¿Les ha quedado un nudo en el pecho?...
En la mitología irlandesa los héroes incumplen con sus geis por culpa de engaños, eso los llevaba a morir tragicamente y traté de apegarme a eso. También… me hubiera gustado usar otra versión de la historia de Gráinne y Diarmuid pero en el anime parecen enamorados así que seguí ese detalle.
Beautiful-sadness, ve al epílogo porque no creas que me he olvidado de Saber.
Ahora sí, este es el final.
Epílogo
Cuando entró y la campanita de la puerta sonó anunciando su presencia, una mujer le había dado los buenos días sin levantar la mirada y Diarmuid había agradecido aquello porque aunque se quitara la armadura y se vistiera con ropas comunes, para esa época, el efecto del lunar en su rostro seguía siendo el mismo.
Un poco de indiferencia femenina no le ofendía, de hecho le hacía bien.
Recorrió con la mirada los pasillos, con estantes altos y repletos de libros que se extendían en hileras a la derecha y la izquierda de la entrada pero antes de atinar a elegir una dirección, ciertamente sin saber por donde empezar, apareció un muchacho con el mismo uniforme que la mujer de la entrada.
—Sí —Diarmuid dudó un segundo ante el ofrecimiento de ayuda.
Podía resultar absurdo, no era un riesgo decir su nombre ahí y esa persona no era el enemigo pero se sentía como si fuera a revelar un enorme secreto; se aclaró la garganta, ligeramente incómodo antes de hablar.
—Busco algo sobre Diarmuid Ua Duibhne.
—¡Ah! ¡Mitología irlandesa! —aparentemente entusiasmado, el menor le guió por los estantes con diligencia—. He trabajado aquí tres años y es la primera vez que alguien pide algo de esa sección… aunque, esta es una librería pequeña —pensó en voz alta—, quizás en otra sea más común.
Diarmuid en realidad no le escuchaba y el chico pareció notarlo.
—Bueno. No puedo ofrecerte un libro completo, no hay tanta información sobre Diarmuid —le explicó mientras pasaba los dedos por los tomos en busca de uno en particular—, su leyenda pertenece al Ciclo Feniano y la mayoría de las historias hablan sobre Fionn MacCumhaill y sus caballeros: los Fianna.
—¿Es una leyenda?
El chico afirmó y le dedicó una mirada.
—Al menos así se le considera. Era un Caballero de Fianna y en realidad es famoso por su relación con Lady Gráinne —sonrió, contento con haber enganchado al otro en la charla—. Hay varias versiones de la historia… uhm, en éste —le tendió un libro a Diarmuid, separando la página— Lady Gráinne se enamorada de Diarmuid el mismo día de su compromiso y le pide que escapen. Diarmuid se niega pero es amenazado, Gráinne alega que le acusara de haber abusado de ella y así le obliga a llevarle consigo; Fionn, enfadado por la ofensa, les persigue y años después les perdona. Ellos se habían casado, tuvieron hijos pero más tarde Diarmuird es herido y Fionn, quien podía convertir el agua en un brebaje mágico, se lo niega recordándole que nunca le perdonó la traición.
El pelinegro apenas sujetó el libro, nunca había imaginado cuan molesto podía ser escuchar sobre su propia vida y peor aún, lo distorcionada que la historia podría llegar a ser; no era así como esperaba que se le recordara.
Miró el libro trató de imaginar quién había escrito esa versión pero, pronto tuvo un segundo tomo a la vista.
—En esta otra versión —el menor señaló un dibujo con el que el autor representaba a Diarmuid y Gráinne abrazados—, ellos están enamorados y escapan juntos. Son perseguidos pero también se casan, tienen hijos y con el tiempo Fionn acepta el matrimonio; mas las dos historias acaban igual, Fionn nunca perdona a Diarmuid y lo deja morir.
Diarmuid pensó que quizás esa segunda historia era más atinada aunque no hablaba de la mentira de Gráinne, de la muerta de sus compañeros ni mucho menos de la manera en la que Lord Fionn le había hecho pagar su traición arrancando de él todo rastro de honor o lealtad en cuestión de minutos.
