¡Ya falta poco para el final! Lo tengo casi todo pensado aunque seguramente acabaré improvisando. En este capi va a haber sorpresas que nadie se espera. Os váis a quedar boquiabiertos. Ya no digo más. Un beso y espero que os guste. Por cierto, últimamente he estado publicando a un ritmo rápido pero el próximo capítulo tardaré un poco más en publicarlo. No os preocupéis, será un capítulo largo.

Arreglos

ENFERMERÍA

Ágatha entró en la enfermería con semblante preocupado. Cuando divisó a su amiga y se posicionó junto a ella, puso los brazos en jarras.

"Oh, no" -Pensó Lia disgustada- "Aquí viene".

-¿Has perdido la razón? -Preguntó Ágatha sulfurada y dolida- ¿Por qué no has mandado a alguien para que me avise de que estabas aquí? ¡Soy tu mejor amiga!

-Tienes demasiados problemas como para añadirte los míos -Replicó Lia con firmeza.

Ágatha bajó la mirada al ver como su amiga acababa de dejarla sin argumentos.

Lia se recolocó en la cama y la miró con preocupación.

-¿Que tal van las cosas con McMillan? ¿Cómo se ha tomado lo del contrato?

Ágatha suspiró.

-No he vuelto a verlo.

-¿Que vas a hacer respecto a él y Malfoy?

Ágatha sacudió la cabeza.

-No lo sé -Confesó ella- Quiero a Eddie, estoy enamorada de él hasta la médula. Pero no quiero que Scorpius me gane. Es mi competitividad y mi orgullo los que me han hecho rechazar ese contrato. Se que estoy siendo ilógica y que me voy a arrepentir de ésto toda mi vida pero,... no soy capaz de plantarme frente a Scopius y decirle: "Eh, rubio, he cambiado de idea. Voy a firmar y vas a ganarme. Y hago ésto porque estoy enamorada como una desquiciada de otro que no eres tú, aunque a ti no te importa porque estás babeando por la empollona de Weasley".

Lia rió.

-¡Por Merlín, si le dices todo eso quemará el contrato en la chimenea delante de tí solo para fastidiarte!

Ágatha también rió.

-Créeme, no dudaría en hacerlo.

Ambas dejaron de reir.

-Sé lo mucho que te duele tragarte tu orgullo -Tanteó Lia con cuidado- Pero esta decisión puede marcar tu vida, la de McMillan y la de Malfoy. No solo juegas con tu futuro, sino con el de ellos. Los tres seréis infelices por tu mala decisión. ¿No crees que es menos importante tu orgullo que vuestra felicidad?

Ágatha asintió sin mucha convicción y Lia suspiró.

La ravenclaw cambió de estrategia.

-Eh, eres Ágatha Parkinson. Siempre has sido el icono de moda en Hogwarts quitando a los Weasley-Potter-Scamander. Todos saben quien eres. Las chicas admiran tu estilo y los chicos se mueren por salir contigo. Eres la princesa de Slytherin y una chica muy popular entre las otras casas. ¿Me vas a decir que te asusta claudicar ante Malfoy? Vé ahí y demuéstrale a ese rubio que puedes perder con estilo y dignidad.

Ágatha miró a su amiga y asintió con firmeza.

-Si, tienes razón. ¡Soy Ágatha Parkinson y soy una triunfadora! Voy a enseñarle a ese rubio que los Parkinson siempre giran la situación a su favor.

-¿Cómo? -Preguntó Lia asombrada.

Ágatha sonrió con petulancia.

-Le diré que le dejo ganar como regalo de Navidad.

Lia se quedó boquiabierta.

-Por Merlín, quiero ser como tú -Dijo ella admirando la volatilidad de su amiga.

Ágatha se marchó de la enfermería riendo a carcajadas.

SALA COMÚN DE SLYTHERIN

-Te lo voy a leer una última vez a ver si te gusta -Le dijo el castaño nervioso.

El rubio asintió hastiado.

-Venga Nott, léelo de una vez para que pueda empezar a hacer mis tareas. Por Merlín, ayudarte a preparar la boda es agotador.

Alexander ignoró su mal humor por completo y se dispuso a leer.

-"Queridos papá y mamá:
Primero os comunico que no pasaré la Navidad en casa, sino en un lugar llamado "La Madriguera". Han pasado muchas cosas desde Septiembre y una de ellas es que he conocido a una chica increíble y voy a casarme con ella. Si os lo estáis preguntando, no. No la he dejado embarazada aún. Es una decisión irrebocable así que no intentéis hacerme cambiar de opinión. Y nada de mandarme vociferadores: Ya soy mayor de edad y sé lo que hago. No os preocupéis, Megara y Scorpius me están ayudando con los preparativos así que no váis a tener que preocuparos de nada. Aunque si queréis mandarme dinero, no me quejaré en absoluto. Os adjunto la invitación de la boda. Os quiere,

Alexander Nott.

