Capítulo beteado por Ivis Martínez, Beta FFAD.

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Una historia sin nombre.

Capítulo 7: Excepciones.

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Estar técnica y continuamente sola comenzaba a ser algo repetitivo, y estaba comenzando a perder la noción del tiempo… y eventualmente, a lo largo de la nueva mañana mientras me preparaba para mi primer día en una escuela nueva, decidí dejar de contar los días que llevaba aquí. Es decir, ¿de qué servía contar los días si mi estancia aquí iba a ser teóricamente eterna?

Después de estos tres o dos, o cuatro… Bueno. Después de los días que tenía viviendo aquí, sola en casa, me había acoplado con rapidez a una tranquila costumbre: Despertar, inusualmente temprano comparado con mis horas de despertar hace meses, comer, moverme alrededor para activarme, leer esos diarios que se estaban convirtiendo en mi mayor interés personal. Leer hasta la noche, o hasta el momento que dijera que ya tuve suficiente para después comer y volver a iniciar la rutina al día siguiente.

Sí, técnicamente había aplicado dicha rutina por… ¿2 días? Pero era demasiada coincidencia hacer lo mismo desde el viernes, así que era una costumbre.

Hoy era la excepción.

Me levanté obligatoriamente y de mala gana poco antes de las seis de la mañana. Me bañé aún medio dormida, me vestí con mi ropa, nada de hacer esfuerzos para impresionar a la sociedad. Para cuando bajé, me encontraba casi completamente coherente y alerta.

A excepción de mi regla de nunca salir de casa sin comer algo antes, decidí que comería en la escuela, porque ahora mis nervios no me dejarían comer en paz.

Tomé mi mochila, llena de las cosas que iba a necesitar, salí de casa y me dirigí a mi auto. Respiré profundamente una vez que estuve adentro, preparándome mentalmente para el cansancio que me daría sin duda este día.

—Vamos. —Me dije—. Nada malo pasará, tú puedes hacerlo. Excepto que seré la nueva y no quiero que nadie me vea. —Claro. Por eso estaba nerviosa.

Nunca, y me refiero a NUNCA, me había gustado atraer la atención de los demás. Atención innecesaria, era atraer la vista curiosa de todos, poniendo mi equilibrio a prueba, rezando para no caerme en mi primer "presentación" a los demás.

Encendí el motor y me dirigí a la escuela. Un camino fácil, considerando que ya había ido una vez, y que vivía ahora en una ciudad relativamente pequeña. Al entrar al estacionamiento, poco a poco, los estudiantes ahí presentes comenzaron a mirar mi auto.

Sí, suspiré pesadamente. Claro, miren el auto desconocido. Ya estoy aquí.

Me estacioné al lado del convertible rojo, que era el único auto, aparte del mío, que conocía en todo el lugar. Espero que no les importe demasiado.

Tomé mis cosas y memoricé mi horario, para ahorrarme la incomodidad de preguntarle a alguien por indicaciones.

Sentí toda la fuerza del escrutinio del pequeño pueblo de Forks mientras hacía mi camino hacia la entrada principal de la escuela. Las miradas continuaron con la misma intensidad adentro, mientras caminaba por los pasillos.

Estaba a punto de mandar a la mierda a todos, preguntarles cuál era su problema, gritarles que me dejaran de ver, cuando sonó la campana.

Los murmullos subieron en volumen y todos se dirigieron a sus clases. Gracias.

Mi primera clase era Literatura, la case que probablemente disfrutaría más que ninguna otra. Al entrar al salón casi no había nadie y le agradecí a mi suerte por eso. Me presenté con la profesora, una mujer de aspecto mayor, un rostro lleno de amabilidad y unos lentes sobre su cabello, junto con un montón de novelas leídas miles de veces sobre su escritorio.

Supe que nos íbamos a llevar bien cuando noté los libros y cuando me deseó suerte en clases y no me miró estúpidamente como los alumnos. Genial. La primera persona en agradarme era una profesora.

