Capítulo beteado por Ivis Martínez, Beta FFAD.
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Una historia sin nombre.
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Capítulo 3: Misterios en los diarios.
Sorprendentemente, cuando mis padres llegaron no dijeron ninguna palabra. Puede deberse al ambiente del funeral o a porque lo que les dije era nada más que la verdad. No lo sé. Me dijeron un simple "Hola" y se retiraron a su habitación.
Tenía toda la tarde y noche, al parecer, libres para hacer lo que quisiera. Decidí que quería explorar. Conocía esta casa como la palma de mi mano, con una excepción: el cuarto de la abuela. Curiosamente estaba al lado del mío, pero aun así nunca llegué a entrar al cuarto.
Mi abuela Marie era una persona sabia, seria, divertida y amorosa, todo al mismo tiempo. Podía ser libre en algunos sentidos y completamente cerrada en otros. Así que decidí, ya que no le haría daño a nadie, que iría a darle un vistazo a la habitación. Ya que, según su testamento, ahora todo lo suyo era mío.
Salí de mi habitación y caminé un par de pasos hasta el de la abuela. Entré abriendo la puerta con cuidado.
Decir que me sorprendí sería una mentira. El cuarto era normal, podría decirse que demasiado normal. Su cama estaba hecha, todo en su lugar. En su mesa de noche había una lámpara y varios retratos míos, de mi padre y de otras personas desconocidas. He de suponer que eran sus padres o incluso sus abuelos. Nunca los había visto antes.
Me moví a su armario. Eso sí me sorprendió. Dentro del armario, aparte de su ropa, había otra cosa. Una caja y decía 'diarios'. Abrí la caja y adentro había varios diarios. Tomé la que tenía una 'M' y un '1', suponiendo que esa sería la de la abuela Marie.
Me sentía algo consciente de que estaba posiblemente violando la privacidad de la abuela, pero la curiosidad me estaba matando. Encima de su diario venía pegada una nota, la cual iba dirigida a mí, eso me hizo tener más curiosidad y me alentó a leer.
Bella:
Puede que sólo te conocí cuando eras pequeña, pero sé que tu curiosidad nunca cambiará. Dejo estos diarios a tu alcance para que los leas. Sé que aunque no te lo hubiera dicho, los habrías leído de todas formas.
Por favor, comienza a leer primero el diario de Georgina. Ella era mi abuela. Los diarios tienen recopilaciones, así que pueden hablar de una edad y cambiar completamente a uno o dos años después, puede que más. Además, es la única manera de que comprendas los siguientes. Después de leer ese, lee el de la letra "J", Joseph, mi padre. De nuevo, vienen solamente ciertos momentos porque ha sido imposible conservar todos los diarios completos después de tantos años. Sé que te dará impaciencia no leer los míos ya que a ellos no los conociste, pero aún con eso, no te apresures a las cosas. Es mejor así.
Te quiero, pequeña.
Marie.
Suspiré. En serio que la abuela me había conocido bien.
Volví a poner el diario en su lugar y cerré la caja antes de sacarla del armario. Caminé de puntitas, rezándole a quien sea que esté arriba que no me dejara usar mi torpeza ahora. Llegué a salvo a mi habitación y me acomodé en mi cama, con la caja enfrente de mí. La miré fijamente por unos segundos y después la abrí.
Ahora, en la comodidad de mi cuarto, revisé más a fondo el exterior de los diarios. Todos eran demasiado gruesos para ser diarios de ocasión y demasiado delgados para ser diarios de esos que tienen entradas en cada día.
Saqué el diario que tenía una letra G y lo extendí enfrente de mí. Me fijé más de cerca y cada letra tenía un número al lado, en letras diminutas. De acuerdo, si alguien quería que los leyera, parecía que querían que los leyera en ese estricto orden. Me recargué en la cabecera de mi cama, tomé el diario y comencé a leer.
16 de agosto de 1881
Querido diario:
Nunca he usado un diario y me parece tonto escribir en uno. Mi madre me acaba de regalar este. No puedo escribir todos los días porque me cansaría, pero siento que hoy debo escribir. Ahora tengo 14 años, puede que no conozca bien las cosas, pero creo que algo extraño me pasó anoche.
Estaba acostada, esperando que me llegara el sueño, cuando sentí una mirada. Es raro, pero puedo sentir cuando alguien me ve. Mis padres ya me habían dejado acostada con mi beso de las buenas noches, se supone que debería de haber nadie en mi cuarto. Intenté ignorarlo con todas mis fuerzas, pero era imposible.
Me volteé, esperando ver a alguien, pero no pude ver nada.
Me estaría imaginando cosas. Creo que eso fue. Ahora me llaman a comer y debo irme, diario.
