Capitulo IV
(Por Flor Guajira)

Ya se acercaba la medianoche, pero ni Genzo, ni Tsubasa parecían haberse percatado de ello, ya que entre risas, anécdotas amorosas pasadas y una que otra copa el tiempo se les fue volando.

-Sabes Tsubasa, creo que ya es suficiente – Coloca el vaso ya vacío de Whisky en la barra de marfil en la que se encontraban bebiendo - ¿Sabes que nos pasara mañana si seguimos así? - Intentaba no cerrar los ojos, y caer dormido bajo el efecto del alcohol.

-Lo sé, tendremos resaca –Le da un suave golpe en la espalda – Por lo que yo me voy – Al ponerse de pie comienza a tambalearse.

-No te puedes ir caminando, ¡Estas borracho! – Imita a su amigo y se levanta de la silla – Te voy a conseguir un taxi – Con una mano llama al Barman el cual sigue las indicaciones del portero.

-Si yo estoy borracho, ¿Tú cómo estás? – Toma su chaqueta.

-Pues yo estoy en un estado de idiotez temporal, provocada por el alcohol etílico – Saca el dinero para pagar los tragos de ambos – Así que no estoy borracho – Le señala con el dedo índice.

-Su taxi llegara dentro de pocos minutos – Les informa.

Ambos chicos caminan hacia las afuera del Hotel para esperar el taxi de Tsubasa.

-Extraño a Sanae – El comentario salió de la nada haciendo que su rostro sea melancólico.

-Y yo a Gabriela – Recarga su cuerpo en la banca que se encontraba frente a ellos – Quiero estar con ella como lo estuve hace 5 años. Feliz. – Suspira – No puedo creer que el alcohol me haga confesarlo, pero la extraño como si fuera el primer día – Toma su cartera para sacar la foto de la mujer que siempre puso su mundo de cabeza.

-Te comprendo – Su mirada paso de ser melancólica a triste – Sanae se llevó una parte de mi con ella – Reposa su cabeza en el borde la banca – Y no me la ha querido devolver – Sus ojos se vuelven vidriosos por las lágrimas que comenzaba a derramar – Vaya, todo el Whisky que tome me está haciendo efecto – Se limpia el rostro.

Ante tal comentario ambos chicos presos de la borrachera comienzan a reír.

Mi taxi ya llegó – Señala al vehículo – Nos vemos cuando la resaca se pase – Se despide del portero.

Al encontrarse solo en su habitación, el chico recuerda la conversación que tuvo con su amigo hace algunos minutos. Por lo que sin dudarlo ni un instante toma su teléfono celular para hacerle saber a su Gabriela cuanto la extrañaba…

-¿Genzo?- La chica hizo a un lado los papeles que revisaba sentada en el sofá de su apartamento.

-¿Tú qué crees?- Le respondió con sarcasmo- ¿Estás muy ocupada? Es que, verás, tengo un par de verdades que decirte.

-Pues siendo sincera, para ti no estoy.

-Y siendo sincero también, a mi no me importa. Sólo quiero que escuches… dos… cosas…- Genzo habló entrecortado tratando de razonar lo que quería decir. En el fondo deseaba hablarle, pero tampoco quería empeorar lo inmejorable.

Gabriela suspiró. Por el tono de voz de él, era evidente que estaba borracho. No más eso le faltaba, tener que tolerar las rebeldías del niño mimado de su ex, y aparte preocuparse (y aún no entendía el porqué) de que Genzo no cayera en el lente de algún reportero inoportuno. Sería un escándalo completo. Así que decidió tolerarlo.

-Bueno, ya qué. ¿Qué es lo que quieres?

-Ya te dije que decirte dos cosas.- Genzo jugaba con el encaje de las sábanas.

-Estoy esperando.

-Bueno, la primera es, mi querida Gaby, que eres tan dulce como un purgante.- Genzo lanzó una carcajada sonora, mientras Gabriela (al otro lado de la línea), enarcaba una ceja.

-¿Perdón?

-Lo que escuchaste, chica. Es que, ¿sabes? No me hace gracia que estés saliendo con el mechudito de tu amigo. Así que tenía que insultarte porque soy tarado y porque te lo mereces. Pero sobre todo porque te lo mereces.

-¿Y lo segundo?

-¿Lo segundo? ¿Qué era lo segundo? Ah, sí. Te amo, Gabriela. Eso era.

-Bien, ya dijiste todo lo que tenías por decir, ahora duerme. ¿Estás en tu habitación?

-Sí, ¿por qué? ¿Piensas llegar aquí para divertirnos a lo grande? Tengo un Kamasutra en el bolsillo escondido de la maleta, ya sabes, por si nos ponemos creativos.

-¡No seas cochino, Wakabayashi! Lo de la habitación era sólo para saber que no estuvieras en lugar público y que no te viera cualquier desubicado.

-¿Tú preocupada por mí? Bueno, eso merece una recompensa. Ya no eres tan dulce como un purgante, ahora eres tan dulce como un bulto de sal. Y créeme, estoy siendo muy generoso.

-En serio, duérmete. Ya está bien de tonterías por hoy. Ah, y otra cosa. No me llames más.

Gabriela cerró la llamada, e hizo a un lado el teléfono. Después de esa conversación volver a concentrarse en sus asuntos no sería nada fácil.

