¡Hola!

¿Cómo decir que este capítulo es y no es la continuación del anterior? Hay una pequeña frase en el primer capítulo que no se respetara en esta continuación. No les diré cuál para no arruinarles el final. Pero todo lo demás se mantiene, y por eso decidí no hacer una historia aparte. Así que quedamos en que Itachi y Sakura debían encontrarse…


Destructor de Sellos

Capítulo II

Hoy. Cerca del Puesto de Control No. 3. Suroeste de Konoha.

¿Dónde está él?

No pudo venir—respondió ella con rudeza. Estaba cansada y un poco asustada. Dejó caer su capa sin prestar cuidado y lo miró de frente.

¿Has venido sola? —inquirió él, sin moverse del alféizar de la ventana donde estaba apoyado.

Sakura respondió con escozor:

No puedo estar organizando comitivas para venir a verte.

¿Qué sucedió?

Lo más obvio. El clan de Neji no se tomó muy bien que apareciera sin el sello—explotó ella. Se mordió la lengua después de haberlo dicho, no debía comentar asuntos de su aldea con extraños.

Pero qué le importaba si alguien se enteraba. ¿A caso a alguien le importaba si su aldea se iba al desagüe o si la desangraban los vanos intereses de unos pocos?

Qué importaba que ella estuviera ahí y no al lado del hombre que amaba. Qué importaba que ella dejara sus tareas en el hospital para atender a un hombre desconocido. Qué importaba que ella dejara de socorrer a sus amigos por andar vagando en las fronteras…

Por un momento pensé que tendría que ir a cobrar la parte de mi trato a Konoha—habló él, con un poco de burla en la voz.

No me he retrasado—cortó ella.

Itachi Uchiha caminó hacia ella. Sakura no le permitió que se acercara más, pues corrió a preparar lo que necesitaba. El hombre se detuvo en el centro de la estancia y la miró alistarse.

Quítate la camisa—dijo ella, tensa.

¿Quién más sabe? —inquirió él, sin despegar sus ojos negros del rostro de la mujer. Ella apretó los labios. Su presencia se limitaba a ejecutar una técnica, no pensaba servir de espía—Me interesa, Sakura. Exijo saberlo.

¡Nadie!—exclamó ella, conmovida—Nadie lo sabe y a nadie le interesa—sollozó. Cuando se percató que había perdido el control, volteó el rostro.

Ninjas del Rayo están tras el Hyuga—explicó Itachi. Observó con detenimiento a la mujer. No había que ser un genio para saber los problemas que se les vendrían encima por lo que estaban haciendo; tan solo esperaba que ella pudiera soportar mejor la presión o fracasarían, los tres fracasarían. Decidió ponerla al tanto y darle las responsabilidades que su trabajo y promesa requerían—La aldea del Rayo está obsesionada con el Byakugan. Mi fuente me dijo que notaron un cambio en la técnica de combate de Neji.

Sakura se mordió el labio, temerosa. Por un lado, era la primera noticia recibía sobre Neji desde hacía varios días. Por otro lado, sabía bien que Itachi Uchiha y Neji Hyuga no podían aparecer en la misma oración o los dos pagarían un alto precio en sus respectivos grupos.

Itachi la miró compasivo. La muchacha se veía demacrada y famélica, además, no era tonta. Sabía bien el riesgo que corrían y nada servía molestarla. De todos modos, él confiaba en ella y le había tomado gusto a eso de andar sin dolor.

Entre más rápido me atiendas, más rápido estarás con tus amigos—le dijo.

No tengo con quién estar—musitó ella.

O.o.o.

Flash Back.Dos semanas atrás. Hacia el sur.

¡Itachi! No vas a creer lo que tengo—dijo con una sonrisa larga y dentada el Monstruo de la Neblina, mientras señalaba una burbuja de agua que mantenía atrapada a Hinata Hyuga, ninja de la Hoja.

Suéltala.

Ya sé que no representa ningún peligro. Pero me gusta verla ahí—los ojos pequeños de Kisame recorrieron el rostro delicado de la mujer con lascivia.

Suéltala.

¿Encontraste a la anciana de las vasijas? —inquirió Kisame, poniéndose en el hombro a Samehada.

Era un fraude. No era capaz de hacerlas—dijo Itachi, se colocó su sombrero para continuar el viaje—Suelta a la Hyuga, Kisame.

No.

Lo he dicho tres veces. Mi paciencia se agota.

Kisame resopló y con un movimiento perezoso de manos deshizo la burbuja de agua. Hinata cayó al suelo estrepitosamente y dio grandes bocanadas, buscando aire, escupiendo agua. Kisame le puso la espada a centímetros de la cabeza, para amedrentarla. Hinata temblaba, pegada al suelo.