PD: La chica con la que voy a casarme es Lucy Weasley".

Scorpius lo miró divertido.

-¿Que te parece? -Preguntó Alexander con nerviosismo.

Scorpius hizo un esfuerzo por no reir.

-Creo que les va a dar un infarto -Dijo muy serio.

Acto seguio explotó en estruendosas carcajadas.

-¡Por Merlín, Alexander! -Dijo el rubio entre carcajadas- ¡Que poco tacto! ¿No podías ser... menos tú y ser más delicado? Mira que intentar quedarte huérfano antes de la boda...

Alex se hizo el ofendido pero no consiguió ocultar su sonrisa.

-¡Solo quiero ser contundente! -Se defendió- Si no dejo clara mi postura, mi madre se presentará en Hogwarts con el rímel corrido, llorando a mares y gritándome por intentar alejarme de ella tan pronto. Es algo... aprensiva.

Scorpius se rió aún más fuertemente.

Súbitamente, la puerta de la Sala Común se abrió dando paso a Ágatha.

El rubio dejó de reir de inmediato y Alexander se levantó del sillón en el que había estado sentado.

-Bueno, me voy a enviar la carta -Dijo el castaño- ¡Hasta luego!

Alexander se marchó de la Sala Común con una socarrona sonrisa en el rostro mientras Scorpius se cruzaba de brazos. Se puso inmediatamente a la defensiva.

-¿Quieres algo? -Dijo el rubio molesto.

-¿Tienes cianuro? -Preguntó Ágatha con cinismo- Dicen que después de beberla mueres entre convulsiones.

-Me encantaría ofrecerte algo así, pero por desgracia no tengo.

Ágatha rodó los ojos.

-No era para mí, era para tí.

Scorpius alzó una ceja.

-Menudo espíritu navideño que tienes. El rollo ese de paz y amor no va contigo, ¿no?

-Claro que sí, -Dijo Ágatha simulando sentirse ofendida- Para que veas lo generosa y dulce que soy, te he hecho un regalo.

Scorpius alzó aún más la ceja que tenía alzada y dotó a su rostro de una expresión de absoluta incredulidad.

-¿Tu tienes un regalo para mí? Entonces ahórratelo. Seguro que explota o es venenoso.

Ágatha bufó.

-Lo único venenoso aquí es tu lengua -Replicó ella.

Ágatha se sacó un papel del bosillo, lo desdobló cuidadosamente y se lo extendió al rubio.

Scorpius cogió el papel con la punta de los dedos y lo miró simulando estar aterrado.

-¿Que demonios es ésto? ¿Un pasaje al reino del horror, es decir, tu casa?

Ágatha frunció el ceño completamente harta.

-¿Por qué no lo lees de una vez?

Scorpius lo leyó y se quedó aún más confundido.

-Esto es el contrato que intenté que firmaras y que tú me devolviste de malas maneras.

Ágatha se pasó una mano por la frente rogando a Merlín que le concediese paciencia para no estrangularlo.

-Mira la última hoja.

Scorpius pasó las hojas a toda velocidad y se quedó mudo de asombro. Al final, en una esquina, estaba la elegante letra de Ágatha. Había firmado.

Era libre.

Ágatha vió como en el rostro de Scorpius se dibujaba una enorme y genuina sonrisa y se contagió de su entusiasmo. Por fin era libre. Aunque Eddie ya no quisiese saber nada de ella, al menos no tendría que darle su vida a ese rubio de bote. Podría intentar ser feliz de alguna otra manera. Podría tomar las riendas de su vida.

Y nadie se lo podía impedir.

El rubio la miró y eliminó de inmediato su sonrisa. Ágatha lo imitó.

-¿Y ésto a que viene? -Preguntó con desconfianza.

Ágatha sonrió con ironía.

-Es mi regalo de Navidad.

El rubio sonrio ladeadamente.

-¿Cómo conseguiste entrar a mi habitación? Porque el contrato estaba allí.

-Tengo mis métodos. Por cierto, no es el único regalo que te he hecho. He quemado toda tu ropa interior. Era muy hortera. Hoy en día ningún hombre se pone calzoncillos de seda. Es mejor usar boxers. Lo malo es que no te he comprado ropa interior para que puedas sustituir los calzoncillos chamuscados -Ágatha rió malévolamente- Pero bueno, la intención es lo que cuenta ¿No?

-Claro que sí, -Dijo Scorpius sin inmutarse- Por eso yo he tirado todos tus vestidos de alta costura. Tienes que aprender a no vivir ligada a cosas materiales si quieres llegar a ser una mujer de verdad, es decir, lo contrario a una mujer florero o ridículamente delicada.

