Howl.

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-Creo que no tengo paciencia- dijo. El vivaz fuego que ardía y no se consumía lo observó entre divertido e incrédulo.

-¿Pensé que ya lo sabías Howl, nunca fue una de tus virtudes-

-¡Pero Calcifer! ¿No hemos esperado demasiado? ¿Acaso lo habré soñado? ¿Y si ella nunca aparece?- confesó el mago abatido.

-¿Y por eso te entretenés jugando con el tiempo?- inquirió el fuego con suspicacia- Madame Suliman no te había dicho que no se podía…-

-Ni la menciones Calcifer, ya bastante me aterra esa mujer- suspiró un tanto derrotado- Y no "juego" con el tiempo, ella me necesitaba-

Hacía ya tanto tiempo que había perdido su corazón que, sentir todas las emociones que desbordaban a la joven mujer, en el momento que ella aceptó sin más su trato silencioso, le había recordado lo que era sentirse vivo, tener un corazón palpitante y viviente.

Desechó los oscuros pensamientos que amenazaban con amargarle el día; concentró su atención en lo que la llama había dicho.

-Calcifer… hace mucho que vagabundeamos juntos, no? Si pudiera "jugar", ¿no crees que las cosas serían distintas?

Es imposible, incluso para un hechicero de mi poder, borrar los hechos, revivir personas, ¡moldear una realidad desde su génesis!-

-Pero no entiendo Howl, ¿qué estás haciendo con la chica de ojos verdes?-

-Como ya dije, sólo cumplo un deseo-

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Un escalofrío recorrió su cuerpo y erizó hasta el último de sus vellos. Observó la habitación con violencia; se sentía totalmente perdida.

-¡Sakura! ¡¿Estás bien?- le preguntó su madre acongojada- Ya cariño, ya pasó, fue sólo un mal sueño.-

"Sí, sólo un mal sueño" se repitió a sí misma un rato después. Aún así no lograba sacarse de encima la desazón que sentía.

En el fondo de su corazón sabía que podía llegar a ser más que un "mal sueño".

Se abrazó a sí misma y tarareó una canción de cuna; no quería dar rienda suelta a sus pensamientos. Pero le costaba.

Unas lágrimas rebeldes murieron en sus labios.

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"(…) Entre sus brazos se deshacía el cuerpo inerte de su madre, y a su alrededor las cosas desaparecían. Sasuke la observaba entre confundido y asombrado.

De repente sólo quedaron ellos dos y, a pesar de lo perdida que se sentía, notó el momento exacto en que todo se desmoronaba y la verdad hacía de las suyas en la mente del pelinegro.

Los ojos del Uchiha brillaron nerviosamente hasta apagarse del todo. Lo vio temblar con el rostro desencajado para luego notar como esa máscara que tan bien conocía-y que creía haber olvidado- se apoderaba de él.

Sasuke había dejado atrás al joven enamorado para volver a ser el oscuro, torturado y desalmado vengador.

Pero no fue eso lo que la hizo temblar de dolor ni de miedo; sino el asco que destilaba la mirada del hombre.(…)"

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Le costó mucho arrancar, salir de la protección y soledad de su cuarto, calmar sus nervios y contener las lágrimas.

Su madre- "gracias a Kami por tenerla"- se había ofrecido para avisarle a Kaede que no iría a trabajar.

Deambuló confundida por la casa una hora más; sabía que su ma pronto volvería y no quería verla, no aún.

La imagen del supuesto sueño había sido tan real que le recordó la verdadera muerte de su progenitora años atrás.

"No puedo más" pensó. Juntó chakra en sus piernas y desapareció de la casa.

En poco tiempo ya había dejado Konoha atrás pero, aún así, siguió corriendo: quería que la angustia desapareciera con cada paso dado.

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-¡Teme! Vayamos al Icharaku! ¡TEME!- escuchó como Naruto lo llamaba a lo lejos. Habían terminado el entrenamiento sin ningún problema… si no contaba como tal la preocupación que repentinamente y sin motivo aparente lo había embargado. Algo dentro de él activó una alrma y sabía bien que –muy a pesar suyo- hasta no ver a cierta muchacha de cabellos rosados y sonrisa dulce, no se tranquilizaría.