¿Y ahora? —preguntó Kisame, como un niño malcriado. Había esperado dos días para enseñarle su presa a Itachi, se moría de ganas por saber cuáles eran los planes que tendría con la chiquilla.

Seguimos.

Hinata volteó asustada hacia la voz, pero no se atrevió a moverse más.

¿Qué estás diciendo? —exclamó Kisame, alterado—¿La dejamos aquí? —Itachi ya llevaba diez pasos de camino—Es mi presa. No quiero dejarla. Quiero que la vea Pain.

De nada servirá—le hizo ver Itachi.

¿La dejas libre por qué es de la Hoja, de tu aldea? —alegó Kisame, afectado por la decisión de Itachi.

La dejarás, porque no es útil—cortó Itachi con sequedad.

Hinata miró con horror la sombra de Itachi: estaba perdida. El miedo que había pasado desde que Kisame la descubrió hacía dos días, no se comparaba con la angustia que le producía pensar en el destino de Sakura. ¿Sakura habría tenido éxito? ¿Neji podría resistir una batalla contra un rival de rango S? El pánico empeoró cuando Kisame la agarró de la solapa de su uniforme y la elevó, para que Itachi la viera mejor.

Kisame dio las zancadas que necesitaba para alcanzar a su compañero y dijo:

¡Es una Hyuga! —la zarandeó con fuerza—Hasta yo estoy interesado en saber qué técnica ocular heredaría la cría. Debes preñarla. ¿Estás seguro que quieres dejarla?

Itachi continuó su camino, sin prestar atención. Kisame soltó un bufido lento y la dejó caer.

Entiendo. Solo nos retrasa—pateó el bulto que era la mujer en el suelo y se justificó—Pensé que te gustaría. ¿A quién no le gustaría?

En cuanto Kisame siguió a su compañero, la mujer corrió a refugiarse. Al caer la noche, su Byakugan divisó a Neji y Sakura, fue entonces cuando su corazón se recuperó. Estaban vivos. Sakura estaba bien. Cuando Sakura le había revelado su plan, pensó que podían hacerlo; pero cuando Kisame la atrapó y, poco después, Itachi apareció, pensó que era la mayor estupidez de había hecho en toda su vida. Ahora, saberlos vivos le daba las fuerzas que necesitaba para correr a su encuentro.

Sakura la abrazó. Las dos liberaron la tensión y el miedo que habían albergado desde que Sakura se atrevió a mencionar por primera vez su plan para destruir el sello de Neji. Sin embargo, la mirada gélida que Neji le dirigió la abstuvo de acercársele y aunque sabía que ya su primo no estaba marcado por el sello maldito, la maldita culpa por ser ella hija del Souke no se borró.

Lo logramos—le murmuró Sakura, cuando le trataba las heridas. Dirigió sus ojos a Neji, que hacía la guardia—Quiere parecer molesto, pero está orgulloso de nosotras.

Hinata se atrevió a mirarlo. Su corazón latía emocionado al saber que su primo ya no era un pájaro enjaulado. El riesgo que habían corrido valía la pena. Pero el sentimiento hondo de culpa por saberse débil y por saberse la heredera legítima de una familia corrupta, capaz de hacer mucho daño, no se iba. El miedo seguía ahí. El dolor seguía ahí. La culpa seguía ahí.

Sakura miró a Neji, estaba emocionada: ¡había sido de utilidad para la persona que amaba! Ya no había sello, ya no había cadenas. Sabía que debían actuar con mucho sigilo para evitar que Konoha descubriera su relación con Itachi, pero le parecía sencillo eso. Ninguno de los tres se aparecía por media plaza pública comunicando los pormenores de sus andanzas.

Cuando ideó el plan, pensó que lo más difícil sería convencer a Neji, y vaya que fue difícil.

Cuando él, por fin, estuvo de acuerdo, pensó que lo más difícil sería convencer a Itachi. Cuando Itachi aceptó, pensó que lo más difícil sería que la técnica diera resultado. Y ahora creía que ya habían pasado por lo más difícil.

Pero la mirada gélida de Neji le recordaba el muchacho de trece años que solo era capaz de odiar y la mano de Neji recorriendo su rostro, como si si quisiera grabarlo para siempre en la memoria, le daba una sensación de vértigo, porque, entonces, ella podía ver en los ojos grises de Neji, el miedo de perderla.

.o.O.o.

Konoha. Cerca de Casa Hyuga.

