Buenas, aquí dejo el nuevo capitulo. Siento haber tardado tanto, pero estaba sin ideas... sorry =)

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"Es de mala educación fisgonear en mentes ajenas sin su permiso, señor"

"Mierda, todavía estoy temblando" pensó Hermione mientras se dejaba caer en la que iba a ser su cama de ahora en adelante.

Ahora que la adrenalina se le había pasado y podía pensar con la cabeza fría, se daba cuenta de la...locura, a falta de una palabra mejor, que había cometido.

En nombre de Merlín, ¿en qué demonios estaba pensando para responderle de esa manera a Dumbledore?. Puede que en este tiempo no fuese el director todavía, pero ella sabía que sólo era de puertas para afuera del despacho, ya que en la oficina, Dumbledore, era el que tomaba y aprobaba todas las decisiones sobre el colegio. Aunque estaba claro que se las ingeniaba de alguna forma para que Dippet creyera que era él el que tenía la última palabra.

Todo eso, no lo sabía por los libros que había leído sobre Hogwarts y sus miembros. Lo sabía, por las pequeñas pistas que había recopilado en el despacho durante su entrevista. Como por ejemplo, el hecho de que Dippet torcía levemente su cabeza para buscar la aprobación de Dumbledore cada vez que debía responder o preguntar algo un tanto...más complicado.

Así, había transcurrido su entrevista con la sensación de que quien se la estaba haciendo era Dumbledore. Con sus ojos llenos de sabiduría y por desgracia, desconfianza. Aunque, a su favor debía añadir que el hombre se manejaba bien para ocultarlo.

Abrió los ojos y los enfocó en el techo de su nuevo cuarto. Tanto darle vueltas al asunto le estaba dando dolor de cabeza. Y si encima le añadía la excitación que había sentido al enterarse que tendría que compartir la sala común con su actual premio anual, la combinación era demoledora. La verdad era que al principio se había extrañado cuando le dijeron sobre su habitación, ya que en su tiempo, y desde siempre que ella supiera, los profesores habían tenido sus propios cuartos. Pero eso no la molestaba en absoluto. Y menos cuando recordaba las razones del cambio en el alojamiento. Desde que empezó la guerra, Hogwarts ha estado dando cobijo y protección a refugiados, exiliados y demás nacidos de muggles. Por lo que estaban algo faltos de habitaciones individuales.

Como ya había mencionado antes, a ella no le importaba, de hecho la entusiasmaba. Era casi como si hubiese conseguido una segunda oportunidad para vivir aquello por lo que tanto se había estado esforzando. Y que no había podido conseguir. Por ello, en esos momentos estaba con sus sentimientos divididos entre la alegría y la nostalgia y un sentimiento de amargura.

Sacudió levemente su cabeza para intentar aclarar su ya, suficientemente espesa, mente. Ahora lo que debía hacer era ir a la biblioteca a buscar el material que necesitaría para sus próximas clases y poder ir así también familiarizándose con los pasillos "nuevos".

De repente, mientras estaba dándole vueltas a cómo debería empezar y llevar sus clases, escuchó cómo la puerta del cuadro que daba a su sala común se abría. Al parecer su compañera/o acababa de llegar. Y ella realmente no tenía ganas ni se encontraba preparada para tener que interpretar su papel en esos momentos.

Por ello, decidió que lo mejor sería esperar hasta que se fuese a su propia habitación. Lo cual, le llevó, por lo menos unos quince minutos. Los cuales se le hicieron eternos. Cuando por fin escuchó el chasquido de la puerta al cerrarse, tomó una profunda bocanada de aire, y abrió su puerta con indecisión y cautela por si todavía había alguien allí.

Agradeció a Merlín no haberse equivocado, y sin querer tentar a la suerte, salió por el cuadro rápidamente e intentando hacer el menor ruido posible. Caminó por los pasillos que poco a poco iban adquiriendo los cálidos colores del atardecer. Dejándolos así con el aspecto mágico que hasta ese momento tan sólo había llegado a leer en novelas.

