Un chico apareció enfrente de nosotros. Llevaba más piercings en la cara de los que jamás había visto. Nos dijo que era uno de los dirigentes de Osadía, cosa que me puso muy nervioso, ya que ese chico, no mucho mayor que yo, podía decidir mi futuro.

Os informo que ahora tendréis que demostrar vuestra valía, – tenía una voz estridente y autoritaria- deberéis saltar de este edificio confiando en vuestra nueva facción.

¡Pero qué estás loco! – exclamó Christina- ¡Hay siete pisos hasta el suelo!

¿Qué sucede? – preguntó él con una voz muy, muy suave, casi un susurro que a la vez me hacían poner los pelos de punta- ¿No eres suficientemente valiente como para eso? ¿No confías en tu nueva facción? Si es cualquiera de esas una de tus respuestas ya sabes donde tienes que ir, ya que no hay sitio para ti en Osadía.

Christina enrojeció. No sabía que responder, y eso nunca le había pasado hasta entonces.

Pues eso, que quiero que todos tengáis y demostréis el valor como para saltar.

Me acerqué al borde, miré a bajo y tuve miedo. Sentí la bilis como subía hasta mi boca, pero pude contenerla. Nadie quería saltar el primero, así que avancé un poco para lanzarme pero la vi a ella. Tenía miedo, se le notaba, las piernas le temblaban, pero aun así respondió ante la provocación que acababa de lanzarle mi amiga Molly. Ella iba a ser la primera.

Se quitó la camisa gris que la cubría y se quedó tan solo con una camisa de tiras. Me la lanzó a la cara y la cogí al vuelo, sin dejarla que me tocara.

Beatrice se acercó al borde, inspiró y saltó. Se dejó caer hacia el vacio y el corazón se me paró. Tenía miedo de lo que le hubiese podido suceder, así que decidí ser el segundo.

Me acerqué al borde decidido. Un paso, otro. ¿Era miedo lo que sentía o era emoción? Una ilusión brilló en mi interior. Iba a hacer algo que mis padres nunca me dejarían ni se imaginarían que haría. ¿Qué habían pensado de mí? No lo sabía y de hecho, en un momento en que iba a saltar des del tejado de un bloque de siete pisos, no me importaba en absoluto.

Una vez estuve en el borde volví a mirar hacia abajo. No vi nada, solo un agujero negro que invadía todo el espacio. Aun así tenía que hacerlo. Contaría hasta tres y saltaría.

Uno. ¿Qué estaría haciendo mi familia? ¿Me odiarían mucho? ¿Llegarían a perdonarme algún día?

Dos. ¿Llegaría a conocer a aquella chica alguna vez como si fuese una amiga? ¿Superaríamos ambos la iniciación? ¿Algún día podría confesarle a alguien mi verdadera razón por la cual había elegido Osadía?

Tres. Era el momento. Era osado y debía demostrarlo. Cerré los ojos y me lancé al vacío. A un vacío incierto. No sabía dónde me llevaba, solo que era una sensación que me gustaba. Me hizo sentir lo mismo que sentí el primer día en verla. Entonces aterricé.

Una red. Eso es lo que nos esperaba a todos los que habíamos de saltar. Oí que alguien me llamaba.

Hacia aquí. Acércate. – una voz de chico me llamó la atención.

Me agarraron unas manos de chico. Le mire a la cara y vi que, al igual que el otro, no debería ser mucho más grande que yo.

¿Cómo te llamas? – me preguntó.

Peter, me llamo Peter.

El segundo saltador, - anunció- ¡Peter!

Una multitud empezó a chillar y a silbar enfrente de mí. Un grupo muy grande de personas, todas vestidas de negro, se apareció ante mí. Creí que me gustaría aquello que veía, y no me equivoqué para nada.

Des de la plataforma la busqué, había buenas vistas des de allí, y la encontré, sonriendo satisfecha. Esa sonrisa se me pegó, y bajé los tres siguientes metros de caída con ella dibujada en los labios.

Uno a uno los siguientes iniciados fueron saltando y llegando hacia donde estábamos yo y Beatrice, y nos fuimos agrupando. Cuando el último hubo bajado y se hubo unido, los miles de ojos se centraron en nosotros.

El chico de la plataforma se fue acercando hacia nosotros, y nos hizo un gesto con la cabeza para que le siguiésemos. Nos alejamos de la multitud y una vez se hubo apagado un poco el ruido, se presento.

Me llamo Cuatro, y seré vuestro instructor en la iniciación.

¿Cuatro? ¿Cómo el número? Qué raro me parece… - intervino Christina.

Sí, ¿Tienes algún problema? – respondió Cuatro fulminándola con la mirada.

Mmm… No, ninguno.

Pues como os iba diciendo ahora vais a ser divididos entre los iniciados que nacieron en Osadía y los transferidos. Los iniciados osados marchaos con Eric, por favor.

Nosotros seguimos a Cuatro por muchos corredores negros e irregulares, hasta que llegamos a una habitación.

Aquí vais a dormir todos. Mañana os daremos nuevas informaciones, de momento esta noche dormid tranquilos. Buenas noches.

Entramos, había muchas literas alineadas, y decidí dormir en la superior de una punta, cerca de ella. Quería acercarme, pero ella estaba hablando, con sus nuevos amigos, así que decidí tumbarme e intentar dormir.

Miraba hacia el techo, blanco puro, y pensé en todas las emociones vividas en un día. Me encantaba el haber cambiado de facción, y más aun habiendo sido con ella. Lo último que recuerdo es estar pensando en qué sucedería al día siguiente, pero sé que lo último que vi antes de entrar en un sueño profundo fue su sonrisa.