Ágatha sonrió pero un tic en el ojo la traicionó. Scorpius sonrió. Sabía que le había dado donde más le dolía, al igual que ella a él. Su ropa interior era sagrada para el.

-Felíz Navidad, Scorpius. -Dijo ella impostando una voz dulce.

-Felíz Navidad, Ágatha. -Respondio él imitando su tono de voz.

Ambos salieron de la Sala Común y, por primera vez en años, tomaron caminos diferentes e individuales dispuestos a alejarse lo más posible física y psicológicamente del otro.

Esos caminos tan diametralmente opuestos, los hacían sentirse más libres que nunca.

JARDINES

Lily estaba tan feliz que tenía ganas de canturrear. La vida le sonreía: Había solucionado sus problemas con Lorcan, seguía siendo amiga de Eddie, el viejo de Slughorn la había felicitado delante de la clase por su excelente poción... Todo le estaba saliendo bien.

Solo había una cosa, una minúscula e imperceptible preocupación que empañaba su felicidad. ¿Que demonios sentía hacia Lorcan?

Se sentía desorientada. Cuando estaba con él era feliz, se sentía completa aunque charlasen de nimiedades. Cuando se marchaba, siempre se anidaba una especie de malestar en su pecho que que solo desaparecía cuando volvía a verlo. Ayer, en la Sala de los Menesteres, casi se le sale el corazón del pecho cuando la felicitó por la canción.

"Por Merlín, no puede ser" -Pensó la pelirroja aterrorizada- "Es tu amigo, no lo arruines todo. Solo estás confusa porque es guapo y simpático. Nada más".

Estaba repitiéndose esa frase por decimotercera vez cuando el chico que estaba plenamente en sus pensamientos se sentó juento a ella.

-Lily, tenemos que hablar -Dijo Lorcan muy serio.

La pelirroja lo miró aterrada.

"Lo sabe, se ha dado cuenta. ¡Por Merlín, Lily eres idiota! ¡Tendrías que haber disimulado más! ¿Que hago? ¿Pido perdón? No, mejor me hago la tonta".

-¿Hablar? ¿De qué? -Dijo Lily soltando una risilla nerviosa.

Lorcan suspiró profundamente.

"Puedes hacerlo, lo has ensayado miles de veces" -Pensó el rubio- "Ánimo".

-Mira Lily, he intentado ir despacio contigo y tener paciencia, pero eso no va conmigo. Soy un slytherin y estoy acostumbrado a tener lo que quiero cuando quiero. Soy muy impaciente. Así que voy a confesarme contigo de una vez por todas.

Lily oía los latidos de su corazón en la garganta. Su pulso estaba desbocado y temía que si el rubio no hablaba, ella acabaría desmayada entre la hierba a causa de un infarto.

Jamás había sentido tanto miedo.

-Adelante -Dijo Lily forzando una sonrisa que le salió muy artificial- Di lo que tengas que decir.

Lorcan estaba tan asustado ante un inminente rechazo que no se percató del nerviosismo que la pelirroja estaba padeciendo.

-Yo... tenía planeado que ésto fuese de otra manera. Quería hablar con tu padre primero y obtener su aprobación y luego hacerte la pregunta en la cena de Navidad. Pero te he visto hablando con McMillan y todo se ha ido al traste. No voy a esperar y quedarme de brazos cruzados sin hacer nada. No soy esa clase de tipo pusilánime que se queda sentado tranquilamente ante una complicación. -El rubio respiró profundamente- Lily Luna Potter, me gustas. De hecho, te adoro. Me encanta todo de tí y quiero que seas mía. Solo mía. Así que,... ¿Quieres ser mi novia?

El chico la miró y se quedó boquiabierto. Lily estaba pálida de asombro.

La pelirroja al oírlo hablar lo comprendió todo. Era eso lo que le pasaba. Estaba enamorada de él. Todo encajaba. Su alegría al tenerlo cerca, su añoranza cuando no estaban juntos, el malestar que sintió cuando él se fué con otra hace un año, el hecho de que no podía estar mucho tiempo enfadada con él... Todo tenía sentido.

Y lo mejor era que él la quería también.

Una enorme, pura y brillante alegría la inundó por completo y se reflejó en su cara con una sincera y radiante sonrisa.

Lorcan suspiró aliviado.

-Vuelve a decirlo -Pidió ella.

Lorcan sonrió.

-Te quiero.

Lily rió entusiasmada y le abalanzó sobre él. Ambos rieron alegremente mientras rodaban por la hierba.

Finalmente, ella quedó encima de él.

-¿Tienes idea de la cantidad de polillas invisibles que hemos aplastado? -Preguntó él sintiéndose un poco culpable.

