¡Hola! Este capitulo me ha costado menos escribirlo. Ya tenía claro desde hace tiempo lo que iba a pasar. Sigo sin dormir mucho pero por suerte solo me quedan dos semanas de exámenes. Espero salir viva al final y no convertirme en zombie por falta de sueño. Por cierto, muchas gracias por vuestros review, alertas y favoritos. Me motivan muchísimo. Os dedico el capítulo a todos los que me dejáis un review. Sois fantásticos. Bueno, pararé ya mi cursilería y os dejo con el capi. Un beso.
VÍSPERAS DE HALLOWEEN
PASILLO DEL SEGUNDO PISO
Una semana. Había pasado una semana desde que la profesora McGonagall había adoptado esas medidas tan drásticas pero, por suerte, todo había vuelto a la normalidad. A los profesores les costó descubrir el problema e incluso pidieron ayuda al cuadro de Severus Snape que se encontraba en el despacho de la directora. Según decían, era él quien había resuelto el enigma. Lo que ocurrió fué que la explosión de magia radioactiva de Rose y Lia traspasó el aura de los fantasmas, alterando su personalidad por completo. McGonagall y Slughorn habían solucionado el problema de manera secreta, pero los fantasmas recordaban lo que había pasado y habían adoptado actitudes diferentes. Rowena y Peeves se miraban a escondidas y, cuando sus miradas coincidían, volteaban la cabeza con recato y cada uno se iba por un pasillo diferente, no lo entendía puesto que se notaba a la legua que se gustaban. El Fraile Gordo estaba de un humor inmejorable porque, sorprendentemente, había perdido veinte kilos. ¡Incluso se le empezaba a vislumbrar el cuello! Nick el "Descabezado" flotaba por todo el castillo sosteniendo en un brazo su cabeza sonriente. No paraba de decir lo orgulloso y aliviado que se sentía de haber sido decapitado de una vez por todas. Mirtle había dejado el uniforme y el llanto de lado y ahora usaba vestidos de Dolce&Gabanna y tacones de aguja. Se había soltado el pelo y se había desecho de esas horribles gafas. El cambio había sido drástico pero debía admitir que estaba genial para estar muerta. El único que seguía actuando con normalidad era el Barón Sanguinario. Ya no iba por los pasillos atacando a los alumnos como si fuera la reencarnación fantasmal de Jack el Destripador, pero no parecía arrepentirse de nada, simplemente aceptaba lo que había pasado y, sabiendo que no era consciente de sus actos, no se culpaba.
La chica sacudió la cabeza para dejar de pensar en eventos pasados. Tenía que encontrar solución urgente a un problema que alteraba su presente, y quien sabe si también alteraría su futuro. Un problema rubio y con sangre veela. Un problema llamado Louis Weasley.
Maldito rubio encantador. ¿Por qué parecía tan decidido a seducirla? ¿Por qué ella en vez de cualquier otra? Megara no era tonta y sabía que los chicos la miraban de manera intensa. Más de una vez le habían propuesto hacer cosas que ruborizarían al mismísimo Marqués de Sade, pero no podía entender porque el rubio se había encaprichado de ella. Porque solo era un capricho, ¿Verdad?
Suspiró sin saber que pensar. Ese chico era todo un misterio. En cierto modo, le recordaba a Scorpius. Tenían el mismo tipo de cabello, la misma piel clara, la misma seguridad, la misma arrogancia,... la diferencia es que su amigo era refrescante, natural y coqueto con sus conquistas mientras Louis era intenso, posesivo y ardiente. Su actitud la desconcertaba. Ella era una serpiente fría y calculadora, no estaba acostumbrada a sentir esa fogosidad que se prendía en su cuerpo cuando él se le acercaba. Con Albus también se había sentido diferente. Con él había estado tranquila, protegida y mimada. Eran sentimientos dulces y sosegados, no intensos y arrebatadores. Ya no sabía que hacer. Ese rubio le había roto todos sus esquemas.
Megara dió un respingo. ¿Desde cuando pensaba tanto tiempo en un mismo chico?
La chica se tensó cuando vió al hombre que irrumpía en sus pensamientos al otro lado del pasillo. El chico la vió, sonrió con arrogancia y sensualidad y camino a paso firme hacia ella. Megara dió un respingo y, sin pararse a pensar sus acciones, dió media vuelta y empezó a andar rápidamente para alejarse del ravenclaw. Sin embargo, sus piernas la tracionaron y la llevaron al lugar al que menos quería ir.
