¡Buenos días a todos! ¿Cómo ha ido la semana? :D
Sé que siempre digo que la nota de autor será pequeña y nunca lo consigo, y esta semana no va a ser diferente porque OMG hay demasiadas cosas que contar y comentar. Al parecer Mercedes sí estará en Nueva York, y aparentemente vamos a tener escenas Samcedes de acuerdo con los tweets de Chord, Amber y Lea. Dos al menos, pues la "heavy" scene de la que Amber hablaba en un tuit aún no sabemos a ciencia cierta si le incluía también a él. Sea como sea, tendremos escenas nuevas que ver. Y a estas alturas, me da igual cuáles vayan a ser éstas o el motivo por el que se las estén dando, porque por primera vez en dos años el fandom vuelve a estar activo y feliz por algo y eso me pone inmensamente feliz a mí. Prueba de ello fue que ayer el "TeamSamcedes" en twitter sobrepasó los mil seguidores. Los Samcedes hemos salido de nuestros agujeritos y por fin nos estamos haciendo oír y eso me enorgullece, y me hace pensar que tal vez, quizás, haya llegado nuestro momento para brillar. Ese perfil de twitter lo llevo yo, así que si queréis seguirlo, sentíos libres de hacerlo, siempre os devolveré el follow. Sé que miles de fics saldrán de la escena de los "Lucky Charms" porque este fandom es uno de los mejores escribiendo y yo me los leeré todos como buena fan xD
Y creo que ya no tengo que decir nada más relevante, sobre los posibles spoilers y escenas, si queréis saber más sobre ellos no dudéis en poneros en contacto conmigo a mi twitter o al del Team, os mantendré informados a todos ^_^
En cuanto al fic… No me matéis, please. Ya dije que iba a ser angst T_T Y menos mal que lo acabé de escribir hace un mes casi, porque a día de hoy con tanta noticia, no me habría salido nada decente como final. Ojalá que os guste o al menos consiga sacaros una sonrisita, y no dejéis de comentarlo. ¡Vuestros reviews son amor!
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 3: Ámala
Las palabras del chico causaron un gran impacto en ella, provocando que Mercedes abriese la boca varias veces, sintiéndose como una estúpida. ¿Realmente había pensado que él podría olvidar algún día todo el daño que ella le había hecho? Bobby le había asegurado una y otra vez que Sam no la odiaba, pero ella no podía creerle. ¿Cómo podría hacerlo, después de ver cómo él la estaba mirando? Con dolor, con rabia. Como ella misma se había visto en el espejo durante todos aquellos años. Con odio, con desilusión. No se lo merecía, pero su corazón le empujaba a luchar por él. Después de tantos años... su corazón seguía latiendo como un loco al oír su voz y sus palabras. Aunque éstas le atravesasen el pecho y le hiciesen sentir aún más culpable por el dolor que ella le había causado.
—He venido a verte —dijo por fin, sacando fuerzas de dónde no tenía, decidida a recuperarle.
—Y lo has hecho. Ya puedes irte —respondió él, levantando su mano para señalarle el camino de vuelta.
—Sam...
—¿No me oyes? Quiero que te vayas.
¿Qué venía a buscar? ¿Por qué no podía irse y dejarle en paz? Él solo quería olvidarla, borrarla de su mente, pero ésta no se lo permitiría, y Mercedes tampoco quería ponérselo fácil. Se había ido una vez, ¿por qué no podía hacerlo una segunda? ¡Que se marchase de una vez, y que se llevase con ella su lástima y su culpabilidad! ¡Sam no las quería!
—¡Vete! —Chilló, haciéndose a un lado para cerrar la puerta y reprochándose a la vez el haber sido tan estúpido al abrirla.
—No, Sam... —La chica había conseguido volver a la realidad y ahora empujaba con fuerza la puerta, abriéndose paso hacia el interior. La silla había rodado hacia atrás como consecuencia, y el chico la detenía, mientras veía sin poder evitarlo cómo ella cerraba la puerta y avanzaba hacia él—. Sam...
—¿Por qué no puedes irte? ¿Por qué no puedes dejarme en paz? ¿Es tan difícil para ti? ¡No lo fue hace años! —Le recordó, mientras rodaba hacia atrás la silla tratando de alejarla de él.
—Sam, lo siento mucho... —susurró ella, a la vez que una lágrima resbalaba por su mejilla izquierda y su mano la borraba con rapidez.
