Capítulo beteado por Ivis Martínez, Beta FFAD.
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Una historia sin nombre.
Capítulo 6: Distracciones.
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Iba dejando su frío rastro por mi mejilla hasta la base de mi cuello.
Eso se siente bien.
Di la vuelta en mi cama y abracé mi almohada. La sensación se detuvo. Fruncí el ceño.
¿Por qué? Se sentía bien.
Un momento… mi cama. ¿Qué demonios?
Me senté en mi cama de un salto. Miré alrededor y no vi nada. Todo seguía en su lugar. Mis cosas, mi cama, yo, la ventana… creía que estaba cerrada desde hace años, pero al parecer mi abuela la había dejado abierta. Me levanté de la cama y caminé a la ventana para cerrarla.
¿Qué demonios había sido eso de antes? Podría haber sido una brisa… pero se sintió tan marcado contra mi mejilla, tal vez un dedo, pero era imposible. No había nadie aquí y mi fama de hablar dormida no pasaba de eso.
Vi mi cama y anhelé seguir dormida. Después de un suspiro resignado caminé a mi armario y tomé unos pantalones y una blusa roja. Tomé mis cosas y fui al baño para darme una ducha. Me tomé mi tiempo, ya que estaba segura que era temprano y no quería iniciar mi día tan pronto.
Salí de la ducha y me vestí. Me cepillé el cabello y lo dejé suelto para que también se tomara su tiempo en secarse. Aproveché el momento para ver la hora: 11:47. Bien, no era tan temprano como creía.
Dejé mis cosas en mi cuarto y bajé para buscar qué comer. Estaba decidida en hacerme algo grande cuando vi el diario. Bueno, una entrada antes de desayunar no me haría daño, ¿verdad?
Me acerqué al diario y lo tomé, abriéndolo en las entradas que había visto antes. Para ser una joven, tenía que admitir que mi tatarabuela tenía una letra mucho mejor que la mía. No podía comparar su hermosa caligrafía con mis absurdos garabatos. Pero en fin, supongo que en aquellos tiempos te enseñaban la buena escritura como algo fundamental, ¿no?
Busqué la página donde me había quedado y estaba a punto de leer cuando escuché una conmoción afuera. Sonaba como, aproximadamente, 3 voces gritando. Justo afuera de mi casa. ¿Quiénes se creían que eran? Comencé a caminar hacia la puerta, dispuesta a mandar al demonio a cualquier persona que estuviera ahí, cuando escuché a alguien gritar:
— ¡No! —Seguido por tres golpes rápidos en la puerta.
Caminé rápidamente y al abrir la puerta me encontré con, nada más y nada menos que, Alice, Emmett, Edward y Jasper… todos viendo ansiosamente en mí dirección.
Alice parecía saltar de la emoción, Emmett me estaba viendo burlonamente, Edward solamente me miraba… demasiado, y Jasper se veía distraído. Pasaron 15 segundos, nadie decía nada y yo estaba de los nervios.
—Um… ¿hola? —Dije en voz baja—. ¿Puedo ayudarlos en algo?
—Hola, Bella. —Me saludó Alice—. ¿Cómo estás?
—Em… bien, supongo—. ¿Qué era esto? ¿Acaso mis padres les habrían pedido a alguien que me cuidara en su ausencia?
—Sé que se ve extraño. Perdón por venir sin avisar. —Respondió con timidez.
—Sí, seguramente estabas durmiendo tranquilamente. —Dijo Emmett con una risita. Lo miré confundida. ¿De qué rayos estaba hablando?
—Ah, no. De hecho estaba a punto de prepararme algo de comer. —Y leer el diario, muchas gracias—. No es por ser grosera, pero ¿Qué hacen aquí?
—Bueno, como estás tú sola en esta casa, me preguntaba si querías salir con nosotros por el día. Ya sabes, para que no pases todo tu domingo encerrada en casa. —Dijo Alice.
Eso era exactamente lo que quería. Quedarme en casa, descansar y leer.
—Pues… no lo sé… —Estaba pensando en alguna forma de rechazar la oferta amablemente.
