Hola a todo el mundo ^^ desde ya quiero agradecer a todas las personas que están leyendo este fic, me siento muy contenta de que les guste la forma en la que escribo, la verdad es que no me tenía mucha fe, pero lo intente al menos, bueno acá los dejo con un nuevo capítulo, pero les advierto que hay lemon yaoi y que al menos a mi me produjo mucho nosebleeding mientras lo estaba escribiendo.
Disclaimer: Este fanfic está basado en la serie kuroshitsuji, la cual es propiedad de Yana Toboso, algunos personajes están creados por mí.
Aclaraciones: en este capítulo hay varios OC creados por mi y otros basados en demonología, este fanfic contiene diferentes tipos de música, desde clásica a rock y new age. Lo que opinan los personajes está seguido del guión, lo que piensan está entre comillas.
Capítulo 4: "Conexión etérea"
Escenas del capítulo anterior…
-t… tú… estas sondeando… ¡no lo hagas!-exclamó lleno de terror ante los amargos recuerdos que pasaban como flashes por su memoria, aquellas manos, ese olor repugnante a sudor y sangre, esos miembros entrando y saliendo de su cuerpo desvalido-si, Asmos estaba disfrutando de esa situación, el dolor de ciel era semejante a un elixir placentero, quería romperlo, quería dañar la unión entre él y Sebastián, que su matrimonio nunca se consumiera en las llamas de la pasión.
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(Kuroshitsuji OST 2 ∞ Call thy name "Stella Mystica")
-pobre iluso ¿creías que podrías venir al inframundo y tomar el principado solo porque te desposaste con ese lame botas? El tampoco tiene nada que hacer en la aristocracia demoniaca, los dos son tan vulgares jajajaja-rió en son de burla mientras ciel se arrodillaba en el suelo gritando, retorciéndose por aquellos recuerdos que gracias al poder demoniaco de Asmos sentía como si lo viviera en carne viva una y otra vez.
-¡AAHrgg!-gritó y luego su mirada se volvió vacía y perdida.
-¡Asmos!-rugió Sebastián provocando un torbellino de plumas al aparecer, se acercó rápidamente a su esposo que estaba arrodillado en el suelo tomándose la cabeza con ambas manos.
-ciel... ciel… ¡respóndeme ciel!-al no ver respuesta se levantó enfurecido y arremetió contra el demonio cruzándole la cara de un puñetazo, un golpe no fue suficiente para apagar su ira, ¡dos, tres, cuatro golpes! Tampoco lo fueron, las plumas que salieron por su espalda se convirtieron en navajas que se incrustaron en el cuerpo físico de Asmos estrellándolo contra uno de los pilares del balcón, pero a pesar de esto, aunque el maldito demonio estaba herido, continuaba sonriendo perversamente.
-jajajaja pobre muchacho, está roto ahora, no podrás jugar con él en tu noche de bodas.
-¿qué le hiciste? ¡Habla maldita sanguijuela!-bramó sacando sus garras y apuntándolas al cuello del demonio.
-yo no hice nada, solo le expliqué un poco como era tener relaciones sexuales y se puso así, que chico más frágil-se burló provocando al ex mayordomo que lo soltó cuando escuchó la voz de Malphas a sus espaldas, quien venía acompañado de Lucifer, la Duquesa Belialle y los cinco súbditos de darkon.
-¿Qué está pasando aquí?
Malphas se acercó al peli azul examinándolo para ver si tenía algún rasguño, no encontró nada, se acercó también la duquesa y tomó al muchacho por los hombros observando sus ojos vacios.
-está atrapado en sus recuerdos, muy sucios recuerdos… aunque esto de por si es extraño, este chico… no debería -la mujer demonio se llevó una mano a la boca atónita, solo un humano podría ser afectado psicológicamente por los poderes de un demonio como Asmos, definitivamente algo en la composición demoniaca de ciel estaba errónea o incompleta, miró al ex mayordomo buscando respuestas y este le confirmó sus sospechas dándole una mirada cómplice y un gesto disimulado de silencio, Sebastián también se había percatado de esta particularidad y no quería hacerlo público.
-qué curioso, él debería poder salir por si mismo ¿no has estado entrenando bien al muchacho Darkon?-dijo Malphas con gesto inquisitivo.
-la verdad maestro, es que mi esposo es algo "cómodo" de seguro el pecado de la pereza estaría muy complacido-bromeó ante el momento de tensión para distraer a los presentes.
-ve a buscar al perezoso de tu marido mientras decidimos que hacer con Asmos-explicó Belialle.
-hace tiempo que no me tocaba salvarle, ya estaba extrañando esto-el demonio sonrió con ternura y se sentó en un banco con él en su regazo, besó su frente y cerró los ojos fundiéndose en sus recuerdos dolorosos.
En aquellos recuerdos, esos hombres estaban a punto de ultrajarlo, sostenían su cuerpo desnudo obligándolo a permanecer en una incómoda posición, ciel temblaba de miedo y asco cerrando los ojos, soportando el dolor de su espalda marcada a fuego, ya no le quedaba esperanza alguna, se rindió al sentir ese asqueroso cuerpo preparándose para embestirlo de una sola estocada, pero de pronto escuchó gritos de terror a su alrededor lo que le obligó a abrir los ojos, allí todos estaban ferozmente destrozados, asesinados de la manera más cruel que se haya visto, asombrado vio a un cuervo por encima de unas cornisas.
