Okay. Lo bueno es ¿Vieron que habrá nuevo anime de Kuroshitsuji?!

(Eso, eso, distraelos, para que no te hagan nada).

Bueno, como les prometí, habrá acción y drama. A decir verdad, esto de la pelea y cosa fue un capricho que me dio por ver Dragon Ball y re-encontrarme con Naruto, que me decidí volver a ver. No que a ustedes les importe.

Pero si les insto, por si las horrorosas descripciones no lo hacen notar, que las "manos" de las que hablo en la historia son como unas manos incorpóreas hechas de magia que salen de sus brazos. Algo así como los brazos-vectores de Lucy de Elfen Lied, pero que salen de sus mismo miembros. XD

Me da mucha risa, yo utilice una teoría simple, y la de Yana fue aún más simple, no le afectó en lo absoluto. Eso es pro.

Así que sí, eso lo resume todo. Estoy emocionada por el nuevo anime, adoro a Daisuke Ono, así que será genial. El capítulo siguiente... No tanto, pero si pueden hacerlo:

¡Disfruten!


-.-

Los problemas se resuelven, de un modo u otro.

-.-.-.-

-.-.-

-.-

Sullivan más que enojada, estaba furiosa... ¿Cómo era posible...?

¡Sebastián era un idiota! ¡Todo era su culpa! Ella podía hacer el hechizo perfectamente, solo necesitaba...

Había reunido el suficiente poder, había practicado el hechizo y había conseguido la información necesaria, y Sebastián... Sebastián había fallado ¡Era culpa de Sebastián! Él era el nexo... no... ¡No servía!

Sebastián empezó a atacar al hombre lobo, y Sullivan no pensaba permitirlo. Lo atrapó con unos brazos que salían de su interior y lo estrujó hasta rasgarle los ropajes.

Sebastián pudo liberarse de los agarres con rapidez, apartándolos a base fuerza bruta, para luego quejarse:

—Parece que siempre termino rasgando las preciadas telas que debe cargar el mayordomo de los Phantomhives... Es una lástima— mientras se quitaba el tail coalt de encima.

Sullivan estaba muy enojada todavía, seguía siendo culpa de Sebastián, y así se quedaría.

El ruido empezó a a llamar la atención de las pobladoras. Muchas de ellas se escondieron, mientras un pequeño grupo liderado por Hilde salió a ver lo que pasaba.

No podían despegar la vista de la escena. Tres entes desplegaban una cantidad de energía increíble, casi ni se podía notar quien era quién, pero esos globos en el suelo eran inconfundibles y, definitivamente, uno de ellos se quitó una chaqueta de cola larga... Dios mío... Necesitaba hacer algo para solucionar la situación, no podía dejar a su señora luchando sola... fuere como fuere. Ese era el hombre lobo, y no entendía muy bien la situación, pero tenía que ponerse de parte de Sieglinde Sullivan. Y quizás...

Llamó a Grete y Anne para que vinieran a socorrerla, y obligó a las demás mujeres a refugiarse. Ellas tres eran las que más poseían magia del pueblo, aunque no era nada comparado con los poderes de los que peleaban... pero en algo podían ayudar. Patada, salto, desplazamiento. La pelea era a grandes dimensiones, y no se sabía de qué lado estaba cada quién. Sullivan y Sebastián luchaban mano a mano. Sullivan enviaba una ráfaga de magia a atacarlo y él la lanzaba despedida a punta de golpes. El hombre lobo estaba dudoso, pero mayormente, atacaba al pueblo y a Sebastián, siempre evitando a Sullivan. La cola del sujeto atacó a Sebastián, quién no se lo vino venir y salió disparado cinco metros. La joven aprovechó la oportunidad, y con los brazos que se materializaban con su poder, trató de contener a ambos especímenes. Su nariz sangraba por el esfuerzo al tener que contenerlos a ambos.

Hubo un momento en el cuál no pudo resistirlo más y tuvo que soltar levemente su agarre, momento en que Sebastián aprovechó para soltarle y dirigirse a ella con la intención de despedirla con una patada; cuando un cuerpo pesado lo atacó tirandolo al suelo y dejándolo aprisionado. Sebastián suspiró y sopló unos cabellos que caían en su rostro...

Toda mi ropa quedará arruinada.