—¡No quiero que lo sientas! ¡Quiero que te vayas! ¡Abre la puerta y vete! —Gritó, avanzando ahora hacia ella con la intención de echarla él mismo.
—¡No! —Chilló Mercedes, a la vez que notaba la puerta junto a su espalda. Había ido retrocediendo para escapar de la furia del chico y ahora la silla de él la atrapaba, mientras sus ojos verdes la miraban con odio—. No puedo irme —susurró, triste, dándose cuenta de lo lejos que le sentía, a pesar de estar tan cerca.
—Claro que no... ¿Cómo he podido olvidarlo? —Él rió a la vez que negaba con la cabeza—. Ésta es tu casa, ¿verdad? ¡No puedo echarte de tu propia casa! —Exclamó, rodando hacia atrás su silla para dejarle espacio. Le dolía tenerla tan cerca. Sus ojos habían empezado a llorar y las manos de él temblaban luchando por no borrar aquellas lágrimas que mojaban sus mejillas.
—Sam...
—¿No puedes simplemente irte? ¿Hacerlo otra vez? —Preguntó, moviendo su silla hasta detenerse enfrente de la chimenea del salón.
—No, Sam. No pienso hacerlo —le aseguró, siguiéndole hasta pararse a su lado. Debía ser fuerte, debía luchar por él. Él ya se había rendido, pero ella jamás podría hacerlo. No cuando su felicidad estaba tan cerca—. No pienso dejar que me alejes de ti.
—No sabes lo que hubiese dado por escucharte decir esas palabras hace años.
Dios Santo, si tan solo las hubiese dicho aquella noche... Él lo habría dado todo por ella. ¡Todo!
—Lo siento mucho.
—¡No! —Chilló, desesperado, apretando sus puños con rabia—. ¡No lo sientes! Nunca lo sentiste —bajó la voz, hasta hacerla un susurro, recordando aquella noche tiempo atrás—. Nunca lo hiciste —dijo triste, apagando su voz casi por completo. No quería gritarle, no quería... Pero el dolor que llevaba dentro no cesaba—. Te fuiste. Me rompiste el corazón y ahora vuelves, sintiendo lástima por mí y queriendo reparar los errores cometidos en el pasado. Queriendo pagar de alguna manera—
—¿Lástima?
Oírla decir aquella única palabra hizo que el chico se callase y la mirase de nuevo, atónito.
—¡Sí, lástima! —Repitió, notando cómo la chica daba un paso en dirección a él y Sam mantenía la distancia que les separaba moviéndose hacia atrás.
—¿Es eso lo que crees? ¿De verdad piensas que todo esto lo hago por lástima? —Le preguntó, aun sabiendo su respuesta, y que ésta terminaría de romperle el corazón.
—¿Qué quieres que piense, Mercedes? ¡Me compraste una casa! ¡Una jodida casa! —Elevó su voz de nuevo, haciendo rodar su silla hacia la puerta principal—. Todo porque te sentías culpable. Todo porque yo ya no valgo para nada. ¡Todo porque la gran cantante Mercedes Jones siente lástima por mí!
—¡Cállate! —Le gritó, resistiendo las ganas que tenía de abofetearle. Él lo estaba pasando mal, muchísimo más que ella y sin embargo no se callaba. Seguía atacándola una y otra vez con la única intención de sacarla de su vida. Pero ella no le dejaría, no conseguiría alejarla de él. ¡Jamás podría! Había ido allí para dejárselo claro. Había ido allí para regresar a su lado. ¡Y lo haría! Aunque tuviese que encerrarse en su propia casa con él. ¡Ella no se iría!
—¿Te duele oír la verdad? —Preguntó, notando cómo una lágrima rebelde resbalaba por su mejilla y enfriaba su cuello.
—¡Me duele oír tus mentiras! —Explotó, a la vez que le oía a él reír como respuesta. Le estaba haciendo daño, ni siquiera sabía cuánto. Se estaba vengando de todo lo que ella le había hecho a él.
—¡¿Mis mentiras?! ¡Por Dios, Mercedes! ¿Por qué no puedes admitirlo de una maldita vez? ¡¿Por qué quieres tanto esconder lo que sientes por mí?!