Sakura no tenía palabras suficientes para agradecer a Hinata su participación en una tarea que parecía suicida. Hinata había aceptado, sin hacer preguntas, movida por la fe de ayudar a su primo a conseguir la felicidad.

Le prometió solicitar una audiencia a la Hokage para que pudieran verse. Desde que la Aldea del Rayo inició sus ataques contra Konoha, los Hyuga se habían vuelto muy vigilantes y controladores de los suyos. Había sido toda una odisea lograr el permiso para que Hinata pudiera salir de la casa y Sakura sabía que los Hyuga no se permitirían más salidas.

Hinata sonrió agradecida y se adelantó.

Déjame entrar contigo—pidió Sakura, cuando se quedó a solas con Neji.

No puedo—susurró él, con angustia—Dame más tiempo, por favor—se acercó a ella y la abrazó. Sus manos recorrieron la cintura y caderas de la mujer como si se tratara de su misma piel, la acercó a él, hasta llenarse los pulmones de su suave fragancia—Apenas pueda iré a buscarte.

Sakura asintió, se separó de él después de darle un rápido beso en la comisura de los labios y corrió en dirección contraria.

Ella quería pelear por su amor. Pero Neji insistía en mantenerlo secreto para protegerla. ¿Para protegerla de quién? Sollozaba Sakura y sus lágrimas lastimaban a Neji en lo más hondo, pero él no podía exponerla: su relación no debía ser, y si lo era, debía ser secreta.

O.o.o.

Konoha. Una semana atrás. Plantel del Escuadrón Médico.

Konoha atravesaba una situación política complicada: los aldeanos estaban cansados de pagar las andanzas ninjas que no alcanzaban a comprender. Estaban hartos de las constantes peleas entre ninjas, de sus desapariciones, de su necesidad de más recursos, de los terrenos que ocupaban para entrenamiento, de sus secretos...

Esto provocó que los aldeanos se alzaran en contra de los ninjas. Tsunade no fue capaz de controlar la situación y debió permitir que la supremacía ninja de Danzo y de grupos ANBU se impusiera sobre civiles armados con antorchas y palas. Con esto se zanjó una división entre el gobierno administrativo y el shinobi. Con la salida del señor feudal de Konoha, Tsunade debió hacerse cargo de la administración de la aldea.

Ahora, los aldeanos desconfiaban de los ninja, el poder de Danzo crecía y los recortes de dinero que hacía Tsunade para mejorar la situación enfadaban a todo el país. Danzo y el señor feudal aumentaban su poder, en contubernio, pues Danzo aseguraba tener una herramienta para controlar a los ninjas; mientras que las fuerzas de Tsunade se diluían entre múltiples problemas sin solución.

Y por si faltara más, la aldea del Rayo inició una política expansionista y declaró la guerra a Konoha. Tsunade ordenó que cada aldeano y cada ninja se prepararan para la guerra. Llevaban días viviendo bajo el estricto orden de la ley marcial, del trabajo duro y del temor implacable a la guerra, que sonaba cada vez más cerca.

El equipo médico se pasaba el día entre entrenamientos, atención de heridos y equipamiento de material médico para la guerra. Esa tarde terminaban de enrollar y esterilizar vendas. Miles de vendas.

¿Qué pasa con Hinata? ¿Por qué no ha venido?—se quejó Ino. Estaban muy atareados, la ausencia de Hinata toda la semana implicaba más trabajo y escaseaban las personas que pudieran ayudarles.

Neji tampoco ha venido—apuntó Shikamaru, que las acompañaba. Neji había indicado que regresaría antes de su misión en la Arena, pero aún no se reportaba.

Sakura derramó el alcohol que preparaba, recibió una mirada acusatoria de otros médicos presentes. Ino miró desdeñosa a los médicos, que cuchicheaban por el error de Sakura, y separó la mesa de trabajo del resto. Aprovechó para sonsacarle información valiosa a Shikamaru sobre las reuniones, pero no había nada nuevo. Las tropas enemigas seguían avanzando y las defensas en la Arena apenas resistían.

Al cabo de un rato, Shikamaru recibió una nota donde su padre le exigía presentarse en el clan. Se notaba la urgencia con que fue escrita. Un mal presentimiento recorrió a los tres amigos. El Clan Nara mantenía reuniones todos los días, pero estaban programadas al caer la noche y solo en dos ocasiones se había adelantado la hora: la primera, fue cuando el Kage del Rayo falleció y, la segunda, cuando el señor feudal de Konoha se marchó de la aldea. Ambas situaciones sumamente graves.

Shikamaru incineró la carta y se marchó. No era capaz de intuir el motivo de la reunión, por lo que apresuró el paso preocupado.