Su arrogancia le caracterizaba, pero estaba algo preocupado. Pelear con un ser de este calibre era desafiante. Con dos... Aunque de cierta manera, había una pequeña cantidad emoción al luchar con gente poderosa. Bueno, algo poderosa.

Wolfram lo tenía completamente tacleado y empezaba a sujetarle el cuello dispuesto a romperselo. Sullivan estaba algo cansada, trataba de limpiarse la gota de sangre del labio mientras le ingresaba ponzoña al cuerpo de Sebastián para de algún modo ralentizarle.

Que técnica tan barata. No hallaba opción aparente, y si no se liberaba pronto ese estúpido veneno podría atontarlo. Ohh, y el lobo podría romperle el cuello. Sus ojos recorrían todo el lugar hasta que encontró una vela encendida y prontamente su boca mostraba una sonrisa. El lobo seguía sujetándole con toda su fuerza, Sebastián tuvo que arquear su espalda, para poder sacar su brazo y atraer el fuego hacia sí.

El lobo seguía tratando de romperle el cuello, cuando una llamarada de fuego lo imposibilitó de seguir en esa labor. Tuvo que liberar a Sebastián y rodar por el piso para apagar el fuego que le quemaba. Sebastián se incorporó y le sonrió confiadamente a Sullivan.

Sullivan soltó aire contenido y luego chasqueó la lengua cansadamente. Entrecerró los ojos y empuñó sus manos para que de la misma manera sus otras manos se empuñaran, en un golpe que Sebastián habilmente esquivó.

Ciel Phantomhive en serio necesitaba hacer más ejercicio.

Creo que Sebastian tiene razón, debería entrenar también mi cuerpo.

Corrió y corrió todo lo que pudo pero al final necesitó descansar un poco. Se recostó en una pared cualquiera, solo para quemarse la mano levemente.

—Hijo de... —. La casa estaba incendiándose. Y no darse cuenta de ello fue estúpido. El chico colocó sus manos en las rodillas y empezó a aspirar todo el aire que pudo. Lo que menos necesito es un ataque de asma en estos momentos.

Levantó la vista y pudo ver a su mayordomo luchar contra la bruja y el lobo. El ambiente era tétrico y pesado. La noche era de un oscuro profundo, sin luna, con solo la luz de las casas incendiándose alumbrando el paraje de una manera terrorífica. La batalla hacía que el fuego cobrara más terreno y se empezaban a escuchar gritos de las pobladoras.

Ciel bufó, mientras se acomodaba los mechones sudados que le caían en el rostro. No le preocupaba el hecho de que Sebastián ganara o no la batalla; Sebastián siempre ganaba. Cabía la posibilidad...

Pero lo que le preocupaba era el tiempo. Si Sebastián mataba a Sullivan estarían en un pueblo enfurecido donde su lady había sido asesinada. Si eso pasaba tendrían que matar a todos y tener que matar a tanta gente sin necesidad...

Tres personas pasaron corriendo a su lado, o más bien tres mujeres, ya que sus vaporosos vestidos lo habían tumbado al suelo.

— ¿Qué les pasa? — les gritó enojado en un alemán torpe. Las mujeres no entendieron bien lo que trataba de decir, pero el niño les había gritado, así que se volvieron.

Las tres se impusieron frente a él, y de ser otra persona, se hubiera sentido amenazado. Hilde tenía las manos empuñadas en las caderas, y las demás tenían los brazos cruzados, era un triunvirato de feminas alteradas. Pero es Ciel Phantomhive de quien estamos hablando, así que muy dignamente se levantó del suelo, se sacudió el polvo de su bata de dormir, y empuño las manos de sus brazos estirados a cada lado de su cuerpo mientras alzaba la barbilla desafiante.

— Mira niño, es preferible que te quites del medio, o le ordenes a tu mayordomito que deje de atacar a nuestra señora.

¿Mayordomo? ¿Niño? Fue lo único que entendió de la oración, pero con la postura corporal lo decían todo.

Maldita insolente.

El joven mostró un momento de debilidad infantil, porque olvidó cualquier idioma conocido y respondió en un inglés británico muy enojado:

— Lo dicen quienes tienen un estúpido sirviente hombre lobo.

