Lo último que esperaba es que pasara tanto tiempo, de verdad agradezco a todos aquellos que han dejado un review, "favoriteado" a historia y amí como autora, significa mucho para mí que aún después de tanto tiempo se tomen la molestia de apreciar el trabajo que he hecho hasta ahora. La única excusa que tengo para mi desatención es la falta de tiempo y el hecho de que mi camino al trabajo es un viaje de dos horas tanto de ida como de regreso, cuando llego a casa lo único que puedo hacer es dormir TT_TT Dicho esto, vuelvo agradecer el apoyo y espero que este capítulo compense mi ausencia. BESOS.


II

—¿Está molesto?

Hermione suspiró por tercera vez.

—No, Rose, ya te lo he dicho: tu padre no vino porque hubo una junta en el Departamento de Leyes Mágicas.

Hugo no decía nada, se limitaba a ver a su madre desde el asiento del copiloto y después mirar a Rose por el espejo retrovisor. Cada vez que sus miradas se encontraban, la niña ponía cara de angustia.

—Tú también estás en ese departamento, — intervino Hugo al fin.

—Sí, pero yo no soy auror.

Rose bufó.

Hermione detuvo el auto frente a un local de comida rápida. Después de apagar el motor, se quitó el cinturón de seguridad y se giro para tener una mejor visión de sus dos hijos.

—Rose, —la niña no la miró, —Hugo, quiero que les quede algo muy claro: a su padre no le molesta que estén en Slytherin. Espero que no sea necesario que lo repita. Su padre los ama; admito que casi llora cuando enviaron esa carta pero está bien, de verdad está bien.

Rose se mordió un labio y miró a Hugo, que también se había girado para poder verla mejor. Sus ojos se encontraron por unos segundos, el castaño suspiró.

— ¿Sabe papá que Malfoy está en Gryffindor?

Ah…así que es sobre eso.

—Rose, a tu padre le tiene sin cuidado. Lo único que esperamos de ustedes es que pongan todo su esfuerzo en la escuela y se conviertan en la gran persona que se imaginan cada vez que piensan en su futuro. No nos importa en qué casa están, ¿queda claro?

Hugo asintió una sola vez, leve pero firme movimiento. Rose aún se veía dubitativa.

—Puedes hablarlo con tu papá cuando lo veas en casa ¿de acuerdo?

La pelirroja asintió. "Te lo dije", leyó la niña en los labios de su hermano, ella le enseñó la lengua.


—Está bien, está bien. Pero comenzaremos por los más pequeños, —dijo la abuela. Teddy, Victoire, Lucy, Dominique y Roxanne gruñeron.

—Siempre empiezan por los más pequeños, —se quejó Teddy. Su abuela le pegó con el bastón de metal que siempre mantenía en su mano a pesar de no necesitarlo.

—Tú ya eres un adulto…no sé por qué te siguen regalando cosas.

Harry le sonrió a su ahijado antes de que la abuela Molly interviniera.

—Boberías, Andrómeda, Ted es aún un muchacho.

El rostro de Ted se iluminó.

—Eso no significa que no tendrá que esperar su turno, —Molly se dirigió a su nieta más joven, quien llevaba el mismo nombre que ella.

—Aquí tienes terroncito…

Así comenzó el desastre que el intercambio de regalos navideños entre los Weasley representaba. Al final toda la nueva generación contaba con un nuevo suéter Weasley, golosinas, equipo de quidditch y, Rose, Hugo, James, Albus y Lily, con algún aparato muggle que era novedad para los del clan excepto para ellos…las ventajas de tener contacto con el mundo muggle.

—Honestamente mamá, ¿negro?

Molly miró a Ginny, se encogió de hombros y le dijo: —El color favorece a los tres niños, mira cómo el cabello de Lily hace un bellísimo contraste y los ojos de Albus resaltan.

—Cuando fuimos a comprar más estambre al callejón Diagon, sólo tenían de ese color, — dijo el abuelo Arthur.

La señora Weasley se sonrojó y le propinó un golpe en el brazo a Arthur.

—Da igual, se les ve divino.

—A mí me gusta, —corearon los tres Potter.

—Ahí lo tienes, ahora ven a ayudarme a sacar la comida al patio.