Sakura. ¿A dónde crees que vas? No estamos ni cerca de terminar—exclamó Ino cuando notó que su compañera dejaba sus vendas. La sujetó del brazo, pero vio que la muchacha estaba a punto de llorar—Sakura… ¿qué, qué pas…?

Voy donde Tsunade. No tardo.

¡Sakura! —oyeron a Kiba gritar de pronto—Tsunade te necesita en el Hospital. Hinata está grave.

O.o.o.

Vamos—apresuró Kiba a Sakura e Ino, que se habían detenido en la entrada del hospital, estupefactas, al ver que toda un ala estaba cubierta de insectos del Clan Aburame.

Los blancos pasillos estaban cubiertos por el negro metálico de los millones de insectos que se apiñaban, como una muralla, pero se movían abriéndoles paso.

Sakura no soportó los latidos pesados de su corazón y echó a correr, abrió de un golpe la puerta del último salón y lo encontró vacío.

¿Qué pasa? ¿Dónde están todos? —inquirió Ino, detrás de Sakura.

No hubo tiempo de explicaciones. Una jonnin hizo pasar a Sakura a una pequeña sala donde se encontraba Hinata, siendo atendida por Tsunade y Shizune. Sakura ojeó el expediente clínico que había sido garabateado rápidamente con lo más importante. La jonnin le ayudó a colocarse la ropa médica y a asearse, en pocos segundos.

Sakura tembló cuando estuvo a un costado de la cama de Hinata. Tsunade no desvió los ojos de su tarea, mientras que los ojos de Shizune se humedecieron aún más.

Se mareó al tener una visión general del cuerpo de la mujer: gran parte del tórax vendado, con una enorme llaga en el estómago que Shizune atendía. Tsunade enfocaba todo su chakra médico en el ojo. Sakura superando el miedo que le producía ver la quemadura en el estómago de su amiga, se atrevió a mirar el ojo. Una cicatriz verde le atravesaba la frente hasta el ojo derecho, traspasándolo por completo.

El sello—murmuró con temor, al tomar conciencia del símbolo a medio hacer que tenía pintado Hinata en la frente y que se convertía en una línea que le destruyó el ojo.

Tsunade asintió.

Esos malditos… No pudieron terminarlo. No puedo saber cuánto es el daño que le hicieron.

Sakura miró con horror de nuevo. La frente manchada, el sello a medio hacer, la línea que le cruzaba el ojo. Cuánto debió retorcerse del dolor y, ahora,… ¡había perdido el ojo! Sakura se sintió desfallecer. El maldito sello. De nuevo.

Sakura. Concéntrate—suplicó Tsunade y solicitó la ayuda de su estudiante para salvar el ojo.

O.o.o.

Sakura estaba apoyada en la pared contraria a Tsunade. La intervención había terminado, ahora trataban de retomar fuerzas para continuar. Afuera las llamas incontrolables de un incendio provocado por los Hyuga azotaban la ciudad.

El líder de una ciudad, como Konoha, no podía ser médico. Porque un médico descuidaba las tareas administrativas por cuidar de un enfermo, y personas como Danzo sabían aprovechar las ausencias de Tsunade en los momentos más críticos.

Desde que habían encontrado a Hinata, muchas cosas sucedieron en la aldea. El rumor de que un Hyuga fue atacado de muerte y que perdió su Byakugan corrió como la pólvora, atizó a algunos grupos de forajidos que vagaban por los bosques y asustó a la población en general.

En cuestión de horas, tenían 14 víctimas mortales, atrapadas en el fuego provocado por unos molestos Hyuga, decenas de personas sin casa y la pérdida de dos importantes graneros de reserva. Afuera se preguntaban dónde estaba la Hokage cuando los ataques contra aldeanos ocurrieron.

Es mi culpa, Sakura—dijo Tsunade, con dolor—Todo esto es mi culpa. No puedo proteger a mi aldea.

No…—susurró Sakura, pero no era capaz de decir más: estaba muy asustada. Hinata estaba al borde de la muerte y ella sabía por qué.

Sakura. Las cosas van a cambiar—la mujer tomó a su discípula por los hombros. Sakura vio en los ojos amarillos las guerras: las almas que se van y el dolor que dejan—Te deseo suerte—la estrechó con fuerza, Sakura se estremeció.

Hokage-sama—interrumpió una jonnin—Tenemos niños heridos por el fuego.

Yo me encargo—dijo Sakura y echó a correr a Emergencias, donde pudo olvidar el miedo, el dolor que sentía. ¿Dónde estaba Neji?

O.o.o.

