Lo se, mis queridos: he tardado demasiado, y no se si podran ser capaces de perdonarme. Me sucedieron ciertas cosas en mi vida personal que me arrebató la inspiracion y las ganas de pensar. Pero me di cuenta de que tenía que ponerme las pilas, por ustedes. De veras, de veras, de veras me disculpo. No los entretengo más.
—¡Sakura-chiiiiian! ¡Despierta, se te va a hacer tarde!
Esas simples palabras fueron suficientes para despertarla de sus más profundos sueños. Sobresaltada, se sentó en la cama y aguardó en silencio, esperando escuchar una vez más esa voz tan familiar.
Pero nada sucedió.
¡Por supuesto que no iba a escuchar nada! Es sólo que… por un momento muy fugaz, tuvo el deseo de sentir ese alivio que te invade al despertar de una pesadilla y darte cuenta de que es sólo eso: una pesadilla.
Suspiró resignada. Pero es que desde hace dos años Sakura creía haber estado escuchando la voz de su difunto esposo.
Desde hace cuatro largos años que no podía dejar de sentirse horriblemente sola, pero desde hace dos que, además, se sentía loca.
Estaba llegando al peligroso punto de considerar normal escuchar hablar a tu esposo después de cuatro años de muerto. Sonaba descabellado sin embargo, de laguna forma le producía cierta paz.
Últimamente, anhelaba escuchar, se pasaba horas sentadas en su habitación o la sala de estar, en completo silencio esperando escuchar el "Cerezo" que en ciertas ocasiones oía como un susurro.
Suspiró resignada. "Esto está mal por donde se lo mire." Estaba empezando a aislarse en un solitario mundo y eso no es recomendable, a menos que estés meditando claro.
Levantándose, se dispuso preparar el tazon de ramen casero que llevaría a la tumba de su amado. Sus suegros se encargarían de las flores, y los tres arreglarían el lugar. Como cada aniversario, el doce de cada mes.
Fue a encender el estéreo pero se arrepintió a último momento.
"Por si acaso…"
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Lo último que necesitaba un ocupado empresario de agenda completa, era esto.
Un acosador.
Ah pero este no era un acosador cualquiera, no señores. Este era nada más y nada menos que un espíritu. Un fantasma. Un alma en pena con asuntos inconclusos. O como gusten llamarlo.
¿Saben cuál es la mejor parte? Que el terror puro que sintió al verlo por primera vez, se convirtió en irritabilidad a los 5 minutos.
Era un ancianito, un jodido anciano totalmente irritante, crispante, molesto que lo exasperaba a diestra y a siniestra con sus risotadas que pasaban a ser tos, y su maldita dentadura postiza que se caía cada vez que abría la boca. ¿No podía arreglar eso de una maldita vez? Ni que le faltara tiempo ¡Ni ser un fantasma sabía el sujeto!
6 meses ya desde que esta tortura dio inicio y Neji no tenía la menor idea de por qué no se iba. O porque lo seguía todo el día, todos los días desde entonces.
Sentado en medio de una conferencia muy importante, a la que se supone debería estar prestando atención, movía ansiosamente su bolígrafo sobre sus papeles, debido a que Ivan se dedicada a hacerles muecas, mover anteojos, corbatas y demás cosas, soplar rostros y estirar cabellos a todos los presentes de la sala.
Esto superaba por mucho al colmo. Neji Nathaniel Hyuuga tenía colapsando su sistema nervioso de las ganas inmensas de matar, otra vez, a Ivan. Rojo de la furia y la impotencia, optó por disculparse y salir a toda velocidad de la sala ¿Qué podía hacer? ¿Darle puñetazos al aire? Sabía que el viejo hacía monerías porque estaba aburrido de dos horas de puros gráficos, pero no tendría que estar allí si dejara de seguirlo y arruinar su vida de una buena vez.
Fue al sanitario decidido a tirarse un poco de agua en el rostro. Pero como no, el anciano iba pisándole los talones.
Una vez adentro y seguro de que nadie más estuviera, se dispuso a hablar o mejor dicho reprochar al pobre sujeto.
—¿¡Podrías, por Dios, dejar de arruinar mi vida!? ¡Compórtate como lo haría una persona de tu edad!
—¡Oh vamos chico, no me digas que querías quedarte hasta el final! Si ya no estuviera muerto, juro que lo hubiera hecho del aburrimiento.
—¡Es mi trabajo y lo sabes! ¡Y si no estuvieras tan ocupado acechándome, podrías estar muy entretenido haciendo lo que sea que te divierta! ¡Maldita sea!
—Hey, tranquilo viejo. Desde que te conocí que no haces otra cosa que trabajar, trabajar y trabajar. Todo el tiempo tu cara esta tan tensa que parece que estas reteniendo los gases ¡Divertite un poco! ¡El estrés puede matarte, sabías!