La abuela, Ginny, Hermione, Audrey, Angelina, Fleur, Charlie, Ron, Harry y Fred II, desaparecieron por la puerta de la cocina.

—Nos han clasificado por colores, — dijo Dominique jalando su suéter blanco, idéntico al de Victoire y Louis, excepto por las letras en el pecho.

—Me gusta este color, —repuso Roxanne, pegándose a la pared color caoba para ver si su suéter se confundía con el del muro, pero el marrón de su prenda era más oscuro.

Andrew, en su suéter azul, señaló a Rose y Hugo. —Encaja ¿no creen?

Hugo y Rose miraron sus suéteres verdes y se encogieron de hombros.

—¿Y Fred?

—Se fue a la cocina, —respondió Hugo, siempre observador de sus alrededores.

—Siempre está ahí, —se quejó James.

—Quiere ser cocinero, —replicó Roxanne, mientras robaba las ranas de chocolate que su hermano menor había olvidado tontamente sobre uno de los sofás de la sala.

—Chef, —corrigió Rose.

—Lo mismo, — canturreó James.

Hugo lo miró con desaprobación, pero no dijo nada.

—Mejor dejen de pelear, ayuden en la cocina, —dijo el tío Fred desde el otro lado de la sala, donde mantenía una conversación con los adultos que habían permanecido en la habitación, Ted entre ellos.

En todo lo que iba de las vacaciones, Roxanne y Lucy habían notado, Victoire y Teddy no se habían hablado. La rubia no dejaba de mirar, furiosa el cabello verde del metamorfomago. Las dos adolescentes intercambiaron miradas y sonrieron, cómplices del descubrimiento.

—¡A comer!

Los niños suspiraron, se habían librado de ayudar con todo eso; pronto cayeron en cuenta de que les tocaría la limpieza.

Uno a uno, comenzaron a desfilar. Andrew fue hasta su padre y le dijo algo al oído, Fred asintió y una vez en el patio, pidió silencio. Andrew se subió a una de las sillas, se aclaró la garganta: —Le pregunté a papá si sería bueno decir esto…Extraño a mamá, es mi primera Navidad sin ella, sé que no puede venir, que no vendrá, pero ¿podemos dejarle un lugar?

Casi a todos se les cerró la garganta. Verity había fallecido en enero mientras viajaba en motocicleta, dejando a Fred a cargo de su hijo de ocho años, Andrew. Los primos intercambiaron miradas pero sólo Molly se aproximó al niño y le dio su mano y un beso en la mejilla que, en circunstancias normales, Andy se habría limpiado.

—Por supuesto, voy por los platos que hacen falta, —dijo Ginny.

—Papá y yo podemos hacerlo.

Fred le dio la mano a su hermana mientras se dirigía a la cocina, murmurándole gracias con la voz entrecortada.

Los hijos de Hermione se mantenían silenciosos detrás de las sillas en las que habrían sentarse, sólo quien se hubiera fijado detenidamente se habría dado cuenta de que Rose y Hugo se habían tomado de la mano con fuerza y miraban a su madre con adoración.


—Tu abuela ya llegó, —dijo Astoria asomándose por la puerta de la recámara de su hijo.

—¿Sólo la abuela?

Astoria se mordió un labio y se acodó el largo cabello rubio.

—El abuelo no quiso venir.

—¿Es por qué él y papá gritaron por la antigua casa Malfoy?

—Sólo baja, cariño, no hagas esperar a la abuela.

—Está bien.

Las navidades en la familia Malfoy habían sido así desde que Scorpius podía recordar: el abuelo Lucius asistía a la celebración según su voluble humor, mismo que dificultaba el que Scorpius desarrollara afecto por el patriarca de su familia. Esa era una de las principales razones por las que le hacía más ilusión quedarse en Hogwarts. Si Lucius asistía ese año a la cena de Navidad, lo más probable era que terminara peleando con su papá; si no iba, Scorpius se quedaría con un agujero en el estómago al imaginarse a alguien solo en esa fecha.

El niño abandonó su habitación siguiendo a su madre escaleras abajo. La mansión, aunque modesta en comparación con la residencia Malfoy, no dejaba de ser un caserón con decoración victoriana. Llegaron al salón y Narcissa abrazó a su nieto con fuerza, Draco seguía detrás del piano blanco de cola, el gesto que portaba delataba que la conversación con Narcissa había sido una poco placentera.

