Capítulo beteado por Ivis Martínez, Beta FFAD.
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Una historia sin nombre.
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Capítulo 4: Amor Inhumano.
Viernes. Era un día memorable. Bueno, memorable en cierta manera. Hoy tendría más tiempo de calidad con mis padres, me inscribiría al instituto, mis padres se irían, oficialmente viviría sola y también, volvería a leer el diario de Georgina. Había resistido la tentación anoche y no seguí leyendo. El diario parecía llamarme desde mi mesa de noche, pero lo ignoré. Y gané.
Los sueños que tuve por la noche fueron interesantes, por decirlo menos. Me imaginaba todas las cosas que Georgina parecía haber vivido. Me imaginaba cómo sería y antes de darme cuenta, me estaba imaginando a mí. Yo, en el lugar de Georgina, a los 14 años, durmiendo un día como cualquier otro y saber que alguien me observaba. Pero era ella. No yo, sólo que en mi sueño éramos iguales. Veía a su desconocido: pálido, de piel fría, apariencia de 20 años, probablemente de cabello negro o café, ya que ella no lo había mencionado. El último vistazo que tuve de ese sueño me llenó de dudas. En un segundo, toda la escena había cambiado, la que estaba en el cuarto era yo y mi desconocido era una persona increíblemente similar a Edward Cullen, por no decir igual. Se acercaba a mí con una sonrisa en su rostro… y entonces desperté.
Desperté completamente agitada. El sueño parecía tan real, él parecía tan real. Sólo me había encontrado con el tipo 2 veces y ya salía en mis sueños. Yo no estaba interesada en él. Debería saberlo, porque después de todo yo soy yo. Yo debería saber de mis sentimientos ¿verdad? Probablemente me lo imaginé a él porque, al igual que el mencionado Tyler, tenía la piel pálida. Y yo me imaginé como Georgina porque después de todo debemos parecernos por ser familia. Miré mi reloj y vi que eran las 10. Más tarde de lo usual, pero no demasiado.
No muy después de eso, escuché un golpe en la puerta y a mi madre diciendo que me levantara para ir a la escuela. Gruñí en mi almohada, molesta pero resignada. Todavía ni entraba a la escuela y ya me estaban levantando para ir. Increíble, sólo a mí me pasaban esas cosas.
Con un suspiro me levanté de la cama, tomé mis cosas de aseo y mi ropa, salí del cuarto y crucé el pasillo para entrar al baño. Me bañé rápidamente y me puse mi ropa. Un simple pantalón de mezclilla ajustado y una blusa azul. Lavé mis dientes y después me cepillé el cabello para dejarlo en una coleta. Suficientemente simple, decidí bajar.
Mis padres estaban extrañamente tranquilos para ser el último día de su estadía. En cuanto bajé, me serví un cereal y me dijeron que ya habían desayunado. En cuanto terminé salimos en rumbo de la escuela. Nunca la había visto, pero no me sorprendió su apariencia. Lleno de colores neutrales y azul, y completamente nada fuera de lo normal.
Al parecer hoy era alguna clase de día para recoger horarios o algo, porque estaba inusualmente concurrido para ser un día de vacaciones a las diez de la mañana. Fuimos a la oficina y me encontré con otras 5 personas que me resultaban extrañamente conocidas.
Claramente recordaba a los Cullen por su peculiar presentación que hicieron en el funeral de la abuela, pero no me esperaba encontrármelos ahí, y mucho menos tal y como los tenía grabados en la memoria. Aunque se veían algo tensos, era técnicamente la misma apariencia. No sé porqué, pero me esperaba algún cambio.
El orden en el que se encontraban ahora era diferente. Jasper, Alice, Edward, Emmett y Rosalie. Jasper estaba mirando alrededor con una mirada de incomodidad, como si deseara con todas sus fuerzas estar en algún lugar que no fuera ese. Alice estaba sonriendo abiertamente en ninguna dirección mientras daba saltitos y conversaba con Edward. Sus ojos… parecían tener algo raro. Claro que desde la distancia que tenía no podía distinguir nada. Él… por ninguna razón o motivo aparente parecía acabar de mirarme porque lo encontré en el pleno proceso de retirar su mirada. Creo que me ruboricé un poco. Tenía cara de estar escuchando a Alice, pero sin importarle lo que decía. Emmett parecía burlarse de él, porque decía algo, se reía sonoramente atrayendo la atención de muchas personas y después golpeaba a Edward como disfrutando de un chiste privado.
