Me apena mucho decir ésto pero, éste es el penúltimo capítulo de la historia. Creo que no tiene sentido alargarla mucho más. Éste capi es muy significativo y trascendental, a pesar de que casi todo ocurre en la "Madriguera". No me ha salido tan largo como esperaba pero sí que es intenso. El próximo capi, al ser el último, tardaré un poco en publicarlo. Una vez más, os agradezco vuestros reviews, alertas y favoritos. En fin, aquí está el capi. Espero que os guste.


NAVIDAD

MANSIÓN DE LOS PARKINSON

-¡He dicho que no lo haré!

Ágatha salió corriendo del salón rumbo a su dormitorio.

-¡Ágatha, vuelve aquí! -Chilló Pansy roja de rabia- ¡Soy tu madre y tienes que obedecerme!

-¡De eso nada, soy mayor de edad! -Gritó Ágatha.

Acto seguido cerró la puerta de una manera tan violenta que hizo que las paredes retumbaran.

Ágatha se tumbó en la cama mientras luchaba por no llorar de frustración. Su madre quería volverla a comprometer, esta vez, con Julius Goyle.

¡Por Merlín, Goyle! ¿Es que su madre se proponía que muriese en la noche de bodas aplastada bajo esa masa informe de carne? ¡Es solo pensarlo le daba náuseas! ¿En qué demonios estaba pensando su madre?

Un suave picoteo sonó sacándola de su abstracción y Ágatha se levantó para abrir la ventana. Una pequeña lechuza parda se posó sobre su escritorio con una caja detallistamente envuelta en papel de color verde.

Ágatha desató con cuidado el papel para no romperlo y se quedó atónita al abrir la caja y sacar su contenido.

Era un camisón de seda negra.

Ágatha dejó el camisón extendido en la cama y volvió a mirar la caja. Tal y como suponía, había una pequeña nota.

La abrió.

"Ágatha:

Este es mi regalo de Navidad. Espero que lo disfrutes en tu noche de bodas con Malfoy.

Atte: ".

Dos lágrimas cayeron sobre la carta emborronando la firma.


MANSIÓN MALFOY

-Cielo, come. Apenas has probado bocado -Dijo Astoria preocupada.

Scorpius, que hasta entonces solo se había limitado a remover la comida con el tenedor, levantó la mirada y la enfocó en su madre.

-No tengo mucha hambre -Dijo lacónicamente.

Astoria se dispuso a protestar pero Draco se le adelantó.

-Querida, no lo agobies. Seguro que solo es por el estrés de los ÉXTASIS. Ya verás como cuando se gradúe volverá a comer como es debido.

Astoria asintió sin estar muy convencida.

-Está bien, pero tómate el postre.

La castaña chasqueó los dedos y un elfo se apareció ante ella.

-Pat, ¿Serías tan amable de traerle el postre a mi hijo? -Dijo ella con tono dulce.

El elfo hizo una reverencia.

-Por supuesto, señora.

El elfo desapareció casi sin hacer ruido.

Astoria frunció el ceño.

-Odio que me llamen señora. Me hace sentir vieja.

Draco sonrió y le acarició la mano.

-Aunque algún día llegues a ser anciana, para mí siempre serás esa jovencita que me perseguía en Hogwarts. Esa que siempre llevaba un delicioso perfume de vainilla y que tenía las mejillas rojas de tanto sonreir.

Astoria sonrió deslumbradoramente y Scorpius se sintió incómodo. No había olvidado lo que oyó en el vociferador que le envió su padre.

Por suerte, Pat llegó con el postre haciendo que Scorpius dejase de pensar en ese bochornoso recuerdo.

En cuanto se lo sirvieron, un escalofrío le recorrió toda la médula espinal.

Era helado de fresa. Y estaba decorado en forma de rosa.

Por Merlín, ¿Quién podría haber sido tan cruel como para ponerle esa sustancia tan ridículamente roja con esa forma delante de él? ¿Es que ya no había consideración en el mundo?