Guiado más por los instintos que por la razón, apresuró la marcha hacia la librería. Estaba al tanto del espectáculo gratuito que les brindaba a sus compañeros pero poco le importó.

Sabía que Naruto se mordía la lengua para no asediarlo con preguntas –gracias en gran parte a la siempre prudente Hinata Hyuuga- y que Nadeshiko lo miraba con recelo y resentimiento.

Era consciente de que antes de la llegada de Sakura a su vida ellos dos habían mantenido una relación un tanto especial: más que compañeros pero no novios.

Lo suyo habían sido encuentros fugaces y necesitados en medio de largas noches de aburrimiento.

Nadeshiko era, en muchos sentidos, parecida a él y estar con ella le resultaba cómodo.

Era bella, de eso no había duda, y letal; una combinación que había atraído a más de un hombre.

En la intimidad era diestra y apasionada, sin caer jamás en sensiblerías. Le gustaba gozar, pasar un buen rato sin tener que dar explicaciones. Era una mujer libre que disfrutaba de su cuerpo y no dudaba en decir lo que pensaba.

"Uchiha estoy aburrida, tengamos sexo" le había soltado la primera vez como si dijera la hora, el estado del tiempo.

Una vez, tras uno de sus tantos encuentros, recostados en suelo de su cocina se le dio por preguntarle por qué él y no el dobe.

"Simple" le había dicho "Naruto está enamorado y no me gusta cagarle la vida a gente que aprecio"

"Y sí Uchiha, quiero a algunas personas"

"Entonces no te importa jodermela a mí" le respondió insinuantemente.

"No. De los dos, la jodida soy yo" había sido su última respuesta antes de salir desnuda hacia el baño.

Hacía ya tiempo que no buscaba el consuelo del deseo satisfecho en sus brazos y menos desde la entrada de Sakura. Dudaba que fueran celos –si bien siempre la respetó los dos sabían que ella no había sido la única en pasar por su cama ni él por la de ella- pero tenía la leve impresión de que el enojo de la mujer era su culpa.

Llegó a la librería y, desde su escondite, buscó a la joven Haruno. Al no verla no tuvo otra opción –si quería tranquilizarse un poco- que entrar a buscarla.

Se pasó la mano derecha por el pelo impacientemente; hacía ya dos meses que salían pero no habían blanqueado su relación, por lo que entrar al lugar y ´preguntar por ella era, en cierta manera, una manera de hacerla un tanto más oficial.

Tras murmurar algunas maldiciones se adentró al local e ignoró estoicamente las miradas libidinosas que las mujeres le dedicaban sin pudor alguno y enfocó su atención en una señora entrada en años que sonreía maternalmente.

-¿En qué puedo servirle joven Uchiha?- le preguntó la mujer.

-Hmp… ¿Sabe dónde se encuentra Sakura?- inquirió

-¡Yo sabía que era usted!- Exclamó la mujer alegremente- ¡Usted jovencito es el que me la anda distrayendo a la pobre! Mucho gusto en conocerlo, yo soy Kaede y me alegra saber que mi niña está en buenas manos! Venga que le preparo un té, vamos no sea tímido!- lo empujó la mujer hasta la parte trasera del local- Estas mujeres de hoy en día ya no respetan al hombre de otra… Pero, no tengo de qué preocuparme, ¿cierto? Como mi Sakura no hay ninguna..-

-Sí, es única- respondió con una media sonrisa. Si bien Kaede lo trataba con mucha confianza lo hacía como si él fuera parte de su familia y no pudo evitar sonreírle a la mujer.

-Sakura desde su llegada ya no es la misma, por suerte. Ahora sonríe más, suspira más, sueña más, creo que debo agradecérselo. Ahora bien, ella no vino hoy y no creo que lo haga por el resto de la semana, según lo que me dijo la señora Haruno..-

-¿Cómo? ¡¿Por qué?-

Kaede sonrió- Jovencito calma, parece que está un poco enferma, nada más… ¿Por qué no va a visitarla? ¡Estoy segura que a ella le va a encantar!-

Y gracias a esa sugerencia ahora se encontraba en el portal de la casa de los Haruno sin entender por qué ella no se hallaba ahí.