Saboreó la tranquilidad y la paz que habían en ese lugar. También le vinieron a la cabeza varios recuerdos de sus años en el colegio. Parecía mentira que hacía tan sólo un año había empezado a trabajar. Y ya ni mencionaba lo lejano que le parecían sus años en el colegio.

Por desgracia, la guerra y sus consecuencias, no se le hacían tan lejanas como a ella le gustaría. Todavía podía oír las explosiones, los gritos y lamentos. Podía recordar con total claridad los destellos verdes y rojos al cerrar los ojos. Veía las caras de conocidos, amigos vacías, sin expresión alguna.

"Dios, necesito pasar página" pensó mientras intentaba volver a poner bajo llave todos aquellos recuerdos. Giró al final del pasillo, y al final, vio lo que estaba buscando. La biblioteca. Al verla, le invadió el familiar sentimiento de bienestar y tranquilidad que siempre sentía cuando estaba allí.

Era donde podía ser ella misma, sin que tener que fingir interés en conversaciones que para ella eran...insustanciales . Allí estaba totalmente aislada de todos aquellos "amigos" que le salían como si de setas se tratasen, cada vez que habían exámenes o trabajos.

Exceptuando, claro, ese cuarto año en Hogwarts en el que la biblioteca fue tomada como salvavidas por uno de los más famosos jugadores de quidditch del mundo. Vicktor Krum. Sonrió para sí misma al recordar al muchacho, que en un principio le había parecido un tanto hosco y simple. Que equivocada estaba. En él, encontró un verdadero amigo. Un amigo con el que podía hablar de casi cualquier cosa que se le pasase por la cabeza sin miedo a que la mirase de forma extraña o la tachara de sabihonda. Cierto era, que el chico no era de muchas palabras, que por cierto ella sospechaba era debido a la barrera del idioma, y no era realmente muy brillante en cuanto a los estudios se refería. Pero, por otro lado, tenía el corazón más amable y tolerante que ella había visto. Porque podía ser que algunas de sus conversaciones, se considerasen más bien un monólogo por su parte o por la de él. Pero aunque él o ella no entendiesen muy bien de lo que estaba hablando el otro, nunca se habían sentido malentendidos o ignorados.

Además de que era increíblemente divertido ver las caras de los demás al verles juntos paseando o comiendo en el Gran Comedor. Y ni que decir de cuando entró cogida de su brazo para el baile de Navidad. Las mejores fueron las de sus "mejores" amigos y sus respectivas parejas. Incluso llegó a bailar una canción con Draco y Blaise. Lo cual realmente la sorprendió bastante cuando lo recordó a la mañana siguiente. Pero no podía decir que lo hubiese pasado mal. Ambos fueron unos auténticos caballeros y una compañía bastante agradable.

Por supuesto ese momento no se lo había mencionado ni a Harry ni a Ron. No estaba tan loca. En cuanto pusiese las palabras Draco, baile y ella misma tardarían menos que una snitch en abalanzarse sobre ella y acusarla de traidora o algo parecido. Lo cual ya le había ocurrido en su tercer año cuando defendió a su gato de las acusaciones que Ron había lanzado sobre ella y Crookshanks. Las cuales resultaron ser totalmente falsas y el muy...terco , no se dignó a pedirle disculpas si quiera.

Empujó la puerta de la entrada mientras escuchaba cómo esta chirriaba de manera desagradable en el perpetuo silencio. Asomó la cabeza por la rendija que había conseguido abrir y oteó toda la estancia entrecerrando los ojos e intentando captar algún movimiento o cualquier signo que le indicase que allí había alguien más aparte de ella.

Tan sólo vio lo que supuso era la enjuta espalda de la señora Pince. Avanzó unos cuantos pasos intentando no romper el ambiente de tranquilidad que en esos momentos había allí. Se colocó frente a la mujer y al notar que esta no levantaba la cabeza del libro que estaba leyendo, carraspeó débilmente para así intentar hacerse notar.

