La historia no me pertenece es obra de Isabelle Rae y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
Hola espero tener buenos resultados con esta historia es la primera vez que escribo un fanfic y debido a eso hoy les dejare 2 capítulos de verdad me gustaría saber que opinan y si quieren que continúe con la historia o empiece un proyecto nuevo.
Capítulo 2
Cuando me desperté inmediatamente recordé lo de anoche. Las imágenes del encuentro con Edward y de nosotros coqueteando me inundaban dejando una sensación caliente en la boca del estómago. Sonreí cuando pensé en verlo otra vez hoy. Estaba realmente bastante entusiasmada por verle de nuevo, aunque sería con toda su familia allí. Di una vuelta para mirar la hora y ahogué un grito. Joder, ya pasan de las doce, ¡él estará aquí en menos de una hora y media! Salté de la cama y me lancé escaleras abajo buscando a mamá. No tenía ni idea de qué usar para una boda; asumía que unos jeans y una camiseta serían algo impropio. —Mamá, voy a una boda esta tarde, ¿qué debería ponerme? —grité cuando irrumpí en la cocina a toda velocidad. Mis padres sonrieron y me miraron confundidos. —Buenos días a ti también, calabacita —se rio mi papá. —Cierto, lo siento, buenos días. Mamá, ¿qué debería ponerme? —repetí, mirándola en un tono suplicante. — ¿Vas a una boda? ¿De quién es? Yo no sé de nadie que vaya a casarse. —Ella frunció el ceño y me miró como si yo hubiera perdido el juicio. —La hermana de un amigo se casa. Su cita se retractó en el último momento, así que me pidió que fuera con él —mentí, encogiéndome de hombros. No podría decirles exactamente que era el barman que conocí en el club y con el que salí a escondidas la noche pasada mientras ellos pensaban que yo estaba en un maratón de películas en casa de Kate. —Ah, de acuerdo. Bien, qué te parece si tomas prestado mi vestido sin tirantes, el que tiene las rosas rosadas que usé para el Bautizo de Kara —ofreció ella. Jadeé y la miré con los ojos bien abiertos. Wow, ese vestido es hermoso. — ¿En serio? Me encantaría —salí entusiasmada, tratando de no dar brincos sobre el piso. Estaba bastante segura de que tenía los mejores padres del mundo. El gusto para vestir de mamá era imponente. Agradecí a las estrellas lo afortunada que era de que tuviéramos la misma talla, porque a menudo, yo usaba más su ropa que la mía. —Ve a prepararte. Lo arreglaré para ti… ¿A qué hora te vas? —preguntó ella, levantándose de la mesa. Mi papá se levantó también y sirvió un vaso de zumo, ofreciéndomelo cuando pasó caminando, besando mi frente. —Gracias, papá. —Me giré hacia mi mamá. —Edward llegará aquí para recogerme a la una y media. —Me bebí a tragos el vaso del zumo tan rápido como pude, impaciente por ir a ducharme y tener tiempo de arreglarme el cabello. Me apresuré en la ducha y sequé rápidamente mi pelo, levantándolo en un moño elegante y alacié los mechones sueltos alrededor de mi cara y mi flequillo. Una vez que me maquillé, me puse el vestido y me miré en el espejo. Sonreí, contenta con el resultado. Mi pelo castaño oscuro se veía mejor de lo que yo creí que podría y mis ojos marrones centelleaban con entusiasmo. El poco maquillaje que me había puesto complementaba mi aspecto perfectamente. El vestido era hermoso, y se adhería a mí en todos los sitios correctos, mostrando la cantidad justa de escote. Suspiré felizmente y agarré mis zapatos y monedero, dirigiéndome abajo mientras me los ponía. Mis padres se habían marchado ya; ellos iban a visitar a algunos viejos amigos y no estarían de vuelta hasta tarde. Anduve por la cocina nerviosamente hasta que el timbre sonó. Prácticamente salté a la puerta, alisé mi vestido y respiré hondo antes de abrir. Mi aliento se atoró en mi garganta cuando le vi. Él se veía increíble en un traje negro, camisa blanca con una corbata azul pálido. Recorrí con mis ojos hacia abajo su cuerpo despacio, abarcando cada parte de él antes de arrastrar mis ojos a su rostro. Su pelo estaba estilizado, sin embargo todavía lograba verse desordenado, como si hubiera estado pasando sus manos por él. Sus ojos aún rastreaban mi cuerpo abajo, su boca abierta ligeramente. Sonreí a mí misma. ¡Le gusta lo que ve! Limpié mi garganta dramáticamente para conseguir su atención. Sus ojos se engancharon a los míos y me sonrió, sus ojos verdes perforándome otra vez. — ¿Has terminado de desnudarme con los ojos o necesitas unos minutos más? —Bromé, inclinándome contra el marco de la puerta, tratando de verme sexy. —Lo siento, trataba de calcular cómo carajo voy a mantener mis manos lejos de ti delante de mi familia hoy —contestó él, sacudiendo su cabeza, mirándome toda de nuevo. Me reí tontamente y agarré su corbata, jalándolo dentro de la casa, cerrando la puerta detrás de él. — Estoy segura que te las arreglarás de alguna manera —declaré, haciendo rodar mis ojos y acariciando su corbata hacia abajo colocándola en el lugar correcto, discretamente encantada con la sensación de su pecho bajo mi mano. De hecho yo tampoco estaba segura de cómo iba a mantener mis manos lejos de él. Él se veía tan guapo que se me hacía agua la boca.
