Los personajes pertenecen a la siempre inigualable Stephenie Meyer, solo la desquiciada trama es mía.
Capítulo beteado por Manue Peralta, Beta FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction
...Eres un amor imposible
que sólo logro extender mis pensamientos
intentando alcanzarte...
intentando que me alcances
amor imposible de mis sueños dormidos...
.
"Let me be yours"
by
MarieelizabehCS
.
.
.
Shadows on the Road.
Sé que debería hacer algo. Justo ahora. Pero la cuestión era que me sentía incapaz de ejecutar cualquier movimiento, por mínimo que éste fuera o de realizar algún sonido, como tampoco me atrevía a pestañar por miedo a empeorar la situación más de lo que ya estaba. Aunque no tuviese relevancia alguna si lo hacía o no, el terror no me permitió hacerlo aún si se me irritaban los ojos.
¿Podría ser peor, acaso?
A ver… Estaba acompañada por un hombre, sin mencionar que estaba sentada sobre sus piernas masculinas —un total desconocido para él, pues nunca en la vida se habían encontrado—, y apoyado sobre mi cama. Como guinda perfecta Edward parecía querer asfixiarme contra su pecho duro, aprisionándome entre sus brazos como un escudo protector en una posición, por demás íntima, que nunca había compartido con la persona que nos observaba desde la puerta.
¿Qué demonios podría ser peor?
Oh… yo lo sé. Y es que, ¿qué se suponía iba a contestarle?
¿Cómo voy a explicarle quién es Edward, cuando se supone que nadie puede saber quién es él en realidad?
¿Qué piensas responderle ahora, Bella? ¿O le vas a mentir de nuevo?
Varias punzadas como púas ardientes sobrevinieron tan pronto como reflexioné enteramente sobre la situación; y una a una se me fueron incrustando bajo los pulmones, todas igual de dolorosas, profundas, venenosas, horribles y bien merecidas. Era incoherente tal vez, pero de alguna forma imaginé que el destino me tenía guardado algo como esto desde el principio, desde que todo el rollo de los Cullen surgió aquella mañana cuando Charlie me despertó. No era masoquismo, como tampoco era negativismo de mi parte, la perra tenía nombre propio y no había nada que hubiese podido hacer para luchar contra ella, aunque nunca me lo propuse de todas formas; nada podía cambiar su curso. Una vez provocada, tal como lo hice al esconder mi pesadilla, no había nada que me salvara de su venganza.
Karma.
Puto. Real. Karma.
Todo en la vida se devuelve tarde o temprano y lo que hice con Riley, mentirle, bajarlo a un segundo plano, eso… definitivamente lo tenía que pagar muy caro.
Nadie nunca te va a querer como él. ¿Cómo has podido dejarlo fuera de tu vida? ¿Mentirle? ¡Ah! Mentirle por un aparecido que no vale la pena… Negué sintiéndome la peor persona sobre la faz de la tierra. ¿Así le pagas a tu mejor amigo, el único que te apoyó cuando nadie más lo hizo? ¡Dime! ¿Dónde estaba Edward entonces, uh? Viviendo la vida que se suponía tú debías haber tenido. Feliz, sin preocupaciones, rodeado de todo el amor de sus padres y hermanos.
¡¿Quién demonios estuvo allí cuando lo perdiste todo?!
Edward pareció notar que algo iba muy mal conmigo, ya que de inmediato lo sentí tensarse bajo mi cuerpo. Como guiado por algún instinto, sus brazos me amarraron con más seguridad contra su pecho, quizás tratando de ocultarme de la mirada de mi mejor amigo, que a juzgar por su reprobatoria forma de verme, Edward había empeorado la situación todavía más.
Gracias, Edward.
¿Por qué me sentía de repente como una traidora?
Porque lo eres.
¿Qué explicación podría darle, cuando él no podía saber la verdad? ¿Tendría que mentirle?
¿De nuevo?
Riley estaba en la entrada de mi habitación, portando su rostro vacío de emociones, como si todo hubiese drenado de él, no había ninguna expresión en su bello rostro y eso era mucho peor que los gritos, que la ira misma. Porque por primera vez, luego de ocho años conociéndonos, no supe qué era lo que pensaba. No había pistas, ni ceño fruncido, ni mohín en sus labios.
Absolutamente nada.