Y funcionó. La señora Pince elevó sus ojos de búho que reflejaban la molestia que sentía por haberla interrumpido. La miró de arriba abajo y finalmente se dignó a preguntarle:

-¿Quien es usted?, ¿Y qué está buscando?

-Buenas tardes- dijo con una sonrisa falsa que se reservaba sólo para los casos en los que quería conseguir algo de alguien a quien no soportaba del todo. Por lo menos, la mujer, tuvo la decencia de sonrojarse levemente cuando notó su falta de modales con ella.- Soy la nueva profesora de DCAO, y venía a ver si podría enseñarme dónde puedo encontrar los libros que necesito para preparar mis clases,- le contestó todavía sin borrar su serena y "amable expresión" y sin poder resistirlo, añadió- si no es mucha molestia, claro.

La pobre mujer, sólo pudo balbucear un par de incoherencias antes de señalarle la zona más alejada y oscura de toda la sala. La sección prohibida.

Enfiló sus pasos con determinación. Sintiéndose como si se fuese a encontrarse con un viejo amigo. Lo cual tenía mucho sentido, ya que en sus seis años en el colegio había estado en ella más de lo que le gustaría admitir, y no siempre en busca de algo que les ayudase a salvar sus vidas del jodido Voldemort.

Intentó que la ira reprimida hacia él se replegase de nuevo y la dejase pensar con claridad. Le habían dado sus horarios, en los que mostraban dónde y a quienes le tocaba dar clase. Para mañana, tendría a primero, tercero y séptimo. Así que decidió buscar algo sobre los Gindilows y los trolls para los de primero, por si la presentación no le ocupaba toda la hora. Para los de tercero, decidió hablar un poco sobre los Boggarts, en honor a su profesor favorito de esa materia. Y para los de séptimo hablaría...de las propiedades del veneno de basilisco.

Satisfecha con su planificación, empezó su búsqueda de los libros que le servirían y empezó a tomar algún que otro apunte. Y así, durante las siguientes dos horas, se centró única y exclusivamente en lo que tenía frente a ella sin prestar la más mínima atención a su entorno. Hasta que, de repente, notó cómo un frío hormigueo le recorría la espalda. Sinceramente era bastante molesto y no la dejaba concentrarse en lo que tenía entre manos. Harta de esa sensación, se levantó de forma abrupta empujando la silla con la parte trasera de sus piernas y miró alrededor de toda la aparentemente solitaria habitación. Parecía que seguí estando tan sola como cuando entró.

Se miró su reloj de pulsera que marcaba las 7:45. ¡Mierda! soltó, no muy segura de si en voz alta o en su interior. Recogió apresuradamente sus cosas y salió de allí como alma que lleva el diablo. Pasó delante de la señora Pince tan rápido que no se dio cuenta de la extraña expresión que esta tenía en el rostro. Era como si sus ojos nariz boca...toda su expresión en conjunto estuviese vacía. Al igual que no se percató de que una sombra salía de donde hacía unos segundos había estado ella sentada.

Cuando llegó a su habitación, tampoco se preocupó por encontrarse con su compañero, tan sólo se dirigió como una flecha escaleras arriba y entró en su cuarto dando un portazo.

"Maldita sea, la cena y la presentación es en quince minutos" pensó mientras buscaba en el guarda ropa algo que se pudiese poner para la ocasión. Segundos después de estar revolviendo como una auténtica psicópata las cuatro prenda que el armario tenía, se paró en seco frente a este y se dio con la palma de su mano en la frente dejando escapar un gemido de frustración."Seré idiota, no voy a encontrar nada aquí. Además de que puedo transfigurar mi propia ropa".