-¿Sebastián?
-me has reconocido amado mío, ya estas a salvo, no alcanzaron a hacerte daño-dijo el cuervo convirtiéndose en un hombre apuesto con traje de mayordomo, se agachó hasta donde estaba y lo abrazó fuertemente.
-si lo hicieron, no tienes por qué meterte en mis memorias y convencerme de lo contrario Sebastián-expresó el muchachito con un hilo de voz.
-siempre tan increíblemente astuto, no se te puede engañar ni con la habilidad más compleja-después de ese comentario reinó el silencio entre ellos por minutos que parecieron horas, entonces ciel volvió a hablar.
-pensé… que había superado… ese recuerdo-musitó en el oído del demonio que le sonrió enternecido.
-no podrás superarlo hasta que no quemes una nueva experiencia o hasta que borres ese recuerdo, Belialle puede hacerlo si lo deseas.
-no… yo quiero que seas tú quien plasme un nuevo recuerdo en mi memoria, no quiero dejar de ser quien soy-habló con determinación mientras sus ojos acuosos intentaban contener las lágrimas con todas sus fuerzas…
-solo estamos tu y yo en este espacio vacío de tu mente, no tienes que demostrarle a nadie que eres fuerte, ni siquiera a mí-susurró con parsimonia.
-te amo Sebastián-soltó el menor, sus delgados brazos se guindaron al cuello de su amado y cerró los ojos de los cuales cayeron gruesas lágrimas negras.
-y yo a ti mi señor, por favor confíeme sus preocupaciones de ahora en adelante, no tenga vergüenza de sus dudas o temores-aconsejó Sebastián y ciel asintió.
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(Dark Music - Ceremonial Spell)
Ciel había vuelto en sí, sonrió al ver el rostro de su esposo tan cerca del suyo, echó una mirada a su alrededor; Lucifer, Malphas, Belialle y Asmos se hallaban en un rincón, expectantes de su despertar.
-ve y suplícales que te perdonen-ordenó Lucifer a Asmos con una voz que no parecía la suya, llena de desprecio y frialdad, el demonio a duras penas se limitó a obedecer a su emperador, el desacato implicaría una muerte segura, se arrastró llevando unas cadenas en sus manos y en sus pies, que tenían la finalidad de sellar temporalmente sus habilidades tanto regenerativas como ofensivas.
-sí, mi señor-Se arrodilló ante ciel y el príncipe darkon, sintiéndose profundamente herido en el orgullo…los miró con infinito odio y luego habló con voz apagada-lamento el incidente ocurrido anteriormente, no fue mi intensión dañar a su alteza.
-¿Qué no fue tu intensión dices? No voy a ser misericordioso, no tengo por qué serlo siendo uno de los nuestros después de todo, si quieres que te perdone tendrás que someterte demonio, por lo que reclamo el derecho a castigo por violar las leyes ceremoniales durante mi propia boda, la cual está implícita en el código de honor de los demonios: ningún demonio podrá tocar, dañar, atacar o persuadir negativamente a los novios, incluso la propuesta de duelo queda exenta hasta pasada dos crecientes después de la luna de miel-dijo el oji rojo recitando como si lo supiera de memoria.
-derecho concedido-dijo vagamente Lucifer y se retiró de escena junto a Malphas, no quería seguir viendo la humillante situación en la que Asmos había caído, era absolutamente absurdo, pensó.
-¿me hace el honor?-preguntó Sebastián a ciel con aire divertido.
-desde luego, será un placer, ¿qué le enferma a este tipo?
-odia las aves, porque le recuerdan a cierto ángel que justo ahora tengo la intensión de nombrar-siseó el moreno con malicia.
-¿un ángel? ¿Cuál ángel?-quiso saber el menor lleno de perversa curiosidad.
-si más recuerdo, se trataba de Ra…-Sebastián fue interrumpido a media mención por el demonio andrajoso.
-¡BASTA NO ME NOMBRES A ESA PESADILLA, todo menos eso!-chilló tembloroso, haciéndose un ovillo en el suelo, se veía tan cobarde, tan inútil que daba asco su sola presencia anti estética.
-todo ¿he?-dijo el muchacho desafiante, su esposo sonrió diabólicamente haciendo aparecer un centenar de palomas y otras aves que se pararon en la barandilla de los balcones.
-adelante mi señor, de su primera orden-invitó Sebastián.
-arránquenle los ojos, denígrenlo hasta que no quede nada de él-al instante todas se tiraron en picada picoteándolo, desgarrando trozos de piel, desfigurándolo hasta transformarlo en un andrajo de sangre, vanos fueron sus intentos para sacárselas de encima y se venían aún más castigos. Sebastián hizo aparecer un enorme frasco de cristal en cuyo interior había cientos de agujas negras creadas con el mismo metal y esencias con las que forjaban las espadas demoniacas, las cuales podían dañar inclusive a los mismos demonios, estas agujas tenían la misma propiedad y a menudo eran usadas como método de tortura.
-pedirás clemencia y perdón por cada una de las cien agujas que deberás tragar, delante de mis ojos-ordenó ciel con crueldad, Asmos sintió una corriente eléctrica fluir por todo su cuerpo, ese insolente mocoso lo estaba sometiendo de la manera más perversa.