La Sra. Wilson me mandó a un asiento y mi sorpresa fue enorme al ver quién estaba sentado al lado de mi lugar.

Curioso, juraría que hace un momento no estaba ahí…

Caminé hacia mi lugar y cuando sus ojos me vieron, me sonrió y me saludó.

—Hola, Bella. —Dijo con una enorme sonrisa.

—Hola. —Respondí—. Parece que seremos compañeros en esta clase.

—Sip, vamos, siéntate. —Me senté y giré para ver a Emmett, que seguía con una sonrisa imborrable en su rostro—. Y dime, ¿verdad que esta clase es la mejor? —Preguntó, sorprendiéndome completamente.

—La mejor. —acepté—. ¿A ti también te gusta? —Era raro, imaginar el concepto de un Emmett tan divertido, libre e imprudente que había visto ayer, con el concepto de un Emmett lo suficientemente serio para ser un amante de la literatura, o al menos de una clase tan "aburrida" como esta.

—Claro, ¿Qué puede no gustar de esta clase? Sé que parezco algo grande, pero en realidad adoro la literatura.

Vaya. No juzgues a un libro por su portada. Lección aprendida.

Charlamos por un momento sobre nuestros libros favoritos. Estuvimos de acuerdo en no estar de acuerdo. Emmett aclamaba que los mejores libros eran las novelas de ciencia ficción y terror. Yo insistía en que la literatura clásica y las novelas románticas eran lo mejor de lo mejor.

La clase inició, terminando la charla para prestar atención a lo que decían. Según lo que explicaba la Sra. Wilson, el proyecto a entregar para esta unidad iba a ser una reseña acerca de algún libro. Íbamos a trabajar en parejas, investigando datos del autor o autora, su motivación para el libro, y detalles por el estilo. Emmett me pidió que me juntara con él y acepté, gustosa de poder trabajar con alguien que ya conocía al menos un poco.

Teníamos 2 semanas para hacer la reseña y entregarla, así que por el momento no hicimos planes de reunirnos. La maestra gastó sus últimos minutos de clase tomando asistencia y mostrando algunos detalles que la reseña tenía qué tener. No que prestara mucha atención, pues eso era algo que ya sabía.

La clase terminó y me despedí de Emmett para dirigirme a mi siguiente clase: Trigonometría.

Había comenzado a odiar esa materia desde el día que acepté que nunca la iba a comprender. El hecho de iniciar mi semestre en un lugar nuevo, un maestro y compañeros nuevos, no iba a cambiar eso.

No tuve el "gusto" de presentarme con el profesor ya que el salón se encontraba lleno cuando llegué y, siendo honesta, la expresión de ese sujeto me ponía de los nervios.

Admiraba que posiblemente no habría lugar para mí, considerando que no veía ningún lugar disponible, cuando el profesor llamó mi atención.

—Señorita, por favor, busque un lugar para sentarse.

¿Está bromeando? ¿Realmente me iba a hacer sufrir por las miradas de TODO el grupo sólo para encontrar un maldito lugar? Aparentemente, sí.

Iba a comenzar mi travesía cuando una voz grave decidió hablar.

—Sr. Varner, no hay necesidad de eso. Ella puede sentarse conmigo.

Giré mi cabeza rápidamente hacia la fuente de la voz. Decir que estaba sorprendida era un entendido. El rostro lleno de conflicto pero firme de Jasper Hale llegó a mi vista. ¿Él había dicho eso? Bueno, pregunta estúpida. Por la mirada que el profesor le lanzó, estaba claro que así era. Vaya, qué agradable de su parte… Creo.

—Como quiera. Señorita Swan, tome asiento. —Respondió el profesor con un tono aparentemente aburrido.

Hice mi camino silenciosamente hasta mi lugar. ¿Por qué los maestros disfrutaban de hacer sufrir a las personas poco sociables? ¿Qué? ¿No podían tener cada clase con un pequeño lugar individual para evitar todo esto?

Me senté inquietamente al lado de Jasper. Me había salvado del infierno de pasear por el salón, pero su expresión mostraba que, al parecer, ya comenzaba a arrepentirse de haberlo hecho.