Lily sonrió aún más.

-Lo siento por ellas, pero necesitaba manifestar que yo tambien te quiero.

Lorcan colocó en su rostro una sonrisa exactamente igual a la que portaba Lily.

-Permíteme que lo manifieste de otra manera -Dijo el rubio pícaramente.

Lorcan la besó y ella sintió como el mundo se detenía durante un instante para, inmediatamente, empezar a girar a mucha más velocidad que antes. Ambos sentían que ahora todo estaba en su lugar.

Así, entre besos y bromas, pasaron la tarde.

Su primera tarde como pareja.

ENFERMERÍA

-Bueno, basta ya de hacer el vago -Se quejó la señora Pomfrey- Os doy el alta ahora mismo, asi que ya podéis desocupar esas camillas. Esta juventud de hoy en día,... cada vez es más debilucha.

Albus y Louis se levantaron de la camilla solo para ver si así la enfermera dejaba de quejarse. Lo cierto es que estaban deseando volver a hacer vida normal.

-Tu también , señorita -Dijo la señora Pomfrey- Levántese, su reposo ha acabado.

-¿De verdad? ¡Genial! -Exclamó Lia.

Loius se fué rápidamente de la enfermería sin despedirse ya que tenía una charla pendiente con Megara pero Albus decidió hablar con Lia.

Iba a hablar con ella antes de que los remordimientos lo hicieran suicidarse.

Lia avanzó a paso firme hacia la salida pero se detuvo en seco al ver a Albus en el marco de la puerta.

Resignada, camino hacia él.

-Hola, Albus -Dijo ella con naturalidad.

-Hola, Lia -Respondió él con cierta incomodidad.

-¿Que quieres?

Albus sonrió al ver como la chica iba al grano. Rápidamente borró su sonrisa al recordar el asunto del que quería hablarle y frunció el ceño.

-Lo escuché todo Lia. Estaba consciente cuando Madame Pomfrey te dió el diagnóstico.

Lia cerró los ojos y tragó saliva con dificultad.

"Lo que faltaba. Perfecto Lia, ahora se siente culpable y se disculpará un millón de veces".

-Albus, yo...

-No pretendía espiarte -La cortó el moreno intentando excusarse- La verdad es que tu camilla estaba muy cerca de la mía y no pude evitar oir que...

-¡Albus! -El moreno se calló y la dejó hablar- Escucha, sé lo que pretendes y no te lo voy a permitir. No tienes porque pedirme perdón, no fué tu culpa en absoluto. Todo se ha arreglado así que puedes estar tranquilo.

El moreno se quedó sin habla. Estaba impresionado por como la morena podía leerlo con tanta facilidad, solo Rose podía hacerlo aparte de ella, pero la pelirroja no contaba porque lo conocía desde hace años.

-¿Cómo lo haces? -Preguntó curioso.

-¿A qué te refieres? -Inquirió ella ladeando la cabeza.

-Siempre sabes lo que quiero decir antes de decirlo. Incluso sabes lo que pienso o siento. Quiero saber como puedes leerme tan bien. ¿Tan transparente soy?

Lia rió.

-En absoluto. Es solo que soy muy observadora y he aprendido a descifrarte con los gestos que haces con la cara. Cuando frunces el ceño como hiciste antes, significa que quieres hablar de algo que te incomoda. Cuando alzas las cejas significa que te sientes sorprendido o molesto, cuando aprietas los puños quiere decir que estás conteniendo tu rabia, y cuando te pones rojo es que estás a punto de explotar. Solo tengo que unir esos pequeños gestos con la situación que estamos viviendo para saber que te sentías culpable. Y ahora, por el asombro de tu rostro, noto que pasas de sentirte culpable a sentirte admirado por mi lista de aciertos.

Albus asintió.

-Es increíble. Con razón estás en ravenclaw.

La asiática asintió.

-Sé que puedo parecer superficial por mi forma de ser y algunos comentarios que hago. Incluso puede que alguna de mis amistades refuercen esa opinión, pero lo cierto es que soy muy observadora. No soy brillante como tu prima Rose, pero tampoco soy tonta.

-A mi nunca me lo has parecido. Tal vez, llegué a pensar que eras frívola, pero nunca pensé que fueses tonta-Dijo el moreno con brutal honestidad- El sombrero seleccionador sabe lo que hace.

Lia asintió.

-Bueno Albus, no podemos alargar más la conversación sin que empiece a ser incómoda, así que creo que deberías irte y avisar a tus primos de que ya estás bien. Yo me iré a mi Sala Común a hacer la maleta. Pasaré la Navidad en casa.

Albus asintió.

-Bien, en ese caso, te deseo una feliz Navidad.

-Igualmente Albus.