Una a una las agujas fueron tragadas, uno a uno los quejidos de dolor y los perdones iban saliendo de su garganta destrozada, uno a uno los invitados de la fiesta que se acercaron curiosos a ver qué pasaba, una a una las burlas se multiplicaban y los chismes acerca de que el príncipe ciel era un demonio de temer, circulaban por todo el salón.
-y finalmente mi castigo personal, ya que me has humillado a mi también hijo de puta-siseó el moreno mirando a la condesa Belialle, la cual se acercó al otro demonio tocando su despedazada frente.
-una habilidad ha sido destruida del pozo de tu esencia, ya no podrás ver los recuerdos de los demonios ni leer los pensamientos, nunca más.
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(DIO - ''I Speed At Night'' HQ)
Media hora después del castigo a Asmos, ciel y su esposo se dirigieron al salón motivados por el curioso cambio abrupto de la música, la fiesta realmente estaba fuera de control, desde el techo pendían unas bolas de aluminio que reflejaban miles de destellos de diferentes formas y colores, por donde pasaban había humo, drogas, sexo y rock, ciel estaba algo conmocionado, Sebastián por el contrario esbozó una sonrisa ladina y comenzó a reírse, la música de un grupo de la época sonaba a todo volumen por los altos altavoces de un improvisado escenario mientras los demonios vestidos en ropas sensuales agitaban sus cabezas bailando al ritmo de las guitarras eléctricas.
-June, así que fuiste tú-espetó el moreno sin abandonar su perfecta sonrisa, el muchacho de cabello rubio y largo sonrió a su amo.
-¿qué clase de súbdito sería si no pudiera hacer una tarea tan sencilla como esta?
-seguramente no serías mi súbdito, vamos ciel, divirtámonos-dijo tomándole la mano a su atónito marido que se vio arrastrado al centro del salón pasando entre la multitud y fue allí donde comenzó el desenfreno… ciel acababa de descubrir una nueva faceta escondida de su ex mayordomo, por lo visto era la de ser el "alma de la fiesta"
Las ropas de Nina hopkings habían desaparecido de su cuerpo, transmutadas por unas donde sus brazos estaban desnudos, su torso estaba cubierto por cuero negro excepto su delicado ombligo al aire, unos pantaloncillos cortos de pvc marcaban sus caderas finas y botas altas de cuero negro lo llenaban de poder y estatus. Un lujurioso príncipe se relamía los labios ante la visión, pero él no se quedaba atrás, la palabra sexy no alcanzaba para definir ese cabello suave y despeinado que se movía sensualmente al compas de la música, esos músculos apretados bajo la tela negra traslúcida, esos aretes en la oreja, esas botas negras de taco aguja que hacían un sonido delicioso al caminar, ese pantalón lustroso y apretado que dejaba al descubierto parte de su vello púbico, era el pecado en persona, mucho más bello que la lujuria.
-Sebastián te ves… vulgarmente extraño-mencionó el joven sin saber cómo definir la nueva imagen que tenía de su marido, además por más que hacía el intento de evitarlo, su vista siempre se desviaba al mismo lugar, ese musculoso abdomen estilizado y esas líneas de fina vellosidad oscura naciendo en su vientre…
-¿no te gusta? Tus ojos parecen no estar opinando lo mismo-¡HO!…su voz, su voz era tan candente y provocativa, ¡no! no era solamente eso; sus gestos, sus movimientos, su mirada intensa, la forma en que mordía su propio labio inferior de manera sexy, todo su cuerpo enviaba un mensaje urgente que decía "¡tengo ganas de follarte ahora mismo!"
-ha… yo… yo…-tartamudeó sonrojado hiperventilando y luego frunció el ceño recuperando su dignidad como el demonio que era-yo no quiero que muestres tu piel desnuda a los demás ofreciéndote como una puta, eres mío entendiste, tu cuerpo me pertenece-ante esas palabras Sebastián alzó una ceja atónito sin dejar de sonreír, ¡su joven esposo era tan adorable! Los súbditos que pasaron por allí escuchando la conversación y menearon la cabeza sonrientes pensando "nuestro amo está perdidamente enamorado del mocoso, no tiene remedio"
-lo he entendido cariño, soy solo tuyo, así como también eres solamente mío-las manos sedosas del moreno se posaron en la cintura estrecha del joven atrayéndolo hacia él, sus labios se unieron con hambre, sus lenguas se rosaban insistentemente en una lucha por el dominio de la otra, ciel se dejó llevar enlazando sus brazos alrededor de su cuello mientras el sensual demonio acariciaba moldeando su espalda, avanzando suavemente por sus caderas y sus muslos desnudos, dando un espectáculo a muchos ojos libidinosos que se hallaban disfrutando de la fiesta sentados en cómodos sillones de cuero negro.
Mayleen y los demás también se encontraban sentados en esos sillones, observando la locura de los demonios, incluidos sus amos, sus caras incómodas y sonrojadas hacían reír a todo demonio que pasara por ahí.
Artixas el atractivo súbdito pelirrojo de Sebastián se acercó a ellos para charlar y de paso cambiar un poco sus estilos santurrones.
-¿ustedes no se divierten? Vamos vengan a bailar-invitó.
-pppp… pero, no sabemos bailar esa música-chillo apenada la sirvienta poniéndose muy nerviosa al ver esos ojos verdes que brillaban como esmeraldas.