La Sala de los Menesteres.
La chica se ruborizó al recordar su último encuentro con Louis. No había pasado nada más allá de unas caricias indiscretas y un par de palabras subidas de tono pero, ese encuentr fué el más intenso que habían tenido. No odía evitar temer estar a solas con él. Ella era intensa y apasionada en el fondo de su ser, algo que descubrió con Albus años atrás, no podía evitar sentir que ir más allá con el primo del moreno estaba mal, aunque fuese éste quien la había dejado.
-Vaya, vaya. ¿Te trae recuerdos éste lugar, encanto?
Megara se giró sintiendo el corazón en la garganta para enfrentar a los ojos cristalinos de Louis. Se estremeció cuando le miró el cuello. Un chupetón azulado lo adornaba. Recordaba como se lo hizo hace unos días en la Sala de los Menesteres.
-Demasiados -Dijo la morena con astucia- He estado con infinidad de chicos aquí.
Louis torció la boca con desagrado pero se recompuso rápidamente.
-Ambos sabemos que yo soy el mejor de todos.
Megara rodó los ojos.
-Baja ese ego Weasley, me da miedo que acabe aplastándome.
Louis la miró pícaramente.
-Me gustaría que fuese mi cuerpo el que te aplastase, no mi ego. Pero tranquila, ya tendremos tiempo para eso.
Megara rió con sarcasmo.
-Lo estoy deseando. No puedo ni dormir por las noches de la expectación.
Louis se rió con frescura.
-Lo sé -Dijo con suficiencia- Pero no te preocupes, haré que cada segundo de espera haya merecido la pena.
Megara frunció el ceño con molestia.
-Eres un creido y un presuntuoso -Soltó elevando la cabeza con actitud orgullosa.
-Si, pero aún así te gusto -Replicó el rubio dejándola sin argumentos.
Megara boqueó como un pez fuera del agua ante la prepotencia del rubio. La había dejado, literalmente, sin habla. Nadie, ni sus padres, habían conseguido eso jamás.
Louis sonrió ampliamente y acortó la distancia que los separaba. Le cerró la boca a Megara y le acarició una mejilla con delicadeza.
-No tienes ni idea de todo lo que provocas en mí Zabinni. El día en que te lo demuestre -Sonrió con los ojos brillándole con lujuria- no volverás a querer separarte de mí en lo que te resta de vida.
Louis le dió un suave beso en los labios que la chica no respondió ya que se hallaba petrificada de la impresión e incredulidad.
-Ya nos veremos, encanto -Dijo Louis separándose de ella para dirigirse a clase.
Megara lo vió alejarse y suspiró. La cosas se le habían complicado.
CLASE DE ADIVINACIÓN
-Ahora mirad a través de la bola de cristal -Explicó la profesora Trelawne emocionada como una niña en vísperas de Navidad- Observad vuestro ojo interior y adivinaréis el futuro. Si os esforzáis, veréis cosas maravillosas e, incluso, podréis crear profecías. Lo que debéis hacer es...
-Me aburro -Le susurró Rose a Alexander- Esto es una idiotez.
-Yo lo encuantro interesante -Rose lo miró boquiabierta- ¿Te has parado a contar la cantidad de incoherencias que dice esa mujer en una clase? Yo voy por doscientas cincuenta y cuatro.
Rose se aguantó una carcajada. Y lo miró con complicidad mientras se mordía el labio inferior para no reírse.
Rose y Alexander eran geniales en esa clase, por lo que podían darse el lujo de no prestar atención. Todo se debía a que eran unos actores estupendos. Creaban, manipulaban e inventaban profecías. Cuando Alexander dijo que la señora Norris iba a morir aplastada por el gigante Growp y Rose profecitó que McGonagall iba a implantarse bottox en la cara, la profesora los aprobó rápidamente con un Extraordinario. Desde entonces, solo habían tenido que perfeccionar esa maravillosa técnica y el Extraordinario aparecía en sus calificaciones como premio a sus "esfuerzos". Tener imaginación era un trabajo muy duro.