Sakura hizo todas las averiguaciones que pudo, pero no logró saber nada del paradero de Neji. Mientras, la preocupación por saber que los Hyuga habían tratado de sellar a Hinata, la estremecía. Los Hyuga no eran idiotas y ella sabía que el sello en Hinata era una represalia, por la desaparición del sello de Neji. Se sentía tan culpable. Ahogó un sollozo, pero por sus mejillas bajaban las lágrimas.

Sabía que Shino Aburame y Kurenai Yûhi estaban con Hanabi: la joven podría decirle algo sobre Neji y de lo ocurrido con Hinata. En cuanto estabilizó su unidad de quemados, corrió en busca de ellos.

¿Dónde está mi hermana? —gritaba Hanabi, alterada—¿Qué está pasando? ¿Qué le hicieron a Hinata?

Los esfuerzos por tranquilizarla de Kurenai eran inútiles. Sakura al mirarla tuvo un mareo, el parecido con Neji era tanto, que debió resistir el impulso por abrazarla.

¿Qué harán conmigo? —dijo la muchacha en un murmullo de desesperación.

Kurenai extendió sus brazos para consolarla, pero Hanabi la rechazó de un manotazo.

¿Dónde está Neji? —gritó, muy asustada.

Hanabi—intervino Sakura, hasta ella se sorprendió de la seriedad de su voz—Te hemos llamado para que localices a Neji.

¿No saben dónde está? —gritó la niña, enfurecida. Por un momento, la esencia del verdadero pavor se apropió de su rostro. Retrocedió hasta chocar contra pared y por el aspaviento que hizo con los brazos, Sakura notó los moretones que tenía y trataba de ocultar con sus ropas anchas.

Necesitas atención—dijo Sakura. Hanabi trató de esconder sus heridas, pero Sakura fue más rápida. Agarró a la niña de la mano y corrió la chamarra que llevaba: a la vista quedaron las líneas que habían dejado unas cuerdas fuertemente atadas. Sakura no tardó en encontrar más de estas en el cuello y en sus tobillos. Hanabi se resistió, pero Sakura encontró más heridas. Tenía una llaga en el costado, por permanecer varios días en la misma posición en el suelo, y cortes en la espalda y el cuello, a causa de los latigazos.

Kurenai se encargó de buscar una sala para la niña, donde pudieran atenderla mejor. Sakura con mucho cuidado le quitó las ropas y descubrió heridas de todo tipo cometidas bajo tortura. Hanabi miraba hacia el suelo avergonzada mientras Sakura la atendía. Sabía bien que sus heridas eran dolorosas y crueles, pero no se comparaba con lo que le habían hecho a su hermana.

No tienes que decir nada, Hanabi—le dijo Kurenai, con suavidad. Los ojos de Hanabi se llenaron de lágrimas: después del miedo y el dolor que había vivido le costaba ver una salida a su difícil vida—En este momento, tu hermana se encuentra estable. Ya lo peor pasó.

No—interrumpió Hanabi, asustada—Ellos vendrán…

No. No lo permitiremos.

Usted nunca pudo sacar a Hinata de la casa. ¿Cree que podrá hacerlo ahora? ¿Cree que unos cuantos insectos los amedrantará? Ellos vendrán… No nos podemos resistir. Hinata se resistió y mire lo que le pasó.

Hanabi. Por eso necesitamos que rastrees a Neji—interrumpió Sakura—Neji puede detenerlos.

Hanabi se atrevió a mirarla, todo su cuerpo temblaba. Al cabo de un rato, estuvo dispuesta a hablar y dio la dirección de un templo secreto de los Hyuga. Un grupo fue enviado. Sin embargo, los miembros de Raíz ya estaban ahí y Danzo estaba reunido con los Hyuga. Kurenai y Shino fueron invitados a la reunión. Las noticias que obtuvieron los horrorizaron.

Legalmente, los Hyuga podían realizar el Sello del Pájaro Enjaulado sobre cualquier Hyuga. No había sanción alguna por haber intentado sellar a Hinata. La mala ejecución de la técnica se debía a la negativa de la mujer a permanecer quieta, por lo cual, no podía acusárseles de mala práctica médica. Todos, convenientemente, ignoraron la existencia de quemaduras u otras heridas.

Sin embargo, Neji había cobrado la vida de dos miembros del Souke encargados de marcar el sello. Eso era delito y, con todo el descaro, los Hyuga y Danzo discutían cuál debía ser el castigo de Neji Hyuga por asesinar a dos Souke y sacar a las herederas de la casa sin permiso del Consejo.