—Oh, vamos. Será divertido. —Insistió Emmett.
Tenía la sensación de que no me iba a librar de esto. Bueno, podría ser divertido y podría llegar a conocer a alguien antes de iniciar mis clases en la escuela. Miré de reojo a Edward y Jasper, quienes no me habían dirigido la palabra desde que abrí la puerta, antes de responder:
—Bueno, está bien. Sólo iré por mis cosas. ¿Por qué no pasan? —Los invité.
Entré a la casa sin esperar una respuesta y rápidamente tomé el diario de la cocina y subí a mi habitación. Puse el diario dentro de la funda de la almohada, paranoica, lo sé, tomé mi teléfono, mi billetera y bajé las escaleras. Alice estaba bailando en la sala a un ritmo que sólo ella escuchaba. Jasper miraba las fotografías que estaban colgadas en las paredes de la sala.
Edward y Emmett estaban en el pasillo de la entrada. Edward estaba recargado contra la pared de brazos cruzados, mientras Emmett, técnicamente, saltaba como niño pequeño, con un puchero en su cara. Me acerqué a ellos, para averiguar por qué se movía así.
—Vamos. Hay que organizarnos. Este miércoles. Tú y yo. ¿Qué dices? —Parecía que alguien estaba negociando.
—Te dije que no, Emm. La última vez que nos organizamos, casi destruyes la cocina. —Contestó Edward con frustración. ¿Qué?—. Además, ¿Por qué demonios insistes tanto?
—Es que es divertido. —Dijo simplemente—. Aparte, Jasper es un amargado y nunca acepta. Y, siendo honesto, tú eres mucho mejor adversario. —Susurró la última parte.
— ¡Escuché eso! —Gritó Jasper desde la sala. Emmett soltó una carcajada e incluso podría jurar que vi a Edward esbozar una sonrisa.
— ¿Entonces, qué dices? —Insistió Emmett.
—Ya veremos.
— ¡Bella! ¿Estás lista? —Preguntó Alice, apareciendo en el pasillo con Jasper justo detrás de ella.
—Seguro, vamos.
Salimos y me quedé atrás para cerrar la puerta. Todos me estaban esperando y cuando los alcancé, tuve la primera oportunidad de observar el auto en el que habían venido. Un auto convertible de un brillante color rojo. Justo como el que había visto ayer y podría apostar todo mi dinero a que era el mismo auto que había visto aquí.
—Lindo auto. —Comenté.
—Es de mi Rose. —Dijo Emmett orgulloso—. ¿Te gusta?
—Sí, tiene estilo. —Respondí.
Pero aún había que acomodarnos y resultó ser un problema. Ninguno de los chicos quería conducir un "auto de chicas" y yo ni siquiera quería tocar el volante por temor a estrellarlo en alguna parte. Así que Alice iba al volante y me obligó a colocarme en el asiento del pasajero. En la parte de atrás, los chicos pelearon a empujones para ganar un lugar, dejando a Emmett sin lugar aparente.
— ¿Puedo sentarme en tus piernas? —Le preguntó a Jasper.
—Ni muerto. —Respondió con una sonrisa burlona.
Emmett miró a Edward y él dijo: —Ni siquiera lo pienses.
Emmett se encogió de hombros y pasó por encima de los dos y se sentó SOBRE el asiento. Alice arrancó y aceleró de inmediato. Dejando a Emmett sin respaldo y completamente expuesto a la rapidez a la que íbamos. Alice encendió la radio y la puso a un volumen alto.
—No creo que sea buena idea. —Murmuré.
— ¿Qué? —Preguntó Alice.
—Eso. —Contesté señalando a Emmett, que iba con los brazos al aire, moviéndolos al ritmo de la música que sonaba en la radio.
— ¿Oh? Eso no es nada. Lo hace todo el tiempo. —Dijo restándole importancia.
—Sí, Bella. Estos idiotas son tan crueles que casi siempre me toca ir aquí. —Añadió Emmett.
Me volteé en mi asiento para verlo mejor.
—¿No te da miedo… caer?