-no se preocupen por eso, solo déjense llevar-dijo él sonriendo sensualmente, chasqueó sus dedos y al instante aparecieron cuatro chicas guapas que tomaron las manos de los criados llevándolos a la pista de baile, pero Tanaka se negó educadamente.
-lo siento señorita, pero ya estoy muy viejo para esas andanzas.
-eso no es problema sir, esta noche todo vale y usted necesita recuperar el tiempo perdido, siéntase a gusto de volver a su juventud-invitó la hermosa muchacha tocándole el rostro, Tanaka se sintió extrañamente lleno de energía, su columna se había estabilizado y sus manos no mostraban señas de arrugas.
-¿¡tanaka san!?-exclamaron todos sus conocidos sin poder creer lo que veían, Tanaka se había convertido en un joven nipón de unos veinte años, sus cabellos ahora eran oscuros, sus ojos negros como obsidiana llenos de serenidad y sabiduría, se posaron con asombro en un espejo que estaba en una de las paredes del salón.
-que mágica noche me han regalado bochan y Sebastián san, supongo que debo agradecerle bailando con sus invitados-dicho esto tomó a la joven del brazo y se adentró en la muchedumbre.
May leen, bardroy, finían y snake parecían no poder cerrar la boca, las muchachas aprovecharon el momento de atontamiento para conducirlos hacia la pista. La rola esta vez cambio y pasó de un metal pesado a un rock clásico.
-vamos, pero antes señorita déjeme ver que hay detrás… de…-dijo Artixas tratando de sacarle los anteojos a la doncella.
-¡no! Estos anteojos… son…-se resistió.
-sh… sh shhh-calmó el demonio retirándole las gafas y lo que vio tras ellas lo dejó idiotizado… esos ojos marrones penetrantes y fríos, era la mirada de un centinela listo para apuntar y disparar.
-… deme el honor de bailar con usted lady Mayleen, la centinela del príncipe del orgullo-ante esas palabras ella bajó la mirada asimilando su nueva posición, otra vez volvía a su antiguo destino, pero esta vez lo haría a gusto en el infierno, asintió mostrando una pequeña sonrisa avergonzada y tomó la mano del apuesto joven.
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(Depeche Mode - Enjoy The Silence)
Mientras los sirvientes e invitados se divertían, los novios bailaban sensualmente en el centro de la pista ajenos a todo. El mayor se había posicionado tras la espalda de ciel, cobijándolo entre sus brazos, con sus uñas negras acariciaba distraídamente su pálido torso, bajando de vez en cuando donde se entretenía jugando con su pequeño ombligo.
-qué curioso, en mi cabeza todas las piezas del puzle están regadas y perdidas, siento como si algunas cosas importantes entre nosotros hubieran quedado en el tintero-dijo el muchacho cerrando los ojos, entregándose a la sensación placentera de esa boca que le devoraba el cuello a besos.
-sin duda nuestro noviazgo fue demasiado breve, pero tenemos toda la eternidad para conocernos mejor, te contaré mi historia, mis vivencias, incluso te mostraré la forma que siempre he ocultado ante tus ojos, deseo fervientemente que me aceptes, aún cuando mi inmundicia rompa este cuerpo, esta cáscara.
-¿es tan terrible tu verdadera forma Sebastián?
-mi esencia pura está tan podrida como el veneno del hades, con solo verme los humanos mueren, con mi presencia real puedo dominar legiones enteras y corromper a las naciones dándoles la sensación de falsa paz…
-tan poderoso y tu sirviéndome comida, bañándome y salvándome ¿por qué rebajarte?
-fue por ti, primero me enamore de tu alma, después de cien años, comprendí que te amaba por completo.
-y yo pensando que me odiabas todo este tiempo.
-¿Cómo podría odiarte? Tú eres todo lo que siempre anhelé, si me mostré frío fue porque pensé que te había perdido, pero nunca cambiaste en realidad y eso me hizo sentir… feliz
-me alegra-susurró el muchacho entrelazando los dedos de su esposo con los suyos y los llevó a su corazón que latía desesperadamente.
-eres delicioso mi señor-musitó Sebastián y luego lamio con la punta de su lengua el delicado lóbulo de su oreja, jugando con su pendiente azul; juegos eróticos que estaban sacando de quicio al menor.
-¡ha!-se le escapó un gemido, todas las sensaciones que tenía reprimidas se abrieron en el portal de su corazón que parecía querer explotar, se volteó robándole un beso sangrante, un hilo rojo caía de los labios de Sebastián que lo miró anonadado.
-hasta cuando vas a hacer que mis poros ardan de esta manera, termínalo, este incendio que me consume… detenlo-le ordenó molesto y luego se dedicó a lamer la sangre que corría por la barbilla del demonio.
-no desesperes mi amor, tienes que quemarte más, mucho más-susurró y continuó arrastrándolo al compás de la música con movimientos cadenciosos e indecorosos.
No sabía en qué momento había terminado en uno de los tantos pasillos vacios y lúgubres del palacio, con su demonio encadenado a la lengua, dolía… sí, su entrepierna era una verdadera tortura, quería que él hiciera algo al respecto, sin embargo, su orgullo no le permitía suplicar atención… no iba a ceder tan fácil.