Sakura tembló de frustración e impotencia y trató de mirar el lado positivo que sus compañeros veían: ahora el Clan Hyuga temía a Neji y no se atreverían a dañar a Hinata o a Hanabi mientras él estuviera vigilante. Pero eso no era suficiente para ella… ¡todo había ocurrido por su culpa!

Tsunade se reunió con Kurenai y Sakura. No tenían muchas opciones, porque, como se hacía cada vez más usual, Danzo había movido primero sus cartas. Hanabi debía regresar a la casa Hyuga, mientras Tsunade buscaría un lugar seguro para ella. Hinata continuaría hospitalizada y de su cuidado se encargarían Shizune y Sakura. Neji debía cumplir pena de reclusión.

Sakura se encontró atemorizada del despertar de Hinata o del encuentro con Neji. No tenía que echar a vola su imaginación, para saber por qué Hinata fue sellada y por qué ahora los Hyuga temían a Neji. Sin lugar a dudas, su plan para eliminar el sello había causado todo esto. Por su culpa, habían lastimado a Hinata y a Hanabi. Por su culpa, Neji asesinó.

Sakura requirió de toda su concentración para controlar el temblor de su cuerpo y prestar atención a la conversación que mantenía la Quinta con Kurenai, pero el mareo por la culpa le estremecía todo su ser.

No podemos esconder a Hanabi, Hokage—dijo Kurenai, impetuosa—Las habilidades de Hanabi serán necesarias en la guerra.

¡Tsunade! —chilló Sakura, sin poder resistirlo más. Kurenai la miró ansiosa, pero la médico no había gritado para apoyarla—¿Cómo está Neji?

Está bien, no te preocupes. Tenten me traerá información mañana a primera hora—contestó, sin prestar atención. Sakura pensó que no podría esperar tanto. La Quinta se dirigió a Kurenai—Mi principal obligación es cuidar de Hanabi. No la exhibiré ante los ninjas del Rayo, no peleará esta guerra.

Tsunade—interrumpió Homura—Es necesario que dé los avisos.

La líder lanzó un largo suspiro. Entregó un pergamino a cada una de las kunoishis.

Sus tareas.

Sakura leyó su pergamino: "Brindar asistencia médica" y supo que Tsunade le había dado mucha discreción para ejercer. Cada ninja recibió sus propias indicaciones y las sombras se dispersaron por toda la aldea con rapidez.

Los señores Haruno fueron enviados a uno de los refugios secretos para evitar el motín que planeaba el señor feudal. Ino fue enviada al sector este, donde las personas que habían perdido sus negocios y casas vivían en hacinamiento y donde las enfermedades empezaban a proliferar. Shizune fue enviada al frente de batalla en la Arena.

Cada uno tuvo su propia función y el hospital solo quedo ocupado por los médicos, los heridos, los perros Inuzuka que custodiaban y el mar de insectos que protegían la habitación de Hinata.

Sakura ignoró la tarea que le encomendaron y buscó a Tenten. No podía esperar hasta el amanecer. Tenten que preparaba líneas de defensa, le explicó en murmullos precavidos, la información que Neji le había dado:

Me dio un mensaje para ti—dijo Tenten—Estuve a punto de buscarte, pero recibí indicaciones de presentarme aquí de forma inmediata—la miró a los ojos y susurró—Sus palabras fueron: Dile que tome todas las precauciones.

Tenten sostuvo a la pelirosada que por poco se desvanece al escucharla. Ella no entendía por qué su compañero había buscado el auxilio de Sakura, por qué le había dado un mensaje tan enigmático para ella, por qué le había pedido que la buscar. Por la reacción de la médico, algo muy grave estaba ocurriendo y ella estaba excluida. No encontró ninguna palabra para consolar a Sakura, porque no tenía ni idea de qué trataba la preocupación que llevaba sobre los hombros, pero en ningún momento soltó sus manos y solo eso ayudó a Sakura.

Sakura agradeció la información y trató de esconderse de sus pensamientos en la marea de heridos que habían dejado los incendios. Cuando la mayoría de sus pacientes eran niños, supo que no había vuelta atrás. El caos había tomado Konoha y su vida. Mientras, las tropas invasoras destruían las tierras áridas de la Arena y se aproximaban cada vez más a Konoha.

.O.o.o.

Hoy. Cerca del Puesto de Control No. 3. Suroeste de Konoha.

Por todo el país corre el rumor de una técnica capaz de destruir el Byakugan—habló Itachi, Sakura retrocedió asustada, mientras el hombre avanzaba hacia ella, que temblaba—Tienes suerte que la Hyuga haya perdido su Byakugan y que nadie sospeche de Neji.

Sakura lo empujó, con violencia.