—Tendré que hacerlo, supongo —dijo él resoplando y con un movimiento rápido de su cabeza consiguió quitarse el cabello de los ojos. Wow, eso es tan sexy cuando él lo hace. —Traigo mi bolso, y estoy lista. —Me escabullí a la cocina, comprobando para asegurarme que llevaba mis llaves, móvil y dinero. Cuando volteé de regreso no me di cuenta que él me había seguido allí y caminé directo a su duro pecho y casi me caigo. Sus manos se lanzaron a ayudarme a recobrar el equilibrio, agarrando mi cintura con fuerza. —Vale, tranquila, sé que me veo ardiente con traje, pero no tienes que caer a mis pies —bromeó él, doblándose un poco para mirarme a los ojos. Sentí que el calor subía sigilosamente a mis mejillas porque me había puesto en ridículo delante de él. Él no me había soltado. Solo nos mirábamos el uno al otro, haciendo acelerar mi respiración. No podía alejar mis ojos de su rostro. Después de lo que pareció una eternidad, alejó su mirada y retrocedió—. Te ves muy hermosa, Bella. —Él sonrió con su sonrisita sexy que elevaba el calor de mi rostro aún más. —Gracias, tú sólo te ves bien —bromeé, agitando una mano hacia él despectivamente. Él se rio entre dientes ante mi observación. Saqué mi lengua y me encaminé por delante de él a la puerta principal, esperándolo a que saliera antes de cerrar. Cuando nos subimos a su coche, me reí incrédula. Él había limpiado toda la porquería y los cartones vacíos de comida para llevar del coche. Hasta olía agradable dentro. — ¿Wow, hiciste esto por mí? —pregunté, sorprendida. Él sonrió abiertamente y se encogió de hombros. —Bien, no quise que pensaras que yo era una especie de holgazán que no podría limpiar por sí mismo. Una sonrisa tiró de mi boca porque él había hecho tal esfuerzo. — ¿Sí? ¿Cuánto te tomó esto? Él se rio perversamente. —Ni idea. Pagué al niño de mis vecinos cinco dólares para que lo hiciera por mí. Jadeé. — ¿Cinco dólares? ¡Santo Dios!, Edward, eso es cruel, es casi como trabajo de esclavos, este coche era asqueroso. Espero que el niño haya recibido su inyección del TB antes de que tocara algo. —Me reí. —Sí, lo chequé con su mamá y me aseguré de que estuviera al corriente con sus vacunas antes de soltarlo —bromeó él, guiñándome. De camino a la iglesia él precedió a contarme todo lo que necesitaba saber sobre su familia antes de que yo los conociera. Los nombres de sus padres eran Carlisle y Esme, su hermana se casaba con un tipo llamado Jasper, y yo debía alejarme de su tío pervertido Chris, a quien le gustaría indudablemente una «cosa joven y bella» como yo según parece. Para cuando nos detuvimos en la iglesia yo torcía mis manos nerviosamente. Esto es una idea realmente terrible. ¿Quiero decir, quién en el mundo va de primera cita a una boda en familia? Él saltó y rodeó hacia mi lado, tendiendo una mano para ayudarme a salir del coche. Cuando salí, él se inclinó dentro y agarró algo de la guantera. Se giró hacia mí sosteniendo un pequeño ramillete. —Conseguí esto para ti. Oh, es muy bonito. —Gracias, Edward. —Lo tomé y lo observé. Era uno de los que se fijaban al vestido; tenía unas pequeñas flores blancas en el medio con hojas verdes por detrás. Era encantador. — ¿Quieres que te lo ponga? —preguntó él, levantando una ceja arrogantemente. Me reí y sacudí mi cabeza. —Creo que puedo sola, pervertido —contesté, riéndome tontamente y fijándolo