-Bien, eso es todo. Querida señorita Weasley, ¿Podría intentar ver algo en la bola de cristal para que sus compañeros puedan ver una demostración práctica?
Toda la clase se volvió para mirarla y Rose se levantó hasta la mesita situada en el centro de la clase donde se hallaba la bola de cristal de la profesora. Tomó asiento y suspiró: Le incomodaba que la gente le prestase tanta atención.
Rose fingió que se concentraba y agudizó la vista hacia la bola. Nada, no veía nada. Tendría que echarle teatro otra vez si no quería quedarse sin su futuro y casi asegurado Extraordinario. No iba a echar por la borda tantos años de mentiras, y menos ahora que tendría que hacer sus ÉXTASIS en Junio.
-Está todo muy oscuro y difumindo, casi no veo nada -Dijo Rose aparentando estar preocupada mintras miraba fijamente la niebla que cubría la bola- ¡Ah, ya empieza a aclararse! Un momento... ¿Que es eso?
Todos los estudiantes la miraban con expectación contenida y más de uno pegó un respingo en su silla cuando Rose emitió un gritito.
-¡No puede ser! -Gritó la pelirroja con los ojos abiertos al máximo de su capacidad mientras sus mejillas se coloreaban por aguantarse la risa ante toda esa gran patraña.
-¿Que ves querida? ¿Que es lo que percibe tu ojo interior? -Preguntó la profesora extasiada.
Rose tuvo un arranque de inspiración y, levantando un dedo, la señaló mientras fingía que su miraba vagaba por otros lugares.
-¡Usted! -Gritó acusándola con la mirada perdida- ¡Cometerá un terrible error! ¡Un error que pagará muy caro! ¿No se da cuenta de lo que ha hecho? ¿No lo sabe? ¡Es horrible! ¡Es una catástrofe! ¡Lo pondrá todo en peligro!
La profesora se tropezó y tuvo que agarrarse a una silla para no tropezar. Todos miraban a la pelirroja con incredulidad. Alexander no podía creer lo buena que era Rose actuando y Scorpius no podía evitar sentirse orgulloso de ella. Esa chica tendría que haber estado en Slytherin.
-¿Yo? -Preguntó la profesora estupefacta mientras se acomodaba sus gruesas gafas.
-¡Sí, usted! -Dijo la pelirroja con impetu- ¡No lo haga, por el amor de Merlín, no cometa semejante error!
-¿Que error? -Preguntó Trelawne con el corazón en la boca por la intriga.
Rose pestañeó repetidamente mientras dejaba caer la bola de cristal al suelo. Ésta, por suerte, no se rompió.
-¿Que ha ocurrido? -Preguntó la pelirroja finjiendo tener un desconocimiento total de la situación- ¿Que he dicho?
Todos ahogaron un grito ante semejante trola. No es que Rose mintiera mal, pero aquello era pasarse.
Trelawne la miró con los ojos brillantes y se acercó a ella. Cuando cortó toda distancia, hizo algo que dejó a todos los estudiantes y, sobre todo a Rose, en shock. La abrazó.
-Eres grande. Tu poder es enorme -Dijo la profesora emocionada- Serás una gran profeta.
-¿Yo? ¿Profeta? -Dijo Rose estupefacta
-Si -Dijo Trelawne asintiendo fervorosamente- Eres una bruja talentosa. Veo en tí a una chica con un futuro brillante.
La profesora la soltó lentamente y la miró seriamente.
-No te dejes ir. Por muy duro que sea tu camino, sigue transitándolo. Te aseguro que serás recompensada.
Rose la miró atónita y el timbre sonó. Pronto, todos estuvieron en el pasillo.
-¡Eso fué genial Rose! -Rió Alexander- En serio, te has pasado. Si los estudios te van mal, te aconsejo que estudies interpretación. Serías una gran actriz.
-Es que mi pequeña pecosa tiene mucho talento -Dijo Scorpius mientras le pasaba un brazo por los hombros para rodearla.
Rose se sonrojó pero no dijo nada. Le encantaba que su relación empezara a hacerse pública. Muchas personas los miraban con extrañeza pero, después de que Albus hubiese salido con Megara y ahora estuviese con Chang, nadie los rechazaba. Su primo había acabado con todos los prejuicios existentes. Lo que aún entristecía a Rose es que, a pesar de que su relación estaba más clara no había salido la palabra "novios" ni de casualidad. Era un tema espinoso que ambos temían abordar.