Astoria miró a su hijo con preocupación.

-Cariño, te has puesto muy pálido. ¿Qué te ocurre?

Scorpius miró el helado con asco.

-Esta cosa acaba de matar el poco apetito que tenía -Sentenció.

El rubio se disculpó y se dirigió a su cuarto con el corazón martilleándole en los oídos. En cuanto cerró la puerta soltó una ristra de maldiciones y le pegó una patada a la estantería.

Pronto, toda su rabia se disipó dejando paso a una profunda tristeza.

No pudo evitarlo: Se puso a llorar.

Por Melín, solo era una chica. ¿Cómo podía afectarle tanto su rechazo? Nunca, en toda su vida, alguien había podido hacerle tanto daño. ¿Como era posible que ella, la pequeña, pecosa y empollona Rose Weasley le provocara toda esa desazón?

Porque no es solo una chica -Dijo una parte de sí mismo- Es la única que puede competir contigo, la única que no cae en tus brazos con facilidad. Ella es la que te pone las cosas difíciles, la que es capaz de hechizarte si la hieres. Es tu alter ego. Y sabes que te encanta por eso.

Scorpius cayó en la cama rendido consigo mismo. Ya no podía más.

La puerta de su habitación se abrió suavemente dando paso a su madre.

Scorpius ni se molestó en limpiarse las lágrimas. Sabía que nada ni nadie lo libraría de su asfixiante amor materno.

Astoria cerró la puerta y se sentó en la cama con el rostro triste y preocupado.

-¿Que te pasa, cielo? Sabes que puedes contarme lo que sea.

Astoria acomodó la cabeza de su hijo en su regazo y Scorpius suspiró. ¿Debía contárselo? Si lo hacía, al menos se libraría de una parte de su dolor al compartirlo con alguien. ¿Y que mejor persona que su madre para escucharlo?

Scorpius suspiró y cerró los ojos.

-Ponte cómoda. Es una historia un poco larga.


LA MADRIGUERA

En la mesa de la Madriguera, el aire podía cortarse con un cuchillo. Nadie hablaba. Nadie se sentía capaz de romper el hielo.

A Rose toda la situación le estaba poniendo los pelos de punta. Sus abuelos estaban más pálidos que Nick "El Descabezado", Bill y Fleur miraban a su hijo Louis como si se hubiese vuelto loco al estar sentado al lado de Megara Zabinni (la cual había sido invitada por Louis en el último momento) rodeándola con el brazo, Percy y Audrey estaban escandalizados al ver como Lucy y Alexander se sonreían y solo tenían ojos para el otro, Luna y Rolf miraban con curiosidad como Lily y Lorcan tenían sus manos enlazadas por encima de la mesa, Ginny estaba roja de ira al tener que presenciar como su hijo Albus estaba mimando a la hija de la ex-novia de su marido, Harry estaba incómodo y no paraba de acomodarse las gafas, y su madre, Hermione, miraba suspicazmente a todo el mundo como si quisiese leerlos al igual que leía sus libros.

El único adulto ajeno a toda esa tensión era Ron. El pelirrojo no paraba de sonreir desde que ella le escribió esa carta donde le comunicó que ya no estaba con Malfoy.

Rose, al ver que nadie decía nada, se armó de valor para hablar.

-Bueno, ¿Que tal os va a todos? -Dijo colocando una falsa sonrisa en su cara.

-¿Cómo has podido hacerme ésto, Albus Severus? -Explotó Ginny sin poder contenerse.

Albus dejó de lado sus mimos con Lia y miró a su madre altaneramente.

-No sé a qué te refieres.

Ginny enrojeció aún más.

-Me refiero a que cómo tienes el descaro de traerme a la hija de la ex-novia de tu padre a mi mesa.

Lia empalideció.

-Te dije que esto no sería una buena idea -Le susurró a Albus.

Ginny empezó a temblar de rabia y Harry intervino.

-Cariño, cálmate. No tienes porque hacer...

