Punto de vista de Charming:

Hoy madrugué. Me levanté lo más temprano que pude para ir a ver a Mi Snow. Desayuné y mientras salía, encontré otra flor, idéntica a la de ayer. Así que decidí levantarla y llevársela a Snow.

Llegué rápidamente al castillo, el mismo guardia de ayer me vio y me dejó pasar. Pero me llevé una gran sorpresa cuando llegué al cuarto de Snow…Había un médico, el padre de Snow, Regina y por supuesto, Snow…Un momentito…¡Snow estaba inconsciente!. Espero que esto no sea ''lo peor'', ruego que no lo sea.

-Rey, su hija está grave. Tiene una fiebre muy alta, y sin cura. Esta fiebre sube cada día más y al 3er día, sube tanto que el paciente muere.-Dijo el médico, algo serio.

-Mi querida Snow, mi queridísima Snow, por favor, te necesito.-Dijo el Rey entre sollozos y llantos. Mientras Regina solo observaba, también llorando, la triste escena.

Sin querer hice un leve ruido y todos se dieron vuelta a verme.

-Yo…No sé qué decir.-Dije, muy angustiado y con la flor en la mano. Luego de eso, corrí hasta Snow y observé su bello y blanco rostro, y sus rojos labios, que estaban más pálidos que nunca, con un aspecto de…enfermedad, muerte, aburrimiento…de todo menos vida.

-David...-Me dijo Regina, sin poder hablar de la pena que la carcomía.-Lo siento por lo de ayer…no debí echarte…

No hice caso a nada de lo que decían…estaba en completo shock, no podía decir ni una sola palabra.

-Doctor, ¿No tiene ninguna cura?.-Preguntó Regina.

-Me temo que yo no puedo darle una solución…Pero hay alguien, que puede hacer lo que sea. Sin embargo, sus precios no son muy accesibles.-Dijo el doctor.

-Dígame su nombre.-Dijo el Rey.

-Pero…-Dijo el doctor.

-¡EL NOMBRE! ¡LE DIJE QUE ME DIGA EL NOMBRE!.-Dijo el Rey, más nervioso que nunca. Él era un hombre pasivo y amable, pero podía hacer cualquier cosa por su bella hija.

-Se llama Rumpelstilskin…-Dijo el médico, bajando la cabeza.

-Puede retirarse, doctor.-Dijo el Rey, algo más tranquilo.

El doctor se retiró y Regina y el Rey fueron a la sala principal del castillo, a tratar de buscar a Rumpelstilskin. Decidí seguirlos, pues a lo mejor los ayudaba en algo.

-¿Encontraron alguna solución?.-Les pregunté.

-No…Aún no sabemos cómo contactarlo.-Dijo Regina.

-¿Y qué tal algo como, Rumpelstilskin yo te invoco?.-Pregunté, y de repente un hombre, que aparentaba unos 50 años, de piel y cabello muy raros apareció detrás de mí.

-¿Me llamaban, Dearies?.-Dijo en un tono de voz agudo y extraño.

-¿Q-quien es usted?.-Preguntó el rey, algo asustado por la aparición.

-Rrrrrumpelstilskin.-Dijo, resaltando mucho la primera letra de su nombre.

-Verá, Rumpelstilskin. Mi hijastra, Snow White, está muy enferma. Su enfermedad no tiene cura y…-Dijo Regina antes de ser interrumpida por el extraño hombre.

-¿Si puedo curarla?.-Dijo en un tono algo obvio, a lo que Regina y el Rey asintieron.-Claro que puedo. Pero Toda magia conlleva un precio.-Dijo moviendo las manos en un extraño movimiento.

-¿Quiere oro? ¿Joyas?.- Dijo el rey. Se notaba que estaba asustado…era impresionante como la presencia de ese hombre extraño hacía que hasta el rey le tuviera miedo.

-No, no. Verás…Yo fabrico oro, y las joyas no me interesan. Necesito algo más…valioso.-Dijo.