—¡Porque no es lástima lo que siento por ti! ¡Es amor! —Gritó, sin poder detener sus palabras. Dándose cuenta tarde de lo que éstas significaban. Le había dicho que le amaba, y se lo repetiría una y mil veces más hasta que él le permitiese estar a su lado—. Es amor —susurró, caminando hacia él y arrodillándose para hacer que él la mirase a los ojos—. Te quiero, Sam. ¿No lo comprendes? Te he querido toda mi vida —le confesó, acariciando sus manos con las de ella, esperando y deseando que él no la rechazase. Que le diese una oportunidad, la de ser feliz junto a él.
Pero él no lo hizo, liberándose de sus manos y alejando la silla unos metros, tratando de escapar.
—Mientes... Mientes. Tú dijiste... Me dijiste... No, no. Esto no me puede estar pasando —balbuceaba, sin terminar sus frases, alejándose de ella y haciendo rodar su silla sin ser consciente de hacia dónde la dirigía. Estaba perdido, ella lo había desorientado. Como lo había hecho siempre, con su voz, con su sonrisa.
—Sam, ¿adónde vas? —La oyó hablar a lo lejos—. Sam...
—Esto no puede estar pasando —negaba con la cabeza, mientras sus manos movían aquella silla sin un rumbo fijo—. No después de tanto tiempo. No ahora.
—Sam, escúchame —Ella volvía a aparecer en su campo de visión. Volvía a detener su silla, colocándose delante para que él la mirase de nuevo a los ojos, pero él no quería. Él...
—No quiero que me hables —dijo, buscando las ruedas de la silla con sus manos.
—Sam, por favor.
—No... No te acerques a mí. No te acerques a mí —le pidió, mientras las lágrimas que sus ojos habían vuelto a derramar nublaban su vista—. Pudimos haberlo tenido todo —susurró, notando sus manos suaves en las mejillas de él, tratando de borrar su llanto—. Todo...
—Aún podemos, Sam —susurró la chica, acariciando sus mejillas a la vez que dejaba en ellas besos de amor. No se cansaría de luchar. Jamás lo haría.
—No, no podemos —sus manos volvieron a separarla de él, obligándola a que ella se levantase del suelo—. No así, no conmigo en esta silla de ruedas.
—Por favor, Sam. No me alejes de ti —suplicó.
¿No comprendía que ella no iba a irse? Dijese lo que dijese, él nunca conseguiría que la chica se fuese. Mercedes no le abandonaría, nunca lo haría. ¿Por qué no podía entenderlo?
—Déjame cuidarte —le pidió, esperando un milagro.
—¡No, Mercedes! ¿No comprendes que soy yo el que tenía que haberlo hecho? ¿No comprendes que soy yo quien tenía que haberte cuidado? Amado, protegido... Antes... Antes habría podido dártelo todo —susurró, dejando sus manos en aquellas piernas inservibles—, y ahora ya no tengo nada para darte.
—Dame tu corazón —dijo, ilusionada—, yo solo quiero tu corazón —susurró, volviendo a buscar sus manos para unirlas de nuevo. No le importaba arrodillarse. No le importaba nada que no fuese el hacerle feliz durante el resto de su vida—. Te quiero a ti —sus ojos se clavaron en los de él. Aquellos que dejaban salir lágrimas y lágrimas sin detenerse.
—No... —Pretendía alejarla de nuevo, levantarla del suelo. Le dolía ver cómo se arrodillaba delante de él. ¿Por qué había esperado tantos años para decirle aquellas palabras? Llegaban tarde. Demasiado tarde.
—Por favor, Sam... —Ella volvía a suplicarle, volvía a pedirle que él le regalase su corazón. ¡Pero éste ya era suyo! ¡Siempre lo había sido! Aún roto en mil pedazos, Sam no había podido conseguir que éste dejase de latir por ella. Era tan hermosa... Sus manos habían vuelto a colocarse sobre las suyas y las acariciaban con cariño, mientras ella dejaba descansar su frente en la de él. La tenía tan cerca... Su olor, su aroma. Aquellos rizos negros.
Tenía que besarla una última vez. Una que recordase durante el resto de su vida. Una última a la que agarrarse cuando la soledad le golpease con todas sus fuerzas.
Tenía que besarla y alejarla de él.
—Sam...