Jasper soltó una carcajada. —Bella. Esa caída no es tan severa ni dolorosa como creerías.
De nuevo… ¿Qué?
—Lo que quiso decir, es que nunca me he caído ni me caeré el día de hoy. ¡Soy inmortal! —Gritó con todas sus fuerzas mientras reía.
Decidí confiar en su falta de juicio, aunque debo admitir que no le quité el ojo de encima por varios minutos con miedo de que fuera a salir disparado a cada semáforo en rojo que nos encontrábamos.
Aproveché que nadie hablaba por el enorme ruido para pensar. Es cierto, quería leer, pero estaba sola y…
— ¿Cómo supieron que estaba sola en casa? —Pregunté sospechando de ellos. Dudaba mucho que Charlie o Reneé me hubieran dejado "encargada" con un grupo de adolescentes y yo estaba completamente segura de que no le había dirigido la palabra a nadie desde el funeral.
—Ayer, Rose y yo pasamos por tu casa y te vimos entrar. También vimos que no estaba el auto que tus padres llevaron al funeral, así que supusimos que estarías sola. ¿No te molesta verdad? —Preguntó Emmett intentando hacer una cara tierna, fallando completamente.
—No. —Suspiré. —No me molesta, simplemente tenía curiosidad. —Entonces recordé otro detalle. — ¿Y dónde está Rose?
—Decidió quedarse en la casa. Ayer se enfermó y no ha dejado la cama en todo el día. —Dijo Emmett frunciendo el ceño.
—Oh, ¿Qué tiene? —Pregunté con sincera preocupación.
—Es sólo algo que comió, estoy segura que se recuperará pronto. —Dijo Alice con una sonrisa.
Pronto salimos de la ciudad y mis nervios casi sufrieron un colapso. En cuanto rodó por la carretera, Alice pisó con libertad el acelerador. Iba tan rápido que en serio temía por la vida de Emmett e incluso la mía. Yo, que iba totalmente asegurada con el cinturón de seguridad apretando el asiento, temía por mi vida.
— ¡Dios, Alice! ¿Podrías ir más despacio? —Pregunté llena de pánico.
Alice me miró por un momento y soltó una risa. —Vamos, Bella, sólo es un poco de rapidez.
No bajó la velocidad y comencé a asustarme un poco. El aire golpeaba mi cara y tenía la horrible sensación de que cualquier freno o giro mal dado iba a terminar en desastre. Comenzaba a arrepentirme de venir.
—Alice. —Habló Jasper con voz seria desde atrás. —No vayas tan rápido, ¿Cuál es la prisa? —Le preguntó con una sonrisa.
Alice asintió y le hizo caso. Genial, le hacía caso a él, que sólo parecía estar aburrido, más que a mí que estaba a punto de colapsar de los nervios. Escuché a Edward reírse en la parte de atrás.
Curioso, pensé.
¿Acaso todos los Cullen sabían que tenían por hermano a un lector de mentes? Miré a Edward por el retrovisor y le lancé una mirada asesina. Dijo que iba a intentar no leer mi mente. Si ya había pensado cosas más importantes, ¿Por qué reaccionó a mis pensamientos hasta ahora? ¿Por qué ahora me veía con el ceño fruncido?
— ¿Y a dónde iremos? —Pregunté. Este día me estaba olvidando de preguntar muchas cosas.
—Tenía planeado que fuéramos al cine y después de eso ir a algún parque a pasar el rato. ¿Te parece bien? —Preguntó Alice.
—Claro.
Después de un rato en absoluto silencio, comenzaron a aparecer las casas y después varias tiendas, hasta llegar a un cine. A pesar de mis protestas, Alice se estacionó en una sección restringida. Le advertí que podía recibir una multa… pero sólo se rio y dijo que antes de que tuviera una multa los cerdos iban a volar. No pregunten por qué, sólo lo dijo.
Entramos al cine y me sentí algo fuera de lugar. No solía salir mucho y no recordaba cuándo fue la última vez que había ido a un cine.
— ¡Bella! —Volteé a ver a Alice, que señalaba animada un poster—. ¡Veamos Resident Evil!