-¡Si, tengo que hacerlo! -Gritó la pelirroja mirando amenazantemente a su hijo mediano- Tienes cinco segundo para darme una explicación.

Albus la miró sin ningún atisbo de miedo, lo que acicateó la ira de Ginny.

-Muy bien, si quieres saber la razón te la diré: Lia y yo estamos juntos.

Ginny se puso pálida un segundo y luego volvió a ponerse roja.

Mucho más roja que antes.

-Estais juntos -Dijo ella tranquilamente.

Todos en la mesa se tensaron esperando el chillido inminente.

Éste no tardó en llegar.

-¿¡ME ESTÁS TOMANDO EL PELO!? -Gritó la pelirroja levantándose de la mesa.

-No -Dijo Albus sin alterarse- Y además tengo otra noticia. Vamos a hacerte abuela.

Todo el mundo miró a Albus impactado y Lia se cubrió la cara con las manos para evitar estrangularlo. Su novio era un absoluto imbécil.

Ginny se dejó caer en la silla mientras su rostro volvía a empalidecer. Era evidente que estaba en estado de shock.

Harry miró a su hijo con molestia.

-¿Crees que ésta es la mejor manera para decir una noticia así? ¿Es que quieres matar a tu madre?

-No -Dijo él encogiéndose de hombros- Solo quiero que deje de gritar.

Molly intervino.

-Albus, ésta no es manera de proceder. No os habéis casado ni comprometido.

Albus se removió inquieto en la silla.

-Tenemos tiempo.

Molly suspiró.

-Por Merlín, eres igual que Ginny.

-Lo que yo no entiendo -Dijo Hermione interviniendo por primera vez- Es como ha pasado ésto. Si mal no recuerdo, Albus estaba con Megara.

La aludida se tensó y procedió a explicarse mientras todo el mundo la miraba con curiosidad. El brazo de Louis rodeando su espalda y la sonrisa de Alexander y Rose le dieron fuerza.

-Es cierto, Albus y yo hemos estado mucho tiempo juntos. Pero un día él me dejó en el Gran Comedor delante de todo el mundo porque se había fijado en Lia y ya no quería estar conmigo.

Albus se sonrojó al ver como se clavaban en él algunas miradas de reproche por parte de su familia.

-Louis apareció de improviso -Prosiguió ella inmediatamente- Y su personalidad y sangre veela hicieron el resto. Al principio solo era un juego de seduccion, pero ambos nos hemos dado cuenta de que ese juego se ha ido transformando en algo más profundo. Por eso él y yo estamos juntos. Y lamentamos no habérselo dicho a Albus cuando pudimos -Dijo mirando significativamente al moreno.

Éste, ante el asombro de todos, desvió la cara.

-¿A qué te refieres con "no habérselo dicho a tiempo" -Preguntó Hermione mordiéndose el labio inferior.

Louis tomó la palabra.

-Albus nos vió a Megara y a mí en una de nuestras... citas. Fué una situación incómoda para todos y ocasionó un pequeño altercado.

-¿Pequeño? -Dijo Albus girándose para mirarlo con rabia- ¡Me rompiste la nariz!

Ginny salió de su estupor y miró a Albus elocuentemente.

-Tienes suerte de que no te la haya roto yo -Dijo la pelirroja.

-En fin, -Dijo Aundrey para disipar la tensión- ¿Como os va como pareja? -Preguntó a su hija y Alexander.

Ambos se miraron y sonrieron antes de contestar.

-Nos va maravillosamente bien -Aseguró Lucy.

-De hecho nos va tan bien que tengo algo que pedirle, señor Wesley -Dijo Alexander educadamente.

Percy se tensó y forzó una sonrisa.

-Tú diras.

Alexander suspiró y miró a Lucy una última vez para darse fuerzas.

-Señor, quiero que sepa que mis intenciones con Lucy son honestas y serias. Por eso, le pido la mano de su hija en matrimonio.

Percy se puso blanco como el papel y Audrey se llevó una mano al pecho emocionada.

