Disclaimer: El Potterverso pertenece a JK Rowling, Santa se negó a dármelo de Navidad. Buh.

Este fic participa en el reto "Solsticio de invierno" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Sisterly Affection

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Lily y Petunia Evans

"¿A caso crees que no sé de lo que son capaces? Aquella noche en Godric's Hollow no solo perdiste a tu madre, yo perdí a mi hermana".

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Los pequeños copos de nieve que caían del cielo teñían de blanco el abrigo de Petunia. El frio calaba hasta los huesos pero la joven no se movió hacia la casa, donde estaba más cálido. Pareciera que sus zapatillas estaban pegadas al piso.

Habían cambiado tantas cosas desde la última vez que visitó el que solía ser su hogar. Petunia era ahora una mujer felizmente casada con Vernon Dursley, un hombre importante, que compartía su visión del mundo y, lo mejor de todo, normal. Vernon pasó su mano por sus hombros, mas Petunia apenas se dio cuenta de eso. Sus ojos no se podían apartar de la vieja casa decorada con luces donde habitaban tantos momentos. Limpió las lágrimas que se amontonan en sus ojos cuando los recuerdos, tanto buenos como malos, florecen en su mente.

Sacudió la cabeza, alejando las memorias, y cruzó el camino hasta la puerta. Al entrar anunció su presencia en la casa, colgó su abrigo y no pudo evitar notar las fotos que aun colgaban de las paredes. Fotografías de niñas sonrientes, paseos al parque y ratos agradables en familia. Continuó hacia la cocina, de donde se escapaban deliciosos aromas.

Lo primero que hizo al entrar a esta, fue notar que el lugar era un desastre. Harina por todos lados, ingredientes esparcidos, trastos sucios en el fregadero. Más lo que captó su atención no fue esto, sino la pelirroja que sacaba una bandeja de galletas del viejo horno.

Lily. Tan perfecta como siempre, era toda cabello como fuego, mejillas sonrojadas y dientes perlados. Sus ojos se apagaron cuando se encontró con su mirada verde.

—Petunia —su voz no tenía emoción alguna, vacía. Se limpiaba las manos en el regazo, donde tenía amarrado el delantal favorito de su madre.

La mayor de las hermanas tan solo saludó con un seco asentimiento de su cabeza y pasó de largo, la tensión entre las hermanas se podría cortar con un cuchillo.

La mesa del comedor ya estaba puesta. Había flores –lilies y petunias, por supuesto –adornándola, las velas estaban ya encendidas, el mantel estaba tan manchado como en la anterior fiesta y la vajilla navideña se veía como nueva.

No se detuvo a mirar y fue a la sala, donde su madre estaba sentada en el sillón, cubierta con una manta para mantenerla caliente. Intentaba crear uno de los bonitos suéteres de lana que solía hacer. Sonrió amorosamente. Malva Evans ya no era la misma desde aquellos largos meses que tuvo que pasar en el hospital.

—Hey —susurró, y sus ojos se iluminaron y pareciera que frente a ella estaba el mejor regalo que le podían haber dado.

— ¡Tuney! —extendió los brazos cual bebé.

Petunia la envolvió en un abrazo, complaciéndola.

— ¡La cena está lista! —llamó Lily desde la cocina.

— ¿Alguien dijo cena? —por supuesto, fue este el momento en el que su padre hizo su aparición. Recibió un beso en la frente de su parte y regresaron al comedor, movidos por la eterna e insaciable hambre del señor Evans.

Le dolía admitirlo, incluso a sí misma, pero todo lucía delicioso. Tomó su lugar junto a Vernon y frente a Lily, y le embargó un escalofrío al pensar que toda esa comida pudo haber sido elaborada con magia. Se arregló el cabello, ya perfectamente acomodado, y unió sus manos a las de su familia, listos para bendecir los alimentos.

— ¿Dónde está James, cariño? —su madre inquirió con una sonrisa, tomando su copa, con champán, con una temblorosa mano. Al contrario de cómo había sucedido con Vernon, el novio fenómeno de su hermana siempre había sido bienvenido con una enorme sonrisa.