Alexander volvió a reir.
-¿Es que siempre tienes que encontrar un motivo para alardear? Esta vez te lo pasaré por alto porque es de Rose de quien hablamos.
Scorpius rodó los ojos fastidiado.
-Tu siempre tan sincero, Alex. ¿Como es que no te has ido a babear por tu novia? Me sorprende que sigas aquí. Parecéis siameses.
Alex chasqueó la lengua divertido.
-Envidioso.
-¿Yo? Jamás. Teniendo a Rose no necesito a nadie más.
Rose se sonrojó al oir esas palabras salir de los labios del rubio. Era evidente que, en otra situacion no las habría dicho jamás. Supo que Alexander lo había hecho a posta para que, indirectamente, se sincerara con ella.
Scorpius sabía que había dicho algo importante pero no se arrepentía, en absoluto. Se sentía liberado.
-Mas te vale -Dijo el castaño muy serio- Porque si la cagas, mi ojo interior augura que te moleré el culo a patadas.
Los tres rieron y se encaminaron al Gran Comedor de un humor inmejorable.
GRAN COMEDOR
Rose se sentó en su mesa al lado de Roxanne. Victoire aún estaba enferma y Louis estaba desaparecido en combate.
-¿Has visto a Louis? Últimamente lo veo muy poco.
-No, no lo he visto -Dijo la morena furiosa- Y créeme, si quiere seguir jactándose de tener testículos, es mejor que no aparezca.
-¿Por qué? -Preguntó Rose con cautela. Roxanne enfadada era como una bomba nuclear: Explotaba y lo arrasaba todo a su paso. No le apetecía en absoluto que la morena pagase sus frustraciones con ella.
-¿Que por qué? -Preguntó echando chispas por los ojos- Yo te diré porque. Ese desagradecido esta tan ocupado cautivando a incautas que no ha tenido tiempo de visitar a su enferma y agraviada hermana. Me da pena Dominique. Está muy triste porque su hermano pasa de ella por asuntos de faldas. Incluso ha dicho que preferiría que Fred o Hugo fuesen sus hermanos en vez de él. Está terriblemente dolida.
Rose bajó la mirada con culpabilidad.
-Lo cierto es que yo tampoco la he visitado.
Roxanne se dulcificó al hablarle.
-Ella no te culpa Rose. Sabe que estás muy liada con los estudios, tu nueva relación, con tu padre,...
-Eso no es excusa. Iré a verla esta misma tarde -Dijo la pelirroja decidida.
-Me parece bien. Así puedes ponerla al día con tu romance. Dice que lo tuyo con Malfoy es mejor que la telenovela esa de "Pasión de Gavilanes".
Rose rió y se calló la réplica que tenía prevista en cuanto vió que McGonagall se dirigía al estrado. Después de la última vez, los alumnos prestaban mucha atención a sus discursos.
-Queridos alumnos -Todos rodaron los ojos con fastidio- Como ya sabéis, se ha resuelto el incidente ocurrido con los fantasmas. Podréis recurperar vuestra actividad normal de inmediato. Sin embargo, creo que debo compensaros por haber paralizado vuestro régimen de estudio, deporte,... Por eso, este año se organizará un baile en Halloween, el cual se dará después de la cena, a media noche.
Todos los alumnos empezaron a susurrar con alegria.
-Es un baile de disfraces por lo que sería conveniente no ir en uniforme. El disfraz no tiene porque ser de Halloween o dar miedo, es totalmente opcional. Comenzará a las ocho y cada curso tendrá un toque de queda de acuerdo a su edad. Los alumnos de séptimo curso podrán quedarse al amanecer ya que el día siguiente es Sábado y no hay clases. Bueno, eso es todo.
McGonagall se bajó del estrado y salió del Gran Comedor. Rose y Roxanne se miraron cómplices al prever lo contenta que se pondría Dominique si podía ir al baile.
-¿Un baile? ¡Genial! ¡Asi podré acercarme a todas las chicas que quiera con la excusa de invitarlas a un baile -Dijo Louis con un brillo peligroso en la mirada.
Rose dió un salto y se llevó la mano al pecho.
