N / A: Ok, no encontraba el documento que se supone había guardado aquí D: y cuando ya estaba insultando a fanfiction me di cuenta muy tarde que tenía que bajar la barrita para encontrarlo *le tiran un zapato* ¡pero bueno aquí está! este capítulo lo revisaré y editaré luego (soy mi propia beta lol ;v;)
Disclaimer: Ni Free! ni sus personajes me pertenecen (o habría más Rinharu super fluffy y nsfw .-.)
¡Sin más preámbulos aquí les dejo el capítulo seis!
Capítulo 6
Llaves y un recordatorio
El sol se alzaba en el cielo anunciando el comienzo de un nuevo día y Asadel se despertaba junto con el astro, sobre todo los mercaderes quienes estaban listos para iniciar otra jornada de trabajo, ellos conformaban la mayor parte de la población pues el comercio era fundamental en el reino; luego estaban los que se encargaban de las cosechas en la tierras fértiles que rodeaban los oasis, estas daban más frutos en las épocas de lluvia por lo que ahora no tenían más trabajo que recolectar los frutos secos de las plantas que no necesitaban el agua como las demás, sin embargo, seguían empezando el día incluso antes de que el sol se asomara para terminar antes de que vuelva a ocultarse por el horizonte; por último estaban los demás civiles: niños, ancianos, amas de casa y sirvientes, todos ellos despertando a diferentes horas del día dependiendo de lo que tengan que hacer.
A medida que transcurría la mañana el bullicio característico de la ciudad daba la apariencia de que todos sus habitantes ya se encontraban despiertos y aprovechando el día…
Claro que las apariencias engañan y siempre hay excepciones. Siempre.
En el ala este del palacio real se hallaba nuestro príncipe y su nuevo sirviente personal recién saliendo del mundo de los sueños. Haru fue el primero en despertar, igual que el día anterior una punzada en las sienes acompañó su despertar, pero menos intenso y se empezó a disipar casi al instante, cerró los párpados de nuevo y aspiró profundamente, esperaba que fuera la última. Una vez hubo pasado volvió a abrir los ojos, encontrándose bañada en un oscuro tono magenta, casi carmesí, desde el ángulo donde estaba podía ver la gran ventana del balcón cubierta por las gruesas cortinas que él mismo había corrido anoche.
Decidió que lo mejor sería abrirlas y dejar que la luz entre. Cuando trató de incorporarse sintió un peso inusual en su tórax y alrededor de su cintura, tragó saliva, su mente empezaba a sacar conclusiones por su cuenta.
No, no, no.
Debía de tranquilizarse primero, dirigió su mirada azulina al frente, como supuso, se encontró con una cabellera de un tono rojizo descansando sobre su pecho, unos fuertes brazos rodeándolo firmemente. Se quedó congelado en su posición sin saber qué hacer, incapaz de emitir sonido alguno o moverse, cuando por fin pudo reaccionar puso ambas manos en los hombros del príncipe y empezó a empujarlo para zafarse de su agarre, pero el pelirrojo parecía reaccionar incluso dormido y sujetó con más fuerza al pelinegro, atrayéndolo hacia su cuerpo y murmurando algo ininteligible.
El ojiazul empezaba a sentir la sangre arremolinarse en su rostro gracias a la cercanía en la que se encontraban sus cuerpos en ese momento. Sacudió al príncipe del hombro en otro intento por liberarse.
-Despierta
Nada.
-Rin, ya es tarde, despierta- el aludido emitió un gruñido mezclado con un "no quiero", antes de que el ahora sirviente pudiera replicar se escucharon unos golpes en la puerta.
-¡HERMANO DESPIERTA!- se escuchó a una chica gritar desde el otro lado, Haru pegó un pequeño salto por la sorpresa y la rudeza de los golpes, mientras Rin parecía inmune a todo el ruido como si estuviera acostumbrado a esa clase de "buenos días" y el azabache sospechaba que así lo era.
Los golpes cesaron de repente y pudo oír unas pisadas alejarse. Suspiró resignado, tenía la esperanza de que ella pudiera despertar al pelirrojo. Volvió a sacudirlo del hombro.