—Uh, gracias. —le dije casualmente, esperando una respuesta y/o deseando que quitara esa expresión de tensión.

Simplemente apretó sus puños, asintió una vez y fijó su vista hacia el frente.

Bueno, supongo que eso sería todo.

La clase pasó en medio de explicaciones y conceptos que no entendía. Jasper no me dirigió la palabra y comencé a preguntarme qué demonios le había pasado al serio Jasper que había visto el día anterior, comparado con este serio y perturbado Jasper. Cuando la campana sonó al fin, no me molesté en despedirme. Estaba claro que mi presencia le molestaba.

Mis clases parecían estar orquestadas, ya que en mi siguiente clase, que era de inglés, me encontré lado a lado con el mismísimo lugar de Alice Cullen. En serio, parecía que este día me estaba jugando un tipo de broma. ¿Tres personas conocidas en mis primeras tres clases? No parecía posible.

En cuanto ella me vio, sonrió y se giró hacia mí para iniciar conversación.

— ¡Bella, hola! ¿No es increíble que estemos en la misma clase? —Justo lo que pensé. Suspiré.

— ¿Sabes, Alice? He pasado mi primera clase con Emmett, después la segunda con un serio Jasper… ya nada me sorprenderá ahora.

Alice mostró preocupación.

— ¿Jasper estaba bien? —preguntó.

—No lo sé. Creí que lo estaba. Me salvó de tener que buscar un lugar, pero cuando me acerqué se veía… no lo sé… ¿tenso? —me encogí de hombros. Alice suspiró con alivio.

—No te preocupes, Bella. Le pasa todo el tiempo, no tiene nada que ver contigo.

Al parecer la maestra de inglés era una "maestra social" que insistió en que me pusiera de pie y me presentara a todos mis compañeros. No hubo nada digno de mención en esa clase después de eso.

Saliendo del salón cuando finalizó la clase, Alice me invitó a almorzar en su mesa —es decir, la mesa de ella y su hermano, Emmett y los Hale.

— ¿Estás segura que no les importará? Por lo que sentí, creo que no le agrado mucho a Jasper, ¿verdad? —dije con sarcasmo.

—Tonterías, Bella. Mi Jasper tiene algo de problemas, pero es una buena persona. No habrá problemas, créeme. Vamos —dijo Alice jalándome de mi brazo para que la siguiera.

Al entrar a la cafetería, noté que una ridícula cantidad de miradas nos seguían.

— ¿Qué? ¿La nueva no puede juntarse con nadie? —me pregunté en voz baja.

—Oh, no eres tú, Bella. —dijo Alice, claramente habiéndome escuchado—. Somos las dos. No solemos invitar a nadie a nuestra mesa. Somos algo reservados en ese aspecto. Pero tú… —se detuvo.

Pero ellos me invitaron a salir completamente de forma voluntaria ayer, ¿no?

— ¿Yo qué, Alice? —insistí.

—Eres la excepción. Tú nos agradas, a todos, y queremos llevarnos bien contigo. —ofreció con una sonrisa.

— ¿A todos? —alcé una ceja al preguntarlo—. Pero ni siquiera me conocen.

—Sí, a todos —confirmó. —Y no hace falta conocerte. Podemos notar que eres una buena persona aunque no te hubiéramos hablado antes.

Noté que nos dirigíamos a la mesa en vez de la fila de la comida.

— ¿Alice? ¿No iremos por comida? —pregunté señalando la fila.

— ¡Claro! —dijo. —Lo siento, es que me distraje un poco.

Nos formamos en la fila para la comida mientras veía los alrededores y las mesas llenas de estudiantes. Me parecía increíble como tanta cantidad de personas parecían estar en un mínimo interesadas en una persona que ni siquiera conocían. Tomé mi comida y vi a Alice hacer lo mismo. Finalmente nos dirigimos a la mesa y noté que cuatro de los seis asientos estaban ocupados. Estaban Edward, Emmett, Rosalie, un asiento vacío, y Jasper, todos en círculo. Alice se acercó dando saltos y se sentó entre Rosalie y Jasper. Naturalmente. Tomé un respiro profundo y me fui a sentar al lado de Edward.