-¡Así se lo pediste tú a papá! -Exclamó Audrey mirando a su marido emocionada.

-Deberías aprender del chico -Dijo Ginny mirando a Albus- Él si que sabe dar noticias impactantes sin provocar bajadas de tensión.

Albus no se dignó a mirar a su madre.

Percy se llevó su copa hasta los labios y bebió un generoso sorbo de whisky antes de hablar.

-Bueno, ya eras parte de la familia. Supongo que mi aprobación solo lo hace oficial.

Lucy dió un gritito de alegría y miró a su padre con emoción contenida.

-Gracias -Le dijo suavemente.

Los ojos de Percy se empañaron pero él carraspeó y fingió que nada pasaba. Madre e hija se miraron con complicidad.

Ginny entornó los ojos.

-Por fin oigo una buena noticia esta noche.

Harry la miró pacientemente.

-Pues a mí todas las noticias me están gustando. ¿Acaso no te hace ilusión tener un nieto?

Ginny desvió la mirada y Harry sonrió. Estaba claro que si quería a su nieto.

A la que no quería era a su nuera.

-Bueno, Lily -Dijo Harry cambiando sutilmente de tema- Con la noticia de Albus te hemos desatendido un poco, pero me he fijado en que Lorcan y tú teneis las manos unidas.

Lily sonrió dulcemente.

-Bueno, todos los novios se cogen de las manos, ¿No?

Ginny miró a su hija y sonrió.

-Me alegro mucho de oír eso -Dijo la pelirroja.

Albus bufó pero no dijo nada.

Arthur, que había estado todo el rato en la cocina, salió y colocó en el centro de la mesa un enorme y magestuoso pavo asado.

A todos se les hizo la boca agua.

-Bueno, he oído cosas muy interesantes desde la cocina -Dijo con una amable sonrisa- Pero creo que ya es hora de dejar de hablar y empezar a comer.

Nadie quiso rebatir eso.


MANSIÓN MALFOY

Astoria salió de la habitación de su hijo con las piernas entumecidas pero con un proposito firme.

Bajo decididamente las escaleras y llamó a Pat.

-Tráeme mi varita, por favor -Dijo Astoria en cualto el elfo aparició.

El elfo hizo una reverencia y desapareció con un suave "Plop".

-¿Te marchas? -Preguntó Draco caminando hacia ella.

-Así es -Dijo ella colocándose un carísimo abrigo de piel.

Draco la miró alzando una ceja.

-¿Se puede saber adonde vas la noche de Navidad? Incluso yo, con lo ocupado que estoy, sé que la noche de Navidad se pasa en familia -Draco la aferró por las caderas y la pegó a él- ¿Por qué no aprovechamos que Scorpius se ha encerrado en su habitación y repetimos lo de esta mañana?

Draco alzó sugestivamente las cejas y Astoria no pudo evitar reir.

-Lo siento -Se negó ella- Pero vamos a tener que posponerlo. Tengo que tratar un asunto urgente.

Pat apareció en ese momento con la varita de Astoria.

-Lamento la tardanza -Se disculpó el elfo- Me ha costado encontrarla.

-No te preocupes -Dijo Astoria dulcemente.

-Dime al menos a donde vas -Le pidió Draco.

Astoria lo miró con esa mirada decidida que él tanto adoraba.

-Me voy a arreglar el futuro de mi hijo que tu padre se ha encargado de destrozar.

Draco asintió comprendiéndolo todo. Estaba al tanto del contrato y de la declaración de Lucius en El Profeta.

La cuestión es, ¿Cómo se había enterado su esposa si no leía ese periódico en absoluto?

Astoria se desapareció dejando a su marido con una pregunta sin formular.


MADRIGUERA

-Abuelo, sírvele más pavo a Lia, por favor. Yo no llego -Dijo Albus por tercera vez.

Lia suspiró.