-Vamos Rin, tienes que levantarte- aún nada, bufó por lo bajo- eres una molestia- agregó.
Al parecer eso sí hizo reaccionar al príncipe, quien levantó la cabeza ligeramente y la posicionó de manera que la quijada quedara apoyada en medio del esternón, su rostro frente al del pelinegro, abrió los ojos perezosamente y clavó su mirada carmesí en él, sus brazos aún afianzados a la cintura de este. Una sonrisa cínica se dibujó en los labios del príncipe.
-Vaya, vaya, así que después de todo decidiste dormir aquí-dijo burlonamente.
-No, recuerdo haber caído en el cojín que me tiraste- lo acusó el pelinegro pensando que el futuro monarca estaba detrás de todo, este solo se rio ante lo que decía su sirviente.
-¿Hablas de ese cojín que está en el suelo?- señaló a un costado de la cama, y efectivamente, al lado del lecho en el piso estaba un cojín grande intacto.
Haru se quedó extrañado ante eso, haciendo memoria, recordaba el cojín estrellándose con él, haciéndole perder el equilibrio y luego cayó sobre su superficie suave y aterciopelada que se quedó dormido casi al instante. Fue cuando se dio cuenta de que nunca había caído en el cojín, sino en la cama y había pasado ahí toda la noche junto al príncipe. Palpó las sábanas a su alrededor, era el mismo material que sintió la noche anterior. Desvió la mirada esperando que el actual color que llenaba la habitación en ese momento ocultara la nueva tonalidad de sus mejillas, aún podía sentir la mirada del pelirrojo sobre él.
-Levántate ya, y suéltame- dijo fastidiado.
Pero a Rin no le gustó su tono de voz, en un movimiento rápido giró su cuerpo posicionándose encima del pelinegro, sujetando sus muñecas a cada lado de su rostro, obligándolo a mimarlo a los ojos.
-Yo no recibo órdenes, yo doy órdenes- dijo en un tono severo clavando sus orbes carmesí en los azules, fuego contra agua una vez más.
Un nuevo golpe en la puerta rompió el contacto visual, llamando la atención del futuro monarca. Sin previo aviso se oyó un chasquido y la puerta se abrió de golpe, revelando a una chica más joven que el príncipe, tenía el mismo color de ojos y de cabello, su ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho, visiblemente molesta, llevaba un top choli* de mangas largas que se abrían al llegar al codo, unos pantalones holgados de una tela muy ligera y un fino manto bordado con un patrón de flores sobre su cabeza que llegaba hasta la mitad de su espalda. Su precioso traje rojo parecía acentuar su ira, en una mano llevaba colgado un collar de oro igual al del príncipe y en la otra cargaba las prendas simples que usó el día anterior cuando se disponía salir a escondidas.
Ah, lo había descubierto.
Sin embargo, cuando la pelirroja abrió la boca para hablar reparó en la escena que tenía enfrente, su semblante molesto se transformó en sorpresa y al instante en vergüenza, se ruborizó de un tono que podía rivalizar con su cabello, masculló un atropellado "Lo siento" y cerró la puerta de un portazo. El eco de sus pisadas delatando que salió corriendo a toda velocidad.
Un silencio incómodo reinó en la habitación después de la aparición de la princesa. Rin fue el primero en hablar.
-Creo que voy a tener que hablar con Gou más tarde…- dijo fastidiado más por el hecho de que su hermana tuviera en su poder la copia de su collar que por su repentina intromisión.
-Ya…- fue toda la respuesta por parte del pelinegro, quien había fijado la mirada sobre las cortinas carmesí que cubrían la entrada al balcón como si fuera lo más interesante del mundo.
Se levantó soltando sus muñecas y se dirigió a la puerta, desde adentro no había necesidad de usar el collar-llave, así que solo jaló la bisagra para abrirla. Se asomó por el pasillo y llamó al primer sirviente que vio, le ordenó que buscara a la princesa y la llamara de su parte, volvió a entrar cerrando la puerta. No le había sido difícil pensar qué decirle a su hermana.
