Nuevamente agradezco los comentarios de todas las lectoras, en esta ocasión me demoré un poco más en subir el siguiente capítulo pero espero que el tiempo haya valido la pena.


Capítulo 3: "El hombre"

Ella se imaginó que lo iba a atender su representante, ese tipo que siempre andaba con él, pero no fue así.

-Pensé que no vendrías-dijo el hombre sonriente mientras abría la puerta para que pasara.

-Pero vine-replicó en un tono frío observando todo a su alrededor. No había nada que le diera una pista de los hábitos del sujeto. Estaba todo limpio, impecable… debe haber preparado todo para su llegada. Era la primera vez que lo hacía, era la primera vez que aceptaba una cita. Se preguntó si tenía que ver con la mudanza de Watson… pero la voz de Adler la sacó de sus pensamientos.

-Todavía es temprano para ir a cenar mi querida Holmes… ¿por qué no te pones cómoda?-preguntó con cierta sugerencia, que Sherlock ignoró ya sea porque quería hacerlo o porque no se dio cuenta de la connotación que aparejaba, y simplemente se sentó en el sillón que daba a la habitación contigua.

Ahí Sherlock se detuvo a analizarlo, si bien le tenía admiración sabía muy bien que tampoco tanta como para cometer semejante disparate, pero allí estaba, sin embargo, ella, junto al único hombre que la había vencido.

Estaba por volver al punto de si su situación con John tenía algo que ver pero no se quería desviar y volvió a lo interesante. Podría aventurarse a decir que aceptó la cita solo por mera curiosidad, se sentía demasiado segura de sí misma como para que se le pasara por la cabeza la insensata idea de que quizás tenía interés "romántico" por un hombre. Así que en su mente, solo cabía la posibilidad de la curiosidad. Sí eso debía ser.

Por otra parte tenía que admitir que Reneé Adler tenía un encanto que hacía que las féminas se vieran atraídas a él como las abejas a la miel. Digamos que esa galantería las conquistaba fácilmente, pero claro ella estaba muy lejos de eso. Demasiado. No le interesaba el tema, ni le iba a interesar nunca.

Entre eso el hombre había desaparecido por los pasillos, Sherly se cruzó de piernas, ¿a dónde irían a cenar? Tenía hambre… así que instantáneamente se levantó.

-¿Adler?-lo llamó con voz ahogada.

Pero no hubo respuesta.

-¡Adler!-gritó esta vez, ya enojándose más. A ella nadie le hacía este tipo de cosas, y paciencia tenía poca. Así que se adentró en el pasillo y lo volvió a llamar. Nuevamente no hubo respuesta así que empezó a abrir una en una las puertas, la casa era enorme… sí tal vez, algo le había pasado a Adler…algo malo… por alguna extraña razón su enojo en ese momento se fue desvaneciendo progresivamente reemplazándose a su vez por el de una emoción que florecía en su pecho, la aventura la esperaba por fin, después de tanto tiempo sin un mísero caso.

Hasta que llegó a su encuentro… no era nada especial, lamentablemente para la intrépida detective.

-No…-siseó contemplándolo con la boca abierta.

-¿Quieres pasar?-le guiñó un ojo mientras se desabrochaba la camisa a sabiendas de que se iba a negar, pero quería molestarla.

-¡No!-volvió a repetir y cerró la puerta rápido. ¿Qué demonios…? Por un momento se creyó que se iba a embarcar en una odisea… ¿y en qué resultó? Esto de no tener casos le hacía mal, muy mal. La cordura, inteligencia y hasta intuición que ella poseía estaba perdiendo su brillo, su esencialidad…

-¡Sherlock!-exclamó él aún estando dentro de la habitación, la había visto tan agitada que no podía no hacer ningún comentario, eso le divertía y definitivamente no podía dejarlo pasar-Me estaba cambiando para la ocasión (ya que como te dije no te esperaba por acá), pero parece que no quisiste quedarte en tu lugar, tan curiosa que resultaste ser. ¿Sabías que la curiosidad mató al gato?

-Podrías haber avis…

-Mi estimada, estimadísima Sherly, ¿fuiste tan educada de avisar, sobre lo que fuese? Siempre haces lo que quieres, y bien lo sabes. ¿O tengo que nombrar las veces que me dejaste plantado? –Hizo una pausa- La cuestión es que justo me interrumpiste en la mejor parte, por lo tanto pensé que querías ayudar a desvestirme. ¿Debería pensar que lo hiciste alguna vez con un hombre?

Sherlock suspiró. Él abrió la puerta, ya estando vestido. Su típica elegancia la empalagó, entornó los ojos fijándolos en la chaqueta negra.

-Tengo que ser más claro contigo, entonces-dijo con voz grave mirándola a los ojos.

-Sí, sería de ayuda-murmuró clavándole la vista para no mostrarse amedrentada.