Pairing: Rin x Haruka
Warning: Yaoi [HxH] Capítulo triste. (?)
Disclaimer: Free! le pertenece a Kyoto Animation
N.A: Y llega el sufrimiento de Rin y Haru. Angst everywhere. uwu ¿Por qué todos los capítulos de Free! ahora son tan MakoHaru? ;/;
El agua le caía sin cesar, empapando cada parte de su cuerpo, asegurándose de que nada quedara sin ser rociado por ese líquido, el pelinegro apoyaba sus manos en la pared, pensando, o más bien, tratando de dejar de pensar, el agua, eterno consuelo para él, ahora no servía de nada.Daba igual cuanto lo intentara, su cabeza ahora era un total caos, lleno de preguntas. Se suponía que no me interesaba competir. Eso se suponía, eso había creído siempre. Que a él solo le interesaba el agua, no las competiciones, que lo que él quería era nadar libremente, no medallas, y aún así, ahora, con su orgullo herido, parecían importarle las competiciones. Pensaba que después de competir con Rin, sería libre… Tan ingenuo, tan estúpido, en el fondo él ya lo sabía, que daba igual cuanto compitiera, no podía ser libre, incluso si ganara la carrera, eso solo habría sido otra cadena a su cuello, porque Rin le obligaría competir de nuevo, una y otra vez, hasta destrozarle, tal y como había hecho hoy. Agradeció que el agua le cubriese la cara, de esa manera, aún sí alguien pasaba por allí no lo notaría, no notaría como el chico que nunca muestra sentimientos lloraba.
Sonreír, no era tan difícil, mover unos cuantos músculos y ya. No tendría porque ser difícil, y tampoco tenía porque ser doloroso, pero a él le dolía. Le acababa de ganar a su enemigo de toda la vida. ¿Entonces por qué no sonreír? La respuesta era fácil, pero le molestaba la idea de reconocer que no sonreía porque había destruido a alguien, a alguien que amaba, por su maldito egocentrismo había destrozado algo más importante que las victorias o los sueños, y llevar la carga de haber acabado de una u otra manera con lo que él más quería, era algo, que, sin duda, dolía.
-¡Matsuoka-senpai! –Ahí estaba, como una sombra, Nitori, Rin se forzó a sí mismo a sonreír, no dejaría que ese crío notara como estaba realmente, nadie debía saberlo.- ¡Lo logró! Se ha clasificado para la final, y además le ha ganado a Nanase-senpai.
-Así es. –El oír ese nombre, simplemente era como si le clavaran algo directo al corazón, el dolor era insoportable.- Debes esforzarte tú también.
-¡Sí! –Y agradeció enormemente que Nitori se fuera, fingir era duro.
Su suspiró resonó, mientras bajaba la cabeza, su profesora, Ama-chan, como la llamaba Nagisa, había asegurado que era inevitable que todos los del club salieran corriendo a buscar a Haru, en realidad eso no era lo que le preocupaba en absoluto, si no otra cosa, ella había esperado que cuando el pelinegro y su hermano nadasen juntos, aunque fuese en competición, algo cambiaría para mejor, pero con solo verlo desde las gradas sabía que no había sido así, no había oído lo que su hermano le había dicho a Haruka, pero había notado como lo apartaba el pelinegro después, sin ningún cuidado, casi con asco, y la cara de su hermano, de puro asombro le había indicado que algo no andaba bien con ellos, eso era lo que le preocupaba, tan solo deseaba que ambos estuviesen bien, y que aquello solo fuese temporal.
Solo quería estar solo, poder dejar de sonreír, pero el mundo se ponía en su contra, lo supo cuando quiso salir del pasillo hacía la piscina, para ir con su grupo, y se encontró con Makoto, Nagisa y el peli-azul que ni siquiera conocía. Por lo menos no tendría que sonreír, nunca lo hacía con ellos, no tenía porque hacerlo ahora.
-Vosotros… -Se giró hacia el lado, solo el ver a Makoto era como ver una derrota delante, sería el castaño quién cuidaría de Haru ahora, porque incluso si él quería hacerlo, le había hecho demasiado daño.- Ah, ahora que lo recuerdo, vosotros también vais a nadar…
-Rin-chan… ¿Has visto a Haru-chan? –Preguntó Nagisa, captando la atención del de ojos rojos.
-¿Haru? –Parecía que todos se habían puesto de acuerdo para nombrárselo cada 3 segundos, joder.
-Él no ha regresado… -Perfecto, jodidamente perfecto todo, no le llegaba con nombrarlo, tenía que decirle que no había regresado, echándole la culpa indirectamente.