-¿Qué desea entonces?.-Preguntó Regina.

-Algo así como…El primer hijo que ten…-Dijo, antes de auto interrumpirse cuando observó la flor que tenía en mi mano.-Esta flor…es el precio que les pido.

Ambos, Regina y Leopold quedaron en shock por lo que casi les pide. Y luego quedaron en shock por lo de la flor.

-¿Y-y para que le sirve una simple flor?.-Le pregunté.

-¿No sabes que es, verdad, Dearie?.-Me preguntó y yo moví la cabeza de derecha a izquierda diciendo no.-Verás…Es una extraña especie de flor. Hay cantidades contadas en todo el bosque encantado, es una flor de amor verdadero.-Me explicó.

-¿Tenemos un trato?.-Preguntó.

-Sí, tenemos un trato.-Le dije al extraño.-Pero antes quiero que cure a Snow y después le daré esta flor.

-Bien, Dearie. Llévenme hacia la niña.-Pidió.

-Sígame.-Le dijo Regina y fuimos hasta la habitación de Snow.

Rumpelstilskin le arrancó un mechoncito de cabello a Snow y uno a mí. Puso un solo cabello de cada uno en un frasco y al resto los guardó para llevárselos. Luego, los juntó con una lágrima que caía por mi mejilla y se formó un líquido transparente. Puso la poción sobre la frente de Snow y esta se reincorporó de inmediato.

-¿Snow? ¿Te sientes bien?.-Le preguntó el rey a Snow, acercándose a ella.

-Si padre, me siento mucho mejor.-Dijo ella sonriendo.

-¡Snow!.-Dije y corrí hasta Snow y la abracé.-Me preocupé mucho, pensé que te perdería.-le susurré en el oído, a modo que nadie más escuchara. Luego, me acerqué a Rumpelstilskin y le di la flor. Él desapareció dejando un humo verdoso y todos nos quedamos mirándolo fijamente.


Punto de vista de Snow

Abracé a Charming muy fuerte. Después abracé a Regina y a mi papá como nunca antes.

-Snow, hoy debemos ir a casa de Regina para seguir planeando la boda.-Me dijo papá a lo que miré a Charming.

-Pero…Charming…quiero estar con él.-Dije.

-Él vendrá Snow, lo invité para que estuviera todo el día contigo.-Respondió Regina, a lo que yo sonreí y todos salieron, para que me cambiara. Me cambié rápido, comí algo junto a Charming y partimos.

El camino se hizo más largo que nunca en el carruaje, ya que Regina mató con preguntas a mi nov…amig…Charming. Preguntas tales como ''¿Quieres a Snow?'', ''¿Te gusta Snow?'' o la peor de todas ''¿Algún día te casarás con Snow?''. Charming no contestó, simplemente se quedó callado y sonrosado, y obviamente yo también…Tenía una nueva mamá osa.

Al llegar, fuimos a jugar al gran patio de los Mills, donde nos limitamos a observar el cielo y sus nubes…grandes nubes que parecían de algodón. Que hacían que te den ganas de saltar sobre ellas. Pasado un rato, ambos nos levantamos y nos quedamos mirando fijo. Charming se aceró a mí y me plantó un tierno, cálido e infantil beso en los labios. Durante el beso llegó Regina y nos vio. Bajó la cabeza y luego carraspeó la voz, por lo que Charming se alejó pronto de mí.

-Snow, debes ir a probarte el vestido.-Me dijo Regina aún sin subir la cabeza.

-Y-ya voy.-Dije y bajé la cabeza.-T-te quiero, Charming.-Le susurré antes de irme.

Ya en el salón de la gran mansión, donde había una costurera de las más populares, me probé mi vestido. Era un vestido blanco, largo y pomposo. Muy bello. Cuando vieron que me iba bien, me lo sacaron y me puse el que tenía antes. Luego salí corriendo hasta Charming, quien me estaba esperando afuera.


