bueno, esta es mi segunda historia y no se como me va, pero me esforzare~ tiene una muerte solo para avisar, pero no se todavía cuando ponerla... mmm eto.. bueno eso es todo
-"¿Cómo no voy a querer encerrarme en mi mundo… si cada vez que salgo al real me lastimo?..."- pensaba aquel joven de cabellera azul oscuro y ojos igual –"si tan solo… si tan solo"- el joven apretó los puños fuertemente reprimiendo su deseo de gritar, soltó un suspiró –no… nada…
Unos golpecitos a la puerta de su cuarto que se encontraba extremada mente oscuro, solo se contemplaba una luz de un celular sostenido por el joven que se encontraba recostado en su cama localizada a lado de la ventana en el centro del cuarto.
-¿hijo?... ya es hora de la cena…- llamó la voz de una mujer abriendo un poco la puerta para asomarse en el interior de la oscura habitación
El joven bajo el teléfono, colocándolo boca abajo para tapar su luz contra la cama
-No tengo hambre, sal de aquí…-contestó fríamente acomodándose de lado, dándole la espalda a la puerta y a la poca luz que entraba por ella
La mujer abrió mas la puerta y dio un paso adentro de la habitación, la mujer era de estatura mediana, cabellos grises por la edad se ah de suponer, unos ojos ámbar claro que miraban con preocupación el interior de aquel lugar, intentando distinguir entre la oscuridad a su hijo
-¡sal de aquí!- gritó el joven –quiero estar solo…
-¿más tiempo hijo?... ¿más?... ¿Qué hay de la escuela… hace tiempo que no asistes? ¿Y tus amigos?
-¡cállate! ¡Largo, largo, largo!- se desesperó el joven tomando la almohada y tirándola en dirección a la mujer, la cual después de que el objeto callera a sus pies, solo cerró la puerta lentamente y alejándose del lugar.
-Amigos… JA – se burló el joven sentándose en la cama molesto -¿Cuáles? Esa vieja loca ni siquiera lo entiende, AMIGOS- se rió
Se acomodó en la cama para ponerse de pie, camino en círculos en su cuarto sin encender las luces y esbozo una sonrisa extraña en sus labios
-si tuviera "amigos", no me tomaría la absurda molestia de si acaso estar en esta maldita casa, y todavía vienes con esos "A-MI-GOS"– se rió mas fuerte acallándose con sus manos pero sin parar de reír –bueno, supongo que la escuela no suena mal, podre alejarme un rato que aquí…
Era lunes, primer día de clases para él, sonó el despertador a las 6:40, lo apagó de mala gana mientras se sentaba en la cama, aquel joven de cabellera negra, se paró lentamente y se puso su uniforme, un pantalón color negro y una palayera blanca con mangas largas color azul rey
Abrió la ventana y las cortinas para dejar entrar la poca luz del comienzo del día que dedicaba el sol a esas horas y la fría pero refrescante briza de esa época
El joven suspiró
-¿Cuánto tiempo ah pasado?...- preguntó al viento –ya… han pasado dos años… ¿no? Hermano…
El joven volvió a cerrar la ventana y salió del oscuro cuarto dirigiéndose a la cocina para buscar algo que comer. Al entrar se encontró con su madre, la cual se encontraba sentada en una silla tomando un café, sus ojos se encontraban rojos, hinchados…
-buenos días- saludo el joven abriendo el refrigerados y sacando la leche
-así que si vas a volver…- dijo la mujer
-si… y a lo mejor no regrese… no te creas… así pobre salir de esta casa
-Daiki…
-¿sí?...
-se que estas triste por "eso" pero…
-¡Cállate!... me voy, se me hace tarde- dijo cortante volviendo a guardar la leche en el refrigerador, tomando sus cosas y dirigiéndose a la puerta
-¡pero no has desayunado!
-yo… no tengo hambre- respondió por ultimo antes de salir de la casa.
Camino sin rumbo durante un rato, faltaba un rato para que diera comienzo la hora de entrar a clases, así que solamente se encontraba caminando por las calles poco transitadas de aquella gran ciudad, que en esos momento se encontraba con un hermoso sol recién salido dando su luz a todo el lugar.
Su estomago rechinó estruendosamente, el joven se sobó el estomago como si las sobadas pudieran amortiguar el dolor del hambre que sentía en esos momentos
-Ouch- se quejó –no comer en unos días duele…
En realidad, había pasado más de una semana encerrado en su cuarto… no importa cuántas veces el había intentado bajar a la cocina para comer algo, todo le recordaba "eso".
Se detuvo en seco frente de una tienda pequeña que estaba de camino, entro por aquella puerta de cristal que se habría al sentir la presencia de las personas acercarse, una vez estuvo adentro, tomó unos bocadillos salados y otros dulces, fue a la caja registradora donde una joven le cobró los alimentos, el joven evitó cualquier contacto visual posible con la joven, una vez que le dijo cuanto era el costo, los pagó con el dinero que había ahorrado hace tiempo y salió lo más rápido posible de ahí.