en el frente de mi vestido mientras caminamos a la iglesia. Cuando llegamos a la puerta él tomó mi mano y tiró de mí para detenernos. —Gracias por venir, Bella. Si en algún momento quieres marcharte, me lo dices y te llevaré a casa. Quiero decir, esto es una primera cita terrible. Él me miró disculpándose, como si esperara a que huyera en cualquier segundo. — ¿Oh mierda, tú crees que esto es una cita? Edward, sólo vine por la comida gratis —bromeé, jalándolo hacia la iglesia. Él iba riéndose mientras cruzábamos por las puertas. La gente de atrás se dio la vuelta para mirarnos entrar, obviamente preguntándose qué era todo el alboroto. Me sonrojé y dejé caer mis ojos al suelo y le dejé que me condujera hacia un banco cerca del frente. Él iba diciendo «hola» y «que gusto verte» hacia la izquierda, a la derecha y el centro. Puse una sonrisa falsa y seguí detrás de él incómodamente. Cuando llegamos a la segunda fila, él me hizo un gesto para que entrara primero. Sonreí cuando me senté al lado de un tipo que se parecía a Edward, sólo que no tan guapo y un poco más joven; sus ojos eran marrones en vez de verdes. Él me estaba revisando totalmente con la mirada, y ni siquiera se molestaba en ser discreto tampoco.
Éste es obviamente su hermano pequeño.
— ¿Tú debes ser Emmet, verdad? —pregunté, sonriendo abiertamente. El chico me regresó una sonrisa satisfecha, sus ojos centelleaban con picardía. —Sí, y tú debes ser la chica con la cual me despertaré mañana. Me reí bajito. — ¿Wow, la arrogancia es de familia, eh? Edward alcanzó y dio un puñetazo a su hermano en el brazo, haciéndome reír más. —Contente ahí, idiota, que es mi cita—refunfuñó él. — ¡Shh, chicos que estamos en una iglesia! —siseé, riéndome tontamente otra vez. Edward rodó sus ojos mientras la señora en la fila delantera se giró. Era muy bonita y tenía los mismos ojos verdes azulados que Edward.
— ¿Chicos podrían dejarlo por un día? —ella reprendió, sacudiendo su cabeza, obviamente tratando de sonar severa, pero la sonrisa en su rostro como que arruinaban el efecto. Su mirada se centró en mí y su sonrisa se hizo aún más grande—. ¿Oh, Edward, vas a presentarnos? —susurró ella con emoción. Me senté más derecha.
Esa es su mamá y yo estoy sentada aquí riendo tontamente en una iglesia. Wow, grandiosa primera impresión, Bella.
Edward asintió con la cabeza. —Mamá, ella es Bella. Bella, mi mamá, Esme —él nos presentó—, y ese de allá es mi papá —añadió él, señalando a un hombre que estaba parado dirigiéndose a un par de personas en frente del otro pasillo. —Estoy tan contenta de conocerte —habló entusiasmada Esme y me tendió una mano. Yo se la estreché incómodamente, sintiendo mi cara calentarse. —Yo también, Esme. Me encanta su sombrero —dije, sonriendo. Se veía muy linda, en un trajecito color crema y el sombrero a juego con un pequeño tul en él, mamá seguro que habría comprado aquel sombrero también. —Gracias, cariño. —Ella sonrió felizmente, tocándolo por arriba. El tipo que Edward había indicado como su papá, vino y se sentó, antes de girarse en su asiento para charlar con nosotros también. Estrechó la mano de Edward en un gesto muy maduro. Yo podía ver que ellos tenían una estrecha relación; sus padres lo adoraban, podía decirlo con sólo mirarlos. —Carlisle, esta es la novia de Edward, Bella —dijo Esme alegremente, mirándome orgullosamente.