—No supliques, por favor —le pidió, uniendo sus labios con los de ella por fin, y sintiendo cómo su corazón se detenía durante un segundo, para luego bombear como un loco, haciéndole sentir vivo por primera vez en mucho tiempo. Sus manos habían buscado sus mejillas y las acariciaban con cariño, mientras sus labios se negaban a separarse, queriendo permanecer junto a los de ella el resto de su vida—. Eres tan bonita... —susurró junto a sus labios, buscando la fuerza y la valentía para alejarse de ella—. En el fondo siempre supe que nunca podrías ser para mí —admitió, observando sus ojos oscuros, mientras sus manos acariciaban sus mejillas y sus rizos negros.
—Pero soy para ti —susurró ella, notando cómo las lágrimas volvían a mojar sus mejillas.
—No, Mercy... Yo... Yo estoy roto —respondió él, queriendo borrárselas y a la vez deseando que ella no volviese a llorar jamás.
—No lo estás... No lo estás —le aseguró, recorriendo su rostro con dulces besos, mostrándole todo el cariño que sentía por él. Todo el amor que había guardado en su interior durante todos aquellos años.
—Mercy, no puedo darte lo que me pides. No puedo hacerlo —se lamentó, agachando su cabeza y escondiéndose de aquellos ojos que le miraban esperanzados.
No podría darle una familia, aquello que tanto había soñado. No podría hacerle el amor, lo único que siempre había deseado. Estaba atado a aquella silla, y sus piernas ya no le respondían.
—No me importa, Sam —le dijo, levantando su cabeza para que la mirase a los ojos una vez más—. Yo solo quiero estar contigo.
—Desearía tanto dar marcha atrás en el tiempo... Estar dentro de ti como lo hacía en mis sueños. Recorrerte con mis manos, sentirte. Amarte con todo mi corazón.
—Yo también —le confesó ella, a la vez que se levantaba del suelo y se sentaba sobre sus piernas, abrazándole con cariño y hundiendo su cabeza en su cuello, mojándolo irremediablemente—. ¿Te estoy haciendo daño? —Preguntó con miedo, al tiempo que se separaba y miraba fijamente sus bonitos ojos verdes.
Sam negó con la cabeza, mientras sus manos hacían desaparecer aquellas lágrimas que brotaban de sus ojos oscuros. Le dolía verla así, llorando por todo el daño que él le había hecho. Llorando por su culpa.
—No llores, por favor —le pidió triste, queriendo ver de nuevo su sonrisa. Aquella de la que él se había enamorado. Queriendo verla de nuevo, y oírla reír. Cantar aquella canción de la que él solo se sabía la melodía—. Me duele verte así.
—Y a mí me duele ver cómo te menosprecias —se sinceró, entrecruzando sus dedos con los de él—. No consigo hacerte entender que te quiero. Que siempre lo hice. Te mentí. Te oculté lo que de verdad sentía y no sabes cuánto me arrepiento. Todos aquellos años que permanecí lejos de ti... —La chica se calló durante un segundo, antes de seguir hablando—. Fue el error más grande de mi vida. Alejarte de mí. Hacerte daño. Lo siento tanto... —Mercedes sintió de nuevo su mano en su mejilla, secando aquellas lágrimas con sus dedos, dándole con aquel gesto la fuerza para seguir adelante—. No quiero volver a cometer ese error, Sam.
—Mercedes...
—Estoy luchando por ti, Sam. Estoy aquí, a tu lado. De la mano, sin soltarnos. Tan cerca de ti que puedo oler tu piel y sentir tu corazón latir con el mío. Te quiero a ti, junto a mí, durante el resto de mi vida.
—Mercy... Yo nunca podré volver a caminar.
—Lo sé.
—No puedes atar tu vida a—
—¿A la persona que quiero? ¿La única que he querido en toda mi vida? ¿No puedo compartirla contigo? Dime, ¿no puedo hacerlo? —Sus ojos lo miraron, suplicantes, cansados de que él no la escuchase—. Porque eso es lo que voy a hacer, Sam, lo quieras o no. No pienso renunciar a ti, no esta vez. No nunca más. ¿Me oíste? No pienso volver a alejarte de mi vida.
Aquellas palabras habrían significado tanto para él en otro tiempo... Lo habrían sido todo, pero ahora no hacían más que romperle el corazón. Ella no comprendía que nada más le quedaba para poder darle. No entendía que ya no podrían hacer su sueño realidad.
—Eres tan terca... —susurró, preguntándose por qué ahora Dios decidía darle aquella oportunidad y no antes.