-ciel… mi amado-la voz cruzó sus oídos como una bella melodía adictiva, "más… háblame más y has que me corra" eran los pensamientos del muchacho que estaba atrapado en la pared por aquél cuerpo místico, siendo cruelmente seducido por las caricias de esa boca suave y perfecta.
-me pregunto… si podemos ir ya a… nuestros aposentos-dijo Sebastián con fiebre, ciel se perdió por un momento en esas pupilas rasgadas y el magma infernal que las decoraba, pero luego sonrió con jactancia.
-me sorprende lo mucho que cuidas tu estética aún en estas circunstancias-se burló el muchacho.
-así que quieres que sea más directo…
-podría decirse.
-bien-susurró el demonio curvando sus labios en la diversión, calló por unos segundos preparándose para contaminar sus palabras con lascivia, entonces volvió a susurrar en su oído.
-se… ¡Sebastián!-La cara de ciel era todo un poema, se veía claramente afectado por esa confesión indecorosa
-fui directo.
-p… pero-titubeo.
-no hay nada que temer, lo haré lo más placentero posible.
-no sé porqué todo esto me suena a deja bu.
-oh si, en aquella ocasión dijiste "quiero que grabes todo el dolor de mi vida en mi alma" ¿no te gustaría aplicarlo ahora?
-¡esto es completamente diferente!-berreó el menor.
-no, no lo es… tanto en la culminación de un contrato con un humano y en la culminación extra sexual demoniaca existe lo que se llama conexión de esencias… la diferencia es que en la primera solo una de las partes se queda con el alma del otro y disfruta del placer que eso conlleva, mientras que en la segunda ambas partes se funden, ambas mueren y vuelven a renacer hasta quedar satisfechas.
-¿es así?
-hacerme uno contigo es más que sexo ciel, es más profundo que eso... ¿Quieres comprobarlo?
-¿en Astro púrpura?
-¿estás listo?-preguntó el ojos escarlata con tono incitante, no había escapatoria para ciel, el momento crucial había llegado y sabía que no iba a llegar a nada si continuaba atormentándose, finalmente afirmó aceptando su destino, ser uno con Sebastián.
Se dirigieron a la salida del palacio con las manos enlazadas, una vez en los jardines se encontraron con Dibrid, uno de sus siervos, el cual se encontraba cuidando de Pluto.
-Dibrid comunícale a los demás súbditos y a mi maestro que vamos camino a Astro Púrpura, encárguense de que la fiesta tenga un buen fin, no quiero restos demoniacos desperdigados en este palacio, además, asegúrense de que los sirvientes de mi amado descansen lo suficiente para su pronto entrenamiento.
-¿van a entrenarlos?-inquirió atónito el peli azul.
-ellos serán tus futuros súbditos, sus habilidades ocultas son bastante aceptables, solo falta pulirlos un poco.
-ya veo-concluyó el joven demonio asimilando que sus sirvientes no eran tan buenos para nada, después de todo.
-¿algo más en lo que pueda servirle, príncipe?-dijo Dibrid inclinado a sus pies esperando alguna futura orden.
-no, ya puedes regresar al palacio.
-sí, mi señor-acató el muchacho de cabellos castaños haciendo un ademán perfecto de servicio.
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(Secret Garden - Silent Wings)
Ciel y el príncipe subieron al carruaje, se sentaron muy junto al otro, el menor descansó su cabeza en el pecho del moreno que subía y bajaba a un ritmo extraño, la verdad era que el príncipe nunca había pasado por la experiencia de conexión de esencias, a pesar de que su mente demoniaca estuviera lleno de información y manuscritos, del dicho al hecho, en la práctica esto parecía mucho más intenso de lo que creía. Mientras tanto los negros equinos alados se elevaban hacia el cielo rojizo del infierno, ciel recordaba esas palabras escabrosas una y otra vez sin poder sacárselas de la cabeza, como si fuera una especie de mantra "muero por ensalzar tu pequeño cuerpo en caricias insanas y penetrarlo fervientemente, deseo escuchar tus gemidos y que grites mi nombre mientras te llevo hacia el ogasmo" la verdad, estaba muy nervioso… no quería decepcionar a Sebastián, una caricia tranquilizadora sobre su cabeza le indicó que estaba siendo demasiado evidente.
-todo va a estar bien-le dijo y volvió a besarlo bajo la luz de la luna sangrienta, que entraba por las ventanillas del carruaje. En medio del beso una corriente eléctrica los remeció, parecían estar atravesando una especie de campo astral. Pasó un largo momento antes de que los caballos comenzaran a relinchar, deteniéndose sobre un ancestral puente de mármol construido en medio de la nada.
-¿Qué sucede Sebastián?
-vamos a mostrar nuestro pase a los guardianes de este lugar-el oji escarlata señaló su tatuaje negro que semejaba una argolla…
Ambos abandonaron el coche y caminaron por ese puente, deteniéndose frente a unas monumentales puertas de piedra caliza, las cuales estaban custodiadas por dos grandes estatuas, una situada a cada lado; la de la izquierda tenía cabeza de halcón, torso masculino y patas de dragón; el segundo tenía cabeza de serpiente, pechos de mujer y patas de toro.
Cuando se acercaron lo suficiente, las estatuas cobraron vida mostrándose altivas y celosas.
-¿Qué es lo que hacéis aquí demonios? Este no es lugar para los de su clase-dijo el cabeza de halcón.
