Hi everybody! Aquí viene el 3º chapter, espero que lo disfruten
"Estaba en la época en la que podía salvar miles de vidas inocentes"
Todavía con ese pensamiento en la cabeza, salió del hospital. Por suerte, estaba en el mundo mágico, ya que si no recordaba mal, el muggle no era muy seguro en esos días. Aunque claro, el mago, con Grindelwald atacando a todos los nacidos de muggles que encontraba, tampoco era el lugar más seguro del mundo que digamos.
Si se ponía pensarlo, lo mejor sería cambiar de nombre y apellido. Y gracias al reclinario que había recogido junto a su ropa, la historia sería más creible. También debía inventarse una buena historia si quería que la admitiesen en Hogwarts sin que la pillasen. Por supuesto, también debía recordar las clases que había tomado con Snape sobre Oclumancia y Legeremens. Sobre todo si iba a intentar engañar a Dumbledore y a Voldemort.
Porque, si no se quivocaba, en esta época, él ya era bastante diestro en lo que a leer mentes se refería. También debía recordar que Dumbledore todavía no era el director de Hogwarts y que, en cambio, era el profesor de Transformaciones y jefe de la casa Gryffindor. A ver... que más debía saber. Ah, claro, también estaba el hecho de que iba a estar rodeada de los que fueron los primeros y más letales de sus mortífagos.
"Tengo que encontrar un lugar donde resguardarme" pensó mientras se arrebujaba en sus ropas y miraba con aprehensión al cielo. Este tenía pinta de estar a punto de romper a llover de un momento a otro. Y eso no le iba a venir muy bien que digamos.
Después de caminar uno o dos kilómetros, vio en un cartel el nombre del pueblo frente a ella. "Hosmeade". Nada más verlo, suspiró y notó como una sonrisa afloraba en su rostro sin que ella lo pudiese evitar. Aunque no era como si ella quisiese hacer algo al repecto. Realmente necesitaba sonreir. Si no acabaría justo como predijo la profesora Trelawney; marchita, sola y amargada. Y no estaba en sus planes darle la razón a esa maldita charlatana. Antes muerta.
Cuando llegó a las Tres Escobas, abrió la puerta y notó como el aire caliente templaba su cuerpo. No se había dado cuenta del frío que tenía hasta ese momento. Miró a su alrededor y notó como la gran mayoría de los clientes habían abandonado sus conversaciones para girarse a verla con una sana y poco disimulada curiosidad. Por su parte, ella tan solo se encogió de hombros mentalmente y avanzó si prestar atención alguna a las cabezas que se iban girando a su paso.
Metió la mano en su bolsillo con la esperanza de tener dinero suficiente para alquilar, aunque fuese por una noche una habitación. De repente, sintió como el ambiente se había vuelto más tenso. El aire casi se podía cortar con su varita. Confusa por ello, dejó que su mirada vagase por todos y cada uno de los allí presentes. Se fijó que casi todos habían cogido sus varitas y las sostenían como si la vida les fuese en ello.
Segundos después, cayó en la cuenta de que seguramente, era normal que estuvieran así de alertas. Cualquiera podía ser un aliado de Grindelwald. Y a su modo de ver, más les valía estar preparados para atacar. Por ello, sacó despacio el saquito que había encontrado en uno de sus bolsillos. Y nada más hacerlo, vio como la gente fue relajando de forma visible los músculos e intentaban guardar sus varitas con el mayor de los disimulos.
Cuando llegó a la barra, vio a la que seguramente sería o ya era la madre de Rosmerta. Eran casi iguales; sin embargo, esta mujer parecía haber envejecido casi diez años a pesar de no tener más de tal vez 30 años. En sus ojos se podía vislumbrar una sombra que se le hizo bastante familiar. Esa era la misma sombra que nunca podría olvidar de los ojos de la señora Weasley cuando vio a su hijo muerto en el Gran Comedor. No creía poder nunca olvidar tampoco el desgarrador grito lleno de angustia y dolor que dejó escapar cuando estuvo junto a él.
"No" se dijo a sí misma varias veces en un intento por devolver esos amargos recuerdos, al cofre donde los guardaba bajo llave en su cabeza y del que últimamente habían empezado a escapar con más frecuencia de la que le gustaría.