Narrador desconocido:

Alguien llamó a la puerta. Cora y Regina abrieron la puerta. Era una niña que llevaba un vestido marrón con blanco, una canasta y cabello ondulado y marrón. Pero lo que más resaltaba era su capa roja como la sangre y con algunos bordados en ella.

-Hola. Mi abuela hizo y debo venderlas. ¿Quiere comprar una?.-Preguntó y Cora casi le cerró la puerta en la cara, pero Regina la mantuvo abierta antes de que cerrara.

-Yo te compraré algunas, ¿Cuánto salen?.-Preguntó Regina, amablemente.

-1 moneda de cobre por galleta.-Dijo la niña.

-Bien, te compraré 10 galletas.-Respondió Regina.-¿Quieres ir a ofrecerles las galletas a mi hijastra y a su amigo?.-Preguntó.

-Claro, yo les ofrezco las galletas.-Respondió la niña.

-Sígueme.-Dijo Regina y la guío hasta el fondo, donde se encontraban los dos niños. En cuanto la dejó allí, Regina se fue y la niña quedó con los otros dos chicos.

-H-hola, me dijeron que les venga a ofrecerles galletas.-Dijo la niña, algo nerviosa.

-Gracias.-Dijo Snow, sonriendo dulcemente.-Soy Snow…Snow White.

-Y yo soy David.-Dijo el niño.

-Me dicen Red, o Rojita por mi caperuza.-Dijo ella, algo más confiada.

-Un gusto, Rojita.-Dijeron los tortolitos a coro, mientras sonreían.

-¿Quieres quedarte a jugar con nosotros?.-Preguntó Snow.

-Ehmm, Me encantaría.-Dijo Roja sonriendo.


Punto de vista de Snow

Fui corriendo hasta donde estaba papá.-Padre, ¿Rojita puede quedarse a jugar con David y yo?.-Pregunté.

-¿Quién es Rojita, cariño?.-Preguntó mi padre.

-Es la niña que vino a vender las galletas, es mi nueva amiga…¿Puede? ¿Porfiiis?.-Dije haciendo una cara tierna.

-Sí, cariño, si puede.-Dijo él mientras suspiraba…probablemente ya estaba harto.

Salí corriendo hasta el patio de nuevo y miré a mi Charming y a mi nueva amiga.

-¿Qué quieren hacer?.-Pregunté.

-¿Qué tal si jugamos a las escondidas?.-Propuso Red, y Charming y yo asentimos sonriendo.

-¡Pido no contar!.-Dijimos Red y yo a coro.-Charming, tú lo harás.-Le dije riendo a él.


Punto de vista de Charming

Las niñas se escondieron y yo me apoyé contra un árbol, mientras contaba hasta 50. Cuando terminé de contar, observé e paisaje.

-¡Listas o no, allí voy!.-Dije y dos risitas se escucharon. Encontré a Red, era fácil, pues el rojo de su capa resaltaba, en cambio la capa verde de Snow se camuflaba bastante bien.

-Te encontraré, Snow White…Siempre te encontraré.-Dije y escuché una risita, entonces fue cuando la encontré hecha un bollito junto a un arbusto, mientras me miraba. Su belleza resaltaba más que nunca, y me quedé mirándola fijamente a sus ojos. Ella me miraba a mí con sus tiernos diamantes color avellana, aunque más que nada era un verde.

-¿Quieren comer las galletas que me dijo tu madrastra que les entregara?.-Le dijo Red a Snow

-Claro.-Dijimos ambos y sacamos una galleta cada uno.-¿vas comer una?.-Preguntó Snow.

-Me gustaría, pero debo venderlas.-Dijo Red.

-Puedes sacar las que quieras…eres una invitada.-Dijo Snow, dulcemente.

-Yo…Ehm…muchas gracias.-Dijo sonriente y sacó una galleta.

Los tres nos pusimos a comer las galletas tranquilamente, cuando recordé el plan de Cora.