Albus se dió la vuelta y atravesó el umbral de la puerta. Cuando Lia ya no pudo verlo, dejó de finjir y su cara se descompuso.

-¡Madame Pomfrey! -Gritó la morena.

La enfermera llegó corriendo y, con solo echarle un vistazo, decidió llevarla a la camilla más próxima.

-¡Por Merlín, estás muy pálida! ¡Pero si hace un momento estabas bien! ¿Que te duele?

-El estómago -Se quejó la morena- Me duele muchísimo.

La enfermera presionó con una mano el abdomen de la chica y ésta se quejó. Madame Pomfrey la miró suspicazmente.

-No puede ser... -Susurró la mujer- Es imposible.

La enfermera sacó su varita.

-¡Humanum revelio!

El abdómen de Lía se coloreó de rosa.

-¿Qué significa ésto? -Chilló Lia histérica.

Madame Pomfrey la miró desconcertada.

-Significa que estás embarazada.

Una brillante sonrisa se dibujó en la cara de Lia mientras la enfermera la miraba como si fuese un caso excepcional en la historia de la ciencia.

A la asiática no le pudo importar menos.

Albus, que había vuelto sobre sus pasos al oír el grito de Lia, se quedó congelado en el marco de la puerta de la enfermería.

Todo rastro de raciocinio lo abandonó por completo dejándolo en estado de shock.

PASILLO DEL PRIMER PISO

Rose estaba a punto de acabar su ronda como prefecta. Lo que más le gustaba de ser prefecta era pasear por los pasillos en busca de alumnos cometiendo actos ilícitos, tal y como estaba haciendo ahora, pero lo cierto es que solo tenía ganas de acabar e irse a la cama.

Últimamente dormía fatal.

No hacía más que dar vueltas y vueltas en la cama intentando pensar en como mantenerse firme frente al rubio para no ceder. Lo cierto, es que el slytherin parecía muy seguro cuando dijo "Intenta convencerte a tí misma". ¿Es que acaso insinuaba que ella iba a ceder y lanzarse a sus brazos? Ni hablar, no lo haría jamás mientras estuviese sobria.

Lo peor es que cuando conseguía dormirse, unos fríos ojos grises la perseguían en sueños.

"Por Merlín, ¿Es que no hay manera de librarme de él?" -Pensó la pelirroja enfurruñada.

Justo cuando giró una esquina para pasar a otro pasillo, vió al susodicho caminando hacia ella.

Rose se rió sarcásticamente. Nada podía ir peor.

El rubio se acercó hasta ella y antes de que la pelirroja pudiese apartarse, la cogió de la cintura y la abrazó.

Rose se dejó abrazar mientras su cabeza desconectaba. Aquella situación era absurda e irrealista. ¿Es que se había trasladado a un universo alterno sin darse cuenta?

Scorpius dejó de abrazarla y sonrió genuinamente. Eso descolocó a Rose aún más. ¿Desde cuando Scorpius sonreía sin ironía? Sin duda, estaba en un mundo paralelo. Y ese mundo era desconcertante.

-Vale, -Dijo Rose pasándose una mano por la frente mientras intentaba encontrarle algo de lógica a la situación- ¿Que demonios pasa? ¿Se avecina el apocalipsis? ¿Has hecho una apuesta? ¿Estás borracho? ¿O de verdad me he trasladado a un mundo paralelo?

Scorpius sonrió.

-Ninguna de esas absurdas teorías es cierta. Simplemente, soy libre.

Rose frunció el ceño sin comprender absolutamente nada.

-¿Libre? -Preguntó tanteándolo.

-Exactamente -Dijo él muy ufano- Ágatha a firmado el contrato.

-Oh, vaya -Dijo Rose asombrada.

Eso lo explicaba todo. Ahora entendía el buen humor de Scorpius. Estaba pletórico porque se había librado de esa arpía. Pero si la había abrazado... ¿Significaba que quería volver con ella?

La pelirroja se asustó. "No Rose, tienes que ser fuerte. Ya te ha hecho demasiado daño, no puedes darle otra oportunidad".

-¿Y por qué me abrazas? El que seas libre no cambia nada de lo que me has hecho -Dijo la pelirroja elevando el mentón.

El rubio borró su sonrisa sintiéndose estúpido. ¿Por qué demonios la había abrazado?

"Porque quería hacerlo" -Se dijo.

Tenía que explicarle a Rose la situación antes de que se le fuera de las manos.

-Ya lo sé, pero pensé...

-Pues mal pensado -Replicó ella- No quiero que te acerques a mí más de lo necesario.

La pelirroja se marchó rápidamente a otro pasillo y, una vez tuvo al rubio fuera de su alcance visual, se apoyó en una pared y respiró profundamente.

Que duro le resultaba rechazarlo. Cada vez le dolía más tratarlo con indiferencia y desdén. Cada vez era más difícil alejarlo de ella.