Rosalie parecía estar pensando en algo, profundamente. Entonces parpadeó, como recordando algo importante y miró en la dirección de Alice. Varias cosas pasaron y de alguna forma logré registrarlo todo. Jasper se tensó, mirando completamente a Rosalie, Edward inclinó su cabeza en dirección de Rosalie y frunció el ceño, Alice parpadeó como despertando de un sueño ligero para después soltar un suspiro rápido y desaparecer en dirección de lo que supuse eran los baños.
Salí de mi análisis porque tenía que acercarme a la secretaria a hacer todo el papeleo. Mientras pedían mis datos como mi nombre, edad, género (en serio es una estupidez, ¿qué no pueden verme?) Alice Cullen regresó con sus hermanos, con una expresión de alivio, como si acabara de salvar su vida. Sus ojos eran diferentes pero, de nuevo, no podía notarlo. Ahorraré pensamientos y no diré todo lo que tuve que llenar. Simplemente diré: para las 11 y media de la mañana ya estaba oficialmente inscrita y lista para iniciar clases el lunes, con un recorrido guiado al gran pequeño instituto de Forks y mi nuevo horario de clases. Los Cullen se fueron un rato antes, así que no tuve nada qué mirar mientras salíamos del instituto e íbamos a la casa para que mis padres tomaran sus maletas.
…
Silencio.
Quietud.
—Vaya. —Suspiré.
La casa sin mis padres estaba llena de eso. Tanto silencio y quietud que me resultaba un poco perturbador. La despedida a mis padres había estado llena de sonrisas falsas y sentimientos fingidos.
Pero en el lado malo, la soledad me atrapó desde mi viaje a Seattle a Forks y hasta ahora, contemplando mi nueva casa ahora estando yo como su única habitante. Sin mis padres la casa era grande, pero le faltaba la sensación de ser un hogar. Pero ya me encargaría de eso después. Tenía diarios que leer.
Con mi plan de hacer la casa más hogareña e iniciar la escuela en cuestión de días, probablemente sólo podría leer este fin de semana tranquilamente. Una vez decidida, me apresuré a subir a mi cuarto, tomar el diario de Georgina y acomodarme en el sillón de la sala para iniciar donde me quedé.
3 de abril, 1882.
Diario, temía admitirlo antes, incluso a mí misma porque parece psicológicamente imposible, pero lo confieso contigo ahora: Estoy enamorada de Tyler. Nadie más que yo lo conoce. Nadie hablaba de él en las calles. Nadie sabía nada de este personaje bello y aparentemente indestructible además de mí. O al menos eso creo yo.
Él no ha cambiado nada, no envejece, no puede hacerse daño. En estos casi 8 meses de convivencia con él había logrado verlo subir y bajar de mi ventana como si se tratara de nada, sin resoplar, caer o fracturarse. Eso me llevaba a su aún inexplicable necesidad de refugio por las noches. No que me importara en lo absoluto porque sorprendentemente sabía respetarme. Se iba o se volteaba cuando lo pedía y había aceptado mis ruegos y prometió nunca leer mi diario, porque me observaba mientras lo escribía. De hecho, justo ahora me mira con una sonrisa. Y claro, eso me llena de esperanzas de algún día poder hacer algo con él. Por razones inexplicables para mí no me dejaba acercarme mucho. Excepto una vez hace un par de meses que me dejó abrazarlo porque estaba muriendo de miedo porque estaba sola y sentía que iban a entrar a la casa. Así que no sabía qué hacer. Mi hermano sospechaba de mí porque a veces no me controlaba y me reía o gritaba por alguna cosa que él decía. Yo trataba convencerlo de que no pasaba nada, pero él no era tonto y comenzaba a pedir más explicaciones para no ir de chismoso con mi mamá. Faltan un par de días para mi cumpleaños y espero pasar un buen tiempo hasta entonces. Siempre ha pasado algo, algún accidente, alguna muerte, un inconveniente, que hace que el momento se vea manchado por dicho imprevisto. Y también, espero pasar mi cumpleaños con Tyler, al menos en la noche.
En serio Georgina era una ternura, bueno, eso cuando no estaba enamorada de personas raras presuntamente indestructibles de las que no se sabía nada. ¿Qué tal si era alguien peligroso? Puede que por eso se negara a que ella se le acercara. Querer pasar su cumpleaños con él me daba la sensación rara de que algo más iba a pasar. Rápidamente guardé mis cavilaciones para después y leí la siguiente entrada.
25 de Abril, 1882.
Feliz cumpleaños a mí, sí claro.
Cómo habrás adivinado, diario, hoy cumplo mis 15 años de existir. Estoy bajo las sábanas escondiéndome de cierta persona entrometida para poder escribir en discreción. No dejaré que lo lea, te lo prometo.