-Albus, te agradezco que cuides de mí, pero si me obligas a comer un trozo más de pavo juro que te vomito encima -Se volvió hacia Arthur- Y juro que no vomitaría porque no me guste su pavo. En absoluto. Si no es molestia, me gustaría pedirle la receta para que Jake me lo cocine en casa.

Arthur sonrió.

-Te daré a receta encantado.

Molly miró a Lia.

-Albus tiene razón, debes alimentarte bien. Estás en los huesos. No te preocupes, me encargaré de dar a ese cocinero tuyo un par de recetas para cuando vayas a casa en vacaciones. O podrías pasarlas aquí.

Lia sonrió.

-Muchas gracias, señora Weasley. Será un placer volver.

Lily se levantó impaciente.

-Bueno, ya que hemos terminado de comer, quiero ver los regalos.

-¡Si! -Exclamó Rose entusiasmada- ¡Quiero ver mis regalos!

Todos los adultos sonrieron y, moviendo sus varitas a la vez, desaparecieron la comida y la reemplazaron por los regalos. Había uno para cada uno.

-Vaya, que manera más eficiente de recoger la mesa -Dijo Megara.

Lia, intrigada, abrió su regalo.

Cuando lo hizo estalló en lágrimas.

Molly Weasley le había tejido un jersey con su inicial bordada en azul.

-¿No te gusta? -Preguntó Molly preocupada- No te preocupes te puedo hacer otro mejor. Solo tienes que decirme que es lo que...

-No, no -Dijo Lia entre hipidos- Es precioso. Lloro porque nunca me han regalado algo tan bonito.

Ginny sonrió al oír la respuesta de la chica.

Tal vez, solo tal vez, no fuese tan malo tenerla de nuera.

Molly sonrió.

-Pues el año que viene tejeré uno para tí y otro para el bebé.

Lia sonrió.

-Estoy segura de que serán tan bonitos como éste.

Todos sonrieron conmovidos por la escena pero el momento se cortó cuando sonaron unos golpes en la puerta.

-Abriré yo -Dijo Ron levantándose.

Se quedó congelado en el marco de la puerta.

Astoria Malfoy estaba en el umbral de la Madriguera.

-Buenas noches, Weasley -Saludó Astoria con una inclinación de cabeza- ¿Podría hablar con su hija Rose?

Ronald se sintió confuso. Una parte de él quería echarla por ser la mujer de Malfoy, pero otra parte le decía que no podía hacerlo porque ella no le había hecho nada.

Además, la mujer había sido educada.

-Pase, voy a avisarla -Dijo Ron muy serio.

-Gracias -Dijo ella entrando lo suficiente como para quedarse en el porche.

Ron desapareció y, al cabo de un par de minutos, Rose se presentó ante la señora Malfoy bastante incómoda.

-Buenas noches, señora Malfoy -Dijo Rose educadamente.

Astoria sonrió.

-Buenas noches, Rose. ¿Te molesta que te llame por tu nombre? -Rose negó con la cabeza- Mejor. Nunca me ha agradado el protocolo. Y me gustaría que me llamaras Astoria. Odio que me llamen "señora", me hace sentir vieja.

Rose sonrió. Esa mujer le parecía sumamente simpática.

-Rose, -Dijo Astoria poniéndose seria- mi hijo me ha contado lo que ha pasado entre vosotros y he venido porque me gustaría aclararte un par de cosas. Si vas a odiar a mi hijo, que sea con motivos reales, no por equivocaciones o malentendidos. ¿Te parece bien que charlemos fuera?

-Como quieras, Astoria -Dijo Rose dejando de sonreir.

Rose cogió un abrigo y salió al jardín guiando a Astoria hasta dos columpios. El abuelo, Arthur, los fabricó cuando su primo Teddy nació. Con el paso del tiempo, ella y todos sus primos los habían utilizado.

Astoria se montó en el columpio con expresión risueña.