Scorpius, por su parte, se alejó del pasillo dejando atrás todo rastro de buen humor. Se rendía, ya no podía más. Estaba harto de humillarse. Cometió un error, pero no era para tanto. No pensaba arrastrarse más ante ella.

Suspiró y se revolvió el cabello con la mano.

Algo le decía que ésta sería la peor Navidad de toda su vida.

SALA DE LOS MENESTERES

Megara entró en la Sala de los Menesteres con el corazón latiéndole en la garganta. Estaba sumamente nerviosa. ¿Y si Louis ya no quería saber nada de ella? Bastante tenía con haber perdido a Albus.

Al pensar en el moreno, una punzada de dolor le atravesó el pecho.

Lo extrañaba. Estaba profundamente arrepentida de haberle ocultado su relación con Louis. Él no se merecía haber sido traicionado de esa manera. Iba a intentar arreglar las cosas con él costara lo que costara.

Pero antes tenía que hablar con Louis.

Megara se tensó cuando vió al rubio sentado en un sofá de cuero. Él la estaba mirando fijamente con gran seriedad.

-Me alegro de que hayas llegado -Dijo él con ese tono de voz que la derretía por completo.

Megara asintió.

-Cuando supe que te habían dado el alta se me ocurrió venir aquí. Fué solo un presentimiento pero he acertado.

Louis le indicó con un gesto que se sentara y ella obedeció sintiéndose sumamente incómoda. Jamás había visto su rostro tan serio.

Loius suspiro.

-Quiero que hablemos de nosotros. Dejemos el tema de Albus para después.

Megara se sorprendió al ver que él había ido directamente al grano.

"Mejor, odio perder el tiempo".

-Nosotros... -Dijo ella pensativa- No sé si hay un nosotros, es decir, no lo hemos aclarado.

-Me gustaría que lo aclarásemos ahora -El rubio intensificó su mirada sobre ella- Me gustas, Megara. Muchísimo. Y no estoy muy seguro, pero creo que he empezado a quererte. Ya no es un juego, despiertas cosas profundas en mí. Me gustaría saber si te pasa lo mismo.

Megara respiró aliviada al ver que él no tenía intención de dejarla.

"Bien, es hora de sincerarse" -Se animó ella interiormente- "Ánimo, no dejes que tu lado slytherin tome las riendas y se encienda tu alarma anti- romanticismo".

-Al pricipio fuiste una distracción para olvidar a Albus. Me aferré a tí para olvidarlo a él. Y lo conseguí. Ya no lo quiero de esa manera. Siempre le tendré un cariño especial pero... no es comparable a lo que siento por tí. Es difícil de explicar. Me aceleras el pulso con solo una mirada. Eres capaz de dejarme sin palabras con toda tu pedantería y prepotencia. Eres odioso pero encantador. Y me encantas. Me encanta tu manera de subirme el ánimo. Me encanta como me haces suspirar como una quinceañera, y sobre todo, me encanta que seas el únimo capaz de dejarme sin habla con solo un beso. No sé si lo que siento es amor, solo te puedo asegurar que nadie me ha hecho sentir ésto. Nadie.

Louis se relajó visiblemente y esbozó una sonrisa que a Megara le pareció absolutamente encantadora.

-Bien, esto va mejor de lo que esperaba. Ahora toca la parte difícil.

Megara lo miró intrigada.

-¿Parte difícil?

Él asintió y la miró desplegando un poco de su encanto veela. Quería asegurarse el éxito.

Megara se quedó sin aliento al contemplarlo.

-Megara Zabbini -Dijo con un tono tan solemne que las alarmas de ellas se dispararon- ¿Quieres venir a pasar la Navidad en la Madriguera con mi familia para que puda presentarte a mis padres?

Megara dejó caer la mandíbula un par de centímetros.

-¿Madriguera? ¿Presentarme a tus padres? ¿Navidad? -Megara dejó de balbucear y se pasó una mano por la frente- Recapitulemos, a ver si me aclaro: Quieres presentarme a tus padres en calidad de novia en Navidad, en un sitio llamado "Madriguera". ¿He acertado?

Louis asintió y sonrió aún más encantadoramente.

Megara se esforzó por no suspirar y adoptó una pose muy seria.

-Tu idea tiene un fallo.

Louis la miró intrigado.

-¿Que fallo?

-Yo no soy tu novia -Repuso ella firmemente.

Louis se quedó petrificado ante su respuesta y Megara se esforzó por no reir ante la expresión atónita del chico. Apostaba toda su fortuna a que ninguna chica le había dicho algo así en toda su vida.

"Pues que se acostumbre" -Pensó ella altivamente.

-Que yo recuerde, nunca me lo has pedido.

