistazo.
-Sherlock, o empiezas o tendré que moverme yo solito.
-Ya, ya…
Empezó poco a poco entrando. Madre mía, sí que era una sensación placentera y John no parecía estar sufriendo (ese era sin duda su mayor miedo, a la mínima señal pararía). Cuando por fin estuvo completamente dentro espero un poco para que John se acomodara y entonces empezó el movimiento
John estaba debajo suyo, acompañando su movimiento de caderas y abrazándolo para estar más cerca. Pronto ambos comenzaron a gemir casi al compás mientras se besaban, se llamaban y daban alguna que otra explicación sobre la posición siguiente.
Todo parecía un juego, donde de vez en cuando se cruzaban sus miradas y sonreían e incluso soltaban alguna que otra carcajada porque, tal vez John o quizás Sherlock, soltaba alguna broma que sólo ellos entendían, o acariciaba una zona especialmente sensible, o simplemente porque eran ellos y estaban allí juntos, divirtiéndose.
Las caricias, los besos, los movimientos de caderas, sus miradas, los mofletes rojos de John y la sonrisa pícara de Sherlock. Todo esto y todo lo que simplemente no he podido describir. Todo consiguió que ambos llegaran al orgasmo, abrazando al otro, gritando su nombre y oliendo su aroma a sudor, desodorante y té.
Finalmente Sherlock calló rendido sobre el pecho de John, que no pudo evitar acariciar su cabello y justo antes de caer dormido susurrarle.
-Te quiero.
Y apenas escuchar a Sherlock responder:
-Yo también te quiero John.
-Tendremos que recoger nuestra ropa.-Aunque esto último no recuerda si lo dijo despierto o ya dormido.
Unas cuantas horas después, en un pequeño piso en Londres un móvil suena. Lestrade mira su móvil, no puede ser que sea la alarma, aun es temprano. Pero no, no es su móvil.
-Mycroft… ¿Suena tu móvil?- Dice pesadamente dejando su propio móvil en …, bueno dejándolo caer al suelo. Mierda. Se me ha caído, bah, ya lo cogeré cuando suene la alarma. Piensa aun muy dormido para calcular donde está la mesita. Y se vuelve para mirar al hombre acostado a su lado que perezosamente lee un nuevo mensaje.
-Creo que es para ti.-Dice casi en una risa.
-¡¿Para mí?!...- Y comienza a leer el mensaje en voz baja.- ''Mycrotf, dile a Lestrade que tal vez me pasé. SH'' . Jajajaja, ¿Es una disculpa?
-Es lo mejor que sacarás de mi hermano.- Dice mientras se abraza a él.- El doctor lo habrá hecho entrar en razón. ¿Qué ha hecho esta vez?
-Ya no importa.
Y siguieron durmiendo.
END.
Sí, podéis matarme (o intentarlo) por haber tardado tanto en actualizar y que este sea el resultado.
No sé si les ha merecido la pena esperar, pero es lo mejor que he podido hacer. Y pido disculpas por los nombres mal puestos en otros capítulos (espero que en este estén bien)
PD: No, las escenas de sexo no se me dan bien, prefiero leerlas.
Achlys-Nyx