Fruncí el ceño y después sonreí. Eran recuerdos de, técnicamente, mi tatarabuela. Cuando ella tenía 14 años. ¿Qué demonios hacía alguien observándola? ¿En serio ella se estaría imaginando todo? Le di vuelta a la hoja y leí la siguiente entrada.
28 de septiembre, 1881.
Querido diario:
Ha pasado más de un mes desde que sentí que alguien me veía en mi cuarto y no ha parado. Todas las noches trato de ver quién hace eso, quién está ahí, en la oscuridad, viéndome. Después de la primera semana que pasó me convencí de que no me estaba inventando nada, pero planeaba hacer algo que me ayudara a saber quién es.
Como siempre, en la noche, me acosté y, después de un tiempo, escuché una brisa de aire y después comencé a sentir la mirada. Me enojaba de no saber las cosas y decidí hablar. Me senté en mi cama y le hablé a la nada.
¿Por qué lo haces? ¿No tienes nada que hacer? —no respondieron. — ¿Sabes? Es algo molesto que mires a las personas por las noches sin decir nada. Es incómodo. —seguía sin responder. Intenté otra cosa. — ¿Sabes otra cosa? —escuché un movimiento. — No le he dicho a nadie que estás aquí. Mis padres y mi hermano no tienen idea. ¿Quieres que les diga? Seguramente les encantaría saberlo para poder conocerte.
Algo en las sombras se movió. Y momentos después una persona salió, caminando como si nada, hacia mí. Era un hombre. A simple vista se notaba que era mayor que yo, pero sus rasgos parecían ser aún jóvenes. Su piel era pálida, podía verse por la luz de la luna que entraba desde mi ventana.
—No le digas a nadie, por favor. —me dijo con una voz suave.
¿Cuál es tu nombre?
—Tyler.
—Yo me llamo Georgina. Un gusto finalmente conocerte.
—Igualmente. —Sonreí. Parecía tener buenos modales.
¿Puedo preguntarte algo? —no me respondió. — ¿Por qué estás aquí?
— Para protegerme.
Decir que esa fue la noche más larga de mi vida sería un entendido. Me dijo que estaba involucrado en algo malo. Que había algunas personas que le harían mal si lo veían. No tenía un hogar, por eso venía a esta casa, a esconderse de los malos.
Sonará raro, pero me parecía bien. No le iba a decir a mis padres de esto. Ni siquiera mi hermano menor, Robert, podía enterarse. Sería peligroso para él. Todos sabrían que estaba aquí, y, según lo que me decía, ese sería su fin.
Diario, ojalá pudieras decirme si hago bien al no decirle eso a mi familia. Sé que debería, pero hay algo que me detiene. Mientras esté en mi poder, puede usar este lugar para esconderse mientras lo necesite.
Entonces no estaba imaginando. Georgina tenía a alguien en su cuarto y no le dijo en sus padres. El dichoso Tyler era, en palabras de ella, un joven, pero mayor que ella. Y ella tenía 14 años. No, no podía ser. Duré un buen par de minutos pensando esto.
—Dime que estás bromeando. —susurré para mí misma. Seguramente, si yo tuviera 14 años y me encontrara con un chico algo mayor que yo, y me llamara la atención, podría… no. Era un completo desconocido. Sé que no importaba ahora porque eran eventos pasados, pero en definitiva, Georgina no podía enamorarse de él. No si sus padres no estaban enterados, y no si ni siquiera sabía quién era. Bufé y leí lo siguiente. Posiblemente podría terminar de leer sus diarios más rápido de lo que pensé. Algunas entradas estaban muy distanciadas, una de la otra.
Querido diario:
30 de diciembre, 1881.
Las cosas habían mejorado considerablemente desde que decidí hablar con Tyler. Había llegado a conocerlo mejor. Uno de los tantos días que hablábamos en las noches, le había preguntado su edad. Me dijo que tenía 20 años. Era 6 años mayor que yo. Creo que no era mucho. Pero, a veces, cuando hablaba, su voz me hacía sentir como toda una chiquilla. Parecía ser que él había vivido todo lo bueno y malo del mundo, a pesar de su edad, y eso me llenaba de curiosidad.
Desde aquel día, hablábamos todas las noches. Excepto los periodos de tiempo que desaparecía por días. Bueno, noches. Decía que en esos días era cuando tenía que hacer 'parte de su trabajo.'
No dejaba que me acercara a él, decía que no debía hacerlo. Las únicas veces que no podía evitarlo, y él no podía detenerme, era después de esos días. Siempre que llegaba de esos 'trabajos', llegaba lleno de cicatrices. Me decía que no había nada de malo. Que no me preocupara, pero simplemente no podía no hacerlo. ¿Quién en su sano juicio desaparece y regresa lleno de cicatrices y dice que no es nada malo? Probablemente estaba loco. En fin, esas veces que logré tocar sus brazos, para revisar sus heridas, noté que su piel estaba fría. Probablemente debido a que siempre salía de noche. Me dijo que ya estaba muy acostumbrado a eso y no lo entendí.