Ellas no entendieron ni pío, pero esa respuesta era obviamente maleducada. Así fue como empezó una discusión (pelea) con la voz algo alzada (si pudieran matarse a punto de gritos lo hubieran hecho) donde nadie entendía lo que el otro decía, pero todos estaban igual de enojados.

La discusión se arreciaba a cada segundo, hasta que un estruendo hizo que todos se tiraran al piso para refugiarse. Sullivan había atacado a Sebastián levitando uno de los dispositivos de tortura que se encontraban en el lugar.

A pesar de saber sobre la inmortalidad de su demonio, no pudo evitar gritar al ver como la bruja sujetaba a Sebastián y lo introducía en una doncella de hierro*.

— ¡Mátalos, Sebastián, atácalos! ¡Lo que sea! — gritó mientras se quitaba a Hilde de encima, que había caído sobre él con el alboroto.

Esta dejo ir al niño para ir a auxiliar a su ama, que se había desplomado al suelo por el esfuerzo, Grete y Anne la seguían unos pasos atrás, pero la primera aprovechó para tratar de tirar a Ciel al suelo de nuevo.

Sebastián ya estaba cansándose. Esas agujas en su estómago no eran nada placenteras, y alguien debía enseñarle una lección a esa niña malcriada. Como si fuera su culpa que la conexión hubiera fallado. Definitivamente ya no quedaba gente competente en este mundo.

Salió con lentitud del aparato de tortura, y su plan era dirigirse a terminar de una buena vez con el hombre lobo, pero instintivamente fue a evitar que su amo cayera al suelo a consecuencia del empujón de la bruja, y lo alzó justo antes de tocar el suelo.

Las brujas por su parte llegaron a socorrer a la joven. Hilde sujeto a la chica en sus brazos y se puso a su disposición:

— ¿Qué es lo que sucede?

La chica se soltó de su agarre fastidiada.

—Ese maldito demonio— siseó molesta. La palabra hizo mella en la mente de la mujer. Había escuchado acerca de utilizar demonios para conseguir más poder, aunque eso era para brujas más poderosas, que podían controlar esa clase de energía. Si el demonio los atacaba... ¿significaba que la conexión había fallado? ¡Y para qué quería el ama esa clase de poder? Sería para...

Hilde era de las pocas personas que sabían de la naturaleza del mayordomo de la mansión Green, pero no había mucho que pudiera hacer...

—¿El demonio quiere deshacerse del lobo?

Era algo surreal hasta cierto punto, que el demonio quisiera deshacerse de un hombre lobo bajo las órdenes de una bruja, aunque pensándolo bien, el demonio debía estar bajo contrato...

—No, no le dejaré...

—Ama Sullivan... — Hilde había insistido con el pasar de los años en que se deshicieran del hombre lobo, pero la chica todavía guardaba la esperanza de encontrar una solución.

— ¡A buenas horas me ayudas! Casi me da un ataque de asma, ¡idiota! —. Ciel phantomhive había evitado la caída gracias Sebastián, pero soltó su agarre rápidamente, algo hastiado por el contacto de Sebastián, y se encontraba sacudiendo su bata de dormir innecesariamente, para sacarse la tierra de encima. Tarea inutil, ya que estaba totalmente arruinada.

— Discúlpeme, joven amo. Pero en ese momento estaba ocupado cumpliendo una orden previa— dijo mientras se colocaba una mano sobre el pecho y se inclinaba levemente, - unos mechones de cabello cayéndole en el rostro.
Ciel chasqueó la lengua.

— Y veo que no lo has cumplido. Estás muy incompetente últimamente, Sebastián—. Se cubrió la cara con el brazo por la explosión de polvo que levantó la cola del lobo—.
La orden sigue en pie, mátalo— dijo, cruzando los brazos sobre el pecho.

Sebastián asintió levemente.

— ¿Y la bruja?

Ciel giró la cabeza en su dirección. Podía ver como la chica hablaba con sus sirvientas... la cara de devoción que estas tenían, que tendría todo el pueblo. Sería una masacre.

— No la mates, Sebastián, se volvería una masacre. Quiero terminar esto e irme. No es necesario su muerte, es lo más práctico— dijo volteando su mirada hacia su mayordomo y mirándolo de frente—. Es una orden, mata al hombre lobo, pero no ataques a Sieglinde Sullivan.

Sebastián sonrió maliciosamente. Su joven amo ¿Hablando de practicidad? Su cara de desasosiego lo decía todo...