-Ah -Suspiró la castaña- No me montaba en uno de éstos chismes desde que era niña. Solía escaparme de casa para ir a los parques muggles que habían al final de la calle. No me gustaba nada jugar con mi hermana Daphne. Es demasiado... delicada. A mi me gusta más tomar riesgos, aunque eso supusiera una buena reprimenda cuando llegaba a casa manchada de barro. Pero siempre mereció la pena.

Rose miraba atentamente a la mujer mientras el columpio se balanceaba suavemente. Había algo en ella que invitaba a escucharla. Tal vez fuese su suave voz, su refrescante franqueza o su transparente mirada, pero hacía que no quisieses perderte una palabra de lo que decía.

Astoria volvió a suspirar.

-Pero mi niñez pasó y ahora soy una mujer adulta con marido e hijo y estoy aquí para intentar solucionar lo que nunca debió romperse.

-¿Y qué es lo que nunca debió romperse? -Preguntó Rose con curiosidad.

Astoria la miró sin atisbo de duda.

-Tu relación con mi hijo.

Rose se sonrrojó y desvió la mirada.

-Su hijo y yo no hemos mantenido una relación. Tuvimos algo, pero no fué lo bastante serio como para que le pusiéramos nombre.

Astoria asintió.

-Así empezamos Draco y yo -Confesó la castaña- Supongo que no lo sabes, pero cuando él era joven era un auténtico casanova. Tenía a medio Hogwarts a sus pies. Incluso cuando abandonó Hogwarts siguió teniendo ese encanto con las mujeres. Ninguna se le resistía.

Rose volvió a mirarla.

-¿Hasta que tú llegaste? -Inquirió la pelirroja astutamente.

Astoria rió.

-Hasta que yo llegué. Él se fijó en mí y se propuso conquistarme pero yo fuí más astuta. Me acercaba, le daba una muestra de cariño y me volvía alejar durante un par de días. Al principio se divertía con mi juego, pero poco a poco empezó a desesperarse. Confieso que estuve tentada más de una vez a dejar mi astucia de lado y abalanzarme sobre él, pero mi perseverancia jugó a mi favor. Me propuse no ser una más y lo conseguí.

Rose sonrió.

-¿Tardó mucho el señor Malfoy en declararse?

Astoria bufó.

-Dos años. En serio, cuando lo hizo lo obligué a beber veritaserum. Había esperado tanto tiempo para oírle decir esas palabras que no me lo podía creer. Creí que me estaba gastando una broma.

Rose rió.

-Su hijo es igual que el señor Malfoy. Tiene un sentido del humor tan peculiar que nunca sabes si dice algo en serio o se está burlando de alguien o algo. Es desesperante.

Astoria la miró comprensivamente.

-Te entiendo, créeme. Pero creo que eres perfecta para él. Eres la única que puede medirse con él y ponerlo en su sitio. Yo lo mimo y su padre lo consiente. Nadie le ha llevado la contraria jamás. Solo tú has sido capaz de hacerlo.

Rose sonrió tristemente.

-Me gustaría volver con tu hijo, pero me ha hecho mucho daño.

-Eso no es cierto -Dijo Astoria- Déjame explicarte porque Scorpius te ocultó su compromiso con Ágatha.

La pelirroja suspiró.

-Te escucho.

-Mi hijo lleva comprometido con Ágatha desde que tiene uso de razón -Explicó Astoria- Su abuelo Lucius firmó un contrato con los abuelos de Ágatha y no nos lo dijo jamás. Scorpius y Ágatha no nos lo dijeron nunca porque él se los pidió. Scorpius incluso llegó a olvidar lo del contrato, solo lo recordó la noche en la que Ágatha planeó que escucharas su conversación.

Rose bajó la mirada. Recordar esa noche abrió viejas heridas en su pecho.

-Y lo que dijo Lucius en "El Profeta"... -Astoria titubeó un momento pero habló con voz firme- Rose, quiero que sepas que me he puesto en contacto con mi abogado y tomaré medidas legales contra él por difamación.

Rose la miró sorprendida. No se esperaba que denunciase a su suegro por ella.