Podía manejar cualquier situación. Si me insultara, me reprobara con palabras, porque, ¡mierda! Me lo tenía merecido todo; pero no esto, nunca esto. No podía reconocer a mi mejor amigo aunque lo tuviese a dos metros de distancia. Eso era lo más escalofriante de todo. No encontrar en sus ojos a la persona hermosa y solidaria que sabía bien Riley era. Esa que siempre hacía mi día más llevadero, menos pesado. Dios, ¿de verdad podría responder a su pregunta sin mentirle, sin hacerle más daño? Algunas lágrimas terminaron por descender por mis mejillas, enteramente embargada por la frustración de no saber, de no tener qué decir, ni qué responder.
—¿Quién demonios es él y por qué jodidos está abrazándote? —demandó luego de mirarme fijo. Me tensé por la sorpresa que me produjo escucharlo hablar de nuevo, no lo esperé para nada, como tampoco estaba preparada para escucharlo preguntarme en esos términos. Por un momento me asombró que mi Riley, mi chico, mi mejor amigo, me hablara de esa manera tan cruda.
Él nunca lo había hecho, o por lo menos no conmigo.
Pero tampoco era como si no lo mereciera. Él no conocía a Edward, ni podía distinguirlo como un amigo en común entre nosotros. Para él, se trataba de un total extraño que abrazaba con demasiada confianza a su —esperaba por todos los cielos— mejor amiga.
Entonces entendí que por su bien y por la seguridad de todos nosotros, lo mejor en estos momentos era seguir manteniendo la jodida boca cerrada. Suspiré mentalmente. No tenía más escapatoria que hundirme unos metros más en el lodo donde poco a poco me estaba enterrando sola. Era por su seguridad después de todo. Así lo perdiera cuando lo descubriera más adelante —porque sé que lo haría algún día (jodido karma)— no estaba dispuesta a que lastimaran a Riley por mi culpa o por culpa de Edward y los negocios raros de su familia. No a mi Riley. Sobre mi cadáver.
Me removí sobre Edward para verle mejor. Él había mantenido la vista fija en Riley todo el tiempo, estudiándolo, bien atento a sus reacciones casi como yo lo hacía. Edward desenroscó sus brazos un poco, permitiéndome erguir la espalda y así poder ver a Riley mejor.
—Él es… un primo lejano, Anthony Swan —dije. Edward abrió la boca, de seguro para soltar alguna estúpida provocación de las suyas, pero lo atajé—. Ha venido a visitarnos antes de irse a estudiar a Australia, ¿no es genial? Anthony estará con nosotros una buena temporada antes de partir. —Mi falso entusiasmo reventó contra las paredes de mi habitación como una ametralladora sin seguro.
Era obvio que ni el propio Edward daba un céntimo por mi desastrosa mentira.
Riley nos observó a ambos, a mí con inquietud y por más que me duela, desconfianza. Auch. ¡Demonios, si dolía que me mirara así!
Para mi alivio, luego su vista azulada se posó en la verdosa de Edward con insistencia, como queriendo deducir la verdad mediante ellos. Por lo visto, no pareció satisfecho con lo que encontró en los míos.
Doble auch.
Solo le tomó segundos verme a mí y luegoa Edward; pero lo cierto era que nunca había sentido el paso del tiempo caer sobre mis hombros tan lento.
—¿Anthony Swan? —preguntó dando algunos pasos dentro de mi habitación por primera vez. Su voz aún se escuchaba desconfiada. Él no era ningún tonto, Riley podía leerme mejor que nadie, me conocía mejor que yo misma. Así que sin querer tentar más mi suerte bajé la mirada a la alfombra esperando ocultar mi inseguridad y, ¿para qué mentir? También la terrible culpa que atenazaba cada centímetro de mi alma.
—Así es. —Edward respondió secamente, entre dientes, como si le costara demasiado seguirme la corriente. Idiota. Lo hizo adrede. Rodé los ojos antes de enterrar las uñas en su muslo derecho, donde descansaban mis manos. Eso pareció recomponerlo—. Un placer conocerte. Isabella me ha hablado tanto sobre ti que creo que ya te conozco —respondió lanzando una sonrisa mega brillante. Agh, simple y llano cliché. ¿En serio, Edward? Alcé la mirada y despegué mi espalda de su pecho, tensionada.
Riley lo miró con la ceja elevada.
Oh, no.
—Vaya, pues me sorprende que me digas eso, cuando Bella jamás ha dicho una sola cosa sobre ti. Es más, hasta ahora me entero que tiene más familia, aparte de su padre, claro. —Respuesta doblemente cliché.