Todas mis noches de no dormir por charlar, estar ansiosa o preocupada, me habían causado actuar sospechosamente enfrente de mis padres. Siempre tenía sueño y ellos se preocupaban por mí. Mi hermano era más insistente que ellos dos juntos. Muchas veces salía de su cama y venía a mi cuarto. Podía escucharlo, al igual que Tyler. En esos momentos rápidamente iba a esconderse, en donde nadie podía verlo mientras mi hermano iba a 'revisarme' para estar seguro de que dormía.
Claro que no lo hacía, pero él no se daba cuenta. Apenas tenía 12 años. Obviamente no se daba cuenta de mucho.
Tyler siempre estaba al lado de mi cama, platicando conmigo hasta que me quedaba dormida. En las mañanas, ya no estaba. Me hacía preguntarme. ¿Acaso duerme de día? ¿No duerme en lo absoluto? Pero prefería no preguntar. No importaba.
En esas veces que estaba ahí, sentado en el piso mirándome, había momentos en los que nos quedábamos sin nada que platicar. En esos momentos, nos mirábamos. Solamente eso, nos mirábamos hasta que teníamos algo más que decir, o hasta que me quedaba dormida.
A veces odiaba dormir.
Esa última oración me había aclarado mucho. Aunque aún no lo supiera, Georgina estaba enamorada de él. Pero seguía siendo muy extraño. Seguramente la abuela tenía razón cuando me escribió que no lo entendería si lo leía desde su diario. Me lo imagino. Estoy leyendo en orden y no tengo idea de lo que sucede.
Escuché que tocaban mi puerta y escondí la caja con los diarios dentro de mi armario. Corrí a abrir la puerta.
— ¿Sí? —pregunté. Eran mis padres.
—Bella, ya es jueves. Sabes que nos vamos mañana ¿verdad? —preguntó mi padre.
—Sí, me lo dijeron. ¿A qué hora se irán? —pregunté.
—Nos iremos en la noche. —ahora contestó mi madre. —Para tener tiempo de comprarte cosas para la casa e inscribirte en el instituto. —Claro, no iba a dejar ir eso.
—Está bien. ¿No podemos iniciar las compras ahora? —En serio me entusiasmaba la idea de vivir en un lugar que tanto había querido.
—Pues, —dijo mi padre poniendo su mano detrás de su cuello. — veníamos a decirte precisamente eso. ¿Vamos?
Le sonreí. —Vamos.
Estos eran los buenos momentos de padres e hija. Pasamos el resto de la tarde en Port Ángeles comprando comida, ropa para el frío, comida, algunos muebles pequeños, comida, una nueva cerradura para la casa, y, por supuesto, más comida.
—Cielos, mamá. ¿En serio no te parece que es demasiada comida?
—Es por precaución, hija. Puede que no tengas oportunidad de venir muy a menudo, ya que no tienes auto y todo eso. —Claro, maldición. Pasamos más rato viendo algo que comprar, cuando a mi madre se le ocurrió una idea brillante.
—O, —dijo en tono ocasional. —Podríamos dejarte mi auto y usar el de Charlie en Chicago. Es decir, no nos sirve de nada tener dos autos y a ti te vendría bien usar uno aquí.
La miré completamente sorprendida. — ¿En serio me dejarías tu auto? —Puede que el auto de mamá fuera una de las cosas que ella más apreciaba.
—Claro, entonces, ¿Lo hacemos? —preguntó con una sonrisa.
Solté una risilla mientras le daba un abrazo. — Sí, gracias, mamá. Te quiero.
—También te quiero, cariño.
Regresamos cansados a la casa, pero aún teníamos que meter TODAS las cosas que compramos, así que nos tardamos una buena hora en terminar de poner todo en su lugar. Ahora había un escritorio en mi cuarto, había comida en el refrigerador, había comida en la alacena, había un reproductor de DVD en la sala, un estéreo en mi cuarto. Bien, al menos mañana tendremos más tiempo para pasarla juntos y, muy a mi disgusto, inscribirme en la escuela. Simplemente una falla en el día de mañana. No puedo esperar a todo lo demás.
He decidido. El fin de semana leeré el resto de los diarios desde donde me quedé. Quiero pasar un último día feliz y tranquilo con mis padres sin tener mil y un preguntas corriendo a toda velocidad en mi pobre cabeza. Ya tenía suficientes.
¿Qué pasó con Georgina? ¿Qué pasó con Tyler? ¿Qué pasó con ambos? ¿Qué es Tyler? ¿Por qué y de quién se está escondiendo por las noches? A pesar de todas las dudas, no me iba a permitir tocar esos diarios hasta que mis padres se fueran.
Parecía ser que todos los Swan teníamos una mente imaginativa y demasiada curiosidad. No sería buena idea mostrarlo enfrente de mi padre.