Louis sonrió y recobró su habitual pedantería.

-No sabía que tenías tantas ganas de formalizar lo nuestro.

Megara hizo una mueca.

-Si no recuerdo mal, eres tú quien quiere presentarme a tu familia en calidad de novia, lo que demuestra que eres tú el que tiene más ganas de formalizar lo nuestro.

-Puede ser -Dijo él esquivo muentras aumentaba sus rasgos veelas haciéndolo parecer un adonis- Pero me juego toda mi sangre mágica a que tienes las mismas ganas que yo de formalizar lo nuestro.

Megara tragó saliva y giró la cabeza para solo tener que mirarlo de reojo. Si seguía viendo esos rasgos tan perfectos, no tardaría mucho en abalanzarse sobre él, empotrarlo contra la pared, quitarle los pantalones, y enazar sus piernas en...

"Ya basta, eress una Zabinni. Contrólate".

-Pudede ser -Respondió ella sacándole una sonrisa- ¿Qué ropa debería llevarme a ese lugar?

-La más sencilla que tengas.

Megara asintió y se giró rumbo a la salida.

-No veremos en el tren, novio.

La morena salió dejando a Louis con una calidez indescriptible en el pecho.

ENFERMERÍA

Lia estaba molesta. Ahora tendría que reposar más por su "Embarazo de alto riesgo".

De solo pensar que su bebé podría morir en cualquier momento, se estremecía entera.

Sin embargo, poco podía hacer salvo reposar tal y como Madame Pomfrey le había aconsejado.

-Nada de hacer ejercicio físico hasta que yo le diga lo contrario -Le dijo la anciana mujer- Y aliméntese como es debido, que está usted muy flaca. ¡Por Merlín, no sé como ese bebé ha sobrevivido a toda esa acumulación de sangre, pero será mejor asegurarnos de que no tenga que sobrevivir a nada más!

Lia no podía estar más de acuerdo.

Sonrió mientras se acariciaba el vientre. Era extraño pensar que esa pequeña criaturita que estaba gestándose en su interior acabaría con su soledad. Ya estaba harta de tener que...

La puerta de la enfermería se abrió violentamente sacando a Lia de sus pensamientos.

Albus Severus Potter entró despeinado, pálido y tembloroso, pero con una expresión resuelta en su rostro.

No dejó de caminar hasta que llegó a la camilla de Lia.

Ella se asustó al ver que él la miraba fija y penetrantemente sin decir nada y se llevó una mano al vientre inconscientemente.

Él no pasó por alto ese gesto.

-Me he enterado de lo que te ha dicho Pomfrey -Dijo sin delicadeza alguna- Volví al escucharte gritar y lo oí todo.

Lia empalideció alarmantemente. ¿Que demonios debía decirle? ¿Qué demonios querría él que hiciera?

La sola idea de abortar le produjo náuseas.

-¿Y? -Preguntó ella a la defensiva.

Albus suspiró pero sus ojos mostraron la misma resolución que tenían cuando entró.

-Quiero hacerme cargo del bebé y de tí. Soy su padre y tú fuiste mi novia. No pienso ignorar mi responsabilidad, eso no va conmigo.

Lia suspiró aliviada.

-Acepto tu responsabilidad de hacerte cargo del bebé, pero no entiendo a que te refieres con hacerte cargo de mí.

Albus la miró seriamente.

-Muy fácil, quiero que volvamos a ser pareja.

Lia se quedó absolutamente asombrada.

-No -Repuso inmediatamente- No quiero que estés conmigo solo porque crees que es lo correcto. Estaría mal. Te prometo que te mantendré informada de todo lo que le pase al bebé.

-No lo entiendes -Dijo él muy serio- Nunca me he tomado en serio a ninguna chica. A Megara la dejé por tí y luego te obligué a dejarme porque me obsesioné con ella. Pero ahora todo a cambiado. Tú tienes a mi hijo dentro de tí y eso te hace insustituible, irremplazable, indesechable... Quiero estar cerca de tí, quiero cuidarte... cuidaros a ambos. No quiero estar alejado de la madre de mis hijos.

-¿Madre de tus hijos? -Dijo ella descolocada. Que Merlín la ayudara porque cada vez entendía menos.

Albus sonrió.

-No creerás que dejaré que mi hijo sea hijo único, ¿Verdad? No, los Weasley-Potter somos una manada y así debe seguir siendo. Yo, al menos, pondré de mi parte porque así sea.

-Pero, ¿Tu te crees que yo soy una coneja? -Preguntó ella ofendida- ¡No pienso parirte tu propio equipo de Quiddich!

"Un segundo, ¿Es que acaso estaba tomando sus descabelladas palabras en serio?".