-¡Já! ¿Tanto le ha afectado perder contra mí? –Le habría gustado ir con ellos a buscarlo, a decirle que lo sentía, pero no podía darse el lujo, solo le quedaba darles a entender que Haru le importaba una mierda. –Si dijo que no le importaba ni competir ni el tiempo.
-No es por competir, quizás es por otra cosa. –No conocía esa voz, era el jodido tío de gafas. ¿Qué coño tenía que opinar ese de Haru? ¿O es qué acaso le conocía? Le daban ganas de dejarle claro quién conocía a Haru más que todos a base de golpes.
-¿¡Acaso hay otra cosa que importe en la natación aparte de competir!? –No le importó si gritó, pero no podían pedirle que se quedase tranquilo cuando un tío que ni conocía se ponía a hablar de Haru de esa manera.
-Sí que la hay. –Esta vez fue la voz de Makoto, y ahora procuraría controlarse, gritarle al castaño podía traer malas consecuencias.- Al menos para Haru la hay. Tú se la enseñaste, Rin. En aquel relevo cuando aún estábamos en primaria… En ese momento tú-
-¡Yo no sé nada de eso! –Gritó, aún sí había querido controlarse, no quería recordar, no quería que le hiciesen recordar, ya se estaba haciendo daño con cada palabra que decía para que aún por encima le obligasen a recordar que fue él quien le enseñó a Haru que había algo más que competir, quería irse, quería que le dejasen en paz, necesitaba aclararse algunas cosas.- El caso es que le gané a Haru, eso es todo.
No lo entendía, por supuesto que no lo entendía. Si se ponía a pensarlo, no encontraba ninguna razón para nadar, él nadaba, simplemente. Seguro que todos tenían miles de sueños relativos al agua, que aspiraban a algo, él no aspiraba a nada. Lo hacía por hacer algo. Era patético. Había pretendido ganarle a alguien que si tenía sueños, eso era imposible. Había pretendido tener un lugar en el corazón de alguien que aspiraba a algo, era imposible importarle a alguien así. No, más bien, era imposible que alguien como él, una cáscara vacía, sin sueños ni deseos, sin aspiraciones o metas, le importara a alguien como Rin, lo había entendido demasiado tarde. ¿Era su destino estar solo? ¿Estaba hecho para ser herido una y otra vez? ¿Llegaría un momento en que todos le dejaran persiguiendo algo, mientras él se quedaba en el mismo lugar?
-¡Haru-chan! ¡Aquí estás! La competición de Mako-chan está a punto de comenzar… -Su mente ni siquiera razonaba en ese momento, ¿Por qué estaba ahí Nagisa? Y hablando de Makoto… ¿El castaño también le dejaría solo?- ¡Ven, rápido!
-No iré. –Quería ir, pero temía hacerse daño de nuevo, él era un delfín herido, que tenía miedo de que el dolor siguiese, que se escondía.
Pero Nagisa no lo entendió, el rubio sabía que Haru estaba mal, solo con mirarlo era evidente, pero si alguien podía ayudarlo, a parte del agua, era Makoto. Así que se lo llevó, no dejaría que Haru se hundiera cuando podían ayudarle.
Y no se hundió, cuando la luz llegó a sus ojos, estos volvieron a tener ese brillo suyo, a reflejar ese océano que tanto amaba, cuando vio a Makoto intentar ganar, esforzarse, cuando le sonrió a pesar de haber perdido, cuando fue corriendo junto a los demás para animar a Nagisa, lo supo, él no debía de haber llorado, no cuando aún debían de competir sus amigos, al menos mientras siguieran juntos, deberían apoyarse unos en otros, aún sí eso de dar apoyo no se le daba bien, debería de haber estado allí, pero no había estado, de alguna manera eso le hacía sentir horrible, sus problemas con Rin habían afectado al grupo, por su culpa. Se había dejado llevar por sentimientos cuando los demás le necesitaban, alguien como él, que nunca mostraba emoción alguna… Volvía a parecerse patético a sí mismo. Debía pensarlo con más detenimientos, se acercó a los demás, o a Makoto más bien y le dijo que no se encontraba bien, notó la preocupación del castaño, de haber podido le habría regalado una de esas sonrisas tranquilizadoras, pero eso no iba con él, así que se limitó a irse de allí, la piscina de su instituto sería un buen lugar para ordenar, al menos un poco, sus pensamientos.