—Yes, my...

—¡Mayordomo! — los interrumpió un grito, - las brujas que se acercaban hacia ellos. El grito provenía de Grete, que se quitaba un mechón de cabello del rostro mientras los miraba desdeñosamente.

—Tú nos entiendes, ¿verdad?— preguntó Hilde, impasible. Sebastián solo asintió levemente—. El ama Sullivan dice que necesitará tu ayuda una vez más y que, por favor, Sebastián preste su poder una vez más—. Anne suplicó un par de veces más, mientras que ambos las miraban impasibles. Ciel miró brevemente a Sebastián, quién le tradujo rápidamente lo que las mujeres querían decir.

—¿Por qué debería hacerlo?— preguntó Ciel, cínicamente, mientras Sebastián traducía—. Mi sirviente estaba cumpliendo gustosamente las órdenes de su ama, y cuando vinimos amablemente a ayudarles con su problema doméstico— todos voltearon su mirada para ver al hombre lobo destruir una casa pequeña, mientras una mujer y una niña evitaban por poco la muerte—, su ama trató de matarle, y de atacarme. Entonces, no sé porqué no deberíamos simplemente matarles a todos— dijo alzando los hombros en un gesto despreocupado.

Las sirvientas se asustaron unpoco, pero trataron de ocultarlo. Sullivan se había quedado en el suelo sentada, a pesar de la insistencia de las brujas. No había querido a hablar con ellos, o admitir su error al haber explotado y no haber encontrado una mejor manera de resolverlo. No era que fuera su culpa, seguía siendo culpa de Sebastián. No podía gastar más cantidad de su poder levitando y sus globos hacía tiempo que habían quedado inservibles.

—¡Ven aquí, Phantomhive! Tengo algo que quiero decirte— cruzó sus brazos y piernas mientras miraba hacia otro lado.

Trataba de calmar al lobo utilizando un hechizo que apaciguaba sus impulsos y los sellos de las pueblerinas volvían a funcionar. Pero aún seguía en forma lobuna, y esa era solo una solución temporal.

Sebastián tradujo lo dicho y Ciel volteó su vista hacia la muchacha. Entrecerró los ojos y luego miró al lobo que parecía tranquilizarse.

Avanzó hasta donde estaba la chica, pasando de largo a las mujeres, mirándolas de mala manera. Sebastián se inclinó con respeto al pasar a su lado y todas las chicas tuvieron reacciones distintas. Anne se sonrojo, Hilde chasqueó la lengua y Grete pusó los ojos en blanco.

—¿Me pedirás disculpas por tratar de matar a mi mayordomo? — preguntó Ciel en un inglés flemático. Ya no le interesaba hablar alemán, dejaría que Sebastián tradujera todo lo que decía.

—¡Tú también trataste de matar al mío! Me parece hipócrita que...

Ciel se cruzó de brazos y Sebastián utilizaba su mirada penetrante.

—Disculpen. Tú llegas diciendo que ibas a matarlo mientras simplemente había salido mal y yo no veía otra opción... —. Sullivan suspiró antes de continuar—: Ellas nos ayudarán— señaló a las brujas—. Utilizaremos el poder de todos, y creo que podremos contenerlo, porque el hechizo que le acabo de poner no funcionará para siempre.

—¿Y luego que? Ya sabemos como terminó tu antiguo plan...— tomó una pausa para ver el lugar destruido — No terminó nada bien. Nuestra misión es deshacernos del hombre lobo que atosiga a la gente foránea al pueblo, ¿cómo garantizarás que este plan funcione?—
Sullivan sujetó su vestido y lo apretó para tranquilizarse.

—No lo hago yo... Wolfram ha sido... Él es la única persona que me ha cuidado estos años, desde que mi madre murió, y yo... Sé que es una amenaza para la gente del exterior y para nosotros mismos. Y sé que no está bien que la Green Witch actué de una manera tan irresponsable... —. Una lágrima caía de cada ojo y todos simplemente la observaban con cuidado. Sebastián estaba intrigado por la naturaleza de su vínculo, definitivamente los seres humanos eran seres ingenuos y estúpidos...

Ciel no entendía mucho, porque Sebastián había olvidado traducirlo; por lo que se encontraba algo molesto pero... conmovido por lo que Sullivan mostraba. Captaba algunas palabras al azar, y podía ver la naturaleza del vínculo de ambas personas.