¿Novia? Wow, bien, precipitándose un poco, Esme. Aunque no me corresponde corregirlos. Eché un vistazo a Edward, esperando que dijera algo, pero él sólo pasó su brazo a través del respaldo del banco, donde descansaba mi espalda, haciéndome temblar un poco. — ¿Sí? gusto en conocerte, Bella —me saludó su papá, con una amplia sonrisa y mirando orgullosamente a Edward. —Es un gusto también —musité, avergonzada por toda la atención. — ¿Así que, cómo lo lleva Jasper? —preguntó Edward, echando un vistazo a un tipo de aspecto nervioso parado al frente. Él parecía muy mono en su esmoquin, pero retorcía sus manos, mirando la puerta. Carlisle se rio entre dientes reservadamente. —Está bien. Creo que se sentirá mucho mejor cuando Alice llegue. De alguna manera se le ha metido en la cabeza la idea de que ella lo dejará plantado en el altar —contestó él, riendo. — ¿Por qué piensa eso? —pregunté, frunciendo el ceño, un poco preocupada. Sería horrible si ella no aparece. Pobre tipo.
Carlisle se rio más fuerte, lo que le ganó un codazo en las costillas por parte de Esme. —Le dije que ella lo haría. Yo andaba bromeando esta mañana, pero el pobre chico se lo ha tomado a pecho —contestó él maliciosamente. Edward y Emmet comenzaron a reírse—. Todo iría bien ni no fuera porque el planificador de la boda no acabara de arrastrar a Alice lejos para arreglar un problema con su vestido. Cuando él me vio solo, creo que pensó que ella no vendría. Esme sacudió la cabeza y los miró con desaprobación. — ¡Vosotros tres sois malvados! En serio, de tal palo tal astilla, todos tenéis el mismo sentido del humor retorcido —reprendió ella—. Bella, yo me lo pensaría dos veces para tener niños con Edward. Deberías observar a su padre para ver lo que él parecerá en veinte años. —Ella hizo rodar sus ojos juguetonamente. Me sonrojé como loca y solté una risita, mirando a Edward y esperando que él dijera algo a su madre sobre que esta era nuestra primera cita. Él no lo hizo. En cambio, él me dio una sonrisita de satisfacción y se inclinó hacia mí, besando mi mejilla que ardía —. Eres demasiado linda —susurró él en mi oído al tiempo que su mano trazaba diseños por mi hombro desnudo. Mi piel hormigueó donde me tocó—. Y tú estás demasiado seguro de ti mismo —susurré de vuelta, haciéndolo reírse. Un poco más tarde una señora bonita en un traje se acercó para recoger a Carlisle y ambos se alejaron. Unos minutos más tarde, la música de órgano comenzó. La gente se levantó, girando para mirar la entrada de la novia. Edward tomó mi mano entrelazando nuestros dedos y debo confesar, que realmente me gustó. Parecía que su mano encajaba con la mía perfectamente, haciendo que mi cuerpo entero se sintiera más caliente. Miré hacia atrás para ver a su hermana y a su papá andar por el pasillo, pero rápidamente comprendí que no podría ver sobre el mar de gente, entonces giré de regreso al frente y mejor miré al novio. Él miraba la parte trasera de la iglesia, todas las señales de nerviosismo ahora se habían ido. Una sonrisa enorme, orgullosa se estiraba a través de su rostro. Sentí que mi corazón se saltaba un latido. Me encantaría que alguien me mirara así un día, sólo podía soñar con aquel nivel de lealtad que estaba claro a través de su cara en aquel momento. Él miraba su entrada como si ella fuera la única chica en el mundo, como si ella fuera la cosa más hermosa que él hubiera visto alguna vez. Era tan romántico que mis ojos hormiguearon con lágrimas, que era tonto porque yo ni siquiera conocía a la pareja. Después de la ceremonia nos dirigimos al jardín para las fotos. Estuve de pie con Edward y Emmet mientras a su hermana le tomaban toda clase de fotos de familia hechas en varias posiciones, con toda clase de gente. Edward y Emmet se tomaron una foto con su hermana. Alice era realmente bonita y su vestido era hermoso. Ella tenía el mismo cabello negro a diferencia que el resto de la familia, pero ojos marrones, igual que su papá y Emmet. Todos ellos eran muy atractivos; las fotos saldrían realmente bien. Edward vino y me agarró, jalándome hacia el fotógrafo. — ¿Qué estamos haciendo? ¿Ya terminaste? — pregunté cuando él envolvió su brazo alrededor de mi cintura. —No, tengo que tomarme la foto con mi cita, según parece —explicó él, cogiendo mi barbilla y volviendo mi cabeza hacia el tipo—. Sonríe —susurró. ¡Ay hombre, odio que me tomen fotos!