Y dicho y hecho. Tardó tan sólo un escaso minuto en convertir su vestido blanco en uno un tanto más largo, por las rodilla más o menos, de un profundo color borgoña que resaltaba la blancura de su tez. Y para ser sinceros, le daba un aire de misterio y refinamiento que siempre le había gustado tener en sus conjuntos. Aunque no siempre lo hubiese conseguido. Los zapatos no los cambió y la capa al ser negra y sencilla, decidió dejarla también.

Frente al espejo de cuerpo entero, se miró con ojo crítico buscando cualquier detalle que estropease su impoluta imagen. Su pelo, por otro lado, era un caso perdido. Había llegado a utilizar una vez las pociones alisadoras "milagrosas" de Lavender y el resultado fue... desastroso como poco. Por lo que decidió hacerse un sencillo pero elegante moño francés con el que conseguía proyectar seriedad sin llegar a parecer severa. El conjunto, le pareció mejor de lo que había esperado. Asintió a ha su propio reflejo y cuando este le devolvió el gestó se miró el reloj y dos pensamientos se le pasaron por la cabeza. Uno, fue que no estaba segura de que los relojes de pulsera fueran comunes en esa época. Y el otro, fue que como no se diese prisa llegaría tarde a su propia presentación.

Salió de nuevo a los ahora, casi oscuros pasillos. Tan sólo iluminados por unas antorchas en la pared que por lo menos, les daba un poco de calidez a estos. Llegó a la puerta trasera que le habían indicado para que no tuviese que pasar ente las mesas de las casas. Cosa que agradeció enormemente. No le hacía mucha ilusión que digamos tener que pasar entre un tumulto de exaltados adolescentes( aunque ella se sólo un año mayor que algunos de ellos) a los que, de todas formas, tendría que soportar todos los días.

Giró el picaporte de la puerta lentamente y cuando escuchó el familiar ruido de conversaciones, se decidió a entrar en la sala. El único asiento que quedaba libre era junto a un profesor que no recordaba que le hubiese dado en su tiempo y que, tenía pinta de ser simpático. Con paso vacilante, pasó por detrás de las sillas hasta llegar al lugar que estaba vacante. carraspeó para que supiese de su presencia y le preguntó:

- Perdone, ¿esta libre este sitio?

Por su parte, el mago se limitó a mirarla, sopesándola hasta que asintió y con una expresión más cálida, se levantó y le sacó la silla para que se sentase y después, la volvió a poner en su sitio al más puro estilo caballero. Vaya, eso sí que fue raro. Pero en el buen sentido, ya que sintió que algo la llenaba de satisfacción cuando por fin fue tratada como una mujer.

-Y dígame señorita...

-Queneau, Ivory Queneau

-Señorita Queneau, ¿cuándo ha llegado? si no es muy entrometido de mi parte-dijo el brujo, mientras le ofrecía una tranquila sonrisa.

-Llámeme Ivory nada más. Si me llama por mi apellido me sentiré como una auténtica vieja. Y respondiendo a su pregunta, desde hará unas cuatro horas más o menos señor...- le dijo mientras le lanzaba una mirada interrogativa.

-Sanders, Darren Sanders- le respondió él con una agradable voz mientras le cogía de la mano y se la besaba sin apartar los ojos de los de ella. Sintió cómo se sonrojaba levemente debido a la poca, por no decir nula, costumbre.

En ese momento, volvió a sentir ese escalofrío en la espalda. Como si alguien la estuviese mirando con demasiada fijeza. Desvió su atención de Sanders y paseó su mirada disimuladamente intentando encontrar el culpable de que se le estuviesen erizando los pelos de la nuca.

Para su desgracia, casi todo el maldito colegio estaba mirándola con más o menos disimulo. Lo cual era a la vez tan extraño como incómodo. Y eso que tenía experiencia en eso de ser el centro de atención, o al menos, estar al lado de el. Desde que empezó a salir más seguido con Harry y Ron en primero, cada año la atención sobre ella había ido en aumento. Lo que le había provocado más de un dolor de cabeza.