-Buenas tardes, quisiera saber si podría alquilar una habitación para pasar esta noche- Frente a ella, la tabernera la miró de manera bastante decarada en busca de lo que supuso, serían signos de que fuese simpatizante de Grindelwald. Esperó unos segundos hasta que la mujer dejó satisfechas sus sopechas. Le regaló una sonrisa de lo más maternal y le respondió con una voz suve y calmada.
-Por supuesto, no hay problema. Aunque debe saber que tenemos una oferta para los viajeros cansados.
-¿Y esa sería...?- le insté a que continuara, en vista de que parecía haberse perdido en su prio mundo.
-Dos noches por el precio de una, aunque el desayuno y la comida solo estan incluidos en el primer día.
-¡Genial! Eso es perfecto- solté con más entusiasmo del que pretendía. Cuando me recuperé de la alegría inicial, carraspeé antes de añadir- si no le importa creo que cogeré la oferta. Y por cierto, ¿podría dejarme el periódico de hoy o al menos el más reciente que tenga?-
-Claro, no será ningún problema. Aguarde allí mientras preparo su habitación señorita...- dijo mientras me tendía un periódico sacado de debajo de la barra y apuntaba a una de las mesas que estaban vacías.
-Queneau, Ivory Queneau, un gusto- respondí rápidamente al recordar mi propio consejo.
- Lo mismo digo, mi nombre es Rosmerta- dijo mientras le extendía la mano. Acto seguido, miró hacia abajo cuando notó que alguo o mas bien alguien le tiraba de su falda. Se agachó, y al incorporarse, llevaba en brazos a la que Hermione dedujo, debía ser su hija- y esta pequeña diablilla es mi hija Rosmerta Jr. Vamos cariño, saluda a la señorita.
La niña, que tenía los ojos azules y risueños, la miró con detenimiento durante unos segundos. Luego como si hubiese pasado una prueba de forma satisfactoria, le sonrió cálidamente y le extendió los brazos en una clara señal para que la cogiera.
-Vaya, parece que le ha caído usted muy bien. ¿Le importaría cuidarla un momento mientras yo le preparo su habitación?- dijo mientras empezaba a pasársela a sus brazos.
-Claro, faltaría más. Nos sentaremos allí- le informó a la madre, para después volver su cabeza a la niña y con una sonrisa decirle- Así me podras contar todo lo que quieras, ¿vale?-
Por su parte, la niña asintió enérgicamente e intentó bajar de sus brazos. Cuando sus piececitos tocaron el suelo, le cogió la mano con la suya. El contraste era casi surrealista debido al reducido tamaño de la de la niña. Con sus manos entrelazadas, la niña la guió hacia una de las mesas que estaban al fondo de la taberna donde pasaron casi una hora hablando de todo y nada hasta que su madre llegó bastante azorada y se disculpó por la tardanza. Hermione le dijo que no era necesario que se diculpase pero la mujer insistió en devolverle el favor invitándola a una cena.
Ella estaba a punto de negarse, cuando sus tripas empezaron ha hacer ruidos bastante sonoros que la delataron e hicieron que se sonrojara como hacía tiempo que no lo hacía. La cena estuvo deliciosa, sobre todo si se tenía en cuenta que prácticamente no había comido nada desde su incidente. Y de eso hacían ya casi 5 horas.
Cuando terminó con la cena, subió las escaleras hasta llegar a su cuarto. Este constaba de una cama, un pequeño armario y un cuarto de baño contíguo que tenía una bañera, un lavamanos y un aseo. Si era sincera, lo que más necesitaba ahora eran unas horas de relajación antes de ponerse a pensar en lo que iba a hacer para entrar a Hogwarts o para no dañar el futuro de forma irreversible.
Por ello, abrió el grifo de la bañera, dejó que el agua se calentase, puso el tapón y se empezó a desvestir mientras esta se llenaba. Nada más meterse en el agua, sintió como sus múculos se iban relajando poco a poco. Como sus preocupaciones iban desapareciendo conforme ella metía más su cabeza en el fondo. Así, estuvo hasta que el agua se enfrió y sus dedos se arrugaron tanto que podrían haberse hecho pasar por pasas.
Salió de la bañera y se enroscó en una de las toallas que encontró. Caminó hasta la cama, y de paso, agarró el periódico y su varita de la mesa en donde los había dejado. Se dejó caer sobre ella y empezó a revisar los anuncios de trabajo que habían en el periódico, que por suerte era del día.
Si su memoria no le fallaba, Hogwarts estuvo sin profesor de DCAO y Adivinación durante lo que duró la guerra más o menos. Así que con suerte, podría encontrar... Ah, ahí estaba lo que estaba buscando.