Estúpida.

—Sí su poder no se sella, Sebastián puede matarle—. Se limpió las lágrimas de los ojos y se sonó la nariz de manera grosera. Miró a Sebastián con determinación y él asintió.

—Dice que tratará de hacerlo una vez más, con ayuda de ellas. Que si no funciona puedo matarle.
Ciel se cruzó de brazos y dio permiso.

Sullivan hizo que Sebastián la levantara, ella se encontraba sentada en el brazo derecho del mayordomo -posición algo incómoda para él, aunque por ser un demonio casi ni sentía el peso- mientras que el brazo izquierdo de Sebastián pasaba por su torso sujetando su brazo, para utilizar su poder en el hechizo, por supuesto. Ciel miraba concienzudamente, mientras las tres brujas se colocaban a cada lado de Sullivan. Hilde a su derecha, Grete a la izquierda y Anne detrás de Sebastián, pasando sus brazos por el torso de Sebastián agarrando los brazos de la chica... y pegando sus pechos de la espalda del mayordomo. Este no dijo nada pero se sobresaltó un poco al sentir a la mujer detrás de él, y ella solo susurró una disculpa.
Todas las chicas se miraban entre sí, Hilde, siendo la más seria, solo bufó; pero las demás sonreían de manera maliciosa.

Sebastián volteó levemente el rostro y respondió sonriendo:

—No se preocupe señorita, yo...

—Podrían dejar las tonterías y detener al hombre lobo. No tenemos toda la noche— ordenó Ciel algo fastidiado, ya que no soportaba las cosas inútiles.

Todos fijaron la vista hacia delante algo confundidos, y se hizo presente una tensión. Sullivan carraspeó y dijo:

—Ya saben lo que deben hacer. Transfieran su energía, si funciona, el sello se romperá, si no...
—Yo me encargaré de erradicarlo— respondió Sebastián con presteza. Sullivan apretó su brazo y asintió.
Poco a poco la energía empezaba a pasar a través de Sullivan, y el poder adicional de las brujas, a pesar de ser poco, era de gran ayuda. Una sensación de esperanza se instaló en el pecho de la chica y sonrió.

—¿Cuánto tiempo tenemos que estar así, ama Sullivan?— gimió la chica mientras se batía detrás de Sebastián. Este solo sonreía a la Sebastián, de lo gracioso y sugerente de la situación, y Ciel los miraba de mala manera.
—Hay que esperar a que el lobo este más cerca, Anne— respondió fastidiada la chica.
—Es que me duelen los brazos...— dijo mientras saltaba quedamente restregando los senos en la espalda de Sebastián—. Yo soy la que tiene la posición más incómoda.
—No es por entrar en discusión, pero yo tengo los brazos de todos ustedes encima de mí— dijo la bruja.
—Pues yo en realidad la estoy sosteniendo, señorita.

—Yo tengo que soportar que te recuestes sobre mi, mayordomo, cada que Anne te restriega las tetas. ¡Maldita zorra!

—Yo no tengo la culpa, Grete ¡estoy justo detrás de él!

Hilde interrumpió la discusión con un ¡Basta!

—Pero ella empezó...— se quejó Anne.

— No me importa, simplemente...

—¡Ahora! — gritó Sullivan, mientras todos ponían su poder a disposición y ella trataba de manejarlo de la mejor manera posible.

Podía sentir cómo la energía del poder de todos corría por su ser. Una estela de magia color violeta los cubrió a los cuatro y empezaron a flotar por la energía utilizada.

Ciel miraba todo con sorpresa desde abajo, ya que ellos ya estaban a tres metros de altura.
Las cuatro brujas empezaron a hablar en un idioma extraño que Ciel no llegaba a distinguir... No era latín aunque compartía raíces... Sebastián entendía lo que decían, pero no podía seguirles al no saberse el conjuro.

Una bala de energía golpeó al lobo y este también levitó por los aires.

El conjuro continuaba y Sebastián solo miraba intrigado la situación, concentrado en pasar su magia a la chica. No tenía mucha fe en que esto funcionara. Todos estaban cada vez más apretados y el lobo pasó de estar a diez metros de lejanía a estar a tres metros de ellos y ya estaban a diez metros sobre el suelo.