-Albus, esto no es un juego. Ahora estás eufórico porque has descubierto que vas a ser padre y no piensas con claridad. Estás diciendo una sarta enorme de idioteces. Vete, duerme un poco y vuelve cuando seas capaz de pensar lo que dices.

-Ya he pensado suficiente -Refunfuñó él- No he parado de hacerlo desde que oí que estabas embarazada. Piénsalo, no estaría mal que volviéramos juntos: Tu me quieres, yo he olvidado a Megara y estoy seguro de que no podré desecharte jamás, nos llevamos bien, discutimos civilizadamente, tenemos química en la cama, nos compenetramos psicológicamente, vamos a tener un hijo... ¿Qué mas se puede pedir?

Lia lo miró incrédula. Por Merlín, dicho así no sonaba nada mal.

-¿Y tu familia? No creo que les guste la idea. -Dijo ella aferrándose desesperadamente al último impedimento que se le ocurría para no decirle que sí.

Albus se encogió de hombros despreocupadamente.

-Si fuese egoísta los mandaría a todos al infierno, pero quiero que nuestro hijo tenga a toda su familia unida así que les expondré la situación razonadamente. Mi padre me apoyará, mi madre me gritará pero acabará aceptándolo si la tía Hermione me ayuda. Rose hará un pequeño berrinche pero no pasará de ahí, los abuelos me dirán que debería haberme casado primero pero no son los más indicados para criticar ya que engendraron a mi tío Bill antes de casarse. Los demás se mostrarán conmocionados pero acabarán ilusionándose. ¿Y tu familia? ¿Pondrán impedimentos?

Lia negó tristemente.

-Apenas tengo familia. A mi padre no lo conozco, abandonó a mamá en cuanto supo que estaba embarazada, por eso llevo el apellido de mi madre. A Ágatha le pasó lo mismo que a mí. Mi madre, Cho, está en la otra punta del mundo buscando artefactos mágicos antiguos y no tengo hermanos, así que es como si no tuviese familia.

Albus la miró con compasión. Él estaba acostumbrado a una Navidad con toda su familia. Muchas veces, tenían que hechizar la mesa y agrandarla porque no cabían todos. No quería ni imaginar lo sola que Lia habría tenido que sentirse.

-¿Cúando se fué tu madre? -Preguntó Albus con delicadeza.

Lia rehuyó su mirada.

-En cuanto entre a Hogwarts en mi primer año. No llevaba ni una semana aquí cuando recibí una carta suya en la que me lo comunicaba.

-Pero... si antes me dijiste que ibas a celebrar la Navidad en tu casa, ¿Con quien la celebras?

Lia se encogió de hombros.

-Con los criados. Charles siempre se queda en Nochebuena, Jake en Navidad y Bill en Nochevieja. No estoy tan sola como crees, a veces me dejan montar fiestas e invito a Ágatha y a mis amigas a casa -Frunció el ceño- Aunque siempre que monto una fiesta, todas despertamos en el jardín, con la ropa hecha trizas, el pelo desordenado y empapadas por culpa de los aspersores que riegan el césped de madrugada.

Albus la miró sorprendido.

-Un día tienes que invitarme a una de tus fiestas.

-No volveré a montar una hasta que tenga al bebé. Me has prohibido beber alcohol y no es divertido ver a gente beber cuando tú no puedes hacerlo.

Albus sonrió sintiéndose orgulloso de ella. No se había dado cuenta hasta ahora de que ella era una chica perfecta para ser madre. Era responsable, inteligente, paciente y ponía la salud de su hijo por encima de cualquier cosa. Era la madre que todo hijo soñaría y, seguramente, la esposa que todo hombre desearía.

Era una suerte que fuese suya.

-Pues ya está decidido. Vas a pasar la Navidad en "La Madriguera" con toda mi familia.

-¿Qué? -Preguntó Lia.

"Definitivamente se ha vuelto loco" -Pensó la chica.

-No quiero que éstes sola nunca más en unas fechas tan señaladas. Además, tu presencia en casa me ayudará cuando les dé la noticia. Siempre puedes echarte a llorar si las cosas se ponen feas, te aseguro que nada apena más a mi padre que ver a una mujer llorando.

-Pero...

-No hay pero que valga -La cortó él- Limítate a dejar que te cuide.

Lia asintió conteniendo una sonrisa.

-Esa actitud ya me gusta más -Exclamó Albus contento- Me voy a hacer la maleta. Volveré mañana para ayudarte a llegar a tu Sala Común.

-¡Por Merlín Albus, estoy embarazada no disminuida!

Albus se encogió de hombros y le besó la punta de la nariz haciendo que Lia se sonrojara imperceptiblemente.

-Cualquier precaución es poca -Replicó él.

Albus abandonó la enfermería pensando que ahora el mundo volvía a tener sentido.