Se miraron entornando los ojos y compartiendo un momento de silenciosa rivalidad.
No va bien Bella, no va nada bien.
A este paso, Riley no se creerá ni una palabra de lo que dices.
Tomé una bocanada de aire antes de acabar con aquella odisea.
—No nos veíamos desde que teníamos cinco años, Riley. Mi padre ha tenido algunas diferencias serias con los padres de Anthony, así que nos hemos alejado mucho. —Giró su rostro y posó su mirada en mis ojos de nuevo.
Siempre era bueno utilizar las "envidiables cualidades" de Charlie en estos casos.
Un segundo, dos segundos, tres segundos… El corazón me pitaba en los oídos como una bomba próxima a explotar y Riley no daba ninguna contestación, sonido o palabra.
Pero seguía mirándome.
Fijo.
Desconfiado.
El silencio entre los tres solo era roto por el mínimo resoplar de Edward, fluyendo entre nosotros como una pequeña cascada oculta, pero audible solo para los dos.
Él no me estaba ayudando en nada, solamente empeoraba la situación poniendo mis nervios de punta con cada resoplar fastidioso que abandonaba su nariz. ¿Qué le pasaba ahora? ¿No podía solo mantener las apariencias y pretender que algo de mi historia era verdad?
Un poco de su lengua viperina no me vendría mal.
¿Por qué tenía que volverse un cojonudo, terco y mudo justo ahora?
—Entonces… son primos. Tú y Bella son primos —reafirmó viéndonos a ambos mientras lo hacía, quizás buscando algún parecido físico entre nosotros. Respiré un tanto más tranquila, pues aunque no se terminase de creer la mentira, ya estaba sopesando la posibilidad como algo real.
—Sí, primos lejanos. La madre de Edward es media hermana de Charlie por parte paterna. Ya ves que el abuelo Swan se casó dos veces después de divorciarse de mi abuela —aseguré con ironía. No supe de dónde había sacado todo eso, mi abuelo murió casado con la misma mujer a los ochenta y tres años. Sin embargo, el abuelo Swan había sido todo un picaflor consumado y conocido por frecuentar burdeles de mala muerte en Oklahoma, donde residía con la abuela Clarice. Quizás si tenía alguna tía o tío por allí sin saberlo, después de todos esos amoríos que mantuvo fuera del matrimonio…
No es el momento ni lugar para pensar en esas cosas.
Me puse en pie, ignorando el resentimiento que sintió mi piel al alejarme de Edward, así como su propia tensión. Intentó tomarme de la mano, pero no se lo permití. Justo ahora, Riley era lo primero y él debía entenderlo. Gruñó algo por lo bajo y se puso de pie también.
—Supongo que lo que vi antes…
—Era el reencuentro de dos primos que se quieren mucho y que por circunstancias de la vida no se habían podido ver por muchos años. —Edward terminó de decir y se lo agradecí de aquí al cielo; porque por lo menos ahora sí que estaba colaborando. Pero dos segundos luego me arrepentí, cuando me tomó por los hombros para plantar un beso en mi sien, apretándome contra su pecho arruinó todo de nuevo. Suspiré llenándome de paciencia y calma. Riley nos miraba sin parar, de cierta manera incómodo por la confianza entre Edward y yo.
Puff. ¿Cuál confianza? Todo era un teatro de Edward para hacer sentir mal a mi amigo. Lo conocía lo suficiente para desconfiar sobre cualquier cosa que hiciera. Y esto no era diferente.
Edward podía ser un cretino cuando lo quería.
Obvié el hecho de sentirme usada por Edward y sonreí a Riley.
—Siento no haberte contado sobre Edward, yo tampoco sabía que llegaba hoy.
—No me debes ninguna explicación, Bella. Solo estaba muy preocupado por ti. —Lo miré de manera interrogativa, mientras sentía a Edward olfatear sobre mi cabello. Le di un codazo disimulado para que se comportara, pero solo provocó que riera por lo bajo, juguetón. Me pregunté qué demonios estaba mal con él para que fastidiara justo ahora cuando necesitaba prestar plena atención—. Te fuiste de la escuela sin despedirte y como nadie sabía sobre tu paradero, me preocupé.
—Oh.
Pensé que nadie se iba a dar cuenta de que no me encontraba y cuando Edward llegó a mi escuela de improviso, perdí la cabeza. Estúpidamente me equivoqué de nuevo.
