Escalofríos

Katara se asomó de nuevo, por segunda vez en quince minutos a la habitación donde había instalado a Zuko. Se recuperaba bastante rápido, debía admitirlo, pero aún no estaba suficientemente bien. Al menos después de que lo había vendado le había cesado un poco el dolor. Estaba dormido. Katara esperaba que estuviera bastante repuesto para el día siguiente.

—Buenas noches —le murmuró a la oscuridad.

Buenas noches…

Esa voz no estaba dentro su sueño. Estaba casi seguro que en aquel sueño, nadie diría «buenas noches». Y además era una voz conocida: Katara. En aquel sueño, donde todo estaba oscuro, estaba completamente fuera de lugar. Aquel sueño era una pesadilla.

Todo parecía estar oscuro, aún cuando estaba seguro de que era sólo una ilusión y que si se lo proponía podría hacer que la luz manara de todas partes. Pero no lo intentó; estaba totalmente incapacitado para concentrarse en aquel con ese sueño.

No se parecía a la última vez, pero estaba seguro de que tenían algo bastante similar. A veces aparecía su madre, pero él nunca llegaba a verle el rostro, antes de que la figura desapareciera. ¿Qué significaba aquella? Detestaba sentirse confundido. Ni siquiera sabía si en realidad quería ser Señor del Fuego. Cuando era niño, antes de su destierro, la vida se le presentaba sencilla, pero ahora, después de todo lo que le había pasado, sabía que su vida nunca iba a ser sencilla.

Nunca olvides quien eres…

Esa voz era dolorosamente familiar, dolorosamente conocida. Era la voz de su madre. Se lo había dicho antes de marcharse. ¿Cómo era que podía oírla? Sueños, le respondió su mente; son sólo sueños, se dijo a sí mismo. Era la única posibilidad en ese momento. Sólo sueños. Sí, tal vez sí.

Hasta entonces, en el sueño, no había notado el frío. El viento era gélido. ¿Se podía sentir el frío en un sueño? ¿Podía congelarse allí mismo? Pero lo sentía. Sentía el frío corriendo por su cuerpo. Desagradable, como si un viento gélido se estuviera introduciendo poco a poco en sus venas. Los contornos fueron desapareciendo, y todo quedó siendo un único remolino de colores.

¿Zuko?

La voz de Katara otra vez. No podía dejar de escucharla, ¿por qué? Era diferente a la voz de su madre. La voz de Katara la oía clara, como si le estuviera hablando directamente y la voz de su madre… sólo en su mente, una y otra vez. ¿Qué le estaba sucediendo?

¡Zuko!

Despertó. Abrió los ojos de golpe y enfocó a su alrededor; esta vez nada lo deslumbro, la oscuridad era casi total. Katara lo mirada preocupada. Tenía más mantas en los brazos. La chica suspiró y sonrió un poco en cuando Zuko despertó y logró enfocarla.

—Tenías escalofríos —explicó escuetamente—, creí que necesitarías más mantas para cubrirte. —Le puso una mano en la frente, para medirle la temperatura—. Al menos se te ha bajado. Ten —le pasó las mantas, para que se cubriera un poco—. Te recuperas rápido.

—Gracias —murmuró Zuko, cogiendo las mantas para taparse.

—¿Gracias… por qué? —preguntó Katara, confundida.

—Tú me salvaste —le respondió Zuko, dirigiéndole una mirada—. Tal vez sin ti no estaría aquí… —se turbó. Nunca había estado en una situación así, tal vez nunca le había dado las gracias a nadie de esa manera. No dijo nada más, pero Katara sonrió… tímidamente.

—De nada.

Se dirigió hasta la puerta, decidida a irse a dormir de una buena vez. Sin embargo, volteó a ver a ver una vez más a Zuko. Sus miradas se cruzaron un solo segundo antes de que Zuko la desviara. Sólo un segundo.

—¿Estás seguro de que ya no te sientes tan mal? —preguntó Katara dirigiéndole la última mirada de soslayo antes de salir de la habitación. Su preocupación era latente desde lejos—. Un rayo no es algo que deba tomarse tan a la ligera —dijo.

—Me siento mucho mejor.

Sin embargo, aquella noche Katara no durmió bien. A pesar de que sabía que tal vez las cosas ya no serían como antes y la guerra terminaría, no podía explicar que era lo que le provocaba aquel insomnio. Aún recordaba la angustia de temer que Zuko ya no despertara jamás; sabía que una parte de ese miedo seguía dentro de ella. Tal vez el insomnio era por eso.

Sólo por eso.