Por eso no le interesaba el Grial ni lo que pudiera conseguir a través de éste, lo único que él deseaba para esa vida era la lealtad que no había tenido en el pasado y que sólo podría conseguir a través de sus actos en el presente.
Quería recuperar su honor, ahora en manos de Lord Kayneth, aunque con la situación actual y Lady Sola…
—Perdona.
Diarmuid recordó que no estaba sólo cuando escuchó la voz, así que cerró los libros habiendo ya perdido el interés de leer.
—Perdona, tal vez te lo he arruinado —el chico esbozó una sonrisa culposa—. Tomo una clase sobre las diversas mitologías de Europa y… —se encogió de hombros pues no tenía mayor excusa que su entusiasmo—, son pocas las personas con las que puedo hablar de esto.
—Ya veo… no importa.
La campanita de la entrada volvió a sonar, anunciando que alguien había entrado a la librería.
—Debo atender —señaló el logó en la camiseta, como recordándole que trabajaba ahí—, ya regreso.
Diarmuid colocó uno de los libros en el estanque y con el otro en su poder, caminó mientras observaba el dibujo de la pareja abrazada; Gráinne había sido una mujer hermosa y aún hoy en día se preguntaba si el engaño había sido excelente o si acaso él se había dejado engañar porque necesitaba sentirse amado debido a algo diferente al hechizo de un geis; ¿eso significaba que era arrogante? Había sido un caballero honorable, leal como ninguno, excelente en batalla y probablemente hubiera sido recordado de esa forma de no elegir al amor.
El ardor de la espada atravesándole el pecho apareció de la nada y al doblarse, sin haberse detenido, chocó con alguien.
—¿Lancer?
De no tener esa voz y de no haberle visto antes, a primera vista le hubiera creído un varón; Saber vestía un traje negro y le miraba entre confundida y alerta. Diarmuid cerró el libro por segunda vez, concentrándose en la rubia frente a él.
—Saber —murmuró—, ¿qué haces aquí?
—Me preguntó lo mismo —alerta y tensa, se mantuvo plantada ante Lancer—, ¿tú que haces aquí?
Sin embargo, Lancer fue el primero en obtener una respuesta cuando reconoció la voz de Irisviel tan sólo unos estantes a la izquierda de donde ellos estaban; hablaba con el chico que le había atendido minutos atrás y sonaba tan ensusiasmada que era hasta una escena graciosa…, como si la guerra por el Grial no existiera y la master de Saber fuera una chica común, viva y ruidosa.
Lancer sonrió, y Saber esbozó algo que parecía una sonrisa mirándo a la albina.
—Descuida —el pelinegro habló—, no vine a pelear.
Había sido una coincidencia fortuita y quizás ellos estaban destinados a encontrarse no sólo en batalla; Saber, era un rey a quién podría serle leal mas era también una mujer que no resultaba afectada por su geis.
Pero no en esa vida, no ahora...
Invasiva y acalambrándole el cuerpo la orden llegó claramente a él, Lady Sola le pedía regresar de inmediato y parecía molesta por no haberle encontrado -cerca y a su disposición- cuando lo deseaba.
Lancer cruzó miradas con Saber.
—Nos veremos de nuevo —añadió—, aún tenemos algo pendiente.
—Por supuesto —el Rey de los Caballeros sonrió.
—Saber —Lancer se despidió—, no vayas a morir antes de pelear conmigo.
La orden se volvió más insistente y Diarmuid desapareció mientras el libro caía al suelo, cerca de los pies de Saber.
La batalla por el Santo Grial, apenas comenzaba.
.
.
Como dije al comienzo, ha sido un gusto escribir este fic y es sin duda lo más extenso que he hecho en tan poco tiempo, todo un logro para mí. Ahora hasta le tengo cariño a Lancer, aunque no me agrada emparejarlo con Saber (ni con Gráinne) XD.
Beautiful-sadness, espero te haya gustado.