-Sakura…-

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-Yo sola me metí en esto. ¡Mierda! ¡Y Howl no me responde!- dijo cansada en voz alta. Se había pasado toda la tarde fuera de la aldea y al ver las primeras estrellas en el firmamento creyó oportuno regresar. Sumida en sus pensamientos no vio al hombre parado que la esperaba en el umbral de su casa.

-¿Quién no te responde?- lo escuchó preguntar y recién en ese momento notó su presencia y el tono amargo y enojado de su voz. Quizás si fuera otra la situación-otro lugar- se reiría de lo extraña que le parecería la escena.

-Sasuke…- "¿Qué hace acá?"

La observó en silencio y una parte de él, la que no estaba dominada por el enojo, se tranquilizó. Sakura se veía bien, un tanto distraída pero bien.

-Quién- repitió hosco.

-No pasa nada Sasuke-kun- le respondió con su mejor sonrisa.

"Debe creer que soy imbécil" pensó. -No pasa nada- murmuró- Sólo desapareciste durante todo el maldito día, cuando se suponía que estabas enferma, y ahora me tratas de idiota. A qué mierda jugas Sakura-

No supo qué la sorprendió más: si el largo discurso o la ira contenida en su tono bajo, casi siseante. Aún así su genio le impidió pasar por alto la forma en la que se había dirigido a ella.

Sabía bien que este no era el mismo joven que la había maltratado de genins, ni el que los había traicionado. No, este Sasuke no tenía las mismas necesidades ni penurias que aquel otro; pero ella sí era la misma.

La misma mujer que dejó atrás toda posible humillación y que era respetada por todos aquellos que la conocían. Y esta mujer no iba a permitir que la maltratasen, nunca más.

-No estoy jugando a nada Sasuke. No sé por qué estas tan molesto ni que haces en mi casa. Tenía ganas de salir, dar una vuelta…- suspiró- ¿en qué momento se supone que tendría que avisarte de lo que hago o dejo de hacer?- quiso seguir rebatiéndole pero se vio interrumpida por unos labios exigentes que le cortaron el aliento.

A pesar del enojo, de los miedos que la habían asechado gran parte del día, el sólo estar entre sus brazos era lo único que necesitaba para sentirse mejor. Devolvió el beso con pasión, enredó sus manos en los cortos cabellos oscuros y pensó en cuan dependiente de él se había vuelto.

Lo que no podía saber era que Sasuke pensaba lo mismo. El sentirla contra su cuerpo tan entregada a la pasión de sus besos, al calor de su propio cuerpo lo hacían experimentar una dicha tal que lo asustaba por momentos.

Su amplio mundo, aquel en el que había crecido hasta transformare en el hombre que era, se había reducido a la frágil y femenina figura que apretaba cada una de sus curvas contra su pecho.

¿Era posible amarla con tal intensidad, cuando no hacía más de dos meses eran completos extraños? Parecía que sí, todo su cuerpo gritaba que sí. Y el de ella también.

La alzó en brazos y corrió con ella hasta los territorios de su clan.

-Sasuke, no- le dijo suavemente.

-Disculpame, yo..- trató de decir. "Maldito idiota!" – no quise presionarte-

-No- le respondió ella dulcemente- Busquemos un lugar nuestro Sasuke-kun..-

La observó una vez más y luego la besó completamente enamorado. Volvió a tomarla en brazos y se dirigió a esa pequeña cabaña que habían encontrado casi por error la última vezque salieron.

La recostó con suavidad sobre la improvisada cama y la admiró largamente. El cabellos rosado y abundante que se esparcía libremente dibujando extrañas figuras; los ojos brillantes y más verdes que nunca, llenos de emoción, expectativas; las mejillas sonrosadas, los labios carnosos y entreabiertos; el pecho agitado.

-Hermosa- pronunció antes de besar con reverencia su frente y siguió repitiéndolo a medida que sus labios tocaron la piel suave de sus mejillas, sus párpados, sus labios.

Siguió un camino húmedo por cuello mientras sus manos se deshacían del vestido rosa.

-Perfecta- afirmó al contemplarla en su ropa interior.

Y "Mía" fue lo último que dijo antes de que la pasión, e contacto de sus pieles lo llevaran a usar otro lenguaje; uno tan antiguo como el mismo mundo.

Y completamente sincero.

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