"Se necesita profesor/profesora para el puesto de Defensa Contra las Artes Ocsuras o de Adivinación en Hogwarts. Se requiere de experiencia práctica en el tema. Para contactar, envíe una lechuza con sus datos al castillo y le haremos saber nuestra respuesta lo más rápido posible. Atte: el Director Dippet"
"Merlín debe quererme mucho más de lo que creía" pensó Hermione mientras sonreía tranquila. Ahora, lo que debía hacer, era escribir su currículum lo más rápido posible y cruzar los dedos por que la admitiesen.
Y con ese pensamiento y olvidándose de que estaba en toalla y que debía ponerse una nueva venda para su muñeca, se quedó durmiendo como hacía mucho que no podía.
"¡Por Morgana, deja de ser una cobarde y ábrela ya!" se dijo Hermione después de estar casi 5 minutos mirando el sobre que la lechuza había dejado caer frente a ella. En cuanto vio el familiar sello de Hogwarts empezó a notar como un sudor frío le recorría la espalda, al igual que también notó su corazón intentando salirse de su pecho. Se sentía casi tan nerviosa como cuando le pusieron el sombrero seleccionador por primera vez.
Con manos temblorosas, abrió el sobre y sacó el trozo de papel. Respiró profundamente antes de empezar a leerla.
" Señorita Queneau:
Tras leer detenidamente su solicitud, y consultarla con el subdirector, hemos llegado a la conclusión de que nos gustaría entrevistarla personalmente para así poder decidir con mayor seguridad si sería admitida o no para ejercer de profesora. La entrevista tendrá lugar esta misma tarde en mi despacho a las 5:30.
Atte: el Director Armando Dippet.
Pd: La lechuza lleva los polvos flu necesarios, y ya hemos habilitado la chimenea de donde se hospeda para que este conectada a la del colegio."
"Lo he conseguido" se dijo sin poder asimilar del todo la noticia. Bueno, aunque si era sincera, todavía no le habían dado el puesto. Pero estaba muy, muy cerca de conseguirlo.
Soltó el aire que había estado reteniendo sin si quiera darse cuenta. Y, notando que sus piernas no aguantarían mucho más, se derrumbó en el borde de la cama todavía sujetando la carta con fuerza. Con miedo a que esta se devaneciese.
En su rostro, notó como una sonrisa iba aflorando poco a poco conforme su cerebro procesaba la información. Ella, profesora. podía creerlo tadavía. Esa no había sido su primera opción, desde luego. Pero debía admitir que siempre le había interesado trabajar allí, aunque fuese tan sólo por una temporada. El poder ayudar a otros a dominar su magia e intentar inculcarles lo que ella sabía le parecía de lo más emocionante. Ella tendría que aprender todavía muchas cosas, por supuesto. Cada día descubrían nuevas cosas, la magia avanzaba, y ella no pensaba quedarse rezagada en esa carrera de conocimientos y descubrimientos.
Miró el reloj que había en el interior del reclinario e inspiró para intentar así tranquilizarse. Debía pensar en las posibles preguntas que le harían y en como debería respoder a ellas. Se había pasado la mayor parte de la mañana inventandose una vida que fuera lo suficientemente aburrida para no despertar interés alguno, pero con la cantidad justa de parientes vivos. En su mayoría muy, muy lejanos.
También había vuelto a practicar la Legeremancia y la Oclumancia. Realmente las iba a necesitar para saber si empezaba a peligrar su tapadera allí. Aunque claro, siempre podía recurrir a un sencillo Ovibliate. Aunque no podría evitar que la persona en cuestión siguiese estando recelosa en su presencia. No, ese conjuro sólo lo utilizaría en situaciones desesperadas.
Las 5:20. Sería mejor que se fuese ya. No sabía cuanto habían cambiado los pasillos y despachos de Hogwarts en casi 50 años, y no quería llegar tarde a su primera entrevista de trabajo.
Cogió el bote que contenía los polvos flu, y dijo de forma clara y potente:
-¡A Hogwarts!- después soltó los polvos en la chimenea y se internó en el revoltijo de llamas verdes con un único pensamiento:
"Que sea lo que Merlín quiera"
Tarararataraaaa! jajaja, bueno hasta aquí el capítulo de hoy. Y como siempre digo, no olvide dejar sus comentarios y sugerencias por favor. (Parezco una azafata, solo me falta señalizar )
Bueno, bye bye