—Sonríe, Bella. Tranquilízate —instruyó él, riéndose calladamente. Respiré hondo y sonreí, escuchando el sonido de la cámara volverse loca delante de mí mientras me sonrojé y traté de no parpadear. —Ustedes ya quedaron chicos, gracias. Bien, ¿puedo tener a los tíos con los novios? —gritó el fotógrafo, haciendo señas alrededor. Di un suspiro de alivio cuando Edward me alejó a un lado de nuevo. Mientras caminábamos noté que no había quitado su brazo de mi cintura y también noté que yo no quería que lo hiciera. —Ahí lo tienes, ¿no fue demasiado malo o sí? —bromeó, agachándose para examinar mis ojos con una sonrisa de satisfacción a través de su rostro. —Mientras tú no sonrías así —repliqué, poniendo mi mano sobre su boca. Él se rio y mordió la palma de mi mano ligeramente haciéndome reír y quitar rápidamente la mano, limpiándola en su camisa. Después de otros pocos minutos de coquetear y bromear por ahí, nos marchamos todos hacia la recepción. —Espero que traigas puestos tus zapatos de baile —canturreó Edward, sonriendo felizmente cuando íbamos en coche al hotel donde se llevaría a cabo. — ¿Por qué, tienes algunos movimientos rompedores? —Fui conocido por ello en mis tiempos. —Él me sonrió con satisfacción, haciéndome reír. Cuando llegamos al hotel, tomó mi mano de nuevo, conduciéndome por el salón de eventos hacia la parte de atrás. Estaba maravillosamente adornado. Las mesas redondas fueron esparcidas alrededor del salón, cada una cubierta por un mantel azul y servilletas a juego. Sobre el centro de cada mesa había un arreglo floral azul y blanco. Era perfecto. —Parece que llegamos temprano —reflexionó Edward—. Vamos a revisar dónde nos sentaremos y recemos para que no sea cerca del tío Chris. —Él me miró con horror fingido mientras nos dirigíamos a los asientos. Se paró cerca, detrás de mí, mientras explorábamos, buscando su nombre. Su aliento soplaba por mis hombros haciendo mi cuerpo casi temblar con excitación—. Oh caray, nos sentaremos con la tía Lucy y el tío Ronald —refunfuñó bajo su aliento. Me di la vuelta para estar enfrente de él, sonriendo. — ¿Más pervertidos? Él sonrió abiertamente y negó con su cabeza. —No, pero si quieres oír historias de cómo era yo cuando era niño y ver fotos de bebé desnudo, entonces estamos sentados en el lugar correcto. —Él cerró los ojos y sacudió la cabeza, como si estuviera sufriendo. Me eché a reír. Esta cena va a ser formidable. Edward fue increíblemente gracioso durante la cena. Su tía era una de aquellas linduras que pellizca mejillas y saca las fotos de su bolso para mostrarte. Durante los tres tiempos de la cena, oí toda clase de historias de la infancia sobre él y su hermano. Algunas buenas, otras malas. Edward fue un niño bastante travieso por lo que escuché.