—Y tú también —dijo ella, acariciando sus mejillas con sus manos, pegando su frente a la de él—. Tú también eres un terco —sonrió ligeramente, notando su respiración junto a la suya. Sus labios habían vuelto a unirse en un beso dulce, y las manos de él la habían apretado contra sí, rompiendo la pequeña distancia que les separaba—. Déjame quererte. Déjame probarte que sí podemos —decía junto a su boca—. Déjame hacerte feliz, sé que puedo hacerlo.
—Yo... Yo quise... Lo deseé tanto...
—Ahora podemos. No nos quites esta oportunidad, Sam —le suplicó ella, abrazándole con fuerza no queriendo soltarle—. Yo lo hice. Yo nos alejé, y no sabes cuánto me arrepiento.
—Tenías un sueño que cumplir —la disculpó, creyendo saber por fin cuál era la verdadera razón de su abandono.
—No... No era mi sueño.
La chica rompió el abrazo, mirándole a los ojos mientras le confesaba la verdad.
—Era el de mi madre. Ella quería triunfar, algo que nunca había podido conseguir por haberse quedado embarazada tan joven. Tenernos a Bobby y a mí fue lo más bonito de su vida, pero saber que había perdido con ello la posibilidad de hacer realidad sus sueños terminó destrozándola por dentro. Dolía ver cómo se moría de pena, viviendo una vida que no deseaba, llorando la posibilidad de haber sido algo más. Sentí miedo, Sam. Miedo de terminar como ella. Miedo de que tú terminases sufriendo tanto como mi padre lo había hecho. Te alejé, te separé de mí. Sin darme cuenta de que yo también estaba cometiendo el mismo error. Sin darme cuenta de que yo también estaba renunciando a mi sueño. A ti —Se quedó callada, sintiendo cómo el peso de aquella verdad se deshacía por completo. Ahora él sabía cuál había sido la verdadera razón. Ahora él sabía que ella no descansaría hasta recuperarle por completo—. Mi sueño eras tú, Sam. Siempre lo fuiste.
—Merce... —Sus manos acariciaron su rostro con dulzura, a la vez que los ojos de la chica se cerraban para sentirle. Él había sido su sueño. Siempre lo sería.
—Dime que no te irás, Sam. Dime que me dejarás quedarme contigo.
Esperaba su respuesta, pero él no podía responderle. Mercedes quería algo que él nunca podría darle. No podía entender que él ya no podría hacerla feliz.
—Sam, dímelo —le pidió de nuevo, mirándole a los ojos, esperando que él les diese una oportunidad.
—Mercy... —Negó con la cabeza, a la vez que sentía de nuevo sus manos en las mejillas de él y sus labios besando sus párpados. Ella estaba deshaciendo sus barreras con amor. Con cariño, con ilusión. Con una pasión que provocaba en él la necesidad de corresponderla. De amarla por completo. Como siempre había soñado.
—Dime que me quieres. Dime... Dime que me amas, por favor —le rogó una vez más, acariciando sus orejas, a la vez que esperaba su respuesta. Aquella que tanto había deseado oír. Aquella que durante años Mercedes había creído no merecer.
—Yo... Te quiero. Te... —Quiso seguir hablando. Quiso decirle que la quería. Que la amaba, que no podía darle su corazón, porque éste siempre había sido de ella, pero Mercedes no le dejó. Su boca no se lo permitió, uniéndose a la de él sin perder un solo segundo. Besándole como había deseado hacer durante todos aquellos años. Con una pasión que no le cabía en el pecho. Una que recorrió sus manos, pegándola a él, temiendo que la chica terminase desapareciendo de entre sus brazos—. Te quiero —repitió por fin, casi sin respiración, mientras ella dejaba besos por todo su rostro. En su nariz, en sus mejillas... Besos acompañados de risitas que le hacían temblar y poder tocar el cielo con las manos—. Te quiero. Te quiero —repetía una y otra vez, notando cómo sus labios se unían de nuevo a los suyos, y ambos se entregaban a la pasión de quererse.
Ella reía y lloraba al mismo tiempo, y él notaba sus lágrimas en sus mejillas mezclándose con las de él, mientras sus manos acariciaban su rostro y luego su espalda. Su cuello y luego su cintura.
—Te quiero —decía ella también, sin dejar de besarle. Sin dejar de tocarle por todas partes. Su cuello, sus manos... Aquellos brazos que la rodeaban queriendo retenerla por siempre junto a él. Su piel…
Su sonrisa.
Sam volvía a sonreír. Y ella también lo hacía, creyendo haber alcanzado por fin aquella felicidad que ella misma se había negado durante tanto tiempo.