—Fue a una rápida visita con sus padres. Debe de estar a punto de llegar —había una arruga en la frente de Lily, como si algo la estuviera preocupando.

— ¿Deberíamos de esperarlo?

—No, así está bien —respondió para el alivió de su padre y Vernon, que no podían esperar para hincarle diente a la comida.

Al escuchar el timbre, Lily se levantó tan rápido de su silla que pareciera que alguien la electrocutó.

—Buenas noches, espero que no haya sido una molestia mi demora —lucía tan propio, con una sonrisa educada y la mano de su hermana entre las suyas. Petunia, sin embargo, notó que los bordes de sus ojos estaban teñidos de rojo.

—No te preocupes, James, que bueno que llegaste. Y dime, ¿Cómo se encuentran tus padres?

El gesto del mago se torció, mas no tardó en recomponerse. —Descansando, ya les hacía falta —su sonrisa tembló en sus labios y Lily apretó con más fuerza su mano.

A partir de esto la cena transcurrió sin contratiempo alguno, hablando de la vida diaria, escuchando las aburridas pláticas de Vernon sobre taladros y evitando los temas delicados.


—Todo estuvo delicioso, señora Evans, muchas gracias.

La aludida sonrió, encantada con los halagos de James. —Oh, no fui yo quien preparó la cena, sino Lily. Y, ¿Cuántas veces tengo que decirte? Llámame Malva, "señora Evans" me hace sentir tan vieja.

Las dos hermanas rodaron los ojos ante esto, su madre adoraba cuando alguien la halagaba, y no era difícil ver lo mucho que le gustaba James. Demasiado.

—James, ¿me podrías decir algo más sobre el quidditch? —los ojos del señor Evans brillaban. Siempre había sentido curiosidad por el deporte mágico y su hija no estaba del todo capacitada para responder todas sus preguntas. Incluso él adoraba a su novio.

James estaba a punto de hablar cuando Lily le interrumpió. —Le encantaría, papá, pero justo ahora tiene que ayudarme con los platos —guiñó un ojo a su padre y arrastró a su novio a la cocina.

— ¿Qué pasa? —preguntó el muchacho una vez que estaban dentro de la cocina, confundido por la actitud de Lily.

Lily se puso de puntillas y juntó sus labios a los suyos con pasión. —Te amo —le dijo, con una gran sonrisa.

James sonrió también y besó su respingada nariz. —Lo sé.

Poniendo los ojos en blanco, Lily comenzó a tallar los platos y James a su lado se encargó de secarlos y colocarlos en su lugar. Se concentraron en su tarea en silencio unos minutos, sin necesidad de llenar todos los espacios con pláticas bobas.

—Gracias —dijo el moreno. Lily lo miró confundida, soltando el plato entre sus manos, por lo que elaboró —. Por… todo. Por ser tú, por dejarme venir con tu familia cuando no tenía con quien ir, por estar ahí para mí siempre. Por todo —se encogió de hombros queriéndole quitar hierro al asunto.

Pero por más que James fingiera que no era la gran cosa, Lily lo conocía mejor, por lo que no le sorprendió que sus ojos se llenaran de lágrimas. Sabía que las cosas no eran nada fáciles para James, ahora que sus padres no estaban más junto a él, ahora que tan solo podía encontrarlos bajo su lápida.

Le dio un beso en la mejilla. —Siempre.

—Creo que me ha caído algo de jabón en el ojo, Lils —limpió su rostro con su antebrazo, y recibió un golpe en el hombro de parte de Lily. ¿Qué era lo que tenían los hombres que nunca se permitían un momento de vulnerabilidad?


—Ha ocurrido otro ataque. Los Mckinnon han muerto. Vengan de inmediato —la grave voz venía de sus espaldas. Al darse la vuelta vieron como un ave emitía un brillo azulado, y el patronus se desvaneció tan pronto como llegó.