—Hola, Edward. —lo saludé cautelosamente, temiendo quizás una reacción igual o peor a la que Jasper tuvo. No fue así.

—Hola Bella, ¿cómo estás? —me respondió. Me hizo sonreír. Parecía ser la primera persona que se veía realmente dispuesta a charlar conmigo. Alice me había hablado, claro, pero de alguna forma, podía sentir una diferencia.

—Umm… creo que no puedo quejarme. —Contesté, encogiéndome de hombros. — ¿Qué tal estás tú?

—No puedo quejarme —me imitó con una sonrisa. Estaba a punto de sacar conversación cuando me hablaron.

— ¡Bella! —Alice nos interrumpió—. Ella es Rosalie. Sé que sabes su nombre y eso, pero ella no fue ayer con nosotros así que deben presentarse oficialmente.

Miré a la chica que había visto sólo una vez antes en el funeral de mi abuela. Su fina pose, el cabello rubio y una expresión dura con una pizca de amabilidad claramente escondida.

—Hola, Rosalie —Dije. Ella sonrió, parecía una sonrisa sincera.

—Hola, Bella, tú dime Rose. Espero que nos llevemos bien —respondió.

—Sí… igual yo.

Rose se giró a hablar con Alice mientras se acurrucaba contra Emmett. Alice se encontraba comiendo apresuradamente, parecía tener más hambre que yo. En ese momento noté que Alice era la única, aparte de mí, que tenía un plato de comida frente a ella.

Curioso, ahora que lo consideraba. Sabía que era posible que no tuvieran hambre, pero por alguna manera parecía que ellos tenían normal el no tener enfrente un plato, ya que el espacio enfrente de todos estaba lleno de cosas banales como celulares, libros y cosméticos de las chicas. Quizás tenían una dieta. Quizás Alice era la única que quería comer el día de hoy.

— ¿Bella? —la voz de Edward me sacó de mis pensamientos. Esto últimamente me pasaba demasiado.

Noté que todos me miraban, seguramente esperando mi respuesta.

— ¿Eh? Lo siento, me distraje un poco. ¿Qué decían? —pregunté.

—Decía que nos gustaría saber tu opinión de tu escuela hasta ahora —dijo Edward.

Mi opinión de la escuela hasta ahora… ¿en verdad? Paso.

—Pues… —dudé—. Supongo que la escuela en sí está bien. Aunque no me agrada que casi todos me miren como fenómeno de circo y tampoco comprendo la enferma necesidad de tener un compañero en todas las clases. Es decir, ¡puede ser que yo no le agrade a mis compañeros! —remarqué.

Sí, hablé por orgullo, ¿y qué? No había sido ignorada por un compañero para no decir nada al respecto, ¿o sí? Alice me miró con comprensión, ya que sabía que aparte de ella mis compañeros de asiento habían sido Emmett y Jasper. El primero parecía sorprendido y algo herido, quizás pensando que me refería a él; por el otro lado, Jasper bajó la vista con culpa.

Rose no parecía tener idea de qué hablaba y al mirar a Edward, pude notar que estaba tenso y con la mirada perdida.

¿Qué hice ahora?

— ¿Por qué dices eso? —Preguntó Emmett—. ¿Te hice algo malo? ¡Sabes que me agradas! —Gritó haciendo una rabieta graciosa. Sonreí.

—No hablaba de ti, no te preocupes —aclaré—. También me agradas. Yo me refería a mi segunda clase.

—Pues sea quien sea tu compañero en esa clase seguro es un patán por no agradarle —dijo.

Solté una pequeña risa. ¿Emmett seguiría pensando lo mismo si supiera que hablaba de su amigo? No pude evitar volver a mirar a Edward, que ahora parecía contener la risa.

Claro, me recordé. Parece que ellos saben todo… todo el tiempo.