-Snow…Verás, la madre de Regina, Cora, es…-Dije antes de ser interrumpido por un ave que llegaba volando hasta el hombro de Snow y posaba en este…Algo no quería que le contase.


Narrador desconocido

Cora estaba escondida observando a los niños…si David le contaba a Snow su plan, fallaría. Así que al ver eso, mandó al pájaro a que los distrajera mientas se iba a buscar a Regina.

-Regina, cariño, ¿podemos hablar seriamente sobre David y Snow?.-Dijo Cora, en un tono malisioso.

-Claro, mamá…¿Qué ocurre?.-Dijo Regina acercándose a Cora.

-Es que, el amigo de Snow…ese tal David no me cae muy bien. Es una mala influenza para la niña.-Dijo Cora.

-Es todo lo contrario, mamá, es muy amable y bueno con ella.-Dijo Regina.

-Pero aun así es peligroso. Una vez por su culpa ella se quebró un tobillo.-Dijo.

Regina empezó a acordarse del beso, del caballo del que salvó a la niña, y demás.-T-tienes razón…Cuando sea su madre no podré dejar que esté con él…podría hacerse daño.-Dijo.

-Exacto.-Dijo Cora con una mirada maliciosa, tratando de ocultarla.

-Solo dejaré que lo vea por última vez en la boda, y después no lo verá...Así no se hará daño.-Dijo Regina, bajando la cabeza.

Cora hizo una mueca de desacuerdo, pero bueno…hizo lo mejor que pudo y ya no tendría oportunidad de contarle nada.


Punto de vista de Snow

La noche caía y el cielo estaba negro. De pronto, alguien tocó la puerta…era una señora bastante mayor, buscando a Red. Pero no venía tranquila…traía una ballesta con ella, y cuando abrí la puerta me apuntó.

-H-hola.-Dije, nerviosa.

-Red está aquí…¿Por qué la secuestraron?.-Preguntó.

-N-no la secuestramos…es mi nueva amiga.-Dije, a lo que la anciana bajó la ballesta.

-Bien…debo llevarla a casa.-Dijo, seria.

-Ya la llamo.-Le respondí y fui a buscar a Red.-Red hay alguien en la puerta que te busca.-Dije.-¿Otro día quieres volver?.-Le pregunté.

-Claro, Snow, fue un gusto conocerlos.-dijo a David a mí.

-Genial, Red.-Dije, le di un abrazo y la despedí.

-David, ¿quieres ir afuera un rato?.-Le pregunté.

-Clar…-Dijo antes de ser interrumpido.

-Snow, ya debes volver a casa, la boda será pasado mañana, ya terminamos de planearla.-Dijo Regina.-David, por cierto, estás invitado.-Le dijo a él.

-Entonces ya debo irme, ¿verdad?.-Preguntó él.

-El rey te dejará en tu casa, es muy tarde como para que vayas solo.-Dijo Regina.

Mi padre, David y yo partimos hacia la casa de David y lo dejamos allí.

-Adiós, Charming.-Le dije y le di un besito.

-Adiós, Mi Snow.-Dijo él, me abrazó y se fue.

Papá y yo fuimos hasta el castillo. Me fui directo a dormir, ansiosa por la boda.


Narrador desconocido:

Mientras tanto, el en castillo de Rumpelstilskin este observó los mechones de pelo, lo sobrante del llanto de Charming y la flor. Juntó todo menos la flor en un frasco y sacó un pétalo de la flor. Cuando lo puso dentro, se formó un líquido violetesco…¡Había logrado su cometido! Había logrado lo que nunca antes había podido hacer…embotelló amor. Puso el frasco en un estante lleno de otras pociones misteriosas y río con esa voz extraña que solo él podría tener.


Perdón por tardar tanto en subir este cap, me costó escribirlo y no sabía que escribir :/ Ya se que no está tan bueno, pero mejorará, les prometo Dx.

Gracias a todos por los reviews :3