Mercedes no podía dejar de besarle, no podía dejar de acariciarle con sus manos, despertando sensaciones que él había creído muertas tiempo atrás.
Era imposible. Completamente imposible.
Pero estaba sucediendo.
—¿Sam? —La chica detuvo sus manos, dándose cuenta de lo lejos que éstas habían ido, y las separó de su camiseta, volviendo a colocársela como ellas la habían encontrado. Había tocado durante unos segundos su piel suave y el chico la había separado, rompiendo el beso y mirándola a los ojos mientras tragaba saliva y recuperaba durante unos segundos su respiración—. Lo siento. No quise...
—Quiero hacerte el amor —le oyó decir, mientras sentía por sí misma, las ganas que él tenía de ella. Le había dicho que no podría. Le había asegurado que aquello no sucedería—. Creí que no... Que no era posible.
Por favor Dios, déjame sentirla. Aunque sea una única vez.
— Quiero sentirte, quiero amarte. Quiero tenerte junto a mí —dijo, no perdiendo el tiempo y haciéndolos rodar hacia el elevador. La chica había rodeado su cuello con sus manos y apoyaba en él su cabeza, dejándose llevar. Esperando que aquello que iba a suceder, no fuese la única vez que lo hiciese.
El temblor de sus dedos y las ganas de sentirla por completo hicieron que el chico casi se equivocase de habitación, teniendo que deshacer el camino dos veces hasta detenerse por fin junto a su cama. Aquella que él había deseado compartir con Mercedes.
Sus sueños estaban haciéndose realidad uno detrás de otro, y él todavía no se creía la suerte de poder tenerla entre sus brazos, para amarla como siempre había deseado.
Mercedes se levantó finalmente, separándose de su lado durante unos instantes, al tiempo que él acercaba la silla a su cama, y se disponía a sentarse en ella. No le sería fácil, puesto que era la primera vez que lo hacía solo y en una cama que no era la del hospital en el que había pasado los últimos meses, pero lo conseguiría. Haría hasta lo imposible por demostrarle que podría.
—Ven —le dijo, una vez había conseguido pasarse a la cama—. Siéntate conmigo —le pidió, viendo cómo rápidamente la chica lo hacía. Él había permanecido sentado gracias a los postes de sujeción de la cama, pero ahora ambos se dejaban caer hacia atrás con cuidado, mientras sus labios volvían a unirse y sus manos empezaban a recorrer sus cuerpos como lo habían deseado durante años.
—Sam... —Fue ella la que detuvo primero el beso, mirándolo a los ojos con miedo—. ¿No vas a irte, verdad? No vas a alejarte de mí. Después de esto... Yo... No podría soportar perderte otra vez— le confesó, sintiendo cómo sus manos le temblaban, esperando su respuesta—. ¿Te quedarás conmigo?
Sam sonrió como nunca antes, a la vez que acariciaba su felicidad con los dedos. Porque eso era lo que ella era para él.
Su felicidad.
Su sueño cumplido, su realidad.
—Para siempre —susurró junto a su boca, antes de volver a besarla. Antes de desnudarla con sus dedos y amarla con todo su corazón.
—Vale, vale. Stop. No queremos saber más. No nos hace falta saber más —dijo Molly, a la vez que buscaba la aprobación de su hermano en aquello. Su padre había terminado de leerles su historia y ahora la chica se secaba sus lágrimas, a la vez que sentía cómo sus mejillas se coloreaban por la vergüenza.
—¿No quieres saber cómo papá y mamá te concibieron? —Preguntó Seth, burlón, haciendo reír a sus padres.
—¡Ni de broma! No quiero que me traumaticen de por vida, gracias —respondió ella, fijándose en cómo su madre dejaba de reír, y se secaba las lágrimas que no había podido evitar derramar.
—Creí que la historia que nos ibais a contar era triste —oyeron decir al adolescente, a la vez que se levantaba de su silla y le pedía el libro a su padre.
—Y lo fue, Seth. Pero no todas las historias tristes se quedan sin su final feliz —le respondió, fijando sus ojos en Sam, y viendo cómo el la miraba con el mismo cariño. Habían conseguido hacer su sueño realidad. Habían conseguido crear una familia.