Mis padres me regalaron un diario porque habían notado mi afición a escribir ahora, aunque pienso que no lo usaré por un tiempo. Robert me dio una caja musical que suena con una melodía que me encantó. Todas las cosas interesantes habían pasado por la noche. Estaba esperando que Tyler llegara, pero llegó tarde. Estaba a punto de reclamarle algo, aun a pesar de no tener ningún derecho cuando me fijé en su aspecto. Otra vez tenía esas cicatrices. Una se veía con la luz de la luna al lado de su ojo, a lo largo de sus brazos y una en donde se une el hombro y el cuello. Yo, siendo la persona que era comencé a preocuparme enormemente por él. Me dijo que ELLOS no querían que viniera porque él tenía que estar allá (no sé a qué se refiera) en el momento, pero que los mandó al diablo y vino a verme. No pude controlar mi felicidad y lo abracé. Esas notables cicatrices eran por mi causa y aún así lo veía como si no fuera la gran cosa. Me deseó un buen cumpleaños, y me dio un regalo. Un collar con mi nombre escrito en letras cursivas. Lo suficientemente inocente para poder defenderlo y para no insinuar nada. Se lo agradecí enormemente porque era posiblemente el mejor regalo que me habían dado. Pero lo que pasó después me dejó sin habla. Me dijo que cerrara los ojos. Le hice caso. Y entonces me besó.
Primera corrección: nos besamos. Segunda corrección: ESE fue el mejor regalo del mundo. No fue un beso inocente, pero tampoco fue un beso exagerado. Tuve el tiempo de disfrutarlo pero no el suficiente para sentirme incómoda por ser inexperta. Es decir, creo que era de esperarse que él ya hubiera besado a alguien más antes, pero para mí era mi primer beso. Estaba sumida en el momento tanto que no noté cuando sujetó mi rostro con sus manos y nos separó, con una expresión de concentración en su semblante. Entonces me dijo:
—Soy peligroso, en serio no debería estar aquí, pero quiero estar contigo. ¿Tú quieres lo mismo? —Creo que mi asentimiento a su pregunta hizo su noche. Ahora, después de un par de besos más, en mis mejillas, mi mentón, parecía que hacerlo era natural entre nosotros. Y ahora sí, la paciencia no es su punto más fuerte. A celebrar lo que queda de mi cumpleaños. Me siento tan feliz. No cambiaría nada en este momento.
Le agradecía que no fuera gráfica en lo que hizo con él. Me seguía pareciendo raramente mal. Es decir, la chica tenía 15 recién cumplidos en ese entonces y este Tyler parecía tener a lo poco unos 23 o 24 años. Pero si decía estar enamorada, entonces esperaba que la edad no fuera un obstáculo. Ni la aparente difícil labor de Tyler. Ni el hecho de que nadie sabía de lo que pasaba entre ellos. Sabía que la historia ya estaba escrita, que todo esto ya había pasado, pero no sabía que pasaría así que tenía derecho a preocuparme por ellos. Leí una última entrada por la noche.
11 de Julio, 1882.
La costumbre nunca moría, pero aún con eso, estaba aprendiendo a hacer la rutina que me había impuesto. En días de clases, claro está. Desde el pasado abril Tyler me había pedido en un gesto tan raro como tierno que fuera su novia, simplemente para tener exclusividad y saber que nos pertenecíamos en alguna forma. Pasar mi tiempo platicando con él, abrazándolo y besándolo me quitaba mis horas de sueño. Sufría a lo grande en la escuela para mantener los ojos abiertos pero no importaba. Era feliz. Mi hermano sospechaba, me decía que sabía que alguien se metía a mi habitación en las noches. Me acusó con mis padres. Muchas veces entraron sin avisar, pero como había descubierto una vez, Tyler desaparecía en el mero momento que se escuchaban los pasos. Se ocultaba. Era rápido. Mis padres cerraron mi ventana con un enorme tablón. Pero ese no fue un obstáculo. Tyler siempre encontraba una forma de entrar. Por la puerta de enfrente, la puerta trasera, otra ventana, o simplemente quitaba la tabla y la ponía de nuevo antes de irse. Nadie se daba cuenta de nada. Escribo esta vez, porque hoy me dijo que me amaba. Creo que lo dijo inconscientemente, pero yo se lo respondí.
No me importaba que no lo conociera lo suficiente. No importaba que fuera indestructible y algo no humano. Al menos no completamente. Amor inhumano. Eso era. Un hermoso amor inhumano correspondido.