Cuando él era más joven le cortó el pelo al gato de la tía Lucy con la maquinilla eléctrica, pintó los muebles de su sala con la pintura de esmalte que encontró en su cobertizo, ventanas rotas con el fútbol y hasta me enteré de que mojó la cama hasta los cinco años. Cuando se hizo mayor estrelló el coche de la tía Lucy en una farola de la calle, llegó bebido una noche cuando él se quedaba en su casa y se hizo pis en su armario porque creyó que estaba en el baño. Una vez, puso un huevo en una sartén, luego se fue para mirar el fútbol por la TV e incendió la mitad de su cocina. Sin embargo cada una de las historias que contaba, lo hacía con una amplia sonrisa en su cara. Adoraba por completo a Edward, era absolutamente obvio. Él sólo se sentó allí todo el tiempo como un buen deportista, no se quejó una sola vez aunque yo bromeé sobre su vida toda la tarde. Cuando la música finalmente arrancó, él inmediatamente saltó de su silla y me arrastró a la pista de baile. —Maldición, eso fue vergonzoso, ¿hay alguna posibilidad de que puedas olvidar que escuchaste algo de eso? — suplicó, jalándome cerca de él cuando la primera canción lenta comenzó. Sonreí abiertamente y negué con mi cabeza despacio. —Oh no, no olvidaré nada de esto por un tiempo —bromeé. Él se rio desanimadamente y se encogió. El DJ anunció el primer baile de los novios entonces jalé a Edward lejos de la pista de baile, quien pareció un tanto decepcionado. Miré a la pareja feliz bailar. Ellos se veían tan tiernos y enamorados que yo realmente sentí un poco de celos por su relación. De repente los brazos de Edward me rodearon, jalándome cerca de su pecho al tiempo que un tipo se acercaba. Estaba probablemente a la mitad de sus cuarenta. Me barrió con la mirada despacio con una sonrisa astuta en su cara. Sonreí de vuelta nerviosamente, preguntándome qué estaba pasando. Edward le tendió su mano. —Oye, ¿cómo estás? Cuánto tiempo sin verte —dijo cortésmente mientras se estrechaban la mano. —Estoy genial hijo, parece que a ti te va bien —el tipo contestó, cabeceando hacia mí mientras que sus ojos paseaban por mi cuerpo otra vez. —Sí. Chris, ella es Bella, mi novia. Bella, este es mi tío Chris —nos presentó Edward, mirándome con una ceja levantada. Mi corazón golpeó en mi pecho cuando él dijo la palabra Novia.
¿Novia? Ah espera, ya entendí; este es el Tío pervertido del cual se supone que hay que alejarse.
—Hola, Chris, un gusto en conocerte. —Estreché su mano extendida y él la acercó a sus labios, besando el dorso de mi mano gentilmente. Los brazos de Edward se apretaron en mí de nuevo cuando él me jaló a su pecho, haciéndome reír tontamente por lo protector que era. Otro brazo serpenteó alrededor de mi hombro. —Ven a bailar conmigo, Bella —instruyó Emmet, guiñando a su hermano. Edward me soltó inmediatamente y sonrió a Emmet agradecido. Eché un vistazo a Edward para ver si esto estaba bien y él asintió con rapidez, dando un paso lejos de mí. Realmente no quería bailar con Emmet, pero Edward pareció un poco aliviado de verme ir.
Más personas bailaban ahora. Las canciones de boda empalagosas salían por montones, música de los ochenta y noventa que conseguían que la gente abandonara sus asientos. — ¿Así que, qué es lo que pasa con aquel tipo? Parece que a Edward no le agrada —observé, frunciendo el ceño mientras los miraba conversar. Edward se veía sin duda incómodo y también un poco molesto. Emmet resopló, mirando desagradablemente en su dirección. —Chris es un imbécil. Se mete con todo lo que se mueve, es repugnante. A Edward probablemente no le gustó que te mirara así. Él me pidió que te vigilara también —contestó Emmet, inclinándose hacia mi oído para hablarme por encima de la música. —Ay, él parece de cuarenta, eso es asqueroso. Espera… ¿cuándo te pidió él eso? —pregunté, confundida. Apenas se había alejado de mi lado en todo el tiempo. —Cuando nos tomamos las fotos —contestó él, encogiéndose de hombros—. De todos modos, Edward nunca te había mencionado antes. En verdad no sabía que estaba saliendo con alguien. ¿Cuánto tiempo hace que estáis juntos? —preguntó, acercándose a mí. Sonreí abiertamente. —No estamos juntos, sólo nos conocimos anoche. Él se rio y puso sus manos sobre mis caderas, acercándome a él. —Ah, ¿en serio? ¿Entonces si no estáis saliendo tal vez yo podría invitarte a salir? —él coqueteó, guiñándome provocativamente. Hice rodar mis ojos y puse mi mano sobre su pecho, apartándole de mí. —En serio, son muy parecidos, arrogantes y creídos. Tal vez no estoy interesada en volver a ver a ninguno de los dos otra vez después de conocer al tío —bromeé. —Tú me verás otra vez —ronroneó Edward con seguridad en mi oído. Brinqué cuando su brazo serpenteó alrededor de mi cintura, jalándome contra su cuerpo duro mientras nosotros seguimos bailando —. Gracias por eso, Emmet. —Él sostuvo un puño a su hermano quien inmediatamente hizo uno de esos gestos ñoños de chocar los puños. —Wow, vosotros sois son unos nerds —bromeé, haciendo reír a ambos. El resto de la noche pasó sin incidentes. Nos reímos y bailamos. Charlé tranquilamente con su familia, aparte de su tío, todos ellos me parecieron en verdad agradables. Cada vez que su mamá nos miraba coqueteando y bailando yo veía una pequeña sonrisa de satisfacción arrastrarse a través de su rostro. Durante los bailes lentos al final de noche, Edward no me dejó ni una vez. Una de sus manos descansado en mi espalda baja, otra en la nuca. Sus ojos enganchados en los míos, haciendo mi cuerpo zumbar y sentir mariposas en mi estómago. Él estaba tan cerca que apenas había unos centímetros de espacio entre nosotros y esto hacía acelerar mi corazón sin control. Aunque no me besó, se veía como que lo quisiera hacer y supongo que mi cara se veía exactamente igual, porque ciertamente quería que me besara.