La pareja de jóvenes se quedó paralizada, mirando con los ojos empañados el lugar donde se desapareció el patronus de Ojoloco Moody.

—Tenemos que ir —sin perder tiempo, Lily ya estaba limpiando sus manos con un trapo cuando James la detuvo.

—No, tú te quedarás aquí.

La chica cruzó sus brazos sobre su pecho, desafiándolo. —James, no necesitas protegerme.

—No lo estoy haciendo.

Y aunque utilizó un tono que no permitía replicas, Lily Evans no era de esas personas que aceptaba un no por respuesta nunca. —No, James, tengo que ir, Alastor dijo…

—Ya sé lo que dijo Moody; más no te puedes ir. Marlene vivía no muy lejos de aquí, tu familia podría estar en peligro. Tienes que quedarte aquí y protegerlos. Si ambos nos vamos, no habrá nadie aquí para protegerlos—se miraron a los ojos y Lily asintió, no importaba cuanto quisiera ir, no podía dejar desprotegida a su familia y lo sabía.

—Bien —escupió —. Pero no me gusta.

James besó su frente y le dio un rápido abrazo. —A mi tampoco.

—Cuídate —dio un beso de despedida a James y vio como giraba sobre sus talones y desaparecía ante sus ojos.

Ocultó su rostro entre sus manos, su estómago estaba en un nudo. Intentó tomar una honda bocanada de aire, pero algo parecía estar constriñendo sus pulmones.

— ¿Lily? ¿Qué fue eso? ¿Qué ocurre? —el rostro de Petunia, quien había estado escuchando lo ocurrido oculta tras la pared, se asomó.

Se tomó un momento para componerse, mientras los grandes ojos de Petunia la veían. — ¿Qué tanto escuchaste?

— ¿Lily? —ignoró su pregunta, como sabía que lo haría.

Lily ocultó sus lágrimas y asintió con la cabeza. —No es nada, no pasa nada, estoy exagerando.

Dio unos pasos inseguros hacia su hermana; siempre se veía tan tranquila y compuesta, y ahora estaba hecha un desastre. —Alguien… ¿Alguien de los tuyos murió? —apoyó su mano sobre su hombro, insegura de cómo lidiar con la angustia de Lily.

Este simple gesto, tan pequeño pero significante, hizo que las lágrimas de Lily regresaran. —Sí, una familia entera. Asesinados —un escalofrío recorrió su espalda al imaginarse la escena. Sobre la casa, flotando en el oscuro cielo, la marca tenebrosa emitiendo un enfermizo resplandor verde. La casa echa pedazos. Los cuerpos descansando en el piso, sin vida. Sangre por todas partes. Y ahora esos mortífagos, esos viles asesinos, andaban sueltos…

—Pero, ¿Por qué? Creía que podía hacer cualquier cosa con magia. Tú eres un auror, ¿no?

—El problema es que los del otro bando también tienen magia, Tuney, y los aurores no son invencibles —su hermana la seguía viendo sin comprender —. Estamos en medio de una guerra. Una grande. Y también está afectando a tu mundo.

Los ojos de Petunia se abrieron. —Todas esas cosas en las noticias, los accidentes, las desapariciones… —Lily asintió, confirmando sus temores —. Wow. Y James, ¿Él fue…?

—Sí —suspiró, y miró a su hermana a los ojos —. Mira, no te voy a mentir y decir que todo está bien. Esta es la peor guerra que ha visto el mundo mágico. Gente muere todos los días y el Ministerio (sí, tenemos uno) no sabe qué hacer. Por lo que se creó una resistencia secreta, la Orden del Fénix, de la que somos miembros James y yo.

Petunia asimiló todo esto con lentitud. —Pero, eso significa… Lily, están en peligro, podrían morir —dijo horrorizada, al entender la magnitud de sus palabras.

—Lo sé —dijo sin miedo, como si fuera algo a lo que se hizo a la idea desde hace mucho tiempo —. Pero moriría sabiendo que hice lo correcto.