-¡Por Merlín, Louis, me has dado un susto de muerte! ¿Donde estabas?
-Por ahí -Dijo el rubio con indiferencia- He estado ocupado.
Rose miró a Roxanne con preocupación. La morena temblaba de rabia.
-Roxy -Empezó Rose con expresión preocupada- Cálmate.
-¿Que me calme? ¡¿Que me calme?! -Chilló Roxanne levantándose de su asiento y señalando a Louis con ademán acusador- ¡No me pidas que me calme! ¡Este imbécil se merece que le dé una buena patada en el culo!
Todo el Gran Comedor rió y empezó a prestar plena atención al trio de Weasleys.
-¿Se puede saber que te pasa? -Preguntó Louis con sarcasmo no fingido- ¿Estás con la regla? ¿No has sacado un Extraordinario en algún exámen?
Roxanne levantó una mano para abofetearlo pero Rose, como buscadora de Ravenclaw, tenía unos reflejos excelentes y pudo cogerla del brazo a tiempo. Louis miró a la mulata con rabia.
-¿Cual es tu problema estúpida? -Chilló el chico rojo de furia- ¡Estás loca!
-¡Yo no estoy loca, estoy furiosa! -Gritó Roxanne enervada por la actitud de Louis- ¿Y sabes por qué? ¡Porque tu hermana está hecha una mierda porque no vas a verla a la enfermería! ¡Para tí es más importante acostarte con toda la población femenina de Hogwarts que visitar a tu pobre hermana cuando está enferma! ¿Sabes lo mal que se siente? ¿Lo sabes? ¡Claro que no! ¡Tú solo piensas en tí y no te importan los demás!
Roxanne liberó su brazo del agarre de Rose y le espetó muy dolida a Louis:
-Me voy a verla y darle el apoyo que tú no vas a darle. Prefiero hacer algo bueno con mi tiempo a perderlo hablando con un caso perdido como tú.
Roxanne se irguió muy digna y salió del Garn Comedor dando grandes zancadas. Rose suspiró apesadumbrada.
-Mierda -Dijo Louis apretando los puños.
Todos en el Gran Comedor empezaron a murmurar, pero bastó una sola mirada amenazante de Rose para que cada uno volviese a sus asuntos.
-Sé que Roxanne se ha pasado -Empezó Rose- Pero te lo has ganado a pulso.
-¿Sabes que es lo peor? Que tiene razón -Dijo el chico arrepentido- Ni siquiera sabía que Dominique estaba en la enfermería.
Rose cerró los ojos y se tragó un insulto hacia el rubio. Ese no era el momento pera reprenderlo.
-¿Que te ha mantenido tan ocupado como para no darte cuenta de que tu hermana no iba a clase o comía con nosotros? Bueno, últimamente tu tampoco pasabas mucho tiempo con nosotros.
Louis bajó la mirada y se sonrojó. Rose agudizó la mirada.
-¿Tiene algo que ver con el chupetón que tienes en el cuello? -Preguntó la pelirroja a bocajarro.
Louis abrió los ojos al máximo y Rose empezó a enfadarse.
-Así que Roxy tenía razón. Pasas de nosotros por...
-No es lo que crees -La cortó Louis sabiendo que se avecinaba una buena discusion si no aclaraba las cosas- Yo... para mí ella no es una más. Es especial. Muy especial.
Rose lo miró boquiabierta.
-¿La quieres?
-No lo sé -Susurró Louis bajando la mirada con inusitada timedez- Pero si sé que siento algo por ella. Algo muy intenso que no para de crecer.
-¿Quien es? Preguntó Rose empezando a temerse algo malo.
Louis la miró suplicante.
-No puedo decírtelo. Por favor, entiéndelo.
Rose asintió con firmenza.
-Tiene que ser un amor difícil. Siempre te pavoneas de tus conquistas y si no muestras a ésta es que o no es correcto, o es muy sorprendente. Solo espero que sepas lo que haces.
Louis la miró atentamente. Así era Rose: Analizaba cualquier situación al milímetro y sacaba conclusiones precisas y correctas que caían en su oyente con el peso de un yunque.
-Lo sé.
-Bien, en ese caso me voy. Dale recuerdos a tu hermana de mi parte cuando vayas a visitarla. Usare toda la tarde para prepararme para el baile.