Poco a poco el conjuro fue haciéndose menos intenso y todos fueron bajando lentamente. El hombre lobo recobró su forma humana y aterrizaron suavemente.

Anne se soltó de Sebastián para rápidamente volver a tocarlo, pero esta vez en un abrazo de verdad, que de haber sido humano le hubiera ahorcado. Luego se separó de él y empezó a dar saltitos de victoria, mientras abrazaba a Grete, que sonreía levemente. Hilde sonreía victoriosa y Sullivan seguía en brazos de Sebastián, mientras suspiraba y le pedía que se acercaran. Los cinco se acercaron al hombre, y Ciel les siguió poco después a observar también.

Estos tontos creen que pueden dejarme de último...

Las tres brujas hablaban entre ellas, felices de que el hombre lobo hubiera sido sellado, mientras Sullivan lloraba de la felicidad y Ciel y Sebastián se miraban entre sí diciéndose: después de todo, funcionó.
Eso, hasta que rasgos lobunos empezaron a salir de nuevo en el sujeto.

—Maldita sea, yo...—. Sullivan sintió como su mundo se desmoronaba. Las lágrimas empezabana ser de fustración, mientras su mente no encontraba que maquinar para evitar el futuro destino de su sirviente.

—Hazlo, Sebastián— ordenó rápidamente Ciel.

—Espera, ¡no!— gritó Sullivan al momento, pero un trato era un trato, y una orden era una orden. Fue tan rápido, tan repentino. En un momento había un hombre lobo a mitad de transformación y lo siguiente que Sullivan y las demás brujas vieron, fue la mano de Sebastián atravesando el pecho del hombre.
—Disculpe, señorita Sullivan pero usted sabía que...

La chica no aguantó más. Lágrimas caían de sus ojos, mil veces más rápido que la vez anterior, y en un ataque de histeria quiso deshacerse del agarre del mayordomo. Pateó, rasguñó y lloriqueó hasta que por fin Sebastián se rindió y la colocó en los brazos de las mujeres. Esta le sostuvieron mientras su llanto acrecía y la decepción y tristeza se instalaba en su pecho. Todas cayeron al piso y Sullivan se aferraba de las mujeres como si fueran su ancla, ya que el verdadero yacía muerto en el piso.

Miradas curiosas llenaban el lugar, con el cese del agitamiento varias personas salieron, aunque no entendían mucho la situación.

—Vámonos— ordenó Ciel, autoritario, al verse rodeado de gente. No había nada que hacer aquí. Nada que se pudiera hacer. El había matado a ese "hombre" o, no sabe si es peor, él había sido quién había dado la orden para que sucediera. Sebastián volteó la vista y se le quedó mirando—. Los demás están esperando en las afueras del pueblo, se los ordené antes de venir. Vámonos, es una orden.
Sebastián asintió y le siguió.

Hilde se liberó del agarre de su ama, y les hizo señales a las chicas para que la atendieran. Sullivan estaba recostada en las piernas de Anne, que le acariciaba los cabellos, mientras que Grete masajeaba su brazo.

La mujer les alcanzó al poco tiempo, y les llamó en voz baja, pero firme. Ambos seres se voltearon alertas, en caso de cualquier ataque.

—Gracias. Por deshacerse del hombre lobo— dijo decidida y respetuosa, lo que sorprendió a ambos—. Eso es todo, pueden irse.

Los lamentos de Sullivan aumentaron y apresuraron el paso.

—Esto nos va a traer... infortunios en el futuro. Algo me lo dice— dijo Ciel mientras estaban en el carruaje, refrescado y vestido con ropajes decentes.

—¿A qué se refiere, joven amo? — preguntó Sebastián curioso, volteando su vista del camino para observar al joven.

—Haber dejado a las brujas vivas. Y sobretodo, haber matado al hombre lobo así de repente. Sullivan nunca nos lo perdonará, y dudo que sea la última vez que las tengamos que tratar— Ciel suspiró quedamente antes de recostarse completamente en el carruaje.

—Usted fue el que me ordenó que no la tocara, yo podría...

—No es acerca de eso. No era necesario matarlas. No digo que nos vayan a atacar... La razón por la que las deje viva, a estas alturas, más relajado y calmado, parecieran insuficientes. Parecería que traerán más infortunio que bien. Pero no puedo negarlo, son una pieza muy útil... Esa es la razón del porqué la deje viva... las deje vivas.