—No, Lily, no puedo dejar que mueras.

—Tengo que hacerlo.

— ¡No! ¡No tienes que hacerlo, tienes una opción! —estalló, sus ojos rojos y la vena en su cuello peligrosamente hinchada —. No pelear, esconderte, ponerte a salvo.

— ¿Es que no entiendes? Esto es algo grande; más grande que tú, que yo, que todos nosotros. No puedo quedarme con los brazos cruzados y ver a todos los que amo morir.

Silencio reinó en la cocina, ambas muchachas se miraron a los ojos por un largo tiempo, lágrimas de miedo, desesperación, enojo, corriendo por sus mejillas.

—No quiero ver a mi hermanita morir.

Se miraron a los ojos de nuevo. Petunia soltó sus manos al ver la resolución en los ojos de Lily y supo que no había nada que pudiera hacer para hacerle cambiar de opinión. Cuando su hermana tomaba una decisión se quedaba con ella. —He tomado mi decisión.

Petunia asintió, sabía ya su respuesta desde antes que se lo dijera. Se levantó, tomó su abrigo y se cubrió con el y, después de llamar a Vernon, salió de la casa.

Lily se quedó en el piso de vinilo, llorando, porque cuando se trataba de su hermana, parecía nunca hacer nada bien.


— ¿Lily? ¡Lily! —unos brazos la rodearon con cariño, la acercaron a un cálido pecho y la acurrucaron ahí, acariciando sus cabellos y limpiando sus lágrimas —. Lils, ¿qué paso? ¿Por qué estas así?

James Potter veía con desesperación como, por más que trataba, Lily no respondía. Tan solo estaba ahí, con la mirada perdida, los ojos rojos e hinchados, echa un ovillo.

— ¿Te encuentras bien? ¿Estás lastimada? Lily, respóndeme, por favor —se sentía tan inútil, viéndola ahí, tan frágil, sin saber qué hacer.

Suspiró y la volvió a atraer hacia sus brazos, donde se acurrucó y continuó llorando en silencio, mojando su camisa con sus lágrimas. ¿Cómo explicarle lo que le ocurría, sin que pensara que estaba loca? James no lo entendería, por más que lo intentara. Él no tenía hermanos, él no sabía lo que era tener una hermana que te consideraba una escoria, que te preferiría muerta a que pertenecieras a su familia, que no comprendía el mundo al que pertenecía.

Lily movió su cabeza, limpiando sus lágrimas con sus manos temblorosas. —No, no estoy bien —dijo sorbiéndose la nariz, mas esto solo acarreó otra ronda de llanto interminable. Se sentía tan tonta.

Se levantó con precipitación del suelo e inclinó su cabeza en el fregadero. La cena en la que tanto se había esmerado hizo una reaparición mientras James sujetaba su pelo y trazaba círculos en su espalda.

—Ya, ya —murmuró el muchacho, besándola y arrullándola y sintiendo como un nudo se formaba en su garganta. Le extrañaba verla así, porque Lily era siempre tan fuerte, y no sabía qué hacer.

Besó su frente con cuidado y apartó los cabellos de su hinchado rostro. Lily hipó un poco y enterró su rostro en su cuello.

No, James no lo entendería.


He aqui lo unico que ha salido de mi enorme cabezota. Puaj, siento que me quedo demasiado cursi el final, pero me he estrujado la cabeza en busca de algo mejor y nomas no encontre nada. Giu. En fin. Se que de navidad no contiene exactamente mucho, si no es que casi nada, pero mas bien queria retratar algo de la relacion de estas dos hermanas de manera distinta al "fenomeno" "me odias" y blabla, por lo que he aqui lo que logre escrbir. Si, Petunia y Lily tenian sus problemas y quiza no los enfrentaron de la manera en que lo deberian de haber hecho, pero eran hermanas despues de todo y se querian mucho.

Mi unica recompensa son sus reviews, ¡asi que definitivamente no me quejare si me dejan uno!

-A.