¿Cómo te atreves? ¡Está inconsciente! Y es mi amiga… y todo es mi culpa—no lo soportó más y estalló en llanto.

.O.o.o.

Sakura se llevó una mano a los ojos, los sentía muy hinchados y lo estaban. Era extraño, sabía que lloró muchísimo, pero se sentía mejor. Enfocó la capa negra con rojo que la cubría y supo que había pasado la noche en la vieja casa donde debía cumplir con la parte de su trato. No atendió a Itachi, porque una vez que empezó su llanto ya no se detuvo y apenas recordaba cuando él la levantó del suelo y le pidió que descansara en la cama.

Suspiró cansada. En su aldea debían estar preocupados y tendría que verse de nuevo con Itachi. Había incumplido. Justo cuando más cuidado debía tener, ella se dejaba vencer por su debilidad. Qué estúpida.

Toma.

Miró sorprendida como Itachi Uchiha le ofrecía un paño limpio y húmedo. Realmente, no esperaba que él siguiera ahí. Con un leve temblor en la mano, tomó la prenda y limpió su rostro.

Media hora—dijo él, ella lo miró sin entender—Usé el Tsukuyomi en ti. No importa cuál sea la realidad, el dolor siempre está.

Sakura asintió, mientras digería lo ocurrido. Gracias al genjutsu de Itachi pudo sacarse todas esas lágrimas que la ahogaban y reponer fuerzas. Quizá su cuerpo no había descansado las ocho horas, pero su mente sí y liberó mucho estrés con esas lágrimas. Cuanto lo necesitaba. Aunque no dejaba de ser un poco aterrador saber que él había usado aquella poderosa técnica y ella ni se enteró.

No supo si agradecer. Posiblemente, Itachi no querría sus gracias.

Disculpe.

¿Ha tenido efectos secundarios el Hyuga? —inquirió él.

Sakura negó, su semblante se entristeció de nuevo. No lo había visto. No tenía ni idea de dónde podía estar o si estaba bien. No sabía nada de él.

Si te interesa saber, yo no he tenido efectos secundarios. Incluso repongo mi chakra rápidamente después de utilizar el Sharingan.

Pero la técnica no evita que la enfermedad siga creciendo—murmuró la mujer y apretó la capa que la cubría. Realmente, eran unos tontos, ella y todo Konoha, al vivir en el engaño, la mentira que alimentaba el odio de Sasuke. ¿Y todo para qué? Los corruptos que querían destruir Konoha seguían ahí y no podían detenerlos.

Alzó la cabeza y se encontró al mismo hombre que conoció en la cueva: en sus ojos estaba la Voluntad del Fuego y su rostro cansado tan solo era el pico más alto de un pasado insoportable. Para Itachi no había otra salida más que la muerte, pero cuánto dolía esperar por su asesino. Cuánto le dolía a ella ser parte del engaño, no ya como una observadora, ahora lo ayudaba a esperar a su verdugo. ¿Podría mirar a Sasuke después de esto?

Sakura sintió que estaba en presencia de un cadáver. La muerte estaba impregnada en Itachi ¡Itachi era la muerte! Y ella tenía miedo.

"No tienes ni idea de lo que un hombre es capaz de soportar por su aldea" le había dicho Neji hacía mucho tiempo, y esa frase cobraba sentido cuando veía a Itachi. El mismo sentimiento de impotencia que la invadía cuando pensaba en el destino de pájaro enjaulado de Neji, la hacía sentir en cada fibra de su cuerpo la esencia mortal de Itachi.

Pero era diferente. Neji ya no tenía sello: no tenía pasado al cual doblegarse y podía levantar su frente con dignidad. En cambio, Itachi: era el traidor, el asesino, y su carga se hacía cada día más pesada porque Sasuke, en su deseo por vengarse, se acercaba a la oscuridad.

Se perdió en la negrura de los ojos y deseó huir con él, como había deseado huir con Neji. No le importaba ser egoísta, deseaba esconder a esos hombres del pasado que tenían, del futuro que les habían trazado. No se sentía débil, no se sentía estúpida. Realmente, creía con todas sus fuerzas, que lo mejor era abandonar esas complicadas vidas, ese dolor, ese peso e irse. Lejos, tan lejos. Para encontrar la felicidad. Ella creía que su tarea, que su destino, era preocuparse por ellos…

Sakura odiaba los clanes, odiaba las familias. Sus propios padres no tenían mucha fe en ella y solían burlarse de sus habilidades, como todos los demás. Sin embargo, la maldad que encontraba en las familias de Neji y de Itachi, realmente hacían que entendiera por qué los clanes ninja debían ser eliminados: su ansia de poder era incontrolable.