-Señorita Ivory, ¿se encuentra bien?- escuchó que le decía Sanders a su lado. Sintiéndose culpable por no haberle estado escuchando, volvió a centrar su atención en él y le envió una sonrisa a modo de disculpa.

-Lo siento señor Sanders, es sólo que no estoy acostumbrada a tanta atención sin haber hecho nada.

Por su parte, Sanders, tan sólo esbozó una débil sonrisa y, acercándose de forma casi imperceptible a ella, le dijo susurrando, como si de un secreto se tratase:

-Me temo, querida, que va a tener que acostumbrarse a ello. Al menos durante algún tiempo, hasta que la noticia de que una profesora joven y bonita, si me permite la observación, va a ocupar un puesto que siempre ha estado gafado.

Ante esas palabras, no pudo más que apartar su mirada de él y evitar así que notase cómo se volvía a sonrojar igual que cuando tenía quince años. Y queriendo responderle como se merecía, respiró profundamente intentando aclarar su aturullada mente. Pero en cuanto estuvo segura de que había encontrado algo para cerrarle la boca a ese hombre, escuchó cómo Dumbledore pedía silencio sin levantar la voz lo más mínimo. No creía llegar nunca a comprender cómo lo hacía pero en fin.

El comedor entero se sumió en un profundo silencio. Los alumnos y alumnas se giraron para estar de cara a la mesa de los profesores. Mientras que el director se levantaba, y le agradecía a Dumbledore antes de empezar con el habitual discurso de bienvenida que hasta ese momento, ella siempre asumió sería recitado por Dumbledore. Se le hacía raro que alguien más aparte de él pudiese animar a los alumnos e incluso a los profesores.

Dippett empezó ha hablar con su molesta voz intentando parecer solemne cuando tocó el tema de los refugiados y de Grindelwald. Aunque sólo consiguiese tartamudear una cuantas palabras que hasta a ella que estaba relativamente cerca le costase entender. Luego cedió la palabra a Dumbledore para que éste se encargase de llamar a los alumnos de primero que esperaban con las caras llenas de incertidumbre y, en algunos casos, un poco de lo que parecía ser miedo o impresión.

Fueron caminando por los pasillos conforme escuchaban sus nombres y sentándose en la silla frente a todos a la espera de que el sombrero mágico les dijera a qué casa pertenecerían.

Después de lo que a ella le pareció una eternidad escuchando Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff, Slytherin... por fin se dio por terminada la selección. Pero debería haberse imaginado que no se escaparía de esa pesadilla tan fácilmente, ya que cuando el último chico se sentó en su sitio, Dubledore dijo con voz clara y firme:

-Y para terminar, me gustaría presentarles a la que será vuestra nueva profesora de DCAO. Pido un fuerte aplauso para la profesora Ivory Queneau.-terminó mientras la señalaba y le indicaba que se levantara.

Ella, por su parte, estaba dividida entre las ganas que tenía de lanzarle un mocomurciélago y las de salir corriendo de allí sin volver a mirar atrás. Pero como sabía que no podría hacer ninguna de las dos, se levantó de su silla apenas sosteniéndose con sus piernas (que parecían haber sido víctimas de un conjuro de glatinización) y repitiéndose en su cabeza "Sonreír y saludar, sonreír y saludar..."

Claro que cuando por fin, pudo volver a sentarse y todo el mundo dejó de aplaudir y volvió a su comida, todavía no se le había ido ese pensamiento que ocupaba unas tres cuartas partes de su cabeza y que sospechaba no se le borraría del todo hasta pasado un largo período de tranquilidad.

"Dumbledore, más te vale que corras, porque como te pille ni las lágrimas de tu fénix te podrán curar"

Y...eso es todo!

Sí señoras y señores, he vuelto! jajaja siento haberme tardado tanto aunque ya se que últimamente lo he dicho mucho.

Espero que les haya gustado y también espero que me lo puedan comunicar por un review o un calabazazo.

En fin lo dicho, bye bye. =3