La noche apareció casi de repente, seguía en aquella piscina, mirando la luna, que parecía querer tranquilizarle con su imperturbable brillo blanco, la luna era tan bella, la luna tenía un propósito, iluminar las oscuras noches, hasta las estrellas tenían propósitos, pero él no. ¿Qué es lo que buscaba? ¿Ganarle a Rin? No, él no quería eso. ¿Quería perder acaso? No, tampoco era eso. ¿Por qué luchaba entonces? ¿Por la atención del pelirrojo? Probablemente, aún así, el recibir atención de alguien como Rin se veía como un deseo lejano, un deseo doloroso y angustioso, destinado a no cumplirse, a crear heridas y a dañar. Volvió a mirar a la luna desde el fondo de la piscina, como esperando una respuesta, pero nada de eso llegaría, quizás era el momento de irse a casa.
El hecho de que las luces de su caso estuviesen encendidas era como mínimo extraño, barajaba varias posibilidades, quizás se le habían quedado encendidas en la noche anterior y con la luz del día no se había dado cuenta, o puede que alguien estuviese ahí, lo mejor sería entrar para averiguarlo, así que avanzó hacía la puerta y la abrió, sorprendiéndose al encontrarse con Makoto allí, sentado en la puerta y dormida, con su móvil , que casi nunca utilizaba, sobre sus manos, parecía tener un mensaje, o eso anunciaba la luz parpadeante, lo cogió y se puso a escucharlo, debería de ser algo importante para que Makoto se quedará allí esperándolo.
Y era importante, cada uno de sus amigos, preocupados, buscándole, pidiéndole perdón por haberlo apuntado en el relevo, animándole a participar con ellos, teniéndole en cuenta. Pensaron en él, no le reprochaban el haber perdido, no le reprochaban el no haber estado con ellos, no le apartaban, no le dejaban solo. Había pensado que acabaría solo, no se había dado cuenta de que los amigos no te dejan solo, que él tenía amigos, grandes amigos, que le apoyaban. No les fallaría, no le fallaría a Nagisa, por haberle obligado a ver a Makoto nadar, no le fallaría a Rei, por haberse apuntado y luchado en la competición, no le fallaría a Kou, por haberle apuntado en el relevo y darle la oportunidad de nadar de nuevo, no le fallaría a Makoto, porque el castaño había estado siempre con él, nadaría con él, porque era lo que ambos querían.
-Makoto…
-¿Haru?
-Vamos a participar en el relevo, ¿no? –Y con solo ver la cara de felicidad del de ojos esmeralda supo que estaba haciendo lo correcto.
Estaba cansado, se había pasado la noche pensando en lo que había pasado, creía que debería de haber alguna forma de arreglar lo que había pasado con Haru, quizás podría ir a su casa y hablarlo tranquilamente con él, sería lo mejor, sin interrupciones ni molestias de por medio, solo Haru y él.
-¡Matsuoka-senpai! ¡Venga rápido! –Maldito Nitori y maldita toda su familia, no podía ni pensar tranquilo, tenía que venir ese puto crío a darle la lata.
-¿Qué pasa? –Tenía que sonar calmado, calma, calma.- Todavía falta para el relevo de Samezuka.
-¡No es eso! ¡Nanase-san y los demás van a participar en el relevo! –Por fin ese crío decía algo interesante, no sabía que Haru y los demás se habían apuntado al relevo, salió disparado, aunque Nitori le gritara, una mierda le iba a esperar, había cosas más importantes que hacer.
Lo vio en cuanto llegó, Makoto preparándose, Nagisa animándole, Haru impasible pero con ese brillo tan especial en los ojos que Rin pensaba que había apagado, todo como en los viejos tiempos, a excepción de que él no estaba allí, él no estaba con ellos, estaba al otro lado, mirándolos con rabia, con furia.
El primero en saltar fue Makoto, con ese estilo tan característico suyo, el segundo Nagisa, él tampoco había cambiado para nada su forma de nadar, el siguiente fue en cuatro-ojos ese, cuyo nombre no conocía, y tampoco le interesaba conocer. ¿Por qué alguien como él nadaba con Haru? ¿Por qué él podía nadar con Haru sin hacerle daño? Sin ni siquiera darse cuenta su mirada ya estaba sobre el de ojos zafiro, y la mirada del pelinegro sobre él, no hicieron falta palabras, esa mirada volvía a estar llena de vida, y Rin supo que en ese momento Haru se había librado de sus cadenas, dejándoselas al pelirrojo en la mano como recordatorio de lo que pudo ser y no fue.
Dolía, ver como el pequeño delfín saltaba al agua después de que aquel peli-azul tocase la pared, dolía ver como el odio de Haruka, que en un principio había pensado sería letal para todos, se centraba solo en el.
Dolía.
Pero más le dolería a Haruka cuando lo volviese a atar las cadenas al cuello.
Nunca se debe de jugar con un tiburón, nunca.