— ¿Qué cosa? —Pregunté.
— ¿Nunca has visto una película de Resident Evil? —Me preguntó incrédula.
—Um… no. —Admití.
Alice bufó y me llevó a la taquilla. —No importa. Te encantará. Adoro esas películas. —Comenzó a hablar de la protagonista, la cual se llama Alice, puede que por eso le guste, de una corporación, un virus. Dejé de escucharla, porque no tenía ni idea de qué intentaba explicarme.
Emmett, Jasper y Edward iban detrás de nosotras. Los últimos dos claramente deseaban estar en otro lugar en ese momento. ¿Por qué se habían molestado en venir si estaba claro que no les agradaba?
Compramos los boletos y después me comencé a dirigir hacia donde vendían las palomitas, pero me detuve al ver que nadie me seguía. Me di la vuelta y vi a Edward fulminando a Alice con la mirada. ¿Y a él qué le pasaba?
—No lo pensé. —Oí decir a Alice—. No hay problema.
—Chicos. —Hablé—. ¿Qué pasa?"
—Oh, nada. —Dijo Alice—. Vamos, hay que comprar algo de comer.
Caminamos todos hacia allá y yo compré unas palomitas. Alice dijo que comería de las mías y Jasper, Emmett y Edward dijeron que no tenían hambre. Y el número de palabras que habían dicho aún era mínimo. Eso era absurdo. ¿Quién en su sano juicio no comía palomitas al ver una película?
Entramos a la sala correspondiente y nos sentamos de la siguiente manera: Jasper, Alice, yo, Edward y después Emmett. Lo hicieron tan organizadamente que no tuve oportunidad de quejarme por el lugar que me había tocado.
Comenzó la película y me olvidé de todo lo demás. Alice tenía razón. Era una película genial. Aunque hubo algunas cosas que no comprendí, la película en general era increíble. En ningún momento Alice comió palomitas, aún cuando dijo que lo haría.
Salimos de la sala y Alice comenzó a hablar.
— ¡Dios! ¡Estuvo genial! ¿No crees, Bella?
—Sí, Alice, lo admito, me encantó. ¿Por qué no comiste palomitas? —Pregunté divertida.
—Oh, es que me concentro mucho cuando veo películas que me olvido de todo lo demás. —Explicó mientras daba pequeños saltos.
—Oh, claro. ¿Qué hora es? —Necesitaba comprarme un reloj… con urgencia.
—Son las 3 de la tarde. ¡Ahora vamos al parque! —Gritó Emmett, atrayendo la mirada de varias personas hacia nosotros. Me reí algo avergonzada.
—Bueno, vamos.
Salimos del cine y al llegar al auto vi una inconfundible nota blanca atorada en el parabrisas del brillante auto rojo. Solté una risa.
—Te lo dije. —Canturreé.
— ¿Qué? —Preguntó Emmett.
—Miren. —Les dije a todos señalando la multa.
— ¡Maldición! —Gritó Alice. Se veía demasiado cómico ver como alguien tan pequeña como ella maldecía y no pude evitar reír—. ¿Crees que es gracioso? Rose no volverá a prestarme su auto.
—Ni siquiera se lo pediste esta vez. —Comentó Edward.
—Aun así. —Alice arrancó el pedazo de papel y lo guardó en su bolsa—. Veré qué hago después, vamos.
Volvimos a subir al auto, con la misma distribución de antes. Emmett se colocó naturalmente en su lugar, así que decidí dejar de preocuparme por él de una vez por todas.
Llegamos a un parque, ahora Alice tuvo el cuidado de estacionarse en un lugar que fuera permitido. Entramos al parque y debía admitir que era lindo. No era de esos lugares llenos de juegos infantiles. Estaba lleno de árboles y zonas verdes, se veía bien.
—Es lindo aquí. —Comenté con una sonrisa.
—Lo sé. Es genial. —Respondió Jasper, sorprendiéndome por completo. Debió de notar el asombro en mi cara porque rio y habló—. Que no hable no quiere decir que sea un amargado. No creas todo lo que dice Emmett. —Dijo guiñándome el ojo.