Por eso, estaba completamente segura que huir era la mejor opción: huir de esos lazos familiares, con ella, que no tenía nada. Ya muchas veces había ideado planes para escapar con Neji, se decía a sí misma que huir valdría la pena.

Ahora, dejaba volar su imaginación con Itachi: si pudiera lograr que él también dejara atrás sus cadenas, si pudiera salvarlo a él y salvar a Sasuke, si pudiera sacarlo de esa vida de dolor, de angustia, de muerte. ¿Qué le importaba a ella que la acusaran de abandonar a su aldea? ¿Acaso no era justo preocuparse por esos dos hombres? ¿Acaso no tenía derecho a querer destinar todas sus fuerzas en liberar a esos dos hombres? ¿A caso no se daba cuenta que a quién realmente quería salvar era a ella misma, a la pequeña Sakura que cayó envuelta en las tormentosas vida de aquellos hombres?

Itachi le acarició la mejilla, con suavidad. Fue tan breve, que Sakura, en su vorágine de pensamientos, apenas lo notó. Él se separó un poco de ella y se quitó la camisa. Sakura se fijó en el tatuaje ANBU en el brazo y en la piel tersa. Lo miró y se dio cuenta que ella era capaz de callar la verdad sobre Itachi aún cuando Sasuke la tortura para saberla.

Llevó chakra a sus manos y repasó, sin tocarlo, el pecho del hombre. Podía ver el daño en todos los órganos y pequeñas aglomeraciones de chakra que obstruían el flujo de sangre.

A su tercera respiración, inició su jutsu médico, con lentitud, analizando el recibimiento en cada órgano, cómo viajaba en la red y cuál sería el comportamiento del cuerpo.

Tsunade ejecutó un jutsu—habló sin pensar en sus palabras—para salvar el ojo de Hinata. Estoy segura que puedo aprenderlo.

Empieza a practicar. Quizá lo necesite—murmuró él con suavidad, el alivio era instantáneo. Ella asintió. Itachi clavó sus ojos negros en la figura de la mujer. Los recuerdos que tenía de ella se diluían entre la tonta enamorada de su hermana menor, la mujer que fue capaz de plantarle batalla por un Hyuga y la que descubrió el entramado político de la masacre de su clan, y debía reconocer que le gustaba lo que veía—Sakura, necesitas descansar más.

Ella no respondió. Su boca trató de curvearse, de decir "todo está bien", pero fue incapaz de mentirle.

Deja que use el Tsukuyomi en ti—susurró él, mientras Sakura terminaba de checar el estado de sus órganos—Déjame ayudarte a descansar.

Las manos de la mujer se detuvieron un instante. Negó con la cabeza y le dijo:

Pienso que no es adecuado.

Él sonrió.

No puedas presentarme mucha resistencia—le dijo. La mujer frunció el ceño.

Aún no me explico por qué me golpeó tanto aquel día—dijo ella, resuelta. Lo miró con reproche. Itachi levantó una ceja, él aún no se explicaba por qué no fue capaz de acabar con ella de un solo golpe—El Tsukuyomi acelera la enfermedad. No quiero ser parte de eso.

Ya lo eres, Sakura—dijo él, con tono hipnótico—Di que tengo tu permiso.

No podía decir que no. No podía oponerse a él. Ella asintió y, antes de darse cuenta, se encontró en un espacio negro.

¿Qué no era esto una técnica de tortura? —alcanzó a preguntar pero cayó dormida.

Continuará...


¿Qué les pareció?

Sigo explotando a los Hyuga (pobre Hinata) y a Danzo como los malvados de la película. Pero a esto se suma una guerra con la aldea del rayo, akatsuki revoloteando por ahí y los aldeanos que quieren dejar de estar en el medio de los problemas de los ninjas. Pero prometo no irme mucho por las ramas con la historia polìtica y centrarme en los personajes. :3

Les agradezco de todo corazón a las chicas que dejaron review, guardaron en favorito y pusieron alerta. Esta idea no me la podía sacar de la cabeza y ha estado influyendo en otros fics, pero la continuación la hice para y por ustedes, espero les guste.

Calculo que tendrá pocos capítulos y ya está escrito en su mayoría. El final ya está listo, solo me faltan algunas partes de la historia del centro. Entonces, no me tardaré.

Me queda pedirles su opinión. Tomé mucho en cuenta sus opiniones en el primer capítulo para hacer este, y es por medio de los reviews que nacen los buenos trabajos, así que les pido: ayúdenme a hacer de este fic un buen fic con su opinión. Además, el review es gratis: todos amamos las cosas gratis :)

!Nos vemos! Un abrazo