-hemos venido pacíficamente a disfrutar de nuestro ritual, según el pacto que tu mundo ha hecho con el nuestro no puedes negárnoslo.
-lleváis razón demonio, enséñennos la prueba entonces-señaló la mujer serpiente.
Los novios elevaron sus manos decoradas por el tatuaje de la argolla negra y los guardianes asintieron.
-sean bienvenidos, pero les advierto que están obligados a cuidar de estos parajes como si fueran los vuestros-indicó el guardia masculino.
-no destruyáis, no os atreváis a eliminar a los seres mágicos que habitan el astro púrpura o nos tendréis como enemigos declarados, eso no haría nada feliz a vuestro emperador-insistió la guardiana con acento serpenteante.
-pueden confiar en que llevaremos a cabo las reglas establecidas desde hace miles de años por nuestros antecesores-prometió el príncipe.
-¿qué dice vuestro marido al respecto? ¿O acaso es mudo?-se burló el guardián, ciel los miró bastante molesto y es que hubiera dado cualquier cosa por tener que saltarse a esos porteros engreídos.
-llevaremos a cabo las reglas, ya dense prisa y déjennos pasar-ordenó con apatía, pero sus ojos azules se abrieron como platos al ver como esas cabezas místicas bajaban para olisquearlo.
-interesante muchacho, demonio has elegido a un poderoso consorte, deberás cuidarte, no sea que un día te coma los huesos-y tras esa extraña advertencia que dejó interrogantes a los novios, abrieron las puertas del Astro púrpura.
El cielo purpúreo les dio la bienvenida: a lo lejos: podían verse dos lunas sobre el horizonte, islas flotantes, nebulosas de colores mágicos, un extenso lago y montañas a su alrededor, desde donde caían cascadas de agua lavanda; sobre la tierra: prados verdes, decorados de flores de cristal con los tonos del arcoíris, luciérnagas y mariposas azules sobrevolando la hierba y las flores.
-wow…-fue todo lo que el joven se atrevió a decir, sus maravillados ojos brillaban en tonos púrpura debido a las estrellas del firmamento, un beso cauto de Sebastián hizo que volviera a cerrar la boca nuevamente y se sonrojó al saber que éste, probablemente había estado observando su tonta cara de fascinación… la vergüenza lo carcomía.
Caminaron de la mano por un sendero a la orilla del lago, hasta un portal de piedra tallada con extraños símbolos, se situaron en el centro y de inmediato fueron transportados a una de las islas flotantes, en la que había una espaciosa y bella morada de estilo élfico.
-¿es aquí?
-sí mi amado, debes estar cansado por la fiesta y el viaje, deja que te cargue.
-¡no Sebastián yo puedo caminar so…!-se le fue el aliento al sentir que su marido lo cargaba en sus brazos al estilo nupcial… iba a seguir protestando, pero se quedó embelesado con el paisaje.
La construcción no tenía puertas ni cristales, su techo estaba sostenido en gruesos pilares de mármol y los balcones se encontraban decorados en rosas azules, en los pasillos descansaban jarrones llenos de violetas y lavandas, mientras que el suelo enlosado, sonaba deliciosamente con cada paso de los altos tacones del príncipe.
-hemos llegado…-dijo el moreno observando una enorme habitación en la que se podía apreciar un camino de pétalos rojos y negros que iban desde el suelo hasta el lecho matrimonial, el cual estaba coloreado de ellos, el aroma a rosas estaba por doquier y se mezclaba sutilmente con el del campo de lavandas que entraba por los altos arcos de mármol.
Al fondo había una chimenea encendida, los leños dentro de ésta crepitaban dando la sensación de calor.
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(Secret Garden – Evensong)
El príncipe cruzó con su amado el umbral de aquella alcoba, sentándolo cuidadosamente sobre el lecho de rosas, retrocedió con calma sin apartar de él la mirada penetrante y caminó por la habitación con paso de pluma, hechizando al peli azul que no se atrevía a mover ni un solo músculo.
Con cada paso que el demonio daba se hacía más intensa la atmósfera en el lugar; un céfiro de pétalos negros cruzó el arco, agitando su cabellera como el ala de un cuervo al vuelo, sus labios se perlaron de un brillo húmedo, haciéndolos lucir altamente apetecibles y sus ojos se volvieron de un rojo mágico, misterioso.
Se acercó sensualmente a uno de los pilares de la cama y apoyó en éste su cabeza, observando al otro joven con deseo, mientras una de sus negras uñas se desplazaba hacia su propio torso, comenzando a rasgar sin mucho esfuerzo las ropas traslucidas y el cuero negro que le cubría. Los retazos de tela cayeron al suelo, dejando a la vista sus desnudos hombros níveos y su torso bien trabajado.