Además, ¿cómo no se me ocurrió pensar que Riley sí iba a notar mi ausencia? ¿En qué cabeza cabe?
Otro aguijonazo de culpa a la lista.
Soy tan mala, mala amiga.
Edward afianzó el agarre sobre mis hombros.
—Ha sido mi culpa todo el malentendido. Yo la llamé para que me fuera a buscar al aeropuerto de Seattle de improvisto. En verdad siento que estén disgustados por mi culpa. —Juntó su barbilla con el tope de mi cabeza y suspiró—. No era mi intención molestarlos.
Parpadeé sin poderme creer lo rápido que pensaba Edward.
—No hay ningún problema. —Riley medio sonrió mientras nos veía—. Pero para la próxima mira tu móvil, te he dejado como cincuenta mensajes.
Me sonrojé y asentí una vez.
Riley miró otra vez a Edward y éste de igual manera a él.
—Supongo que también es un gusto conocerte —dijo sincero.
Edward mostró su dentadura perfecta de par en par al contestar: —Claro, cualquier amigo de Isabella es también mi amigo.
Asintió y se acercó lo suficiente para dejar un beso en mi mejilla. Si me lo preguntan, era muy extraña la situación. Edward aún me abrazaba fuertemente contra él y recibir un beso de Riley así… fue incómodo. Y creo que él también lo sintió igual. —Nos vemos, Bella.
—Hasta mañana, Riley. Y gracias por preocuparte.
Me guiñó el ojo desde la puerta con una bella sonrisa en sus labios.
—Siempre, Bells.
Nos miró una última vez y se despidió con una mano antes de irse por la puerta.
Suspiré dejándome recargar sobre Edward. Ahora sí que apreciaba su cercanía. Me sentía tan cansada…
—¿Te gusta? —Rompió estruendosamente el silencio preguntándome semejante cosa. Era bastante claro que no le importaba un pepino lo que acababa de suceder.
—No tienes filtro en la cabeza, ¿verdad? Porque todo lo que piensas sale disparado por tu boca sin reparos.
Continuó como si no hubiese dicho nada en absoluto.
—Creo que está enamorado de ti.
Me alejé de su lado mirándolo como un loco de remate, un descerebrado sin escrúpulo alguno.
¿Qué cosa acaba de decir?
Edward me tomó de la mano impidiéndome dar otro paso. ¿Por qué me tenía que decir eso? ¿Es que acaso le encantaba jugar con mis nervios? ¿Quería volverme loca? ¡Claro que Riley no estaba enamorado de mí! Es imposible. Simple como eso. Y, ¡¿por qué jodidos tenía que sentir este hormigueo en la mano?! Posé la mirada en el punto de unión de nuestras manos y arrugué el ceño.
—No puedes estar hablando en serio. Riley y yo somos solo amigos, muy buenos amigos a decir verdad. Pero nada más que eso. No sé de dónde has sacado que entre él y… Espera un momento, ¿por qué tengo que estar dándote explicaciones a ti, de todos modos? —Me solté de su impelido agarre, intentando no pensar más de la cuenta sobre sus palabras y en la despreciable sensación de calidez de su tacto.
Me dirigí hasta mi cama y me dejé caer sobre el colchón sin pensármelo dos veces, solté un suspiró mientras me tapaba los ojos con mi brazo.
—¿Estas enfadada? —preguntó con tono impregnado de confusión.
Resoplé por la nariz.
—¿Tú qué crees?
Esperó un segundo antes de contestarme, según escuché, sinceramente. —Creo que eres una persona muy difícil de leer.
Se tumbó a mi lado, provocando que los soportes de la cama rechinaran de forma feroz bajo su peso.
—No me conoces lo suficiente, entonces.
Esta vez fue él quien resopló. Fue un sonido un poco discordante, pero lleno de masculinidad que sin lugar a dudas fue culpable de que mi piel se erizara.
Suspiré y aparté mi brazo de la cara. No quería que supiera demasiado.
—Le mentí a mi mejor amigo, otra vez. —Dejé caer entre los dos lo que en realidad me estaba aniquilando los sesos. Bueno, eso además de toda a implosión de emociones, recuerdos, nostalgias, vivencias, que habíamos tocado antes de que Riley apareciera por esa puerta. Ya me encontraba con los sentimientos a flor de piel cuando me vi obligada a engañar a mi amigo, por segunda vez en el mismo día.
—No tenías otra opción, nadie puede enterarse de quién soy y lo sabes bien.