Su marido movió su silla de ruedas hacia ella, buscando abrazarla y hacerle saber que Mercedes tenía razón. Que no todas las historias tristes se quedaban sin su final feliz. Y que ellos lo habían logrado. Con cariño, con esperanza. Con ilusión. Habían sido felices, y todavía les quedaba toda una vida por delante para disfrutarla.
—Sí, sí... Todo muy bonito —dijo el chico, mientras pasaba las páginas del libro tratando de buscar algo que se resistía a ser encontrado—. Pero, ¿llegaste o no llegaste a saber alguna vez cuál era la canción que mamá tarareaba? —Preguntó, observando cómo sus padres se miraban el uno al otro sin responderle, y luego Sam se acercaba a ella para darse el más dulce de los besos.
Ella está, ahí sentada frente a ti
No te ha dicho nada aún pero algo te atrae
Sin saber por qué te mueres por tratar
De darle un beso ya
Sí, la quieres, sí, la quieres, mírala
Mírala y ya verás, no hay que preguntarle
No hay que decir, no hay nada que decir
Ahora bésala
Sha la la la la la ¿qué pasó?
Él no se atrevió y no la besará
Sha la la la la la qué horror
qué lástima me da ya que la perderá
Sha la la la la no hay qué temer
No te va a comer, ahora bésala
Sha la la la la la sin dudar
No lo evites más, ahora bésala
Sha la la la la la por favor
escucha la canción, ahora bésala
Sha la la la la la es mejor
que te decidas ya, ahora bésala
Bésala.
FIN.
¿Qué os ha parecido el final? ¿Sabíais cuál era la canción que Mercy tarareaba u os pilló por sorpresa? xD Hacédmelo saber en un review ^.^
¿Y qué os parece lo que está pasando en Glee? ¿Qué opináis sobre ello? ¿Esperáis alguna escena en concreto con ilusión? ¿O no queréis dar rienda suelta a vuestra imaginación por si luego no sucede como esperáis? Contadme, soy muy curiosa xDD
Mil gracias por acompañarme en este viaje con "Bésala" y ojalá que os haya gustado. Fue mi fic más Angst y no creo que vuelva a hacer uno con tanto drama, así que estáis salvados jejeje
Agradecimientos:
A todos los que me respondéis en tuiter y rebloguéais en tumblr. A María Elena (que está decidida a hacerme escribir un "Chord/Amber/Derek sí o sí, porque no para de sugerírmelo en sus reviews XD De momento no tengo nada en mente, y estoy bastante volcada en el Estudiante, quizás más adelante, en el verano. Si hay algo, te lo haré saber ;) Muchas gracias por leer el fic y me alegro que te haya gustado ^^); a Ale (gracias por no odiarme T.T Y me alegro muchísimo que te haya gustado, son unos tozudos, ¿verdad? Nunca es su momento, o ella los estropeaba o él lo hacía (esto me recuerda a los canon xD) Muchas gracias por tu reviews, Ale, siempre me sacan una sonrisa *_* ¡Un besito!); a mi Luna (¿Yo siempre seré mejor que Ryan Murphy? WOW, ¡qué halago! A ver si eso lo sigues diciendo en caso de que te den Samcedes en la serie lol Y me mataste con la canción de Civera, ¡que lo sepas! XD Solo tú puedes terminar riéndote a carcajadas con un fic Angst XD Y sí, son tercos como mulas, mis niños T.T Lo sé, lo sé. ¡Mil gracias por tu review, bonita! ¡Te adoro!); a Rosa Elena (siento haberte hecho sufrir, no fue mi intención de verdad, es el Angst que me posee y no me sale otra cosa que no sea eso, a ver si ahora con escenas de verdad en la serie me salen cosas fluffy y divertidas xD Muchas gracias por leerlo, y ojalá que te guste el final ^.^ ¡Un besito, Rosa Elena! :D); a Cass (Sammy siempre estará lindo T_T La corrió, sí, porque cree que nunca sería feliz a su lado, yo le entiendo, es una situación muy dolorosa y Sam no quiere que ella se ate a él, pobrecillos :( Ojalá que el final te guste, estoy deseando saber qué te pareció y leer otro de tus grandes reviews jejeje ¡Muchas gracias por pasarte y leerlo! ¡Un besito!).
Y hasta aquí llegó "Bésala", muchas gracias por hacerme feliz y leerlo. Quizás nos veamos pronto con un capi del Estudiante o algún One Shot corto que se me venga a la cabeza. Sed buenos y fangirlead xD
¡Un besito y un abrazo enorme!
Syl