—¡Es fácil decirlo cuando no te hace falta nada! ¡Los vivos queremos cosas, tenemos cuentas, necesidades y demás! ¿¡O ya no te acordás lo que es trabajar!? Además, tengo que asegurarme de que el tío deje la empresa a mi nombre, mi prima no tiene lo que hace falta para sobresalir en los negocios.
—Ella puede aprender. Y que haya estirado la pata no significa que no necesito nada. Pero vamos ¿que no te dan ganas de tomarte una cerveza bien fría? Conozco un buen bar ¡Es más, yo invito!
Lo dijo con tanta normalidad, que la vena en la sien del joven palpitó con intensidad "¿¡Cómo carajos iba a invitar él!?" Estaba tan exasperado que olvido con quien hablaba y lo agarró de las solapas, sacudiéndolo con fuerzas mientras Ivan rogaba que lo dejara ya. En eso, un hombre no muy convencido de hacerlo debido a la persona que estaba gritando en el baño, abrió la puerta del lugar. Se encontró con el joven Neji hablando sólo y con las manos en el aire en una extraña posición. Miró al castaño a los ojos, con la palabra RARO atascada en la garganta y una expresión que lo delataba. El chico salió disparado ante las sonoras carcajadas de Ivan.
Nunca en su vida había pasado tal desfachatez. Ni mucho menos en el trabajo.
Definitivamente, una cerveza era exactamente lo que necesitaba. O varias, mejor dicho.
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Abrumada, se sentía totalmente abrumada, traicionada, rara e incómoda. Cuando aceptó pasar la tarde con sus amados suegros, jamás hubiera imaginado haber tenido la conversación que tuvo hace unos momentos.
¿Cómo se les ocurría, siquiera sugerir, que tal vez debería tener citas nuevamente? ¡Era demasiado pronto aún! Lo hubiera esperado de Ino, pero nunca de los propios padres de su esposo. ¡Que ridículo! ¡Apenas tenía cuatro años de ser viuda y ya la querían emparejar otra vez! ¡Dios! Es decir, suponía que algún lo haría pero no tan pronto.
Mientras miraba las calles por la ventana del auto, vio la solución a toda su frustración. Hace tanto que no lo hacía, pero vaya que la situación lo ameritaba. Dio la vuelta en U sin pensarlo dos veces y gracias a Dios no causo ningún accidente. Estacionó como loca y se adentró en el local, desesperada por un tequila. Se llevó por delante cuantas personas tuviera en frente causando quejas de las cuales ni se enteró, en este momento sólo tenía un solo objetivo en su triste vida: tequila. En cuanto tuvo su bebida en mano la bebió de un solo trago, consciente de que no sería el último.
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—¡Hey, ten cuidado animal! —exclamó Neji cuando alguien lo chocó sin ningún miramiento.
—¡No le digas así, es una dama! —lo reprendió Ivan
—Si quiere que la traten como una dama, debería comportarse como una—contestó sin el menor interés, volteando a ver a la responsable de su disgusto—. ¿Cuál de todas fue?
Pregunto, y al instante se sintió el estúpido más grande por estar hablando solo en público, con algunas miradas puestas en él.
—Te lo mereces por bestia, jovencito—rió satisfecho el anciano—. Fue la señorita de cabellera rosada que está en la barra.
Las tan familiares ganas de asesinarlo presentes, se disiparon al darse cuenta ¿Cabellera… rosada? Ya se imaginaba a la rarita, vestida de todos los colores, o peor aún, sólo de rosado, con la cara de Cajita Feliz de MacDonald, alguna nenita de papá que a los veintes todavía se comportaba como si estuviera en secundaria.
Con una mueca de ironía volteó a verla, y contra todo pronóstico, el destino le cerró su bocaza mental. La mujer no estaba nada mal.
Naaada mal…
—Es hermosa. ¿No vas a hablarle?
—¿Para que rompas todo en la habitación cuando esté a punto de hacerlo con ella? No, gracias.—respondió Neji entre dientes, simulando una casi imperceptible sonrisa para que no lo atraparan de loco por tercera vez en el día.
—¡No te dije que te acostaras con ella ahora! Además, nada de lo que he roto es costoso y solo lo hago a veces, para que no te conviertas en un sexópata.
—Lo que sea. Sólo déjame ser, anciano.
—Es sólo por tu propio bien. Ve a hablarle, es una buena chica.
—No. —dando por terminada la conversación, bebió un sorbo de cerveza.
Pero el viejo Ivan no estaba dispuesto a darse por vencido, y como siempre conseguiría lo que quería.
Insistió de tal manera, que Neji no pudo ignorarlo más y salvaguardando su salud mental accedió con la condición de que si las cosas se daban, esta vez su habitación tendría que quedar intacta. El viejo aceptó con una sonrisa de oreja a oreja. Lo cual fue demasiado extraño, pero como la mujer estaba buena, no dudó tanto y fue hacia ella. Al fin y al cabo, esta noche quizás tuviera por fin un poco de sexo salvaje.