A las once treinta la música terminó y las luces se encendieron. Nos despedimos de su familia y me llevó a su coche. Me condujo a casa en un cómodo silencio, era dulce. Lo había pasado muy bien y realmente deseaba que él también. Esperaba seriamente que quisiera verme otra vez. Cuando nos detuvimos fuera de mi casa, me acompañó hasta la puerta. Noté que el coche de mis padres no estaba en la entrada, lo que señalaba que no estaban en casa aún. Basado en experiencias previas, los reencuentros mensuales con amigos duraban aproximadamente hasta la una o dos de la mañana, así que tenía un poco de tiempo antes de que estuvieran en casa. — ¿Quieres pasar por un café o algo? —pregunté. Inmediatamente me di una cachetada mental por añadir el «o algo» al final.
¡Wow, eso suena como que le estoy ofreciendo «algo», como sexo! Demonios ¡Bella!
— ¿Sí? ¿Tus padres no se opondrán si entro para el café? —preguntó, mirándome esperanzado. Negué con la cabeza y abrí la puerta entrando y dejándola abierta para él. Me quité los zapatos y me dirigí hacia la cocina, encendiendo la tetera. —Es un lugar agradable —comentó, mirando alrededor e inclinándose a la cocina. —Sí, siempre hemos vivido aquí, adoro esta casa —contesté, agarrando algunas tazas y haciendo el café. Sabía cómo le gustaba; le había visto preparase uno después de la cena de esta noche. Se apoyaba contra la encimera mirándome, sonriendo—. Tu familia es linda. Él se rio incómodamente. —Sí, la mayor parte de ellos. Mamá es molesta a veces. Lamento que ella siguiera mirándote así toda la noche. Nunca antes he llevado a ninguna chica para conocer a mis padres, creo que ella se entusiasmó un poco —explicó él, encogiéndose de hombros. — ¿En serio, nunca? ¿Por qué no? —pregunté cuando servía los cafés. —Nunca he tenido una novia seria a la que haya querido presentarles. — ¿Sí? ¿Eres un mujeriego? —bromeé. — ¿Tu qué crees? —preguntó, con una sonrisa pícara. Él se veía tan sexy que mi boca se hizo agua.
Él es indiscutiblemente un mujeriego; está tan ardiente como para poder acostarse con cualquiera. «Absolutamente».
Agarré los cafés y me dirigí al salón, encendiendo las luces y dejando las bebidas en la mesa. —Así que, Edward esto es como se ve una alfombra —bromeé, haciendo gestos al suelo limpio. Él sonrió abiertamente. —Wow, no he visto una de éstas desde que me mudé de la casa de mis padres — contestó él, fingiendo sorpresa. Me eché a reír y me senté en el sofá, mirándole con expectación. Se sentó a mi lado. Estaba tan cerca que yo apenas podía quedarme quieta. —Gracias por pedirme ir contigo hoy; me divertí mucho —dije francamente.