—El joven amo tan astuto como siempre— se burló sutilmente el demonio, nadie más lo reconocería, pero Ciel sí—. Siempre al tanto de conseguir piezas. ¿Está seguro que esa fue la única razón por la que dejó a la bruja viva?

Ciel entrecerró los ojos y contestó:

—Eso no es asunto tuyo Sebastián, así que cállate. Y por supuesto. Yo siempre pienso en lo que es conveniente para mí. Todo dependerá de como Sullivan supere la muerte de ese sirviente.
—Que impropio es que amo, o ama en este caso, y mayordomo, estén afianzados de tal manera, ¿no cree? En definitiva, no es de los deberes de mayordomo consentir tanto a su amo, al punto de que este no quiera deshacerse de él en el momento apropiado...

—Pensé haberte ordenado que te callaras, Sebastián— profirió el joven algo enojado. Claro que, Sullivan y él eran muy parecidos en cierto sentido, pero tan distintos en esencia.
Porque por supuesto, Sebastián era solo su pieza.

—Mil disculpas, joven amo— dijo sonriendo maliciosamente—. Me callaré inmediatamente.
Por otra parte, los sirvientes estaban muy confundidos acerca de lo que había pasado, pero siempre y cuando su amo estuviera bien, no había nada que tener.

Porque a pesar de los lamentos de bruja que resonaban por todo el bosque, que de haber sido otra clase de niño le provocarían pesadillas, así sería siempre.

¿Quién dijo que con un mayordomo-demonio y un conde de trece años las cosas podrían salir mal?

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-.-.-

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*La doncella de hierro tiene varias controversias, y de hecho, tengo entendida que no era tan dolorosa, originalmente iba a atravesarle los ojos a Sebastián. Leí que es falso que se usaban en el siglo XV pero que curiosamente si se usaban en el siglo XIX. Pero es un fanfic, así que decidí no darle tanta vuelta. :)

N/A: ¡¿Cómo que es un final fail?! ¡¿Qué es eso de que después de un mes nos vienes con esta porquería?

No señoritas y señoritos, ustedes me tratan conmás respeto. (?)

Esto fue cómico. Quería que Anne tuviera un momento con Ciel (es que: ¿Le vieron los senos?!), y al final no se me ocurrió ninguno, y salió solo ese momento con Sebastián. Y luego me di cuenta que cuando todos caen al piso, que Hilde está sobre Ciel hubiera sido un buen momento. Pero, no iba a hacer que la pobre Anne le restregara las tetas a todo el mundo. XD

Así que... Si me preguntan si Sebastián lo disfruta, la respuesta es sí, más o menos. A él (en mi opinión) le gusta experimentar esto de "ser humano" lo que significa que "disfruta" todas las experiencias, independientemente de cual sea. Y como es hombre, o al menos, tuvo que meter algo dentro de Beast, y, por como recibe heridas, que aunque se le curen, las recibe como un humano normal, me hace pensar que su cuerpo esta diseñado para recibir estímulos igual que un humano. Pero no me iba a poner explícita en ese momento. XD Saquen sus conclusiones. Y sobre Ciel... sí.

En cuanto a Wolfram, lo siento. Mi intención fue siempre matarlo. Quizás haga un spin-off de esto. Quizás no. Quizás haga un fic doné retome desde la muerte de la madre de Sullivan. No lo sé. Pero eso es lo que me gusta de un final abierto, tener la oportunidad de retomarlo en un futuro. Lo que sí se, es que me dio mucha cosita con Sullivan...

Aquí Hilde es buena, como las brujas, pero en mi mente, después de leer el último manga, solo puedo pensar en teorías de conspiración donde Sullivan es elparapete inocente de la cuestión. De nuevo, saquen sus conclusiones.

Detesto que mi Hilde halla salido más perceptiva que Sherlock Holmes y House en una fusión, XD, pero bueno, que se le va a hacer. Sigo detestando que todavía no hayan incluido a Sullivan en la lista de personajes!

Esto fue todo amigos. Disculpen si el final les parece insulso o insuficiente.

Gracias por leer. Gracias por Ertal77 por el beteo.

Nos vemos. ;)