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Sakura se percató que alguien se estaba acomodando en el asiento de al lado. Pero no le importó, estaba muy ocupada bebiendo el último trago de tequila y pensando seriamente en que lo mejor sería quedarse sola, no se sentía capaz de volver a amar y eso estaba bien para ella, al morir volvería a reunirse con su Ojitos de cielo. Podría soportar unos años más de soledad, si la recompensa era estar para siempre con él. ¿Cuánto más podría vivir? ¿40 0 50 años más? Eso si no moría de cualquier enfermedad antes.
Una voz algo grave, pero armoniosa como la de un locutor, la obligó a prestar la debida atención.
— ¿Puedo invitarte el siguiente trago? —pregunto el sujeto que acababa de llegar.
Un buen ejemplar del espécimen humano. Cabellera castaña, corta y lacia con algunos mechones, y pensó que no había bebido demasiado pero el alcohol hacía verle las pupilas de un color extraño. Bueno, ella justamente no podía hacerse la sorprendida, la pelo de chicle.
— En realidad ya me iba, pero gracias de todas formas.
Respondió amable, dejando el dinero sobre la mesa.
—Quizás… en otra ocasión. ¿Qué decís?
—No te ofendas, simplemente no quiero. Pero gracias, otra vez.
El sujeto pareció sorprendido. De seguro que apenas mueve la boca y las chicas caen rendidas a sus pies, pero ella no. Quizás si hubieran sido otras las circunstancias ella también hubiera caído en sus encantos. Sólo quizás.
—¡Sakura, espera!
Ya en la vereda del lugar, se giró sorprendida, no recordaba haber dado su nombre. No lo había hecho. ¿Acaso la conocía? Entonces el chico de pupilas raras llegó a su lado tendiéndole su identificación.
—Debió caerse al dejar el dinero en la barra. Discúlpame pero no pude evitar leer tu información, y entiendo porque no querés aceptar mi invitación. Tu esposo es muy afortunado por tener una buena mujer a su lado.
En vez de halagarla, esas palabras la hirieron, recordándole lo distante que estaba de su ser amado. Sólo una persona tenía la culpa y no era este tipo. El idiota que chocó contra él y lo abandono como si nada, ese era el despreciable desperdicio de oxígeno que mató a su rubio.
—En realidad… la afortunada soy yo—respondió volteándose, y mientras esperaba que terminen de cruzar los vehículos por la avenida, en un susurro triste agregó—. Aunque ya no este conmigo…
Todavía estaba dentro del ascensor de su edificio cuando reconoció el hecho de que esperaba oír la voz de Naruto.
Mientras caminaba a su apartamento buscando las llaves, se convencía a si misma que sólo una vez. Una sola vez más y dejaría de fantasear esperando que las voces no estuvieran en su mente, dejaría de pensar que el fantasma de Naruto aparecería frente a ella para decirle que la llevaría con él, o que le daría alguna clase de solución aunque fuese mágica.
Suavemente, introdujo las llaves en la cerradura y abrió la puerta muy lento.
—Estoy en casa—dijo con un hilo de voz—. ¿Amor dónde estás?
Prendió las luces. Dejo sus cosas en el sofá. Y se dedicó a recorrer la casa, en busca de lo que fuese. Encendió las luces de todas las habitaciones, y volvió a pasearse por el lugar. Una y otra vez. Y otra vez hasta que la ansiedad la devastó y destrozó sus incipientes esperanzas.
Cuando se sintió tan miserable y cansada de sí misma.
Cuando ya no podía dejar de llorar, gritar y arrojar todo a su alrededor; estando al borde del colapso emocional y físico, una tenue, dulce y familiar voz le susurró una sola vez:
"En tu casa, anhelo estar... Habitación por habitación, pacientemente...Te esperaré ahí, Cerezo… Como una piedra esperaré por ti… solo..."
Capitulo inspirado en la canción Like a Stone, del grupo Audioslave. Tiene cierta conexión con este capi, la letra es muy tierna, les recomiendo escucharla y buscar su traducción.
Este tema marco mi infancia, lo escuchaba allá por los años 2003 a mis 8 añitos. Recuerdo que como no tenía la tecnología al alcance de mis manos debido a que era muy pequeña aun, y desde que descubrí que mi hermano mayor había grabado en un cd esa música, (si chicos, un cd es un dispositivo de almacenamiento muy arcaico en estos momentos, pero existió ¡Lo juro! XD) cada vez que él salía de la casa yo aprovechaba para entrar a su cuarto y revolver todas sus cosas hasta encontrar el bendito cd y disfrutarlo hasta que mi hora en la guillotina llegara ¡Valía la pena! Gracias a eso conocí Depeche Mode, The Rasmus, Metallica, entre otros artistas que amo. Soy toda una malota :3
Desde entonces era una rara, que niñita ama este tipo de música a tan temprana edad?
Me gustaría saber queridos lectores, tienen alguna anécdota de su niñez que les gustaría contarme? Yo tengo otras acerca de las cosas que encontraba en la habitación de mi hemanote… pero no quiero traumarlos XDD
Cuídense mucho! Nos leemos.