— Bien, gracias por venir conmigo —susurró mientras que movía su cabeza lentamente más cerca de la mía. Contuve mi aliento, sabiendo que él iba a besarme otra vez. Mi corazón golpeaba en mi pecho mientras que el pelo en la parte de atrás de mi cuello hormigueaba con la excitación. Sus labios tocaron los míos por cuarta vez en dos días y sentí como si mi cuerpo entero ardiera. Envolví mis brazos alrededor de su cuello, jalándole más cerca. Él trazó con su lengua a lo largo de mi labio inferior, entonces abrí mi boca con impaciencia. Su lengua se deslizó en mi boca masajeando la mía. El beso era hermoso, incluso perfecto. Hizo a mi cuerpo entero vibrar. Avanzó más, haciendo recostarme en el sofá; él estaba encima de mí, besándome profundamente. Sus manos rastreaban hacia abajo mi cuerpo mientras se presionaba más cerca de mí. Terminó el beso justo cuando yo comenzaba a sentirme un poco mareada y comenzó a besar mi cuello y mis hombros desnudos. Dirigí mis manos hacia bajo por su espalda, abrazándole más fuerte.
Espera, esto va demasiado rápido.
— Edward, para —balbuceé jadeantemente. Estaba tan excitada que apenas pude soltar las palabras. Él se paró inmediatamente y se retiró, poniendo su frente a mía. —Lo siento, me dejé llevar —se disculpó él. —Está bien. Es sólo que no soy el tipo de chica que se va a la cama en una primera cita —contesté, sonrojándome. Él se rio y extendió las manos, tomando las mías y fijándolas encima de mi cabeza. — ¿Y qué te hace creer que soy el tipo de chico que se acuesta en una primera cita? —preguntó, sonriendo con satisfacción hacia mí. Me reí tontamente, mirándole provocativamente. —Puedo decir que lo eres. Edward se rio y sacudió su cabeza. —Tú me has etiquetado mal, no soy ese tipo de chico en absoluto —dijo él inocentemente.
Sí, claro, no creo eso ni por un segundo.
—No lo eres, ¿eh? Así que si yo te pidiera que me llevaras arriba y que me lo hicieras en la cama de mis padres, ¿tú dirías que no? —Lo desafié, levantando una ceja burlonamente. Él gimió y negó con la cabeza. —No, no diría que no —confesó él, besándome otra vez. Enredé mis manos detrás de su pelo. Él se separó un minuto más tarde—. Probablemente debería irme antes de que comience a rogarte por sexo —dijo él, con una sonrisita y haciéndome sonrojar de nuevo. Me eché a reír y asentí. —Buena idea. Inmediatamente, él se levantó apartándose de mí. Yo me levanté también; no habíamos ni siquiera tocado los cafés fríos dejados al lado. —Así que, ¿puedo invitarte otra vez? —preguntó, poniendo su sonrisita sexy.
—Nah, ese beso no fue tan bueno para mí, lo siento —bromeé. Sus ojos se ampliaron un poco, su cuerpo pareció ponerse tenso. —Oh bien, sí bueno, está bien — murmuró incómodamente. Me eché a reír y di un paso cerca de él, apretando mis labios a los suyos otra vez. Él gimió detrás de su garganta cuando me aparté. —El beso me gustó, no te preocupes. Y me encantaría verte de nuevo —dije, agarrándome a su corbata y colocándola suavemente. Su cuerpo visiblemente se relajó. —Eso fue cruel —me reprendió. —Sí, soy cruel; te llegarás a dar cuenta de eso mientras más me llegues a conocer. Ahora sal de mi casa — ordené, sonriéndole con satisfacción. —Sí, señora. —Me besó otra vez y se dirigió a la puerta principal. Le seguí al vestíbulo y me apoyé contra el marco de la puerta—. Te recogeré a las siete mañana. —Me dio un piquito en los labios otra vez antes de salir de la casa. — ¿Y si yo tengo planes para mañana por la noche? —pregunté, riéndome. Él agitó su mano desdeñosamente. —Los cancelarás —dijo él sobre su hombro mientras caminaba de regreso a su coche, riéndose. El arrogante y creído está de regreso otra vez. Me reí disimuladamente. Él tiene razón; si realmente tuviera cualquier plan, lo cancelaría. Cerré la puerta y me apoyé contra ella, tocando con el dedo mis labios. Todavía vibraban por su beso. Sabía que iba a soñar con él esta noche.