Le sonreí débilmente y continué viendo alrededor.
— ¡Bella! —Gritó Emmett. Estaba parado al lado de Alice y Edward. Me acerqué a ellos.
— ¿Qué? Pregunté.
— ¿Qué te parece una carrera? —Me preguntó en tono de desafío.
—Um… no lo sé. —No tenía mucho equilibrio al caminar. Eso mejoraba mucho al correr, podía decir que corría rápido, pero seguía siendo muy despistada.
— ¿Acaso eres cobarde? —Me desafió.
—Claro que no. —Respondí rápidamente. —Vamos, correré.
— ¡Perfecto! —Dijo Alice. —Correremos desde aquí hasta allá. —Dijo señalando un poste que estaba a unos 40 metros de donde estábamos. Bueno, no hay nada que perder.
—De acuerdo. —Acepté.
Los cuatro nos alineamos y Jasper gritó el típico: —En sus marcas, listos, ¡fuera!
En cuanto escuché eso, me lancé a correr con todas mis fuerzas. Quizás era algo exagerado, pero no se me daba la oportunidad de correr mucho y si la tenía, quería aprovecharla al máximo.
Ya casi llegaba y estaba comenzando a respirar entrecortadamente cuando Emmett me pasó y me reí. Era divertido verlo correr, era tan grande que parecía capaz de tirar a alguien si pasaba cerca.
Al final Emmett ganó, después Edward, Alice y yo. Perdí, genial.
— ¡Eso fue divertido! —Dije sonriendo mientras recuperaba la respiración.
—Sí, habrá que hacerlo alguna vez en otro día. —Comentó Emmett. Lo miré y noté que no respiraba entrecortadamente, ni jadeaba, ni parecía estar cansado.
— ¿Qué no te cansaste? —Lo acusé.
—Nop. —Contestó con una sonrisa. —Yo nunca me canso. —Declaró.
—Es curioso. —Le dije mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.
— ¿Qué no lo sabes? Emmett ha sido raro desde siempre. —Dijo Alice riendo, ganándose una mirada asesina de Emmett.
Después de eso, nos pasamos el día sentados, disfrutando del paisaje. Alice sacaba temas de conversación en el momento que pensaba que no quedaba nada más qué decir. Hablamos de mi antiguo hogar, Charlie y Reneé, mis gustos y lo que no. Aunque nunca sacamos ningún tema que los envolviera a ellos.
Después de un rato de tranquilidad, comenzaba a sentir el cansancio y me pregunté qué hora sería.
—Son las 7. —Me dijo Edward. Lo miré extrañamente antes de fruncir el ceño. Me pregunto si tus hermanos saben que tienen a un lector de mentes como hermano. Toma eso, Edward. Pensé en su dirección. Solamente sonrió y no dijo nada.
—Creo que ya deberíamos irnos. —Dije mientras me levantaba del pasto donde estaba acostada.
Todos nos levantamos y en silencio caminamos hasta el auto. Yo seguía sonriendo, pero había un aura de melancolía alrededor, sería por saber que el día estaba por terminar o por alguna otra razón, no lo sé. Casi me dormía, pero me resistí.
Una hora y media después llegamos a Forks y en menos de lo que pude pensar, ya estábamos de regreso a mi casa.
— ¿Te divertiste? —Preguntó Alice con una sonrisa.
—Sí, la pasé genial. Gracias a todos. —Les dije.
—No hay problema, Bella. Nosotros… y nuestra casa siempre estaremos ahí para cuando nos quieras o necesites. —Dijo Emmett. Era una frase seria, pero dicha con una enorme sonrisa.
Después de agradecer una vez más, entré a casa y dejé mis cosas en la entrada. Estaba exhausta así que hice mi rutina nocturna lo más rápido que pude antes de acostarme. Sentí el duro borde del diario por la funda de la almohada y por un momento consideré quedarme despierta un rato más para leer un par de entradas más.
Finalmente mis ojos decidieron por mí. No, hoy no. Quizás mañana. Con los ojos cerrados, saqué el diario de la funda de mi almohada y lo lancé a mi mesa de noche.