La cara del muchacho estaba visiblemente conmocionada, pero se alarmó aún más al ver como el dueño de ese cuerpo se le acercaba como si pensara devorar a una de sus presas, con movimientos felinos, incitantes que decían… "aquí estoy para ti, soy tuyo, víveme, enloquéceme"
Ciel jadeó de sorpresa al notar un tirón en su glande, el espectáculo de su esposo le había causado una dolorosa erección, de pronto se encontró retrocediendo contra el respaldar de la cama, intentando huir de él… o tal vez de sus propias emociones, su respiración se volvió errática y desesperada, pero su amado lo apaciguó acariciando su temeroso rostro. el afectado, en un intento de no lucir tan menoscabo ante él, se llevó la mano al pecho tratando de deshacerse de sus propias ropas, mas , el mayor lo detuvo desplazando una de sus filosas garras por su cuello y bajó cortando la fina tela que lo cubría… esa garra continuó resbalando hasta encontrarse con el pantaloncillo corto que parecía estar torturándole severamente, se miraron a los ojos; los azules con expectación, los rojos con delirio… sin esperar más respuesta la uña afilada continuó su camino pasando por sobre la dolorosa erección juvenil que quedó al descubierto y en libertad. Ciel apenas tuvo tiempo de avergonzarse, ya que Sebastián se apoderó de su boca, buscando tentativamente su lengua para invitarla a jugar con la suya. Sus labios se fundieron entre succiones y mordidas, dejando que sus manos vagaran libremente por cada poro de piel, mientras los pantalones de cuero ajustado que Sebastián usaba, acababan tirados en el suelo, al igual que los pantaloncillos y la ropa de ciel.
Los belfos suaves, húmedos del príncipe oscuro, comenzaron a recorrer la línea de su mandíbula con dedicación, se posaron desde su cuello hasta sus pequeños hombros, arrancándole suspiros que intentaba en vano contener, dicho joven miró sus ojos carmín y se quedó absorto en ellos, nadie le había dedicado una mirada así antes, sintió algo extraño manando de su interior, una especie de calor sofocante que venía desde lo más profundo de sí. Al final, se dejó llevar posando sus manos temblorosas sobre esa cabeza que avanzaba dibujando besos sobre su estómago desnudo y sumergió sus delgados dedos entre su negra cabellera, acariciándole con la gema de sus dedos y disfrutando de su suavidad.
El ojiazul dejó esos mechones negros para acariciar su espalda lozana, que poco a poco iba descendiendo sin saber por qué; pronto lo descubrió cuando sintió su lengua ardiente y traviesa en el hueso de su cadera, bordeando apenas su entrepierna, jugando a excitarla sin llegar a tocarla, continuó bajando y le levanto una de las rodillas estampando besos cargados de lujuria y lamidas que avanzaban hasta su muslo interior.
-deja ya… de jugar, idiota… no soy… una chica-casi gimió el muchacho apartando la mirada de esos ojos rojos.
-pero eres mi esposo y por eso te mereces el mejor de los mimos-le dijo el moreno que continuó su preámbulo de seducción.
-¡haa!-una fuerte ola de placer lo nockeó haciéndolo gemir fogosamente, se debía a que la lengua del mayor ahora estaba deleitándose con su erección, lo hacía de arriba abajo, de vez en cuando tironeaba de la suave piel que lo cubría con sus dientes.
-¡se… Sebastián!-gimió el muchacho con voz ronca al sentir como la húmeda boca de su amante devoraba su miembro despierto con gran devoción, al rato no solo esa parte de su ser estaba siendo explorada, alarmado y apenado sintió como esa lengua indecente se desplazaba entre sus nalgas lamiendo y embadurnando su entrada insistentemente. Iba a protestar, sin embargo, se calló la boca para evitar romper el momento con sus absurdos comentarios de adolecente, en cambio liberó de su garganta todos esos suspiros y gemidos contenidos haciendo estremecer a su amante con ese cántico, después de todo era la mejor manera de hacerle saber que era suyo.
Todo lo que alguna vez soñó y deseó, ahora se hacía realidad, su demonio no lo hacía porque fuera una orden en base al contrato, esta vez era su propia voluntad la que le hacía entregarle ese placer.
Al poco rato cuando Sebastián vio que el peli azul estaba a punto de correrse, abandonó su tarea para subir por su pecho agitado y lamer sus aureolas rosadas, el menor bramó de frustración y se retorció bajo su cuerpo buscando alivio.
-despacio mi señor, paciencia… muy pronto todo tu cuerpo entero arderá conmigo-le susurró excitado el demonio, apresándolo en esa cama de rosas, acariciando su mandíbula con la punta de su nariz disfrutando así de su aroma, mientras sus brazos se posaban bajo su cuerpecillo, desplazándose a lo largo de su columna, bajando hacia su trasero, el cual tomó entre sus manos masajeándolo habilidosamente como si fuera de greda.
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(Secret Garden - Fields of Fortune)
Era demasiado placentero, mucho más de lo que podía aguantar, las caricias de Sebastián lo hacían sentir apreciado, como si fuera lo más importante en su miserable vida, un tesoro que ese demonio había encontrado en el abismo de un océano profundo y oscuro. En esos momentos comenzaba a darse cuenta de lo mucho que lo amaba ese ser, cerró los ojos esbozando una sonrisa cálida y se abrazó colgándose de su cuello como si la vida dependiera de ello, buscó sus labios con desesperación y los encontró dispuestos, afiebrados, apasionados otorgándole besos que se hacían agua, que iban y volvían como el oleaje de un mar tempestuoso en una noche mágica. El potente deseo de acoplarse se materializó en la habitación en forma de auras que salían de sus cuerpos buscándose la una a la otra…
Sebastián exploró cada rincón de su cuerpo, lamiendo y degustando su sabor adictivo, encendiendo sus poros cual brasa al rojo vivo, a sus ojos y sentidos su adorable esposo estaba más que listo para el siguiente paso.