Tanto ellos como sus padres tenían un respectivo collar de oro que funcionaba como llave para ciertas habitaciones de la propiedad y exclusivo uso de cada uno. Aparte de la cerradura de la habitación respectiva, el dije de cada collar también podía abrir el cofre que cada miembro de la familia real poseía y, en el caso del rey, otras estancias como el almacén general de reservas y el banco de semillas del reino. En cambio, la reina tenía en su poder unos collares idénticos a los de sus hijos, que se usarían solo en el caso de que alguno de los dijes quede inutilizable, porque si el collar se extraviaba inmediatamente se cambiaban las cerraduras respectivas.
El príncipe estaba seguro de que su madre no le habría dado la copia de su collar a Gou, con eso a su favor fácilmente podía cerrar un pacto de mutuo silencio con su hermana.
La luz clara de la mañana entró sin previo aviso en la habitación, reemplazando el oscuro tono magenta anterior, efecto de los rayos del sol tratando de filtrarse por las gruesas cortinas bloqueando previamente la entrada de la luz solar, ahora estas se encontraban abiertas gracias al ojiazul, quien en ese momento lo miraba con cierto recelo desde donde se encontraba.
Resultó que había dos entradas al balcón, la otra había estado cubierta desde ayer y no la distinguió en la oscuridad de la noche. Ya había transcurrido buena parte de la mañana, pero aun así la repentina luz solar cegó momentáneamente al príncipe, parpadeó un par de veces y una vez ajustó su vista a la nueva iluminación se dirigió a las canastas de donde sacó una larga tela carmesí que dejó encima de la cama.
-Asumo que sabes armar un turbante-bromeó.
Haru respondió instantáneamente.
-Sí, tenía uno puesto el día que llegu-
Se interrumpió a la mitad.
No, él había caído inconsciente antes de llegar a la ciudad, y habría perecido ahí mismo si no hubiera recibido ayuda. Con todos los acontecimientos ocurridos el día anterior ni siquiera había tenido tiempo de pensar en ello.
Todas sus pertenencias las había dejado en…
-¿Huh? ¿Qué ocurre?- preguntó extrañado el pelirrojo al ver que el otro no decía nada.
El pelinegro soltó lo primero que pensó.
-Tengo que salir a la ciudad.
El príncipe frunció el entrecejo.
-Permíteme salir a la ciudad- se corrigió.
-¿A hacer qué?
-A recoger mis cosas.
-¿Tienes algo de valor?
-Mi daga y mi camello- el azabache lo miró expectante, el más alto pareció pensarlo por un momento.
-¿Dónde están?- dijo Rin finalmente, confirmando la petición del ojiazul.
-En la casa de la familia Tachibana- respondió, por lo que vio ese día en el almacén dedujo que eran conocidos.
El de orbes carmesí reconoció el nombre al instante.
-Bien, irás después de realizar tus tareas matutinas- ordenó –Rei te acompañará, tienes que estar de vuelta antes de que el sol se ponga- agregó en un inusual tono serio. Haru asintió en señal de acuerdo, tenía que agradecer adecuadamente la hospitalidad recibida de parte de la familia de mercaderes y sobretodo, de quien le había ayudado a llegar a la misma Asadel.
Makoto
*Los choli son prendas destinadas a cubrir el busto, tienen una gran variedad de mangas y escotes. Pueden buscar "top choli" en imágenes y les saldrá varios ejemplos.
N / A: Sé que me tardé más de la cuenta en actualizar D: pero es que tuve una baja de reviews y sentía que no me había esforzado lo suficiente con el anterior capítulo :C sí suleo ser muy pesimista... *sulks* cada review que recibo me llega al celular, lo leo y me emociono mucho ;A; pero no puedo contestar desde mi celular así que tengo que esperar a usar la laptop (y que no me pillen /: )
Además que esta semana entregaron las notas finales del bimestre y estuve en tensión toda la semana sin poder hacer nada en la laptop porque me botaban apenas entraba D:
Acepto tomatazos por la tardanza (?
Sugerencias, comentarios, peticiones mándenmelas sin miedo, soy mente abierta e_e
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P.D. Feliz Hetalia Day a quienes son del fandom y estén leyendo esto ;A;