—Bien, estamos listos para la cena.

Toda la familia avanzó hacia el comedor donde dos elfinas domésticas ataviadas con su uniforme, los esperaban. La conversación fue poca y, Scorpius notó, generalmente sobre él mismo. Astoria, siempre el rayo de luz en ocasiones especiales, intentó amenizar la convivencia unos horas después en el salón; tocó el piano y cantó algunos villancicos que la abuela aplaudió aunque sus ojos estuvieran tristes.

Cuando llegó la hora de abrir los regalos, Scorpius no pudo ocultar su sonrisa, la abuela siempre le daba los mejores caramelos franceses y sus padres se lucían al renovar su escoba año con año. Sin embargo, poco se imaginaba el rubio que su abuelo le había enviado un obsequio; el detalle fue una sorpresa, pero el obsequio en sí fue un horror: la Mano de la Gloria.

Espero que te guste este presente, Scorpius. Tu padre expresó interés en este objeto tiempo atrás.

Lucius Malfoy

El rostro de Draco se transformó, arrebató el oscuro artefacto de manos de su hijo y sin decir ni una palabra, desapareció entre las llamas verdes de la chimenea. Narcissa se llevó una mano al pecho.

—No sabía que conservara esa cosa, —le dijo a Astoria antes de dirigirse a su nieto. —Será mejor que duermas temprano ¿sí? Ten,— sacó una bolsita de terciopelo y se la dio a su nieto.

—No quiero dinero. Abuela ¿qué era esa mano?

Narcissa negó con la cabeza. —No es necesario que te preocupes.

—Pero papá está enojado, —replico el infante.

Narcissa miró a su nuera, ella asintió y entonces la señora Malfoy le dio un beso en la frente a su nieto antes de desaparecer, al igual que su hijo, entre llamas verdes.

—Mamá, papá discutirá con el abuelo de nuevo, ¿verdad?

Astoria suspiró, secó el sudor que ahora perlaba su frente y habló: —Será mejor que le hagas caso a la abuela, duerme temprano, mañana tu padre y yo hablaremos contigo.

—Pero…

—Por favor, Scorpius ¿sí?

Él parecía no querer ceder, entonces Astoria hizo lo único que se le ocurrió en el momento. —Hagamos un trato, te cambio un secreto por las preguntas que tengas ahorita, ¿sí? Es algo que ni tu padre sabe todavía.

El tono que había usado se asemejaba al que había usado cuando Scorpius tenía cinco años e insistía en que le compraran una escoba, en lugar de eso Astoria había negociado esperar hasta que él tuviera siete años y mientras tanto se conformaría con un libro de técnicas de quidditch y el equipo de seguridad.

—Está bien.

—No le puedes decir a tu papá antes de que yo lo haga, ¿de acuerdo?

—Estás negociando y me pones condiciones

Astoria se rió. —Está bien, pero es en serio ¡eh!

Scorpius bufó. —Ya dime.

—Vas a tener una hermanita o un hermanito

El niño abrió los ojos. —¿Y no le has dicho a mi papá?

La rubia miró a su hijo con su incredulidad.

—¿Me estás llamando la atención?

Scorpius negó efusivamente. —No, pero si no le dices antes de mediodía mañana, le diré yo.

Astoria sonrió de lado. Abrazó a su hijo y le murmuró "Feliz Navidad" antes de que Scorpius se escabullera escaleras arriba. Si alguien le hubiera preguntado a la esposa de Draco qué era lo quería para su hijo, ella habría respondido que le encantaría verlo sonreír así diario, a pesar de todas las contrariedades que su apellido le daba…al recordar la oposición de Draco a tener hijos por miedo a que su hijo sufriera lo mismo que él, Astoria tembló, sería difícil decirle a su marido que sería padre por segunda vez. Más difícil aún porque ella consideraba que ya era tiempo de que a Scorpius se le explicaran ciertas cosas del pasado de los Malfoy (que sólo se le habían dicho a medias) pues tarde o temprano estaría expuesto a ellas en sus clases de Historia.