Ciel estaba tan absorto en el goce que no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo, hasta que vio como dos de los dedos de su amante salían embadurnados de su propia saliva y los llevaba hacia abajo con elegancia, aún aturdido y mareado no alcanzó a formarse una idea de lo que iba a suceder.
-hag!-se quejó retorciéndose de molestia ante la intrusión.
-relájese mi señor, haga que este pequeño ardor forme parte de su placer… disfrute este dolor.
-haa… esper…-jadeó sintiendo como ese dedo golpeaba insistentemente algo dentro de él, su vista comenzó a nublarse de placer y al poco tiempo abandonó la tensión de su cuerpo, entregándose.
El moreno preparó la entrada de su niño, expandiendo su anillo muscular gracias al frote de sus dedos y cuando vio que estaba lo suficientemente listo, los sacó reemplazándolos inmediatamente por su dureza, sumergiéndose dentro de él de una sola estocada. Con las pupilas dilatadas y un quejido atrapado en la garganta, ciel abrazó aquél dolor que lo estaba partiendo en dos, se mordió los labios con todo lo que pudo su orgullo y cerró los ojos dejando que una lágrima le aliviara… la cual trató de secar lo más rápido posible, pero su amado la encontró primero y bebió de ella besando sus párpados.
-te amo mi señor, no me rechaces-tras aquellas palabras el dolor se hizo más tolerable, correspondió a sus besos, abrazándose fuertemente a su espalda y movió sus caderas indicándole que estaba esperando ansiosamente por ese instante.
Ardor y placer se mesclaban hasta difuminarse en los sentidos del joven, que se dejaba llevar por el ritmo de esas caderas fuertes y finas, por las manos de porcelana que lo excitaban con cada toque y esa lengua que lamía cada perla de sudor que resbalaba de sus poros.
El demonio hizo uso de todo su autocontrol para no despedazarlo entre sus garras, calmó su sed de sangre respirando profundamente, concentrándose en el placer que ambos estaban disfrutando, pero le estaba resultando difícil, pues su entrada estrecha, sus tímidos gemidos y esas delgadas piernas rodeándole la cintura lo estaban volviendo loco. Se empujó hacia su cavidad una y otra vez, buscando los labios temblorosos del oji azul y entrelazó con las suyas aquellas manos níveas que se aferraban al edredón de rosas.
-¿duele?
-no, estoy bien, continua-ordenó con los ojos empapados de lágrimas, Sebastián sonrió ante su típico aplomo de orgullo y continuó embistiéndole acompasadamente, hasta que tras unos minutos sintió que su par, no podría soportar mucho más.
El cuerpo de ciel ardía de éxtasis, la sangre que corría por sus venas quemaba como el infierno, su mente no tenía ni un ápice de cordura y como por si fuera poco se sentía adicto a esa ancha dureza que llenaba sus entrañas de manera perfecta.
Sebastián aceleró el ritmo jadeando en el acto, soltando gemidos quedos en el oído de su niño que se excitaba cada vez que los oía.
-¡se… Sebastián!-resolló el menor buscando alivio, el pelinegro tomó su desatendido miembro que estaba húmedo de gotas pre seminales y comenzó a bombearlo al mismo ritmo de las embestidas, en respuesta el muchacho casi gimió en grito, cerrando los ojos ante los inevitables embates de placer que sobrellevaba.
-aguante solo un poco más… solo… un poco más-suplicó el mayor, sosteniendo con una mano fuertemente la estrecha cadera de su esposo, mientras la otra atendía su erección.
Y así lo hizo, ciel se encadenó al cuerpo de su consorte, enterrando sus uñas en su espalda para poder contenerse y tras unos segundos que le parecieron eternos volvió a escuchar su voz ronca y apasionada acariciándole los tímpanos.
-hazlo ciel, córrete conmigo-esas palabras habían salido de su garganta en un tono tan caliente e indecente que tuvieron un efecto inmediato en su cuerpo, nada más de escucharlas el nudo tenso dentro de sí se rompió de forma tormentosa, provocando un estupor que hizo vibrar hasta el último de sus cabellos, su cuerpo se arqueó entre esos fuertes brazos liberando su semilla y con ello los gritos de placer que tenía atravesados en la garganta, sintiendo además, como Sebastián lo llenaba rebosante del cálido néctar, estremeciéndose dentro suyo, mientras cesaba el ritmo de las embestidas.
Las esencias de ambos danzaban en el aire mientras sus cuerpos se entregaban al orgasmo, poco a poco esa fluctuación de auras tan distintas una de la otra comenzó a enlazarse entre sí, era una conexión etérea mucho más profunda que el vano conocimiento de aparearse; los latidos de sus corazones oscuros, las sensaciones, los sentimientos vacios, los sentimientos nuevos, el odio del pasado, la amargura que habían vivido, sus dudas, sus miedos, lo que apreciaban, lo que anhelaban, todo se mezcló… incluso pequeños fragmentos de memoria olvidada… en la mente de ciel apareció un pequeño niño de ojos rojos caminando de la mano de alguien mayor, el niño reía… su risa era contagiosa, parecía que estaba muy contento… En la mente de Sebastián un pequeño infante de ojos azules estaba sentado en un columpio, observando sabiamente el atardecer, casi podía sentir la tibieza de los últimos rayos de sol, era la primera vez que sentía la sensación de calidez, gracias a los recuerdos en la esencia de ciel.
Continuará…