Era cierto, nada más que la verdad; sin embargo, eso no hacía ninguna diferencia importante. Porque por más que me lo repitiera cien mil veces más, el sentimiento de culpa no iba a desaparecer así porque así.
Me giré de medio lado, apoyando la cabeza sobre mi mano para verlo. Cualquiera que supiera sobre la verdadera identidad de Edward o estaría en riesgo por saber demasiado o por el contrario, podría ser alguien con interés en delatarlo.
No se podía confiar en nadie.
—Gracias por ayudarme con Riley, no me gustó mentirle. Lo odio en verdad, fueran las razones que fueran; pero aprecio que no me hayas puesto en una posición más difícil. —Lo conocía lo suficiente para saber que estuvo tentado en varias oportunidades a soltar alguna de sus insinuaciones morbosas o tajantes.
Sonrió de medio lado, como todo el galán cotizado que era, porque al parecer le había sumado unos puntos extras directo a su descarriado ego. Entorné los ojos arrepentida de haber si quiera abierto la boca.
—Fue todo un placer… hacerlo. —Elevó su par de tupidas cejas cobrizas, dando a demostrar el doble sentido de sus palabras.
Ugg.
Cerdo.
—Eres un asqueroso, Edward Cullen.
—¡¿Pero qué hice?! —preguntó desenfadado, elevando las manos y sonriendo de oreja a oreja.
—Lo sabes bien. Ahora, ¿serías tan amable de levantar tu trasero de mi cama? Quiero descansar un poco y me distraes. —Con todo lo sucedido, lo más que deseaba era poder cerrar los ojos y recostarme un momento. Mostró su impecable dentadura como respuesta, junto con esa mirada de burla llena de picardía que clasifiqué como peligrosa hace algunos días; lo detuve poniendo mi mano sobre su frente para callar cualquier indirecta. Estaba realmente cerca de nuevo—. Ni se te ocurra decir algo innecesario.
Sonrió y lo empujé hacia atrás con mi mano, provocando un risa de su parte.
Hermosa.
Encantadora.
Tomó mi mano apartándola de su rostro, pareciendo todavía muy divertido por la situación.
El corazón se me aceleró, se me atragantó la saliva un tanto cuando sin esperarlo, Edward llevó sus labios a mi piel besando el dorso de mi mano con cariño. Una corriente eléctrica me sacudió hasta la raíz del cabello como una onda de alta intensidad.
Papilla, mi cerebro se convirtió en simple y viscosa papilla.
Dios. Bendito. Seas.
—Gracias por perdonarme. Sé que no lo merezco, que carecí de interés o más energía para mantenerme cerca de ti; pero créeme cuando te digo que no te defraudaré. —Otro beso—. Nunca más te dejaré caer, Bella. Eso te lo prometo.
Dejó ir mi mano para luego acercarse acortando la distancia entre nuestros rostros. En cámara lenta, me quedé inmóvil, ansiosa sin saber qué hacer, lo sentí dejar un suave beso sobre mi frente.
Sonrió y por acto reflejo me mordí el labio.
Tan pronto como vino, se alejó poniéndose en pie.
—Todavía tenemos una conversación pendiente, Isabella.
Asentí aún paralizada, sintiendo ni un solo céntimo de energía restante en mi cuerpo para contestarle de alguna otra forma más humana.
Estaba jodidamente perdida. Si siento lo que creo sentir, si pasa lo que creo que está pasando… seguramente será mi final.
Sus ojos me atraparon por unos segundos, la intensidad que transmitían me sorprendió. Lo admito, el corazón se me subió a mil como una jodida bomba a punto de reventar por los cielos. Había dos opciones o mis sesos volarían por los cielos o me daría un derrame cerebral.
Ninguna de las dos era buena.
No. Yo no puedo estar sintiendo esto por él…
—Que descanses. —Asentí de nuevo. Edward se rió de mi reacción o la falta de ella antes de dejarme sola. Ahogada, inestable y con una duda existencial aguijonando cada centímetro de mi cerebro.
Mierda.
Estaba tan jodida.
Hola niñas, gracias por los mensajes y buenos deseos. Siento la demora, ha estado un poco loco en el trabajo ¬¬... en fin el estres me hizo redactar el capi... extremadamente ironico... De nuevo muchas gracias por los mensajitos y a mi Beta Manue !Gracias te quedo super genial! muaxxx
ATT: MarieelizabethCS