-Muchas gracias, pero no creo que haga falta llegar tan lejos -Dijo la pelirroja incómoda.

Astoria negó obstinadamente.

-Draco y yo creemos que es necesario.

Rose asintió pero no dijo nada. No sabía que era lo que debía decir.

Astoria la miró y suspiró. Esa chica le recordaba a ella en su juventud.

-Escucha ésto Rose porque solo lo diré una vez. -La pelirroja la miró con atención- Mi hijo te ama. Fué él quien me dijo lo que pasó entre vosotros mientras lloraba en mi regazo como no lo había visto llorar nunca. Creo que deberías darle una oportunidad, y no te lo digo como madre, sino como mujer. Puedo ver en tus ojos lo mucho que tu también lo amas.

Rose entreabrió los labios pero no pudo decir nada. La garganta se le había cerrado y sus ojos estaban tan humedecidos que no pudo evitar que dos lágrimas se escapasen de éstos.

¿Sería cierto? ¿Aún podía tener esperanza?

Rose se levantó del columpio y se secó las lágrimas con rapidez.

-Muchas por haberme contado todo ésto, Astoria. Te prometo que pensaré a fondo en todo ésto.

Astoria asintió satisfecha.

-Bueno, ya he cumplido mi propósito así que me voy a casa. Mi marido me debe estar esperando.

Astoria se levantó del columpio.

-Feliz Navidad, Rose -Dijo la castaña antes de desaparecer.

-Feliz Navidad, Astoria -Susurró Rose a pesar de que la castaña ya no podía oirla.

Rose se dirigió a "La Madriguera" pensando en Scorpius y sonrió genuinamente.

Era la primera vez en semanas que sonreía al pensar en él.


CASA DE LOS MCMILLAN

Eddie subió a su cuarto desganado. No tenía hambre, no tenía sueño y la Navidad le importaba un comino. Simplemente, tenía ganas de despertar de esa pesadilla.

Quería volver a estar con Ágatha. Le parecía increíble que, al día siguiente de que ellos hicieran el amor, ella se hubiese quedado con Malfoy. Sentía una extraña mezcla de ira y decepción.

El primer sentimiento le había hecho mandarle un obsequio a Ágatha con una carta bastante cruel, y el segundo le había hecho evitarla desde que ella eligió a Malfoy. Ya no sabía que sentimiento había sido peor. Se sentía miserable.

Justo cuando cerró la puerta de su habitación, un picotazo en la ventana lo alertó. Corrió a abrir y dejó entrar a un búho imperial.

Extrañado, le desenroscó la carta que tenía atada en la patita y el animal se fué volando enseguida.

Eddie abrió la carta y el corazón se le aceleró al ver que la mandaba Ágatha. Leyó las líneas con avidez.

"Eddie:

Recibí tu regalo y lo he arrojado a la chimenea porque no puedo usarlo. No voy a casarme con Malfoy. He firmado el contrato que anulaba nuestro compromiso. He decidido irme lejos de aquí y empezar una vida nueva donde nadie decida por mí. Puedes venir si quieres. Me marcho el día después de la final de Quiddich. Me dan igual los ÉXTASIS. La decisión es tuya.

Fdo: Ágatha P.

PD: El billete de viaje está dentro del sobre. He elegido como destino Las Bahamas. Si no te gusta, te aguantas. Mi regalo de Navidad no tiene devolución".

Eddie sacó el billete del sobre y lo miró incrédulo. Ágatha iba en serio.

De todo lo que le podía haber escrito, eso es lo que menos se esperaba. Pero no le disgustaba en absoluto. Ella había roto con Malfoy y le estaba pidiendo que se fuese con ella a unas maravillosas islas tropicales.

Su lado Ravenclaw se escandalizaba ante la simple idea de dejar de lado los estudios. ¿Siete años estudiando como un loco para acabar tirándolo todo por la borda? Y ni hablar del disgusto que se llevaría su familia.

Eddie sonrió.

Mas le valía a Ágatha que mereciera la pena.