Entre tanto, Genzo se recostó en la cama pensando que su misión estaba cumplida. Aunque le habían quedado muchas cosas por decir.

Por su parte, Tsubasa iba de camino hacia su hotel cuando de pronto vio a Sanae saliendo de uno de los locales nocturnos de comida.

-Déjeme aquí – Le ordena al chofer.

-¿Está seguro? – El conductor no se sentía tranquilo dejar al muchacho en las calles de Tokio en el estado en el que se encontraba.

-Claro – Le paga – La chica que esta allá – Señala a la castaña – Fue mi novia.

-Con más razón le pregunto – Clava su mirada en ella.

-No se preocupe, Sanae nunca se aprovecharía de mi - Se baja del taxi.

Rápidamente intenta alcanzar a su chica.

-Sanae – Grita el futbolista.

Al escuchar su nombre automáticamente voltea su rostro para descubrir quien la al darse cuenta de quien se trataba era Tsubasa, su furia contra él regresa. ¿Acaso ya no tenía suficiente con él?, ¿Por qué el destino se encargaba de ponérselo en su camino cada vez que ella menos lo esperaba? Y ¿Acaso ella no tenía sentimientos? Cada vez que lo veía su corazón se partía instantáneamente en miles de pedacitos. Y eso era algo que él no sabía.

A medida que él se acercaba, Sanae pudo notar el olor que emanaba de su cuerpo, el cual lo delataba. El inconfundible olor a alcohol.

-Sanae, que bueno verte – La abraza.

-¿Tsubasa estabas bebiendo? – No podía soportar ese olor.

-Sí. Estaba con Genzo – La mira fijamente y comienza a acariciar su rostro – Ya iba de camino a mi hotel – Le informa sin abandonar el contacto de su rostro.

Al sentir esas manos tan suaves pero varoniles, Sanae las retira inmediatamente. No quería caer en la tentación de desear tener sexo, y mucho menos con Tsubasa estando ebrio.

-Si ibas de camino hacia tu hotel, ¿Por qué te detuviste a mitad de camino? – Se separa un poco de él.

-Te vi caminando y le dije al chófer del taxi que me dejara aquí – Otra vez comienza a tambalearse, pero es detenido por Sanae – ¿Y tú que hacías a estas horas en la calle?

-Estaba tomando té, no he podido dormir – Le responde mientras lo toma de la cintura para darle estabilidad.

-Se supone que estas en un hotel 5 estrellas, te pudieron haber llevado el té a tu habitación – Si antes no la entendía, ahora mucho menos.

-El té que hacen en un hotel no es el mismo que hacen en un restaurante tradicional Japonés – Le dio sus argumentos más claros a un hombre cuyo aliento olía a Whisky – Lo tradicional tiene su encanto – Sonríe.

Ante la respuesta que dio Sanae, Tsubasa no refutó nada. Ya que ella siempre tenía la razón.

-¿A dónde me llevas? – Sanae comienza a caminar pegada a él.

-A mi hotel, no puedo permitir que estés solo y ebrio en la calle – Ella dejó a un lado lo que sentía por Tsubasa para poder ayudarlo.

Al llegar a la habitación, Sanae deja a Tsubasa en el sofá para pedir unas bebidas energéticas, fruta y algunos analgésicos. Ya que la estrella del Futbol no la pasaría muy bien mañana.

Mientras Sanae pedía servicio a la habitación, Tsubasa decidió explorar un poco la habitación de su amada. En esta sólo encontró papeles del trabajo, números de teléfono de otras empresas. Pero lo que más le llamó la atención fue encontrar ropa de Sanae colocada ordenadamente en un perchero.

-Reunión número 5 en Tokio – Leyó la etiqueta de uno de los trajes – Sanae se volvió loca, ¿A quién se le ocurre ponerle nombre a la ropa? – Toma el traje para verlo mejor.

-No estoy loca, y por favor no arrugues el traje, mi estilista trabajo mucho para dejarlo pulcro – Acomoda suavemente la pieza de ropa en su lugar.

-¿Estilista? – O era el alcohol o Tsubasa se estaba poniendo más burro.

-Sí. Estilista – Lo toma del brazo para llevarlo nuevamente al sofá – Últimamente no he tenido tiempo porque tengo que estar en reuniones, fiestas, cenas, almuerzos, desayunos, en fin… Miles de cosas que hace una persona ocupada – Comienza a arreglar la cama para que Tsubasa descanse - Por lo que contrate a una estilista, la cual compra por mí y se encarga de organizar cada pieza, para cada ocasión. Una maquilladora la cual se encarga de dejarme linda y presentable para ocasión y una peluquera que me arregla el cabello cuando lo necesite.

-Sí que tienes dinero – La mira burlonamente.

-Aja. Y mucho – Lo mira con mirada triunfante - Bueno, dejémonos de charla y ven a dormir – Le señala la cama.

-¿Y tú donde vas a dormir? – No quería incomodarla.

-En donde tú estás sentado – Señala el sofá –Además, mañana no será un día muy lindo para ti.

Y sin decir una palabra, Tsubasa se acomoda en la enorme y cómoda cama que Sanae le cedió. Y minutos después se interna a los brazos de Morfeo.