Louis la miró y asintió sabiendo que Rose confiaba en que él fuera a visitar a Domonique. Se sintió aliviado. Siempre era bueno saber que alguien no te daba por perdido.
-Iré a verla en cuanto le diga algo a la morena que me vuelve loco.
Rose le guiñó un ojo y salió del Gran Comedor.
PASILLO DEL SÉPTIMO PISO
Albus no soportaba darle vueltas al mismo asunto durante mucho tiempo. Sin embargo, era eso lo que estaba haciendo desde hace una semana. ¿Como debía disculparse con Megara? ¿Que postura debía tomar? La incertidumbre lo estaba matando.
Había tomado la decisión el día siguente a su ruptura con ella. La añoraba. Era una persona estupenda. Tal vez era frívola, fría e hiriente, pero era leal, sensata, inteligente y poseía un sentido del humor impecable.
La extrañaba. Su amistad era muy importante para él. ¿Cómo debía hacérselo saber?
De pronto, oyó susurros cerca de la bifurcación que daba a la Sala de los Menesteres. Albus rodó los ojos con fastidio.
-Por Merlín, otra parejita no.
Ya bastante había visto a McMillan y Parkinson el año pasado. Jamás olvidaría la vez en que pilló a Ágatha cubriéndose con los boxers del chico. La escena fué estremecedora. No quería volver a pasar por lo mismo.
-Louis, basta. Tengo que hablar con Scorpius y convencerlo de invitar formalmente a Rose al baile.
Albus se detuvo en seco al oir esa voz femenina hablar con su primo. Por algún motivo le resultaba familiar. ¿Era esa la chica que hacía que Louis se desconectara del mundo? Sin duda quería verla. Se moría de curiosidad por conocer el rostro de la chica que hacía temblar las convicciones de Louis. Porque desde hace varios días, no lo veía por los pasillos agarrando de la cintura a alguna chica. A ésta le era fiel y eso significaba mucho en alguien tan promiscuo como él.
-Vamos encanto, solo un ratito. Puedes hablar con él luego.
Louis agarró de la cintura a Megara y la empotró contra la pared. Acto seguido, hundió su lengua en la boca de ella. El tiempo parecía detenerse para ellos. En esos momentos solo existían los besos, los abrazos, las caricias, los gemidos, los mordiscos, el placer. El otro y lo que les hacía sentir.
Así los encontró Albus, abrazados, enlazados, extasiados y suspirando mutuamente por el otro. El slytherin sintió como la vista se le empañaba por las lágrimas que contenían sus ojos y apretó los puños. Su corazón latía desbocado, la sangre le bullía como si fuera lava y un ácido corrosivo que provenía del centro de su estómago le quemó la boca.
Celos.
Albus retrocedió tambaleándose y retrocedió hasta su Sala Común. Sin embargo, se detuvo poco después de iniciar su marcha y se sentó en el suelo mientras su cuerpo se convulsionaba en espasmos.
Lloraba.
Por ella.
Porque la había perdido y había comprendido al verla en los brazos de su primo que la quería. Como no había querido a nadie. Todo estaba claro. Lia había sido solo un capricho.
Derrotado, lloró su derrota al convencerse de que ella no volvería a ser suya. Jamás podría arrebatársela a su primo. Por mucho que ahora lo odiara.
Sonrió con sarcasmo.
"Así que los Potter también pueden perder" -Pensó.
Sonrió con autodesprecio y se levantó intentando recuperar su dignidad. ¿Ella ya no lo quería? Estupendo. Él tampoco iba a perder el tiempo.
Ya era hora de intimar con su capricho.
Con ésta idea en mente, se dirigió al baño de los prefectos, donde sabía que estaría Lia. Había perdido, pero disfrutaría todo lo posible su derrota.
¡Giran las tornas! ¡Ahora es Albus quien sufre! Y ahora conocéis un poquito más a Louis. En serio, ese chico me vuelve loca... ¡Y eso que lo escribo yo! Rose y Scorpius van aclarando poco a poco su relación y aunque en este capi no han salido mucho juntos, en el próximo me aseguraré de que tengan su momento. Y Lia... ya veré que hago con ella. En el fondo me da un poco de pena. Bueno, intentaré no tardar mucho en publicar el próximo. ¡Besos a todos!
YAIZA ROSE MALFOY