Respiró hondo y exhaló… nunca había sentido tanto miedo, la última vez que había salido ya lo tenía olvidado.
Continuó caminando comiendo los bocadillos para zacear su hambre, tiró las envolturas en un contenedor cercando del camino donde había estado caminado, respiró hondo y dijo para si
-Mira, el mundo no incambiado, a nadie le importa… ¿acaso no es cruel? Mientras algunas personas ríen otras sufres, ¿y a quien le importa? ¡Ah nadie! El mundo sigue igual, pasa uno días y ya, todo se olvida… hermano… tienes suerte, ya no tienes por qué preocuparte por eso…
-¿con quién estás hablando?- preguntó una voz a las espaldas del joven
-¡¿qué rayos?!- se sorprendió el joven girando bruscamente en dirección a la voz
Era un joven de su edad, cabello color oro y ojos del mismo tono
-¿Qué quieres?-preguntó mal humorado
-estabas hablando solo, y solo me pregunté qué te pasaba- respondió tranquilo
-no es de tu incumbencia
-será mejor que nos apresuremos, ya es un poco tarde y llegaremos tarde al escuela
-¿Quién eres? No te conozco, y como sabes que voy a la escuela
-tenemos el mismo uniforme, te vez de mi edad, y al ver tus pocas cosas supongo que eres nuevo…llegaremos tarde apresúrate- continuó tomándolo del brazo y jalándolo con un poco de fuerza hacia adelante
-¡no me toques!- se soltó del agarré con fuerza -¿Quién rayos te crees?
-¡ah! Lo siento, seme olvido presentarme- dijo el joven sorprendido –me llamo Ryouta, kise Ryouta mucho gusto-le extendió la mano amistosamente - ¿tú eres?
-Daiki- quitó la mano del castaño con enojo
-No querrás llegar tarde tu primer día de clases, el profesor regresa a los que llegan tarde-comentó Kise
-será mejor que te apresures, no quieres que eso pase- respondió con frialdad
-¿tú no vas?
-no, no quiero ir, es un fastidio
-¡ya vámonos!- dijo el joven rubio tomando el brazo de Daiki de nuevo pero con más fuerza y comenzó a correr hacia la escuela
-¡te dije que no idiota!- se intento soltar, pero por alguna razón el agarre del otro era muy fuerte y acabo siguiéndolo hasta la escuela
-justo a tiempo- exhaló Ryouta cansado entrando a la escuela cuando apenas sonaba el timbre
-corres muy rápido…-llegó cansado el otro -¿Por qué tuvimos que correr? ¿Eres idiota o qué? ¿Para qué me trajiste?
-es tu primer día de clases, no podías faltar
-eres raro
-¿eso es malo?
-Sí, no puedes obligar a asistir a la escuela a un chico que acabas de conocer, no es de tu incumbencia
-lo siento, pero ¿es malo que alguien se preocupe por tu aunque no te conozca?
-eso…
-¿¡que hacen jóvenes!?Entren a su salón- los interrumpió una maestra
-el es nuevo, ¿en qué grupo esta?- le preguntó Kise
-¿¡él es el nuevo!? El es de tu grupo, guíalo por favor- le pidió la maestra
-como ordene
Una vez que la maestra se marcho, el primero en tomar la palabra fue el rubio
-Destino- sonrió divertido – desconocidos y ahora compañeros
-Cállate y solo dime donde es- respondió
-sí, si- asintió relajado ignorando el tono de fastidio con el que le respondió
Caminaron por la escuela, era grande y blanca, los salones y pasillos se encontraban en total silencio ya que hace unos minutos habían empezado las clases, solo los pasos de los dos jóvenes se escuchaban haciendo eco en las paredes
Kise se detuvo en una puerta y tocó calmadamente, la puerta se la abrió un señor calvo de mediana edad
-¡Ryouta! Que sorpresa, nunca llegas tarde ¿Cuál fue la razón?
-traigo al estudiante nuevo, ¿podemos pasar?- respondió cordialmente
-claro, déjame presentarlo, toma asiento mientras tanto
Los dos jóvenes pasaron al salón, Aomine se quedó parado junto al profesor mientras kise tomaba asiento en uno de los lugares de enfrente
-quiero presentarles a un nuevo estudiante, su nombre es Daiki Aomine, espero que sean buenos con él, tengan paciencia si no se adapta rápidamente- lo presento el maestro – haber… ¿Dónde te sentaras…?- se preguntó el maestro mirando el salón
-¡a mi lado si le parece!- dijo kise señalando el asiento vacío
-perfecto, siéntate ahí
Daiki no dijo nada, caminó lentamente y tomó el lugar
-destino- rió en voz baja Kise asiendo fruncir el ceño del joven pelo azul
espero que les haya gustado, ahi dejen sus dudas, comentarios, criticas, amenazas de muerte O.O o que se yo
bueno nos seguimos leyendo
byby
